Nivel Intermedio 4 taller de composición intermedio



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Nivel Intermedio

4

TALLER DE COMPOSICIÓN INTERMEDIO

I. REPASO
Ya vimos que nuestra preparación comienza con ORACIÓN y ESTUDIO, según se menciona en las charlas de composición y en el taller de composición del nivel básico.

En el taller del nivel básico vimos un método que constaba de los siguientes pasos:



  1. Oramos.

  2. Escogemos un tema.

  3. Estudiamos y oramos sobre el texto y el contexto.

  4. Versificamos el texto y contexto.

  5. Pulimos el texto versificado.

  6. Le damos la cadencia y el ritmo.

  7. Escogemos el modo musical.

  8. Ponemos la línea melódica.

A esto último habría que agregar la fase de “probar el canto”, que es presentarlo a nuestros hermanos de comunidad, a nuestros amigos en Cristo, y escuchar sus comentarios y críticas. Todo canto puede volver a pulirse más, perfeccionarse, o incluso desecharse y cambiarse por otro si no tiene el efecto que queremos.

Hoy vamos a ejercitar un método mas “libre y espontáneo” para componer. Está basado en la dinámica del canto inspirado. Te recomiendo que antes de hacer este taller des una hojeada rápida al tema del Canto Inspirado que viene en el Nivel Básico.



II. ORACIÓN
Oremos:

Padre celestial, somos tus hijos amados, y sabemos que nos amas entrañablemente. Haz que aprendamos el lenguaje de los ángeles y santos, el idioma del cielo, que es la alabanza y la adoración por medio del canto.

Abre mis labios Señor, y mi boca proclamará tu alabanza. Mi lengua es la pluma de un escriba veloz, y voy a cantar, voy a salmodiar. Despierta alma mía, ¡despertad, arpa y cítara!

Amén


III. DINÁMICA DE CANTO INSPIRADO E IMPROVISACIÓN

EN EL ESPÍRITU
Hemos estudiado a los levitas y cantores, y a aquellos que profetizaban cantando, pues tenían ese don de Dios. Ellos eran conocedores de la ley, estudiosos consagrados al servicio del templo, hombres santos. Nosotros podemos hacer de nuestra oración una experiencia como la de esos hombres, y cantar al Señor libremente en el Espíritu. Esta experiencia es muy familiar para quienes vienen de un contexto de espiritualidad carismática, pero para quienes no, puede ser difícil de entender.

Hoy vamos a dedicar un tiempo a vivir esta dinámica, porque es una de las fuentes más poderosas y eficaces de la composición. Te invito a hacer esta dinámica en un ambiente de oración y libertad.




  1. Hagámonos como niños.

Muchas veces nos han dicho que nosotros, por más que demos gloria a Dios, no aumentamos su gloria ni un ápice, porque la gloria de Dios no depende de que nosotros se la demos o no. Eso dicen los teólogos. Pero Jesús, en el evangelio, dice algo muy diferente: Él dice: “Mi Padre ENCUENTRA SU GLORIA en ustedes, en que ustedes den fruto”. Esto quizá no les guste a los teólogos, pero nos gusta a los místicos, porque Dios se comporta como un Papá amoroso, que tiene muchos siervos grandes y poderosos (los arcángeles, querubines, serafines y ángeles) y nos tiene a nosotros, sus hijos pequeños…

Así pues, cierra tus ojos e imagínate una gran sala, llena de gloria y esplendor, donde cada uno de estos grandes siervos excelsos da gloria a Dios…

“¡Gloria, Gloria, Gloria!”, dicen sin cesar los ángeles y arcángeles, los querubines y serafines, y presentan ante Dios Padre sus grandes hazañas, sus hechos portentosos y sus grandes milagros realizados en su honor.

Dios Padre, sin embargo, por alguna extraña razón “no encuentra en ellos su gloria”. Los teólogos no se explican qué pasa, pues al parecer Dios dejó extraviada su gloria en alguna parte del universo, y la está buscando, pero no la encuentra en las proclamas de los ángeles…

Pero de pronto entra a la gran sala un niño pequeño, llevando en la mano una hoja con un garabato pintado. Es el dibujo de un niño tomado de la mano de su Papá. Ese niño eres tú, y tu Papá es Dios. Dios Padre se levanta de su trono y se pone de rodillas para poderte ver cara a cara a tu estatura, y pide a los ángeles que guarden un poco de silencio para escuchar lo que le vienes a decirle y ver lo que vienes a mostrarle. Entonces le dices:

“Papá, hice este dibujo para ti, mira: este eres tú, y este soy yo, y vamos de la mano. Ah!, y también te quiero cantar una canción que hice para ti…”

Y Dios Padre, ENCUENTRA SU GLORIA en ti, como un papá que se enorgullece de los garabatos del hijo más pequeño, y no se fija tanto en las grandes obras de los hijos mayores. Dios Padre, lleno de orgullo paternal, pide entonces a todas las huestes celestiales que guarden total silencio y escuchen con atención la canción que SU HIJO, el MÁS PEQUEÑO, hizo para Él. Y tú comienzas a cantar.


