Obras publicadas de ltdia cabrera



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allí.

"Si la Nganga se gana un chivo, se le da. Se le da por mérito. Y hay ocasiones, fechas, en que se le hace fiesta y ella baila: Nganga Kinakia-Arw."112

"En casa de mi Nkisiwángara", insistía José del Rosario, destacando la austera desnudez del Nso Nganga, "no encontrará usted estampas, ni cua­dros en la pared, ni altar con Santos, ¡nada! limpio, raso. Cuando hay ceremonia se saca la Prenda del cajón, el Padre llama, abre diciendo:

Bueno día pa to lo mundo de Dio. Dipué de Dio, Sambiapunga

Santo Bárbara bendito Todo lo mundo da licencia

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Campo Santo da licencia

Cuatro Equina da licencia

Bueno día pa to lo mundo

Chiquito y grande que etá llá dentro.

Se pide permiso para "trabajar":



Cheche Wanga füiri mutanbo Ngana Nene.

O bien "abre" como otro de mis informantes:



"Santa Bárbara bindito y

Santísimo Sacramento, tó mundo dé licencia,

Vamo a vé Campo Santo mío

Ca uno con lo suyo Dipué de Jnsambi tú ".

O como Ñico:



Abrí kutu Ndinga mambo

Con licencia, con licencia

Lodé moriluo simidondo

Con licencia Anselma Mina. Simidondo.

Kasimbiko abrí kutu Ndinga

Con licencia Sambiampungo

Con licencia Santa Bárbara

Sin Santa Bárbara no hay Palo Monte

Con licencia Mariquilla

Con licencia Mariwanga

Con licencia Kalunga

Con licencia Siete Mundo

Perro con gato pelea y vive bajo la mima mesa

Diente con lengua pelea y vive dentro la boca

Con licencia Jesu Crito

Con licencia Santo Sepulcro

La crú de Caravaca Lo Evangelio Juto Jué

Mayimbe Sese longame

Padre Okunjila, Tiembla Tierra

Ojo de Agua, Laguna de San José

Sesú madié sidon lé mbake

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Yendún dié Kipungule

Nani masón silambansa

Ahora Yimbirá, yimbirá un poco, yimbirá...

En el cuarto no hay más que el Nkiso o la Nganga. Hay vela, pues nunca se hace un trabajo a oscuras; ya sabemos, ella le alumbra el camino al muerto. Tabaco, la botella con chamba —el vino de la consacración—, un cuchillo, el yeso para hacer las patipembas, las firmas (trazos mágicos) "y en un pomo el café inglés, fula, la pólvora. Todo eso colocado al lado de la Nganga, y pare usted de contar".

Los objetos rituales que utiliza el Padre Nganga o la Madre Nganga, están en el caldero o en la cazuela "recibiendo fuerza", impregnados de las energías sobrenaturales, de muerto y espíritus de árboles contenidas en estos, y de allí los toma el Mayombero cuando le hacen falta: el cetro o bastón invocatorio que actúa como un conductor del espíritu al Ngangule-ro y que consiste en una tibia o en un pedazo de tibia. Este hueso se envuelve en hojas de laurel, uno de los árboles que más aprecia por sus poderosas virtudes mágicas, pues en él, como en otros árboles sagrados, se instalan —"viven"— muchos espíritus.

Además, a la Kisengue o Kisenguere —también la he oído llamar Fisen-ge, Nwala, y en español Siete Rayos —se le atan plumas de aves noctur­nas—, "socias de la muerte".

El otro instrumento es un cuerno, Mpaka, que tiene el mismo objeto que la tibia, el de poner al brujo en contacto con el espíritu y mostrarle las cosas del más allá. El Mpaka, relleno de sustancias mágicas, con un pedazo de espejo incrustado en la base, vititi mensu, o bien un espejillo corriente, redondo, la muine,113 le permiten ver lo oculto. Con el pedazo de espejo incrustado en el mpaka el Nfumo Bata o Taita Nganga vaticina fijando en él los ojos. Para eso tiene "la vista arreglada", ha obtenido la clarividencia por medio de un tratamiento mágico de lavados, en los que intervienen eficazmente légañas de ciertos animales. Es un agua que contiene muchas virtudes de ojos —secreciones y agua bendita de la iglesia— y se vierte en los del neófito con el fin de hacer de éste un vidente. Pero cuando se tiene la vista "arreglada", se ve no sólo en el espejo —el alcahuete—, se ve en cualquier objeto. En un vaso de agua, en la uña del dedo gordo, en la palma de la mano, que se atraviesa con dos alfileres formando una cruz, como vaticinaba una vieja conga que consultaba Cándida, Santera lucumí, o mirando como Juan Mayumba y algunos viejos, en un pedazo de plato blanco.

