Metodologías cualitativas



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Una mirada desde el Análisis del Discurso:

El encuentro de Urondo, Portantiero, Benedetti y Walsh en Cuba1


Mg. Ana Matus

Universidad Nacional del Comahue
Introducción

El recorrido que presentamos aquí supone el objetivo de ensayar la aplicación de algunas herramientas de análisis, provenientes del cuerpo teórico del Análisis del Discurso, a un corpus propio de las Ciencias Sociales, con el fin de ejercitar una mirada analítica que permita desplegar las posibilidades interpretativas que estas técnicas brindan para la investigación social.

El corpus seleccionado como objeto de aplicación es la transcripción de una mesa redonda donde participaron Rodolfo Walsh, Francisco Urondo y Juan Carlos Portantiero con la coordinación de Mario Benedetti. Este debate integró el ciclo organizado por el Centro de Investigaciones Literarias “Casa de las Américas” y fue publicado inicialmente en Panorama de la actual literatura latinoamericana, Casa de las Américas, La Habana, 19692.

Sobre el objeto de estudio así delineado realizaremos una primera caracterización del mismo utilizando como marco general de referencia la perspectiva propuesta por Bajtín3 en relación al problema de los géneros discursivos (I).

Exploraremos, a continuación, los rasgos constitutivos de los enunciados como unidad de la comunicación discursiva, comenzando por el contenido temático que estructura el corpus en un tema único definido de antemano y una sucesión de variaciones sobre este tema central. Dichas variaciones son las que originan secuencias temáticas identificables, con sus correspondientes turnos de habla, mecanismos de atribución de turnos, procesos de corrección y secuencias de apertura y clausura de la interacción (II).

Dedicaremos un apartado (III) a examinar -a través de tres secuencias temáticas seleccionadas- algunos aspectos composicionales y estilísticos de los enunciados, un rasgo constitutivo del discurso propio de cada género discursivo y de cada sujeto. La problemática composicional será examinada a través de las fronteras y la conclusividad específica de los enunciados; mientras que explorar la intencionalidad y la actitud del hablante nos permitirá la identificación de ciertos rasgos estilísticos propios de cada sujeto discursivo, en relación directa con la esfera de actividad de cada uno de los participantes.

Finalmente, nos ocuparemos del papel de los otros, presentes tanto a través de la concepción del destinatario y el fondo aperceptivo, como a través de los ecos y reflejos de los enunciados ajenos, anteriores. Es lo que permite construir la idea de lo dialógico: todo enunciado es un eslabón en la comunicación discursiva, que dialoga con los enunciados previos y que será interpelado por los enunciados futuros. (IV)

Nuestra propuesta, entonces, supone desarrollar un recorrido ajustado por una serie de tópicos que, según entendemos, presentan cierta pertinencia para su aplicación al corpus propuesto. No pretendemos con ello que el camino recorrido sea el único viable; por el contrario, asumimos que nuestra mirada es sólo una de las formas posibles de estudiar las interacciones verbales.

No aspiramos tampoco a realizar un trabajo exhaustivo, ni suponemos que este ejercicio esté exento de errores y probablemente omisiones en la interpretación y en la descripción. Sin embargo, creemos que si bien la sola intención de ensayar una perspectiva teórica no certifica que el resultado sea el adecuado, es ciertamente la condición primera para lograrlo.

Ana Matus

I. El problema de los géneros discursivos en Bajtín


M. M. Bajtín reflexiona sobre las diversas conexiones existentes entre los usos lingüisticos y la vida social, la manera de habitar el mundo (visión del mundo o ideología) y la historia. De esta manera, la teoría bajtiana relaciona estrechamente las diversas esferas de la actividad humana con las dinámicas de la utilización del lenguaje, definiendo a los géneros discursivos como tipos relativamente estables de enunciados que elabora cada esfera del uso de la lengua. Siguiendo este planteo, los enunciados –tanto orales como escritos- reflejan las condiciones específicas y el objeto de cada una de las esferas, pero manteniendo una naturaleza verbal (lingüística) común.

Estamos en presencia de un género discursivo cuando, en una determinada esfera de la actividad y comunicación humana –a partir de una función determinada y unas condiciones específicas- se generan tipos temáticos, composicionales y estilísticos de enunciados relativamente estables4.

En palabras de Bajtín: “Los tres momentos mencionados, -el contenido temático, el estilo y la composición- están vinculados indisolublemente en la totalidad del enunciado y se determinan, de un modo semejante, por la especificidad de una esfera dada de comunicación”5.

El estilo refleja la individualidad del hablante mediante la selección de ciertas formas gramaticales determinadas. Esta selección resulta de por sí un acto de estilística ya que permite emerger el aspecto expresivo, emocional, del sujeto discursivo.

