Paper ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”) Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva



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Paper - ¿Es la economía “disruptiva” una fábrica de “camareros”? (El lado oscuro de la economía “colaborativa”)

camarero

- Introducción: la sociopatía de la economía disruptiva

deliveroo

Fue Isaiah Berlin, un gran liberal, quien dijo una frase prodigiosa: “Yo estoy dispuesto a sacrificar parte de mi libertad, o toda ella, para evitar que brille la desigualdad o que se extienda la miseria”. Berlin, a quien le preocupaba, sobre todo, el poder de las ideas, exploró como nadie los límites de la libertad. Y los encontró en una reflexión palmaria: “Si mi libertad, o la de mi clase o nación, depende de la miseria de un gran número de seres humanos, el sistema que lo promueve es injusto e inmoral”.



En un capitalismo globalizado, en el que la economía penetra y perturba las divisiones nacionales de clase, las nuevas élites se mueven en redes globales y no piensan en términos de territorios, sino de afinidades con personas de su mismo nivel de logro, por lo que acaban conformando una comunidad mundial cuyos miembros tienen mucho más en común entre sí que con el resto de sus compatriotas: puede que cuenten con una residencia en Nueva York, París o Londres, pero son cada vez más una nación en sí mismos. Les unen más los intereses o las actividades que la geografía.
Pero esto tiene consecuencias, porque como asegura en su nuevo libro, “Dream Hoarders”, el profesor de economía y “fellow” en la Brookings Institution Richard Reeves, está generándose una brecha enorme entre el 20% de la sociedad y el resto. Las concentraciones no solo se realizan para disponer de más músculo financiero, conseguir más clientes, ampliar mercados, etc., sino para obtener más recursos para quienes forman parte de la élite de directivos e inversores de estas firmas, lo cual tiende a reforzar a quienes ya están arriba. Y en varios sentidos. No se trata solo de que tengan muchas más posibilidades de reproducir esas posiciones de ventaja que el resto, sino de que también acumulan mucho más poder.
Y eso es una forma de redistribución del poder que es especialmente peligrosa para las sociedades, porque unos lo acumulan y otros carecen por completo de él. Lo es en la posesión de recursos, pero también en opciones vitales. Estamos en la sociedad de la excepción: las normas valen para todo el mundo, menos para unos cuantos actores que tienen la capacidad de lograr ventajas.
Por eso, como dice Reeves, esta desigualdad creciente no es solo culpa de actores que utilizan las ventajas que poseen, sino de un sistema político y económico que incentiva y refuerza ese tipo de actitudes. Si el pez grande se come todo, tenemos un grave problema.
Para entender este embrollo hay que olvidar todos los tópicos habituales. No busque usted quién lucha contra el librecambio, quién defiende la globalización o quién combate el libre movimiento de capitales. Imagine más bien un escenario de agentes donde todos y cada uno pelean por su propio interés, trazando unos y otros alianzas temporales y contradictorias que enseguida van a resolverse en conflicto para dejar paso a otro mapa de alianzas nuevas. Todos y cada uno negocian, pactan y se engañan (y, a veces, algo más grave) en el mismo tablero. Es un escenario de desnuda lucha por la supervivencia y por el poder.
- Un tercio de los jóvenes que trabajó y estudió en 2016 lo hizo gratis (Cinco Días - 9/5/17)

un tercio de los jóvenes que trabajó y estudió en 2016 lo hizo gratis

Los datos son de España, pero el “modelo” está generalizado y sus “efectos” también.



El modelo económico estadounidense de los últimos 40 años se ha basado en una especie de globalización que fomenta los salarios bajos y la externalización. La idea era que los artículos más baratos compensarían la pérdida de empleos y los sueldos más bajos. Pero en una economía en la que el gasto de los consumidores representa el 70% de la misma y en la que los salarios de la mayoría de la población no han aumentado desde la década de 1990, esa ecuación matemática deja de funcionar. La globalización no puede basarse solamente en la externalización y los salarios bajos. Hay numerosos estudios que demuestran que los salarios bajos son una causa, no sólo un síntoma, de los problemas de la globalización.

Dice Fareed Zakaria: “Desde hace ya décadas, hemos sido testigos de cómo un crecimiento estancado de los salarios para el 90 por ciento de los estadounidenses iba acompañado de un crecimiento supercargado para los pocos más ricos, conduciendo al crecimiento de la desigualdad en una escala no vista desde los años posteriores a la Guerra de Secesión. Se ha asumido que el Gobierno federal no podía hacer nada sobre esta diferencia creciente, a pesar de las múltiples evidencias en sentido contrario.