Se empleaba también un Sanga Ndüé o un Kimbúngula, un collar con un pequeño amuleto en un extremo. Pendiente de la mano del Padre

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Ngangula, con un movimiento circular o de péndulo, responde a las pre­guntas que éste le va formulando. "Kimbúngula, además de collar de la Nganga son los Vientos".

Se nace brujo —Ndongo, kindoki— con vista, como se nace estúpido o inteligente: "quien nació con Wanga, eso que el lucumí llama aché, ese, antes de ser Moana Nganga Ntu, iniciado, hombre o mujer, ve lo que otros no ven; y esa persona no sabe que tiene gracia, no sabe que es un Kindam-ba Kusaka, un adivino."

El Padre Nkisi antes de consultar el espejo lo pasa describiendo una cruz por la llama de una vela, lo ennegrece, se llena la boca de aguardiente y lo pulveriza abundantemente antes de echarle las rituales bocanadas de humo de tabaco. Aguardiente y tabaco son el regalo imprescindible que le hace el brujo a todo género de Prendas, amuletos y talismanes. Luego con un pedazo de tela limpia, lo desempaña y bruñe y ve lo oculto.

Tiyo me dice que el Mayombero no ve con sus propios ojos, sino con los del espíritu que "lo monta", y que para que los ojos del espíritu y los del Ngombe se acoplen -no sufran los del Ngombe—, es menester "arre­glarle la vista", "reforzarla". A veces es de tal magnitud la clarividencia que se adquiere con la preparación que elabore el Nfumo Bata, que es preciso sin perder un segundo privarlo de una lucidez que los deslumbra y amenaza dejarlo ciego o loco, por todos los misterios que de súbito penetra su mirar. Entonces se lavan sus ojos con agua de lluvia y en cada pupila se dejan caer dos gotas de vino seco. Sucede que a veces el Nfumo Bata, para castigar por algún motivo al Muana, lo priva de la clarividencia que le fue dada.114

Asimismo, al Taita Nkisa le es posible —"y se hace mucho"— nublarle la vista a su enemigo o a un Moana Nganga majadero o ingrato. "El Taita Nkisi con un espejo y cuatro velas va a una encrucijada. Ahuma el espejo, lo atraviesa con una cruz de esperma y lo entierra. El ahijado pierde enseguida la vista. Ya no verá. ¡Se acabó vititñ, aunque diga que ve. Mentira. Se acabó Vititi Diensu hasta que su Mayor lo perdone". Desde luego, sólo a los que son dignos de su confianza un Taita Nganga les da vista. "Los negros de nación sí que sabían poner vista".

El viejo Anastasio conocía el compuesto del Taita Maíz Seco, el padre carnal de Bruno Sama y maestro de todos los Mayomberos de su tiempo. El maravilloso compuesto consistía en la fusión de dos aguas: una en la que se ha recogido la secreción de los ojos de un Aura Tinosa, de Nsuso Mayimbe, adueñándose así de la vista poderosa de estos pájaros carnívoros capaces de descubrir desde una altura incalculable la carroña de un ratón; y otra la de los ojos de un perro recién nacido. Cuando el perro abre los ojos, el Tatandi se hace, a la par de su buena vista, de la noble calidad que

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caracteriza a este animal: la fidelidad a su amo, que interesadamente con esto le transfiere al ahijado. Pero si desea hacer más fuerte, más penetrante la vista del Muana, se añade a esas lavazas, una que contenga virtud de ojo de lechuza, de Nsuso Ndiambo, que traspasa las tinieblas. Por supuesto, se le paga un "derecho", pues como es bien sabido, nada en la naturaleza, ni planta, ni animal, ni mineral, concede gratuitamente sus poderes al Ma­yombero ni a nadie. Nsunsu Ndiambo, por otro nombre Mafuka o Miniam-pungo, es un pájaro precioso para el Nganga Ngombo, pájaro-espíritu, podríamos llamarlo, vehículo de Ndokis, ave misteriosa - \lembo, lembol, decía de él uno de mis informantes.



