Palabras para ganar vida



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Debo decir incluso que siento una cierta admiración por el genio que descubrió la fórmula “crecimiento cero”. ¿Cómo puede algo crecer y al mismo tiempo no crecer? ¿Cómo se puede crecer cero?

El inventor de la incongruencia supo muy bien combinar un elemento favorable económicamente – crecimiento – con otro negativo – el no crecimiento, “cero”-, para contrarrestar la fuerza del segundo.

Otra variante es el “crecimiento negativo”, que juega con la misma técnica. Y sin embargo nunca se dice el “decrecimiento positivo”, que sería su expresión antónima. Esto ya no le parece rentable a quien inventa las palabras.

Uno de los últimos hallazgos del lenguaje económico supone probablemente la mejor de las metáforas eufemísticas del campo de los números y las fórmulas. Se trata de “el comportamiento de los precios”. Los precios pueden ser buenos o malos, como los niños en el colegio.

Si el lector buscara responsabilidades sobre el coste de la vida, deberá dirigirse hacia los precios en sí, hacia su comportamiento, y no contra el comportamiento de quienes los fijan. Los precios, parece ser, tienen alma.

Y qué decir del IPC, famosas siglas, esos “esqueletos sin genes semánticos”. Pues bien, IPC, un tecnicismo, aleja al elector de conceptos como “cesta de la compra” o “coste de la vida”. El IPC se nos presenta así como un resultado técnico, producto de unos cálculos. Algo de lo que nadie tiene la culpa.

Otro hallazgo brillante en el lenguaje económico es la palabra “reajuste”. Si ha subido el IPC, habrá que acometer un reajuste. Si sube el billete del autobús, se trata de un reajuste de tarifas. De esta forma, todos deben entender que se trata de ajustarse a una realidad ya establecida con anterioridad, en la cual la empresa no tiene nada que ver. Se elevaron las materias primas, la situación internacional... y por tanto hay que reajustarse, readaptarse a los nuevos tiempos. O sea, que suben los precios. Pero es curioso que un Ayuntamiento que “reajusta” el precio del autobús cuando sube, no lo “reajusta” cuando baja. Y cuando el precio de la gasolina baja, por ejemplo, se llama así, “bajada”.

También se ha apuntado al juego la Administración del Estado. Por ejemplo, los servicios secretos o de espionaje se llaman los “servicios de inteligencia”, aunque a menudo se muestren bastante torpes. Quienes recogen las basuras se dedican al “tratamiento de residuos sólidos”, los destituidos son “cesados” (con incorrección gramatical incluida, pues “cesar” es intransitivo), y hasta la tradicional agricultura ha cambiado para llamarse “industria de la tierra”.

Para cualquiera que hable desde la Administración, no existirán las desigualdades. Solamente los desequilibrios. Y hablará de desequilibrios territoriales, desequilibrios de renta... Recientemente, un concejal madrileño acabó de un plumazo con las chabolas de la capital. Las denominó “módulos horizontales de tipología especial”.

Los periodistas hemos leído críticas de respetados académicos sobre el mal uso que hacemos de una pieza cultural digna de protección como es el lenguaje, patrimonio común de todos los hablantes. Tienen razón. Ocurre con frecuencia. Pero desde el punto de vista ideológico esto es inocuo. El problema radica en el peligro de que nuestro propio sistema lingüístico esté manipulado antes de que pronunciemos palabra; en que las expresiones que a un determinado grupo no le convienen las pensemos entre algodones. No sólo que las pronunciemos con suavidad y temor, sino que incluso aniden en nuestro subconsciente previamente edulcoradas. De este modo, los verdaderos conceptos parecen darnos miedo, y la realidad queda entonces disfrazada y escondida.

ÁLEX GRIJELMO, El estilo del periodista





  1. ¿Cuál es la tesis del fragmento anterior? ¿Aparece explícitamente nombrada por el autor?

  2. Define “eufemismo” y “lenguaje políticamente correcto”.

  3. Completa este cuadro sobre algunas palabras extraídas del texto.




palabra

descripción formal y etimología

sinónimo/s

Contextual/es




edulcorar

- verbo transitivo

- del latín edulcorare:

pref. e- (con matiz intensivo) + dulcis “dulce”


suavizar

manipular

alterar



gratificante






plumazo






manipulado






subconsciente








  1. Escribe un ejemplo en que el verbo cesar aparezca correctamente empleado como intransitivo.

  2. Propón dos sinónimos de cesar que sean verbos transitivos.

  3. Señala el sujeto de los verbos en cursiva: Quien logra dar nombre a una idea empieza ya a dominarla. / Si ha subido el IPC, habrá que acometer un reajuste.

