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B. Pruebas empíricas


A simple vista, parece haber una relación positiva entre la participación en el proceso de globalización financiera y el grado de desarrollo económico. En general, los países industriales están más integrados financieramente a la economía mundial que las naciones en desarrollo, de modo que aceptar la globalización parece ser parte de haber progresado en lo económico.

En el mundo en desarrollo también se nota que en los últimos 30 años las economías de mayor integración financiera crecieron a un ritmo más rápido que las de menor integración. Entre 1970 y 1999, el producto medio per cápita prácticamente se triplicó en el grupo de economías en desarrollo de mayor integración financiera, un aumento casi seis veces mayor que el registrado en las economías en que esta integración es menor. Esta tendencia a un mayor crecimiento que exhibe el primer grupo se repite en cada una de las tres décadas y caracteriza también al crecimiento del consumo y la inversión.

Sin embargo, si la conclusión a partir de estos datos es que la integración financiera tiene un efecto positivo en el crecimiento, se plantean dos problemas. Primero, un examen más a fondo de la tendencia puede revelar su fragilidad. Segundo, estas observaciones denotan tan solo una relación entre la integración financiera internacional y los resultados económicos, y no necesariamente una dependencia causal. Dicho de otro modo, las observaciones no descartan la posibilidad de que exista una causalidad inversa, es decir, puede ser que los países que logran un crecimiento sólido también decidan participar en la integración financiera incluso si la globalización no contribuye directamente a un crecimiento más rápido y cuantitativamente sustancial.

Para formarse una idea de la relación que existe entre la apertura financiera y el crecimiento, en el cuadro 2 se presentan sendas listas de las economías en desarrollo de crecimiento más rápido y de crecimiento más lento (o declinación más rápida) durante el período 1980–2000. Algunos de los países se integraron financieramente en ese lapso, sobre todo en el último quinquenio de los años noventa18. Por lo tanto, cualquier resultado basado en el total de variaciones ocurridas durante este largo período debería interpretarse con cuidado. No obstante, cabe destacar algunas de las características del cuadro.

Una observación que se desprende claramente del cuadro es que la integración financiera no es una condición necesaria para lograr tasas de crecimiento altas. China e India las han logrado a pesar de que la liberalización de su cuenta de capital ha sido algo limitada y selectiva. Por ejemplo, si bien China se abrió bastante a la inversión extranjera directa, no lo hizo demasiado en el caso de la mayoría de los otros tipos de flujos de capital transfronterizos. Mauricio y Botswana pudieron alcanzar tasas de crecimiento muy sólidas durante el período, pero manteniéndose relativamente cerrados a los flujos financieros.

Una segunda observación es que la integración financiera tampoco es una condición suficiente para lograr una tasa de crecimiento económico rápido. Por ejemplo, durante el período en cuestión, Jordania y Perú se abrieron bastante a los flujos de capital extranjero, y sin embargo sus economías se contrajeron en lugar de crecer. Por otro lado, el cuadro 2 también indica que las economías en declinación tienden a ser más cerradas en el aspecto financiero, pero, como ya se explicó, no se advierte con claridad la dirección de la causalidad.


Cuadro 2. Economías con tasas de crecimiento más rápido y más lento

durante 1980–2000 y su estado de apertura financiera






Economías
de crecimiento más rápido, 1980–2000

Variación porcentual total del PIB per cápita

¿Mayor integración financiera?






Economías
de crecimiento más lento,
1980–2000

Variación porcentual total del PIB per cápita

¿Mayor integración financiera?



























1

China

391,6

Sí/No




Haití

-39,5

No

2

Corea

234,0






Níger

-37,8

No

3

Singapur

155,5






Nicaragua

-30,6

No

4

Tailandia

151,1






Togo

-30,0

No

5

Mauricio

145,8

No




Côte d’Ivoire

-29,0

No

6

Botswana

135,4

No




Burundi

-20,2

No

7

RAE de Hong Kong

114,5






Venezuela

-17,3

Sí/No

8

Malasia

108,8






Sudáfrica

-13,7



9

India

103,2

Sí/No




Jordania

-10,9



10

Chile

100,9






Paraguay

-9,5

No

11

Indonesia

97,6






Ecuador

-7,9

No

12

Sri Lanka

90,8

No




Perú

-7,8



























Nota: Tasa de crecimiento del PIB real per cápita, en unidades constantes de moneda local.

