Nº 1 Planos de las ciudades de París, Barcelona y Brasilia introduccióN: “Fundamentos y desarrollo del urbanismo contemporáneo”



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ARQUITECTURA DE LOS SIGLOS XIX Y XX




Nº 1-4. Planos de las ciudades de París, Barcelona y Brasilia

INTRODUCCIÓN: “Fundamentos y desarrollo del urbanismo contemporáneo”

El plano de la ciudad actual es el resultado de intereses contrapuestos de los diferentes agentes sociales y tiene su origen en el siglo XIX con la Revolución Industrial. El crecimiento de las ciudades, ante la instalación de la industria y el asentamiento de la población procedente del éxodo rural que trabajará en ella, tuvo un carácter vertiginoso y desordenado lo que llevo a la escasez de viviendas, la congestión del centro, aumento de tráfico, la falta de higiene, etc. Por criterios de racionalidad, el Estado y sus dirigentes vieron la necesidad de una planificación urbana para evitar daños mayores – insalubridad, ruidos, tensiones y conflictos sociales, etc. – y de esta manera seguir controlando el orden establecido por el sistema socioeconómico capitalista; lo que supondrá la apropiación del suelo urbano, del uso de infraestructuras, el control de la seguridad y de la rentabilidad de los recursos por las clases sociales dominantes.

Esta situación queda reflejada en las ciudades a través de los diversos tipos de los planos que surgieron, tanto en las antiguas ciudades europeas como en las ciudades de nueva creación. Estas cuestiones se pueden ejemplificar a través de los tres ejemplos de comentarios de planos urbanos analizados aquí como modelo: París (como modelo de ciudad monumental a través de sus grandes vías y perspectivas), Barcelona (como modelo de ampliación de la ciudad por medio de barrios o “ensanches”) y Brasilia (como modelo de ciudad funcional internacional).
Nº 1-2. PLANO DE PARÍS

George-Eugéne Hausmann. el esquema de las reformas de París de 1852

El primer plan de transformación o renovación urbana, basado principalmente en la instalación de grandes vías de comunicación del centro con la periferia, es el que el barón Haussmann, prefecto de París desde 1851, diseñó para dicha ciudad y que fue potenciado por el emperador Napoleón III, decidido a convertir su capital en una ciudad moderna, saludable y de tráfico fluido.

La necesidad de renovación de la ciudad se había hecho sentir desde la revolución de 1789, por la aglomeración de ciudadanos en el centro y por su red viaria estrecha y medieval. Entre 1830 y 1890, el antiguo trazado urbano de la capital francesa se supedita a la red viaria creada de 165 Km. con una serie de avenidas: Opera, Bois,…, bulevares: Sébastopol, Voltaire,… y vías - , sufriendo de esta forma una serie de transformaciones entre las que hay que añadir la instalación del ferrocarril y sus estaciones: ST-Lazàre, D’ Austerlitz, Montparnasse,…, y la propia aplicación del plan Haussmann a partir de 1852 con toda su legislación y anexiones de pequeñas poblaciones periféricas: La Villette, Bercy, Montrouge,…. Hausmann contó con la ayuda del ingeniero Jean Charles Adolph Alphand que diseñó una planificación viaria de calles arboladas desde el centro de la ciudad a la periferia – siguiendo el plano radioconcéntrico -- superponiendo una red viaria ancha y rectilínea al antiguo trazado de plano más o menos caótico. Las bases fueron la creación de grandes bulevares y de plazas radiales; los tres anillos de bulevares del plan Haussmann, con su gran anchura y con una calzada arbolada para el paseo público, hicieron que se pudiera `prescindir de pasar por el casco viejo de la ciudad fuertemente congestionado, y la plaza radial, supone una comunicación rápida con las zonas periféricas y el establecimiento de enormes perspectivas para la época. Uno de los mejores ejemplos es el que se desarrollo en la plaza de la Estrella donde se aúna la idea de monumentalidad y centralización radial a través de las doce calles que parten de ella comunicándose con el resto de la ciudad.

La finalidad no solo atendía los aspectos estéticos de creación de amplias perspectivas barrocas sino también a cuestiones funcionales: tráfico fluido que lleven a los obreros y clases populares al trabajo, compras, etc. y que permitan controlar los disturbios – como los de las anteriores revoluciones - con mayor eficacia para evitar la insurrección popular.

La higiene y salubridad de París se potencia por medio de un sistema de acueductos y una nueva red de alcantarillado, instalación de iluminación por gas, cementerios, etc., y por la construcción de grandes plazas y jardines, verdaderos pulmones de la ciudad. Como son los grandes parques que constituyen los bosques: el Bois de Boulogne, al oeste y el Bois de Vincennes al este cerca de los palacios y las viviendas de la alta burguesía. Son áreas de esparcimiento y recreo para las elites, provocando la diferenciación de las zonas urbanas según las clases sociales. La ciudad se dividió en veinte barrios, "arrondissements", con sus funciones y servicios propios.

