Obras publicadas de ltdia cabrera



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PALEROS O MAYOMBEROS

Guiada en principio por mis viejos informantes, me he extendido y divaga­do demasiado al paso de sus recuerdos, en este recorrido por la vida cubana del siglo pasado, que fue el de ellos. Demorándome con otros grupos étnicos africanos a los que hacían referencia, me he alejado del tema que

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me proponía tratar: los congos y sus prácticas mágicas.

Como se ha visto en el exilio, el auge y la publicidad de la religión lucumí, —la Santería- que profesan tantos cubanos, es un hecho que ya no asombra a nadie. No es exactamente una novedad, pues el culto a los Orichas, que antaño se trataba de ocultar como un signo de inferioridad, había dejado de ser denigrante. A esto, me recalcaba atinadamente una Iyalocha que había auxiliado en el mayor secreto a la mujer de un alto funcionario de la nación, contribuyó "la República y los políticos". Algu­nos de ellos surgidos de la entraña popular, eran verdaderos creyentes, otros buscaban votos, y a partir de la caída del Presidente Machado, la presencia cada vez mayor de blancos iniciados en la Santería, de devotos que si al principio no confesaban francamente su fe en los Orichas, ya no ocultaban que asistían a sus fiestas. En cambio era sospechoso, infamante, y no ha dejado de serlo, parece, frecuentar las casas de Mayomberos, Paleros, Villumberos, Kimbiseros, tenidos por brujos.

La comparación del Padre de Santo o Babaloricha y del Babalawo, con el sacerdote católico, y la del Padre Nganga o Palero, con el hechicero nigromante, es corriente. De ahí que este último, precisamente por brujo, no ha dejado de ser un personaje muy solicitado, igualmente influyente, poderoso en ocasiones, "pues se le va a buscar cuando la muía tumba a Genaro" (en momentos difíciles), pero siempre silenciado, y con el que blancos y negros, por su supuesta maldad, tratan secretamente. Por otra parte, el palero es reservado, no comunica sus conocimientos, es menos locuaz que el Oloricha: "nunca les gustó enseñar lo que saben".

Esta diferencia, establecida por los mismos africanos y los descendientes de africanos, responde al concepto en que tiene la masa popular a una y otra "Regla".

Aunque muchos de los viejos que han sido mis fuentes no sabían leer, —por suerte eran en su mayoría analfabetos—, "la lectura debilita la memo­ria", calificaban la Regla Lucumí de religión y la conga de brujería. Dicho con las mismas palabras que entonces anotamos, aunque exagerando como se verá más adelante, fueron justamente objetadas por otro informante: "la religión lucumí sirve para pedir a los Santos por el bien de uno y de todos. La conga, para chivar" (dañar). Lo que puede interpretarse con mentalidad europea, medieval, aplicando a esta última el término de magia negra, reprobable, ilícita, o si se prefiere, demoníaca. Al sacerdote lucumí se le llama hoy corrientemente "Santero"; brujo, de rareza, por ignorancia.

Para no reproducir nada más que unas cuantas definiciones en las que se destaca el papel maléfico que generalmente representa el Ngangulero que "trabaja para malo", sólo copiaremos las que dejan bien sentado, y así lo hemos comprobado, que sus prácticas no se limitan a las de una magia

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negra, goética, sino que también ejercitan lo que entendemos por magia blanca o teúrgica.



"Hay dos ramas de Mayombe o Regla de Congos: la buena y la mala. Una que trabaja para bien de la gente y otra para reventar a quien se quiera. Una se llama Mayombe Cristiano y otra Mayombe Judío. Una para bueno, la cristiana, otra para malo, la judía. De modo que el Mayombero cristiano pide y cuenta para sus trabajos con el favor de Dios, que en congo se llama Sambia; y el judío, para hacer sus trabajos se entiende con Ka-diempembe, que es como se llama en congo el Diablo. Si se cree que la Regla de Mayombe sólo sirve para malo, que una Nganga sólo es capaz de hacer daño, se comete una gran equivocación. Por esta razón los que no saben le tienen tanto miedo a los Mayomberos, y a todos por igual se les da tan mala fama".83

Es cierto que un Mayombero judío venía a ser en Cuba el equivalente del Souba bámbara, "que se come las almas". Se les perseguía, nos decía uno, porque los Mayomberos tenían fama de desenterrar cadáveres.

