Numero: 50 fecha: Septiembre-Octubre 1992 indice analitico: Movimientos Sociales autor: Luis Hernández Navarro [*] titulo: Las Telarañas de la Nueva Organicidad del Movimiento Campesino



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NUMERO: 50

FECHA: Septiembre-Octubre 1992

INDICE ANALITICO: Movimientos Sociales

AUTOR: Luis Hernández Navarro [*]

TITULO: Las Telarañas de la Nueva Organicidad del Movimiento Campesino

ABSTRACT:


A contracorriente del pensamiento clásico de la izquierda que veía en la crisis económica la antesala del ascenso generalizado de la lucha popular, las corrientes que dirigían los acuerpamientos regionales que darían como resultado la red UNORCA vieron en la crisis económica de 1982 "la campanada de aviso" para cambiar el "terreno de la lucha". Para ellos el fin del "boom petrolero" representaba un agotamiento en la capacidad del Estado para hacer concesiones económicas significativas. En esta lógica, la lucha frontal contra un Estado reducido significativamente en su capacidad de maniobra corría el riesgo de colocar a los movimientos ante un callejón sin salida. Entre 1979 y 1982 se habían desarrollado importantísimas movilizaciones de masas de diversos sectores de la población y la CNPA había jugado un papel muy relevante en ellas pero, los resultados concretos de ellas habían sido muy limitadas.
TEXTO:
El paisaje organizativo
Una mirada a vuelo de pájaro del tejido organizativo de la sociedad rural mexicana a comienzos de los setenta, mostraba una red de intermediación social en forma de escalera en la que el primer escalón eran poco más de 30 mil comisariados ejidales y comunales y el último poco menos de una decena de centrales campesinas nacionales. Se trataba de un modelo organizativo agrario-electoral.
Los comisariados asumían la representación de sus ejidos y comunidades por un período de tres años, y eran el canal para canalizar créditos, gestionar servicios, asignar parcelas y relacionarse con la Secretaría de la Reforma Agraria. Muchos de esos comisariados se formaron al calor de la lucha por la tierra en el perÍodo cardenista (1934-1940).
Al final del escalón se encontraba la Central. Las centrales más estructuradas tenían direcciones estatales en las regiones del país donde lograban cierta implantación. Tres eran las demandas básicas por las que luchaban: la tierra; la gestoría de crédito, asistencia técnica o servicios al núcleo de población; y, posiciones políticas que, usualmente, potenciaban la capacidad de gestión. Las centrales eran, a su vez, los brazos campesinos de diversos acuerpamientos políticos.
Evidentemente, quien mayor complejidad organizativa alcanzó fue la CNC. La Confederación se articuló nacionalmente a partir de los comisarios ejidales, los comités regionales campesinos, las ligas de comunidades agrarias (en el nivel estatal), las uniones por rama de producción y el comité nacional. El peso organizativo de la organización recayó, sin embargo, en el nivel más claramente político, el de las ligas. [1]
Durante décadas el interlocutor natural de las dirigencias de las organizaciones en la lucha por la tierra, la gestión asociada a la producción y los servicios era el Estado. El interlocutor obligado en la lucha electoral eran los partidos políticos. En este esquema, un dirigente campesino tenía peso si tenía derecho de "picaporte" con los funcionarios del sector agropecuario y los gobernadores, y, evidentemente, si esas relaciones políticas se traducían en soluciones a sus agremiados. La inmensa mayoría de las organizaciones dependían para su funcionamiento de los recursos económicos que logran negociar con los poderes. Aunque, sobre todo a partir de los ochenta, comienzan a ser cada vez más importantes las luchas por el control campesino de los mercados, el centro de la acción reivindicativa de las dirigencias campesinas era el Estado y los recursos administrativos por él.
Simultáneamente, al influjo del agrarismo de Estado y de este modelo organizativo se formaron familias de políticos profesionales con una amplia inserción en el conjunto de los aparatos de Estado: gobernadores, secretarios, miembros de la dirección nacional del PRI tienen como base social propia una relación privilegiada con diversas organizaciones campesinas, principalmente oficiales, pero también, independientes.
La reforma echeverrista
Al comenzar el período de Luis Echeverría en la presidencia de la República el mapa de las centrales campesinas actuantes es sencillo. En el centro de la interlocución campesina se encuentra la CNC, surgida durante el cardenismo. La CCI, formada en 1963 al calor de la lucha del MLN con bases sociales cardenistas y comunistas. La CCI revolucionaria -posteriormente CIOAC, formada por los destacamentos campesinos dirigidos por miembros del PCM. Los distintos proyectos de la UGOCM, creada por Lombardo y el PP en 1949. Y, una escisión de la CCI dirigida por Humberto Serrano que adquiriría un gran protagonismo en ese sexenio, la CAM.
Sin embargo, este mapa se modificó profundamente como resultado de un ascenso en la lucha campesina por la tierra, de la promoción estatal de figuras asociativas de segundo nivel surgidas de una nueva Ley Agraria, de una modificación del tipo de intervención estatal en el agro, del desgaste de las direcciones campesinas tradicionales, y del surgimiento de nuevas corrientes políticas nacionales.
La lucha campesina por la tierra fue generando tanto un liderazgo alternativo al tradicional, más representativo y ligado a los intereses de las bases, como una nueva organicidad regional y nacional. Los Frentes y Coaliciones sustituyeron a las Ligas, y las redes -coordinadoras y alianzas- mostraron una vía de organización diferente a la Central.
Simultáneamente al ascenso campesino, el Estado promovió figuras asociativas de segundo nivel -originalmente Uniones de Ejidos y/o Comunidades y después ARICs- con el fin de encuadrar la producción ejidal, garantizar su acceso al crédito y organizar su comercialización. Ello coincidió con una presencia mucho mayor de la intervención estatal en el campo, ya no a través de las organizaciones campesinas tradicionales si no de sus propios aparatos económicos. [2]
Algunas de las organizaciones que lucharon por la tierra de organizaron posteriormente como productores. En otros casos, las organizaciones de productores creadas por el fomento estatal fueron retomadas por una nueva generación de líderes campesinos con mayores niveles de escolaridad, experiencia de trabajo industrial o de vida urbana, y, muy frecuentemente, experiencia temporal como trabajadores migrantes. Los viejos líderes que establecían su mediación entre los campesinos y el Gobierno, sobre el terreno político-clientelar, comenzaron a ser desplazados.
El movimiento estudiantil-popular de 1968 fue, entre otras muchas cosas, un semillero de cuadros y de proyectos políticos diversos. De él surgieron o se desarrollaron dos fuerzas políticas particularmente influyentes en el medio rural a partir del período echeverrista: la corriente Línea de Masas y el PST. De la misma manera, otros acuerpamientos con menor incidencia en el sector pero también actuantes en él surgieron o se fortalecieron al influjo del movimiento: ese el caso del PMT, del PRT o de los destacamentos de la CNR. De la corriente Línea de Masas y sus posteriores ramificaciones nacieron -en convergencia con otras fuerzas políticas- acuerpamientos nacionales como la CNPA, la UNORCA y una enorme red de organizaciones regionales. Del PST surgirían tres de las centrales nacionales actuantes en la actualidad: la UNTA, la CODUC y el CCC, y, una más, el MN de los 400 Pueblos se desarrollarían plenamente como fuerza agrario-electoral.
El camino de las izquierdas
A fines de los setenta principios de los ochenta comienzan a estructurarse polos de convergencia campesina nacional surgidos, no ya de desprendimientos de las centrales campesinas oficiales, sino de la construcción de fuerzas independientes desde los distintos proyectos de izquierda.
