Nueva narrativa universal



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Nueva narrativa universal
La novela de los siglos XVIII y XIX, con su notoria dosis de realismo social aspiraba a reproducir de la manera más exacta la superficie de la existencia cotidiana, con el propósito de enjuiciar sus desajustes y conflictos. Algunos narradores que utilizaron el Realismo como estética serán: Balzac en, por ejemplo: “Papa Goriot”, Flaubert en “Madame Bovari” y Tolstoi en “Ana Karenina”.

El objetivo de la literatura realista era como considerara en propio Balzac copiar la realidad como si la novela fuera un espejo. Para hacerlo se nutrieron de un fondo real y acontecimientos que se sentían verosímiles a pesar de ser ficticios, de allí que utilice de forma excelente un lenguaje utilitario0 y descriptivo. En antítesis con éste, y teniendo en cuenta que la mirada del hombre de siglo XX no es la de una realidad objetiva, capaz de ser captada por un mero ejercicio de observación ni por reglas científicas, tenemos un uso diferente, un lenguaje simbólico, alegórico; basta echar un vistazo a la “parálisis” de Joyce para comprender que ésta es una guiñada mostrando, no una problemática física, sino una condición social y moral de incapacidad para el progreso espiritual, por la falta de convicciones y valores reales.

La narrativa del siglo XX se caracteriza por ser una narrativa no realista, no objetiva, que tuvo como finalidad fundamental cuestionar la realidad constantemente. Este cuestionamiento surge de la propia insatisfacción de vivir en ella, de ese sentimiento de pertenecer a un mundo que no da nada, que está vacío de espíritu y que se mueve solo en la materialidad. Este mundo que ha dado prioridad a los avances de la ciencia y la tecnología, al consumo y la vida placentera y que, aún así solo produce dolor e insatisfacción porque tiene hambre de emociones. Tenemos entonces las historias de Faulkner, su crítica a la discriminación y la violencia en “Setiembre abrasador”, su dolor por el negro norteamericano, su dolor por el hombre que muere por una culpa social, una culpa que la sociedad le impone solo por su color. También es inviolable la mirada frente a este tema de Ray Bradbury en “El otro pie”.

Otros se enmarcarían en el absurdo, como Kafka en “La metamorfosis” o “El proceso”. Algunos darán tienda suelta a la más profunda desesperanza y dolor, mostrando la soledad desde una mirada tremendamente punzante, como por ejemplo Ernest Hemingway en su nouvelle: “El viejo y el mar”.

Volviendo a la estética Realista diremos que dada la intención de los narradores del siglo XIX el uso del lenguaje debía ser adaptado a las necesidades de la expresión y la estética. Hicieron uso pues, de un lenguaje utilitario, descriptivo que debía captar la realidad y pintarla en la letra; se nos hace inevitable recordar la pensión en “Papa Goriot”, el manejo de la técnica descriptiva es tan sobresaliente que uno puede sentir los olores y ver la decadencia con solo acercar la emoción y dejarse llevar por la línea y la palabra.

Existía una condición en cuanto al manejo de los personajes, en la narrativa realista del siglo XIX el héroe es lo central en la historia, generalmente un joven que busca adaptarse y triunfar en la sociedad, hacer fortuna, mediante, mayormente, el casamiento. En la narrativa del siglo XX sin embargo, no podía faltar la representación estética de ese hombre sin sentido y hueco, vacío, incapaz de superarse, los personajes o héroes pierden importancia y la trama los supera llegando a ser lo central. Retornemos a las páginas de Joyce y volveremos a ver dos hermanas que no aparecen prácticamente, a pesar de que el autor titulara su texto presentándolas como señoras en el mismo: “Las hermanas” o su “Ullises” que es el más vacío de los personajes, donde su mundo no se transforma porque las manos están atadas a esta misma desesperanza e imposibilidad de producir un mundo moral, espiritual y sensible. El hombre se ha rodeado de objetos y entonces las cosas lo devoran. Aún en el momento de la muerte es difícil llegar a comprender el sentido que la vida ha tenido, la sensación de insignificancia no los abandona y los lleva a la violencia y al sentimiento de rabia e incertidumbre como a “Hollis” en el “Caleidoscopio” de Bradbury, o a una búsqueda desesperada de algo espiritual más allá de las hipocresías del mundo, una búsqueda a ciegas de algo que sea trascendental, porque se ha perdido la posibilidad de trascender como ser espiritual y emocional, como le ocurre al “Capitán Hart” en el cuento de Bradbury “El hombre”.