No prescinde de Susundamba el Taita Wamba, el brujo viejo y sabio, que así le habla y le ordena en un mambo:

Ié lechuza pone huevo en la ceiba

Komayanga

Lechuza mandadero en la sombra

Pasa por Casa Grande,115 manda parte pa la Nfinda

Tronco Ceiba tiene lechuza

De verdá Tronco Ceiba, Padre mío, abrí kutu. Cucha cosa Kabulanga

"Cuando el Nganga sabe, Susundamba oye el canto, y luego dice en el yimbi":



Ya yangó, yo wiri mambo

Yo entro la Nfinda

Casa Grande vi ti luto

Ya yangó, Siete Hueso son Kalunga

Mbele va a cota kambiriso,

Mbele, el cuchillo, simbólicamente va a cortar un daño, se va a deshacer un maleficio, "como si dijera":



Kalunga cota muruwanda Embocadero son muruwanda

Kalunga mi kalunga Cota cota muruwanda.

Cuando en el Bondankisi -iniciación-, se lavan los ojos del Kuano, del neófito, su Mbala o Nsumbariana -Padrino- le hace tragar siete granos de pimienta y el corazón de un anguila, Nbundo Ngola.

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"La anguila, que los mayores nos enseñaron a apreciar mucho porque fortalece el cerebro y defiende el cuerpo de todo lo mano, se llama Ngola". Pero además, y lo más importante para el futuro Nganga Ngombe, la anguila lo capacita para leer el pensamiento. Pretenden que las mismas virtudes se encuentran en las guabinas. El corazón de guabina se administra en casos muy contados. Los negros de nación y los viejos desconfiaban de los jóvenes criollos, "lengüeteros", fanfarrones, incapaces de guardar un secreto, y las anguilas tienen muchos secretos que ellos callaron. Según otros informantes, un camarón pequeño, vivo o un cangrejo minúsculo, de los que se encuentran a veces en las ostras, se ingiere al mismo tiempo que las pimientas y la anguila, porque "también aclaran la mente y la memo­ria", y "resguardan el cuerpo por camino de Ndundu Karire, que es el Diablo, el dueño áeNsila, de un Cuatro Caminos", conviene Casanova. Sin embargo, esto del cangrejillo y del camaroncito, no convence al trinitario Félix, que ponía en duda que los utilizara un Gangulero de "puro Ma-yombe".

Existen, de acuerdo con M.C. y Baró, dos géneros de vista: la sencilla y la fuerte. Para dar vista sencilla —con ésta el Ngombe no ve más que en su jurisdicción, por ejemplo, si está en La Habana, sólo lo que ocurre en La Habana, si en Matanzas o en otra provincia, lo que sucede en ellas. Se le pasa por los ojos bien abiertos un huevo puesto en Viernes Santo y se le deja caer en cada uno dos gotas de vino seco.

"No hay que bautizarle la vista con agua bendita, pues la sencilla no brinca río ni mar". Mientras que de la que hemos ablado, la vista fuerte, la que se obtiene con Aura Tinosa, perro y lechuza, "esa sí que llega a Guinea, pasa río, pasa mar, llega al fondo del fondo".

Un joven Palero "da vista sencilla con alumamba, que es limo del lecho del río, miel de tierra, la de la colmena que se encuentre en la cavidad de un árbol podrido. Mezcla el limo y la miel con ogén, mejorana, geranio y siete mollitas amarillas, y lava los ojos". "Esto", nos comenta un viejo, "se hará... pero no tiene mi aprobación".

Cuando el Nfumo ha preparado los ojos del iniciado "para coger lucero que mira mundo", se le presenta el espejo y se le canta:

Vaya vaya fin del mundo Nsusu divinando, Nsusu divinando.

