Migracion juvenil en latinoamerica y el caribe



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CONSEJO PERMANENTE DE LA OEA/Ser.G

ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS CE/AM/INF.76/09

15 mayo 2009

COMISIÓN ESPECIAL DE ASUNTOS MIGRATORIOS Original: espanol


“MIGRACION JUVENIL EN LATINOAMERICA Y EL CARIBE


Estudio realizado por:
Dra. Ana Isabel Roldán Rico







MIGRACION JUVENIL EN LATINOAMERICA Y EL CARIBE

Estudio realizado por:



Dra. Ana Isabel Roldán Rico

Profesora e Investigadora

Universidad Autónoma de Querétaro, México

Como parte del Programa “Juventud en Movimiento” ejecutado por el

Young Americas Business Trust

Juventud en Movimiento” es un componente del Programa Migración y Desarrollo de la Secretaría Ejecutiva para el Desarrollo Integral, OEA que se desarrolla con el apoyo de la Agencia de Desarrollo Internacional (CIDA)



Introducción

La migración de jóvenes empieza a ganar primacía en los estudios académicos, en las agendas de organismos multilaterales y en los programas de gobierno debido a que este sector ha mostrado gran dinamismo en los últimos años, a la vez devela retos a discutir en las agendas de los gobiernos y los organismos multilaterales. En este momento, en medio de una crisis económica y social cuyo pronóstico más amenazador es el desempleo a tasas elevadas, migrar será la alternativa única en la que muchos jóvenes confiaran su presente y futuro.

Nuestra región está experimentando la pérdida de su activo más valioso, sean profesionistas calificados o emprendedores con nivel básico de estudios, estos jóvenes son fundamentales para enfrentar los principales retos del subdesarrollo en la región.
Razones estructurales como individuales alimentan al gran contingente de jóvenes que han decidido cambiar sus formas de vida al mismo tiempo que reinterpretan fronteras conformando nuevas culturas globales y locales. El documento explora en varias dimensiones relativas a la migración juvenil, algunas ampliamente analizadas. No pretende ser una revisión exhaustiva sino mostrar la interacción de factores que influyen en la decisión de migrar; entre los aspectos más importantes están:
1.- Mercado de trabajo y crecimiento demográfico

2.- Educación, desarrollo humano y exclusión

3.- Comunidades transnacionales y capital social

4.- Independencia financiera y empresarialidad


Juventud latinoamericana: una singularidad marginada

Para millones de jóvenes de América Latina y el Caribe nacer en situación de pobreza fue involuntario, pero su voluntad no ha sido suficiente para salir de ella. El desarrollo juvenil se realiza en distintos “circuitos de vida” cuyo rasgo característico en el continente americano es la desigualdad. La persistencia de situaciones sociales adversas –pobreza, desempleo, violencias, invisibilidad de sus aportes, exclusión-, crean condiciones severas de inserción social; estos son solo algunos aspectos de la larga lista de razones que los orilla a emigrar.


El camino para entender el presente y futuro de la juventud latinoamericana es incierto. Despejarlo es ineludible para dar paso a políticas y propuestas renovadoras que impidan, o al menos limiten, el abandono de comunidades, familias, amigos y cultura para migrar.
Kliksberg (2007), hace una revisión exhaustiva del contexto de la juventud en América Latina y el Caribe, no trata el fenómeno de la migración juvenil en sí, pero expone las razones para comprender porque la juventud en la región es una singularidad marginada.
En primer lugar es necesario desagregar las razones del comportamiento juvenil. No es lo mismo ser joven en una zona urbana de alto desarrollo que en una comunidad carente de todos los servicios. Poseer satisfactores y beneficios sociales, que haber prescindido de ellos durante toda la vida. Ser excluidos, amenazados y castigados, que contar con respaldo e iniciativas de inclusión y rehabilitación. Se alude a que los fracasos de los jóvenes se deben al desinterés por asumir su papel histórico y se pone contra ejemplo que las generaciones anteriores si estaban dispuestas a todos los sacrificios.
Es cierto que algunos jóvenes actuales optan por “la ley del menor esfuerzo”; pero también los hay emprendedores e innovadores, los que han caído en redes delincuenciales y quienes toman iniciativas para el desarrollo social, trabajo comunitario, protección ambiental y garantía de derechos.
Lo que sí es claro, dice Kliksberg, es que la responsabilidad de los problemas de integración y progreso económico de la juventud no puede recaer en los mismos jóvenes. No pueden pasar de ser problemas estructurales de mal funcionamiento de la economía y la sociedad, a resultantes de las conductas disfuncionales de un grupo o de componentes del mismo.
Durante las décadas de ochenta y noventa se transformaron estructuras económicas y sociales. Los jóvenes actuales resultan herederos de estos cambios en los que no solo se perdió el rumbo del desarrollo sino también la equidad. A pesar de que al inicio de la presente década se dio una ligera recuperación, millones de jóvenes no lograron beneficiarse de ello. Algunos datos aportados por CEPAL (2003) lo muestran.
La pobreza que en 1980 se elevaba al 40% de la población, alcanzo en el 2003 un nivel relativo aun mayor 44%. Entre el 2000 y el 2003 el número de pobres creció en 20 millones, y se deterioró aun más la calidad de la pobreza ya que 14 millones de ellos fueron indigentes, personas ubicadas en la extrema pobreza.
Los jóvenes a pesar de sus supuestas ventajas relativas en términos de adaptabilidad a las nuevas tecnologías y flexibilidad fueron fuertemente impactados por el aumento de la pobreza. Entre 1990 y el 2002 el número de jóvenes pobres subió en 7 millones 600 mil llegando a 58 millones. Los indigentes jóvenes subieron en 800 mil llegando a 21 millones 200 mil. Los jóvenes pobres representaban en el 2002 el 41% de todos los jóvenes, y los jóvenes indigentes el 15% de todos los jóvenes. Las cifras de las mujeres jóvenes eran 2.7% mayores que las de los hombres en cuanto a pobreza y 1.3% peores en indigencia.
América Latina es una región caracterizada por la pobreza, una historia de larga duración en donde se han conjugado decisiones equivocadas en planeación y ejecución de políticas sociales, mecanismos de redistribución ineficientes, etc. la pobreza no se debe únicamente a estancamientos en el desarrollo económico y productivo. Países como México, Brasil y Venezuela que se encuentran entre las economías más importantes del mundo siguen manteniendo a un porcentaje alto de su población en condiciones precarias de sobrevivencia,
Migrar en busca de mejores oportunidades significa para millones de jóvenes, el mecanismo único para cambiar su condición de vida.
Migración juvenil en América Latina y Caribe