Hemos visto a China entrar en el sistema global del comercio y beneficiarse de su acceso a los mercados y capitales occidentales manteniendo una economía interna enormemente controlada y llevando a cabo prácticas empresariales depredadoras. Y hemos asumido que el Gobierno de EEUU no puede hacer nada al respecto, porque cualquier acción sería proteccionista.
Hemos visto cómo las instituciones financieras corrían más y más riesgos, con el dinero de otros, apostando en un juego de cara-yo-gano, cruz-tú-pierdes. Cualquier discurso sobre regulación era visto como socialista. Incluso después de que el sistema saltase por los aires, provocando la peor crisis económica desde la Gran Depresión, pronto llegaron los llamamientos a desregular el sector financiero de nuevo porque, después de todo, la regulación gubernamental es obviamente mala.
En este mismo periodo, las empresas tecnológicas han crecido en tamaño y escala, a menudo usando ventajas pioneras para establecer cuasi-monopolios y acabar con la competencia”... (El Confidencial - 14/9/17)
Una de las características esenciales de nuestro tiempo es que tener trabajo ya no nos ofrece ninguna seguridad. En épocas recientes tampoco, pero donde entonces había una mayor confianza, ahora lo sustituye el temor. La crisis ha introducido nuevos elementos. Hay mucho paro, y a eso se añade un factor psicológico devastador, que es el miedo a perder el empleo. Antes de la crisis no había mucha gente que tuviera ese miedo, mientras que ahora son mayoría. Por supuesto, es algo psicológico, porque pensar que se puede perder el empleo no significa que eso vaya a ocurrir, pero emocionalmente daña mucho a las personas. Y hace que consuman menos, lo que a su vez es un obstáculo para la recuperación, con lo cual entramos en un círculo vicioso. Y hay otro elemento importante, que es cómo los jóvenes viven su vida laboral. De todas las generaciones es la que más ha visto caer su salario, y los que están en peores condiciones, de ahí que en las encuestas afirmen que van a vivir peor que sus padres. También es algo subjetivo, no significa que vaya a ocurrir, pero que lo vivan de esa manera los coloca en una situación de infelicidad laboral. De modo que sí, la inseguridad es un componente muy importante y muy negativo para las personas y para la sociedad.

“Se mezclan dos elementos, la crisis económica que genera desigualdad y pobreza y la revolución tecnológica que divide a los digitales y analógicos, y que da lugar a una sociedad cuádruple: los analógicos acomodados, los analógicos empobrecidos, los digitales acomodados y los digitales empobrecidos.

Como estar conectado en la red permite compartir estados de ánimo, los digitales empobrecidos son más felices que los analógicos empobrecidos; los primeros traducen la frustración en rebelión mientras que los segundos la traducen en miedo: son esas personas que dicen “que no me cambien nada””, sostiene la socióloga Belén Barreiro, autora de “La Sociedad que seremos” (Ed. Planeta).

Ahí es donde hacen su entrada las empresas que “medran” con la economía disruptiva: hay que “estar” en Internet: es como estar en una casa con puertas y ventanas abiertas; si no estás, es como si vivieras con las ventanas cerradas. Todos los que están en internet tienen trabajos mejores, economías menos vulnerables, innovan más y son más felices (dicen los “Apps”)…

La economía participativa ofrece al consumidor la posibilidad de seguir consumiendo a un coste mucho más bajo, lo cual es una ambición común y compartida. La ventaja que le ven a Internet los acomodados es que ahorran tiempo, y los empobrecidos que ahorran dinero.

La revolución tecnológica tiene aspectos positivos y hace que la vida de los empobrecidos sea mejor, aunque nada apunta a que alguien tenga en mente afrontar la desigualdad. Hay que prepararse para las desigualdades que trae la revolución tecnológica, que van a ser aún mayores. Los que sigan menos las nuevas tecnologías van a encontrar trabajos todavía peores. “Por eso es importante entender que la sociedad es cuádruple y no dual. Quienes son digitales tienen herramientas de defensa, porque podrán agarrarse a algo. Los analógicos no. Y no hay señales de que nadie esté pensando en los nuevos perdedores”, sostiene Barreiro.

