Moneda y libertad



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Revista Libertas IV: 7 (Octubre 1987)

Instituto Universitario ESEADE



www.eseade.edu.ar




MONEDA Y LIBERTAD
Hans F. Sennholz
I
Causas de la desintegración económica
Investigar las causas de políticas monetarias específicas significa buscar las teorías monetarias que sirven de guía a quienes crean las políticas. Las ideas controlan al mundo y son las ideas monetarias las que dan origen a las políticas monetarias. Varias doctrinas económicas y monetarias específicas han combinado sus fuerzas para darle a nuestra era sus características inflacionarias. Algunas de estas doctrinas son tan populares como falaces. Las teorías que sostienen que los políticos deben emitir y manejar el dinero porque la gente es incapaz de manejar el propio, que la prosperidad y expansión económicas dependen de la emisión de más dinero, que la oferta de oro y plata es insuficiente, que las depresiones económicas son el resultado de la falta de dinero, que la inflación surge de la codicia individual y del deseo de ingresos y precios más elevados, que los políticos y funcionarios son valientes luchadores contra la inflación, y que el dólar estadounidense ha ganado la batalla frente al oro, constituyen sólo unas pocas de las nociones ampliamente aceptadas; pero totalmente erróneas, que rigen la política monetaria.
Incluso algunos partidarios de la propiedad privada y de la libertad individual desean que el gobierno maneje el dinero. Creen firmemente que el dinero no puede quedar a merced de las "fluctuaciones" del orden de mercado, sino que debe ser controlado por el gobierno. La moneda debe ser suministrada y regulada por el gobierno o su banco central. El dinero libre resulta casi inconcebible para nosotros en el siglo veinte. Dependemos del gobierno para acuñar monedas y emitir billetes, para definir el término "moneda de curso legal", establecer bancos centrales, dirigir las políticas monetarias y luego para manipular los niveles de precios. En síntesis, dependemos totalmente del control que ejerce el gobierno sobre el dinero. Desafortunadamente, nuestra confianza en un monopolio del dinero conduce a la destrucción monetaria y a la desintegración económica. Se produce una inflación, una devaluación y, finalmente, una destrucción de la moneda toda vez que los políticos y funcionarios ejercen un poder monopólico sobre ésta.
1. El monopolio del dinero. El Sistema de la Reserva Federal
Prácticamente todos están convencidos de que una economía moderna necesita de un banco central. Según sostiene la gente, un banco central debe "mantener la estabilidad del nivel de precios", "otorgarle a una economía en crecimiento una moneda flexible y un sistema crediticio", y "mantener el nivel de inversión dentro de un margen que garantice el pleno empleo". Se dice que resulta necesario el monopolio del banco central porque brinda poderes reguladores discrecionales, sin los cuales una economía no puede dirigirse hacia el bien común.
El Sistema de la Reserva Federal, según su conformación actual, es el resultado de una ideología de esta naturaleza. Los siete directores que dirigen el Sistema son los voceros de los poderes y privilegios del banco central. Pueden discrepar con los miembros del Congreso y la administración respecto de la persona o personas que deben ejercer la autoridad y manejar el poder, pero nadie en el gobierno cuestiona la razón fundamental de su poder monopólico sobre el dinero y la banca. No resulta aconsejable formular preguntas sobre el monopolio del dinero.
Independencia de la Reserva Federal
El comandante en jefe de la Reserva Federal es el presidente de los Estados Unidos; nadie dentro del Sistema puede oponerse a sus deseos y sugerencias. Goza de los poderes necesarios para dirigir sus políticas, nombra a los siete directores y designa al presidente y al vicepresidente. Es evidente que esta facultad de nombramiento le otorga al presidente el poder de dirigir el curso de las políticas monetarias. Si él apoya las teorías del "dinero fácil", sólo puede esperarse que designe a aquellos que sean partidarios del "dinero fácil". También puede recurrir al Congreso para que éste apruebe una nueva legislación monetaria. En más de cien oportunidades, el Congreso, en realidad, enmendó la ley de la Reserva Federal, frecuentemente por recomendación del presidente. Además, el vocero presidencial en el Congreso puede "interpelar" a los directores en audiencias públicas, censurar sus políticas e incluso dudar sobre sus motivos hasta tanto no reconozcan los errores de sus procedimientos. Por ello la Reserva Federal nunca fue, ni podría haber sido, independiente del gobierno que la creó. En todos los temas cruciales el Sistema tuvo que acceder a los deseos del presidente.