Fuente: Cálculos del personal según la base de datos de los Indicadores del desarrollo mundial del Banco Mundial.



    Esta manera de analizar países con resultados extremos en materia de crecimiento es informativo solo hasta cierto punto; tiene que complementarse con un examen más exhaustivo de lo sucedido en un conjunto más grande de países utilizando un método más sistemático para medir la apertura financiera. Con el fin de ilustrar la relación con una óptica más amplia, en el gráfico 6 puede verse un diagrama de dispersión de la tasa de crecimiento del PIB real per cápita frente al aumento de la integración financiera entre 1982 y 1997. Básicamente estas variables no están relacionadas. En el gráfico 7 se muestra un diagrama de dispersión de estas dos variables una vez neutralizados los efectos del ingreso inicial, la escolaridad inicial, la relación inversión media/PIB, la inestabilidad política y la ubicación regional de un país. Una vez más, el gráfico no denota una relación positiva entre la integración financiera y el crecimiento económico. De hecho, esta observación no se limita al período ni a la cobertura de países, como lo revela un análisis amplio de otros estudios al respecto.

En varios estudios empíricos se ha tratado de examinar sistemáticamente si la integración financiera contribuye al crecimiento, utilizando distintos métodos para resolver el difícil problema de probar la causalidad. En el cuadro 3 se resumen los 14 estudios más recientes sobre el tema19. Tres de ellos dan cuenta de un efecto positivo de la integración financiera en el crecimiento. Sin embargo, la mayoría no encuentra efecto alguno o bien determina un efecto híbrido en el caso de los países en desarrollo. Se infiere entonces que, si la integración financiera incide positivamente en el crecimiento, el efecto probablemente no es claro ni sólido20.
De los estudios resumidos en el cuadro 3, el de Edison, Levine, Ricci y Sløk (2002) es quizás el más completo y exhaustivo en lo que se refiere a indicadores de integración financiera y especificaciones empíricas. Los autores miden el grado de integración de un país basándose en las restricciones que el gobierno impone a las transacciones de la cuenta de capital tal como se registran en el informe anual sobre regímenes de cambio y restricciones cambiarias (AREAER) del FMI, y en el volumen observado de flujos de capital que cruzan la frontera, normalizados según el tamaño de la economía. El conjunto de datos del estudio abarca hasta 2000, el año más reciente analizado en todos los estudios sobre el tema. Además, los autores también emplean una metodología estadística que les permite abordar una eventual causalidad inversa; es decir, la posibilidad de que cualquiera de las relaciones observadas entre la integración financiera y el crecimiento pueda ser el resultado del mecanismo que las economías de crecimiento más dinámico tenderían a adoptar para liberalizar sus cuentas de capital. Después de realizar una serie de análisis estadísticos, el estudio llega a la conclusión de que, en general, la integración financiera no ejerce un efecto firmemente significativo sobre el crecimiento económico.

Gráfico 6. Aumento de la apertura financiera y crecimiento del PIB real per cápita

Correlación simple, 1982–97

Nota: La apertura de la cuenta de capital se calcula como (entradas brutas de capital privado + salidas brutas de capital privado) / PIB.
Fuente: Cálculos del personal basados en los datos presentados en Wei y Wu (2002b).

Gráfico 7. Aumento de la apertura financiera y crecimiento del PIB real per cápita:

Relación condicional, 1982–1997


Condiciones: Ingreso inicial, escolaridad inicial, inversión media /PIB, inestabilidad política (revoluciones y golpes de Estado) y variables ficticias regionales, 1982–97


Nota: La apertura de la cuenta de capital se calcula como (entradas brutas de capital privado + salidas brutas de capital privado) / PIB.
Fuente: Cálculos del personal basados en los datos presentados en Wei y Wu (2002b).