En los jóvenes también se nota mucho una ruptura de las expectativas. Esperaban que por cumplir con su parte (formarse, desempeñar pagados mal trabajos al inicio, etc.) iban a ser recompensados. Y cuando no ha ocurrido así, se ha generado un malestar creciente.

Hay una frustración de expectativas evidente. Están en una situación muy compleja y creen que no va a cambiar: son una generación que está convencida de que vivirá peor que sus padres. Se constata una brecha generacional en las actitudes de consumo y en la reacción cívica. Hay que tener en cuenta que se ha hecho un daño brutal a las generaciones jóvenes, que viven ahora en malas condiciones. Se ha destruido mucho capital social, lo que provoca que se vuelvan más desconfiados.

Dado que nadie me va a ofrecer soluciones me las busco por mí mismo, y apoyo una iniciativa diferente o acudo a grupos de consumo o plataformas de intercambio y trueque. En lugar de resignarse, toman las riendas de su vida y se hacen activos como votantes y como consumidores. La economía colaborativa les hace “imaginar” que aunque estén frustrados laboralmente, eso no les hará infelices o amargados: podrán canalizar su frustración y transformarla en acción.

Las expectativas también se han roto para las personas de más edad. Mucha gente en la cuarentena piensa que tardará mucho más años en jubilarse, o que cobrará mucho menos; gente de 50 está muy lejos de tener la vida resuelta, y sabe que si sale del mercado laboral a lo mejor no vuelve a entrar; personas que han gozado de un nivel de vida satisfactorio ahora ven cómo pueden ayudar malamente a sus hijos… Ellos también esperaban algo muy distinto de lo que han acabado encontrándose.

Entre unos y otros, están los “trileros” de la “gig economy”, que medran con la miseria ajena.

La hemeroteca no me dejará mentir. Y la memoria de la gente honrada, tampoco.


- Hemeroteca: “Bienvenidos a un mundo sin trabajo” (anestesiados por las Apps)

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- La pérdida de peso del trabajo frente a la tecnología y otras 9 tendencias económicas en 2017 (El Español - 9/1/17)

El aumento de los impuestos o la amenaza de la deuda de los países emergentes, entre los retos que señalan los expertos de la American Economic Association.

(Por John Müller)

1.- El estancamiento del crecimiento global a largo plazo: Aún se sienten los ecos del debate abierto en 2013 por Lawrence Summers cuando resucitó la idea del “estancamiento secular” (secular stagnation) concebida por el economista Alvin Hansen en los años 1930 para referirse a una etapa de muy bajo o nulo crecimiento. La convergencia de las economías desarrolladas y emergentes en niveles de crecimiento que van a situarse en torno al 2% en los próximos 40 años es un hecho asumido por la mayoría. Pero lo que ha mejorado notablemente en los últimos años es la comprensión sobre lo que está ocurriendo con los elementos que impulsan el crecimiento.
Olivier Blanchard, ex economista jefe del FMI, sigue estudiando el bajo crecimiento de la demanda global (un 2,1% desde 2010 pese a las tasas de interés cero) y cree que ésta se debe a las políticas de consolidación fiscal, al desapalancamiento de la banca y al endeudamiento de los consumidores. Blanchard sigue sin incorporar en su análisis cambios estructurales como el envejecimiento. Hoy hay más gente mayor en el planeta y tienen en sus manos una parte importante de los recursos económicos, pero su propensión al gasto es menor. Blanchard dice que la gente no gasta porque está protegiéndose ante una etapa de bajo crecimiento.

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2.- La productividad del trabajo está declinando: Un elemento crítico en la mejor comprensión de lo que está pasando con la economía tiene que ver con el trabajo. La productividad de este factor, medida en horas trabajadas y en la calidad del capital humano, está declinando de manera significativa, sobre todo en las economías avanzadas. Aunque si sólo se mide el último lustro se nota un aumento en las horas trabajadas en las economías avanzadas, esto se debe a que se está recuperando parte del empleo destruido con la crisis financiera de 2008. Dale Jorgensen, profesor de Harvard, cree que aunque el número de horas trabajadas se incrementará en el periodo 2015-2025 en relación a 2005-2015, la productividad de los trabajadores se ralentizará en el futuro respecto del pasado inmediato.


