Neolítico y el inicio de la edad de los Metales en la Península Ibérica



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No sabemos si las piezas eran propiedad de los difuntos o si bien las depositaban sus allegados en el transcurso de las ceremonias. Así sucede con las cerámicas, ¿se las depositaba con comida para los muertos o se comían en rituales de enterramiento por los vivos?

Algunos materiales sabemos que eran hechos aposta para la ocasión, pues aparecen incluso restos de talla que remontan, como en el túmulo de Barbadillo del Mercado. Otro ejemplo serían las láminas u otros instrumentos que aparentemente aparecen intactos, sin trazas de uso.

A pesar de la vastedad del ámbito del megalitismo, los ajuares y sus tipos son básicamente recurrentes en toda Europa. Los objetos que aparecen pueden ser:

- Industria pulimentada: sobre piedras autóctonas o bien sobre piedras que proceden de muy lejos, no sabiendo bien si llega la materia prima o el hacha ya pulimentada. En las imágenes podemos observar a la izquierda algunos ejemplos de difusión de piedras pulimentadas -en negro las hechas en sílex-, en la imagen derecha aparece la difusión de las piedras pulimentadas de jadeíta, obtenida en los Alpes y que alcanza incluso Escocia.

El tamaño de estas piezas es muy variable y oscila desde grandes ejemplares de hasta 30 centímetros hasta ejemplares más reducidos y que por su pequeño tamaño debieron ser de carácter votivo.

Muchas de ellas no muestran ninguna señal de uso, lo que reafirma su papel votivo44



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- Industria tallada sobre sílex, siendo los útiles más comunes las láminas, los microlitos geométricos y en momentos avanzados de la secuencia puntas de flecha.

Las láminas pueden alcanzar grandes tamaños, hablándose entonces de cuchillos. Los microlitos geométricos aparecen tallados con retoque abrupto -a diferencia del doble bisel que se detecta en los poblados- Las puntas de flecha aparecen trabajadas con retoque plano invasor y se presentan bajo una amplia gama de tipos: triangulares, romboidales, foliáceas, de base cóncava, con un incipiente pedúnculo y de aletas y pedúnculos -siendo estas últimas las más avanzadas-http://www.celtiberia.net/imagftp/espatula.jpg

- Encontramos también útiles en hueso: punzones, espátulas y diversos adornos. En la meseta norte oriental y la Rioja alavesa- tenemos un tipo exclusivo: los ídolos-espátula de tipo San Martín-El Miradero, de forma a veces antropomorfa tienen un extremo funcional en forma de espátula, y se llaman así porque se reconocieron por primera vez en el alavés túmulo de San Martín y El Miradero, en Villanueva de los Caballeros. Sólo se documentan en tumbas, por lo que se les atribuye una función claramente simbólica o ritual.

- Los adornos y cuentas de collar son muy abundantes. Su gama es muy amplia, tanto en cuanto a sus soportes como a sus tipologías. Aparecen piezas sobre moluscos, piedras duras y semipreciosas -de vivos colores-. En los dólmenes del occidente castellanoleonés aparecen frecuentemente las cuentas sobre pizarra, muy abundante en esa zona; cuando aparecen fuera de esta área implica su llegada desde allí, como en El Miradero, con más de 4.000 cuentas en pizarra.

Otros materias son el lignito -azabache-, variscita y de forma excepcional ámbar -algunas cuentas por ejemplo aparecen en La Velilla, aunque su procedencia es muy difícil de rastrear, por lo que no sabemos si vino del Báltico o de los recientemente descubiertos yacimientos de la cornisa cantábrica, que parecen ya explotados en el Paleolítico superior. Sin embargo algunos análisis de procedencia en piezas catalanas sí que apuntan a la procedencia de algunas piezas desde el Báltico.

- Las cerámicas siguen la variabilidad de formas y decoraciones del momento al que pertenece el megalito. En los más antiguos no es frecuente su presencia, aunque en los más avanzados se vuelve más abundante y lleva a relacionarlo con las ya comentadas ofrendas de alimentos. Durante el Calcolítico será ya muy frecuente encontrar las formas globulares y en los dólmenes de Salamanca cerámicas pintadas.

