Palabras para ganar vida



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Buenas tardes, señor Stavans.

Hallo, gringa. ¿Cómo estás you el día de today?



¿?

Entiendo, necesita subtítulos, no se preocupe, between, between and drink a chair.



¿Qué?

Que entre y tome asiento. Verá, el spanglish no son sólo unas cuantas palabras en argot, es un mestizaje verbal entre el inglés y el español, un cruce de dos lenguas y dos civilizaciones. Es una revolución subversiva. ¿Y sabe qué es lo mejor?



Pues no.

Que el spanglish va más allá de la clase social, la raza, el grupo étnico y la edad. Lo hablan cuarenta millones de personas.



¿Y cuándo empezó a hablarse?

En 1848, en el momento en que México le vende por 15 millones de dólares a Estados Unidos dos terceras partes de su territorio con sus pobladores. Luego, en 1898 la guerra hispano-americana arraiga todavía más la cohabitación verbal y cultural.



Pero otras lenguas foráneas han desaparecido de Estados Unidos.

Sí, el alemán, el francés, el polaco, el ruso, el italiano o el yiddish terminaron por desaparecer a partir de la segunda generación de inmigrantes. Sin embargo, el castellano tiene muchísima presencia, hay más emisoras de radio en California que en toda Centroamérica, dos cadenas nacionales de televisión y periódicos de amplia difusión.



¿Escriben y hablan en spanglish?

Sí, el otro día en un diario puertorriqueño leí: “Una de las actividades favoritas de la región es el jangueo de los malls...”.



¿Y qué significa?

Janguear, que viene del verbo inglés to hang out, significa “pasar el rato, divertirse, perder el tiempo”. En su mayoría esas expresiones son adaptaciones literales del inglés, como llamar p’atrás, que viene de to call you back; o vacunar la carpeta, que significa “pasar el aspirador por la alfombra”.

La RAE (Real Academia Española) no debe de estar muy contenta.

No, pero es absurdo. ¿Cuál es el español puro y legítimo, el de Góngora y Quevedo? ¿Y quién lo habla en la actualidad?



¿Y cómo lo llevan los americanos?

En algunos estados se ha llegado a promulgar la ley English Only, pero EE.UU. es un país bilingüe se quiera o no reconocer. Recuerde lo que decía el gramático Alfonso Reyes: “El vulgo es dueño de la realidad, los cultos lo son de la irrealidad”. [...]



¿Hay literatura en spanglish?

Hay novelas escritas en spanglish que tiran 3.000 ejemplares y los poetas nuyorriqueños están empezando a destacar.



¿Se convertirá en un idioma?

Yo creo que tiene futuro. Hay mucho que escribir y mucho que soñar, y cuando se sueña en spanglish el sabor de los sueños es distinto, es más divertido porque es un idioma muy imaginativo, muy creativo, muy espontáneo, muy libre, se parece al jazz.


IMA SANCHÍS, en La Vanguardia


  1. Explica brevemente qué es el spanglish a partir de los datos de la entrevista con el profesor Stavans.

  2. Analiza el uso del castellano en estos dos fragmentos de diálogo extraídos de la novela Milagro en Miami, de Zoé Valdés.

a)

    • ¿Eh, qué, te pasó un muerto? Bróder, estás más pálido que una lagartija con anemia.

    • No es nada. ¿Te quedas con nosotros?

    • ¿A lonchar? No, qué va, te agradezco, es que voy a jamar un sangüiche o una medianoche y luego voy a resolver un problemita.

b)

    • Necesito que me presentes a Iris. Pretendo convertir a Miami en la capital de la moda. ¿No es absolutamente rocanrol?

    • ¿No sabes su número?

    • ¡Claro que poseo su número, pero preferiría que tú me introduzcas!

    • Déjame tus coordenadas y te localizo o te llamo para atrás en media hora.




  1. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes expresiones del texto: mestizaje, subversiva, arraiga, legítimo.

  2. ¿En qué crees que consiste la ley English Only? ¿Qué efectos crees que puede causar en la situación lingüística descrita?

  3. Indica la categoría gramatical de las siguientes palabras, di su primitiva y la categoría de ésta: étnico, cohabitación, puertorriqueño, nuyorriqueños.

  4. ¿Qué lengua es el yiddish?

  5. Explica el significado de la siguiente expresión: El vulgo es dueño de la realidad; los cultos lo son de la irrealidad.



