Palabras para ganar vida



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Buenas tardes, señor Stavans.

Hallo, gringa. ¿Cómo estás you el día de today?



¿?

Entiendo, necesita subtítulos, no se preocupe, between, between and drink a chair.



¿Qué?

Que entre y tome asiento. Verá, el spanglish no son sólo unas cuantas palabras en argot, es un mestizaje verbal entre el inglés y el español, un cruce de dos lenguas y dos civilizaciones. Es una revolución subversiva. ¿Y sabe qué es lo mejor?



Pues no.

Que el spanglish va más allá de la clase social, la raza, el grupo étnico y la edad. Lo hablan cuarenta millones de personas.



¿Y cuándo empezó a hablarse?

En 1848, en el momento en que México le vende por 15 millones de dólares a Estados Unidos dos terceras partes de su territorio con sus pobladores. Luego, en 1898 la guerra hispano-americana arraiga todavía más la cohabitación verbal y cultural.



Pero otras lenguas foráneas han desaparecido de Estados Unidos.

Sí, el alemán, el francés, el polaco, el ruso, el italiano o el yiddish terminaron por desaparecer a partir de la segunda generación de inmigrantes. Sin embargo, el castellano tiene muchísima presencia, hay más emisoras de radio en California que en toda Centroamérica, dos cadenas nacionales de televisión y periódicos de amplia difusión.



¿Escriben y hablan en spanglish?

Sí, el otro día en un diario puertorriqueño leí: “Una de las actividades favoritas de la región es el jangueo de los malls...”.



¿Y qué significa?

Janguear, que viene del verbo inglés to hang out, significa “pasar el rato, divertirse, perder el tiempo”. En su mayoría esas expresiones son adaptaciones literales del inglés, como llamar p’atrás, que viene de to call you back; o vacunar la carpeta, que significa “pasar el aspirador por la alfombra”.

La RAE (Real Academia Española) no debe de estar muy contenta.

No, pero es absurdo. ¿Cuál es el español puro y legítimo, el de Góngora y Quevedo? ¿Y quién lo habla en la actualidad?



¿Y cómo lo llevan los americanos?

En algunos estados se ha llegado a promulgar la ley English Only, pero EE.UU. es un país bilingüe se quiera o no reconocer. Recuerde lo que decía el gramático Alfonso Reyes: “El vulgo es dueño de la realidad, los cultos lo son de la irrealidad”. [...]



¿Hay literatura en spanglish?

Hay novelas escritas en spanglish que tiran 3.000 ejemplares y los poetas nuyorriqueños están empezando a destacar.



¿Se convertirá en un idioma?

Yo creo que tiene futuro. Hay mucho que escribir y mucho que soñar, y cuando se sueña en spanglish el sabor de los sueños es distinto, es más divertido porque es un idioma muy imaginativo, muy creativo, muy espontáneo, muy libre, se parece al jazz.


IMA SANCHÍS, en La Vanguardia


  1. Explica brevemente qué es el spanglish a partir de los datos de la entrevista con el profesor Stavans.

  2. Analiza el uso del castellano en estos dos fragmentos de diálogo extraídos de la novela Milagro en Miami, de Zoé Valdés.

a)

    • ¿Eh, qué, te pasó un muerto? Bróder, estás más pálido que una lagartija con anemia.

    • No es nada. ¿Te quedas con nosotros?

    • ¿A lonchar? No, qué va, te agradezco, es que voy a jamar un sangüiche o una medianoche y luego voy a resolver un problemita.

b)

    • Necesito que me presentes a Iris. Pretendo convertir a Miami en la capital de la moda. ¿No es absolutamente rocanrol?

    • ¿No sabes su número?

    • ¡Claro que poseo su número, pero preferiría que tú me introduzcas!

    • Déjame tus coordenadas y te localizo o te llamo para atrás en media hora.




  1. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes expresiones del texto: mestizaje, subversiva, arraiga, legítimo.

  2. ¿En qué crees que consiste la ley English Only? ¿Qué efectos crees que puede causar en la situación lingüística descrita?

  3. Indica la categoría gramatical de las siguientes palabras, di su primitiva y la categoría de ésta: étnico, cohabitación, puertorriqueño, nuyorriqueños.

  4. ¿Qué lengua es el yiddish?

  5. Explica el significado de la siguiente expresión: El vulgo es dueño de la realidad; los cultos lo son de la irrealidad.