La composición o estructuración refiere a que el discurso siempre está vertido en una forma que pertenece a un hablante determinado, de manera que es posible reconocer ciertos rasgos característicos del enunciado como las fronteras -el cambio de los sujetos discursivos-, la conclusividad -alude al carácter internamente concluso del enunciado en su posibilidad de ser contestado o comprendido tácitamente-, y finalmente, la actitud o intención del hablante –que refiere a que todo enunciado es una postura activa del hablante dentro de una u otra esfera de objetos y sentidos-.

La teoría bajtiana considera que se debe prestar especial atención a una diferencia sumamente importante entre los géneros discursivos: la diferencia entre géneros primarios y géneros secundarios. Esta diversidad , nos dice, no es funcional sino que es de fondo.

Los géneros primarios o simples son aquellos que se constituyen en la comunicación discursiva inmediata, es decir, suponen un suceso de la vida cotidiana y como tal incluyen a la conversación en todas sus formas. Los géneros secundarios o complejos, por el contrario, surgen como producto de una elaboración intelectual, absorbiendo y reelaborando diversos géneros primarios en condiciones de comunicación cultural más compleja. Se trata de las novelas, dramas, investigaciones científicas y periodísticas, etc.

Al destacar la importancia del estudio de los géneros primarios, Bajtín señala que es en estas formas genéricas donde queda expuesta la manera en que se seleccionan y utilizan los géneros apropiados, ligados orgánicamente a las esferas de actividad. Negar o ignorar este aspecto del análisis conduce, según el pensador ruso, a desvirtuar el carácter histórico de la investigación a la vez que se debilita el vínculo del lenguaje con la vida.
Centrándonos ahora en el corpus que nos ocupa, podemos comenzar definiendo la mesa redonda como un enunciado primario representado, entendiendo así que se trata de enunciados que se constituyen en la realidad inmediata, a diferencia de los enunciados secundarios.

Este género discursivo, como práctica oral, semeja una conversación espontánea; sin embargo, no se trata de una conversación casual entre personas que se encuentran sin un objetivo previo. Por el contrario, podemos suponer que los participantes del evento acordaron previamente el tema que tratarían y aseguraron su presencia.

Dicho de otra manera, si bien la mesa redonda -en tanto práctica discursiva oral- puede ser clasificada como una modalidad que se desarrolla de persona a persona y en este sentido comparte con las interacciones verbales espontáneas “... esos aspectos de creación sobre la marcha, de improvisación, de malentendido, de trasgresión de las normas, de negociación o de provocación de conflicto a que están sujetos, casi indefectiblemente, los intercambios orales cara a cara” 6 ; podemos observar, sin embargo, que en el desarrollo del encuentro se producen una serie de deslizamientos hacia prácticas de corte monologal, donde los participantes toman la palabra en un intento de “monogestionar” el evento (esta situación solo es evitada por Benedetti en su rol de moderador). Dichos deslizamientos responden, según nuestra interpretación, a una diferenciación de roles: aparece un destinatario que no se corresponde con aquellos a quien responde el enunciado. Así, el destinatario que aflora en los deslizamientos protagonizados por los hablantes que participan en la mesa redonda parece representarse en la comunidad intelectual y literaria de la época. Es decir que, durante esos momentos discursivos monológicos donde el destinatario no coincide personalmente con los participantes de la interacción, lo que se perfila es la figura de un receptor proveniente de los sectores de intelectuales y artistas de izquierda, cuyas opiniones y convicciones conforman el fondo aperceptivo en que está inmersa la comunidad cultural de la década del ‘60.

Son estos corrimientos, que vuelven compleja la clasificación del encuentro en una categoría específica, los que le dan a este género discursivo su cualidad particular : a pesar de su apariencia de espontaneidad, la mesa redonda no es un diálogo cotidiano donde el destinatario es ‘a quien yo contesto y de quien espero, a mi turno, una respuesta’ sino que existe ese otro destinatario-receptor presente para los hablantes.

Es justamente la aparición de esa distinción bajtiana entre participante del encuentro y destinatario de la enunciación lo que les permite, a los hablantes, mantener una sola unidad conversacional durante el desarrollo de la interacción, neutralizando la tendencia a desarrollar múltiples conversaciones simultáneas que podría aparecer junto con el mayor número de participantes 7.
II. Sobre el contenido temático

Tomando las herramientas teórico/prácticas que han desarrollado autores como Sacks, Schegloff y Jefferson en la línea de la microsociología o sociología de la vida cotidiana, derivada directamente tanto del trabajo de Erving Goffman como de los etnometodólogos (sobre todo del trabajo de Garfinkel), intentaremos continuar nuestra aproximación analítica al corpus seleccionado desde el Análisis Conversacional (AC8).