La movilidad poblacional no responde automáticamente a la exclusión y la vulnerabilidad social que distingue a la mayoría de los países latinoamericanos. En cada momento histórico las fuerzas económicas y políticas de las economías más desarrolladas han encontrado distintas maneras de atraer fuerza de trabajo barata y vulnerable para asegurar la competitividad de diversos sectores productivos. Las diferencias entre el desarrollo económico de las naciones y sus estructuras de población, la demanda desde los países desarrollados con fuerte envejecimiento demográfico, así como las coyunturas políticas y sociales que vulneran la seguridad social, determinan en cierta forma el destino de los flujos migratorios y su aceleración en determinadas épocas.


Como lo expone Portes (2006) la migración es resultado de la interrelación de factores estructurales y condiciones individuales. Los modelos estructurales ayudan a entender el contexto de la acción social de los distintos agentes, pero en ningún caso permiten entender y explicar dicha acción. Por tanto, es importante recrear el marco social que da sentido y significado a la acción de migrar pero enfatizando en el interés primordial que es encontrar las lógicas de la acción de los individuos, acción que reproduce y/o transforma las condiciones estructurales. Analicemos a continuación algunos aspectos.
1.- Mercado de trabajo y desigualdad

En la globalización actual, el acelerado e ininterrumpido flujo de capitales, tecnologías, mercancías y comunicaciones contrasta con el lento crecimiento y generación de empleos en economías cuyo activo principal es la fuerza de trabajo. La juventud enfrenta de manera agudizada los problemas de trabajo y empleo que afectan al conjunto de la sociedad en la región.


Según los datos de la Organización Iberoamericana de la Juventud (Chillan, 2004) el desempleo de los jóvenes es cinco veces mayor al de los adultos mayores de 45 años. De cada 100 nuevos contratos laborales que aparecen en la región, 93 son para adultos y solo siete para jóvenes, estos últimos además en su mayoría de tiempo parcial.
Los jóvenes reciben menor remuneración en trabajos del mismo nivel de productividad comparados con la PEA adulta; es mayor la precariedad laboral y se ve reflejada en empleos de menor duración y con contratos inestables; menor nivel de protección social y de organización en el mundo laboral.
Tokman (1997) realiza una observación adicional de alta relevancia. Indica que cuando hay crecimiento económico significativo las tasas de desocupación bajan, pero las de los jóvenes demoran más en hacerlo. En cambio cuando la economía se contrae, y aumenta el desempleo, la tasa correspondiente a los jóvenes sube más rápido. La expansión del desempleo juvenil es una de las “variables de ajuste” más utilizadas con las consiguientes consecuencias regresivas para ellos.
Sin embargo, no impacta por igual en los diferentes estratos sociales. En la gráfica siguiente observamos que entre 2002 y 2005 baja el desempleo en todos los quintiles, pero la brecha por nivel de ingreso del hogar se mantiene relativamente constante, afectando con especial dureza a la juventud en hogares del primer quintil de ingreso; esto es, entre los más pobres la tasa de desempleados llega a 24%, mientras que entre los más ricos alcanza sólo al 6.5% en 2005.
AMÉRICA LATINA (17 PAÍSES): TASA DE DESEMPLEO ENTRE LOS JÓVENES DE 15 A 29 AÑOS DE EDAD SEGÚN QUINTILES DE INGRESO PERCÁPITA DEL HOGAR, TOTAL NACIONAL (Promedios simples)