LA FUERZA DEL DÓLAR LATINO
El poder adquisitivo de los hispanos en los Estados Unidos roza ya los 600.000 millones de dólares. Estos ciudadanos representan el segmento de mayor crecimiento demográfico de EE.UU., que ya rebasa en población a los afroamericanos. Por lo tanto, los hispanos – y concretamente los mexicanos, un 64 % del total – empiezan a despertar la pasión de las empresas en casi todos los sectores. “Es un mercado nuevo, dinámico y distinto”, dice Rupa Ranganathan, estratega étnica de la empresa de marketing Strategic Research Institute. “A diferencia de otras inmigraciones que abandonaron su identidad para meterse en la coctelera americana, los hispanos siguen considerándose hispanos y por tanto son otro mercado”, añade.

El censo del 2000 contabilizó 35 millones de hispanos, frente a 22 millones en 1990. Representan el 12,5 % de la población, y en el 2100 se estima que representarán el 33 %. Estos datos son irresistibles para muchas empresas, desde AT&T Bank of America – a la caza del lucrativo negocio fronterizo, bien sean las llamadas internacionales o envíos de dinero – hasta multinacionales de alimentos como Kraft y General Mills, que han incorporado la palabra salsa al inglés americano y ahora preparan tacos al estilo mexicano.

La industria del pop latino en Miami – con cantantes estrellas como Thalia o Christina Aguilera – supone un negocio multimillonario. Hollywood rentabiliza los nuevos actores latinos como Jennifer López o Salma Hayek. Univisión y Telemando – las dos grandes cadenas de televisión hispanas – han prosperado gracias a un mercado publicitario que ha resultado resistente ante la crisis del resto del sector. Hasta los grandes grupos farmacéuticos – tradicionalmente lentos a la hora de responder a nuevos mercados – han entrado a trapo sobre todo con medicamentos para la diabetes, plaga de la población hispanoamericana cada vez más estadounidense, al menos en lo concerniente a su obesidad. Los hispanos, en general, y sobre todo los de segunda generación, ahora representan el mayor segmento de nuevos propietarios de viviendas en EE.UU.; e instituciones financieras, como el Bank of America, son optimistas con respecto al auge de una nueva clase media hispana.
ANDY ROBINSON, en La Vanguardia digital



  1. Presenta de forma esquemática la información contenida en el texto.

  2. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes expresiones del texto: poder adquisitivo, pasión, dinámico, obesidad.

  3. Explica el significado de las siguientes expresiones: coctelera americana, lucrativo negocio fronterizo, plaga de la población histpanoamericana cada vez más estadounidense.

  4. Localiza las perífrasis verbales del texto y clasifícalas.

  5. ¿De dónde proceden los ciudadanos hispanos de EE.UU.? ¿Cuáles son los afroamericanos?

  6. Define el pop latino.


MODERNOS Y ELEGANTES
Desde que las insignias se llaman pins; los homosexuales, gays; las comidas frías, lunchs, y los repartos de cine, castings, este país no es el mismo.

Durante muchos años, los españoles estuvimos hablando en prosa sin enterarnos. Y, lo que es todavía peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos. Los niños leían tebeos en vez de comics, los jóvenes hacían fiestas en vez de parties, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, las secretarias usaban medias en vez de panties, y los obreros, tan ordinarios, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del catering. Yo mismo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero como no lo sabía – ni usaba, por supuesto, las mallas adecuadas –, no me sirvió de nada. En mi ignorancia, creía que hacía gimnasia.

Afortunadamente, todo esto ya ha cambiado. Hoy, España es un país rico, y a los españoles se nos nota el cambio simplemente cuando hablamos, lo cual es muy importante. El lenguaje, ya se sabe, es como la prueba del algodón: no engaña. No es lo mismo decir bacon que tocino – aunque tengan igual de grasa –, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap. Las cosas, en otro idioma, mejoran mucho y tienen mayor prestancia. Sobre todo en inglés, que es el idioma que manda.

Desde que Nueva York es la capital del mundo, nadie es realmente moderno mientras no diga en inglés un mínimo de cien palabras. Desde ese punto de vista, los españoles ya estamos completamente modernizados. Es más, creo que hoy en el mundo no hay nadie que nos iguale. Porque, mientras en otros países toman sólo del inglés las palabras que no tienen – bien porque sus idiomas son pobres, cosa que no es nuestro caso, o bien porque pertenecen a lenguajes de reciente creación, como el de la economía o el de la informática –, nosotros, más generosos, hemos ido más allá y hemos adoptado incluso las que no nos hacían falta. Lo cual demuestra nuestra apertura y nuestra capacidad para superarnos.