LA FUERZA DEL DÓLAR LATINO
El poder adquisitivo de los hispanos en los Estados Unidos roza ya los 600.000 millones de dólares. Estos ciudadanos representan el segmento de mayor crecimiento demográfico de EE.UU., que ya rebasa en población a los afroamericanos. Por lo tanto, los hispanos – y concretamente los mexicanos, un 64 % del total – empiezan a despertar la pasión de las empresas en casi todos los sectores. “Es un mercado nuevo, dinámico y distinto”, dice Rupa Ranganathan, estratega étnica de la empresa de marketing Strategic Research Institute. “A diferencia de otras inmigraciones que abandonaron su identidad para meterse en la coctelera americana, los hispanos siguen considerándose hispanos y por tanto son otro mercado”, añade.

El censo del 2000 contabilizó 35 millones de hispanos, frente a 22 millones en 1990. Representan el 12,5 % de la población, y en el 2100 se estima que representarán el 33 %. Estos datos son irresistibles para muchas empresas, desde AT&T Bank of America – a la caza del lucrativo negocio fronterizo, bien sean las llamadas internacionales o envíos de dinero – hasta multinacionales de alimentos como Kraft y General Mills, que han incorporado la palabra salsa al inglés americano y ahora preparan tacos al estilo mexicano.

La industria del pop latino en Miami – con cantantes estrellas como Thalia o Christina Aguilera – supone un negocio multimillonario. Hollywood rentabiliza los nuevos actores latinos como Jennifer López o Salma Hayek. Univisión y Telemando – las dos grandes cadenas de televisión hispanas – han prosperado gracias a un mercado publicitario que ha resultado resistente ante la crisis del resto del sector. Hasta los grandes grupos farmacéuticos – tradicionalmente lentos a la hora de responder a nuevos mercados – han entrado a trapo sobre todo con medicamentos para la diabetes, plaga de la población hispanoamericana cada vez más estadounidense, al menos en lo concerniente a su obesidad. Los hispanos, en general, y sobre todo los de segunda generación, ahora representan el mayor segmento de nuevos propietarios de viviendas en EE.UU.; e instituciones financieras, como el Bank of America, son optimistas con respecto al auge de una nueva clase media hispana.
ANDY ROBINSON, en La Vanguardia digital



  1. Presenta de forma esquemática la información contenida en el texto.

  2. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes expresiones del texto: poder adquisitivo, pasión, dinámico, obesidad.

  3. Explica el significado de las siguientes expresiones: coctelera americana, lucrativo negocio fronterizo, plaga de la población histpanoamericana cada vez más estadounidense.

  4. Localiza las perífrasis verbales del texto y clasifícalas.

  5. ¿De dónde proceden los ciudadanos hispanos de EE.UU.? ¿Cuáles son los afroamericanos?

  6. Define el pop latino.


MODERNOS Y ELEGANTES
Desde que las insignias se llaman pins; los homosexuales, gays; las comidas frías, lunchs, y los repartos de cine, castings, este país no es el mismo.

Durante muchos años, los españoles estuvimos hablando en prosa sin enterarnos. Y, lo que es todavía peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos. Los niños leían tebeos en vez de comics, los jóvenes hacían fiestas en vez de parties, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, las secretarias usaban medias en vez de panties, y los obreros, tan ordinarios, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del catering. Yo mismo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero como no lo sabía – ni usaba, por supuesto, las mallas adecuadas –, no me sirvió de nada. En mi ignorancia, creía que hacía gimnasia.

Afortunadamente, todo esto ya ha cambiado. Hoy, España es un país rico, y a los españoles se nos nota el cambio simplemente cuando hablamos, lo cual es muy importante. El lenguaje, ya se sabe, es como la prueba del algodón: no engaña. No es lo mismo decir bacon que tocino – aunque tengan igual de grasa –, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap. Las cosas, en otro idioma, mejoran mucho y tienen mayor prestancia. Sobre todo en inglés, que es el idioma que manda.

Desde que Nueva York es la capital del mundo, nadie es realmente moderno mientras no diga en inglés un mínimo de cien palabras. Desde ese punto de vista, los españoles ya estamos completamente modernizados. Es más, creo que hoy en el mundo no hay nadie que nos iguale. Porque, mientras en otros países toman sólo del inglés las palabras que no tienen – bien porque sus idiomas son pobres, cosa que no es nuestro caso, o bien porque pertenecen a lenguajes de reciente creación, como el de la economía o el de la informática –, nosotros, más generosos, hemos ido más allá y hemos adoptado incluso las que no nos hacían falta. Lo cual demuestra nuestra apertura y nuestra capacidad para superarnos.