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3.- La contribución del trabajo al PIB está desapareciendo y la productividad está tomando el relevo: Por un lado, la contribución del trabajo al crecimiento del PIB está declinando, pero, por otro, la productividad total de los factores está tomando el relevo y cubriendo el hueco. Esto se debe al envejecimiento de la población que comprime el porcentaje de población activa disponible y a la incorporación de nuevas tecnologías, especialmente la robotización. Ambos factores conspiran para que el factor trabajo sea cada vez menos relevante.


Su lugar lo está ocupando la Productividad Total de los Factores (PTF), que grosso modo es la forma en que una economía combina con eficacia el capital y el trabajo. Un estudio de McKinsey proyecta una progresiva desaparición del factor trabajo y su relevo por un importante aumento en el futuro de la PTF.

4.- Pero la PTF también está cayendo: Sin embargo, los últimos estudios detectan que la Productividad Total de los Factores (PTF) también está cayendo. Barry Eichengreen sostiene que estamos viviendo un episodio de pérdida de productividad global. En 2015, la PTF a nivel mundial cayó un 0,3% después de haber crecido cero los tres años precedentes. Hasta China sufrió una caída de productividad (-1,3%) en 2015 después de haberla aumentado un 2,3% entre 1999 y 2005. La productividad también se redujo en otros países emergentes como India, México o China. Eichengreen sostiene que hay episodios cíclicos de pérdida de productividad. En un estudio reciente ha identificado cuatro en los últimos 50 años: uno a principios de los años 1970, otro a finales de los años 1980 y hasta 1995, otro coincidiendo con la crisis asiática del cambio de siglo y otro que empezó un poco antes de la crisis de 2008 (ver gráfico abajo).


Dale Jorgensen discrepa que el fenómeno de la pérdida de productividad sea global y sostiene que la incertidumbre que la rodea es una de las claves del futuro. Jorgensen coincide en la pérdida de peso del factor trabajo en el crecimiento económico, pero en cambio cree que hay que dividir el capital en dos: el tradicional y el originado por las tecnologías de la información (TI). Para él, la ralentización de la innovación es un factor clave. La aportación del capital basado en las TI es menor y está siendo suplido por el capital tradicional. “El boom de las TI está a punto de acabar”, advierte y nadie sabe por dónde vendrá el próximo empujón tecnológico si es que lo hay.

5.-La caída de la participación del trabajo en el ingreso nacional es inversamente proporcional al incremento de la desigualdad: Fue Thomas Piketty el que con su obra El Capital en el Siglo XXI llamó la atención sobre la pérdida de relevancia el trabajo en el ingreso nacional, aunque ya varios economistas lo habían señalado. Hasta hace unos años se creía que esta proporción era una constante. Pero en los últimos 40 años, la participación de los salarios en el ingreso nacional en EEUU pasó de poco más del 65% al 60% en 2014. Esto significa que los hogares tienen menos renta.


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Hay varios argumentos que se citan para esta caída, desde la pérdida de poder de los sindicatos y la liberalización de los mercados de trabajo, hasta la innovación tecnológica que estaría escorada a reemplazar más trabajo que capital. El resultado, subrayado por Piketty, es que la reducción de la participación de los salarios en la renta nacional es inversamente proporcional con el incremento de la desigualdad.

6.- Las restricciones al comercio global están aumentando: En junio de 2016, la Organización Mundial de Comercio (OMC) emitió una alerta indicando que ese mes se alcanzó el mayor número de restricciones al comercio internacional desde que en 2009 se creó el sistema de vigilancia. En los siete meses comprendidos entre octubre de 2015 y mayo de 2016, los países del G-20 adoptaron 145 medidas que obstaculizan el comercio, 21 por mes. A cambio sólo se adoptaron 100 medidas a favor de la liberalización de los intercambios, 14 por mes. 


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7.- La pobreza se está reduciendo pese a que la población mundial aumenta: Por primera vez la extrema pobreza en el mundo representa sólo un dígito de la población mundial. Las proyecciones del Banco Mundial indican que en 2015 la población bajo el umbral de la extrema pobreza (menos de 1,9 dólares diarios) se situó en el 9,6% de la población mundial. Este hito, que debía alcanzarse en 2020, permite mirar con optimismo el objetivo que se ha fijado el Banco Mundial de que la extrema pobreza en 2030 se sitúe en el 3% de la población mundial.