Así, ahora, por ejemplo, ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, que queda mucho más fino, ni tenemos sentimientos, sino feelings, que es mucho más elegante. Y de la misma manera, sacamos tickets, compramos compacts, usamos kleenex, comemos sandwichs, vamos al pub, quedamos groggies, hacemos rappel y, los domingos, cuando salimos al campo, en lugar de acampar como hasta ahora, vivaqueamos o hacemos camping. Y todo ello, ya digo, con la mayor naturalidad y sin darnos apenas importancia.

Obviamente, esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han cambiado nuestro aspecto, que ahora es mucho más moderno y elegante. Por ejemplo, los españoles ya no usamos calzoncillos, sino slips, lo que nos permite marcar paquete con más soltura que a nuestros padres; ya no nos ponemos ropa, sino marcas. Y cuando nos afeitamos, nos ponemos after-shave, que aunque parezca lo mismo, nos deja más fresca la cara.

En el plano colectivo ocurre exactamente lo mismo que pasa a nivel privado: todo ha evolucionado. En España, por ejemplo, hoy la gente ya no corre: hace jogging o footing (depende mucho del chándal y de la impedimenta que se le añada); ya no anda, ahora hace senderismo; ya no estudia: hace masters; ya no aparca: deja el coche en el parking, que es muchísimo más práctico. Hasta los suicidas, cuando se tiran de un puente, ya no se tiran. Hacen puenting, que es más in, aunque, si falla la cuerda, se matan igual que antes.

Entre los profesionales, la cosa ya es exagerada. No es que seamos modernos; es que estamos ya a años luz de los mismísimos americanos. En la oficina, por ejemplo, el jefe ya no es el jefe, es el boss, y está siempre reunido con la public-relations y el asesor de imagen o va a hacer bussiness a Holland junto con su secretaria. En su maletín de mano, al revés que los de antes, que lo llevaban repleto de papeles y de latas de fabada, lleva tan sólo un teléfono y un fax-modem por si acaso. La secretaria tampoco le va a la zaga. Aunque seguramente es de Cuenca, ahora ya no lleva agenda ni confecciona listados. Ahora hace mailings y trainings – y press-books para la prensa –, y cuando acaba el trabajo va al gimnasio a hacer gim-jazz o a la academia de baile para bailar sevillanas. Allí se encuentra con todas las de la jet, que vienen de hacerse lifitngs, y con alguna top-model amante del body-fitness y del yogourt desnatado. Todas toman, por supuesto, cosas light, y ya no fuman tabaco, que ahora es una cosa out, y cuando acuden a un cocktail toman bitter y roastbeef, que, aunque parezca lo mismo, es mucho más digestivo y engorda menos que la carne asada.

En la televisión, entre tanto, ya nadie hace entrevistas ni presenta, como antes, un programa. Ahora hacen interviews y presentan magazines, que dan mucha más prestancia, aunque aparezcan siempre los mismos y con los mismos collares. Si el presentador dice mucho OK y se mueve todo el rato, al magazine se le llama show – que es distinto que espectáculo –, y si éste es un show heavy, es decir, que tiene carnaza, se le adjetiva de reality para quitarle la cosa cutre que tendría en castellano. Entre medias, por supuesto, ya no nos ponen anuncios, sino spots, que, aparte de ser mejores, nos permiten hacer zapping.

En el deporte del basket – que antes era el baloncesto –, los clubs ya no se eliminan, sino que juegan play-offs, que son más emocionantes, y a los patrocinadores se les llama sponsors, que para eso son los que pagan. El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking; el solomillo, el steak (incluso aunque no sea tártaro); la gente guapa, la beautiful, y el representante, el manager. Y desde hace algún tiempo, también, los importantes son vips; los auriculares, walk-man; los puestos de venta, stands; los ejecutivos, yuppies; las niñeras, baby-sitters, y los derechos de autor, royalties. Hasta los pobres ya no son pobres. Ahora los llamamos homeless, como en América, lo que indica hasta qué punto hemos evolucionado.

Para ser ricos del todo y quitarnos el complejo de país tercermundista que tuvimos algún tiempo y que tanto nos avergonzaba, sólo nos queda ya decir siesta – la única palabra que el español ha exportado al mundo, lo que dice mucho a favor nuestro – con acento americano.
JULIO LLAMAZARES, en El País


  1. Indica la tesis de este artículo de opinión.

  2. ¿Qué clase de anglicismos crees que le parecen aceptables? ¿Por qué motivo?