"En Mayombe cristiano se trabaja con el poder de los Muertos —Espíri­tus- buenos. En Mayombe judío con Muertos malos, Ndokis, espíritus de brujos judíos, criminales, asesinos o asesinados, suicidas, muertos que están desesperados". Y con espíritus de la naturaleza, de árboles, de agua, de animales que el Mayombero de una y otra tendencia, hará actuar a su conveniencia en el sentido del bien o del mal.

Estas denominaciones de Mayombe Cristiano y Judío deben ser muy antiguas en Cuba, donde, como hemos visto, aparecen congos desde los inicios de la colonia, y revelan un sincretismo de vieja data. Es curioso que los Padres Nganga que hemos conocido, que hablaban y sabían largos rezos en "lenguaje de congos", al entonar sus "mambos" y dirigirse en sus ritos a su Mpungo, Nkisi o Nkita, al füiri, fumbi, fúa o füidi, (muerto) mezclan con las bantu palabras castellanas pronunciadas como bozales, lo que no ocurría ni ocurre aun en el presente, con los Olorichas, que conocen bien su lengua y se dirigen a sus dioses en anagó (yoruba). Nos explica un viejo Vrillumbero, con razón más o menos válida, que "eso lo hicieron los congos y los criollos para los rellollos en un tiempo en que ya todos hablaban español, por si algún munangüeye (hermano) no los entendía y porque así les gustaba hablar a los muertos, que eran bozales".

Los "rayados", "jurados" en las Reglas de congos, al igual que los que descienden de lucumí o son adeptos —iniciados— en el culto a los Orichas, se consideran unidos por un lazo sagrado de parentesco místico y como ellos, también hablan y rezan en su lengua. Un Mayombero de mi amistad me recita varias oraciones que publicaremos aparte en un vocabulario de voces bantú recogidas en los últimos años que pasé en mi país; y aquel

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viejo con sus ojos llenos de lágrimas, recordando a las madres congas que conoció en su infancia, en el ingenio en que nació, me cantó la canción de cuna con que solían dormir a sus hijos:

Tata solélé lembaka solembaka

Luñé nene suati kuamé Munu sunga Nsambi luñé luñé.

(Duérmete mi niño para que subas al cielo y le lleves a Dios —a Nsambi— un tabaco). Otro, al oírme estornudar, a manera del desusado Dios lo bendiga, que antes se decía, me endilgó esta bendición: "Sakula musakula sakula mumbansa musukún denda tatikán sanga ntibá kariri fuáyandé ("que Dios la conserve como platanito manzano").

SAMBI

"Sambi nos hizo y nos mandó al mundo desnudos y con hambre".



¿Qué creían los congos trasplantados a Cuba, qué siguen creyendo los que hoy se dicen continuadores de sus prácticas y depositarios de sus secretos; y qué diferencias existen entre las de los lucumí, con cuyos descendientes y seguidores coexisten, no en actitud antagónica sino hacién­dose préstamos, con frecuencia venerando al mismo tiempo, los primeros, a los Orichas -"cruzando palo con Ocha"-, y los segundos alternando el culto de sus dioses con el cuidado de una Nganga?

No hay que imaginarse como infranqueable para el que profesa el culto a los Orichas, para un "hijo de Santo", un Padre o Madre de Santo, la puerta de un Nso Nganga, de un "templo congo", ni la de un Ilé-Oricha o templo lucumí para un sectario u oficiante de Mayombe.