Cuadro 3. Investigaciones recientes sobre integración financiera y crecimiento económico

Estudio


Número de países

Años de cobertura

Efecto en el crecimiento

 

 

 

 

Alesina, Grilli y Milesi-Ferretti (1994)

20

1950–89

Nulo

Grilli y Milesi-Ferretti (1995)

61

1966–89

Nulo

Quinn (1997)

58

1975–89

Positivo

Kraay (1998)

117

1985–97

Nulo / híbrido

Rodrik (1998)

95

1975–89

Nulo

Klein y Olivei (2000)

Hasta 92

1986–95

Positivo

Chanda (2001)

116

1976–95

Híbrido

Arteta, Eichengreen y Wyplosz (2001)

51-59

1973–92

Híbrido

Bekaert, Harvey y Lundblad (2001)

30

1981–97

Positivo

Edwards (2001)

62

Años ochenta

Nulo para los países pobres

O'Donnell (2001)

94

1971–94

Nulo, o híbrido en el mejor
de los casos

Reisen y Soto (2001)

44

1986–97

Híbrido

Edison, Klein, Ricci y Sløk (2002)

Hasta 89

1973–95

Híbrido

Edison, Levine, Ricci y Sløk (2002)

57

1980–2000

Nulo













Fuente: Ampliado por el personal en relación con la edición de octubre de 2001 de Perspectivas de la economía mundial, y Edison, Klein, Ricci y Sløk (2002).



Recuadro 1. Efectos de los distintos tipos de flujos de capital en el crecimiento


Los datos que se han ido acumulando en las publicaciones sobre el tema no apoyan firme y definidamente la idea de que los flujos de capital, cualesquiera sean, significan un estímulo importante para el crecimiento económico, sino que, en varios estudios, se ha sugerido que los distintos tipos de flujos pueden tener diferentes efectos.
Usando datos de los años ochenta, De Mello (1999) comprueba que los flujos de IED parecen promover el crecimiento económico en los países tanto en desarrollo como de la OCDE. Borenzstein, De Gregorio y Lee (1998) determinan que es posible detectar el efecto positivo de este tipo de inversión cuando los países receptores tienen un nivel de capital humano suficientemente alto.
La IED y otros tipos de flujos de capital hacia los países en desarrollo comenzaron a cobrar auge en la década de 1990 y, en consecuencia, es muy conveniente examinar lo comprobado con datos más recientes. Reisen y Soto (2001) estudian seis tipos distintos de flujos de capital ―la inversión extranjera directa, la inversión en cartera de valores, la inversión en cartera de bonos, los créditos bancarios a largo plazo, los créditos bancarios a corto plazo y las corrientes financieras oficiales― empleando como marco una regresión de panel dinámica para tratar los problemas potenciales de endogeneidad y de variables faltantes, y abarcan 44 países durante el período 1986–97. De estos seis tipos de flujos de capital, solo dos, a saber la IED y la inversión en cartera de valores, tienen una vinculación positiva con las tasas ulteriores de crecimiento económico.
En otros estudios se han examinado los efectos de los distintos tipos de flujos de capital en la inversión en el país (y por lo tanto, en forma indirecta, en el crecimiento). Bosworth y Collins (1999) analizaron esas relaciones usando datos del período 1979–95 y prestando especial atención a las variaciones dentro de los países antes que entre países. Primero eliminaron de los datos los valores medios de los países y luego efectuaron una regresión de la parte que les corresponde a la inversión y al ahorro en varias formas de entradas de capital (en relación con el PIB). Determinaron así que una parte mayor de la IED y de los créditos bancarios guarda una asociación positiva con el aumento de la inversión interna. En cambio, la asociación entre las entradas de capital de cartera y la inversión interna, aunque positiva, carece de significación estadística. Estos autores trataron de examinar la posibilidad de que los movimientos de capital sean endógenos, vale decir que los flujos de capital y la inversión interna puedan ser determinados simultáneamente por un tercer factor común.
En el informe Global Development Finance (2001), del Banco Mundial, se repitió el estudio de Bosworth-Collins usando datos de un mayor número de países que cubrían un período más prolongado (1972–98), y se encontró que la asociación entre la IED (u otras entradas a largo plazo de capital o créditos bancarios) y la inversión interna es más fuerte que entre la deuda a corto plazo y la inversión interna. La asociación entre capital de cartera e inversión interna no tiene significación estadística.

    En síntesis, según los distintos estudios que se mencionan aquí, la IED es una forma de entrada de capital que, en general y casi uniformemente, tiene una asociación positiva con la inversión interna y el crecimiento del país. Otros tipos de entradas de capital también podrían mostrar una relación positiva, pero sus efectos tienden a ser menos sólidos o menos fuertes.




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