Objetos de Deseo



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Objetos de Deseo:

La Naturaleza Muerta Moderna

Margit Rowell1



Palabras preliminares

Desde su fundación, hace más de sesenta años, el Museo de Arte Moderno ha presentado una serie de exhibiciones pioneras que han explorado asuntos e ideas críticos del arte moderno. Objetos de Deseo: La Naturaleza Muerta Moderna continúa esta tradición examinando en detalle uno de los más intrigantes y persistentes géneros del arte así como la manera en que los artistas lo han tratado en este siglo. Al igual que otros géneros, tales como la pintura de retrato o de paisaje, la naturaleza muerta ha sufrido transformaciones sustanciales y radicales en los últimos cien años, ya que los artistas han subvertido y suplantado las nociones tradicionales de composición e imaginería de la naturaleza muerta con nuevos y transgresores modos de expresión.

Mientras este catálogo y la exhibición a la que acompaña observan ampliamente la manera en que los artistas del siglo XX han respondido al género de la naturaleza muerta, no deberían ser vistos como un examen o lectura sistemática de la misma en dicho período. La exhibición examina más bien cómo las nociones radicales de tiempo y lugar, de realidad y ficción, de arte y sociedad, han reordenado nuestra comprensión de la naturaleza muerta. La exhibición y el catálogo toman su título de esta noción de realidad transformada. Dado que las naturalezas muertas, por su misma naturaleza, son conjuntos o narrativas altamente ideados, cuidadosamente construidos para ampliar lo cotidiano reflejándolo y magnificándolo, convierten el lugar común en un objeto de deseo.

Sin embargo, hay una cierta paradoja en la idea de la naturaleza muerta como objeto de deseo. En el sistema de géneros que operó a través del siglo XIX, la pintura de naturaleza muerta, que tiene sus orígenes como forma independiente a principios del siglo XVII, ocupó el más bajo rango de importancia. Y precisamente porque la naturaleza muerta no estuvo investida de los complejos significados y aspiraciones asociados con géneros más estimados, tales como la pintura de historia o la de retrato, se convirtió en el vehículo perfecto para los artistas de vanguardia del siglo XX, pues pudieron transformarla en un medio vital de la expresión contemporánea. En la exploración de esta paradoja y en la decodificación de los sistemas que estructuran y ordenan la naturaleza muerta, Objetos de Deseo revela sus muchos placeres. Por ello es finalmente una exhibición acerca de remarcables obras de arte -desde la Naturaleza Muerta con Jarra y Manzanas de Picasso hasta El Desayuno de Piel de Meret Oppenheim, la Cacerola y Mejillones Cerrados de Marcel Broodthaers, la Tapa de Mesa de Charles Ray, la Segunda Elección de Kiki Smith y la Piedra Láctea de Wolfgang Laib-, que son tan seductoras y obsesionantes como maravillosas y provocativas.

Esta exhibición y este catálogo son el resultado de una gran investigación y cooperación, y quiero agradecer en particular a los muchos prestadores por su generosidad y al personal de este Museo por sus contribuciones a todos los aspectos de la exhibición y su catálogo. Estoy agradecido al Federal Council on the Arts and the Humanities por proveer indemnidad a muchas obras de arte de la exhibición que fueron pedidas en préstamo a colecciones públicas y privadas internacionales. También un generoso apoyo financiero fue provisto por AT&T, y este libro fue hecho posible por una generosa donación de Blanchette Hooker Rockefeller Fund. Un proyecto de esta escala es necesariamente una empresa complicada, y quiero expresar mi profunda apreciación a Agnes Gund y Daniel Shapiro por su profundamente sentido compromiso con su éxito.

Sobre todo, quiero agradecer a Margit Rowell, la Curadora Principal del Departamento de Dibujos, cuyas visión y perspicacia la han llevado a reconsiderar la idea total de la naturaleza muerta en el siglo XX. Su perspicaz ojo es evidente en la selección de obras de la exhibición, como lo son su erudición y conocimiento en el ensayo detallado y revelador de este catálogo.


