Módulo gestión de la prevencióN



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EPARTAMENTO DE PREVENCIÓN Miguel Ángel Velayos García

ASPECTOS ERGONÓMICOS DEL RUIDO. EVALUACIÓN.


CAPÍTULO 1: NOCIONES DE ACÚSTICA

El ruido se define en función de la apreciación subjetiva (agradable, desagradable, molesto…) que se hace de un sonido, que es el fenómeno físicamente cuantificable. Por ello, comenzaremos definiendo el sonido.

SONIDO:

Hay muchas definiciones válidas de sonido, pero en todas ellas encontramos unos elementos comunes e imprescindibles. Veamos algunas de estas definiciones:

El sonido es una vibración mecánica transmitida por ondas en un medio elástico (el aire en general), capaz de ser percibida por el órgano auditivo humano.

Fenómeno vibratorio que a partir de una perturbación inicial del medio elástico donde se produce, se propaga en ese medio, bajo la forma de una variación periódica de presión sobre la presión atmosférica y que puede ser percibido por el oído.

Vibración que el oído humano puede detectar.

Cualquier variación de presión, sobre la presión atmosférica, que el oído humano pueda detectar.


Las características compartidas por estas definiciones, imprescindibles para que exista sonido, son: vibración, transmisión y percepción. Si esta percepción tiene connotaciones negativas, el sonido se convierte en ruido.


RUIDO:

Hay también bastantes definiciones válidas de ruido. Por ejemplo:

Conjunto de sonidos no agradables.

Combinación de sonidos no coordinados que originan una sensación desagradable.

Grupo de sonidos que interfiere una actividad humana.

Un mismo sonido puede ser considerado como agradable o desagradable por diferentes personas o incluso por una misma persona en diferentes momentos o situaciones, en función de diversos factores que estudiaremos a lo largo de la presente Unidad.




PROPIEDADES FÍSICAS DEL SONIDO

Caracterizan y definen el sonido. Las principales son:



1º/ Presión acústica o Intensidad.

Cuando una onda sonora se propaga en un medio elástico (aire en general), se produce una variación de presión en relación con la presión atmosférica, que es la presión acústica, de cuya energía van a depender en gran medida los efectos producidos por el ruido y es muy útil por ser un parámetro fácil de medir.

Como el valor de esta variación de presión cambia continuamente, nos interesa encontrar un valor único que sea representativo y podamos manejar, por lo que se utiliza el valor eficaz, que es el resultado de la integración de los diferentes niveles de presión instantáneos en un tiempo determinado.

Para que las variaciones de la presión sean audibles, deben estar comprendidas en el rango de 20× 10-6 Pa y 200 Pa (entre 20 y 200.000.000 µPa) lo que nos obligaría a utilizar para su cuantificación una escala de 20 millones de unidades, que resulta muy poco operativo. Para soslayar este problema convertimos esta escala en otra logarítmica, mediante una fórmula matemática, introduciendo el concepto de nivel de presión acústica, que se mide en decibelios (dB); así, transformamos nuestra escala inicial de 20 millones de unidades en otra de 140 unidades en la que el umbral de detección (20 µPa) se hace corresponder a 0 dB y la máxima presión audible, 200.000.000 µPa correspondería a 140 dB que a su vez sería el umbral del dolor.

Esto implica que pequeñas diferencias en dB suponen en realidad un incremento importante de energía. De hecho, un incremento de 3 dB en el nivel de ruido supone que se ha duplicado la energía de ese ruido.

La fórmula que convierte la presión en decibelios es:




Por tratarse de una escala logarítmica, los dB (es decir, los niveles de ruido expresados en dB) no pueden sumarse aritméticamente, si no que debe utilizarse una fórmula, una tabla o un gráfico.

La fórmula es:

Mediante gráfico o tabla, resulta más sencillo.