Volviendo a la novela del siglo XIX, entonces, y teniendo en cuenta el contexto de esta, no es raro que se base en criterios individualistas y competitivos, propios de la sociedad burguesa. De allí que Lúckacs dice que esta propuesta narrativa es el representante por excelencia del pensamiento burgués. Diferente sería pues la narrativa, ya que en un mundo que descree de la realidad, como es el mundo del siglo XX, donde este concepto es tremendamente cuestionado y vapuleado, es normal que asistamos a la recreación del mismo a través de una composición fragmentaria y caótica; esta es otra de las características que nos permiten oponer y diferenciar la narrativa del siglo XX del anterior realismo.

Si pensamos en una narrativa como la que vivió el siglo XIX, nos preguntamos pues cuál será entonces el narrador, la voz narrativa capaz de expresar mejor este mundo, sin duda el narrador omnisciente, en tercera persona. Es el encargado de narrar después de una compleja trama el desenlace feliz o infortunado del personaje, ya que la novela del siglo XIX, así como sus cuentos, tienen siempre una resolución claramente especificada. Sus finales dan lugar a las lágrimas o a las sonrisas pero siempre nos dejan con la satisfacción de una resolución definida. Frente a este narrador, en la nueva narrativa encontramos técnicas tan originales como complejas, a la hora de abordar un texto de esta etapa: narradores en primera y segunda persona; la técnica del punto de vista o técnica de collage donde las realidades se construyen a través de varios ojos que complejizan cambiando de colores dependiendo de quien la disfrute. Un personaje puede ser así mismo un demonio y un ángel en una misma obra, una situación puede tener muchas lecturas y muchas de ellas contradictorias dependiendo de quién cuente la historia.

Siendo, en el siglo XIX representada la sociedad burguesa, su ideología más finamente construida debía entonces empapar todo el campo narrativo; por excelencia estas obras reflejaban la moral burguesa. Una moral hipócrita, acartonada, que coartaba las libertades emocionales bajo un modelo que favorecía siempre a ese mundo competitivo y vulgarmente disfrazado del burgués. Frente a esta moral burguesa, la narrativa del siglo XX que asitía a la degradación de todos los elementos que habían conformado la fortaleza de la sociedad burguesa del siglo XIX, desborda de irreverencia poniendo en juego y en la realidad aparentemente ordenada y coherente. Qué mejor que la inocencia del niño para mostrar la suciedad y degradación de la sociedad; recordemos sino la mirada del ni´ño en el cuento “Las hermanas” de Joyce y el impacto de sus jóvenes ojos en la trama. Recordemos también la complejidad de la realidad cuando asistimos con Faulkner a la mirada de los locos, esos que distorsionando el mundo logran darnos una imagen totalmente fehaciente de la degradación en la que gozamos y vivimos sin inmutarnos.

Se intenta mostrar el fluir de la conciencia y lo más profundo de ese ser complejo que es el hombre también a través de una técnica que perfeccionó de forma excelente James Joyce, el monólogo interior. Para ser precisos,ya en 1887, Edouard Dujardín, un representante menor del Simbolismo, publica “Los laureles fueron talados”, en donde se proponía registrar el flujo de conciencia de un hombre joven que lleva a cenar a una bella actriz; sin embargo será Joyce , en el siglo XX en su “Ullises” quien logra en realidad captar esa materia desordenada, caótica, totalmente honesta, en cuanto que no ha sido violada todavía por la conciencia, donde el “yo” no ha puesto todavía su marca.