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las



encuestas de hogares de los países.
La mayor tasa de desempleo de jóvenes respecto a los adultos se debe principalmente a que buscan empleo por primera vez, esto alude a la falta de experiencia laboral cuando la experiencia laboral se adquiere trabajando; por ello, sus primeras experiencias se realizan en seudoempleos, con mayor rotación entre empleo e inactividad laboral, en comparación con los adultos. Graves son las repercusiones sobre las trayectorias laborales de estos colectivos y su reflejo en el ingreso.
La población latinoamericana que vive en los países que participan en la OCDE (2006) recibe menor ingreso que el resto de sus pares. La desventaja es mayor al contrastar con los habitantes de Estados Unidos, los latinos ganan entre el 25% y 30% menos de lo que obtiene un ciudadano de ese país, razón primordial que explica el predominio migratorio de la región hacia este país.
De acuerdo a las estimaciones de Pasel (2006) en 2005 residían en Estados Unidos 37 millones de personas nacidas fuera, 22 millones provenían de Latinoamérica y el Caribe, y representaban poco más de la mitad (55%) del stock total de inmigrantes. Esta cifra puede variar debido al numeroso contingente de trabajadores indocumentados.
A pesar del papel vital que los migrantes cumplen en la economía estadounidense, donde representan el 23% de los trabajadores del sector manufacturero y 20% del sector servicios (BID, 2006), su participación no se retribuye con igualdad salarial, ni con reconocimiento a sus derechos laborales.
Según Solimano (2003), los emigrantes ascienden al 4.1% de la población regional; destacando México con 9,3 millones de personas (el 43% del total regional) y los originarios del Istmo Centroamericano. Del conjunto de naciones de la Comunidad del Caribe y de Colombia exceden holgadamente el millón de personas en cada caso.
A nivel micro regional, México en el norte, Costa Rica y Panamá en el centro y en el sur Argentina, Chile, Brasil y Venezuela, son, además de expulsores, países de tránsito y recepción de migrantes.
En Belice y algunos estados insulares del Caribe, los inmigrantes representan una alta proporción de las respectivas poblaciones nacionales. Mientras que en otros países caribeños la incidencia relativa de la emigración sobre las poblaciones de origen es elevada (la mayoría de los cuales tiene más del 20% de sus efectivos en el exterior) y en algunos de América Latina, como El Salvador, México, Nicaragua, República Dominicana y Uruguay (donde la relación oscila entre 8% y 15%), pero se ubica por debajo de la media regional en otros. (Solimano, 2006; BID, 2007, CEPAL, 2005, 2007; ONU, 2005)
Estas cifras revelan que la vigorosa emigración de latinoamericanos y caribeños no se manifiesta de manera homogénea, más bien conforma un grupo bastante heterogéneo cuyas diferencias sociales y económicas varían según el origen nacional y étnico, inserción laboral y social, distribución territorial, documentación y niveles de organización. Aspectos determinados por la relación que mantienen con sus familias, las redes sociales que establecen con otros grupos de migrantes y el apoyo que reciben de sus gobiernos.
Si bien Estados Unidos sigue siendo el principal receptor, cada vez adquieren más importancia Canadá, España, Alemania, Japón y Australia, inducido por políticas migratorias organizadas bilateralmente para personas que buscan trabajo, asilo o solicitan la ciudadanía de sus padres o abuelos.
En los últimos veinte años la población censada en Estados Unidos procedentes de América Latina y el Caribe mantuvo, de una década a otra, tasas de crecimiento superiores al 60%, destacándose lo observado de 1970 a 1980 en que prácticamente se duplicó.
Población censada en Estados Unidos por lugar de nacimiento