Estudiar desde esta perspectiva las interacciones verbales supone considerar toda conversación como “un conjunto socialmente organizado de sucesos lingüisticos”, es decir que una actividad aparentemente tan libre y espontánea como el cambio conversacional aparece bajo esta luz como un lugar de ejecución de competencias socialmente adquiridas y relevantes, habilidades lingüisticas reconocidas y exigidas. Así: “... las conversaciones son actividades sociales reguladas no sólo en términos pragmáticos o de adecuación respecto del contexto, a la situación en que se producen ... sino también dentro de las mismas secuencias verbales, en el modo en el cual éstas están sincronizadas y se suceden”9

Esos “sucesos lingüísticos” que ocupan a los conversacionalistas son realizados por los participantes en la interaccion, esto es por los sujetos que protagonizan los fenómenos comunicativos; de manera que podemos decir que el estudio de las conversaciones, desde la perspectiva del Análisis Conversacional, busca explicar los métodos que los sujetos utilizan para construir los intercambios de palabras; y lo hace explicitando los procedimientos y reglas con los cuales los locutores van construyendo su propia actividad conversacional mientras la desarrollan. Dicho de otra manera, lo que les interesa explicar son las formas que emplean los individuos para darse a entender y ser comprendidos por otros, bajo el supuesto de que la conducta en la vida cotidiana es razonable y significativa.

Dentro de estos métodos y procedimientos –que los sujetos aplican cooperativamente- el mecanismo del turno parece ser el dispositivo más importante en la disposición de las secuencias10. El modelo del procedimiento del turno tiene en las reglas de la atribución del turno (el paso de palabra de un locutor a otro) un componente esencial, así como en la manera que se desarrollan las secuencias de apertura y cierre (episodios iniciales y terminales de la conversación) y los procedimientos de corrección.

El análisis de estos dispositivos nos permitirá, en lo que sigue, visualizar los métodos que utilizan los sujetos en la construcción de la racionalidad de sus prácticas sociales.


En el debate organizado por el Centro de Investigaciones Literarias “Casa de las Américas” que estamos analizando, la literatura argentina es el tema central del encuentro y el eje sobre el que va a girar, de manera general, la conversación de los participantes. Durante el desarrollo del encuentro, este tema amplio irá tomando la forma de una serie de temas más específicos o subtemas, que presentan límites identificables para determinar el principio y el final en que fue tomado y respondido por los coparticipantes. Consideramos estos segmentos como secuencias.

Las secuencias identificadas a partir de los subtemas tratados son siete: la diferencia situacional entre el escritor del siglo pasado y el escritor actual, el oficialismo literario y el oficialismo político, el enfrentamiento Boedo / Florida, el proceso de la poesía en estos años, el proceso en la prosa, el grupo Sur, y el boom latinoamericano de los años sesenta.

El primer tema propuesto por el moderador del encuentro, Mario Benedetti, dura apenas la intervención del primer expositor, ya que prontamente es redefinido por Urondo y el resto del panel (incluso el coordinador) acepta la nueva definición del tema. El oficialismo literario y luego su relación con el oficialismo político es tratado por los participantes de la mesa redonda hasta el momento en que la primera intervención de Portantiero hace referencia al grupo Boedo y Mario Benedetti, en su papel de coordinador, toma esta referencia e instala el tema de la diferencia entre Boedo y Florida.

Este tema ocupará las siguientes intervenciones, hasta que el moderador inserta la pregunta sobre “el proceso de la poesía” dirigida a Urondo –quien reinstala ‘su’ tema del oficialismo literario- y una nueva intervención de Benedetti lleva la discusión al terreno de la prosa, preguntándo qué pasa en la prosa mientras tiene lugar en la poesía el proceso que Urondo se ocupó largamente de reseñar.

Este nuevo tema -que Walsh trata suscintamente- da oportunidad a Juan Carlos Portantiero para una intervención más extensa donde reflexiona sobre la posibilidad de explicar “la realidad compleja del peronismo” así como “lo que podía ser la Argentina a partir de la caida del peronismo”, en lo que parece un lenguaje más académico y explicativo que el utilizado por los coparticipantes del evento.

Benedetti vuelve a situar el problema a nivel literario (mencionando la revista cultural Sur) y desde allí propone tratar el caso Murena y el caso Cortázar . La actitud del moderador -que se ubica constantemente en el nivel particular, de caso- contrasta con el nivel de análisis seleccionado por Portantiero.

Finalmente, Benedetti sutura este tema e inmediatamente propone la conclusión formal del encuentro, introduciendo como cierre explícito un tema que se anunció en el inicio del encuentro como una cuestión que llegaría a ser tratada por los expositores. Es propuesto entonces el tema del boom latinoamericano, dando lugar a la oposición entre los pedidos a concretar en números y nombres de Benedetti, contra el intento explicativo, analítico de Portantiero, quien cierra en forma absoluta el encuentro ensayando una generalización de lo allí expuesto.

Podríamos caracterizar los contenidos temáticos de las secuencias de la siguiente manera:




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