"Los negros bailamos al son de todos los tambores", nos decía José Santos, "yo me crié en los dos bandos", (con congos y con lucumís) "y con los dos aprendí". Y un Oloricha que no es negro tiene Santo y tiene Nganga, eso sí, separados el uno del otro —sobre todo de 0batalá,84que repudia la hechicería— "porque Mayombe es más rápido que Ocha. Se ve más pronto el resultado de lo que se pide. A los Orichas no se les manda. Ellos son los que mandan y uno obedece. El Muerto (Nganga) se concreta a obedecer".

La anciana de un Central matancero, que acudía a los "juegos de palo" con el mismo fervor que a las fiestas de Ocha, nos decía: "Apurao, gente

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buca Palo Monte", y sobre las diferencias rituales que se observan en una y otra Regla, he aquí lo que anotamos escuchándola. También tendremos que traducirla a un castellano más claro.



"Ese Nganga hace lo que su dueño le manda. Pa bueno, pa malo. Hace lo que é queré qui haga. Ese Nganga no come lo mimo que Orisa. Fieta con Palo é sencilla tó. E juega cuando jase fáta, se da gallo cuando cumprió. Si juega Palo atranca pueta. Santo abre pueta pa tó lo mundo. Palo no. Palero no toca campanita pa Nganga, no toca güiro, no toca la matraca, no toca pito pa Cuatro Trillo. No tiene tanta ramienta, no tiene túnico ni banico. ¡Nganga son bravo! ¿Tambó? Ese pa baila na má. Makutere tambó abieto en chapeao pa divití. Mayombero ñama con mambo. Hinca, toca suelo, coge canilla mueto. Ñama, convesa, purrea malafo y é ta dicí: tu buca la cosa bueno. E pinta suelo, quema fula. Tré pilita fula. Ceremonia Santo é ma planchao, y ahora en día entra mucho periquito. E vistoso. Da má trabajo y cueta má. Lucumí no prende fula, no riega malafo. En Mayombe tó tapao".

Esto es: que los sacrificios se reducen a un mínimum en comparación a los que reciben los Orichas. Las fiestas, los ritos, las ceremonias son más simples, menos costosas en Mayombe o Palo Monte que en el culto lucumí. En su concepto, menos aparatosas, "vistosas". El Palero oficia secretamen­te, a puerta cerrada. No llama al espíritu y a las fuerzas contenidas en su cazuela, con campanilla, güiro, "acheré" o maraca. No tienen trajes como en los templos lucumí para vestir a los "caballos" (médiums) de los Ori­chas, cuando se produce el trance; abanicos para refrescarlos, ni atributos, "herramientas". El Mayombero toma la tibia de un esqueleto o un cuerno para establecer contacto con el espíritu. Lo invoca de cuclillas ante el recipiente mágico sobre el que lanza bocanadas de humo y rocía con aguardiente. Golpea tres veces el suelo con los puños, luego traza con tiza blanca un signo que cubre con tres montoncitos de pólvora, los enciende, y con mambos, cantos que se entonan a media voz, los llama y conmina.

Los lucumí no emplean pólvora ni espurrean aguardiente (malafo manputo); derraman agua, y sólo los dioses Eleguá,85 Ogún, Ochosi y Osain reciben libaciones de aguardiente.

Cuando el Mayordomo termina su función prepara unos polvos, un Nkangue o Nkanga, esto es, un "amarre", y compone el amuleto que se necesita, un remedio, etc. —"cumprió"— se le da en recompensa a la Ngan­ga la sangre de un gallo. No está obligado a la serie de atenciones que reclaman los Orichas, a los cuidados que ocupan diariamente al sacerdote lucumí. Añadimos el comentario de otro Mayombero: "para tocar tambor, desde los tiempos de España, hay que sacar un permiso. Si los brujos, que tenemos que hacerlo todo escondido porque son obras de secreto, llamáse-

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mos con tambor, nos venderíamos. Todos los muertos van volando al tambor. Pero el Dundu Tonga (la policía) la oiría. Una cosa es tocar a los ojos de todo el mundo, para divertirse o el día que se celebra al Fundamen­to,86 -ese día la Nganga come novillo o chivo—, y otra para trabajar brujo. Eso es callado y tapado".