Volumen acumulado en los censos de cada década

Tasas de crecimiento de la migración

1980

1990

2000

1970-80

1980-90

1990-2000

Sudamérica

542 558

1 028 173

1 876 000

87.6

66.0

62.0

Centroamérica

331 219

1 127 978

1 948 000

109.1

75.1

61.3

Caribe

1 132 074

1 760 072

2 813 000

62.5

45.1

48.0

México

2 199 221

4 298 014

7 841 000

112.1

69.3

62.0

Fuente: Pelegrino. A. CELADE, marzo 2003
Toda la población proveniente de América Latina y el Caribe, cerca de 7 millones, no logra igualarse a la elevada cifra de mexicanos residiendo en Estados Unidos. Passel argumenta que para el 2005 ya residían en ese país 11.2 millones de mexicanos. De los cuales 4.5 son indocumentados. Si se suman la 1ª y 2ª generaciones (hijos y nietos nacidos en Estados Unidos y que se reconocen como binacionales) casi 30 millones tienen lazos consanguíneos con México. De los residentes (11.2 millones) el 70% tiene entre 15 y 45 años de edad y un 13% son menores de 15 años.
El 27% de la población residente nacida en América Latina y el Caribe se encontraba entre las edades de 15 y 29 años. Al interior de este segmento se manifiestan distintas modalidades de inserción social, laboral y cultural.
La incorporación al mercado laboral (que afecta incluso a los más calificados), está condicionada por políticas que se hacen más rigurosas cuando es necesario estabilizar la oferta con la demanda. En la actualidad destacan los programas de selectividad migratoria que consisten en la captación de los mejores estudiantes y recursos calificados en los sectores claves para las economías. Existen numerosas empresas multinacionales que reclutan a los mejores egresados de los centros de educación de los países de origen, conservando diferenciales de salario entre los migrantes y los naturales. Tampoco hay homogeneidad salarial y condiciones laborales para la migración indocumentada cuyas fuerzas son gobernadas por factores de mercado (CEPAL, 2006).
Sassen (1988) señala que el perfil de los migrantes tiende a polarizarse en dos extremos: los calificados, que se integran a los sectores de alta gerencia o a los medios académicos y de investigación y los migrantes que concentran sus actividades económicas en sectores de baja calificación.
Como ya mencionamos, el perfil de los latinoamericanos es heterogéneo y aunque el número de emigrantes calificados ha crecido de manera importante no contamos con datos precisos que ayuden a entender su evolución y comparar características respecto a sus similares en los respectivos países de origen. En el marco del Taller sobre migración calificada y desarrollo realizado en México en 2006 se señalaba que en el 2004, casi un millón de nacionales de América Latina y el Caribe estuvieron ocupando cargos altamente calificados en Estados Unidos, entre los que se incluían puestos de ejecutivos en empresas nacionales o transnacionales, en el sector privado, y de docentes en universidades, además de otras profesiones. Más de 600.000 mexicanos con títulos universitarios y unos 16.000 con doctorado viven actualmente en Estados Unidos. México se ubica en el sexto lugar entre los países que tienen profesionales y graduados universitarios en Estados Unidos.  La India, China y Filipinas ocupan los tres primeros puestos. Una de las principales preguntas es, ¿cómo establecer redes de talentos para promover el desarrollo a nivel regional y nacional en el continente?. (Artola, OIM México)
Entre los provenientes de países sudamericanos se encuentran los niveles educativos más altos; la distancia física seguramente actúa como un factor de selección. Pero es necesario matizar el peso del factor distancia ya que las corrientes migratorias provenientes del Caribe anglófono y de Panamá se han destacado por un alto nivel educativo promedio y una participación elevada en los estratos altos de las ocupaciones.
Sin embargo, el segmento mayoritario sigue siendo el de baja calificación que suple la demanda de mano de obra intensiva en labores donde existe mayor precariedad salarial y de oportunidades para desarrollo.
La migración juvenil de los pobres, sin capital humano suficiente para competir en la sociedad del conocimiento es el sector más vulnerable, sobre todo si su condición migratoria es ilegal. El conocimiento del mercado de trabajo estadounidense, la edad y la propia experiencia laboral del migrante definen condiciones diferentes. Así, uno de cada cinco adolescentes migrantes regresaron a México sin conseguir empleo, mientras que en los grupos de edad más avanzada dicha proporción desciende sensiblemente, hasta situarse en 8 por ciento en los migrantes de 45 o más años de edad. El sector de actividad en que encuentran empleo los migrantes según la composición etárea del flujo revela algunas de las transformaciones que en el periodo reciente se han estado produciendo en la migración laboral a Estados Unidos.
En efecto, alrededor de dos tercios de los migrantes adolescentes se emplean en la industria y los servicios; quienes tienen entre 25 y 34 años de edad se distribuyen casi a partes iguales entre los sectores, y en la agricultura trabaja la mayoría de los migrantes de 35 o más años de edad (CONAPO, 2000).
No obstante que los migrantes adolescentes y jóvenes tienen un mayor grado de escolaridad y se aventuran, en mayor medida, en entidades y sectores productivos alternativos a los tradicionales, son ellos quienes obtienen las remuneraciones más bajas, determinando una brecha salarial significativa. El 45% percibe ingresos menores a los 10 mil dólares anuales, 37% entre 10 y 20 mil y 3% vive en situación de pobreza, principalmente los recién llegados. Sobre éstos pesa la incertidumbre de la deportación, que acaba no sólo con sus sueños de ascenso social, sino con los pocos ahorros, la deuda con el “pollero” y el préstamo recibido para iniciar el viaje. Si un migrante es joven, pobre, con menos escolaridad y carece de redes de sostenimiento o relaciones familiares, el fracaso es más seguro.
Recientemente se ha insistido en que debido al cambio poblacional, América Latina podría beneficiarse del “bono demográfico” como una ventana de oportunidad para reincorporar a la población excedente y migrante al desarrollo del país. No obstante, como hemos visto hasta aquí, las condiciones demográficas son solo un factor de los muchos que determinan la compleja realidad de la migración.
Si el desequilibrio entre los centros dinámicos de la economía y los países pobres no encuentra una probable salida en un corto plazo, las migraciones masivas podrían convertirse entonces en el problema mundial número uno a resolver entre las naciones poderosas pero también entre las menos favorecidas.
Un aspecto sobre el cual hay que incidir de forma inmediata e insistentemente es ofrecer mayores oportunidades para el desarrollo humano y de acceso a mercados.
2.- Educación, desarrollo humano e inserción.

Cuando los jóvenes perciben la necesidad de cambiar su lugar de residencia es en el momento de enfrentarse al mundo en el cual deben vivir. La existencia de factores de expulsión en el lugar de origen, expresados en la falta de igualdad de oportunidades laborales y educativas es entendida por los jóvenes como la imposibilidad para lograr proyectos de vida. Idea que se complementa con la visión utópica que forman de la comunidad externa y sus factores de atracción.