Estas medidas fueron potenciadas a través de unas leyes expropiatorias y sanitarias rigurosas que permitieron la demolición de numerosas casas y callejuelas en el casco antiguo y que cambiaran la antigua morfología de la ciudad de París de un plano caótico y desordenado medieval hasta otro plano más racional y moderno de tipo retícula a la que se le superponen redes viales radioconcéntricas.

En conclusión, Haussmann preocupado por la búsqueda de la grandeza de París y por la restauración del orden, proyectó un París diáfano, monumental, saludable y fácilmente controlable por las fuerzas de orden público que fuera imagen representativa de este segundo Imperio de Napoleón III, y a su vez, símbolo de poder de estado centralizado. Todas estas reformas permitieron hacer de París el ejemplo de capital a imitar, véanse las reformas y ampliaciones que se hicieron en las ciudades de Bruselas, Viena,…
Nº 3. PLANO DE BARCELONA.

Ildefonso Cerdá, proyecto de reforma y ensanche de Barcelona, en 1859.

Barcelona era la ciudad española de mayor crecimiento industrial en el siglo XIX y por tanto, necesitaba planificar su crecimiento: instalación industrial y asentamiento de la población obrera procedente del éxodo rural de otras zonas más deprimidas peninsulares, anexiones de pequeños municipios,…

Su peculiar morfología, situada a orillas del mar, surcada por el río Besós y con algunos desniveles topográficos: montaña del Tibidabo, montaña de Montjuich (ciudadela, donde se instalaran los controles del poder ejecutivo a través de los cuarteles del ejercito) requerirá una nueva planificación que llevó a cabo Ildefonso Cerdá, proyectando un “ensanche” (1858) en forma de cuadrícula y respetando el casco antiguo. Para llevar a cabo el “ensanche”, Cerdá se valió no sólo de leyes de expropiación forzosa, promulgadas desde 1836, sino también de otras - nuevas leyes de saneamiento y mejora de las poblaciones- las cuales dotaran a la ciudad de Barcelona de un sistema de salubridad e higiene ejemplar en España para su época.

Lo novedoso del Plan Cerdá es que combina el entramado de cuadrícula clásico con los principios básicos de las “ciudades jardín”. Además, crea el enlace entre las dos zonas de expansión paralelas al puerto a través de dos ejes diagonales que confluyen en una gran plaza - Plaza de las Glorias - y respetando la zona antigua que sufrirá alguna reforma como fue la apertura de la vía Layetana y el trazado de la ronda superpuesto a la anterior muralla medieval cuyos restos fueron derruidos.

Cerdá basó la reforma de Barcelona y de la creación de su "ensanche", que llegaría hasta el río Besós, en la construcción de manzanas de viviendas para las clases medias por medio de un sistema reticular de 22 manzanas que insertan dos avenidas diagonales. Diseñó un modelo de estándar de manzana y estructura vecinal.

El plano urbano que resulta es una red viaria de calles rectas y anchas, con clara jerarquización viaria (avenidas, bulevares, diagonales, rondas, etc.) El entramado es cerrado basado en manzanas de viviendas que para facilitar la circulación y la visibilidad sus esquinas rematan en chaflanes. Las manzanas fueron edificadas en primer lugar solo por dos lados adornados por un espacio arbolado que permite romper la frialdad de líneas y disponer de zonas verdes, además de la creación de plazas cuadradas. Posteriormente con el crecimiento de la ciudad se elevaran las alturas, se cerrarán las manzanas, privatizando los interiores, etc. Deteriorándose, de este modo, el plan original del diseño del ingeniero Cerdá.

A su vez, Ildefonso Cerdá se preocupó también por planificar el extrarradio barcelonés que afectará a numerosos municipios colindantes como Sarriá, Sants, Les Corts, etc. Aplica a su diseño la misma ordenación en manzanas pero en este caso no para la instalación de la burguesía sino de los barrios obreros y de las fábricas. Todo ello, genera un plano en cuadrícula multifuncional donde se distribuyen los equipamientos: mercado, hospitales, parques, etc. mientras en el centro de la ciudad - Paseo de Gracia, Vía Layetana,…- están las viviendas de la burguesía, en la periferia del ensanche y en el extrarradio se instalará la industria y otras manzanas de viviendas obreras.
A la larga con el aumento de la población, al ensanche le ocurrirá lo mismo que al casco viejo: al no respetar los espacios verdes, aumentar la altura de las edificaciones, sustituir su función de vivienda de clases medias por otras comerciales, oficinas, talleres, etc., se contribuye a la especulación de suelo, se eleva su carestía,… y por último, la población más pudiente cambiará de lugar de residencia.
Nº 4. PLANO DE LA CIUDAD DE BRASILIA.

LUCIO COSTA, plano general de Brasilia, 1957.

La ciudad de Barsilia es un ejemplo tardío de urbanismo y de arquitectura tradicional que aúna los planteamientos racionalistas de la escuela de la Bauhaus y las teorías organicistas de Le Corbusier.

