¿no "mataráS"? (Incógnitas del sexto Mandamiento)



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¿NO “MATARÁS”?

(Incógnitas del sexto Mandamiento)

Un “teenager”, jubiloso de haber recién obtenido su permiso de conducir, le pide a su padre que le preste su auto. En cambio, el padre le reclama: “Hijo, sí mejoras tus notas, comienzas a leer La Biblia todos los días y te recortas el cabello, te prestaré el auto.” Al transcurrir varios meses, regresa con la misma solicitud a su padre. Con entereza, el padre le indica: “Bueno, has mejorado tus notas y has comenzado a leer y estudiar La Biblia, pero, no te has recortado el cabello.El hijo le explica: “es que vengo pensando en el hecho de que Moisés tenía cabello largo, Sansón tenía cabello largo y hasta Jesucristo tenía cabello largo.” Pacientemente, el padre le afirma: “Así es, y todos caminaban donde quiera que deseaban ir.” (Énfasis mío en todo)

Prólogo

Similar al desconocimiento Bíblico, mostrado tanto por el padre como por el hijo, en el previo simpático relato, un artículo publicado en uno de nuestros circulares locales exhibió la patente ignorancia del ateo, autor del mismo, quien evidencia haber profundamente leído (en vano), la misma irrefutable Palabra de Dios, que muy convincentemente pretende impugnar.



Se dice que lo peor es un inepto con iniciativa.

En su artículo, “Religión y Pena de Muerte” (1 de feb. de 2010), este señor, “Doctor en Filosofía”, muy hábilmente utiliza varios versículos para sentar la base general de las alegadas contradicciones del sexto Mandamiento, “No matarás”. Contrario al intelecto que despliega su título profesional, su artículo deja en manifiesto estar entre los múltiples iletrados Bíblicos, al intentar establecer su concepción de interpretativas personales filosóficas, prohibidas por la Biblia (2 Ped. 1:20-21). En efecto, este señor es uno de los que pertenecen al selecto grupo puntualizado por Dios, quienes profesando ser sabios, se hicieron necios (Rom. 1:22, ver Prov. 26:4-5, Ecles. 8:17).

Una de las confusiones primordiales del “Doctor” radica en no distinguir entre los versículos que tratan sobre vida carnal (humana) y nuestro potencial

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innato, vida espiritual (eterna). (Juan 1:12-13) Irónicamente, su incredulidad y percepción errada de que La Biblia constituye “ficciones literarias”, comprueba la veracidad de la misma, sin tener la más mínima sospecha de que protagoniza y asiste en confirmar las profecías, relacionadas a los postreros días (2 Ped. 3:3, Jud. 1:18).

También resulta sarcástico que su artículo refleje respeto en quien proclama no creer, al utilizar la letra “de” en su forma mayúsculas (D) cuando escribe refiriéndose a Dios. Personalmente, no descarto la posibilidad de que ese muy merecido respeto sea producto del Editor del periódico.

Sus obvias limitaciones, me provocaron escribir y enviarle mí retórica a su artículo por la misma vía, con la esperanza de que el “prestigioso” periódico publicara la misma, la cual, lamentablemente, nunca transmitió.

Sin embargo, esa ignorancia del (según La Palabra de Dios), auto proclamado necio (Salm. 14:1), ha servido de inspiración para dilucidarle las dudas a usted, que caballeros como éste puedan sembrar, y probablemente engañar y convencer, de ser posible, hasta los mismos cristianos que piensen o aleguen erradamente, que las inspiradas Sagradas Escrituras se contradicen.

Ciertos allegados, con las mejores intenciones, me han aconsejado a desistir en continuar con la práctica de articular lo siguiente; No persigo que usted ni nadie crean en lo que le expongo en la presente. Tampoco quiero que den por sentado mis palabras. Pero, a esos bien intencionados, le repito y resalto que la misma Palabra de Dios nos aconseja; “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.” (Jer. 17:5) Más bien, y conforme también gravado en Su Palabra, mi deseo es que indaguen y comprueben todo, estudiando los históricos manuscritos y documentos relacionados. Que comparen, verifiquen y cotejen los mismos con las respectivas versiones literarias traducidas, por hombres no inspirados, pero quienes ostentaban las mejores fines para que pudiésemos entender nuestra propia Biblia, acorde a nuestro respectivo idioma.

Hoy día no existe ni un solo manuscrito original de la Biblia griega o

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hebrea. No se conoce a ciencia cierta la razón, pero quizá la orden que en el año 303 dictó el emperador Diocleciano de destruir toda literatura cristiana explique el hecho.”

Otra posible razón es que el papiro, material en que probablemente estaba escrita la mayor parte del Nuevo Testamento, no se conserva bien a menos que se guarde en sitio muy seco.”