La migración juvenil hacia países desarrollados se puede explicar, entonces, por la penetración de los patrones culturales imperantes y por la valoración que hacen los jóvenes de ellos y, obviamente, por la estimación en las posibilidades de inserción, movilidad social o satisfacción de necesidades educativas en el lugar de destino. Así, la expectativa de emigrar se construye por: la intensidad del movimiento de los que salen, las referencias de éxitos y fracasos; las posibilidades de migrar, sea al extranjero o lugares aledaños y por supuesto la intención, sea trabajo o estudio.
La educación tiene importancia estratégica. Una buena educación permite integrarse a la revolución de la información, acceder a trabajos “inteligentes” y a participar en redes en las que circula el saber. Carecer de educación oportuna implica, por el contrario, quedar excluido de la sociedad del conocimiento y todo lo que ello implica. El bienestar que augura la educación hoy, además de mayores ingresos futuros, se expresa en el uso de las habilidades para ejercer nuevas formas de ciudadanía y convivir positivamente en el multiculturalismo (CEPAL-OIJ, 2007).
Actualmente en la región, un 96% de los niños entre 6 y 11 años acceden a la enseñanza primaria. En los niveles siguientes también se incrementó fuertemente el acceso por el aumento de la cobertura escolar y mayor capacidad de retención. Sin embargo, pese a que se ha beneficiado en mayor medida a los estratos de menores ingresos, su efecto no ha sido suficientemente amplificador en lo referido a la reducción de las disparidades de logro educativo, pues son los jóvenes pertenecientes a estos estratos quienes acumulan un mayor retraso educativo y deserción escolar (CEPAL, 2007b).
La mayoría de los jóvenes de extracción humilde van quedando en el camino. En el 20% más pobre de la población la mitad no finaliza la educación primaria, mientras que en el 20% más rico lo hace el 90%. En secundaria sucede que dos de cada diez jóvenes en condición de pobreza logra completarla. Finalmente uno de cada 100 del 20% más pobre termina la Universidad, mientras que en el 20% más rico la finaliza la quinta parte (Kliksberg, op cit).
Cuando se introduce la etnicidad la situación aún es peor. La juventud indígena sufre más fuertemente estas exclusiones. En Guatemala la tasa de repetición en primaria entre alumnos indígenas es del 90%. En Bolivia los niños de lengua indígena tienen el doble de probabilidades de repetir que los de habla hispana (UNICEF, 2004).
El común denominador en todos los países es la deserción escolar principalmente en las regiones rurales y urbanas marginadas, debido a la necesidad de ingreso, especialmente para ayudar a la familia, buscar independencia o constituir un nuevo núcleo familiar. Las tasas de deserción entre las mujeres son más bajas que entre los hombres.
La educación para los pobres muestra pocas innovaciones en las metodologías de enseñanza, la masificación de los contenidos no toman en cuenta la pluralidad que caracteriza las realidades juveniles. Déficits de inversión para ampliar el acceso a las tecnologías de información, promoviendo su inclusión digital.
La educación profesional es insuficiente ante las exigencias del mercado de empleo o no corresponde a las necesidades, la diversidad y heterogeneidad de las demandas. Lo que ocasiona falta de interés y una deficiente articulación entre la enseñanza formal y la capacitación profesional. Aunque hay avances en la incorporación a la educación formal, la inadecuada calidad de la enseñanza no garantiza u ofrece posibilidades reales de inclusión. Lo que se observa es una precaria inclusión social, pues las debilidades son tan acentuadas que más allá de certificados no se asegura real educación o capacitación profesional.
Las inversiones gubernamentales están aumentando muy tímidamente y se encuentran por debajo de las necesidades presentadas por las sociedades latinoamericanas y caribeñas. Así, la educación no se constituye en fuente de crecimiento personal o social, ni tampoco en instrumento para el ingreso en el mercado de trabajo, porque no brinda las condiciones básicas necesarias a tales fines.
La educación no asegura la inserción en el mercado de trabajo cuando el mismo tiene las características del latinoamericano. Actualmente el tipo de propiedad más importante es la posesión del conocimiento, de la tecnología y de las habilidades. Sin embargo, la paradoja es que los jóvenes cuentan con más acceso a la educación pero menos acceso al empleo pleno y digno. Están incorporados a los procesos educativos de adquisición de conocimientos y formación de capital humano, pero se encuentran ante un contexto de obturación social que los excluye de los ámbitos donde sus capacidades puedan realizarse. Esto se debe, en parte, a que el mercado laboral latinoamericano exige por un lado más años de educación y formación en destrezas y capacidades relacionadas con el avance tecnológico, pero disminuye los puestos de trabajo y hace más inestable al empleo (OIJ, 2007).

Es evidente que estas condiciones son causa principal de la emigración de los jóvenes a las ciudades o a los países desarrollados, sean estos calificados o no, tal como ya hemos mencionado anteriormente.