  3. La ironía es uno de los principales procedimientos que emplea el autor para subrayar sus argumentos. Define qué es la ironía y busca ejemplos de enunciados irónicos en el texto.

  4. Busca un sinónimo y un antónimo de las siguientes palabras del texto: modernizados, apertura, evolucionado, complejo.

  5. Di qué significan las siguientes expresiones extraídas del texto: la secretaria tampoco le va a la zaga, tiene carnaza, lo que dice mucho a favor nuestro.

  6. Indica la categoría gramatical de las siguientes palabras, di su primitiva y la categoría de ésta: fiambrera, iguale, acampar, profesionales.

  7. Indica cuál es la persona, número, tiempo, modo y voz de las siguientes formas verbales: aparezcan, tendría, era, tuvimos, avergonzaba.

  8. ¿Qué frase popular ha cambiado el autor, cuando dice: siempre los mismos y con los mismos collares? ¿Por qué?


DESIDIA ORTOGRÁFICA
Hay que buscar el motivo de la vigente desidia ortográfica en el difundido convencimiento de que la corrección ortográfica no sirve para nada.

¿No sirve para nada, efectivamente, la ortografía actual, y habría que amoldarla con exactitud a la prosodia? Antes tendríamos que ponernos de acuerdo sobre qué prosodia adoptar, la de soldado, soldao o sordao, la de llover o yover, la de rezar o resar, la de huele o güele, y me temo que ese acuerdo tardaría mucho en llegar, porque, claro es, en la discusión tendría que llevar una voz muy cantante la mayoría de los hispanohablantes, que no está precisamente en España, y que haría prevalecer sus peculiaridades prosódicas. Esa propuesta simplificadora, que ha tenido ilustres defensores desde Gonzalo Correas hasta Juan Ramón Jiménez, es sostenida hoy por muchos con una fe que raya en el arbitrismo. No suelen llegar, en sus propósitos reformistas, a las últimas consecuencias, ya que parten de una norma ideal – la suya – sin caer en la cuenta de que existen otras muchas normas repartidas por el ámbito español.

Pero hay, además, un obstáculo que se alza como prácticamente insalvable a la hora de pensar en una norma ortográfica paralela a una presunta norma fonética, y es el hecho de que cortaríamos con toda nuestra cultura escrita, aun la más próxima a nosotros, la cual adquiriría repentinamente un aire remoto y ajeno. Para las actuales generaciones representaría un susto leer a Machado así:

“La embídia de la birtúd

ízo a Kaín kriminál.

¡Glória a Kaín! Oy el bízio

es lo ke se embídia más.”;
y a Unamuno, de este modo:

“¡Bibír unos días en el silénzio i del silénzio nosótros, los ke de ordinário bibímos en el barúllo (¿o barúyo?) i del barúllo. Parezía ke oíamos tódo lo ke la tiérra calla (¿o káya?) [...]

No pasaríamos del sobresalto, no podríamos proseguir la lectura, pero ¿ocurriría lo mismo con quienes, conocedores de este solo sistema, pasaran a envidia, virtud, vicio, etc? Tendrían la impresión de penetrar en un período arcano, y lo probable es que la continuidad cultural, ya amenazada por otros motivos, recibiera por éste la última puntilla. Además, insisto, ¿nos seguirían en este proyecto todos los pueblos que son tan dueños como nosotros del idioma castellano?

Vista desde otra perspectiva, la convención ortográfica es un gran bien, pues constituye uno de los principales factores de unidad de la inmensa masa humana hispanohablante. Mientras fonética, léxico y hasta gramática, separan a unos países de otros, a unas clases sociales de otras, la norma escrita es el gran aglutinador del idioma, el que le proporciona su cohesión más firme. Las innumerables diferencias locales que hacen del español un “puzzle” dentro de su relativa unidad, se reducen, yo diría que gustosa y casi unánimemente, ante las convenciones de vocabulario, morfología, sintaxis y ortografía de la lengua escrita. Ella, mucho más que la oral, es la que nos permite sentirnos miembros de la misma comunidad.