SUMA DE DECIBELIOS



El método es:
Se ordenan de menor a mayor los niveles a sumar.
Se resta el primero del segundo y la diferencia, se lleva al eje de abscisas.
En ordenadas, se obtienen los decibelios a sumar al mayor.
Al nivel resultante, se le resta el siguiente valor, repitiéndose la operación hasta terminar todos los niveles.
Si se trata de tabla, sólo tenemos que ver la diferencia y sumar al mayor la cantidad que se indique.
Ejemplo:
Suma los siguientes niveles de ruido: 48, 40, 39, 52, y 44.
Lo primero, ordenamos la serie: 39, 40, 44, 48 y 52.
Tomamos los dos primeros y vemos su diferencia: 1. Según la tabla (o el gráfico en su caso), a una diferencia de 1 le corresponde 2.6 dB a sumar al mayor, en este caso 40.
40 + 2.6=42.6
A 44, que es el siguiente valor, le restamos este 42.6, resultando 1.4, que llevado a la tabla o a la curva, le correspondería aproximadamente un valor de 2.4; Igual que antes, sumamos este valor al mayor:
44 + 2.4 = 46.4.
El valor siguiente es 48. Restando 46.4 obtenemos 1.6, valor al que corresponde un incremento de 2.3, que sumamos a 48, obteniendo 50.3.
Repetimos la operación con el último nivel que es 52:
52 - 50.3 = 1.7, correspondiendo un valor de 2.2 que sumado al mayor da 54.2.
En la práctica, la suma de dos ruidos que difieran en 10 ó más dB será igual al ruido mayor (la cantidad a sumar sería < 0,4 dB, que en la mayoría de los casos puede despreciarse).

2º/ Frecuencia.

Es el número de variaciones de presión en un segundo, o más ampliamente, el número de vibraciones o de oscilaciones completas en una unidad de tiempo. Se mide en ciclos/segundo, que se llama Hercio (Hz).

Así como la presión o intensidad acústica determina el volumen de un sonido, la frecuencia determina el tono: bajas frecuencias, tonos graves; altas frecuencias, tonos agudos.

El oído humano solo es capaz de percibir sonidos cuyas frecuencias se sitúen entre 20 y 20.000 Hz.

Para el estudio del sonido, nos interesa el concepto de Tono puro: es un sonido cuyas variaciones de presión dependen de una sola frecuencia (ruido en una única frecuencia).

Los sonidos reales son la suma de muchos tonos puros por lo que interesa para su estudio descomponerlos en grupos de tonos puros: esto es el Análisis de Frecuencias que veremos más adelante.



3º/ Otras características del ruido:

Periodo: el inverso de la frecuencia, o sea, el tiempo que tarda en producirse un ciclo completo de la onda. Se mide en segundos.

Velocidad: la distancia a que se ha propagado la onda sonora por unidad de tiempo. En el aire es de 344 m/s.

Longitud de onda: distancia entre dos puntos análogos de dos ondas sucesivas.




ANÁLISIS DE FRECUENCIAS.

Como acabamos de ver, los sonidos reales están compuestos por la suma de un gran número de tonos puros.



Descomponer un sonido real en grupos de tonos puros es lo que se llama análisis de frecuencias.
Como hay componentes en la mayoría de las frecuencias del espectro audible, sería imposible analizar cada una de estas frecuencias, por lo que dividimos el espectro de frecuencias en bandas de ancho proporcional y, mediante unos filtros, se mide el ruido comprendido entre unas frecuencias máxima y mínima características (determinándose la frecuencia central de cada banda que la caracteriza), despreciándose los ruidos de frecuencias superiores o inferiores a estos límites.

Las bandas más utilizadas son la de octava y la de tercio de octava. En un análisis basado en frecuencias de octava, el ruido se mide en cada octava (dividiéndose el rango audible en bandas cuyas frecuencias centrales son. 31,5, 63, 125, 250, 500, 1.000, 2.000, 4.000, 8.000, 16.000 Hz).

En ocasiones, la resolución en bandas de octava puede resultar insuficiente para un análisis detallado del ruido. Para aumentar dicha resolución, se utiliza el análisis basado en tercios de octava.

Las frecuencias centrales para las bandas de octava y de tercio de octava están normalizadas en UNE EN ISO 266.



SENSACIÓN SONORA.

El oído humano discrimina la frecuencia de la onda sonora (entre 20 y 20.000 Hz) y el nivel de presión acústica (entre 20 × 10-6 y 200 Pa). Esta discriminación es no lineal, o sea, el oído no se comporta igual frente a un aumento de presión sonora a distintas frecuencias.

En las curvas de igual sensación sonora para un tono puro, se indican los valores del nivel presión acústica y de frecuencia que corresponden a una misma sensación sonora, que se mide en fonios. El fonio equivale a la presión acústica en la frecuencia de 1000 Hz.


El oído, frente a un aumento de presión sonora, atenúa la sensación en las frecuencias de 20 a 1000 Hz (graves), amplifica entre 1000 y 5000 (agudas) y vuelve a atenuar a partir de 5.000 (muy agudas): para una misma sensación sonora, se necesita más presión a frecuencias bajas (< 1000) o altas (> 5000).