8.- Los tipos negativos han alimentado burbujas en sitios que no sabemos: Existe un consenso global de que los tipos cero o negativos impuestos por la Reserva Federal y algunos bancos centrales han provocado el surgimiento de burbujas de activos. En algunos países como EEUU, esa burbuja está en el sector de las hipotecas y los activos inmobiliarios. En otros mercados está en la bolsa y en otros en los títulos de deuda (pública y privada). La mayoría de los expertos cree que la reversión de esta política monetaria puede provocar una inestabilidad importante en los mercados.
9.- La deuda en dólares de los países emergentes es una amenaza: Los países emergentes tienen la mayoría de su deuda emitida en dólares. En noviembre pasado, los inversores internacionales liquidaron más de 6.600 millones de esos títulos en pocos días, lo que puso de manifiesto que si los tipos de interés comienzan a subir en EEUU el efecto sobre los emergentes será doble: por un lado, el dinero saldrá de sus países para situarse en EEUU y por otro, su deuda se multiplicará al revalorizarse la divisa norteamericana.
Se calcula que las empresas de los países emergentes han emitido deuda por 340.000 millones de dólares con vencimiento en 2018. Según el Banco de Pagos Internacionales, los mercados emergentes acumulan deuda por 3 billones de dólares.

10.- Un futuro de más impuestos y regulaciones: “La confianza en la economía global sólo se mantendrá con una mayor protección legal y con más regulaciones por parte de los gobiernos y de acuerdos internacionales”. Esta es la convicción que asiste al premio Nobel de Economía de la Universidad de Chicago Roger Myerson, quien cree que la extensión del progreso económico y de los sistemas descentralizados y democráticos de gobierno por todo el planeta pondrán a prueba los límites del planeta. Por eso propone desterrar la idea del “crecimiento eterno” e intercambiarlo por sostenibilidad. “Si admitimos con honestidad que recibir las bendiciones de la moderna tecnología implica que debamos ceder una parte del crecimiento económico de nuestro tiempo, este es un precio que deberíamos aceptar pagar con toda normalidad”.


- Por qué los salarios no suben al ritmo del empleo en los países desarrollados (The Wall Street Journal - 9/1/17)

(Por Tom Fairless)


Fráncfort.-En un mundo de crecimiento económico flojo, dos tendencias en conflicto desconciertan a los encargados de trazar políticas: ¿por qué las compañías están contratando con tanto entusiasmo y por qué los salarios hasta hace poco no han subido con igual fuerza?

De Tokio a Londres, las tasas de desempleo han continuado cayendo, pese a que los indicadores del mercado laboral sugieran que las economías están cerca del pleno empleo. La tasa de desempleo de Estados Unidos subió ligeramente a 4,7% en diciembre, pero sigue cerca de su mínimo de nueve años de 4,6%. En Japón, la tasa se encuentra en su nivel más bajo desde principios de los años 90, en 3,1%. La desocupación del Reino Unido fue de 4,8% en el trimestre terminado en octubre, cerca de su punto más bajo en 40 años, pese al voto histórico del país para abandonar la Unión Europea. Incluso en los 19 países que componen la zona euro, el desempleo ha caído a 9,8%, su nivel más bajo en siete años.

Es común que las firmas contraten una gran cantidad de trabajadores en las primeras etapas de una recuperación económica, para lidiar con la demanda reprimida. Eso tiende a desacelerar el crecimiento de la productividad. Pero las empresas han estado sumando empleados por mucho más tiempo de lo que se esperaba, dicen los economistas, y la productividad ha sido moderada por un período prolongado a medida que las firmas no hicieron inversiones de capital.

“Es muy difícil explicar por qué las empresas están sumando tantos trabajadores (…) a lo largo de las economías avanzadas en momentos en que el crecimiento ha sido de casi cero o incluso a la baja”, dice Adam Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional en Washington. “Es muy barato sustituir capital por mano de obra, en parte debido a lo que están haciendo los bancos centrales”. Las bajas tasas de interés reducen el costo de invertir en máquinas que reemplazan trabajadores.

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Las autoridades económicas, particularmente en Europa, se han visto sorprendidas. El Banco de Inglaterra prometió a mediados de 2013 que consideraría elevar las tasas de interés cuando el desempleo cayera a 7%, pero tuvo que dar marcha atrás luego de llegar a ese nivel en seis meses. El Banco Central Europeo reconoció que la recuperación mayor a la esperada en el empleo, en relación al crecimiento económico, de los últimos años lo tomó por sorpresa.