Millones de jóvenes en la región están fuera del mercado de trabajo, y al mismo tiempo fuera del sistema educativo. Los estimados indican que esa es la situación del 26% de los jóvenes de 15 a 29 años de edad, uno de cada cuatro jóvenes son por ende excluidos sociales. En los hogares pobres, los que no estudian ni trabajan representan entre el 30% y el 40% (CEPAL-CELADE 2000).
Respecto a los jóvenes profesionistas, tampoco ellos encuentran empleo correspondiente a sus capacidades. La oferta de empleo formal para los jóvenes sigue siendo discriminatoria si se considera que representan la mano de obra “barata” que las economías de la región ofertan como ventaja competitiva a las inversiones de la industria manufacturera, con empleos de alta explotación y baja remuneración.
Las categorías de exclusión y discriminación no sólo tienen una dimensión económica. Implica que no reciben ingresos o lo hacen muy esporádicamente, con lo que tienen serias dificultades de supervivencia. Significa que no logran iniciar una vida laboral, por lo que no están expuestos a experiencias de aprendizaje, y crecimiento productivo. Al mismo tiempo su red de relaciones posibles se estrecha fuertemente dado que el trabajo es lugar fundamental para nutrirla.
A todo ello se agrega un plano fundamental. Los jóvenes están en pleno proceso de tratar de afianzar su autoestima. La marginación social, atenta directamente contra ella y en lugar de fortalecerse se debilita. Ello va a generarles problemas psíquicos, de conducta, y de relaciones (Kliksberg, op cit).
Desarrollo humano

El paso más elemental hacia poder mejorar las condiciones de vida de una generación a otra está en el progreso educacional. De igual modo existe un debate sobre los efectos que la migración puede tener en las posibilidades y el logro educativo de la población.


En principio, en un marco conceptual tradicional, la migración podría incentivar el logro educativo, si bien ello dependerá del tipo de inserción laboral posible en las comunidades de origen y destino y, por lo tanto, del beneficio económico de la escolaridad en los diferentes lugares. Un individuo u hogar que enfrenta la decisión de invertir en más educación deberá considerar cuáles son las posibilidades de empleo en el mercado doméstico y en el exterior, así como cuáles son los rendimientos que obtendría por dicha educación en ambos lugares. No solamente los años de escolaridad importan, sino también la calidad y los contenidos de dicha educación.
Sin embargo, en la migración está presente un fenómeno de desigualdad: la distribución regional de las posibilidades de desarrollo implica la presencia de zonas que ofrecen mejores condiciones de vida que las que se tienen en el lugar de origen. Por tanto, la migración no es sustancial si no expande las oportunidades para el desarrollo humano.
Desde la perspectiva del desarrollo humano, los movimientos migratorios voluntarios son indicativos del grado de libertad del que gozan las personas. El desarrollo humano es la expansión de la libertad de las personas. La libertad es el conjunto de oportunidades para ser y actuar y la posibilidad de elegir con autonomía.
El desarrollo humano comienza por dar un lugar a las personas para que no sean sujetos dominados por el azar, la necesidad o la voluntad de otros. Pero la libertad no es sólo un asunto de autonomía individual. También consiste en tener oportunidades accesibles de las cuales escoger. Por esta razón, el desarrollo humano es el potencial que tienen las personas para ser o hacer; es la posibilidad de vivir como se desea.
Quien decide migrar ejerce su capacidad de elección, aunque en ocasiones lo hace sobre la base de opciones limitadas y frecuentemente desiguales. Los movimientos migratorios cambian la geografía del desarrollo humano. No sólo puede ocurrir el desplazamiento de una población con determinadas características sociodemográficas, como el analfabetismo, sino también la transformación del conjunto de oportunidades de aquellos que ven partir a los migrantes, como de aquellos que los reciben.

A su vez, la redistribución geográfica de las personas está acompañada de una modificación en el conjunto de oportunidades accesibles a los individuos. Tanto las zonas emisoras como las receptoras transforman su potencial económico y social con la migración.


Tomando México como ejemplo, la relación entre desarrollo humano e intensidad migratoria a nivel municipal en México, nos permite observar que los municipios más rezagados, los más pobres, tienen una intensidad migratoria menor, al igual que los municipios de mayor desarrollo humano. Es decir, México pierde grupos poblacionales de recursos económicos y educativos medios.
3.- Comunidades transnacionales y capital social

Las comunidades transnacionales desempeñan un papel fundamental en la migración internacional. La familia, los amigos y otros contactos en el país de destino a menudo inician y facilitan el proceso de reubicación, y así se alimenta y sostiene la migración (Massey y otros, 1993). Los familiares en el extranjero suelen ser la fuente de recursos que financia la migración.