- Ídolos. En los megalitos del sur de la península es frecuente la aparición de unas piezas de rasgos antropomorfos sin ninguna función específica aparente y que por tanto se denominan ídolos. Serían propios de un momento muy avanzado lindando ya con el Calcolítico.

Su aspecto sería el propio del arte esquemático, también a tono con los motivos oculados en las cerámicas del momento.

Presentan en general una gran variabilidad de formas y de soportes, pues los conocemos en piedra, pizarra, hueso…

¿Todos los elementos son de acompañamiento? Algunos elementos no parecen ser pertenencias de los difuntos ni parece que se les ofrecieran por parte de los vivos.

Es el caso de las puntas de flecha, de las que hasta hace poco se pensaba que serían propiedades de unos hipotéticos arqueros allí enterrados. Pero los casos en que las puntas aparecen clavadas en los restos óseos como en el caso del osario colectivo de San Juan Ante Portam Latinam hacen pensar en otras costumbres bien diferentes.

No todas las heridas estarían indicando un final trágico, pues en algunos casos la flecha siguió clavada en el hueso pero el individuo sobrevivió. En muchos otros el flechazo causó la muerte.

7. Las reutilizaciones de los sepulcros megalíticos

La función original de los sepulcros megalíticos, la de ser tumbas de inhumación colectivas, se mantuvo hasta el III milenio. Pero con la llegada del Calcolítico observamos que junto a la utilización de los megalitos comienzan a aparecer sepulturas individuales.

En Segovia, en la Fosa del Hoyar aparece un enterramiento individual de época calcolítica, que es coetáneo de los monumentos megalíticos y que aun en el III milenio seguían en uso.

Ya desde los últimos momentos de las tumbas megalíticas se observa también la tendencia a marcar espacios individuales al interno del propio túmulo mediante cistas y piedras. Además comienzan a observarse claras asociaciones de ajuares a ciertos individuos.

En definitiva, estamos viendo cómo se está perdiendo el significado original de los enterramientos megalíticos; y aunque se conocen enterramientos posteriores en los mismos no obedecerían ya a las motivaciones originales.

Va a ser muy frecuente encontrar enterramientos campaniformes en sepulcros megalíticos a lo largo y ancho de Europa; pero esta práctica supone ya una ruptura total con la tradición anterior.

Son enterramientos individuales que se materializan en la presencia de un único individuo enterrado en una fosa individual y con su propio ajuar. Es por ello que se habla de intrusiones o violaciones campaniformes, aunque en realidad lo que se pretendía era enterrarse cerca de la élite anteriormente allí enterrada, de vincularse a lo sagrado.

Ya veremos más adelante cómo las élites campaniformes intentarán asociarse a las anteriores megalíticas -aunque no siempre eso sí, pues hay otros enterramientos sin relación con ningún megalítico-

Este sería el caso del tholos de la Sima de Miño, donde un rico ajuar campaniforme fue depositado mil años después de que el megalito se hubiera clausurado.

Y esta reutilización de los monumentos megalíticos va a seguir siendo constante desde entonces hasta la época histórica, por mantener todavía cierto aire de misterio y significados religiosos. Así se haría a comienzos de la época cristiana, pues sabemos por los textos de los concilios la abundancia de ritos paganos de fertilidad en torno a grandes piedras que se encontraban en los campos.

Ante la imposibilidad de poner freno a este tipo de prácticas la Iglesia en muchas ocasiones procedió a cristianizar el lugar mediante la construcción de capillas e iglesias en torno a los megalitos, como en el caso de San Dinis de Pavia -Portugal- o simplemente con la colocación de una cruz en lo alto de los mismos. En casos como Sao Brisos -Portugal- se ha incluido el megalito como parte de la entrada de una pequeña capilla. La iglesia de Sao Bento de Mato incluye dos grandes ortostatos en su parte trasera. En España el caso más famoso es el túmulo de Santa Cruz, donde se construyó una pequeña iglesia en lo alto del túmulo.http://www.bedri.es/fotografias/fotografias_de_asturias/fotografias_de_cangas_de_onis/fotografias/capilla_de_santa_cruz.jpg

Estas prácticas de asimilación de cultos no son exclusivamente cristianas, sino que romanos y musulmanes practicaron las mismas estrategias para acabar con las creencias anteriores y superarlas.