  1. Cántale con amor.

No te pongas nervioso, no importa si lo que le cantas es feo o desafinado a los oídos de los hombres. ¡Cántale libremente lo que brote de tu corazón!! Dios Padre esta escuchándote, y ENCUENTRA SU GLORIA en ti. Si lo que le cantas no tiene mucho sentido o se oye desarticulado tampoco importa, porque Él se llena de ternura con lo que le ha venido a cantar su hijito pequeño. Es más, no te conviene pretender sonar demasiado elegante o rimbombante, porque entonces le estarías cantando ya como un “hijo grande”, un Beethoven o un Mozart… Y dejarías de tener los privilegios del hijo pequeñito.

Simplemente coge tu guitarra o tu pandero o las palmas de tus manos y cántale lo que te brote del corazón, dile que lo amas, díselo sin temor, y llámale Abbá, papito, papá, y abrázalo con tu corazón, y salta, y danza si quieres.




  1. Haz una “plana” de “TE AMO”.

No sé cómo se diga en otros países, en México se dice “plana” a una hoja que en el kinder te dejan hacer de tarea, donde pones muchas veces una frase, para ejercitar tu letra. Haz una de estas planas en tu cuaderno de oración, (supongo que tienes uno, si no lo tienes, comienza uno ahora), ponle: “Te amo, te amo, te amo…” y llena una media página o una página completa. Y cada vez que escribas “te amo” díselo en voz bajita. Yo tengo docenas de estas planas en mis cuadernos de oración. No se lo enseñes a nadie, porque van a creer que estás loco, pero ten en cuenta que todos los ángeles y santos ven tu cuaderno, porque Dios Padre se lo muestra lleno de orgullo diciendo: “¡Miren! Mi hijo, el más pequeño, me ama y ya sabe escribir para mí!!!”


  1. Escribe lo que quieras.

Ya que ejercitaste tu caligrafía del idioma del cielo, y que todos los ángeles y santos están leyendo lo que escribes por mandato de Dios Padre, escríbele y cántale una canción, o un poema o un cuento, o hazle un dibujo, o una talla en mármol -una “Pietá”-, o pinta una última cena, o componle una sinfonía, o una danza, o escribe un libro. Eso sí, hazlo siempre diciendo por dentro “te amo”, como un niño pequeño, y termina con una oración.

IV. ¿AHORA QUÉ?
Si ya terminaste tu canción, tu poema o lo que le hayas hecho a Dios Padre, puedes cantarle otro rato, puedes jugar o puedes escribirle otra canción, o ponerle a tu canción otra música, o hacer una canción de tu plana de “Te amo”, el taller ya terminó, es la hora del recreo. Y no lo olvides: Dios Padre ENCUENTRA SU GLORIA en ti, en que tú le cantes y le digas que lo amas, y en que des fruto.

V. CONCLUSIÓN
Muchas personas creen que para componer al Señor se requiere una capacidad humana súper especial. Yo soy testigo de que no es así. Tengo hermanos en mi comunidad que han compuesto canciones en medio de una asamblea de oración, ¡tan hermosas! Y luego ya no han compuesto canciones nunca más, lo que me demuestra que no tienen una capacidad humana especial, sino que, llenos del Espíritu, proclamaron en ese momento la obra de Dios.

Fíjate en el Canto Inspirado de María: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador…” María no se puso a componer ese canto cuidadosamente en el camino a la casa de Isabel, no estuvo estudiando las rimas o las métricas, simplemente cantó con el corazón, llena del Espíritu Santo, al recibir el saludo de Isabel, y el canto que brotó fue tan hermoso que San Lucas lo recogió en el evangelio, y las palabras de María son Palabra de Dios!!! Claro, María conocía las escrituras, la prueba de ello es que sabía las promesas mesiánicas y sabía que Dios favorece a los humildes y a los pobres los colma de bienes… De toda esta “Lectio Divina” que María había hecho anteriormente estaba impregnado su pensamiento y su corazón cuando cantó el Magníficat. Por eso, nuestros cantos más hermosos brotarán espontáneamente de estos momentos de oración llenos del Espíritu Santo y serán los cantos que toquen más corazones.

Nuestros cantos no son “palabra de Dios”, a menos que sean textualmente tomados de las sagradas escrituras, no te tomes tan en serio tus propias composiciones, si alguien te sugiere algún cambio, escucha con humildad y acepta lo que sea para mejorar. Por sobre todas las cosas, haz todo por amor.

Amén.


Federico Carranza.





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