Así, ahora, por ejemplo, ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, que queda mucho más fino, ni tenemos sentimientos, sino feelings, que es mucho más elegante. Y de la misma manera, sacamos tickets, compramos compacts, usamos kleenex, comemos sandwichs, vamos al pub, quedamos groggies, hacemos rappel y, los domingos, cuando salimos al campo, en lugar de acampar como hasta ahora, vivaqueamos o hacemos camping. Y todo ello, ya digo, con la mayor naturalidad y sin darnos apenas importancia.

Obviamente, esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han cambiado nuestro aspecto, que ahora es mucho más moderno y elegante. Por ejemplo, los españoles ya no usamos calzoncillos, sino slips, lo que nos permite marcar paquete con más soltura que a nuestros padres; ya no nos ponemos ropa, sino marcas. Y cuando nos afeitamos, nos ponemos after-shave, que aunque parezca lo mismo, nos deja más fresca la cara.

En el plano colectivo ocurre exactamente lo mismo que pasa a nivel privado: todo ha evolucionado. En España, por ejemplo, hoy la gente ya no corre: hace jogging o footing (depende mucho del chándal y de la impedimenta que se le añada); ya no anda, ahora hace senderismo; ya no estudia: hace masters; ya no aparca: deja el coche en el parking, que es muchísimo más práctico. Hasta los suicidas, cuando se tiran de un puente, ya no se tiran. Hacen puenting, que es más in, aunque, si falla la cuerda, se matan igual que antes.

Entre los profesionales, la cosa ya es exagerada. No es que seamos modernos; es que estamos ya a años luz de los mismísimos americanos. En la oficina, por ejemplo, el jefe ya no es el jefe, es el boss, y está siempre reunido con la public-relations y el asesor de imagen o va a hacer bussiness a Holland junto con su secretaria. En su maletín de mano, al revés que los de antes, que lo llevaban repleto de papeles y de latas de fabada, lleva tan sólo un teléfono y un fax-modem por si acaso. La secretaria tampoco le va a la zaga. Aunque seguramente es de Cuenca, ahora ya no lleva agenda ni confecciona listados. Ahora hace mailings y trainings – y press-books para la prensa –, y cuando acaba el trabajo va al gimnasio a hacer gim-jazz o a la academia de baile para bailar sevillanas. Allí se encuentra con todas las de la jet, que vienen de hacerse lifitngs, y con alguna top-model amante del body-fitness y del yogourt desnatado. Todas toman, por supuesto, cosas light, y ya no fuman tabaco, que ahora es una cosa out, y cuando acuden a un cocktail toman bitter y roastbeef, que, aunque parezca lo mismo, es mucho más digestivo y engorda menos que la carne asada.

En la televisión, entre tanto, ya nadie hace entrevistas ni presenta, como antes, un programa. Ahora hacen interviews y presentan magazines, que dan mucha más prestancia, aunque aparezcan siempre los mismos y con los mismos collares. Si el presentador dice mucho OK y se mueve todo el rato, al magazine se le llama show – que es distinto que espectáculo –, y si éste es un show heavy, es decir, que tiene carnaza, se le adjetiva de reality para quitarle la cosa cutre que tendría en castellano. Entre medias, por supuesto, ya no nos ponen anuncios, sino spots, que, aparte de ser mejores, nos permiten hacer zapping.

En el deporte del basket – que antes era el baloncesto –, los clubs ya no se eliminan, sino que juegan play-offs, que son más emocionantes, y a los patrocinadores se les llama sponsors, que para eso son los que pagan. El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking; el solomillo, el steak (incluso aunque no sea tártaro); la gente guapa, la beautiful, y el representante, el manager. Y desde hace algún tiempo, también, los importantes son vips; los auriculares, walk-man; los puestos de venta, stands; los ejecutivos, yuppies; las niñeras, baby-sitters, y los derechos de autor, royalties. Hasta los pobres ya no son pobres. Ahora los llamamos homeless, como en América, lo que indica hasta qué punto hemos evolucionado.

Para ser ricos del todo y quitarnos el complejo de país tercermundista que tuvimos algún tiempo y que tanto nos avergonzaba, sólo nos queda ya decir siesta – la única palabra que el español ha exportado al mundo, lo que dice mucho a favor nuestro – con acento americano.
JULIO LLAMAZARES, en El País


  1. Indica la tesis de este artículo de opinión.

  2. ¿Qué clase de anglicismos crees que le parecen aceptables? ¿Por qué motivo?