Cuatro de las fuerzas básicas que se destacan en esta etapa: CIOAC, UNTA, CNPA y UNORCA. Ambas tienen semejanzas y diferencias. CIOAC y UNTA asumen la forma organizativa de central, mientras, CNPA y UNORCA se organizan como red. CIOAC busca en un primer momento concentrar su intervención en la formación de sindicatos de jornaleros pero termina convirtiéndose en una organización multiactiva que tiene en la gestión y distribución del crédito uno de sus principales terrenos de lucha. La UNTA nace como un instrumento organizativo del PST concibiendo su acción sobre la base de un esquema sindical entre tabacaleros, cafetaleros y solicitantes de tierras, pero se convierte muy rápidamente en un acuerpamiento básicamente de lucha por la tierra y la gestión de servicios en comunidades rurales. La CNPA tiene como ejes básicos de su acción la lucha por la tierra y contra la represión. La UNORCA se construye básicamente en el terreno de la apropiación campesina de la producción, la comercialización y el abasto.
Tanto CNPA como UNORCA construyeron una nueva organicidad para el movimiento campesino al asumir como modelo de funcionamiento el de red en lugar del de central. Esta nueva organicidad nace tanto de la diversidad regional como de la pluralidad política de sus integrantes. En la red las organizaciones regionales campesinas tienen autonomía para definir sus líneas de acción. La centralización organizativa tienen autonomía para definir sus líneas de acción. La centralización organizativa habría requerido de una homogeneidad político-ideológica y/o de un equipo dirigente que ninguna organización, red o corriente tenía en el momento de las convergencias. Cada acuerpamiento tenía una experiencia que consideraba válida, un conjunto de relaciones políticas que no quería sacrificar y una posición político-ideológica que asumía como correcta. Pedirle a cualquiera de ellas que sacrificara de entrada ese patrimonio a cambio de encuadrarse nacionalmente en una instancia centralizada habría sido la forma más adecuada para construir un pequeño aparato relativamente aislado del proceso de lucha. Varias de estas organizaciones tenían distintas "cachuchas". [3] Algunos de esos dirigentes pertenecían a organizaciones oficialistas y otras organizaciones autónomas y/o independientes. La forma red les permitía -sobre todo a los primeros- conservarse dentro de las filas de sus centrales con relativamente pocos problemas.
Otra diferencia sustancial entre todos estos acuerpamientos fue su relación con el Estado. Mientras que la UNTA efectuó una política de acercamiento permanente con funcionarios federales y algunos gobernadores parecida a la del PST -lo que no le evitó sufrir reiteradamente la represión-, CNPA y CIOAC hicieron de la independencia orgánica e ideológica un parteaguas de su militancia. La UNORCA, por su parte prefirió colocarse a la mitad del camino y seguir una política de alianzas y negociaciones con sectores del Estado sin comprometer su autonomía organizativa. Desde entonces, la cuestión de si la relación con el Estado debe partir de la independencia o la autonomía es una cuestión clave. [4]
El nuevo terreno de lucha
La constitución de la CNPA coincidió con el agotamiento de la lucha por la tierra como demanda principal del movimiento campesino. A partir de la década de los ochenta el terreno principal de movilización rural pasó a ser el combate por el control campesino de la producción, la comercialización y el abasto.
A contracorriente del pensamiento clásico de la izquierda que veía en la crisis económica la antesala del ascenso generalizado de la lucha popular, las corrientes que dirigían los acuerpamientos regionales que darían como resultado la red UNORCA vieron en la crisis económica de 1982 "la campanada de aviso" para cambiar el "terreno de la lucha". Para ellos el fin del "boom petrolero" representaba un agotamiento en la capacidad del Estado para hacer concesiones económicas significativas. En esta lógica, la lucha frontal contra un Estado reducido significativamente en su capacidad de maniobra corría el riesgo de colocar a los movimientos ante un callejón sin salida. Entre 1979 y 1982 se habían desarrollado importantísimas movilizaciones de masas de diversos sectores de la población y la CNPA había jugado un papel muy relevante en ellas pero, los resultados concretos de ellas habían sido muy limitadas.
El "cambio de terreno" entendido básicamente como la construcción de una red de empresas campesinas autónomas que impulsan proyectos de desarrollo rural integral comenzaría, sin embargo, a plantearse, hasta después. [5] Socialmente, en el caso del movimiento campesino, se desarrolló simultáneamente en el Norte y en el Sur, aunque nacionalmente tendría mucho más impacto el proceso norteño. Efectivamente, si alguna organización sirvió como referencia múltiple y polo social aglutinador de la naciente convergencia, esa fue la Coalición de Ejidos Colectivos de los Valle del Yaqui y el Mayo (CECVYM). [6] En el Sur, en mayo de 1982 cerca de los 10 mil productores de café de organizaciones de Veracruz, Guerrero, Oaxaca y Chiapas tomaron las instalaciones del INMECAFE abrieron un proceso de referencias políticas similares. [7]
La lucha por el incremento a los precios de garantía entre 1983 y 1987 -y experiencias como la represión a los maiceros chiapanecos en mayo del 86- alertaron a las organizaciones que los impulsaron a combinar la lucha por el aumento directo al precio del grano con paquetes de prestaciones ligados a programas de desarrollo rural integral de sus regiones. Con el paso del tiempo, ni eso sería suficiente; profundizando esta línea de acción, años de movilizaciones sucesivas mostraron a las organizaciones las enormes dificultades que suponía enfrentar una lucha frontal: los riesgos de la represión eran cada vez mayores, las conquistas menores y las maniobras de las centrales oficialistas cada vez más sofisticadas. Muchas de ellas optaron por buscar otras opciones productivas.
En esta línea se comenzaron a crear nuevos terrenos de desarrollo: Uniones de Crédito; fondos de autoaseguramiento; empresas comercializadoras; bancos de insumos; apropiación de las redes de abasto originadas en DICONSA; proyectos agroindustriales. Una vez más, el cerco al que conducía una lógica estrictamente reivindicativa pudo romperse cambiando el terreno de la confrontación y generando líneas de construcción social internas en la lógica de la apropiación campesina del proceso productivo.
En el camino, estas movilizaciones sirvieron para poner en práctica un nuevo modelo de relación entre campesino y Estado, en el que un equipo de funcionarios federales abrió espacios de negociación golpeando incluso a gobernadores y fuerzas políticas regionales. Esta relación apunta al desplazamiento de los interlocutores tradicionales del mundo campesino y a la modernización del desarrollo rural en varias regiones del país.
Mientras tanto, el proyecto CNPA entró en una situación de crisis y escisiones. [8] En los hechos la CNPA mantuvo, a pesar de ello, a una veintena de organizaciones regionales en sus filas sin modificar prácticamente su discurso aunque debió transformar la composición social de sus bases.
El calor electoral
Paralelamente a la intensa movilización campesina alrededor de las elecciones del 88, comenzó a desatarse una intensa actividad organizativa desde las organizaciones mismas y desde el Estado. El eje de este proceso era la redefinición de las relaciones entre los campesinos, sus organizaciones y el Estado.
Prácticamente todo 1988 y una parte de 1989 fueron años de reacuerpamiento campesino. La coyuntura electoral más competida en los últimos 48 años rompió coyunturalmente con una buena parte del control corporativo sobre las organizaciones y permitió un proceso de convergencias y movilizaciones significativos. En este marco UNORCA realiza en agosto de 1988 su Segundo Encuentro Nacional campesino. [9] En noviembre de ese mismo año, ante el anuncio del Gabinete Agropecuario fijando unilateralmente los precios de garantía, la CNC elaboró una declaración pública replanteando la alianza Estado-Campesinos.
El 16 y 17 de ese mismo mes, en la Universidad de Chapingo, se reunieron dirigentes campesinos y estudiosos del tema, para realizar el Foro Nacional sobre la Reforma Rural. Un intenso y elaborado debate puso en la mesa la discusión los problemas de concertación y la lucha por la apropiación del proceso productivo.