Nos han dicho todos nuestros informantes que los congos creían en primer lugar, en la existencia de este Sambi a quien el negrito de la canción de cuna, al dormirse, le llevaba sunga (tabaco).

Sambi, Insambi, Sambiapunguele, Pungún Sambia o Sambia Mpúngu -Ñambi, también hemos oído llamarle en Trinidad de Cuba— es como Olodumare, Olorun y Olofi para los lucumí, el Creador: "el Todopodero­so, el que hizo el mundo" y absolutamente todo lo que en éste existe. ("Y lo sigue haciendo, porque lo que se desgasta, lo que muere, él lo repone"). Es obra de Sambi "desde lo más chiquito a lo más grande; lo más duro, lo más blando, y lo que no se agarra, el aire, el fuego, el pensamiento. Cuanto hay aquí en la tierra, mares, ríos, montañas, árboles, hierba, animales, bichos, y allá arriba en el cielo, el sol, las nubes, la luna, las estrellas. Todo eso y lo que no se ve y lo que no se sabe, lo hizo Sambi.

Para que hubiese hombres y mujeres fabricó una pareja. ¿Cómo se llamaron? ¡Yo no sé cómo se llamaron! Nunca los oí mentar por su nombre. Sé que hombre se dice yakara y mujer nkento, y que los padres se llaman Tata y las madres Mame y Yaya, así que esos fueron los primeros Tata y Yaya de la humanidad". Y los fabricó él solo, no como Olodumare que confió esa tarea a su hijo Obatalá, quien modeló los cuerpos que después animaba Olodumare, les insuflaba un alma —okán— y "les ponía-a Eledá, una parcela de su divinidad en las cabezas.

Sambia preparó la menga, —la sangre— que corre por las venas y mueve los cuerpos, les da vida, y por nkutu -por la oreja— les sopló la inteligencia para comprender".

A esta pareja de la que descendemos todos, "negros, blancos y amari­llos", Sambi les enseñó lo que tenían que hacer para reproducirse, alimen­tarse, defenderse. Y entre esos conocimientos esenciales a la conservación y protección de la vida les enseñó cómo confeccionar una Nganga, un Nkiso, un Macuto, "lo que le sirve a un hombre para hacer el bien o el mal, curar o matar, le viene de Sambi, que nos dio la vida y la muerte, la muerte por desobedientes. Una buena vida, una buena muerte, o una vida y una muerte malas. Los viejos siempre le pedían una buena muerte. Igual que se la piden los blancos, para el caso es lo mismo, Dios es Dios como quiera

que se llame, Sambiampunga o Santo Cristo... Pero eso depende del proce­der de uno, el no quedarse muerto con la boca torcida y los ojos revirados y abiertos, como los Mayomberos judíos, y luego mal enterrado, que es lo peor". Pues Sambi castiga a los malvados, reprueba la traición, la mentira, las faltas que se cometen con los mayores, y nos lleva la cuenta, como Olodumare, de nuestras buenas y malas acciones.

Otro rasgo común con el Creador lucumí, Insambi, después de realizada su obra inconmensurable, "se retiró del mundo". Tampoco quiso que sus criaturas lo importunasen y "se fue lejísimo, a lo último del cielo, donde nadie pudiera encontrarlo". Donde no llegan los aviones. Así quedaron cortadas todas las comunicaciones entre cielo y tierra, y establecida la distancia infinita que ahora los separa y que antes no existía a juzgar por muchos relatos. Distante, desprendido de su creación como Olodumare, sólo aparentemente ajeno a ella, Insambi no ha cesado de regirlo todo y continúa ordenando lo más insignificante, "el aire no se atreve a mover una hoja, ni vuela una mosca, ni pasa nada aquí o en las kimbambas, sin que él no lo disponga". Es incomprensible, inaccesible e invisible, "pues nadie lo ha visto desde que se jubiló"; él sí lo ve todo, y como dice el refrán congo, "percibe una hormiga en la noche" y no nos quita ojo de encima. Sabe todos nuestros secretos. Este dueño absoluto del universo en la Regla de Congos, lo mismo que Olodumare, Olorun u Olofi en la lucumí, no es objeto de un culto especial. No se le ofrenda. "No come"; no lo necesita. "Pero se le respeta sobre todo, se le saluda, se cuenta con él, se pide su protección y se trata de no ofenderlo "para que no nos dé cuero".