Pero, indudablemente, el Directorio de la Reserva Federal sigue gozando de cierto dejo de independencia formal. Una vez que se ha nombrado a un director, éste queda en libertad para emitir su voto dentro de los límites de las leyes que rigen a la Reserva Federal, y de la consideración política, pero incluso esta "independencia" cae bajo el severo ataque de las fuerzas reformistas dentro del Congreso. Las propuestas reformistas recientes sostienen que el presidente debe hacer recomendaciones públicas que los directores deben seguir al implementar una política monetaria. Otras propuestas exigen pautas legislativas que limitarían las acciones del Sistema. Evidentemente, el Directorio, al igual que cualquier otra dependencia gubernamental, se opone vigorosamente a este traspaso de poder, de sí mismo a otras ramas del gobierno. Está sumamente ansioso de mantener e incluso expandir sus funciones.
Para muchos observadores de la Reserva Federal, el presidente del Directorio, quien preside el Sistema, representa al zar financiero del dinero y la banca de los Estados Unidos, es el César del mundo monetario. En cierto sentido esto podría ser auténtico. Cualquier individuo que controle el monopolio del dinero y del crédito de los Estados Unidos, y que en esa calidad maneje el orden monetario mundial, indudablemente es el hombre más poderoso de la tierra, pero es incurrir en un error el pensar que el presidente del Directorio es esa persona. En realidad, sus poderes son simplemente derivados y están estrictamente limitados por su capacidad de persuasión, como ocurre en el caso de un asesor presidencial. En conclusión, todos los poderes ejecutivos están en las manos del presidente de los Estados Unidos y todos los poderes legislativos, en manos del Congreso. El Sistema de la Reserva Federal no constituye ninguna excepción a la regla.
Inestabilidad y desempleo
En sus comienzos, el Sistema de la Reserva Federal se creó simplemente para salvaguardar la estabilidad económica. Conforme al preámbulo de la ley de la Reserva Federal, su objetivo era "brindar una moneda flexible, proporcionar un medio para redescontar documentos comerciales y establecer una supervisión más eficaz de las prácticas bancarias en los Estados Unidos".
Han transcurrido más de setenta años desde que la ley fuera aprobada el 23 de diciembre de 1913. Mientras que muchas instituciones humanas han envejecido y desaparecido en este período, el Sistema de la Reserva Federal se ha convertido en un vigoroso y destructivo instrumento de poder. Fue creado como una institución destinada a adecuar las necesidades económicas, como un banco de reserva pasivo que brindaría una moneda flexible emitiendo billetes de banco apoyados por documentos comerciales, giros y letras de cambio que surgieran de operaciones comerciales reales.
Cuando las dos primeras décadas del Sistema se convirtieron en décadas de inestabilidad sin precedentes, cuando los auges y los colapsos se alternaban mientras el Sistema fielmente adecuaba los requisitos económicos, la Reserva Federal comenzó a ocupar el lugar de liderazgo y crear activamente el dinero que deseaba que las actividades económicas tuvieran. El orden de mercado es inherentemente inestable, declararon los directores, requiere una mano que lo guíe y asistencia a través de la planificación monetaria y otras medidas gubernamentales. El orden de mercado revela movimientos inflacionarios y deflacionarios, crea el estancamiento y el desempleo. El Sistema de la Reserva Federal, que se inició como una empresa cooperativa de los bancos del país que deseaban unir sus reservas, se convirtió entonces en una institución que encuentra seriamente defectuosa a la empresa individual y al orden de mercado.
La Reserva Federal ha establecido el pleno empleo como uno de sus principales objetivos. Según sus términos, el Sistema debe "ayudar a contrarrestar los movimientos inflacionarios y deflacionarios, y ser partícipe en la creación de condiciones favorables al mantenimiento de un alto nivel de empleo, de valores estables, crecimiento del país y de un nivel de consumo cada vez más alto".1 Su mandato proviene de la ley de empleo de 1946, la que establece que todas las dependencias gubernamentales deben considerar el pleno empleo como objetivo primordial del gobierno.