Pocos días después, el 27 y 28 de noviembre, diez organizaciones independientes convocaron a la reunión "Problemática Rural y Unidad Campesina", acordaron firmar un Convenio de Acción Unitaria y avanzar también en un programa de lucha articulador de sus iniciativas. [10]
Con el nuevo año las iniciativas de convergencia siguieron su marcha. El 6 de enero, en el marco de los eventos oficiales de conmemoración de la Ley Agraria, el dirigente de la CNC, Maximiliano Silerio Esparza, llamó a formar un Congreso Agrario Permanente (CAP) en el que las organizaciones plantearan sus legítimas reivindicaciones, por la vía del diálogo y la concertación política, y en donde se respetara la autonomía y pluralidad de las organizaciones. Ese mismo día, el Presidente de la República, al firmar el primer paquete de los "Convenios de Concertación", convocó a la constitución de un gran "Congreso Campesino Permanente".
El CAP fue concebido como un organismo techo del sector campesino, formado tanto por organizaciones oficiales como por organizaciones independientes, en un plano de igualdad, con una coordinación rotativa trimestral, y llamado a convertirse en el interlocutor gubernamental de las organizaciones campesinas nacionales. Aunque formalmente la convocatoria fue hecha por el dirigente nacional de la CNC, su diseño y su ejecución se gestaron por afuera de la dirigencia tradicional de la central, y, en muchos sentidos, en contra de su disposición y voluntad. La CNC objetó el que siendo la organización campesina más grande y con mayor interlocución se le obligara a establecer relaciones de igualdad con otras fuerzas. El que su secretario general haya hecho el llamado a constituirlo es más el resultado de una concesión para sumarla al proyecto que la convicción de su necesidad.
La constitución del nuevo organismo y la incorporación a él de la mayoría de las organizaciones campesinas nacionales independientes fue motivo de fuertes discusiones al interior de éstas. Finalmente pesó el hecho de que, si estas organizaciones se hubieran aislado de la convergencia, habría visto reducir peligrosamente sus espacios de negociación y gestión, perdiendo simultáneamente la posibilidad de disputar nuevos territorios y de incidir en la política agraria del régimen. Aunque dentro corrían el peligro de ser absorbidos por un funcionamiento "institucional" y dejar de lado la movilización, al tiempo que el gobierno presentaba a la nueva organización como resultado de un acuerdo global de las organizaciones con su política, era mayor la posibilidad de avanzar en términos de solución de sus demandas y capacidad de interlocución. Así, el 10 de abril de 1989, aniversario del asesinato de Emiliano Zapata, Salinas de Gortari instaló formalmente el CAP, que, con el tiempo, agruparía a doce organizaciones campesinas: CNC, CCI, CAM, UGOCM, ALCANO, UNORCA, CCC, UNTA, CODUC, CIOAC, Movimiento de los 400 Pueblos, y UGOCM. De entre las organizaciones nacionales sólo la CNPA, Antorcha Campesina y la posteriormente constituida UCD quedaría fuera del proceso. El nuevo organismo nació con estructura estable e interlocución para todos. Durante el acto de constitución se firmaron convenios de concertación con los miembros del acuerpamiento por 2 mil 334 millones de pesos.
La formación del CAP representó el fin del monopolio de las organizaciones campesinas oficiales, y muy especialmente de la CNC, en la interlocución casi exclusiva con el Estado. A los ojos de muchos, fue la evidencia de que no se requería ser cenecista para que ser resolvieran los problemas de ejidos y comunidades. Ello fue de particular importancia para una constelación de organizaciones independientes que siempre tuvo que utilizar una cantidad considerable de su energía social en abrir las puertas de la negociación.
Ese mismo 10 de abril, pero desde la Laguna, Cuauhtémoc Cárdenas llamó a construir una nueva central campesina independiente de partidos políticos, una organización que "no sea dependiente del PRD". Para el cardenismo la articulación de sus simpatías es un problema difícil de resolver. De entrada, porque con esta corriente se identifican campesinos de varios acuerpamientos que no están dispuestos a liquidar sus organizaciones para constituir una nueva central. Asimismo, porque muchos de ellos son muy celosos de su autonomía y no están de acuerdo en dejarse instrumentar por nadie, y, a pesar de los buenos deseos de Cárdenas, una cierta cultura corporativa está presente aún en las filas del PRD. Pero, además, porque un buen número de sus simpatizantes están también presentes en las filas de las nuevas organizaciones de productores que, por definición, son plurales; la constitución de la nueva central nada les aporta. Por otro lado, porque un número importante de organizaciones independientes no son cardenistas y ven en esta corriente una vocación hegemonista a la que no se quieren supeditar. En sentido contrario actúan núcleos significativos de ejidatarios de La Laguna y Michoacán; para este sector del campesinado temporalero que no tiene cabida en el modelo económico que se ha trazado para salir de la crisis, el cardenismo les ofrece -al igual de la nueva central- la posibilidad de articular sus intereses. En suma, la construcción de la nueva central se topó, desde sus inicios, con fuerzas e intereses encontrados bajo la misma cobija ideológica.
Estas contradicciones aparecieron claramente en la realización del II Encuentro Nacional Agrario realizado en Cuautla, Morelos, y convocado por la CAU. Pero más allá de las resistencias de las fuerzas más estructuradas, 18 organizaciones de 43 presentes acordaron firmar la Declaración de Anenecuilco, en la que decidieron avanzar en la constitución de una nueva central.
La Declaración de Anenecuilco dio como resultado inmediato la constitución de la Unión Campesina Democrática (UCD). Se sumaron a ella básicamente grupos campesinos provenientes de la CNPA, la UTC y sectores simpatizantes del cardenismo en el terreno partidario. Fuerzas campesinas relevantes proclives al PRD se abstuvieron de incorporarse en sus filas. La nueva central pasó a ser así apenas una pequeña fuerza campesina formada por una alianza de grupos al interior del partido aislada de los grandes procesos de convergencia nacional. Su constitución le privó al cardenismo de la posibilidad de sumar en su polo de agrupamiento al conjunto de sus simpatizantes, y canceló de paso, la posibilidad de construir un frente unitario independiente por afuera del CAP.
El nuevo movimiento campesino
En un proceso signado por avances y retrocesos se ha desarrollado también la lucha por modernizar la CNC. Allí, al lado de las dirigencias tradicionales, ancladas en el control de las ligas de comunidades agrarias junto a los gobernadores- y con importantes ramificaciones en el conjunto del sistema político, ha venido creciendo una corriente renovadora encabezada por Hugo Andrés Araujo y que tiene su apoyo en una parte significativa de las organizaciones económicas de la central campesina. Aunque la corriente renovadora tiene la simpatía del propio Presidente de la República, su crecimiento no fue sencillo. [11]
Efectivamente, la política renovadora ha puesto especial énfasis en promover la organización productiva, fomentan la constitución de consejos económicos estatales, establecer procesos de convergencia con otras fuerzas campesinas y crear comités de base campesinos por sobre la estructura tradicional agrario-electoral estructurada en torno a los comisarios ejidales, impulsar el nombramiento de dirigentes sobre el principio de la consulta directa a las bases y no la reelección. El avance de esta posición al interior de las ligas ha sido sumamente limitado. Estas siguen bajo el control de los gobernadores y de la vieja burocracia agrarista. No así en las organizaciones productivas, con poca representación en los organismos de base territorial.