En esto, como ya se nos ha dicho, en "saludar" a Sambia Mpungo, en encomendarse a él, en solicitar su favor, estriba la diferencia que existe entre el "buen brujo" o "Mayombero cristiano" y el "brujo malo", Ndoki, o "Mayombero judío".

Después de Nsambi, los adeptos de la Regla Conga veneran las almas de los antepasados, de los muertos y los espíritus de la naturaleza que moran en los árboles y ríos y con los que pactan en los montes y los ríos, como veremos.

"Los congos eran los negros que tenían más apego y que cuidaban más de sus muertos, y por eso nuestra religión se basa principalmente en el Muerto", -nos enseñó el Taita Nganga José Santos. "Hacemos nuestros tratos con los muertos". Y aquí nos distanciamos fundamentalmente de la Regla Lucumí, en que a los Mayores difuntos se les implora, venera, sacrifi­ca y festeja, pero "no se les manda".


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LA NGANGA, NKISI

Es un espíritu, una fuerza sobrenatural, pero también se le llama así al recipiente, cazuela de barro, caldero de hierro de tres patas, y en un tiempo ya lejano el envoltorio, saco de rusia o tejido de guano en que se deposita un cráneo y huesos humanos, tierra del cementerio, y de una encrucijada, palos, yerbas, sabandijas, huesos de aves y animales, y otros componentes que constituyen una Nganga y son los soportes en que vienen a fijarse los espíritus y fuerzas que domina el Padre o la Madre (dueña) de la Nganga o del Nkiso, para cumplir sus órdenes. La Nganga significa además Muerto.

Como la Nganga, el Nkisi o Nkiso, es también el habitáculo en que se encierra una fuerza, un espíritu. De ahí que cuando un Taita o un "Mpan-gui", un hermano iniciado en una Regla conga, nos habla de un Nganga Nkisi, se refiere a la vez al dueño del caldero o del objeto en que reside la fuerza que lo obedece.

Nganga, Ngangantare, Npati Nganga, Nganga Ngombo, Kisimpúmbo, Mpabia. Nganganbuka, Ndongo, Nfumo, Nganga, Nkisi wanga, Sudika Mambi, y corrientemente, ya lo sabemos, Taita o Padre Nganga; Ngangule-ro se llama por extensión al brujo que "manda al Muerto, al dueño de un Nganga", y aún lo oiremos llamar a lo largo de estas notas con otros nombres: Tata Kunanyanga, Nfita, Tá Anabutu, Tata kuí, Kimanfinda, Kumangongo, (Padre de Monte, Padre de Misterio, de Cementerio, etc.)

Estas Ngangas, Nkisos —mulungungas o muluwangas hemos oído tam­bién llamarles— y makutos, contienen fuerzas, buenas o malas, como las soperas —las opón—, las piedras sagradas de los lucumí. Pero estas no encierran huesos humanos, tierras, trozos de palos, sabandijas, aunque el principio de captación sea el mismo: los Orichas, las divinidades, se insta­lan en las piedras por medio de ritos, rezos y lavados con hojas —ewe— que les están consagradas y a las que infunden su aché (energía, virtud).