Normalmente, los economistas esperan que los salarios suban a medida que cae la tasa de desempleo y aumenta la productividad. Pero parece que esas correlaciones se han roto: el crecimiento de los salarios en EEUU y Japón desde 2007 ha sido hasta un punto porcentual por año menos que lo que sugieren los modelos económicos tradicionales, dice la firma de consultoría Oxford Economics.

El crecimiento de los salarios parece haber cobrado fuerza recientemente en EEUU Los ingresos promedio por hora subieron 2,9% en diciembre frente al mismo período del año anterior, más que el promedio de 2% que prevaleció durante buena parte de la expansión. Sin embargo aún es pronto para decir si eso será sostenible. Además, otras medidas salariales de EEUU son menos robustas.



Los salarios en 22 economías avanzadas crecieron en promedio 3,8% al año entre 1995 y 2007, pero en menos de 2% al año entre 2008 y 2016, según Oxford Economics.

La curva de Phillips, que refleja una relación inversa entre los salarios y el desempleo, parece haber dejado de funcionar en muchos lugares. Los economistas sugieren una serie de posibles explicaciones.

Primero, los tipos de empleos creados desde la crisis no son los mismos que se perdieron antes de ella. Mientras que la mayor parte de trabajos perdidos fueron en el sector de construcción y manufacturas, los que se han agregado están en el sector de servicios, dice Stefano Scarpetta, economista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un centro de estudios para economías avanzadas. En la zona euro, casi todos los 3,2 millones de empleos creados desde la recuperación fueron trabajos del sector de servicios, principalmente en comercio, transporte y negocios, según el BCE. Muchos de estos cargos tienden a ser más difíciles de sustituir con máquinas y no son tan bien remunerados.

Segundo, el poder de negociación de los trabajadores podría haber sido erosionado por la incertidumbre económica generalizada, las reformas de los mercados laborales y la intensificación de la competencia global por parte de China y otros países. Trabajadores en los nuevos empleos del sector de servicios pueden que no estén organizados en sindicatos, lo que reduce la presión para que se suban los salarios, dice Christopher A. Pissarides, economista de la de London School of Economics y ganador del Nobel. Los empleados también están cambiando de empleo con menos frecuencia, lo cual se asocia con un menor crecimiento de los salarios.

Tercero, algunas firmas quizás no lograron reducir sus costos laborales tanto como hubieran querido después de la crisis y por lo tanto extendieron el ajuste. Funcionarios del BCE señalaron a tal “control reprimido de salarios” en su reunión de octubre, según las acta. El sector público también ha sido exprimido a medida que los gobiernos se aprietan el cinturón, reduciendo sus salarios y quizás afectando los sueldos del sector privado por asociación.

Cuarto, la composición cambiante del mercado laboral podría haber apuntalado artificialmente los salarios tras la recesión, para posteriormente restringirlos. Ya que los trabajadores con bajos sueldos fueron despedidos en una mayor proporción a otros y las firmas desaceleraron la contratación de empleados, que usualmente ganan menos, los salarios promedio se mantuvieron en su nivel, según investigadores del Banco de la Reserva Federal de San Francisco. A medida que la economía se ha fortalecido, los trabajadores con salarios bajos han reingresado a la fuerza laboral. Entre tanto, los miembros de la generación de la posguerra, que disfrutaban de altos salarios, han comenzado a jubilarse, lo que ha puesto presión a la baja sobre los salarios.

Todo eso significa que el crecimiento de los salarios podría ser un pobre indicador de la fortaleza del mercado. Una mejor medida, argumentan los investigadores de la Fed, es el pago continuo a los trabajadores de jornada completa, ignorando a aquellos que entran y dejan la fuerza laboral. Ese indicador, que es seguido por la Fed de Atlanta, sugiere que el crecimiento de los salarios ha sido de cerca de un punto porcentual más alto por año desde 2014 de lo que indican los ingresos promedio por hora.



Algunos prevén que los salarios suban con mayor fuerza a medida que los mercados laborales se ajusten y se disipen los problemas surgidos después de la crisis. El reporte más reciente de salarios en EEUU lo comprueba. Pero con el crecimiento de la productividad débil, un auge de los salarios en esta etapa no parece cercano.

- España recupera el 60% de la competitividad perdida con Alemania por los despidos (El Confidencial -



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