La no-linealidad del oído frente a la presión y la frecuencia obliga a medir el ruido utilizando un dispositivo en la cadena de medición que permita determinar los niveles de presión acústica de forma similar a como los sentiría un oído humano: son los filtros de corrección. Para evaluar el ruido en los lugares de trabajo, se utiliza el filtro A que tiene una curva cuya forma se aproxima a la curva de sensación sonora de 40 fonios.

CAPITULO 2: BASES ANATÓMICAS Y FISIOLÓGICAS DE LA AUDICIÓN

El oído se divide en tres partes:

Oído externo, formado por el pabellón auditivo y el conducto auditivo externo. Termina en el tímpano y su función es recibir y conducir la onda sonora.

Oído medio, entre el tímpano y la membrana oval, formado por una cadena de huesecillos móviles que conducen la vibración hasta la ventana oval, transformando las ondas acústicas en vibraciones mecánicas.

Oído interno, con el caracol donde se encuentran las células del órgano de Corti bañadas por un líquido, y que enlazan con el nervio acústico.

El proceso de audición empieza cuando las ondas sonoras son captadas por el pabellón auditivo y conducto auditivo externo, chocan con el tímpano que vibra y la transmite a la cadena de huesecillos que se mueven y vibran. La onda acústica se transforma aquí en una vibración mecánica. Esta vibración pasa por la ventana oval al caracol, cuyo líquido se mueve y estimula las células del órgano de Corti, que son de estructura nerviosa y la vibración mecánica se convierte en un impulso eléctrico (estímulo nervioso). Las células de Corti, enlazan con los nervios que van a la superficie del cerebro, donde este estímulo se percibe como sonidos.

CAPITULO 3: R.D.1316/89

Para proteger a los trabajadores frente a los riesgos derivados de la exposición laboral a ruido, se elaboró y publicó el Real Decreto 1316/1989 de 27 de octubre.

Este Real Decreto establece una serie de actuaciones en función del Nivel Diario Equivalente o del Nivel de Pico encontrados. Para cada uno de los niveles hay que adoptar unas medidas determinadas que el R.D. especifica.

Su objeto es la protección de los trabajadores frente a los riesgos derivados de la exposición al ruido durante el trabajo, y en particular, frente a las pérdidas de audición.

Resumen del R.D. 1316/1989 de 27 de octubre:


- La responsabilidad de su aplicación recae en el empresario.


- El principio básico es reducir el riesgo en el origen al nivel más bajo posible.
- Establece una evaluación de riesgos basada en la medición del ruido.
- Establece la revisión periódica de las evaluaciones.
- Establece vigilancia médica para el control de la función auditiva, inicial y periódica.
- Establece unos niveles de exposición que marcan pautas para la planificación de la prevención. Son 80, 85 y 90 dB(A) o un nivel de pico de 140 dB.
- Establece la obligación de los fabricantes de informar sobre el ruido emitido por sus máquinas.
- Establece criterios de formación, información y participación de los trabajadores.

Este real Decreto es la disposición fundamental en España para la protección de los trabajadores frente a los efectos nocivos derivados de la exposición al ruido, pero específicamente, su objetivo es proteger frente a la hipoacusia, por lo que su cumplimiento no evita la aparición de efectos extraauditivos, que pueden producirse a niveles inferiores a 80 dB (A).



MEDICIÓN

El ruido se mide mediante sonómetros; mediante dosímetros conocemos la exposición, que nos permite saber el % de dosis de ruido recibido.

El sonómetro mide de forma directa el nivel de presión sonora de un ruido, instantáneo (sonómetro convencional) o promediado en el tiempo (sonómetro integrador), presentando la lectura en dB. Para acatar la normativa vigente, deben cumplir las prescripciones establecidas en la norma UNE-20-464 disponiendo por lo menos de la característica "SLOW" y ponderación frecuencial A puesto que el oído humano, como hemos visto, oye mejor las frecuencias medias y altas que las bajas o muy altas. El filtro de corrección A aproxima la medición a la respuesta fisiológica del oído humano, dando medidas objetivas y reproducibles.

Si se trata de sonómetros integradores, deben cumplir las especificaciones de la norma UNE-20-493.

Pero los efectos del ruido dependen no solo del nivel sino también del tiempo de exposición.

El dosímetro es un monitor de exposición que utiliza un micrófono y una serie de circuitos medidores de presión sonora: se coloca el micrófono cerca del oído del trabajador para captar la señal que es acumulada en un condensador como energía eléctrica y mediante un lector se expresa la dosis acumulada en el tiempo que ha estado funcionando, que puede ser la jornada laboral, un determinado número de ciclos de trabajo, etc.