Otra de las técnicas utilizadas con el fin de lograr alcanzar el fluir de la conciencia, llegando a comprender o al menos tocar la complejidad del hombre, que ya nos había mostrado Sigmund Freud, será el intento de captar el subconciente a través de la memoria onírica. El sueño y ese momento entre el sueño y la vigilia, donde todo es posible y todo se vuelve duda, esa luz-oscuridad que complejiza el mundo y le da una nueva belleza a la vez que una carga de profundo misterio, había sido ya descubierto por los simbolistas franceses, Mallarmè, entre otros, sería también la materia poética del Surrealismo. Parta comprender su importancia basta recordar como “Ícaro Montgoltfiel Wrigh” llega a encontrar su verdadero yo, sumergido en las aguas seductoras del sueño.

La narrativa de siglo XX busca mostrar todo lo que está detrás de lo aparente, juega con el tiempo dándose muchas veces una pérdida del hilo anecdótico. Para ello empleó muchas técnicas que han sido explotadas arduamente por el cine, como el flash back, la preposteración y las anáforas, así como también el manejo de dos tiempos diferentes que entran en caótica comunión: el tiempo interior y el tiempo cronológico.

La narrativa de siglo XX verá el auge de nuevas tendencias narrativas, nuevos subgéneros, que aunque no nacieron con el siglo se popularizaron con él, ya que éste permite una variedad inmensa de posibles realidades; dado esto se fortalece la Literatura fantástica, la Ciencia Ficción, las novelas policiales y el Realismo mágico.

FICCIÓN CIENTÍFICA
Es esta un verdadero oxímoron, traducida de la expresión Science-fiction. La llamada Ficción científica o Ciencia ficción en Literatura es un subgénero narrativo relativamente nuevo, dentro de esta magnitud que denominamos literario. Considerados como auténticos creadores del género encontraremos a Jules Verne y Herbert G Wells, aunque algunos críticos ven ya en “Frankenstein” de Mary Shelley la primera obra de este género, trazando los inicios entre 1918 y 1935.

La expresión proviene del inglés y fue acuñada por primera vez por Hugo Gernsbarck en 1923, consagrada en una de las revistas más importantes que se dedicó a este género: Amazing. La misma se utiliza para caracterizar un tipo de narraciones breves cuya trama argumental versa sobre acontecimientos que ocurren en un mundo futuro de carácter fantástico. Dichos acontecimientos se imaginan desde las posibilidades del desarrollo de la ciencia. Se encuentra siempre a medio camino entre el relato de utopía y la novela de aventuras. Su popularidad está marcada por el desarrollo de la técnica, que le ha permitido alcanzar cierto prestigio.

Los protagonistas suelen estar definidos psicológicamente, y en general, no afloran en ellas motivaciones sentimentales.

En este tipo de obras puede adelantarse lo que vendrá o ensayarse hipótesis luego verificables científicamente. De hecho ha anticipado el uso de la bomba atómica y los viajes a la luna: De la tierra a la luna , Jules Verne.

Hay grandes vertientes dentro de estos relatos: a) la exploración del espacio y aventuras en otros planetas; b) viajes por el tiempo; c) el tema de mundos paralelos; d) proyección de una utopía política de signo positivo-negativo.

En esta literatura se traza la visión de una futura realidad imaginaria, utilizando para ello conceptos e imágenes procedentes de la ciencia y de la técnica. Suele aparecer en ella cierta crítica social, también aventuras y sucesos inesperados. Aparecen también: datos experimentales e informaciones pseudocientíficas para dar verosimilitud.

En general, sobre todo en sus inicios se vende en forma de ediciones de bolsillo a bajo precio, mediante cómics y productos radiofónicos, cinematográficos o televisivos (estos dos últimos fundamentalmente en la actualidad).

Algunos de los temas recurrentes serán: la invasión a la tierra por poderes extraños, encuentros extraterrestres, superación de las fronteras del tiempo y el espacio, mutaciones biológicas y psicológicas, visiones apocalípticas, guerras atómicas; para citar algunos. Una de las reflexiones que ha permitido además es el riesgo de la autodestrucción por medio de los avances científicos y el uso que se hace de ellos.