Glenn D. Lowry

The Museum of Modern Art, Director

Prefacio

Intentar contar la historia de la naturaleza muerta moderna es virtualmente equivalente a intentar contar la historia del arte de vanguardia del siglo XX. Este poco circunscriptible género ha sido fijado actualmente en una definición (o más bien una percepción) basada en su más bajo denominador común, el más común objeto inanimado y, además, precisamente a causa de este consistente y presumiblemente desventurado asunto, la naturaleza muerta se ha prestado a todo tipo de aventuradas interpretaciones visuales. Estas obras de arte no son sólo interpretaciones hermosas o realistas de objetos estáticos. La naturaleza muerta, más bien, es un evolutivo sistema de representación y de significado, directamente relacionado con las transformaciones de la sociedad y del discurso artístico. Dirige ciertas posiciones que una sociedad mantiene con relación a sus objetos: realidades, fantasías, y deseos. De forma similar, transcribe la manera en que el arte trata con estas verdades y mentiras: el modo en que el artista reinventa un lenguaje visual específicamente codificado para su implementación.

Sin embargo, desde su invención a comienzos del siglo XVII, la naturaleza muerta ha mantenido perpetuamente el mismo asunto: el objeto familiar y reconocible, aislado o en un grupo. Así, de acuerdo con sus críticos, el alcance del género es severamente limitado. Incluso podría decirse que los asuntos de la pintura de retrato y de la de paisaje son similarmente constreñidos: el del retrato es siempre una persona, y el del paisaje es siempre un paisaje, incluso aunque el artista selectivamente identifique cuáles aspectos serán enfatizados a expensas de otros. Por otro lado, una naturaleza muerta generalmente no existe hasta que el artista decide constituir el modelo. Lo que equivale a decir que incluso el modelo puede ser concebido por el artista, antes de ser ejecutado por su mano.

El proceso de selección está tradicionalmente influido por el rol que ciertos objetos juegan en el contexto de una sociedad dada. Aunque los objetos son relativamente genéricos, al igual que su asunto, no son atemporales; su elección está dictada por su lugar, sea éste pasivo o agresivo, en una fábrica histórica y cultural. La deliberada elección de esos objetos sobre otros los identifica, en el más simple sentido, como "objetos de deseo".

Los objetos de deseo no son reales sino ficcionales, vistos a través de lentes distorsivos. Además, ponen en acto una estructura de deseo que es un sistema narrativo cerrado. Debido a que, para mantenerse, el impulso o pulsión de deseo debe mantenerse insatisfecho, los objetos deseados -el clímax de la narración- son siempre distantes o diferidos. Así, los objetos de una naturaleza muerta, aunque parecen accesibles, son realmente inaccesibles, ficticios, creados; en comparación a los reales, son ideales. Ellos, así como su interpretación y su articulación, expresan convenciones y patrones ideológicos, tomados de la experiencia directa del mundo real.

La convencionalmente "inanimada" condición material de los objetos de una naturaleza muerta, así como el hecho de que son ficciones, alienta al artista a tomarse infinitas libertades en su representación e interpretación, e inventar u obedecer sutiles códigos semánticos y formales para proyectar sus mudos aunque elocuentes mensajes simbólicos. Incluso más aún: el discurso narrativo cerrado y sus convenciones (la estructura del espacio alrededor de los objetos y sus intersticios y tensiones, las disparidades de escala o matiz de los objetos, su relación o no con la realidad, su condición material o desmaterializada, y muchos otros factores en una ecuación abstracta), a menudo desapercibido y pasado por alto, es lo que constituye los códigos ideológicos que, a fin de cuentas, definen la naturaleza muerta y reflejan así una visión ideal, o muchas visiones, de un mundo contemporáneo.

Si la misión de un museo de arte moderno es ser cómplice de la experiencia de ver, entonces la meta de esta exhibición es aumentar y enriquecer esa experiencia, desviando la mirada del espectador de los objetos comunes y del asunto común representados en estas "naturalezas muertas" hacia los complejos sistemas semánticos y formales que encarnan y las formulaciones del mundo únicas que retratan.

Margit Rowell






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