Siempre activo en la persecución de programas y políticas gubernamentales, el Sistema produce inflación o deflación, eleva o disminuye las tasas de interés, ejerciendo siempre poderes discrecionales. No existe código de reglas al que deba ajustarse, no hay regulador alguno que lo fuerce a actuar de una manera predeterminada. En todo momento, se espera que brinde ayuda al Tesoro de los Estados Unidos y que actúe como su agente fiscal y prestador de último recurso.
Al manejar tres "instrumentos de control" -descuentos, operaciones de mercado abierto y regulación de reservas bancarias- el Sistema preside y ejerce el control sobre el dinero y la banca de los Estados Unidos. Ostenta el poder sobre los auges y recesiones económicas, el poder para cambiar el contenido de cada pago diferido y para aumentar o disminuir el valor real de cada bono, salario o ganancia, y el poder para modificar el empleo o desempleo. En realidad, el Sistema de la Reserva Federal es la herramienta más importante en el arsenal del sistema de mando político.
Durante los setenta años de su existencia, esta herramienta se ha ido transformando desde una institución cuyo objetivo era servir a los bancos en épocas de crisis, en un sistema bancario central que sirve al gobierno federal en el cumplimiento de sus objetivos económicos y sociales. El crecimiento de los poderes de la Reserva Federal refleja el crecimiento del poder político en los Estados Unidos.
Para evitar auges y colapsos, el estancamiento y el desempleo, el Sistema de la Reserva Federal realmente tendría que evitar usar sus amplios poderes monetarios. Tendría que abstenerse de iniciar un auge para evitar un colapso. No podría utilizar su autoridad legal para comprometerse en compras en el mercado abierto, para bajar los encajes efectivos de los bancos miembros y para expandir sus descuentos y anticipos. Cada una de estas medidas crea reservas adicionales, sobre la base de las cuales los bancos miembros se embarcan en su propia expansión crediticia; la expansión crediticia implica incertidumbre e inestabilidad.
Los auges y las depresiones no surgen de la naturaleza del sistema de mercado; son impuestos por los gobiernos o bancos centrales que expanden o contraen la masa monetaria y el crédito. Los ciclos económicos aparecieron por primera vez con el surgimiento del sistema de depósitos y banca centrales. Plagaron a Inglaterra durante las últimas décadas del siglo XVIII, y luego se difundieron, siempre de la mano del desarrollo de las prácticas bancarias centrales, y las prácticas bancarias de depósitos financiados, a Europa occidental, América del Norte y al centro, sur y este de Europa. Al finalizar el siglo XIX, el comercio en el mundo conocía ampliamente la expansión crediticia de los bancos y los ciclos económicos.
Según la ideología principal de nuestros tiempos, el pleno empleo y los niveles de consumo más elevados necesitan de auges ocasionales de expansión crediticia, los que supuestamente son "contracíclicos" en su naturaleza. Conforme a la ley de empleo de 1946, "es política continua y responsabilidad del gobierno federal utilizar todos los medios pertinentes compatibles con sus necesidades y obligaciones y otras consideraciones esenciales de política nacional [...] promover al máximo el empleo, la producción y el poder adquisitivo". Cuando las actividades económicas declinan o comienzan a mostrar señales de declinación, es responsabilidad de la Reserva Federal expandir el crédito y, de esta forma, evitar el colapso. No obstante, si la actividad económica continúa vacilante, puede llegar a recurrirse a la Reserva Federal para que autorice al gobierno a realizar gastos contracíclicos. Posiblemente tenga que crear el dinero para amplios planes de gastos gubernamentales en obras públicas, fondos de desempleo y otros proyectos.
En todos los casos, el objetivo del pleno empleo requiere de una expansión monetaria, la que, conforme a todos los principios de la economía, es la causa más profunda de la inestabilidad. Constituye un elemento destructor e inflacionario dentro del orden de la propiedad privada, alimenta activamente la ideología de transferencia y promueve el sistema de mando político.