Tendrían que pasar, sin embargo, varios años y una profunda convulsión para que la corriente renovadora avanzara. Para ella 1992 comenzó de la misma manera en que 1991 terminó: con una intensa actividad. El 4, 5 y 6 de enero, en la ciudad de Veracruz, representantes de casi 700 organizaciones de productores se reunieron en el marco de los debates sobre las reformas al 27 constitucional y el acto conmemorativo de la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, para discutir propuestas a la Ley Reglamentaria del 27 para formular un Programa de trabajo que oriente al conjunto del movimiento campesino. El encuentro de Veracruz constituye un momento clave tanto en la gestación de respuestas campesinas ante las reformas al 27 constitucional como en el proceso de construcción de una nueva hegemonía al interior del movimiento campesino. Aunque en el encuentro participaron básicamente organizaciones de productores cenecistas, éste no fue un acto de la CNC. La participación de representantes de organizaciones de productores de la UNORCA, de la UGOCP, de ALCANO, así como de otras organizaciones regionales autónomas le dio al evento un carácter plural. Por lo demás, la reunión prefiguró la construcción de un nuevo polo de acuerpamiento campesino estructurado básicamente en torno a empresas sociales rurales y organizaciones de productores. El encuentro de Veracruz avanzó también en definir los perfiles del movimiento campesino y el Estado y un Programa de Lucha para incidir tanto en la coyuntura inmediata como en conjunto del período.
Al Encuentro de Veracruz le siguió uno nuevo en Oaxtepec el 8, 9 y 10 de abril, con un formato similar a su antecesor. El 12 y 13 de agosto se realizará en Sonora el Tercer Encuentro. En ese contexto, la corriente renovadora tendrá pocos obstáculos para hacerse de la conducción plena de la Confederación cuando se efectué, a mediados de agosto también su Congreso.
La gestación de este nuevo movimiento campesino dista, sin embargo, de tener un sólo centro y una sola estrategia de construcción. Su ubicación geográfica se enclava tanto en el Norte como el Sur, como entre los cafetaleros, los maiceros, los forestales, los sorgueros, las uniones de créditos, las empresas distribuidoras de fertilizantes o los productores "orgánicos".
Entre los procesos regionales destacan la ALCANO, donde convergen algunas de las experiencias de organización productiva más relevantes del país, enclavadas básicamente en el sur de Sonora y norte de Sinaloa, sobre la base de principios como el de la autonomía y el pluralismo; confluyen productores cenecistas y perredistas en el marco de un proyecto de desarrollo rural común. ALCANO ha protagonizado algunas de las luchas más relevantes nacionalmente por incrementar los precios de productos como la soya o el trigo, recibiendo respuestas parciales a sus demandas.
Significativos son también los procesos de construcción de alianzas regionales desatados a partir de los módulos regionales de UNORCA. Destacan, además de la misma ALCANO donde participan los unorquistas, la Alianza Campesina de Guerrero, la Alianza Campesina de Michoacán, la Alianza Campesina de las Huastecas, la Alianza Campesina de Zacatecas y otras en proceso de constitución en el Bajío. A ellas se han incorporado fuerzas regionales que no participan en UNORCA. Han protagonizado importantes movilizaciones, como la de los frijoleros zacatecanos al comenzar 1992.
En lo que se refiere a la convergencia por rama de actividad destaca centralmente el caso de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC). Formada a partir de diversos encuentros realizados desde 1988 por organizaciones autónomas de productores de Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Puebla, San Luis Potosí y Nayarit, y de la gestión conjunta para solucionar problemas comunes, la CNOC pasó a ser simultáneamente, una comercializadora para exportar conjuntamente café, una oficina de servicios comerciales, una empresa con marca propia de café molido y tostado en los Estados Unidos, una Cámara, una organización campesina, y una oficina de apoyo técnico y organizativo. Su objetivo es poder enfrentar adecuadamente los retos que se le plantean a los pequeños productores en el terreno del mercado y de las nuevas relaciones con el Estado. Desde muchos puntos de vista, la CNOC es un modelo de lo que será el movimiento campesino del futuro: red de empresas sociales, federación de productores, cámara gremial y equipo técnico-profesional de apoyo.
Aunque los encuentros forestales y la formación de redes del sector son tan antiguos como las de la misma UNORCA (1982-85) y en algunos momentos se tocan, es hasta 1990 cuando comienzan a reanimarse. Al igual que en el caso del café estas convergencias, que cuando menos se desarrollan en tres vertientes organizativas distintas -UNORCA, CNC, y Pacto de Alvarado-, tienen como punto de arranque la existencia de organizaciones campesinas regionales en Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Durango, Chihuahua, Michoacán, Quintana Roo y Campeche, que han hecho avances significativos en el proceso de producción, comercialización y abasto. Las organizaciones han confluido buscando resolver problemas comunes: transferencia de los servicios técnicos; concesiones forestales; Ley Forestal; estructura y función institucional; financiamiento; apertura comercial; acceso a fondos del Fofonafe.
Más reciente es la naciente convergencia de organizaciones productoras de maíz. Nacida del Encuentro Campesino de Experiencias y Alternativas para la Comercialización del Maíz realizado el 8, 9 y 10 de junio de 1991 en Etzatlán, Jalisco, y del II Encuentro del mismo nombres, efectuado el 21 y 22 de septiembre en Atlacomulco, Estado de México, que reunió a 74 organizaciones de productores de 14 estados de la República, acordó rechazar la incorporación de los granos básicos y especialmente maíz a las negociaciones del Tratado de Libre Comercio por considerar que éstas afectan gravemente al grueso de los productores del grano básico, así como avanzar en la lucha por un conjunto de demandas centradas en la comercialización del grano y del papel de la CONASUPO en ella, que incluye: la inducción del programa de compras de CONASUPO a Centros actualmente cerrados; la habilitación a los hijos de ejidatarios como almacenistas-analistas; la asignación de los centros de recepción de las organizaciones como centros libres a bordo de CONASUPO; el manejo de bonificaciones P.A.C.E. a través de boletas colectivas manejadas por las organizaciones; convenios que aseguren la entrega de bonificaciones por adelantado; la capacitación y habilitación a los hijos de ejidatarios como almacenistas-analistas; la asignación de pagadores en lugares más cercanos a las compras; el equipamiento con básculas de piso.
El proceso de convergencia de los sorgueros se inició a partir del Foro de Organización de los Productores para la Producción y Comercialización de Granos, efectuado en Pénjamo, Guanajuato, en octubre de 1991, con la participación de más de 120 representantes ejidales. El foro analizó la situación de los productores de granos frente al TLC, analizó la producción y el mercado del sorgo, estableció mecanismos de apoyo a la comercialización, acordó formas de coordinación y acciones conjuntas, evaluó la situación de las carteras vencidas y propuso un programa de contingencia para enfrentar la situación. Entre los acuerdos tomados en la reunión se encuentran: la implementación de mecanismos de seguimiento al precio internacional del sorgo y el diseño de algunos mecanismos conjuntos rara enfrentar la comercialización de éste.
Aunque la formación de Uniones de Crédito del sector social es un proceso iniciado desde 1980 con la lucha de la Coalición de Ejidos del Valle del Yaqui y Mayo por apropiarse del manejo del crédito, y la "incubación" desde UNORCA de 14 uniones más de distintos estados de la República se desarrolla a partir de 1986, es hasta 1990 cuando logra articularse una red efectivamente plural de estas instituciones auxiliares de crédito en la que participan organizaciones provenientes de distintas centrales campesinas (básicamente UNORCA, CNC y, recientemente UGOCP). La red se constituyó sobre la base de enfrentar problemáticas comunes: promoción organizativa; aprobación de la Comisión Nacional Bancaria; aceptación de la banca comercial, etc.. La naciente red tuvo que enfrentar desde el comienzo la animadversión del gabinete económico-financiero que veía en ella, un molesto intruso, además de la infinidad de obstáculos que sufre cualquier organización que decide emprender el camino de controlar su acceso al crédito sin condicionamientos políticos. A pesar de ello, y de que no ha tenido acceso a los puntos de intermediación financiera que le corresponde a cada Unión de Crédito en operación se ha consolidado y crecido como una opción entre los sectores del campesinado mejor organizados y capitalizados.