Las Ngangas, Nkisi wangas, Boumbas, Saku-Saku, Villumbas, Malongos, Makutos, como los Orichas en las piedras que son sus soportes, se heredan, se dan o se hacen, si no se tienen, tomando de las de un Padre Nganga o Padre Nkisi, las substancias necesarias, fundamentalmente huesos de muer­to, un fragmento bastará para "tenerlo", representando al difunto en su totalidad y para que a su llamada acuda y sirva eficazmente al nuevo iniciado, "pues el muerto va a lo que fue suyo" y es necesario para atraerlo y poseerlo tener pelos, uñas, un diente, la falange de un dedo, polvos de su cráneo, algo que haya formado parte de su ser. Con esto basta para "tener" a un muerto. Como para amarrar a un vivo, someterlo, mandarlo, basta con

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algo que haya estado bien pegado a su cuerpo, impregnado de su sudor, de su olor, de su persona; y para hacerse de un muerto es suficiente coger un poco de tierra de su fosa. Porque no siempre conviene coger kiyumba (crá­neo). Así no hay prueba que disguste a la policía si hace un registro, y como le digo, no es necesario la kiyumba para que un muerto trabaje bien". Claro que en opinión de todos lo más apreciable es el cráneo, la cabeza, y aún más los sesos y el corazón. "Pero es difícil conseguir sesos y corazón"...

"Un muerto, un espíritu lo mete usted" -suponiendo que se conozca la técnica adecuada, que se sea un iniciado— "en un caldero, en una cazuela, en un mpaka o en algo más chico". Todo lo que esté trabajado, consagrado por un Ngángula, contiene el poder de un espíritu, de una fuerza secreta. (Lo mismo puede decirse de lo que prepara un Babaloricha, que convierte cualquier objeto en el habitáculo en que ejerce su poder un Oricha.)

Tener una Nganga, repetimos, que significa Muerto, es lo que llaman también poseer un Secreto, una Prenda, un "gajo" de Nganga. El nombre de Prenda incluye, como veremos más adelante, muchos tipos de amuletos y talismanes, ya que el alma de un difunto y cualquier espíritu, un Nkisi Mamba, un espíritu de agua, un Nkisi Misenga, un espíritu de monte, etc., pueden encerrarse en cualquier objeto: güiros, tarros (Mpakas), bolsas, caracoles y estatuillas, los kini-kini, que tienen la función de los Chichere-kú, los famosos muñecos de palo de los lucumí. Así una Nganga es un microcosmo. En ella están condensados fuerzas y espíritus de todos los reinos de la naturaleza. Esta y cuanto nos rodea, en concepto del Mayom-bero, está dotada de alma —pero no sólo en concepto del Mayombero, para los creyentes y practicantes negros de todas las sectas africanas que hemos estudiado en Cuba, nada en el mundo está desprovisto de alma.

MPUNGUS

Primero Sambia que to las cosas

Sambia arriba

Sambia abajo.

Estableciendo una jerarquía de fuerzas sobrenaturales, después de Nsambi, que para nuestra mejor comprensión llamaremos el Creador, el Ser Supre­mo, nuestros congos llaman Mpungus a espíritus superiores que equiparan

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a los Orichas lucumí y a algunos Santos de nuestro Santoral.

Por ejemplo, un espíritu que vive en el agua, Mboma, y adopta a veces la forma de un majas, se nos dirá que "Mboma es Yemayá por camino congo", y por "camino de blancos es la Virgen de Regla", que se la llama también Mamá Kalunga, Pungo Kasimba, Mamá Umba, Mbúmba Mamba, Nkita Kiamasa, Nkita Kuna Mamba, Baluande, Cuatro Vientos, "porque ocupa, domina, las cuatro partes del mundo". Y no se olvide este nombre: Nkita Kuna Masa, "que es lo mismo que Kisimbi Masa". Nkita es un Padre o Madre de Agua, espíritu "dueño de río" —por lo que se le identifica como la diosa del agua de los lucumí—, y vive como Yemyá en ríos y lagunas. Estos espíritus acuáticos —yimbi o simbi nkita— actúan en un Nkisi Masa, que se fundamenta, se compone, con plantas acuáticas, arena, limo, piedras, Conchitas, culebra (Mboma).