Desde cierto punto de vista la pérdida de los originales fue conveniente, pues la humanidad tiende a la adoración de los objetos relacionados con lo sagrado. Debe adorarse a Dios y no a la Biblia, y mucho menos al papel y la tinta con que está hecha. Si bien se perdieron los originales, la investigación científica nos asegura que la Biblia que leemos es, para todo fin práctico, la misma que se produjo bajo divina inspiración.”

Pero es importante recordar que todos los manuscritos bíblicos son copias.” (Donald E. Demaray)



Mirad que nadie os engañe

por medio de filosofías y huecas sutilezas,

según las tradiciones de los hombres,

conforme a los rudimentos del mundo,

y no según Cristo.

(Col. 2:8)

Discordancias Humanas

¿Cómo puede ser tan incomprensible un decreto (“No matarás”) designado por Dios y compuesto escuetamente, de sólo dos palabras?

Seguramente usted conoce los habituales adagios; “No predicar la moral en calzoncillos.” “Con ejemplos se logra más que con palabras.” Son aforismos que probablemente conducen a la vasta mayoría en aplicarlos a La Palabra de Dios, para luego cuestionar (erradamente); “¿Cómo es que Dios

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nos instruye a no hacer lo que en Su misma Palabra se encuentra evidencias gravadas, dando instrucciones a Su pueblo escogido (Israel), a cometer, y por ende, quebrantar? ¿No es eso inconsistente? ¿No es contradictorio?”

No hay duda que esas alegadas discordancias puedan conducir a cualquiera a disputar o intentar impugnar La Palabra de Dios, considerando que la misma expresa; Dios, que no miente. (Tito 1:2, ver 1 Sam. 15:29, Job. 24:25) Nota: Precisamente, para ratificar Su inigualable franqueza, usted puede leer ambos relatos en donde un ángel se le ofreció a Dios como espíritu de mentira, con la intención de que se cumpliera una profecía en particular del profeta Micaías (la derrota de Israel – 1 Rey. 22:13-18, 24-28, 2 Crón. 18:12-17). El ángel, provocó la guerra por medio de una falsa profecía, que por ende concluyó en la muerte del idolatra rey de Israel, Acab, conforme determinado por Dios. (Ver 1 Rey. 22:22-23, 2 Crón. 18:18-22)

A continuación, algunos ejemplos que se encuentran registrados en los libros de Número, Levítico, Josué y Samuel, sobre instrucciones de Dios, que pueden inducirlo a pensar y argumentar sobre alegadas contradicciones en La Palabra de Dios:


  • “Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos. Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis. Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel. Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había;” (Jos. 6:21-24)

  • “En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la hirió a filo de espada, y mató a su rey; por completo los destruyó, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo al rey de Maceda como había hecho al rey de Jericó.” (Jos. 10:28) “…y Jehová la entregó también a ella y a su rey en manos de Israel; y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo a su rey de la manera como había hecho al rey de Jericó. Y Josué, y todo Israel con él, pasó de

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Libna a Laquis, y acampó cerca de ella, y la combatió; y Jehová entregó a Laquis

en mano de Israel, y la tomó al día siguiente, y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, así como había hecho en Libna.

Entonces Horam rey de Gezer subió en ayuda de Laquis; mas a él y a su pueblo destruyó Josué, hasta no dejar a ninguno de ellos.

De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón; y acamparon cerca de ella, y la combatieron; y la tomaron el mismo día, y la hirieron a filo de espada; y aquel día mató a todo lo que en ella tenía vida, como había hecho en Laquis.

Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y la combatieron. Y tomándola, la hirieron a filo de espada, a su rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella tenía vida.

Después volvió Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, y combatió contra ella; y la tomó, y a su rey, y a todas sus ciudades; y las hirieron a filo de espada, y destruyeron todo lo que allí dentro tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Hebrón, y como había hecho a Libna y a su rey, así hizo a Debir y a su rey.

Hirió, pues, Josué toda la región de las montañas, del Neguev, de los llanos y de las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar nada; todo lo que tenía vida lo mató, como Jehová Dios de Israel se lo había mandado.” (Jos. 10:30-40)



  • “Tomó, pues, Josué toda aquella tierra, las montañas, todo el Neguev, toda la tierra de Gosén, los llanos, el Arabá, las montañas de Israel y sus valles. Desde el monte Halac, que sube hacia Seir, hasta Baal-gad en la llanura del Líbano, a la falda del monte Hermón; tomó asimismo a todos sus reyes, y los hirió y mató. Por mucho tiempo tuvo guerra Josué con estos reyes. No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, salvo los heveos que moraban en Gabaón; todo lo tomaron en guerra. Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés.