Ya es un clarividente y así lo proclama en un mambo:



Yo aprende divino cosa malo Suamito dá yo lucero

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Ya yo lucero yo mira mundo

La fin del mundo la fin del mundo

Ya yo lucero brinca la mar

Ya yo ve la cosa mundo

Mi suamito mío yo mira mundo

Mayordomo mió yo mira mundo

Madrina mía yo mira mundo

Yo voy léjo corre mundo

Yo coge lucero

Corre mundo

Yo avisa Mayombero..

O dice:


Conguito tu no m 'engaña

Mira vé la Cosa Mala

Misuamito da yo lucero

Yo mira mundo divino

Cosa Malo yo vé la cosa mundo.

A veces, para adivinar —ya lo veremos cuando penetremos en un Nso de los Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje— el Mayombero se vale de siete pequeñas conchas de mar, siete nada más.

"Los congos usaban los caracoles para adorno y en sus playas había muchos. Los caracoles más bonitos eran del Congo, de Luanda, y servían de dinero, como en tierra lucumí. Los legítimos dueños del caracol para adivinar son los lucumí: de los Bafumbas —congos— es el vititi mensu y de los Pangue —lucumís—, el Dilogún".116

El Palero o Patiganga echa mano solamente de las conchas, que Ta Kuilo llama Bonantoto, para interrogar a la Nganga, cuando quiere ahorrar pólvora. Responden sí o no a sus preguntas. "Muchas veces", me explican, "si andamos cortos de fula, nos arreglamos para saber lo que quiere la Nganga o lo que nos interesa a nosotros averiguar. Pongo por caso. De repente, para un negocio tengo que salir de La Habana. Necesito saber si me irá bien o mal en el viaje. Revuelvo, tiro las conchas al suelo y pregun­to: Vamo a vé Manita lo que usté me dice. ¿Hay peligro para mí? Cayeron tres boca arriba y cuatro boca abajo. Eso me está diciendo: bien; que me largue tranquilo. Si hubiesen caído cinco boca abajo y dos boca arriba: malo. Mucho ojo. Puede suceder también que llegue una persona que quiere saber algo y el Mayordomo no. quiere gastar su fula. Pregunta con las conchas: caen tres boca arriba, cuatro boca abajo... Dicen que esa

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persona está bien de salud, lo mismo que su familia. ¡Ah! pero si caen dos conchas boca abajo y cinco boca arriba, lo que ella viene buscando no es remedio para la salud, ni cosa para conseguir trabajo, ¡es brujería Kara-kambuta, lo que quiere! nkangar —amarrar— o salar a alguien".

El odio, la envidia y el deseo carnal hacen el capital del brujo. La envidia sobre todo, decía Bamboche lapidariamente, es la madre de la brujería mala. "De este modo se pregunta, tal cosa sí, tal cosa no, y se vuelve a preguntar con las siete conchas, hasta que todo se averigua".

Estas conchas, que no son los pequeños cauris del Meridilogún, cubren con frecuencia los montoncillos de pólvora que dispone en el suelo el Mayombero. Con el mismo lenguaje de afirmativas y negativas, al explotar la pólvora, según el número de los que estallan y la posición en que caen, obtiene respuestas de los espíritus.

Otras veces se cubre la pólvora con pequeñas tazas de loza, latas vacías de leche condensada y tapas de botellas.

Está dicho que la vista para adivinar no se confiere al que no está iniciado, y es parte, complemento de la iniciación, de la Kimba oKimbo, como la llamaba uno de los Herrera.

No me fue posible presenciar una iniciación en el Nso Nganga, aunque sí, en calidad de visitante gracias al Palero C.H., asistí a un Tala Nkisi, "un juego", en el que se libró a una joven de las malas influencias que la atormentaban a todas horas, colocándola en un cerco de pólvora. Sólo puedo ofrecer a la curiosidad del lector la descripción hecha por un Vri-yumba setentón y la de un ahijado de Andrés Congo, que no se alejan demasiado de las que debo a mis otros ancianos informantes, que aparecen en "El Monte".117

"El que se raya muere, se va a Kunanfinda, está en el mundo de los muertos y con los muertos mientras dura su juramentación. Ese hombre que juró Nganga, o esa mujer, cerró un pacto con los muertos".