  3. La ironía es uno de los principales procedimientos que emplea el autor para subrayar sus argumentos. Define qué es la ironía y busca ejemplos de enunciados irónicos en el texto.

  4. Busca un sinónimo y un antónimo de las siguientes palabras del texto: modernizados, apertura, evolucionado, complejo.

  5. Di qué significan las siguientes expresiones extraídas del texto: la secretaria tampoco le va a la zaga, tiene carnaza, lo que dice mucho a favor nuestro.

  6. Indica la categoría gramatical de las siguientes palabras, di su primitiva y la categoría de ésta: fiambrera, iguale, acampar, profesionales.

  7. Indica cuál es la persona, número, tiempo, modo y voz de las siguientes formas verbales: aparezcan, tendría, era, tuvimos, avergonzaba.

  8. ¿Qué frase popular ha cambiado el autor, cuando dice: siempre los mismos y con los mismos collares? ¿Por qué?


DESIDIA ORTOGRÁFICA
Hay que buscar el motivo de la vigente desidia ortográfica en el difundido convencimiento de que la corrección ortográfica no sirve para nada.

¿No sirve para nada, efectivamente, la ortografía actual, y habría que amoldarla con exactitud a la prosodia? Antes tendríamos que ponernos de acuerdo sobre qué prosodia adoptar, la de soldado, soldao o sordao, la de llover o yover, la de rezar o resar, la de huele o güele, y me temo que ese acuerdo tardaría mucho en llegar, porque, claro es, en la discusión tendría que llevar una voz muy cantante la mayoría de los hispanohablantes, que no está precisamente en España, y que haría prevalecer sus peculiaridades prosódicas. Esa propuesta simplificadora, que ha tenido ilustres defensores desde Gonzalo Correas hasta Juan Ramón Jiménez, es sostenida hoy por muchos con una fe que raya en el arbitrismo. No suelen llegar, en sus propósitos reformistas, a las últimas consecuencias, ya que parten de una norma ideal – la suya – sin caer en la cuenta de que existen otras muchas normas repartidas por el ámbito español.

Pero hay, además, un obstáculo que se alza como prácticamente insalvable a la hora de pensar en una norma ortográfica paralela a una presunta norma fonética, y es el hecho de que cortaríamos con toda nuestra cultura escrita, aun la más próxima a nosotros, la cual adquiriría repentinamente un aire remoto y ajeno. Para las actuales generaciones representaría un susto leer a Machado así:

“La embídia de la birtúd

ízo a Kaín kriminál.

¡Glória a Kaín! Oy el bízio

es lo ke se embídia más.”;
y a Unamuno, de este modo:

“¡Bibír unos días en el silénzio i del silénzio nosótros, los ke de ordinário bibímos en el barúllo (¿o barúyo?) i del barúllo. Parezía ke oíamos tódo lo ke la tiérra calla (¿o káya?) [...]

No pasaríamos del sobresalto, no podríamos proseguir la lectura, pero ¿ocurriría lo mismo con quienes, conocedores de este solo sistema, pasaran a envidia, virtud, vicio, etc? Tendrían la impresión de penetrar en un período arcano, y lo probable es que la continuidad cultural, ya amenazada por otros motivos, recibiera por éste la última puntilla. Además, insisto, ¿nos seguirían en este proyecto todos los pueblos que son tan dueños como nosotros del idioma castellano?

Vista desde otra perspectiva, la convención ortográfica es un gran bien, pues constituye uno de los principales factores de unidad de la inmensa masa humana hispanohablante. Mientras fonética, léxico y hasta gramática, separan a unos países de otros, a unas clases sociales de otras, la norma escrita es el gran aglutinador del idioma, el que le proporciona su cohesión más firme. Las innumerables diferencias locales que hacen del español un “puzzle” dentro de su relativa unidad, se reducen, yo diría que gustosa y casi unánimemente, ante las convenciones de vocabulario, morfología, sintaxis y ortografía de la lengua escrita. Ella, mucho más que la oral, es la que nos permite sentirnos miembros de la misma comunidad.

No es, pues, bueno el sistema de arruinar la convención ortográfica que nos une, y menos por desidia o ignorancia. Mil veces preferible es el de elevar la instrucción general para que esa sencilla convención sea conocida por todos. Y el de volver a rodearla de su antiguo prestigio.
FERNANDO LÁZARO CARRETER, El dardo en la palabra


  1. Di en qué orden aparecen estas ideas en el texto de Lázaro Carreter. Señala qué párrafos las desarrollan y anota los argumentos de apoyo que las acompañan.