“También en aquel tiempo vino Josué y destruyó a los anaceos de los montes de Hebrón, de Debir, de Anab, de todos los montes de Judá y de todos los montes de Israel; Josué los destruyó a ellos y a sus ciudades. Ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod. Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a

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Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra.” (Jos. 11:16-23)

  • De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.” (Jos. 21:43-45)

  • Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros.” (Jos. 23:3)

  • Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.” (1 Sam. 15:2-3)

  • Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas. Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal. Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, (1 Sam. 15:18-24)

todo lo que fuere suyo no he de dejar con vida ni un varón.” (1 Sam. 25:22)

Ver, Núm. Jos. 8:24-27, 2 Sam. 10:18, Deut. 13:12-15, 20:10-14.

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Más adelante procuraré demostrarle y comprobarle que Dios Todo Poderoso puede contestarle estas y todas las incógnitas que pueda tener sobre el sexto Mandamiento y mucho más. Pero primero, observemos y entendamos los múltiples obstáculos, no tan sólo de las Escrituras, sino e incluso, del imperfecto ser humano, que debemos sobrellevar, para alcanzar el sagrado objetivo del entendimiento.

Independiente a las metáforas, parábolas, símbolos, alegorías, misterios, y profecías vedadas para entenderse en el futuro, etc., contenidas en Las Sagradas Escrituras, que de por sí dificultan Su entendimiento, nos topamos incluso con otro dilema: Las diversas traducciones, de diversos autores, en diversos idiomas, de los inspirados textos, escritos originalmente en hebreo, arameo y griego.

Para colmo, esos manuscritos antiguos, habiendo estado expuestos al deterioro natural de los elementos ambientales por un extenso conjunto de tiempo, contienen múltiples agujeros, manchas, tachas, o defectos, donde habían palabras enteras escritas. Los traductores, con el mejor propósito de mantener la uniformidad del contenido de los documentos, introdujeron palabras (no inspiradas), conjeturando que fueron las más probables que contenían los mismos y por entender que complementan la oración. Algunas Biblias, como la versión “New King James Bible”, exhiben esta realidad utilizando palabras con letras en “bastardillos” (“italics” – en inglés) para distinguir y enfatizar, dándole el beneficio de la duda al lector, sobre las respectivas inclusiones en las traducciones inferidas.

Lo previo es meramente un ejemplo de la intervención del hombre (no inspirado) en la manipulación de la obra de Dios. Los siguientes consisten de otras intervenciones humanas que sería bueno tomar en consideración:


  • La palabra “reposo” significa sosiego, descanso, etc. Ciertas traducciones Bíblicas, por ejemplo algunas versiones Reina – Valera, buscando simplificar con aclaraciones al lector, incurren en obvios errores al utilizar asteriscos ( * ) posterior a la palabra “reposo”, procurando identificar los “Sábados” (“sabat/sabath” – séptimo día –

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cuarto Mandamiento), con sus respectivas notas al calce, pero confundiendo al no distinguir ni identificar el “reposo”, de los siete festivales santos, o solemnes, también proclamados días de reposo, y llamados Sábado (“sabat/sabath”). (Ver Lev. 23:1-44)



  • Los símbolos ortográficos (punto, coma, exclamación, periodo, interrogación, etc.) fueron incluidos y acomodados a discreción del hombre. En aquellos tiempos no existía tal ortografía. Esto da paso a la alta posibilidad de otros errores. Como podrá observar, de reubicarse una simple coma en un versículo, usted logrará detectar la dramática diferencia que emanará del texto, lo cual lo conducirá a justificadamente cuestionar las doctrinas populares propuestas, a las cuales sin duda, todos hemos estado expuestos.

Ejemplo: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.” (Marc. 16:9) De retirar la tercer coma en la palabra “mañana” e ubicarla posterior al nombre (“Jesús,”), se observará que Jesucristo no resucito el Domingo, como generalmente se promulga, sino, que habiendo por tanto resucitado (el Sábado), se le apareció a María en la mañana del primer día de la semana (domingo). Usted puede verificar los siguientes versículos y corroborará que ninguno ubica a Jesucristo resucitando el domingo: Marc. 16:1-2, Mat. 28:1, Luc. 24:1, Juan 20:1. Incluso, en las versiones de Mateos y Marcos se nos aclara que el día de reposo (el Sábado) ya había pasado cuando, en todas las versiones se nos esclarece que las mujeres fueron al sepulcro, “al amanecer, muy de mañana, siendo aún oscuro (del primer día de la semana – domingo). Nota: Algunas versiones de la Biblia han traducido que fueron al sepulcro en “el alba del primer día de la semana”, lo que implica que fue en el mismo crepúsculo del domingo – en aquel entonces, el día hebreo constaba de 24 horas pero comenzando desde lo que hoy día es para nosotros las 6:00 p.m. (por lo cual, Jesucristo tuvo que haber resucitado antes de las 6:00 p.m. – en otras palabras, previo a iniciarse el domingo). Otro situación que conduce a malinterpretaciones es el hecho de que en esa misma semana, se celebraba la Pascua (fiesta de