Sabemos que hasta los años 50 se siguieron realizando con regularidad ritos de fertilidad en por ejemplo Francia, donde las parejas recién casadas se frotaban el vientre o los genitales contra los megalitos, o donde las mujeres estériles se frotaban o pasaban la noche tumbadas allí -se leyeron otros mil ejemplos de este tipo-

8. El megalitismo en la Península Ibérica

El fenómeno megalítico en la península tiene una gran implantación en la mayor parte del territorio, existiendo sin embargo un significativo vacío en la zona que va desde el sur del Ebro hasta Andalucía, abarcando la provincia de Tarragona, el sur de la de Zaragoza, Teruel, la totalidad de la Comunidad Valenciana y la zona oriental de Castilla la Mancha.

En el resto de la península el fenómeno aparece, aunque en medida variable, existiendo zonas donde los monumentos son muy abundantes -Portugal, Galicia y el sur de la península- y otros donde es casi testimonial -la cuenca del Duero, con elementos muy puntuales-

Por ejemplo, en la provincia de Valladolid sólo hay dos monumentos reconocidos -y excavados-: los Zumacales y El Miradero.

Tradicionalmente se reconocían en la península tres focos. Es por ello que los mapas de distribución de megalitos antiguos aún muestran un vacío que abarca las dos mesetas y Valencia:

- El occidental o atlántico, que abarca los focos de Galicia y Portugal

Es el que presenta las fechas más antiguas. Concretamente en el sur de Portugal el menhir de Padras aparece datado a mediados del VI milenio cal AC. Otras fechas también obtenidas allí en sepulcros de corredor son las de Poso da Gateira y Gorginos II, datados por termoluminescencia hacia finales del VI milenio cal AC.

En el área portuguesa se presenta una gran variedad arquitectónica: dólmenes simples -denominados por los portugueses antas-, sepulcros de corredor, de falsa cúpula -tholoi- y en la zona de la Extremadura portuguesa son bastante frecuentes las grutas artificiales -hipogeos- como las de Palmela o de Alapraia.

Junto a las piezas de ajuar comunes vistas anteriormente, en esta zona -y también en el sur de España- son muy frecuentes los ídolos y los elementos votivos -que incluyen lúnulas, piñas, y sandalias, todos ellos en caliza y báculos hechos en pizarra-http://usuarios.lycos.es/jufp/mamoas_arruidos_2.jpg

Los túmulos gallegos son muy abundantes, hasta el punto de que los cronistas del siglo XIX apuntaban a que todas las parroquias gallegas contaban con al menos una mámoa. A veces estas mámoas aparecen concentradas a modo de necrópolis, como en el caso de A Parxubeira.

- El foco andaluz

Se extendería desde Extremadura hasta Murcia y presenta también una gran variedad tipológica: un tipo característico serían los túmulos circulares bautizados por el matrimonio Leisner como rundgraver -tumbas redondas- y que tienen toda una problemática particular, pues no cuentan con corredor de acceso pero sí muestran un claro uso diacrónico.

En la provincia de Huelva existen tipos propios desarrollados a lo largo del IV milenio, como los sepulcros de corredor en v -que muestran un corredor bifurcado hacia dos cámaras- y contemporáneamente los sepulcros de corredor complejos -con un pasillo que se bifurca hacia varias cámaras, dando lugar a una disposición polilobular-

En cualquier caso, el modelo más evolucionado de toda la secuencia estaría representado por los sepulcros de falsa cúpula o tholoi, como los de Los Millares.

Los ajuares destacan por la presencia de los ídolos ya mencionados, aunque corresponden sobre todo a momentos muy avanzados de la secuencia. También aparecen otros elementos votivos.

- El foco pirenaico, que iría desde el País Vasco hasta el Pirineo catalán.