"Para ser dueño de una Nganga se le prepara el cuerpo al moana en casa del Padrino, dándole siete baños de agua hervida con palos; por ejemplo de yara, guara, rompezaragüey, y se le hace tragar en cada baño tres buches de esa misma agua para que también se limpie por dentro. No se le seca el cuerpo con trapo o toalla. Lo seca el aire. Hay Padre que le venda los ojos al ahijado para bañarlo; hay quien no se los venda, como los Kimbisa, del Santo Cristo del Buen Viaje. Y hay quien le manda que se dé esos baños en su casa. Los palos deben hervirse en una lata nueva y del fogón en que se hierve esa agua no puede cogerse ni una brasa, ni encenderse un cigarro, y la ceniza o el carbón que quede en éste se apagará con agua. Hora indicada de bañarse: las doce del día. Si la Nganga lo ha ordenado, se le pasa -o él mismo se pasa— un pollo negro por el cuerpo, que después se echará en el

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cementerio o al pie de una ceiba. Tiene que dormir siete noches en casa del Nkai, solo, junto a la Nganga. Mientras tanto cría un gallo que no sea blanco ni jabado; su color será el del gallo que acostumbre dársele a la Nganga, pues no todas comen lo mismo. Y compra una navaja de cabo blanco y un paquete de velas.



Después de esos siete días "jura Nganga" —se le consagra.

"Al cumplirse el plazo de las noches que tenía que dormir pegado al caldero, el Padre Nganga, el Mayordomo y la Madrina se reúnen: me quita­ron la camiseta, me pusieron una gorra negra sin visera, atravesada por dos tiras coloradas formando una cruz. Esta ceremonia nadie la presencia. Estábamos solos los cuatro. El Mayombero me pintó con yeso siete cruces: una arriba de cada tetilla, otra en la frente, a ambos lados de la espalda y atrás, sobre el hueso del pescuezo, y otra chiquita que antes se hacía en la coronilla. Total siete. En mi Nso no marcaban en la lengua como los lucumí, ni en los brazos. Sobre esas cruces se derrama esperma de vela. La Mama Yari Yari, la Madrina, con una vela encendida se colocó detrás de mí, y el Mayordomo delante, con otra vela. El Padre cogió la navaja y sobre las cruces pintadas con yeso me cortó la piel. Cantaron:



Mbele Nganga vamo cota

Mbele Nganga ndale que cota

Vamo ya ete Mbele Nganga

Manito vamo a cota...

La sangre de los cortes se le da a la Nganga. Las heridas se restriegan con una piedra o con un Mpaka. Me acostaron entre cuatro velas y levantaron el canto:



E Nganga ya pa ti Moana con Insambi Hueso cambia, no hay agravio,

quieren decir que ya yo soy de la Nganga, que cambié de vida; soy un hombre nuevo, un espíritu más. Le arrancan la cabeza al gallo y la Nganga recibe la sangre —Menga—; le sacan el corazón y lo parten en cuatro peda­zos. Un cachito para el Padrino, otro para la Madrina, otro para el Mayor­domo y otro para mí. Se tragan siete granos de pimienta con un buche de vino y otro de aguardiente. El mambo dice así:



En tó una lengua na má Yo só marina di nganga Mayordomo di nganga

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Tó una lengua na má Hijo di Nganga...

Los cuatro, Padrino, Mayordomo, Madrina y yo, somos uno: catro peda-citos de corazón, pero un solo corazón. A la vez, ese pedacito de corazón que usted se traga es un resguardo para defender su estómago, toda su gandinga, de brujería. No habrá Ndiambo que le entre, y si entra, usted inmediatamente devuelve el bilongo. Bueno, ya me juraron. El Padre pide protección para su ahijado:



Los que mueren no vuelven más Hueso cambió y no hay agravio.

Los hombres tienen palabra

Las mujeres mueren con sus pechos y sus sayas

Buey muere con sus tarros

Caballo con sus cascos

Perro con sus dientes

Agongorotí, cá uno con lo suyo.