La migración juvenil tiene importantes consecuencias sobre la estructura de población de los lugares de origen y de destino. Los jóvenes que migran no son los únicos componentes activos; los que no migran tienen una gran importancia, pues son ellos quienes pueden y deben facilitar la migración a cambio del cuidado de las personas y la continuidad de las actividades productivas de sus lugares.
En el momento actual de gran movilidad poblacional y ante la conectividad intensa entre distintas culturas, puede observarse la conformación de comunidades transnacionales donde los cambios mantienen rasgos de una y otra cultura (y otras más) y que a su vez transforman a las culturas originales.
El concepto evoca la relación que los migrantes mantienen entre dos sociedades y culturas. La cultura de la migración se ha configurado en distintas etapas y bajo diferentes manifestaciones, el paso del tiempo lleva transformaciones profundas. Hoy, la lejanía y el tiempo ya no son obstáculos para que comunidades y familias mantengan un estrecho vínculo social, económico, político y cultural. Comunidades transnacionales que aunque dispersas adquieren e influyen en las formas de vida de donde provienen y hacia donde llegan. El transnacionalismo refiere a la conformación de estos nuevos espacios y da cuenta de la convivencia de distintas prácticas y modos de vivir la migración, explotando las oportunidades económicas y políticas creadas en esa dualidad.
Si bien la transnacionalidad puede generar una integración alternativa, también es el resultado de una serie de estrategias de sobrevivencia que derivan de la situación de exclusión sistemática en la que viven muchas comunidades en los lugares de llegada (Canales, Zlolniski, 2001). Para los jóvenes migrantes, la inserción laboral y social puede resultar menos convulsiva en aquellos lugares en donde ya existe una comunidad afín que los apoye en sus inicios.
En esta dinámica adquiere significado el capital social construido en el seno de estas comunidades transnacionales como resultado de una estrategia de inversión de tiempo y esfuerzo con el fin de procurar beneficios en el futuro, es el medio para hacer posible el logro de ciertos fines que de otro modo serían muy difícilmente alcanzables entre los miembros de las comunidades. El capital social hace referencia al grado en el que los individuos dependen unos de otros.
En las investigaciones se destaca que la frecuencia en el envío de remesas sería la principal constatación de la fortaleza que han alcanzado los lazos solidarios, familiares, económicos y culturales del transnacionalismo y del capital social construido entre poblaciones marcadas por la migración. En este contexto las decisiones se toman no sólo bajo criterios economicistas, sino que existe un complejo sistema de relaciones de intercambios de bienes materiales, culturales y simbólicos. (Canales y Zlolniski, 2000).
De tal modo, el transnacionalismo nos refiere a dimensiones diversas, tales como: intensos lazos familiares, redes de solidaridad y organizaciones (capital social). Remesas no sólo familiares sino colectivas para beneficios comunitarios (capital económico), asociaciones para la defensa de derechos de los trabajadores (capital político) que son sólo una muestra del alto grado de complejidad y afianzamiento que tienen ya estas comunidades y de los capitales que han conformado.
Las remesas son hoy en día la dimensión más estudiada de la migración latinoamericana actual. El impacto macroeconómico que provoca en las pequeñas localidades y en los países receptores ha despertado el interés por fortalecer y apoyar iniciativas que busquen reducir los costos de transferencia, orientar el uso productivo de las mismas y encontrar mejores prácticas para su contribución al desarrollo, alivio a la pobreza y mejor bienestar.
En resumen, el transnacionalismo detona actividades y relaciones complejas que trascienden el entorno familiar, llegando a influir en los gobiernos, en leyes e instituciones.
El debate está abierto, lo que expresa que no se ha agotado el número de asuntos que se puedan desprender de esto. Las organizaciones internacionales han hecho hincapié en la necesidad de buscar mejores prácticas en la relación remesas y desarrollo. Campo que no se ha indagado lo suficiente en cuanto a los ciclos económicos en cada situación nacional y mucho menos en el impacto sobre la pobreza, el desarrollo humano y la autonomía laboral.
Una vez establecidas, las comunidades transnacionales también contribuyen a determinar el rumbo de los acontecimientos en el país de origen. Un ejemplo de esto y de su impacto son las actividades de las asociaciones de migrantes originarios de una misma localidad.
En el caso de México han configurado muchas y extensas redes entre los mexicanos residentes en el Norte con sus comunidades de origen. Es evidente en la existencia de más de dos mil clubes y asociaciones de origen mexicano que funcionan en los Estados Unidos, las cuales han servido para reforzar vínculos identitarios, crear grupos de apoyo, socializar a sus miembros en la “cultura del migrante” y establecer mecanismos de ayuda a sus comunidades, entre otros aspectos.
Por otro lado, los migrantes en el exterior hace mucho tiempo han emprendido actividades empresariales y hoy buscan fomentar la creación de empresas aprovechando las ventajas de la transnacionalidad. Actualmente en México se han instrumentado políticas de desarrollo y fomento a la inversión y el uso productivo de las remesas colectivas. Ante ello es conveniente adoptar definiciones respecto del significado y la importancia de las remesas y de términos como salarios, fondos de inversión, fuentes de financiamiento, tanto privados como públicos, etc.
4.- Independencia financiera y empresarialidad

El emprendimiento juvenil es una oportunidad real que se presenta a los jóvenes para participar en los procesos productivos de la sociedad y construir mayores niveles propios de autonomía. Desafortunadamente, se trata de un tópico poco desarrollado; y aunque hay experiencia en la región, prevalece la tendencia a pensar el trabajo juvenil fundamentalmente como empleo dependiente (OIT, 2007).