No es, pues, bueno el sistema de arruinar la convención ortográfica que nos une, y menos por desidia o ignorancia. Mil veces preferible es el de elevar la instrucción general para que esa sencilla convención sea conocida por todos. Y el de volver a rodearla de su antiguo prestigio.
FERNANDO LÁZARO CARRETER, El dardo en la palabra


  1. Di en qué orden aparecen estas ideas en el texto de Lázaro Carreter. Señala qué párrafos las desarrollan y anota los argumentos de apoyo que las acompañan.

    1. La norma ortográfica común garantiza la unidad idiomática.

    2. La escritura fonética del castellano no es posible, ya que el idioma posee más de una norma fonética.

    3. La escritura fonética del castellano contribuiría a interrumpir la continuidad de la tradición cultural.

  2. Localiza estas palabras y expresiones en el texto y explica su significado: prosodia, peculiaridades prosódicas, fe que raya en el arbitrismo, período arcano, recibir la puntilla.

  3. Recibir la puntilla es una frase hecha. También lo es llevar la voz cantante; “en la discusión tendría que llevar una voz muy cantante la mayoría de los hispanohablantes”, leemos en el artículo de Lázaro Carreter. Escribe todas las frases hechas que recuerdes en las que aparezcan las palabras voz, lengua, hablar y decir, y explica lo que significan.

  4. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes palabras del texto: desidia, amoldarla, insalvable, aglutinador.

  5. Di por qué no se acentúan las siguientes palabras: aun, solo, diferencias, pues.

  6. Localiza en los dos primeros párrafos del texto todas las perífrasis verbales y clasifícalas.

  7. ¿Cuál es el antecedente de la en amoldarla, éste en recibiera por éste la última puntilla y de el en el de elevar?

LOS EUFEMISMOS DE LA PRENSA
Quien logra dar nombre a una idea empieza ya a dominarla. Es éste un principio que conocen bien los grupos económicos, jurídicos, sociales o políticos.

Manuel García Pelayo, que fue presidente del Tribunal Constitucional, escribió: “La palabra domina un determinado ámbito de la realidad, de donde se desprende que quien posee la palabra adquiere un dominio sobre ese ámbito”.

El alemán Hannes Mäder fue más lejos: “Todo el que pretenda imponer su dominio al hombre ha de apoderarse de su idioma”.

En los medios de comunicación, ¿quién da nombre a las cosas, a las ideas a las realidades? ¿Quién dispone así de un determinado dominio sobre ellas?

Se puede sentir la tentación de contestar que son los periodistas quienes, en su legítimo uso del lenguaje, colocan las palabras que intermedian entre la realidad que ellos presentan y la realidad que perciben los lectores a través de esas expresiones. Quiero sostener aquí que no. Los periodistas están perdiendo cada vez más su capacidad de dar nombre a las cosas.

La pereza, la supuesta objetividad de trasladar al pie de la letra el lenguaje de los políticos, los economistas, los sindicalistas, los terroristas – incluso – o los jueces y policías hace que los informadores hayan asumido las expresiones que otros inventaron. Y ese invento no fue motivado precisamente por la intención de comunicar lo más ajustadamente posible la realidad, sino por todo lo contrario.

Y los periodistas han sucumbido, han perdido el poder de dar nombre a las cosas y han entrado en el juego de quienes pretenden edulcorar la realidad para ajustarla mejor a sus intereses. El lenguaje de los medios de comunicación está repleto ya de nociones adulteradas. Los periódicos hablan de “limpieza étnica” y no de “genocidio”. De “ejecuciones de rehenes” y no de “asesinatos”. De “distintas sensibilidades” en el partido, y no de “tendencias”. De “daños colaterales”, y no de “víctimas civiles”.

Estos juegos de palabras no son nuevos. Curiosamente, sus antecedentes proceden también de los ámbitos gremiales. En algún tiempo. Los ATS se llamaron enfermeros. Y los profesores de Primaria ejercían como maestros. Y a los presos los custodiaban los carceleros, no los funcionarios de instituciones penitenciarias. La asistenta pasó a llamarse “empleada de hogar”. Y el portero de la casa, “empleado de fincas urbanas” (sin embargo, no tenemos “empleado de fincas urbanas automático”, sino “portero automático”, que como no pertenece a ningún gremio y es un aparato, no reivindica nada). Y la gasolinera se rotula “estación de servicio”.

Pero el sector que más y mejores ejemplos aporta es el económico. La habitual pereza de los periodistas para hacerse entender alcanza en este terreno la mayor de las desidias.