En la zona del País Vasco y Navarra vamos a observar una cierta complejidad en cuanto a la localización de los megalitos, pues los hay en altura situados en sierras con grandes potenciales de pasto y de morfologías simples; mientras que los dólmenes de las tierras bajas -Llanada alavesa- adoptan formas más complejas y son ya grandes sepulcros de corredor -como el de San Martín-

En la zona propiamente pirenaica los megalitos se concentran en las tierras más altas, y a medida que descendemos hacia el valle del Ebro, desciende la concentración de los mismos -por ejemplo en el sur de Barcelona apenas existen-

No conocemos muy bien la relación que existe en Cataluña entre las tradiciones de los sepulcros en fosa -que aparecen en el Neolítico medio- y los megalitos. Tradicionalmente se hablaba de que las comunidades del llano habrían preferido los sepulcros en fosa mientras que las comunidades de los altos habrían adoptado los megalitos. Pero no está nada claro, pues también aparecen algunos megalitos cercanos al propio Ebro.

9. El megalitismo en la Submeseta Norte

Tras este repaso rápido a la situación peninsular vamos a centrarnos en el caso concreto de la Submeseta Norte. Apreciando un mapa de distribución, podemos observar que si bien existen las manifestaciones megalíticas éstas son bastante raras en comparación con las fuertes concentraciones que sin ir más lejos se observan en la cornisa cantábrica.

Los mayores focos se concentran en la zona occidental, en las provincias de Salamanca y Zamora; y por otra parte en la oriental, en las provincias de Soria y de Burgos -con grandes concentraciones en la Lora-

Como ya hemos visto, el caso de Valladolid es significativo, pues sólo muestra dos megalitos. Es posible que muchos de ellos hayan desaparecido, pues referencias bibliográficas del siglo XIX aluden a la presencia de varios trilitos en Tierra de Campos. Para el caso de Palencia, aunque sólo conocemos hoy en día el de La Velilla también hay noticias dudosas de su presencia en la zona de Brañosera, lindante con las Loras burgalesas.

En Ávila hasta los años 90 no se conocía ningún ejemplo, hasta que se excavó el dolmen del Prado de las Cruces o más recientemente el túmulo de Mironcillo. La presencia megalítica en Segovia es también escasa, y algún investigador ha aludido a que esta ausencia habría sido causada por la costumbre de enterrar en cuevas, algo todavía no discernido pues faltan dataciones para estos enterramientos. En León la situación es parecida, con sólo muy pocos casos conocidos.

El inicio de la investigación de los megalitos de nuestras tierras fue iniciado por Gómez Moreno, quien en su elaboración del Catálogo Monumental de España recogió la presencia de yacimientos megalíticos.

Hasta los años 70 se pensaba que las tierras de la Submeseta Norte no habían sido ocupadas por poblaciones prehistóricas, defendiendo el profesor Maluquer que el primer poblamiento neolítico vino ligado a los constructores de los megalitos.

Las excavaciones de los primeros megalíticos corrieron a cargo del padre Morán, quien investigó en algunos dólmenes de la provincia de Salamanca y Zamora. Más recientemente destacan los trabajos de Delibes y Rojo en la comarca de la Lora; los trabajos de Pilar Ruiz Zapatero en La Velilla y de nuevo Rojo con sus actuaciones en otros puntos de Burgos y sobre todo Soria. Los dos megalitos de Valladolid, aunque excavados permanecen inéditos. El caso de Prado de las Cruces lo ha excavado Fabián.

Actualmente destaca el proyecto de Delibes y Moreno que está intentando dilucidar el carácter de los dólmenes de La Lora. En primer lugar se intenta averiguar si el origen de los mismos es en todos los casos megalítico, y en segundo lugar se está intentando averiguar el significado de una clara alineación de los mismos en sentido NW-SE hacia Cantabria.

Los sepulcros megalíticos de nuestra comunidad muestran las siguientes tipologías: dólmenes simples, sepulcros de corredor y contamos también con tipos propios como los redondiles y las tumbas-calero.

Una de las mejores regiones zonas estudiadas es La Lora, donde se ha excavado un gran número de monumentos y contamos con un gran número de dataciones absolutas -en Salamanca y Zamora no tenemos dataciones- De hecho se ha podido establecer una secuencia evolutiva para sus tipos.