Al servicio de la financiación gubernamental
El Sistema de la Reserva Federal cumplía sólo dos años cuando sufrió rápidos cambios de aspecto, carácter, condición y función. En 1917 se le requirió la financiación de los gastos del gobierno para la Primera Guerra Mundial, y ha prestado servicios fielmente desde ese momento. Se vio forzado a suministrar enormes cantidades de dinero de manera fluida e indolora, para evitar que el gobierno tuviera que establecer impuestos más elevados o que tuviera que pedir prestados los fondos deseados a tasas de interés más altas. Evidentemente, la expansión monetaria condujo a una nefasta devaluación del dólar estadounidense.
La nueva función de la Reserva Federal recibió el aplauso y la gratitud de los políticos y funcionarios. Desafortunadamente, no surgieron críticos que la describieran como una poderosa máquina de la inflación trabajando a pleno para el gobierno. Nadie señaló que el objetivo básico de la Reserva Federal había cobrado dimensiones significativas y que el Sistema estaba emprendiendo el camino hacia la destrucción monetaria.
Casi todos los programas del gobierno requieren de gastos masivos que constituyen un peso financiero enorme sobre el tesoro público. En principio, el gobierno puede simplemente buscar la "redistribución" del ingreso y las riquezas. Puede cobrarle impuestos a Pedro para pagarle a Pablo, pero este método de redistribución, tan conveniente y popular, pronto se agota al provocar estancamiento y desempleo. Evidentemente, el capital, al igual que el trabajo, deja de funcionar correctamente cuando el gobierno acapara la mayor parte del rendimiento.
La facilidad con la cual el Sistema de la Reserva Federal financia enormes déficit del Tesoro ha creado ilusiones de grandeza. El pueblo de los Estados Unidos se ha acostumbrado a grandes déficit del Tesoro y a las manipulaciones que ejerce la Reserva Federal sobre el dinero y el crédito para cubrir dichos déficit. Por motivos de practicidad, el Sistema es la dependencia a través de la cual el gobierno federal ha asumido un control absoluto sobre el dinero y claramente domina a los mercados crediticios.
La mayoría de los economistas está alarmada por el nivel de gastos federales autorizados por el Sistema. Al relacionar los gastos con los ahorros, deducen consecuencias temibles debido a un exceso de gastos sobre ahorros. La deuda federal se triplicó durante la década de 1970 y llegó a U$S 1 billón en 1981. En 1986 superará la marca de U$S 2 billones. Con déficit federales de más de U$S 200 mil millones por año, la operación continua del gobierno depende de que se encuentre un número cada vez mayor de compradores en los Estados Unidos y en el exterior para esa creciente montaña de deuda.
Desafortunadamente, los ingresos y la riqueza económicos no fluyen desde una montaña de deuda, surgen de los ahorros y las inversiones. Al igual que aumenta la riqueza material de una persona, habitualmente denominada patrimonio, cuando los ingresos superan los gastos, y declina cuando los gastos superan los ingresos, el patrimonio nacional también varía según las entradas y salidas. Lo que resulta cierto para un individuo también lo es para 23 millones o 230.
Queda absolutamente claro que un exceso de gastos nacionales sobre ahorros conduce al empobrecimiento de la sociedad, de la misma manera que el exceso de gastos individuales sobre ahorros tiende a agotar a una persona. Los economistas lo denominan "consumo de capital" o bien, en términos contemporáneos, "descapitalización de la industria". Esto resulta evidente por las herramientas y equipos ineficientes, talleres y fábricas obsoletos, y otras instalaciones desactualizadas. Las tasas de interés escalofriantes señalan mercados de capitales vacíos y agotados. La pérdida de capital productivo evidentemente lleva a una reducción en el ingreso de los trabajadores. Los índices de salarios pueden llegar a declinar en términos reales. Los trabajadores quizá tengan que dar "devoluciones" trabajando durante horarios más prolongados para recibir una paga inferior y menores beneficios marginales.