Conocida la dosis de ruido recibida, puede compararse con la permitida. Los que están basados en la norma ISO relacionan el nivel sonoro continuo equivalente diario con la dosis recibida diariamente. El criterio ISO considera que incrementos del doble de energía acústica suponen aumentos de 3 dB en el nivel de presión sonora.

En resumen:

Sonómetro convencional: mide ruido estable, dando el Nivel de Presión Sonora Ponderado A.

Sonómetro integrador: todo tipo de ruido en puestos fijos, dando el Nivel de Presión Acústica Continuo Equivalente Ponderado A.

Dosímetro: todo tipo de ruidos en puestos fijos y móviles, dando el % de dosis

CAPITULO 4: EFECTOS DEL RUIDO DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL DAÑO ERGONÓMICO
Efectos auditivos del ruido.

El efecto más estudiado y que más preocupación produce respecto a la exposición al ruido es la pérdida de la capacidad auditiva. Este efecto depende del nivel de presión acústica y del tiempo de exposición y no va a ser tratado con detalle en esta Unidad Didáctica por ser objeto de la Higiene Industrial.

La hipoacusia por ruido puede ser de dos tipos: de conducción y de percepción o neurológica.

La pérdida conductiva puede deberse a rotura del tímpano o a dislocación de los huesos del oído medio, y estaría causada por una onda sonora de elevada energía, como por ejemplo, una explosión. En esta sordera, el paciente se queja de que los demás no hablan alto, no se afecta la comprensión y es susceptible de mejorar con dispositivo auditivo.

La exposición prolongada al ruido puede producir una pérdida auditiva por lesión neural, originándose un daño en las células del órgano de Corti. Las primeras en lesionarse suelen ser las células encargadas de detectar los ruidos agudos de frecuencias altas próximas a los 4000 Hz (es difícil escuchar la voz de una mujer y fácil la de un hombre). El paciente habla más alto pues está impedido el efecto de modulación auditivo. Los dispositivos pueden no arreglar el problema. Es un proceso irreversible y permanente y suele ser bilateral y simétrico (desplazamiento permanente del umbral auditivo, hipoacusia o sordera). Si el tiempo de exposición es más corto, se produce una pérdida auditiva reversible y temporal (desplazamiento temporal del umbral auditivo).

Efectos extraauditivos del ruido:

El ruido puede afectar a órganos diferentes del de la audición dando lugar a una serie de efectos extraauditivos que entran dentro del campo de acción de la ergonomía y son el verdadero objetivo de esta Unidad.

Podemos clasificarlos en:



Efectos psicofisiológicos.

Las vías nerviosas de la audición también establecen conexiones con otros órganos y sistemas a través del Sistema Nervioso Autónomo pudiendo observarse efectos motores (contracciones musculares), vegetativos (variaciones en la frecuencia cardiaca, vasoconstricción periférica, aumento de la presión sanguínea, enlentecimiento de los movimientos respiratorios, etc.) y electroencefalográficos (desincronización). Hay dos tipos de respuesta:



A corto plazo: respuestas psicofisiológicas inmediatas provocadas por cambios cualitativos o cuantitativos en el ruido. Como ejemplos tenemos el "reflejo de orientación" y el "reflejo de sobresalto". El primero está relacionado con los procesos de atención e implica redirección de los órganos sensitivos hacia la fuente de ruido y una serie de respuestas fisiológicas como disminución de la frecuencia cardiaca, del flujo y la presión sanguínea y aumento de la secreción de las glándulas sudoríparas.
El de sobresalto implica parpadeo, sacudida muscular y aumento de las frecuencias cardiaca y respiratoria.

Ambas respuestas son cortas y débiles y no tienen consecuencias, pero sirven como indicadores de los efectos distractores el ruido



A largo plazo: el ruido produce modificaciones fisiológicas que pueden afectar a la salud. Estos efectos dependen también de la actividad (exigencias de la tarea), de las condiciones de ejecución, de la duración del trabajo con ruido y de características individuales. Son:

Efectos cardiovasculares. Son los más estudiados. Se ha comprobado que durante la exposición a ruido se produce vasoconstricción periférica y se eleva la presión diastólica. También se sabe que entre trabajadores expuestos a ruido son más frecuentes los trastornos cardiovasculares, sobre todo, hipertensión. No obstante, los trastornos cardiacos dependen además de factores como la reactividad vegetativa del trabajador, del carácter previsible o no del ruido, de la actividad y de otros factores de estrés.