Bien es cierto que las empresas, los sindicatos, los técnicos en general, han resultado ser en este terreno los más brillantes inventores de eufemismos. Sus tropos, sus metáforas, llegan en muchos casos al sobresaliente. Mirado por el lado bueno, es gratificante comprobar que en un ámbito de gente de ciencias se hayan escogido tan bien las letras.

Debo decir incluso que siento una cierta admiración por el genio que descubrió la fórmula “crecimiento cero”. ¿Cómo puede algo crecer y al mismo tiempo no crecer? ¿Cómo se puede crecer cero?

El inventor de la incongruencia supo muy bien combinar un elemento favorable económicamente – crecimiento – con otro negativo – el no crecimiento, “cero”-, para contrarrestar la fuerza del segundo.

Otra variante es el “crecimiento negativo”, que juega con la misma técnica. Y sin embargo nunca se dice el “decrecimiento positivo”, que sería su expresión antónima. Esto ya no le parece rentable a quien inventa las palabras.

Uno de los últimos hallazgos del lenguaje económico supone probablemente la mejor de las metáforas eufemísticas del campo de los números y las fórmulas. Se trata de “el comportamiento de los precios”. Los precios pueden ser buenos o malos, como los niños en el colegio.

Si el lector buscara responsabilidades sobre el coste de la vida, deberá dirigirse hacia los precios en sí, hacia su comportamiento, y no contra el comportamiento de quienes los fijan. Los precios, parece ser, tienen alma.

Y qué decir del IPC, famosas siglas, esos “esqueletos sin genes semánticos”. Pues bien, IPC, un tecnicismo, aleja al elector de conceptos como “cesta de la compra” o “coste de la vida”. El IPC se nos presenta así como un resultado técnico, producto de unos cálculos. Algo de lo que nadie tiene la culpa.

Otro hallazgo brillante en el lenguaje económico es la palabra “reajuste”. Si ha subido el IPC, habrá que acometer un reajuste. Si sube el billete del autobús, se trata de un reajuste de tarifas. De esta forma, todos deben entender que se trata de ajustarse a una realidad ya establecida con anterioridad, en la cual la empresa no tiene nada que ver. Se elevaron las materias primas, la situación internacional... y por tanto hay que reajustarse, readaptarse a los nuevos tiempos. O sea, que suben los precios. Pero es curioso que un Ayuntamiento que “reajusta” el precio del autobús cuando sube, no lo “reajusta” cuando baja. Y cuando el precio de la gasolina baja, por ejemplo, se llama así, “bajada”.

También se ha apuntado al juego la Administración del Estado. Por ejemplo, los servicios secretos o de espionaje se llaman los “servicios de inteligencia”, aunque a menudo se muestren bastante torpes. Quienes recogen las basuras se dedican al “tratamiento de residuos sólidos”, los destituidos son “cesados” (con incorrección gramatical incluida, pues “cesar” es intransitivo), y hasta la tradicional agricultura ha cambiado para llamarse “industria de la tierra”.

Para cualquiera que hable desde la Administración, no existirán las desigualdades. Solamente los desequilibrios. Y hablará de desequilibrios territoriales, desequilibrios de renta... Recientemente, un concejal madrileño acabó de un plumazo con las chabolas de la capital. Las denominó “módulos horizontales de tipología especial”.

Los periodistas hemos leído críticas de respetados académicos sobre el mal uso que hacemos de una pieza cultural digna de protección como es el lenguaje, patrimonio común de todos los hablantes. Tienen razón. Ocurre con frecuencia. Pero desde el punto de vista ideológico esto es inocuo. El problema radica en el peligro de que nuestro propio sistema lingüístico esté manipulado antes de que pronunciemos palabra; en que las expresiones que a un determinado grupo no le convienen las pensemos entre algodones. No sólo que las pronunciemos con suavidad y temor, sino que incluso aniden en nuestro subconsciente previamente edulcoradas. De este modo, los verdaderos conceptos parecen darnos miedo, y la realidad queda entonces disfrazada y escondida.

ÁLEX GRIJELMO, El estilo del periodista





  1. ¿Cuál es la tesis del fragmento anterior? ¿Aparece explícitamente nombrada por el autor?

  2. Define “eufemismo” y “lenguaje políticamente correcto”.

  3. Completa este cuadro sobre algunas palabras extraídas del texto.




palabra

descripción formal y etimología

sinónimo/s

Contextual/es




edulcorar

- verbo transitivo

- del latín edulcorare:

pref. e- (con matiz intensivo) + dulcis “dulce”


suavizar

manipular

alterar



gratificante






plumazo






manipulado






subconsciente








  1. Escribe un ejemplo en que el verbo cesar aparezca correctamente empleado como intransitivo.

  2. Propón dos sinónimos de cesar que sean verbos transitivos.

  3. Señala el sujeto de los verbos en cursiva: Quien logra dar nombre a una idea empieza ya a dominarla. / Si ha subido el IPC, habrá que acometer un reajuste.