El pueblo de los Estados Unidos no está acostumbrado al deterioro de las condiciones económicas. Aunque ellos mismos pueden estar a favor del sistema de transferencia política según lo indican las elecciones, quizá no aprecien demasiado sus efectos. Con creciente fervor, pueden llegar a buscar recetas políticas que prometan más gastos con más prosperidad. La política se torna cada vez más importante, más mordaz y divisoria.
Como reacción al deterioro visible del bienestar económico de tanta gente, la administración en el poder probablemente recurra a medidas desesperadas. En especial, puede dirigirse a la Reserva Federal para que reemplace la sustancia económica consumida por nuevo dinero, los ahorros reales por papel moneda, y el capital productivo por expansión del crédito. Estas sustituciones crean una inflación galopante que, finalmente, da origen a la hiperinflación. Aunque conocemos los efectos económicos de tal desastre, es difícil vislumbrar sus efectos sociales y políticos.
El banco central del mundo
En cuanto a posición, poder y funciones, el Sistema de la Reserva Federal difiere materialmente de todos los demás bancos centrales. Cuando el dólar estadounidense apareció como la principal divisa internacional sirviendo al comercio de todo el mundo, la Reserva Federal surgió como el banco central del mundo. Ya había adquirido una posición de liderazgo bajo el sistema de Bretton Woods, que había convertido al dólar estadounidense en la moneda de reserva internacional, pagadera en oro al precio de U$S 35 por onza. En agosto de 1971, cuando el presidente Nixon repudió el acuerdo de Bretton Woods, el mundo continuó utilizando el dólar estadounidense sin su convertibilidad. Después de todo, los comerciantes y banqueros del mundo se habían acostumbrado a él. El dólar brindaba acceso a los mercados del país más productivo del mundo, y sus antecedentes de relativa estabilidad eran unos de los mejores de la reciente historia monetaria, a pesar de sus devaluaciones de 1934 y de 1971. Por sobre todas las cosas, el repudio oficial del oro creó un vacío que ningún otro dinero fiat podía ocupar. Dejó al dólar de la Reserva Federal en el lugar más prominente para convertirse en el medio de cambio y activo de reserva del mundo.
El mundo requiere desesperadamente una moneda común que facilite el comercio y las operaciones internacionales. Durante cientos de años el oro actuó como moneda universal, uniendo al mundo en colaboración y comercio pacíficos. En la actualidad, se pretende que el dólar estadounidense asuma las funciones del oro, pero en contraposición al patrón oro, que era totalmente independiente de cualquier gobierno, el patrón dólar depende totalmente de la sabiduría y la discreción del Sistema de la Reserva Federal. Es decir, el patrón monetario del mundo yace ahora exclusivamente en las fuerzas políticas que dan forma a las políticas monetarias de un único país: los Estados Unidos de Norteamérica.
El dólar estadounidense actúa como la divisa de reserva monetaria internacional y como principal divisa de cambio en el comercio mundial. Sirve como unidad de referencia para todas las demás divisas, y como unidad de cuenta de la mayoría de las operaciones comerciales y de casi todas las transacciones de capital del mundo. Los contratos petroleros se celebran en dólares estadounidenses. En países con inflación crónica, puede incluso actuar como sustituto ilegal de las monedas locales. Lejos de desaparecer después de la muerte del sistema de Bretton Woods, el dólar estadounidense -gracias a las necesidades del comercio mundial- ha cobrado mayor importancia que la que tenía anteriormente.
La demanda internacional de dólares les ha otorgado una fuerza extraordinaria entre las divisas del mundo, a pesar de que continúan devaluándose en cuanto a poder adquisitivo. Los bancos centrales de los países de la OPEP, Europa occidental y Japón mantienen la mayoría de sus reservas de divisas en títulos de crédito contra dólares estadounidenses, principalmente en títulos del Tesoro de los Estados Unidos. Al comprar letras, documentos y bonos del Tesoro financian una parte significativa de los déficit del presupuesto federal que, de lo contrario, tendrían que ser financiados por la Reserva Federal. De no ser por estos préstamos del exterior, la masa monetaria de la Reserva Federal sería quizá mucho más grande y, en consecuencia, la tasa de inflación sería mucho más alta.