A estas lagunas y corrientes de agua sagradas que inspiran un gran respeto y temor, van los "taitas" y "Muana Ntu Nganga" a buscar lo que necesitan para su magia, y se sabe que en ellas arriesgan su vida los profa­nos.

Además de Nkitas, Espíritus de agua, los hay de monte o manigua: Nkita Kinseke o Minseke.

Son asimilaciones de Orichas y Santos Católicos:

Pandilanga = Obamoró: Jesús Nazareno. Mpungo Kikoroto: Jesucristo.

Kabanga, Madioma, Mpungo Lomboán Fula = Ifá, Orula: San Francisco.

Bakuende Bamba di Ngola, Patrón de los congos, muy venerado por estos, como el "Rey Melchor, que es oriundo del Congo".

Pungún Fútila, Tata Funde = Babalú Ayé: San Lázaro, que cuenta con innumerables devotos en toda la Isla.

Nkita, Nkitán Kitán, Mukiamamuilo, Nsasi = Changó: Santa Bárbara.

Yola, Yeyé, Iña Ñaába, Mama Kengue = Obatalá: Nuestra Señora de las Mercedes.

Pungu Mama Wanga, Yaya Kéngue = Oyá: Nuestra Señora de la Cande­laria.

Sindaula Ndundu Yambaka Bután Séke = Osain: San Silvestre o San Ramón Non nato.

Mpungu Mama Wánga, Choya Wengue =87Ochún: la Virgen de la Cari­dad del Cobre.

Pungo Dibudi = Ogún: San Pedro.

Lufo Kuyu, Watariamba = Ogún y Ochosi reunidos: San Pedro y San Norberto.

Zarabanda = Ogún Achibiriki: San Miguel Arcángel (de Zarabanda se nos hablará más adelante.

Nkuyu = el Eleguá Alagwana: el Anima Sola del Purgatorio.

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Majumbo Moúngu Mpungu, Ntala y Nsamba = los Ibeyi Oro: San Cos­me y San Damián, los Santos Jimaguas que consideran hijos de Centella Ndoki, de Oyá, que no tenían para los congos, los caracteres de benignidad de los Ibeyi, tan queridos y venerados por nuestros lucumís. "Los Basimba Kalulu o Masa", decía Niño de Cárdenas, que los llamaba así, "son malos por camino congo". Sirven a las Ngangas judías y sólo respetan y obedecen a su dueño. En fin, todos los Mpungus juntos se llaman Kimpúngulu.



A los Mpungu y Nkita se les dan también nombres en castellano, como Cabo de Guerra a Agayú = San Cristóbal. Siete Rayos a Changó, -"el Santo por excelencia que no ponemos en suelo de mosaico sino en la tierra". Tiembla Tierra a Obatalá -"muy riesgoso, no se puede molestar". Padre Tiempo a Orula - San Francisco. Para Llaga a Babalú Ayé - San Lázaro, etc. etc.

De otros Mpungu olvidados, "porque son muy viejos", como Pibabo, Zumba, de los Congos Reales del antiguo Cabildo del Central Santa Rita, no pudimos conocer sus equivalentes, "esos Santos congos que estaban en los Cabildos, montaban,88 bailaban y no tenían nada que ver con las Ngan­gas (los muertos)".

"Por la costumbre que se tiene", se nos hace observar en otra ficha, "se les llama Santo hasta a un nfumbi judío, y usted oirá hablar del Santo de fulano, refiriéndose a su Prenda, cuando Nganga no es Santo, sino puntual­mente, el espíritu de un muerto". Y por su parte, otro Mayombero matan­cero, que no está conforme con esta mescolanza de "Santo y Palo" nos dice que, "lucumí é lucumí, Iglesia é Iglesia, congo é congo, y aquí en Matanzas mueto é mueto. Lon dó separao: Kisinpúmbo no se lleva con lo Ocha. Si quiere reza Santo blanco, va a la Iglesia, si lucumí, a casa el Santero; si quiere chécherengoma, a la casa Nganga".