  4. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes palabras extraídas del texto: apoderarse, legítimo, han sucumbido, hallazgos.

  5. ¿Qué función desempeña famosas siglas en la oración Y qué decir del IPC, famosas siglas.

JAMES CLEVELAN OWENS (JESSE OWENS), UN SER INFERIOR
La calavera grabada en la visera militar centellea. Un sincronismo miedoso preside el palco: cuando el personaje ríe, los demás ríen; cuando el personaje frunce el ceño, todos se estremecen. Fuera del palco, el mundo permanece a la expectativa. Rodeado de su guardia pretoriana, el Führer se frota las manos.

Desde arriba, el estadio olímpico de Berlín parece una olla repleta de alfileres rubios dispuestos a clavarse en quien tenga la osadía de oponerse al jefe del tercer Reich.

El Führer repasa sus esquemas y concluye: “el éxito de nuestros atletas en estas olimpiadas confirmará la superioridad de nuestra raza aria”.

Todo está preparado.

Pero la cara de Hitler se azafrana al contemplar cómo algunos atletas le niegan el saludo al desfilar ante el palco de personalidades.

“Yo he tenido que salir de la nada, yo era un pintor que no pudo realizarse, tuve que vivir en un albergue de mala muerte... y ahora el mundo está pendiente de cada uno de mis pensamientos, de cada uno de mis actos, ¿quiénes se han creído que son estos niñatos?”

Las personalidades del tercer Reich, preocupadas por el humor de su líder, se miran inquietas. Alguien intenta un comentario trivial, súbitamente abortado por su inmediato superior jerárquico. Todos los países, hasta los más insignificantes, han enviado representantes a las olimpiadas y están pendientes de sus atletas. Los jerarcas nazis conocen el valor propagandístico de estos juegos olímpicos.

El Führer se repantiga en su asiento como si acariciase el cielo. Entorna los ojos. Imagina la antigua Atenas, los atletas espartanos, los juegos olímpicos en su pureza y primitivismo, las pruebas deportivas, como un reto a la muerte. Piensa en Filípides corriendo la distancia de Maratón. Sueña que toda la grandeza de la cultura grecorromana será empequeñecida, ahora, a los ojos del mundo. Su megalomanía le lleva a pensar que éste es el momento para demostrar al mundo que hay seres superiores por su raza o color, que él dirigirá el Reich de mil años.

Los primeros días resultan felices para el Führer. Es cierto, los atletas germanos no arrasan. Pero no consiguen malos resultados y esto puede ser utilizado por la propaganda nazi.

Vuelve a apoyarse en su asiento. Contempla el estadio. Recuerda los tiempos en los cuales soñaba con ser arquitecto. Pero la naturaleza no le dotó de talento para superar esos estudios... ¡Y pensar que hasta hay arquitectos judíos!

De un salto, aclama al atleta alemán, ganador de una medalla de oro... El Führer se entusiasma. Al día siguiente, tendrá lugar la prueba más importante, la prueba de salto. El saltador germano Lutz Long parte como favorito.

Llega el gran día, el día de la victoria. El uniforme de los jerarcas brilla. El murmullo deja paso a un silencio expectante cuando aparecen los atletas de salto. Traga saliva el encargado de deportes del régimen. Finalmente, se atreve a comentar a su Führer: “cuidado con el tercero de la izquierda, es muy bueno”. Hitler da un respingo.

- ¿Quién?, ¡el orangután aquel!

Casi disculpándose, el secretario de deportes contesta: “no, no, si está todo controlado”.

Miles de espectadores contienen su aliento cuando un atleta rubio y fribroso salta como un muelle. El silencio es pulverizado por una ovación que estremece el estadio. Una sonrisa invade el palco. Aquel deportista germano ha batido la marca olímpica. El Secretario de Estado alemán para deportes vuelve a tragar saliva. Queda otro atleta por saltar. La comitiva del líder sigue imitando sus gestos, repitiendo lo que él diga.