  4. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes palabras extraídas del texto: apoderarse, legítimo, han sucumbido, hallazgos.

  5. ¿Qué función desempeña famosas siglas en la oración Y qué decir del IPC, famosas siglas.

JAMES CLEVELAN OWENS (JESSE OWENS), UN SER INFERIOR
La calavera grabada en la visera militar centellea. Un sincronismo miedoso preside el palco: cuando el personaje ríe, los demás ríen; cuando el personaje frunce el ceño, todos se estremecen. Fuera del palco, el mundo permanece a la expectativa. Rodeado de su guardia pretoriana, el Führer se frota las manos.

Desde arriba, el estadio olímpico de Berlín parece una olla repleta de alfileres rubios dispuestos a clavarse en quien tenga la osadía de oponerse al jefe del tercer Reich.

El Führer repasa sus esquemas y concluye: “el éxito de nuestros atletas en estas olimpiadas confirmará la superioridad de nuestra raza aria”.

Todo está preparado.

Pero la cara de Hitler se azafrana al contemplar cómo algunos atletas le niegan el saludo al desfilar ante el palco de personalidades.

“Yo he tenido que salir de la nada, yo era un pintor que no pudo realizarse, tuve que vivir en un albergue de mala muerte... y ahora el mundo está pendiente de cada uno de mis pensamientos, de cada uno de mis actos, ¿quiénes se han creído que son estos niñatos?”

Las personalidades del tercer Reich, preocupadas por el humor de su líder, se miran inquietas. Alguien intenta un comentario trivial, súbitamente abortado por su inmediato superior jerárquico. Todos los países, hasta los más insignificantes, han enviado representantes a las olimpiadas y están pendientes de sus atletas. Los jerarcas nazis conocen el valor propagandístico de estos juegos olímpicos.

El Führer se repantiga en su asiento como si acariciase el cielo. Entorna los ojos. Imagina la antigua Atenas, los atletas espartanos, los juegos olímpicos en su pureza y primitivismo, las pruebas deportivas, como un reto a la muerte. Piensa en Filípides corriendo la distancia de Maratón. Sueña que toda la grandeza de la cultura grecorromana será empequeñecida, ahora, a los ojos del mundo. Su megalomanía le lleva a pensar que éste es el momento para demostrar al mundo que hay seres superiores por su raza o color, que él dirigirá el Reich de mil años.

Los primeros días resultan felices para el Führer. Es cierto, los atletas germanos no arrasan. Pero no consiguen malos resultados y esto puede ser utilizado por la propaganda nazi.

Vuelve a apoyarse en su asiento. Contempla el estadio. Recuerda los tiempos en los cuales soñaba con ser arquitecto. Pero la naturaleza no le dotó de talento para superar esos estudios... ¡Y pensar que hasta hay arquitectos judíos!

De un salto, aclama al atleta alemán, ganador de una medalla de oro... El Führer se entusiasma. Al día siguiente, tendrá lugar la prueba más importante, la prueba de salto. El saltador germano Lutz Long parte como favorito.

Llega el gran día, el día de la victoria. El uniforme de los jerarcas brilla. El murmullo deja paso a un silencio expectante cuando aparecen los atletas de salto. Traga saliva el encargado de deportes del régimen. Finalmente, se atreve a comentar a su Führer: “cuidado con el tercero de la izquierda, es muy bueno”. Hitler da un respingo.

- ¿Quién?, ¡el orangután aquel!

Casi disculpándose, el secretario de deportes contesta: “no, no, si está todo controlado”.

Miles de espectadores contienen su aliento cuando un atleta rubio y fribroso salta como un muelle. El silencio es pulverizado por una ovación que estremece el estadio. Una sonrisa invade el palco. Aquel deportista germano ha batido la marca olímpica. El Secretario de Estado alemán para deportes vuelve a tragar saliva. Queda otro atleta por saltar. La comitiva del líder sigue imitando sus gestos, repitiendo lo que él diga.

Sin despojarse del chándal, el atleta afroamericano comienza a calentar. En esos momentos, el juez, agazapado entre uno de los señaladores, levanta un banderín rojo y chilla con tono marcial: “atleta de los estados Unidos, primer intento, fallido”.