    1. La norma ortográfica común garantiza la unidad idiomática.

    2. La escritura fonética del castellano no es posible, ya que el idioma posee más de una norma fonética.

    3. La escritura fonética del castellano contribuiría a interrumpir la continuidad de la tradición cultural.

  2. Localiza estas palabras y expresiones en el texto y explica su significado: prosodia, peculiaridades prosódicas, fe que raya en el arbitrismo, período arcano, recibir la puntilla.

  3. Recibir la puntilla es una frase hecha. También lo es llevar la voz cantante; “en la discusión tendría que llevar una voz muy cantante la mayoría de los hispanohablantes”, leemos en el artículo de Lázaro Carreter. Escribe todas las frases hechas que recuerdes en las que aparezcan las palabras voz, lengua, hablar y decir, y explica lo que significan.

  4. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes palabras del texto: desidia, amoldarla, insalvable, aglutinador.

  5. Di por qué no se acentúan las siguientes palabras: aun, solo, diferencias, pues.

  6. Localiza en los dos primeros párrafos del texto todas las perífrasis verbales y clasifícalas.

  7. ¿Cuál es el antecedente de la en amoldarla, éste en recibiera por éste la última puntilla y de el en el de elevar?

LOS EUFEMISMOS DE LA PRENSA
Quien logra dar nombre a una idea empieza ya a dominarla. Es éste un principio que conocen bien los grupos económicos, jurídicos, sociales o políticos.

Manuel García Pelayo, que fue presidente del Tribunal Constitucional, escribió: “La palabra domina un determinado ámbito de la realidad, de donde se desprende que quien posee la palabra adquiere un dominio sobre ese ámbito”.

El alemán Hannes Mäder fue más lejos: “Todo el que pretenda imponer su dominio al hombre ha de apoderarse de su idioma”.

En los medios de comunicación, ¿quién da nombre a las cosas, a las ideas a las realidades? ¿Quién dispone así de un determinado dominio sobre ellas?

Se puede sentir la tentación de contestar que son los periodistas quienes, en su legítimo uso del lenguaje, colocan las palabras que intermedian entre la realidad que ellos presentan y la realidad que perciben los lectores a través de esas expresiones. Quiero sostener aquí que no. Los periodistas están perdiendo cada vez más su capacidad de dar nombre a las cosas.

La pereza, la supuesta objetividad de trasladar al pie de la letra el lenguaje de los políticos, los economistas, los sindicalistas, los terroristas – incluso – o los jueces y policías hace que los informadores hayan asumido las expresiones que otros inventaron. Y ese invento no fue motivado precisamente por la intención de comunicar lo más ajustadamente posible la realidad, sino por todo lo contrario.

Y los periodistas han sucumbido, han perdido el poder de dar nombre a las cosas y han entrado en el juego de quienes pretenden edulcorar la realidad para ajustarla mejor a sus intereses. El lenguaje de los medios de comunicación está repleto ya de nociones adulteradas. Los periódicos hablan de “limpieza étnica” y no de “genocidio”. De “ejecuciones de rehenes” y no de “asesinatos”. De “distintas sensibilidades” en el partido, y no de “tendencias”. De “daños colaterales”, y no de “víctimas civiles”.

Estos juegos de palabras no son nuevos. Curiosamente, sus antecedentes proceden también de los ámbitos gremiales. En algún tiempo. Los ATS se llamaron enfermeros. Y los profesores de Primaria ejercían como maestros. Y a los presos los custodiaban los carceleros, no los funcionarios de instituciones penitenciarias. La asistenta pasó a llamarse “empleada de hogar”. Y el portero de la casa, “empleado de fincas urbanas” (sin embargo, no tenemos “empleado de fincas urbanas automático”, sino “portero automático”, que como no pertenece a ningún gremio y es un aparato, no reivindica nada). Y la gasolinera se rotula “estación de servicio”.

Pero el sector que más y mejores ejemplos aporta es el económico. La habitual pereza de los periodistas para hacerse entender alcanza en este terreno la mayor de las desidias.

Bien es cierto que las empresas, los sindicatos, los técnicos en general, han resultado ser en este terreno los más brillantes inventores de eufemismos. Sus tropos, sus metáforas, llegan en muchos casos al sobresaliente. Mirado por el lado bueno, es gratificante comprobar que en un ámbito de gente de ciencias se hayan escogido tan bien las letras.



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