El orden monetario del mundo, sostenido por el dólar estadounidense y manipulado por el Sistema de la Reserva Federal, convierte la economía mundial en una extensión de la economía de los Estados Unidos. Cuando la Reserva Federal expande su crédito para estimular la actividad económica o simplemente para financiar el déficit federal, los efectos se hacen sentir en todo el mundo. Cuando actúa para restringir el crédito por algún motivo, esto repercute en los mercados monetarios mundiales. A los pocos minutos de ser adoptadas, las medidas de la Reserva Federal se hacen sentir en Londres, París, Frankfurt, Tokio y Hong Kong. Nadie diseñó el patrón dólar del mundo, ningún gobierno lo creó, y ningún acuerdo internacional lo legalizó: es la consecuencia de las ideas y doctrinas económicas que convierten al gobierno en el tutor del dinero de la gente y a un banco central en su administrador.
Vanguardia del socialismo
El Sistema de la Reserva Federal es mucho más que el banco central del mundo. Desde sus modestos comienzos, frecuentemente se ha desempeñado a la vanguardia y como líder del sistema de mando político. Muchas de las enmiendas que se le han efectuado a la ley de la Reserva Federal, otorgándole al Sistema poderes aun mayores para la expansión monetaria, fueron aprobadas por recomendación de los directores. En sus memorias, el directorio frecuentemente incluyó una sección que recomendaba leyes para su aprobación por parte del Congreso. Sólo durante los primeros años del "New Deal" de Roosevelt fue el gobierno federal, en ocasiones, más exigente en cuanto a su legislación que lo que lo fue el directorio en cuanto a sus recomendaciones, pero aun en ese caso, el gobierno federal no tomó medida alguna sin el asesoramiento del directorio.
En la actualidad, el Sistema posee un poder de expansión casi ilimitado; sin embargo, el directorio reclama un poder aun mayor. Implora e insiste en que se le otorgue poder permanente para controlar los usos a los que se puede destinar su crédito. En otras palabras, quisiera manejar los mercados crediticios para canalizar los beneficios de la inflación y de la expansión crediticia hacia su deudor predilecto, el gobierno federal.
La Reserva Federal es un centro de información financiera. Distribuye cantidades de libros, folletos y documentos a través de muchos canales de comunicación y educación. La mayoría de sus publicaciones están disponibles sin cargo alguno. Se han distribuido más de un millón de ejemplares de su texto básico sobre The Federal Reserve System, Purposes and Functions2 (El Sistema de la Reserva Federal, propósito y funciones), desde su primera edición en 1939. Cada economista, banquero o estudioso del dinero y la banca posee al menos una copia.
Tal como puede esperarse, todas las publicaciones del Sistema son intentos de disculpas y justificativos de sus políticas monetarias. En los períodos de expansión desastrosa, tan numerosos en la historia del Sistema, las publicaciones "explican" las razones que llevaron a los directores a adoptar políticas inflacionarias. En períodos de contracción y depresión culpan a los especuladores, a los extranjeros y a otros observadores. Esta información errónea ha convertido al sistema en un poderoso e influyente defensor del poder político.
La ley de la Reserva Federal fue quizás el peor desatino que pudiera haber cometido jamás el Congreso. El día en que fue aprobada, la vieja Norteamérica falleció para dar lugar a una nueva era. Nació una nueva institución que causaría, o bien que contribuiría ampliamente a, la inestabilidad económica sin precedentes de las décadas futuras. Fomentó la formación y el crecimiento de grupos de presión que clamaban por la protección y compensación del gobierno; evidentemente, la empresa individual resultaba poco confiable y anticuada, y se había tornado obsoleta por el sistema de mando. No puede haber duda alguna de que la Reserva Federal contribuyó a introducir la era de 1a regulación y del control.
Para un estudioso serio del dinero y la banca, la lección a aprender al considerar los setenta años del manipuleo por parte de la Reserva Federal sólo puede ser ésta: el Sistema de la Reserva Federal no es únicamente una herramienta vital de control político sobre nuestras vidas, sino también un enemigo implacable del sistema empresario y un líder influyente del sistema de mando. Por eso los partidarios de la libertad individual no descansarán hasta que haya sido abolido definitivamente.

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