Existen dos tipos de emprendedores, a saber, quienes se inician en estas actividades por oportunidad y aquellos que lo hacen por necesidad (Llisterri et. al 2006). En los países de ingreso medio, como los latinoamericanos, los emprendimientos están guiados por la oportunidad en igual medida que por la necesidad; pero entre los jóvenes hay una mayoría de emprendedores que se orientan por la necesidad o supervivencia. Por lo general en este segundo caso proceden de estratos de bajos ingresos; mientras los emprendedores por oportunidad provienen de estratos con mejores ingresos y niveles educativos, tienen más recursos para apoyar sus opciones empresariales, amplios contactos sociales que les permiten mejores vías para consolidar sus emprendimientos y, en general, mejores oportunidades para el desarrollo empresarial que los jóvenes pobres (OIT, 2007).
El principal desafío que enfrentan las políticas promotoras del emprendimiento juvenil es conciliar la necesidad de los jóvenes pobres por el autoempleo y la empresa con el acceso al trabajo decente, apuntando hacia mayor convergencia con las opciones de emprendimiento que tienen los jóvenes de sectores medios y altos. Esta nivelación de oportunidades abriría a muchos más jóvenes emprendedores las posibilidades de contribuir con su trabajo a la integración y desarrollo sociales (OIT, 2007).
Es necesario promover un entorno propicio al desarrollo empresarial a través de medidas que favorezcan la consolidación, mantenimiento y mejora de la competitividad y, al mismo tiempo, eliminar trabas legislativas y financieras para la creación de empresas en general y de los jóvenes en particular. El fomento de un entorno cultural y social favorable a la empresa productiva es importante. La estructura formal de la educación, en cada país, debe difundir los principios de la cultura emprendedora. Si bien los esfuerzos de capacitación y educación empresarial realizados por sectores privados y no gubernamentales revisten importancia, y van en la dirección correcta, no pueden llegar a tener la escala necesaria sin el concurso del sector público (OIT, 2007).
En cuanto a la liga directa que establecen los organismos de migrantes con las comunidades de origen, resulta muy interesante analizar cómo éstos se han vuelto agentes activos en la realización de obras públicas y proyectos productivos, en colaboración con autoridades estatales y municipales; cómo han influido o determinado una dinámica de participación política de varios de sus miembros en los diferentes niveles de la vida cívica de las comunidades, y cómo han proyectado una nueva forma de invertir el capital ahorrado de los migrantes que han retornado, en la creación de negocios o empresas.
De manera especial concierne a los gobiernos este último aspecto, centrarse en los sujetos que han regresado y se han dedicado a actividades empresariales, lo que los vuelve no sólo independientes en el plano económico sino también empresarios. Papail (2002) ha mostrado la existencia de una clara tendencia en la década de 1990 de quienes, después de haber trabajado más de cinco años en Estados Unidos, se han establecido en la región centro-occidente de México para desarrollar pequeñas empresas, hecho que puede tener importantes significados en el desarrollo económico-social de la región, si se ha vuelto un patrón en las acciones de los migrantes de retorno.
Aunque muchos gobiernos han fomentado el espíritu emprendedor y el trabajo por cuenta propia entre los jóvenes, existen relativamente pocas iniciativas de microfinanciación dirigidas específicamente a los jóvenes que hayan sido exitosas por su magnitud y duración. La mayoría de ellas son iniciativas emprendidas por organizaciones no gubernamentales o bancos privados. Muchas de las iniciativas emprendidas se realizan a una escala demasiado reducida y con recursos insuficientes para resolver el problema del desempleo juvenil en toda su amplitud.

Varias agencias de desarrollo local han puesto en marcha programas de capacitación para jóvenes con el objetivo de prepararlos mejor para la vida cotidiana y ofrecerles formación profesional y conocimientos empresariales.


El Programa 3X1 para Empresarios Migrantes de México, contiene una orientación especial para los jóvenes de las zonas rurales en extrema pobreza. Su estrategia consiste en transferencias condicionadas de dinero y con ello busca crear incentivos para que los estudiantes vean más allá de su presente: que culminen su educación superior, inicien un emprendimiento propio o adquieran o mejoren su vivienda.
Conclusiones preliminares

Es necesario promover un entorno propicio al desarrollo empresarial a través de medidas que favorezcan la consolidación, mantenimiento y mejora de la competitividad y, al mismo tiempo, eliminar trabas legislativas y financieras para la creación de empresas en general y de los jóvenes en particular. El fomento de un entorno cultural y social favorable a la empresa productiva es importante. La estructura formal de la educación, en cada país, debe difundir los principios de la cultura emprendedora. Si bien los esfuerzos de capacitación y educación empresarial realizados por sectores privados y no gubernamentales revisten importancia, y van en la dirección correcta, no pueden llegar a tener la escala necesaria sin el concurso del sector público (OIT, 2007).



Acerca de la Autora:
DRA. ANA ISABEL ROLDAN RICO

Docente-investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro en México.


Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma Metropolitana en México.
Ha hecho varias investigaciones sobre:

Pobreza, Políticas Sociales, Migración, Educación Popular y Grupos Vulnerables. Algunas con financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) en México.

Actualmente participa en la investigación llamada: “Comunidades transnacionales y cultura empresarial en Norteamérica”, proyecto en colaboración con profesores de la Universidad de Québec en Montreal, Canadá y de la Universidad de California en Monterey Bay. Estados Unidos. Financiada por el Programa de Estudios sobre la Región de América del Norte.
Ha escrito varios artículos en revistas especializadas, capítulos de libros y los siguientes libros:
1.- La representación social de la discapacidad, ed. ENEQ. México (1997)

2

.- El modo de regulación social del neoliberalismo mexicano”, Universidad de Concepción, Chile. (2006)



3.- Programas de combate a la pobreza y desarrollo regional, Ed. Plaza y Valdés y UAQ, México. (2008)

4.- Migración, capital social y desarrollo regional, Ed. Plaza y Valdés, en prensa


Participa frecuentemente en congresos internacionales y nacionales.

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