La época de Oro de este género se dará entre 1938 y 1950, en este período se consagra. Se funda en 1930 Astounding Science Fiction y publican allí los nuevos maestros del género: Isaac Asimov, Arthur C Clarke y Robert Heinlein. Posteriormente tendremos la obra de uno de sus mejores exponentes Ray Bradbury.

Sin lugar a dudas una de las fuentes fundamentales para la publicación de este tipo de literatura serían las revistas. The Argosty(1986), All Story (1911) entre otras, tendrían gran importancia. Hay revistas norteamericanas dedicadas al género que conocen tiradas mayor a los cien mil ejemplares.


Definición de Isaac Asimov: Rama de la literatura que trata sobre las respuestas humanas a los cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología.
Definición de K Amis: “Es un relato en prosa cuyo tema es una situación que no podría presentarse en el mundo que conocemos, ,pero cuya base es la hipótesis de una innovación en el campo de la ciencia o de la tecnología o de la pseudociencia o pseudotecnología.
Definición de Ray Bradbury: “La ficción científica es un martillo maravilloso, me propongo usarlo para que los hombres vivan como quieran”
Ray Bradbury
Ray Douglas Bradbury; Waukenaun, Illinois, 1920 - Los Ángeles, California, 2012 fue un novelista y cuentista estadounidense conocido principalmente por sus libros de ciencia ficción. Alcanzó la fama con la recopilación de sus mejores relatos en el volumen Crónicas marcianas (1950), que obtuvieron un gran éxito y le abrieron las puertas de prestigiosas revistas. Se trata de narraciones que podrían calificarse de poéticas más que de científicas, en las que lleva a cabo una crítica de la sociedad y la cultura actual, amenazadas por un futuro tecnocratizado. En 1953 publicó su primera novela, Fahrenheit 451, que obtuvo también un éxito importante y fue llevada al cine por François Truffaut. En ella puso de manifiesto el poder de los medios de comunicación y el excesivo conformismo que domina la sociedad.

Ray Bradbury se graduó en la escuela secundaria en 1938, y se ganó la vida como vendedor de periódicos hasta 1942. Comenzó a escribir desde niño, pero publicó su primera historia en 1938, en una revista de aficionados. Adquirió la certeza de lo que sería su estilo cuando compuso The Lake. En 1943 dejó el trabajo de vendedor de periódicos y se dedicó a escribir a tiempo completo, publicando en diversos medios numerosos relatos breves, hasta que en 1950, con la aparición de Crónicas marcianas, comenzó su ascendente fama literaria. En sus páginas, que relatan los intentos de los terrestres por colonizar el planeta Marte, se reflejan las angustias y ansiedades que existían en la sociedad norteamericana de la década de los cincuenta, ante el peligro de una guerra nuclear.

Considerados un clásico de la ciencia ficción, este conjunto de relatos interdependientes recoge no sólo las vicisitudes de la colonización del planeta Marte sino también la caída de su civilización, abarcando un período comprendido entre 1999 y 2026. Los marcianos poseen notables poderes telepáticos, lo que causa graves contratiempos a las tres primeras expediciones. La cuarta aporta al planeta la varicela, que contagia a los indígenas y acaba con su resistencia.

A continuación, se desarrolla la obra colonizadora, que aporta al planeta los aspectos más negativos de la cultura occidental. Sólo un mexicano, que conserva las esencias de su cultura indígena, consigue establecer una auténtica comunicación con un marciano que, a su vez, es depositario de las tradiciones desplazadas por la hegemonía de los colonizadores. Éstos han degradado a tal punto la civilización autóctona que en uno de los relatos un marciano utiliza sus poderes telepáticos para divertir a los nuevos amos adoptando las personalidades que le solicitan. También los negros estadounidenses establecen asentamientos para huir de la discriminación. Finalmente, el planeta casi se despuebla porque una amenaza bélica en la Tierra induce a los colonos a regresar. Los pocos que permanecen en Marte se convierten en los "nuevos" marcianos.