El 15 de octubre de 1991, en Oaxtepec, Morelos, se conformó en un acto en el que participaron cerca de 150 representantes de organizaciones campesinas, la Asociación Nacional de Distribuidores de Fertilizantes e Insumos Agropecuarios, agrupando 34 centros de distribución primaria de agroquímicos en 14 estados de la República. La naciente red, que asumió la forma de asociación civil, incorporó a productores agrícolas del sector social que distribuyen cerca de 280 mil toneladas de abonos químicos. La naciente convergencia, construida para enfrentar los retos de la desincorporación de FERTIMEX, arrancó de entrada un convenio para la capacitación del personal de los Centros de Distribución primaria del sector social, privado y estatal.
Pronasol: el otro movimiento campesino
Mientras las organizaciones campesinas nacionales enfrentan en la mayoría de los casos serias contradicciones internas y las relaciones entre ellas se hacen cada vez más difíciles y complejas, otro movimiento campesino con apenas tres años de existencia crece y se extiende vertiginosamente por todo el país. Se trata del movimiento campesino estructurado en torno de los comités locales de solidaridad (CLS) y a los Fondos Regionales INI-Pronasol que administran recursos o proyectos de Pronasol.
Evidentemente, las líneas de demarcación entre uno y otro no están claramente trazadas. Muchos miembros de organizaciones campesinas nacionales participan tanto en los Comités como en los Fondos. Las mismas dirigencias nacionales mantienen un trato frecuente con los funcionarios de Pronasol, además de ser canales para presentar proyectos de organizaciones locales que participan en sus filas. Sin embargo, tanto los Comités como los Fondos responden a una lógica de funcionamiento que no es la de los acuerpamientos nacionales sino la que surge de la fusión de los grupos comunitarios con el esquema operativo de Pronasol. Se trata entonces, efectivamente, de "otro"movimiento campesino, "diferente" al que existía hasta 1988, por más que cuadros y organizaciones anteriormente actuantes en el medio rural estén también insertos en él.
La orientación de construir nuevas instancias organizativas distintas de las organizaciones existentes ha sido trazada desde los más altos niveles de responsabilidad del Programa Nacional de Solidaridad. Ello -se ha dicho- es resultado de la voluntad por llegar directamente a la base, impidiendo que el apoyo quede estancado en los interlocutores tradicionales. Una opinión ampliamente extendida en muchos de los mandos del Programa, es que las organizaciones campesinas tradicionales -oficiales o autónomas- tiene un funcionamiento cupular y prácticas clientelares. Los CLS y los FRS serían, en esta lógica, los instrumentos organizativos para canalizar la ayuda comunitaria sin intermediarios.
La importancia de los CLS y de los FRS es significativa. A través de ellos circulan la mayor cantidad de recursos financieros frescos que están llegando al campo. Sin las trabas burocráticas de otras formas de asociación, los campesinos en condiciones de pobreza extrema pueden obtener a través de ello crédito sin interés de 215 mil pesos por ha. hasta un máximo de dos has. Se explica así, que entre los productores de café se hubieran formado, hasta abril de 1991, 3 mil CLS.
Es así como muchas organizaciones regionales ante la incapacidad de obtener directamente recursos frescos se han desdoblado y han organizado Comités Locales de Solidaridad. Si bien, ellas no obtienen recursos, sus miembros pueden acceder a ellos. Las consecuencias de este proceso son relevantes. Una parte muy significativa del nuevo liderazgo campesino se había estructurado a partir de la lucha que en los últimos doce años libraron un conjunto de organizaciones económicas de productores. Estas organizaciones eran regionales, precisamente porque es en el ámbito de la región donde se puede enfrentar más adecuadamente la lucha por el control de los mercados y contra los cacicazgos; esto no se puede hacer en el nivel estrictamente comunitario y tampoco se puede enfrentar adecuadamente desde un funcionamiento centralizado nacionalmente. La lógica de Solidaridad, entonces, debilita los liderazgos regionales fortaleciendo el nivel local-comunitario, que es, por si solo, incapaz de enfrentar los procesos de comercialización. Sólo aquellas organizaciones regionales con un funcionamiento relativamente consolidado y con un liderazgo auténtico, o con apoyos oficiales por otras vías, pueden desdoblarse adecuadamente. El hecho es significativo: las organizaciones oficiales tienen la posibilidad de encontrar canales para acceder a recursos estatales con mucha mayor facilidad que las organizaciones autónomas.
Los CLS son instrumentos que permiten una distribución adecuada del crédito individual para la producción, pero, no garantizan su recuperación, ni permiten enfrentar tareas que, como en el caso de la comercialización requieren de empresas asociativas de segundo nivel y de financiamiento colectivo. Alrededor del INI, se han constituido organismos regionales,que enfrentan la lógica del desarrollo desde un terreno no estrictamente comunitario: los FRS. En liderazgos regionales existentes previamente, aunque en algunos casos los viejos liderazgos se han integrado a los nuevos. Sin embargo, no han guiado su operación a partir de la definición de programas de desarrollo rural integral.
La operación de los CLS y de los FRS -sobre todo de los primeros- dista de ser homogénea. Variantes regionales, organizativas y políticas inciden en que su funcionamiento sea diferenciado en cada una de las regiones donde actúan. En este contexto de diversidad regional lo mismo pueden encontrarse CLS que son instrumentos de organización comunitaria autónoma, que CLS que son herramientas de las fuerzas caciquiles regionales para golpear la organización autónoma.
La mezcla del proceso de reorganización campesina a partir de las instancias de solidaridad y el retiro estatal de la vieja intervención en el agro sin la existencia de un nuevo modelo definido, ha propiciado, en las esferas oficiales, el surgimiento de una diversidad de conflictos entre diversas esferas burocráticas. En la medida en que los viejos canales corporativos no son ya la vía exclusiva para derramar recursos y atender la demanda social, han surgido una nueva red de interlocutores desde abajo, que no están supeditados a las viejas lealtades políticas. En ocasiones estos conflictos interburocráticos se han convertido en verdaderos conflictos políticos en los que las nuevas dirigencias campesinas tienen que definir sus lealtades políticas. Aunque las dirigencias campesinas han respondido con pragmatismo "poniéndose el sombrero" que sea necesario para obtener los recursos, la confusión de estas líneas de autoridad pueden provocar ha sido, en algunas regiones y sectores, grande.
Excepcionalmente se han generado nuevos movimientos campesinos alrededor de Pronasol sobre la base de viejos formatos organizativos. Una de esa excepciones notables es la de Morelos.
Las reformas al 27
Las reformas al 27 constitucional convulsionaron profundamente al movimiento campesino. La iniciativa se presentó antes de lo que las organizaciones habían previsto y con transformaciones que iban más allá de lo imaginado. La acción combinada de las presiones gubernamentales, la celeridad con la que se planteó el debate de comparación con los ritmos de discusión internos en las distintas organizaciones, la designación de interlocutores de manera unilateral, y el carácter mismo de las reformas, provocaron profundos reacomodos tanto al interior mismo de las organizaciones como en sus políticas de alianzas.