Sin despojarse del chándal, el atleta afroamericano comienza a calentar. En esos momentos, el juez, agazapado entre uno de los señaladores, levanta un banderín rojo y chilla con tono marcial: “atleta de los estados Unidos, primer intento, fallido”.

Hasta el público queda sorprendido por esta decisión. El deportista no ha hecho ni amago de saltar. El ardid es muy sencillo: cuando el deportista toque la línea de salto, aunque sea calentando, se tendrá como salto intentado y fallado... y a la tercera, la eliminación. El Secretario de Estado alemán para deportes sonríe con malicia; la situación parece controlada.

El deportista ve invalidado su segundo salto. Esta vez el pretexto es que había saltado más allá de la línea. Sólo queda un intento.

Contra lo que podía preverse, algo bulle dentro del saltador germano Lutz Long al percatarse de la jugada.

- No es justo ganar así la medalla de oro, si gano que sea porque soy mejor. De lo contrario, que gane él aunque no se alemán, aunque sea negro.

Con mucho disimulo, se acerca a su rival. Entre dientes, en inglés rudimentario, le comenta:

- Van a por ti, te quieren eliminar con malas artes, yo también me he dado cuenta y no me parece justo, yo jamás aceptaría ganar la medalla de oro así.

El afroamericano baja la cabeza y se expresa con desazón:

- Esto es política, al Reich no le interesa que un negro derrote a un atleta alemán; me siento impotente.

Lutz Long propone un plan.

- Vas a hacer lo siguiente: yo dejaré caer mi chándal al suelo, y tú saltarás al lado de donde lo deje caer; será unos centímetros antes de lo reglamentario pero no encontrarán pretexto para descalificarte. Si no ganas, me llevaré la medalla de oro limpiamente y si ganas tú, te estrecharé mi mano.

Tercera y última oportunidad. El afroamericano se coloca en la pista. Millones de ojos, pendientes de él.

Durante unos segundos desfila por su mente lo que ha sido su vida... su familia numerosa, su barrio de viviendas pobres, las peleas con otros chicos de la zona, sus primeros días de entrenamiento...

El juez da la salida. El atleta negro corre. Ante el silencio espeso del estadio, ante el temor del jefe de deportes del Reich y ante el estupor del Führer, pulveriza el récord anterior. No hay posibilidad de polémica. Acaba de ganar la medalla de oro. Con un salto de más de 26 pies ha superado la marca de Lutz Long (25 pies y 10 pulgadas). El saltador alemán le abraza y, cogiéndole por el hombro, va con él hasta el final de la cancha.

Hitler se retuerce de ira. Pero aún sufrirá más. El mismo atleta ganará otras tres medallas de oro. Rezumante de odio brama hacia su secretario para el deporte:

- ¿Cómo se llama ese mono negro, ese ser inferior?

El estilizado centelleo de la doble S bordada en su uniforme se apaga.

El responsable de deportes titubea tembloroso; sólo puede balbucir:

- Owens, se llama Jesse Owens.


GUSTAVO VIDAL, Semblanzas solidarias


  1. Indica cuál es la tesis del texto.

  2. Si tuvieras que poner un título al fragmento que constara de una sola palabra, cuál pondrías.

  3. Aclara el significado contextual de estas palabras y expresiones: sincronismo miedoso, jerarcas, megalomanía, silencio expectante, atleta afroamericano, tono marcial, ardid, inglés rudimentario, balbucir.

  4. Explica el significado de la siguiente expresión y di qué figura retórica hay: una olla repleta de alfileres rubios dispuestos a clavarse en quien tenga la osadía de oponerse al jefe del tercer Reich.

  5. Di un sinónimo y un antónimo de las siguientes palabras: se azafrana, se repantiga, despojarse, con desazón.

  6. Localiza en el texto dos frases hechas relacionadas con gestos o acciones corporales, y explica su significado literal y su significado comunicativo.

frase hecha

significado literal

significado comunicativo

fruncir el ceño

arrugar la frente y las facciones de la cara

demostrar preocupación




  1. ¿Por qué crees que el autor utiliza el presente de indicativo para narrar? ¿Qué efecto provoca el uso de este tiempo verbal?

  2. En el texto aparece el verbo calentar empleado de manera intransitiva. Se trata de un uso erróneo. Referido al deporte, lo correcto es utilizarlo en forma reflexiva o con un complemento directo (los músculos, por ejemplo). Localiza el verbo y corrige las frases en las que aparezca.

  3. Analiza sintácticamente esta oración: El silencio es pulverizado por una ovación que estremece el estadio.


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