Resumiendo la anterior clasificación repito que los adeptos de las Re­glas de Mayombe o Palo Monte reconocen, "por encima de todo a Sambia. Por eso se dice siempre Sambia arriba, Sambia abajo, Sambia nsulo, Sambia ntoto. Pues hay dos Sambia y es el mismo Tubisian Sambi Sambia Munan-sulu: Dios grande que está allá en el cielo y Mpungo Sambia bisa muña ntoto: Sambia que vino a hacer el mundo y lo hizo todo. Pero Sambia está en el cielo y los Mpungu Nkula, que viven debajo de la tierra nos ayudan lo mismo que los Katukemba, la gente que ya fuá" (que ya murió).

Espero que esta última explicación no embrolle las anteriores: retenga­mos que "lo principal en Mayombe es el Muerto".

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NSONGANGA.88 EL TEMPLO

Los Mayomberos, del mismo modo que los Oloriches, no constituyen una congregación sometida a reglas fijas y obligatorias para todos. No obedecen a una autoridad suprema, centralizadora que regule e imprima unidad a sus funciones. La organización de un Nso-Nganga, la casa del Nganga, de un grupo de fieles que se somete a la autoridad individual de un Padre Nganga que los inicia, ofrece muchas semejanzas con las del Ilé-Oricha o casa de Santo. Cada Padre Nganga, (como cada Padre de Santo), manda en la suya como dueño absoluto, pero sin alejarse ni alterar en su esencia el patrón de una tradición ancestral, o como decía Makindó, "ateniéndose a la bungan-ga de sus mayores", esto es, poniendo en práctica los conocimientos, el saber (bunganga), legado sagrado de los predecesores.

Para explicar la organización de un templo de Mayombe o Palo Monte, se nos dice:

"La Casa Nganga, que se llama también la Casa Mundo, viene a ser como una tribu: está el Jefe o el Rey con sus vasallos. Está la mujer del Rey, del Primer Padre, el Mfumo, que es como una Reina. A ese Padre Nganga Principal, se le dice Amo. Primer Amo. Viene después en mando su Mayordomo o sus dos Mayordomos, y la Madrina de la Nganga —Funda­mento- la Ngudi Nganga,89 y la Madrina de Gajo, la Tikantika o Nkento Tikatika Nkisi. Luego hay los Nkombos o Ngombes, Mbua, los criados o perros de la Nganga que monta el Fumbi" (de los que toma posesión el espíritu del Muerto que sirve al Taita Nganga) "y los Moana". Los Moana son todos los que pertenecen a la casa del nfumo. Es la misma descripción que en lo profano nos dan algunos de los que conocieron los antiguos y desaparecidos Cabildos de Congos.

"Los Muana o Moana",90 continúa Baró,91 "no tienen que aprender. Se les presenta a la Nganga, se les da a tomar Kimbisa con siete granos de pimienta, se les hace cruzar tres veces por encima de la Nganga y para que el Fumbi (el espíritu del Muerto) los conozca, se les corta un mechón de pelo que se echa dentro de la Prenda, de la cazuela o del caldero mágico".

Al aguardiente, la Kimbisa o Chamba de las Nganga, estimulante en grado superlativo, que Herrera me autoriza a llamarlo "tónico", y que beben en su consacración los futuros mayomberos, y en los "Juegos" los fieles, se le echa además de la pimienta (de Guinea y china) y de la fula, la sangre del sacrificio, nuez moscada, clavo de olor, ají, ajo, una cebollita muy pequeña y olorosa, genjibre, maní machacado, polvos de palo cuaba, de malambo y canela de monte. Las pulverizaciones de esta composición mantienen la vitalidad y estimulan la energía de las Ngangas.




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