Los tipos más simples estaría datados a mediados y finales del V milenio y no serían estrictamente túmulos megalíticos, sino que serían simplemente amontonamientos de piedras que cubrirían los osarios45 -este sería el caso del de El Rebolledo-http://www.pueblos-espana.org/fotos_originales/2/7/6/00422276.jpg

En una fase ligeramente posterior, a finales del V milenio y comienzos del IV aparecerían los dólmenes simples -Fuente Pecina II46-; para a finales del IV milenio aparecer los sepulcros de corredor, que evolucionarían desde los tipos más pequeños -Valdemueriel- hasta los más monumentales como los de Las Arnillas -25 metros de diámetro, en la imágen-, El Moreco -que cuenta con representaciones en su interior o el de La Cabaña.

Una ojeada a los resultados de los análisis de los osarios de la Lora hace de nuevo apuntar a lo que veníamos viendo, esto es, a que los megalitos no muestran enterramientos de miembros de una sociedad igualitaria, sino que aquí aparecen también infrarrepresentados los individuos infantiles y las mujeres, es decir, una tendencia clara hacia los varones adultos, que gozarían por tanto de una mayor consideración social47.

En cuanto a la cuestión de si son enterramientos primarios o no, algunas pruebas obtenidas en el valle de Ambrona apuntan a que sí lo son. Por ejemplo, en la Peña de la Abuela se encontraron restos de insectos necrófagos, lo que apuntaría a que los individuos allí depositados contaban todavía con tejidos blandos.

La Tarayuela, también en Ambrona, muestra como el sepulcro fue sometido a la acción de un fuego intencionado -como en la Peña de la Abuela-, y sabemos que los huesos conservaban sus tejidos blandos cuando sufrieron la acción del fuego. Estas dos evidencias apuntan hacia una tendencia de enterramientos primarios.

Hasta ahora hemos visto los tipos universales de Daniel, pero en nuestra zona existen variaciones arquitectónicas propias.

Una de ellas son los conocidos como redondiles, sepulcros de corredor en los que los ortostatos se disponen horizontalmente, en vez de verticalmente hincados en la tierra. La cubierta estaría realizada con tapial, ya que por ejemplo en La Velilla aparecieron numerosas pellas de barro. Otro buen ejemplo de redondil son los Zumacales, aunque apareció muy deteriorado.

El hecho de que este tipo de tumbas se encuentre en el centro de la cuenca sedimentaria, donde no abundan los yacimientos rocosos, llevó a pensar que se trataba de soluciones arquitectónicas diferentes debido a las condiciones del medio -solución que se ha mantenido hasta nuestros días- Sin embargo La Velilla muestra ortostatos de hasta dos metros dispuestos verticalmente, cuando muy bien pudieron colocarse horizontalmente. Esto hace pensar que pueda deberse no a estos condicionantes sino a otros motivos quizá de carácter social.

En todo caso es una variante local a tener en cuenta.

Otra variante local serían las denominadas tumbas calero, definidas por el profesor Rojo, a raíz de la aparición de varias en el valle de Ambrona como los túmulos de La Sima, La Tarayuela o la Peña de la Abuela. El primer megalito conocido de esta tipología fue el Miradero.http://www.valledeambrona.com/yacimientos/imgs/reproduccion1.jpg

En su opinión estas tumbas estarían construidas con bloques de caliza apilados unos sobre otros y que ya desde su propia construcción se habría decidido su fin: clausurarlos por medio de un incendio deliberado que habría permitido que la caliza se convirtiese en cal viva, sellando para siempre el túmulo.

De ahí que en la excavación aparece un nivel durísimo de mortero, que no es sino los restos de esa cal viva. El fuego debió ser intencionado, como así lo demuestra la arqueología experimental, que ha puesto de manifiesto que la conversión de caliza en cal necesitó de varios días de incendio y temperaturas de más de 800º para hacerlo posible, lo que excluye cualquier tipo de no intencionalidad.http://www.valledeambrona.com/yacimientos/imgs/experimento2.jpg

Estas tumbas presentan una problemática clara, pues su destrucción no hace posible conocer su disposición arquitectónica. Rojo cree que pudieran ser sepulcros de tholos, aunque de ser así nos deberíamos encontrar una disposición circular de la cal, cosa que no sucede, pues es muy irregular. Rojo lo explica haciendo referencia a que esa caliza en fusión haría que se expandiese más de lo normal… pero aparecen huesos en conexión anatómica, por lo que esta tipología presenta todavía ciertos tipos de problemas de interpretación.