La respuesta inicial de las organizaciones campesinas ante la iniciativa gubernamental fue de un rechazo casi generalizado para pasar después a matizar sus posiciones. La promulgación presidencial de "los diez puntos para la libertad y la justicia en el campo", atemperó los ánimos.
La respuesta campesina impuso allí un vuelco en la correlación de fuerzas que obligó al Ejecutivo Federal ha hacer concesiones originalmente no pensadas.
Muy rápidamente se conformaron al interior del movimiento tres grandes posiciones: la de quienes se sumaron a ellas con disposición y unos cuantos reparos -formado por la mayoría de las organizaciones oficiales y el sector hegemónico de la UGOCP-; la de quienes se opusieron a ellas con beligerancia -y que estructurarían primero el Movimiento Nacional de Resistencia y Lucha Campesina (Monarca) y el Plan de Anenecuilco y después la Coordinadora de Organizaciones Agrarias (COA)-, y la de quienes buscaron una posición intermedia de apoyo crítico a algunos aspectos de la iniciativa y rechazo de otros -UNORCA y las nacientes convergencias-.
Días después, la decisión gubernamental de hacer firmar al conjunto de las organizaciones campesinas nacionales un Manifiesto Campesino en apoyo a las medidas, precipitó una compleja situación de rupturas, deslindes y llamados a rendición de cuentas en la mayoría de las direcciones de las organizaciones campesinas autónomas e independientes.
En contra de los que muchos esperaban, la posición del CAP distó mucho de ser sumisa de las iniciativas gubernamentales. Llegó incluso a consensar a su interior un documento en muchos sentidos crítico a las reformas que fue leído en las comparecencias en la Cámara de Diputados. Sin embargo, durante todo el período de debates, el CAP se cimbró y mostró su debilidad como pacto de dirigencias campesinas nacionales. Por momentos su sobrevivencia estuvo en peligro. Finalmente, sólo el movimiento de los 400 pueblos decidió abandonar al organismo cúpula. Sin embargo, las contradicciones al interior de las organizaciones y entre ellas mismas no disminuyeron.
La convocatoria a movilizaciones regionales en contra de las reformas tuvieron una audiencia muy limitada. Muchos de los destacamentos que se manifestaron por realizar acciones de masas enarbolaron campañas estructuradas en torno a la denuncia de la iniciativa en lo general, pero se movilizaron realmente con el "gancho" de la solución de demandas concretas.
Recién aprobadas las reformas se desarrollaron una gran cantidad de reuniones regionales y nacionales para analizar las implicaciones de éstas y prepararse para los tiempos nuevos. En el centro de estos encuentros estuvo con frecuencia el debate sobre la posibilidad y la conveniencia de generar nuevos acuerpamientos nacionales. Probablemente, el más relevante fue el que sectores de las direcciones de UGOCP, UNORCA y ALCANO promovieran para, junto con otras fuerzas locales, constituir un nuevo acuerpamiento. Ni ésta, ni otras alternativas prosperaron en el corto plazo. Las resistencias nacieron del interior mismo de las organizaciones que vieron las iniciativas con temor y desconfianza.
En el centro de las propuestas por generar nuevos polos organizativos está, sin lugar a dudas, la voluntad por asumirse como interlocutor de los nuevos cambios y como beneficiarios de la derrama económica que acompañará a las reformas.
Las reformas han provocado también un profundo reacomodo en las referencias gubernamentales que las organizaciones campesinas tenían antes de ellas. El conjunto de las organizaciones campesinas habían construido, a lo largo de los años, un conjunto de relaciones con funcionarios del sector agropecuario, que eran canales de solución de sus conflictos. Usualmente, estas relaciones no hipotecaban su autonomía. Las reformas provocaron que esos funcionarios ganaran o perdieran poder e influencia y que reconstruyeran sus alianzas. Las organizaciones campesinas se vieron envueltas en estas transformaciones y juegos de poder. En la reconstrucción de esta cadena de relaciones se debate en mucho la nueva influencia que los distintos grupos al interior del Estado tendrán sobre el movimiento campesino.
Las otras reformas
Las reformas al 27 son, sin embargo, sólo una parte de las reformas promovidas desde el Estado en el agro. Estas, vistas en conjunto, tienen varias aristas. La primera tiene que ver con el retiro de la vieja intervención estatal en el agro, una apertura económica drástica y la lenta definición del nuevo rol del Estado en el sector. La segunda, derivada de la primera, parte de someter a la economía campesina a las leyes del mercado -incluida la tierra- con muy pocos candados estatales. La tercera está relacionada con el reconocimiento de nuevos interlocutores sociales para el desarrollo y la asistencia en el nivel comunitario, al margen de los viejos canales corporativos, impulsado por el Pronasol. El cuarto tiene que ver con un nuevo esquema de relación entre campesinos y Estado, que tiene como punto medular el desvanecimiento de la influencia de los sectores dentro del PRI y la creciente importancia asignada a la organización territorial. El quinto está relacionado con el fin del reparto agrario o del "rezago" agrario, "piedra de toque" de la mayoría de las organizaciones campesinas. Finalmente, el sexto elemento de esta reforma tiene que ver con la modernización de la CNC y el avance a su interior de una posición articulada alrededor de las organizaciones económicas campesinas. Cada una de estas aristas afectan de manera de distinta a los acuerpamientos agrarios, pero afectan a todas significativamente.
El fin del Estado interventor y la apertura de México al mercado internacional sacudieron violentamente este esquema de organización y lucha campesina. Aunque las movilizaciones por subsidios a ciertos productos y por establecer aranceles en otros tenían también como referencia obligada al Estado, la necesidad de competir de manera creciente en el terreno del mercado, quienes mayores posibilidades de sobrevivencia mostraron fueron aquellas organizaciones de lucha. Posteriormente, el fin del reparto agrario, la canalización de recursos frescos a través de interlocutores comunitarios diferentes a los dirigentes nacionales o regionales impulsada por Pronasol, y el con- junto de reformas al 27 constitucional, harían que las organizaciones de matriz agrario-electoral entraran en una profunda crisis de identidad.
Efectivamente, los cambios en la política macro les cambiaron las "reglas del juego"; Pronasol -como hemos visto- erosionó su capacidad de gestión desde abajo; el fin del reparto agrario los despojó de una de sus principales banderas, tanto para organizar clientelas como para negociar con el Estado su función de intermediario social; el desarrollo de organizaciones en el terreno de la producción, comercialización y abasto creó interlocutores distintos, mejor adaptados a las nuevas reglas de funcionamiento; y, la reforma del PRI o el surgimiento del PRD sobre la base de una política ciudadana, los dejó en condiciones de gran desigualdad para negociar posiciones electorales.
En ese contexto, las viejas organizaciones campesinas estas "heridas de muerte". Su vieja intermediación alrededor de los comisariados ejidales y la lucha por la tierra encabezada por centrales no existirán ya más. En mucho su sobrevivencia dependerá tanto de su capacidad para adaptarse a las nuevas reglas del mercado, como a su fuerza en la definición de políticas públicas, como a las posibilidades de organizar a los jornaleros agrícolas. Un nuevo movimiento campesino está hoy gestándose al seno del viejo. Sus posibilidades de desarrollo exitoso están relacionados estrechamente con el curso que la reforma del PRI y el Estado sigan, así como por la forma en la que los distintos partidos políticos se relacionen con los nuevos movimientos. Pero, de manera fundamental, su futuro depende de lo que los propios campesinos hagan con sus organizaciones. Lo que hoy está en juego es el perfil del movimiento campesino hacia el nuevo milenio.
TITULO DEL RECUADRO:
Cuadro 1