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gran solemnidad – Juan 19:31). Es decir, otroreposo (dos “sabat” – dos Sábados) durante la misma semana. El fehaciente hecho es que el alegato popular de que Jesucristo murió viernes y resucitó domingo, no es consistente con la señal brindada por Jesucristo mismo (Mat. 12:38-40), ni con Su propio sacrificio, el cual venía conmemorándose proféticamente por siglos con el ritual de la Pascua (solemne día de reposo) instituido por Dios (Lev. 23:5-14, Núm. 9:5-14, 1 Cor. 5:7).

  • En el idioma hebreo no se usaban vocales escritas. Eso abre la puerta para pronunciar palabras a discreción. En su famosa obra literaria, Estados Unidos y Gran Bretaña en Profecía, el distinguido Sr. Herbert W. Armstrong nos ofrece uno de los mejores ejemplos que podemos encontrar, donde converge la Biblia con lo históricamente comprobado sobre una de las doce tribus del pueblo de Dios. (Ver página 32 – El rastro de la serpiente de Dan – puede conseguir acceso al libro en la sección de compendios.

  • Algunas Biblias se componen de setenta y dos (72) libros. Seis libros más, que los sesenta y seis (66) libros originalmente canonizados. Esto es, 72 libros sin mencionar los libros extendidos (Por ejemplo, el libro de Daniel). Hay quienes cuestionan La Biblia de 66 libros alegando que la misma no es completa. Personalmente, no le veo la lógica a ese reclamo. Pues, yo puedo aseverar de forma irrefutable que las doscientas cincuenta veces que el Nuevo Testamento se refiere al Antiguo Testamento (de La Biblia que contiene 66 libros), todos concuerdan en el más mínimo de los detalles. De igual manera, puedo atestar no encontrar inconsistencia alguna en la versión de 66 libros.

  • Las enumeradas divisiones de los capítulos y versículos son obra del hombre. Aunque las mismas pueden facilitar el sondeo, búsqueda o exploración de La Palabra, se puede evidenciar algunos capítulos que en realidad son continuaciones del anterior. Es decir, una división en dos capítulos que correspondió conformarse en uno. Buen ejemplo de ello, son los capítulos once y doce del libro de Daniel. Contrario a esto, el siguiente punto acopla dos versículos con una extensión improcedente.

  • Quizás para sorpresa de muchos, en el Nuevo Testamento (1 Juan 5) se

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encuentra una inclusión (no inspirada) que consta de 26 palabras (en el idioma castellano, versión Reina Valera) entre dos versículos (v. 7 y 8). Nota: Algunas versiones de la Biblia, como la “New King James Bible”, en sus notas al calce, hacen la aclaración de la inserción. En su obra maestra, El Misterio de los Siglos, el Sr. Armstrong escribe al respecto: No aparecen en ninguno de los manuscritos en griego más antiguos ni en otras traducciones modernas. Se agregaron a la Vulgata Latina en el calor de la controversia entre Roma y el Dr. Arrio y el pueblo de Dios.” (Capítulo uno – p. 45 – 47) La realidad es que sin desviación alguna, al excluir la adulteración, los mencionados versículos fielmente exponen:

“Porque tres son los que dan testimonio:

el Espíritu, el agua y la sangre;

y estos tres concuerdan.”

(1 Juan 5:7-8)



Entorpecimientos en la Traducción Precisa

Por ser mi lengua materna (primera lengua) el inglés, puedo detectar algunos de los errores tradicionales que nos limitan traducir (verbal o escrito) fiel y exactamente. El factor tiempo y/o la proyectada fluidez deseada de las células traductoras de nuestro encéfalo, probablemente sea la mayor limitación. Esos factores influyen en inexactas traducciones que por ende finalizan en interpretaciones erróneas. Otro dato, que es primordialmente importante comprender es que traducir no es lo mismo que interpretar.

Sin excepciones, la mayoría de nosotros, seamos de una sola lengua, bilingües, trilingües, etc., ocasionalmente mal interpretamos. Sólo puedo imaginar cuanto más deficiente interpretaríamos, si también se obscurece nuestro entendimiento al proveernos traducciones erradas.


  • Traducir“Expresar en una lengua [lo que está expresado antes en otra].”


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