En 1951 publicó uno de sus libros mayores, El hombre ilustrado, compuesto por varios relatos de naturaleza fantástica, y dos años más tarde otro de los más representativos, Fahrenheit 451 (título que alude a la temperatura en que los libros empiezan a arder).Fahrenheit 451 narra la historia de una ciudad del futuro dominada por los medios audiovisuales, en la que se acosa el individualismo, están prohibidos los libros, y los bomberos, brazos ejecutores de un Estado totalitario, son los encargados de quemarlos. Al margen de la sociedad, un grupo de hombres recluidos en los bosques decide memorizar textos enteros de filosofía y literatura para preservar la cultura.

Esta fábula moralizante ha sido considerada como una gran obra antiutópica y acaso premonitoria, y fue llevada al cine por François Truffaut. En el relato de Bradbury se exponen de forma minuciosa las razones de la prohibición de los libros en boca del jefe de bomberos, Guy Montag. Frente a sus argumentos se expone el punto de vista de un profesor que aconseja a Montag y que pone de relieve las características positivas de la lectura. De este modo se desarrolla una reflexión que se enriquece con referencias a los clásicos.

Bradbury advierte de los peligros y las amenazas que incumben a una sociedad enteramente automatizada, olvidada de los valores tradicionales de la cultura, y próxima al exterminio atómico. Consigue climas sardónicamente alucinantes en cuentos como There will come soft rains (1950), donde una casa robotizada prosigue realizando los movimientos programados, en un mundo carente ya de vida, hasta su postrer quema liberadora, o en The Veldt (1950), donde otra casa automatizada, casi dotada de vida propia, masacra, con la complicidad de los niños, a los padres de éstos.

Pero Bradbury no sólo cultivó la ciencia ficción y la literatura de corte fantástico, sino que escribió también libros realistas e incluso incursionó en el relato policial. Su prosa se caracteriza por la universalidad, como si no le importara tanto perfeccionar un género como escribir acerca de la condición humana y su temática, a través de un estilo poético.

Precisamente por este rasgo algunos críticos no lo consideran un escritor de ciencia ficción como tal y les resulta difícil catalogarlo en uno u otro campo de la literatura. Como ejemplo de ello suelen citarse relatos breves, muy sutiles y tiernos, como Casa dividida y El robo del siglo, o la poética novela El vino del estío. Además del problema de una guerra atómica, de la censura en un mundo por venir y del peligro implícito en las técnicas y la ciencia, trató temas más cotidianos como el racismo, el miedo a la muerte, el amor y la infancia.

Escribió también guiones de cine, como el de la película Moby Dick, de John Huston, así como guiones para series televisivas como Alfred Hitchcock presentaLa dimensión desconocida. En 1963 se publicaron sus obras teatrales, reunidas bajo el título The Anthem Sprinters. Sus relatos cortos han sido incluidos en más de 700 antologías. Aparte de los mencionados, son también muy conocidos títulos como El árbol de las brujas o Cementerio para lunáticos.




Ray Bradbury: el siglo XX y la Ciencia ficción.

El siglo XX se ha caracterizado por los avances de la tecnología, medicina y ciencia en general, pero también por atrocidades humanas, en las cuales estos avances, han dejado su impronta y su marca muchísimas veces. Era previsible que el gusto y afán por explotar e incursionar en este medio se diera con verdadera pasión en la literatura de principio de siglo XX.

Como acontecimiento relevantes de la nueva tecnología podemos citar: producción industrial, invención de máquinas voladoras más pesadas que el aire, vuelo espacial y aterrizaje en la luna, desarrollo de la radio y la televisión, lo cual colaboró a la fórmula de nuevas formas de expresión del mundo, auxiliada por la crisis de la idea de razón y del concepto de realidad. La teoría de la relatividad, el posterior desarrollo de la energía atómica, serán también entre otros grandes avances que capten poderosamente la atención del hombre de este siglo.

Desde este panorama no es raro que la Ciencia Ficción se desarrolle como una nueva forma de estética que tendrá como objetivos básicos ser intérprete de estos avances, y sobre todo de lo que los mismos produjeron en el individuo. En este ámbito ubicaremos a Ray Bradbury.