El hecho de que se interprete como tholos, se basa en el túmulo de La Sima, pues tras una primera fase que resultó en una tumba calero -Sima I, inicios IV milenio cal AC-, se construyó en una segunda fase un tholos justo encima de los restos de la tumba calero -Sima II, mediados o finales IV milenio cal AC- Todavía existe una fase ulterior, correspondiente a inhumaciones campaniformes -Sima III-

* La Sima II muestra además cistas en su interior, cosa que ya veníamos apuntando desde antes. Parece que a finales de la secuencia megalítica comienzan a aparecer lo que se denominan estructuras individualizadoras, bien cistas, bien lajas, pero que en todo caso señalizan una determinada inhumación en la tumba. Esta tendencia va acompañada de la tendencia creciente por los ajuares personales.

En cuanto a los ajuares de la meseta encontramos los mismos patrones que a nivel europeo y detectamos además una cierta evolución.

En los primeros megalitos los microlitos geométricos son abundantes, junto con las láminas de sílex, hachas pulimentadas, espátulas de hueso -destacando los de tipo San Martín-El Miradero- y cuentas de collar.

En cambio, en sepulcros de una fase más avanzada, vemos cómo los microlitos son cada vez menos abundantes y comienzan a ser sustituidos por una amplia gama de tipos de puntas de flecha. Las láminas de sílex siguen apareciendo, pero ahora a un gran tamaño, lo que hace hablar de cuchillos. Se mantienen aunque en menor número las piezas pulimentadas, lo mismo sucede con los ídolos espátula de tipo San Martín-El Miradero. Las cuentas de collar en cambio son ahora abundantísimas y hechas sobre varios tipos de materias primas48, lo que iría en paralelo a las tendencias de mostrar ajuares personales.

Los ídolos-espátulas de tipo San Martín-El Miradero

Atención especial merecen los ídolos-espátulas de hueso de tipo San Martín-El Miradero, pues son un tipo exclusivo de la Submeseta Norte, con ejemplos distribuidos por Palencia, Valladolid, Burgos, Soria y Rioja alavesa y una en Zamora como punto más occidental.

Fuera de este ámbito se encuentra dos ídolos-espátulas aislados uno en un dolmen de Toledo y otro en Guadalajara pero que parece llegarían allí por intercambio.

Son piezas elaboradas siempre sobre tibias de ovicaprinos y, caso excepcional, en los Zumacales aparece uno sobre radio humano. Presentan un extremo funcional en forma de abanico y pala, de ahí que se les denomine espátulas; la razón de que se les llamen ídolos es que algunos de ellos presentan claros rasgos antropomorfos, como uno de la Velilla que aparece con una cabeza con peinados figurados, senos y brazos marcados mediante incisiones laterales.

El hecho de que algunos presenten rasgos antropomorfos, y que todos hayan sido encontrados en tumbas, ha llevado a interpretarlos como ídolos, llamados precisamente de San Martín-El Miradero por ser el primero el sepulcro donde se encontraron por vez primera y el segundo porque presenta hasta una treintena de estas piezas.http://www.valledeambrona.com/yacimientos/imgs/espatula.jpg

Su función está todavía por discernir. Algunos de ellos muestran restos de un pigmento rojizo, lo que llevó a plantear que se pudieron usar para recubrir de ocre los cadáveres. Sin embargo, los restos de ocre no aparecen en el extremo funcional, sino en el otro lado. Otra interpretación es la de que sean alfileres para el cabello, pues en algunas tumbas aparecen cerca de las cabezas. O puede que no tuvieran ningún uso, pues la mayoría son piezas muy frágiles -espesor del hueso de hasta un milímetro-

En todo caso, la interpretación funcional gira en torno a alguna actividad ritual relacionada con las tumbas, y son considerados como objetos de prestigio, pues no todas las inhumaciones muestran asociados estos ídolos49. Otra evidencia de que fueron objetos de prestigios se debe a que su realización no debió ser nada fácil, por su gran complejidad y fragilidad.

Unas breves notas sobre las



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