Si la que va a jurar es mujer, se le corta un pedazo del refajo o del camisón. Si es hombre, del calzoncillo. O no se corta nada y se llevan enteros el refajo o el calzoncillo, el túnico o el traje al cementerio y se tienen enterra­dos allí siete o veintiún días".

El que continúa la tradición de Andrés Congo, añade por su parte: "Hasta que no se pone la ropa que tiene enterrada cerca de la fosa de un muerto en Quinto Piso,118 no se le presenta a la Nganga. Entonces llaman al Muerto. El espíritu viene, lo agarra, lo tumba... ya ese hombre o esa mujer cambió de vida. El espíritu estará con él, sí, siete días. Hay que cuidar ese cuerpo hasta que le retiren el Nfiimbi —espíritu. Luego vendrá cada vez que lo llamen". El día de la presentación del moana pueden visitarlo en el templo sus parientes y amigos.

Como en el Kariocha o Asiento en la Regla lucumí, el Muana, futuro muana Ntu Nganga, pasa determinado número de días aislado en el Nso Nganga antes de "darle su cabeza a la Nganga", y después, hasta que recobre su pleno conocimiento.

Tengamos en cuenta que pasó de la vida a la muerte, y que de la muerte vuelve a la vida. Así regenerado... Kuenda kuako, se va, torna a su vida normal, a sus ocupaciones, dejando en la Nganga su sangre y un mechón de pelo: su cabeza. Con esto la Nganga se lo apropia, y como hace con todos sus hijos, si peca lo castigará, lo protegerá si se conduce como un hombre responsable.

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Algunos juramentos tienen lugar en el monte, bajo la ceiba, árbol sacra­tísimo -Mama Ungunda, Musina Nsambia; "pero en La Habana es más difícil hacer las cosas como nosotros aquí en el campo", donde los ritos pueden desarrollarse al aire libre, en pleno monte.

De su juramento en el monte, a la sombra de una "ceiba joven", nos confió un viejo matancero su terrible e inolvidable experiencia interior.

"Me pusieron en las manos la Kisénguere. Sentí un corrientazo en todo el cuerpo. ¡Fue la cosa más grande del mundo! Mi cabeza se hizo enorme, se me salió del pecho el corazón y no le sé decir lo que vi. Eran cosas inmensas, extrañas. El espíritu me dio tres empujones contra la ceiba que no los pude aguantar, quedé sin conocimiento. Perdí el oído. Veía que movían unas maracas alrededor mío. Los dedos gordos de las manos y de los pies me echaban candela. Me aprietan la frente; el espíritu quiere cerrarme los ojos. Luchando los abro; cuando el espíritu se convenció que no podía acabar conmigo a lo guapo —me probó—, me mandó un sueño... Cerré entonces los ojos, ¡y luego no podía abrirlos! Pero oía... Empecé a recobrar conciencia, a conocer; volví a este mundo. Vi a una muchacha que era Caballo de Centella, y se pegó a mí, espalda con espalda".

Este viejo que fue un gran "caballo" o "perro" de Nganga, cuando lo conocí tenía que darle de comer a su cabeza, que se le había debilitado.

"Cuando la cabeza de un Ngombe está debilitada, el muerto la ha cansado mucho, hay que fortalecerla. Se hace polvo el cráneo de un chivo que se le da a la Nganga, y se deja secar. Se lava la cabeza —ntu- del muana; se le traza con cascarilla la firma de su Nganga, y a la hora de dormir se le untan los polvos del cráneo del chivo mojados con vino seco, como si fuese un ungüento, y se le cubre la cabeza con un pañuelo del color de su Nganga. Por la mañana temprano, a sol fresco, vienen el Padri­no y el Mayordomo con una vela, agua de coco, vino seco y más cascarilla. Traen un huevo. Se le quita el pañuelo con el masacote que tiene pegado. Le rompen el huevo en la cabeza y se la lavan después con agua de coco. Vuelven a cubrirlo con un pañuelo blanco, y durante tres días queda encerrado en el Nso, pues no debe darle ni un rayo de sol. Para botar el agua y los polvos que se han utilizado hay que mandar a un perro cargado y pagarle el derecho. Ese mandadero va al monte y allí lo deposita todo".



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