Acrónimos

ACR Alianza Campesina Revolucionaria
RECUADRO:
ALCANO Alianza Campesina del Noroeste
CAM Confederación Agrarista Mexicana
CAP Congreso Agrario Permanente
CCC Central Campesina Cardenista
CCI Central Campesina Independiente
CIOAC Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos
CNC Confederación Nacional Campesina
CNOC Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras
CNPA Coordinadora Nacional Plan de Ayala
CNR Coordinadora Nacional Revolucionaria
CODUC Comisión Organizadora de la Unidad Campesina
FNDP Frente Nacional Democrático Popular
MLN MoviMiento de Liberación Nacional
MN 400 Movimiento Nacional de los 400 pueblos
PCM Partido Comunista Mexicano
MONARCA Movimiento Nacional de Resistencia y Lucha Campesina
PMT Partido Mexicano de los Trabajadores
PP Partido Popular
PRI Partido Revolucionario Institucional
PRT Partido Revolucionario de los Trabajadores
PST Partido Socialista de los Trabajadores
UCD Unión Campesina Democrática
UCEZ Unión de Comuneros Emiliano Zapata
UGOCM Unión General de Obreros y Campesinos de México
UGOCP Unión General Obrero Campesino Popular
UNORCA Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas
UNTA Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas
TITULO DEL RECUADRO:
Cuadro 2

Organizaciones que forman el congreso agrario permanente


RECUADRO:
1) ACN-Alianza Campesina del Noroeste
2) CAM-Confederación Agrarista Mexicana
3) CCC-Central Campesina Cardenista
4) CCI-Central Campesina Independiente
5) CIOAC-Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos
6) CNC-Confederación Nacional Campesina
7) CODUC-Comisión Organizadora de Unidad Campesina
8) UGOCM-Unión General de Obreros Agrícolas y Campesinos de México
9) UGOCP-Unión General Obrera Campesina Popular
10) UNORCA-Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas
11) UNTA-Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas
TITULO DEL RECUADRO:
Cuadro 3