Hasta el público queda sorprendido por esta decisión. El deportista no ha hecho ni amago de saltar. El ardid es muy sencillo: cuando el deportista toque la línea de salto, aunque sea calentando, se tendrá como salto intentado y fallado... y a la tercera, la eliminación. El Secretario de Estado alemán para deportes sonríe con malicia; la situación parece controlada.

El deportista ve invalidado su segundo salto. Esta vez el pretexto es que había saltado más allá de la línea. Sólo queda un intento.

Contra lo que podía preverse, algo bulle dentro del saltador germano Lutz Long al percatarse de la jugada.

- No es justo ganar así la medalla de oro, si gano que sea porque soy mejor. De lo contrario, que gane él aunque no se alemán, aunque sea negro.

Con mucho disimulo, se acerca a su rival. Entre dientes, en inglés rudimentario, le comenta:

- Van a por ti, te quieren eliminar con malas artes, yo también me he dado cuenta y no me parece justo, yo jamás aceptaría ganar la medalla de oro así.

El afroamericano baja la cabeza y se expresa con desazón:

- Esto es política, al Reich no le interesa que un negro derrote a un atleta alemán; me siento impotente.

Lutz Long propone un plan.

- Vas a hacer lo siguiente: yo dejaré caer mi chándal al suelo, y tú saltarás al lado de donde lo deje caer; será unos centímetros antes de lo reglamentario pero no encontrarán pretexto para descalificarte. Si no ganas, me llevaré la medalla de oro limpiamente y si ganas tú, te estrecharé mi mano.

Tercera y última oportunidad. El afroamericano se coloca en la pista. Millones de ojos, pendientes de él.

Durante unos segundos desfila por su mente lo que ha sido su vida... su familia numerosa, su barrio de viviendas pobres, las peleas con otros chicos de la zona, sus primeros días de entrenamiento...

El juez da la salida. El atleta negro corre. Ante el silencio espeso del estadio, ante el temor del jefe de deportes del Reich y ante el estupor del Führer, pulveriza el récord anterior. No hay posibilidad de polémica. Acaba de ganar la medalla de oro. Con un salto de más de 26 pies ha superado la marca de Lutz Long (25 pies y 10 pulgadas). El saltador alemán le abraza y, cogiéndole por el hombro, va con él hasta el final de la cancha.

Hitler se retuerce de ira. Pero aún sufrirá más. El mismo atleta ganará otras tres medallas de oro. Rezumante de odio brama hacia su secretario para el deporte:

- ¿Cómo se llama ese mono negro, ese ser inferior?

El estilizado centelleo de la doble S bordada en su uniforme se apaga.

El responsable de deportes titubea tembloroso; sólo puede balbucir:

- Owens, se llama Jesse Owens.


GUSTAVO VIDAL, Semblanzas solidarias


  1. Indica cuál es la tesis del texto.

  2. Si tuvieras que poner un título al fragmento que constara de una sola palabra, cuál pondrías.

  3. Aclara el significado contextual de estas palabras y expresiones: sincronismo miedoso, jerarcas, megalomanía, silencio expectante, atleta afroamericano, tono marcial, ardid, inglés rudimentario, balbucir.

  4. Explica el significado de la siguiente expresión y di qué figura retórica hay: una olla repleta de alfileres rubios dispuestos a clavarse en quien tenga la osadía de oponerse al jefe del tercer Reich.

  5. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes palabras: se azafrana, se repantiga, despojarse, con desazón.

  6. Localiza en el texto dos frases hechas relacionadas con gestos o acciones corporales, y explica su significado literal y su significado comunicativo.

frase hecha

significado literal

significado comunicativo

fruncir el ceño

arrugar la frente y las facciones de la cara

demostrar preocupación




  1. ¿Por qué crees que el autor utiliza el presente de indicativo para narrar? ¿Qué efecto provoca el uso de este tiempo verbal?

  2. En el texto aparece el verbo calentar empleado de manera intransitiva. Se trata de un uso erróneo. Referido al deporte, lo correcto es utilizarlo en forma reflexiva o con un complemento directo (los músculos, por ejemplo). Localiza el verbo y corrige las frases en las que aparezca.

  3. Analiza sintácticamente esta oración: El silencio es pulverizado por una ovación que estremece el estadio.


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