Ray Bradbury nace en Illinois, EEUU, en 1920, pleno auge de los AÑOS LOCOS de posguerra. La década de nacimiento del autor se caracteriza por el auge económico que surgió en este país como resultado de la Primera Guerra Mundial, que, al no haberse desarrollado en territorio norteamericano, favoreció la economía en lugar de perjudicarla como ocurriría sí en Europa.

A este auge económico antes mencionado se debe agregar el auge de los Medios de comunicación, que se encuentran en este momento en todo su esplendor. Importante es, también la hegemonía que comienza a surgir respecto del cine. Se dará la independencia de la mujer en varios campos, una mujer que ha aprendido que puede por sí misma desenvolverse después de haber estado sola durante la primera guerra. Las artes se renuevan, la Vanguardia, sobre todo el Surrealismo, el arte pictórico de vanguardia y otras nuevas formas, colaboran a crear este ámbito especial de principios de siglo XX.

Sin embargo al mismo tiempo que el país crecía económicamente, daba cuenta de su desigualdad, ya que, si bien, un gran sector se mantuvo en un constante crecimiento, este sector fue minoría, y una gran parte de la sociedad sufre de una profunda crisis económica.

Junto al auge del cine, la oferta y el colorido de los años locos, surge también un consumismo alienante, un individualismo enfermizo, una desigualdad que cala hondo en el espíritu del norteamericano. Las huelgas y protestas del obrero pululan. Aparecen los cantegriles gritando la miseria y denunciando estas desigualdades. La discriminación se deja ver en todos los aspectos de la vida social y por supuesto política. Este es el clima histórico que caracteriza el nacimiento y primeros años de Bradbury y que no lo abandonarán al momento de crear arte. Es sabido que en varios de sus cuentos el autor se burla de los capitalistas y de sus métodos y vidas alienadas y alienantes, casi sin sentido espiritual y netamente materialistas.

Las nuevas masas tienen sus formas de literatura dada fundamentalmente por los libros y novelas de aventuras, así como también las novelas y cuentos policiales, de los cuales podemos destacar básicamente como eje importante de esta oferta la estética y la cuentística de Edgar Alan Poe.es sabido que el propio Bradbury es un lector ferviente del mismo en sus primeros años, acto confesado por el propio autor.

Este subgénero narrativo denominado Ciencia Ficción o Ficción científica, surgiría como una vertiente muy similar a los cuentos de misterio y policiales. Emparentada con la literatura fantástica presenta, sin embargo, ciertas diferencias. Mientras que esta última, no presenta los hechos con una posible explicación, sino que por el contrario lo que destaca la literatura Fantástica es esa falta total de explicación del fenómeno, la ciencia ficción siempre tiende a ser verosímil. Sus hecho extraños son ,muy a menudo, presentados a través de hipótesis verificables científicamente. La ciencia y los conocimientos científicos, los adelantos tecnológicos son la explicación para los hechos fuera de la realidad.

El primero en acuñar esta expresión fue Hugo Bernsback, en 1926, cuando la incorporó a la portada de una de las revistas narrativas de la época AMAZING, aunque el uso más temprano del término parece datar de 1851 y es atribuido por William Wilson, pero se trata de un uso aislado y el término no se generalizó con su acepción actual hasta que Bernsback lo denominó y lo popularizó de forma consistente.

La narrativa de ficción permitió explorar nuevos mundos, fue utilizado en la búsqueda de nuevas pautas operativas y nuevos ideales, aunque no escapará del todo de ese ámbito de decepción y frustración, pesimista tan característico de este nuevo siglo y de esta nueva narrativa.

La ciencia ficción es un género de ficción especulativo donde los relatos presentan el impacto de los avances científicos y tecnológicos, presentes o futuros, sobre la sociedad o los individuos. Este género no solamente ha dejado profundas huellas en la literatura del siglo XX, sino que fue uno de los géneros más explotados en el cine.