El nacimiento y creación de esta nueva capital para el Estado de Brasil surge por motivos político-económicos, ya que Brasil experimenta una etapa de rápida industrialización e intensa colonización del interior de su territorio en los años 50. En 1956 el presidente de Brasil, Kubitschek, decide realizar una nueva capital federal en el interior del país y de esta forma acabar con el desequilibrio demográfico y económico de Brasil a favor de la zona costera, la primera colonizada y con abundante población.

Los encargados de llevar a cabo el diseño de la nueva capital fueron Oscar Neimeyer y Lucio Costa. Este último, seguidor de Le Corbusier, que hacen de Brasilia un modelo de ciudad funcional con sus edificios públicos, símbolos del poder político y económico de carácter racionalista.

La ciudad de Brasilia se concibe como un intento de prolongar la naturaleza hacia su interior mediante el predominio de espacios abiertos que dan al lago artificial, alrededor de donde se instala, un carácter de centro funcional de la ciudad.

El diseño del plano es de Lucio Costa que parte de dos ejes que se cruzan en ángulo recto, formando el signo de la cruz. E mayor es curvo, viene a ser una aplicación de la ciudad lineal por la axialidad en sus edificaciones, con entramado abierto a partir de superbloques residenciales agrupados de cuatro en cuatro y distribuidos a ambos lados de un gran eje de circulación. Y el eje menor, creado por medio de criterios helenísticos con escenografías al estilo Haussmann, es el eje monumental por que contiene el Palacio Presidencial, la Plaza de los Tres Poderes, además de otras importantes edificaciones civiles.

Los edificios se concentran mediante edificaciones en altura, a modo de bloques aislados sustentados sobre pivotes alrededor, dejando en medio espacios libres que dan diafanidad al espacio entre ellos, siguiendo las teorías de Le Corbusier, cuyas teorías se recogieron en la carta de Atenas en 1943 con el nombre de "open planning". El uso peatonal, los espacios verdes muy amplios, siguiendo el modelo de ciudad organicista, al igual que el del transporte, tanto privado como público, es fundamental en el diseño de las ciudades nuevas.
Sin embargo, la ciudad de Brasilia abruma al visitante por la grandilocuencia de sus edificaciones y vías de comunicación, produciendo una sensación de soledad y aislamiento muy lejos de las pretensiones de integrar al ser humano con la naturaleza a través de su urbanismo.

A.M.H.


Nº 5. EL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE MADRID (1790-1808)

JUAN DE VILLANUEVA

El artista.

Juan de Villanueva (1739-1811) fue el representante más destacado de la arquitectura neoclásica en España, dentro de la llamada Época de la Ilustración. Arquitecto de sólida formación profesional e intelectual en Madrid y en Roma, desarrolló su actividad constructiva desde la década de 1770 hasta los comienzos del siglo XIX. Estuvo al servicio del conde de Floridablanca, secretario de Estado, en los encargos de edificios reales promovidos por Carlos III y Carlos IV; también fue arquitecto mayor de Madrid y director general de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (1792-1795).

La producción de Juan de Villanueva se inscribe dentro del neoclasicismo internacional. La arquitectura neoclásica tuvo su época de esplendor y desarrollo entre 1770 y 1830, aproximadamente. Se proponía la restauración del ideal clásico en la arquitectura, a partir de los modelos de la Antigüedad grecorromana. Se presentaba como una arquitectura regida por la razón y la simetría, y, además, quería ser utilitaria y representativa.

Todas esas características se aprecian en el Observatorio Astronómico de Madrid, obra que, junto con el próximo edificio del Museo del Prado, suponen las obras más representativas de la arquitectura de Villanueva.


Descripción y características arquitectónicas.

El Observatorio Astronómico se elevó en el llamado “cerrillo” de San Blas, en una zona de altos situados cerca de Atocha. El edificio, de planta centralizada, serviría para observar y estudiar el firmamento y los astros, de ahí su ubicación elevada, y tenía, además de las salas de observación y de instrumentos, otros gabinetes y oficinas. Su planta presenta planta cruciforme, con los brazos transversales más largos, debido a las necesidades funcionales; en el centro hay un gran salón en rotonda, de clara inspiración palladiana ("La Rotonda" o "Villa Capra" en Vicenza), y en el centro de la amplia fachada un gran pórtico. Este pórtico hexástilo, de orden corintio, que recuerda el de un templo clásico romano, es de gran refinamiento, y no está rematado con un frontón, sino que sobre el destacado entablamento Villanueva dispuso una terraza, solución muy neoclásica.



Pero lo que más llama la atención en el edificio es el remate de la rotonda central, cerrada con una cúpula rebajada, que no se aprecia al exterior, y sobre ella un cuerpo elevado o gran linterna, en forma de templo circular o "tholos" clásico, rodeado de columnas de orden jónico, que servía para situar los telescopios en él. Este cuerpo, cerrado con cristales, por lo tanto, era un espacio útil, necesario para las observaciones, y no un simple elemento o recurso ornamental. Las edificaciones en forma de templos circulares fueron muy utilizadas por los arquitectos neoclásicos. A ese cuerpo saliente se accede por una escalera de caracol, rematada por uno de los torreoncitos que se disponen en las esquinas de ese cuerpo autónomo.



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