Organizaciones campesinas nacionales que no forman parte de la CNPA


RECUADRO:
1) Antorcha Campesina
2) Coordinadora Nacional Plan de Ayala
3) Consejo Nacional de Pueblos Indios -Nacional, con reservas-
4) Movimiento Nacional de los 400 Pueblos
5) Unión Campesina Democrática
TITULO DEL RECUADRO:
Cuadro 4

Organizaciones campesinas por ramas de producción o servicios fuera de las centrales oficiales


RECUADRO:
1) Asociación Nacional de Distribuidores de Fertilizantes del Sector Social
2) Asociación Nacional de Agricultores Orgánicos
3) Asociación Nacional de Uniones de Crédito del Sector Social
4) Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras
5) Red de Maiceros
6) Red de Productores Forestales
7) Red de Sorgueros
TITULO DEL RECUADRO:
Cuadro 5

Ejes organizativos de las organizaciones campesinas


RECUADRO:
1) Organizaciones Agrario-Electorales/Organizaciones Económico-Productivas
2) Organizaciones Oficiales/Organizaciones Independientes
3) Organizaciones Independientes/Organizaciones Autónomas
4) Centrales Nacionales/Redes de Organizaciones Regionales
TITULO DEL RECUADRO:
Cuadro 6

Organizaciones nacionales comprometidas con el nuevo movimiento campesino


RECUADRO:
1) Alianza Campesina del Noroeste
2) Confederación Nacional Campesina
3) Redes Nacionales por Sector Productivo y Servicios
4) Unión Obrera Campesina Popular
5) Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas
TITULO DEL RECUADRO:
Cuadro 7

Organizaciones campesinas comprometidas con Coa-Monarca


RECUADRO:
1) Alianza Campesina de Sinaloa
2) Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos
3) Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Itsmo
4) Coordinadora Nacional Plan de Ayala
5) Frente Democrático de Chihuahua
6) Unión Campesina Democrática
7) Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo
8) Unión General Obrero Campesino Popular-Fracción Valero
9) Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas
10) Acuerpamientos Regionales Diversos
CITAS:
[*] Asesor de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras.
[1] Ello a pesar de que, según Héctor Hugo Olivares Ventura, su dirigente en 1988. "la CNC es la mayor fuerza organizadora económica y productiva del medio rural, porque las empresas sociales que participan en la junta de modernización representan al grupo social que labra el 52% de la superficie ejidal y agrupa a casi el 60% de los ejidatarios y comuneros del país y sus activos suman más de siete billones de pesos, lo que equivale al valor total de la producción a precios de 1986."
[2] Es el caso, por ejemplo, del café, donde se promueve la creación de Unidades Económicas de Producción y Comercialización, UEPCs.
[3] Este es el caso, por ejemplo, de los cebaderos del altiplano -por ejemplo- participaban en la CNPA como Organización de Pueblos del Altiplano, en la red de Consejos de Abasto como Consejo Comunitario de Abasto de San Pedro Tlacotepec, en la red Anadeges como Unión de Productores de Leche y en la UNORCA como Unión Campesina del Altiplano.
[4] Desde el punto de vista de la UNORCA plantea la independencia del Estado a ultranza, en un movimiento como el campesino, no puede llevar sino al aislamiento o a la confrontación. Es por ello necesario replantear el problema desplazando la cuestión de la independencia a la cuestión de la generación de formas de gobierno gestadas desde las organizaciones campesinas sin intervención externa, es decir, a la cuestión de la autonomía. Además, definirse como autónoma en lugar de independiente permitía penetrar dentro de las filas de las centrales campesinas oficiales sin tener que forzar a sus miembros a una definición política apresurada o inadecuada. Por lo demás, plantearse una estrategia de construcción de autonomía por sobre una estrategia de independencia orgánica, posibilitaba, en el contexto de un sistema corporativo, crecer socialmente sin tener que enfrentarse frontalmente con el Estado.
[5] Tenía como antecedentes las distintas experiencias de organización para la producción impulsadas a partir de la U.E. de Bahía de Banderas, en Nayarit.
[6] Formada por 54 ejidos colectivos nacidos de la lucha por la tierra, la Coalición generó desde una estructura de funcionamiento altamente participativa hasta la primera unión en crédito del sector social autónomo. Con sus éxitos económicos iniciales, la Coalición mostró que el sector ejidal podía ser económicamente rentable
[7] Las organizaciones cafetaleras exigieron un precio mayor a su grano por parte de la institución oficial argumentando su petición a partir de un estudio técnico. Siguiendo la experiencia de la Unión de Uniones en Chiapas, la negociación abrió el abanico de demandas. Un año después el ciclo de lucha volvió a repetirse, sin embargo, la respuesta estatal fue mucho más limitada. Varias de las organizaciones plantearon entonces que en lugar de vender el producto a la paraestatal tenían que desarrollar sus propios instrumentos financieros y comerciales, construir sus beneficios y almacenes, para exportar directamente su producción al mercado internacional. Algunas otras, concebidas como organizaciones multiactivas y enclavadas en regiones llenas de carencias, comenzaron a desarrollar proyectos de desarrollo regional y a incursionar en actividades ligadas a la asistencia, a la electrificación, a la construcción de caminos, etc... El "cambio de terreno" avanzó más rápidamente que en otros sectores.
[8] De sus filas salieron primero la UCEZ y la ACR, después un conjunto de organizaciones influidas por el PRT que junto con acuerpamientos provenientes de la UGOCM-roja y desprendimientos del PMT formarían la UGOCP, más adelante abandonarían sus filas una serie de fuerzas ligadas al PRD, y finalmente seguirían el mismo rumbo destacamentos asociados al FNDP.
[9] Entre los objetivos del evento estaban la búsqueda de la unidad de acción de las distintas fuerzas regionales, y la disposición de "actuar en plano nacional como factor de convergencia entre las distintas agrupaciones de carácter nacional." Allí se firmó un acuerdo de unidad campesina entre la UNORCA, la CIOAC, la UNTA y la UTC, en el que se acordó, además de un plan nacional de lucha, el avanzar hacia formas de coordinación nacional. Las centrales oficiales, que también habían sido invitadas al acto, no asistieron.
[10] Según uno de los participantes, el Encuentro fue "una oportuna respuesta política unitaria y de reafirmación de la autonomía de las organizaciones participantes, frente a los intentos de cooptación y neocorporativización del salinismo, en nombre de la concertación y la modernizador en el campo."
[11] A su principal dirigente se le critica su pasado en las filas de la izquierda, su tardía incorporación a la CNC, su afán por "unorquizar" la organización y su origen no campesino. Los sectores más retrógrados han tratado de asociar su persona con el cardenismo.

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