El término Ciencia Ficción entablaría en sí mismo un oxímoron, ya que la ciencia pertenecería a un campo separado de la fantasía y la ficción, sin embargo destaca la verdadera sustancia de creación de esta literatura. La ciencia da ciertas pistas frente a los hechos, formas de generar verosimilitud. La Ficción es el rasgo necesario para la literatura, que se enmarca siempre en la ficción. Aún así el término Ciencia Ficción ha sido criticado en cuanto a su traducción ya que los críticos consideran que debería traducirse como Ficción científica, para dar cuenta de la verdadera naturaleza de estos como representantes de la literatura.

En cierta forma la ficción científica tiene cierto carácter de profetismo, ya que muchas veces vaticinó hechos que ocurrirían después, como por ejemplo los viajes a la Luna, que ya la cuentística de Julio Verne preveía (De la tierra a la Luna).

Isaac Asimov escritor de este género y estudioso además del mismo, definió la ciencia ficción de la siguiente forma: es la rama de la Literatura que trata sobre las respuestas humanas a los cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología. La literatura en este caso sería una forma más de adaptación a los cambios producidos en estos nuevos siglos, una forma de poner en poesía las nuevas formas de pensar y de entender el mundo.

Los primeros medios de difusión de esta nueva forma literaria, no serían, sin embargo los libros, sino las revistas. De esta forma cabe destacar la importancia de la revista Modern Electrics, surgida en 1911 y de capital importancia para el asentamiento de esta propuesta estética. Las revistas mostraban llamativas portadas con monstruos y mujeres medio desnudas, ya que iban en principio dedicadas a un público adolescente que fue, sin duda el primer consumidor de este género.

En los cuentos de Ciencia Ficción aparecen con frecuencia elementos como por ejemplo: máquinas (La Máquina del tiempo. H.S.Wells), cohetes, robots (Yo,Robot. Isaas Asimov). Dentro de los autores de este género debe destacarse que en realidad, Bradbury no solo se restringe a la aparición y anécdotas en torno a estos elementos, sino que su cuentística básicamente proyecta como eje central al hombre y es en realidad tremendamente humana, de allí que se discute la participación del mismo en esta propuesta. Los temas básicos del autor, en este eje serán: Dios, la vida, el Tiempo, el hombre, la muerte.

Ubicamos al autor en la época de oro de este género que podría ubicarse entre las décadas del 40 y del 50 en EEUU. Como antecedentes, sin duda básicos debemos anotar a WELLS y VERNE. Cuando éste último en 1851 publica Un viaje en globo, podría decirse que nace verdaderamente este género literario como tal. Éstos serán los que forjarán el género entregándole un máximo de posibilidades imaginativas. En 1938 Campbell rebautiza a Austouding Science Fiction. Pero en la época de oro, sin duda, posterior a los textos de los anteriormente mencionados, podemos destacar a Bradbury y a Isaas Asimov.

La precariedad de los bienes materiales, el afán capitalista y por ende la ridícula postura de éstos, la crisis del americano en cuanto a su quebrado sueño de bienestar y crecimiento, serán ecos en la cuentística de Bradbury. Las clases marginadas y los grupos discriminados, indígenas, negros, etc, serán de su predilección.

Su obra más trascendente en esta propuesta será sin duda, la tremendamente leída Crónicas Marcianas, que aparecerá en 1950. en sus obras, el hombre se transformará muchas veces en víctima de sus propios avances, ambición y alineación, el hombre es el principal personaje, porque son los hombres los que manipulan los elementos tecnológicos.

Como técnicas básicas podemos ver la proliferación de elementos estilísticos, ya sea metáforas, personificaciones, etc. Encontramos además los juegos temporales propios de la Nueva narrativa, como por ejemplo la técnica del Flash Back, así como también el juego de la ficción dentro de la ficción. Existe un juego importante con los nombres y el tema de la identidad, como ocurre en el cuento Ícaro Mongoltfiel Wrigh. El tema de soledad es también importante aunque a diferencia de muchos literatos de esta época, no cae en un hondo pesimismo, sino que por el contrario mantiene cierto dejo de optimismo, porque confía en la posibilidad del hombre de mejorar.






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