Efectos hormonales. Los estudios realizados en este campo, son contradictorios. El ruido afecta a la secreción de las hormonas del estrés: catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y hormonas corticosuprarrenales (cortisol) pero este efecto varía en función de la actividad, de la tarea y de factores físicos y psicosociales.

Efectos sobre el sueño. Se ha comprobado que la exposición a ruido durante el trabajo influye en la cantidad y la calidad del sueño: se reduce tanto el número como la duración de los ciclos del sueño. Otro efecto muy importante y opuesto a este sería producir sueño, especialmente en el caso de ruidos de baja frecuencia, monótonos y repetitivos.

Efectos subjetivos.

Las sensaciones de desagrado y molestia son los efectos indeseables de tipo subjetivo más extendidos del ruido. Por ser de tipo subjetivo (un mismo ambiente acústico puede ser molesto para una persona y no para otra), su valoración y la determinación de límites de tolerancia es un problema difícil. Están relacionados con las medidas objetivas del ruido (frecuencia e intensidad), pero existen otros factores que influyen: contexto psicosocial, actitud personal hacia la fuente de ruido, actividad, tarea, etc.

La evaluación subjetiva del ruido, se realiza mediante cuestionarios y escalas de autovaloración. De la relación entre estas evaluaciones subjetivas y las características físicas del sonido surgen las bases psicoacústicas del ruido, que han permitido el desarrollo de una serie de índices acústicos que tratan de valorar el grado de molestias de una forma más objetiva; el más importante de ellos y que estudiaremos más adelante es el índice de las curvas NR.

Los factores más relacionadas con estos efectos son:



Intensidad: como hemos visto, con cada aumento de intensidad sonora de 3 dB se duplica la energía de un sonido. Las molestias, guardan esta misma relación: incrementos del nivel de un ruido, provocan el mismo incremento en el nivel de molestias, pero entre dos ruidos, no siempre el más molesto es el de mayor intensidad.

Frecuencia: dado que el oído humano es más sensible a las frecuencias altas, un ruido de baja frecuencia debe ser muy intenso para producir la misma molestia que uno de alta. Las frecuencias más altas se perciben como más ruidosas en igualdad de condiciones.

Variabilidad temporal: cuando el ruido varía en el tiempo, hay menos riesgo de daños objetivos que si es constante, pero en cuanto a reacciones subjetivas, ocurre al revés: la variabilidad es en sí misma una característica molesta.

Relación señal-ruido: cuando un ruido enmascara palabras o sonidos relevantes (señales) para el trabajador se considera especialmente molesto. Puede resultar positivo si se enmascaran sonidos o conversaciones irrelevantes.

Contenido informativo: los sonidos que tienen un contenido informativo irrelevante, se consideran más molestos. Si el contenido informativo es útil (ruidos que avisan de anomalías, etc. ), se consideran más aceptables que si no llevaran ninguna información.

Predecibilidad y controlabilidad: los ruidos esperados son evaluados subjetivamente como menos molestos que los inesperados. Los ruidos imprevisibles, irritan más que los rutinarios o periódicos. Cuando un trabajador puede controlar la producción de un ruido, está menos molesto que si no puede hacerlo.

Actitud respecto a la fuente del ruido: influye sobre la respuesta subjetiva al mismo: un trabajador a disgusto con una máquina determinada, estará especialmente molesto por el ruido de esa máquina.

Actividad en curso: en la evaluación subjetiva de las molestias por el ruido, influyen las exigencias de la tarea y la carga de trabajo.

Necesidad de ruido: un ruido se considera más aceptable cuando es consecuencia inevitable de la actividad desarrollada.

Diferencias individuales: existen diferencias interindividuales en cuanto a la sensibilidad al ruido, de forma que un mismo ambiente acústico provoca respuestas que pueden ser muy distintas en diferentes personas. Las investigaciones llevadas a cabo para intentar determinar las particularidades individuales que expliquen esta especial sensibilidad (edad, sexo, personalidad…) no han dado resultados definitivos.

Efectos sobre el comportamiento.

En el ámbito laboral, los efectos más estudiados del ruido sobre el comportamiento han sido los que afectan al rendimiento y al comportamiento social, especialmente, a la comunicación.

La interferencia del ruido en el desarrollo de las tareas depende de factores como la dificultad, complejidad y duración de la tarea, las características del ruido (nivel, composición espectral y tipo de ruido) y la predisposición individual y estado del sujeto (motivación, capacidad de concentración, interés por la tarea, etc.)

Antes de estudiar los efectos del ruido sobre el rendimiento, vamos a exponer una serie de interpretaciones teóricas que faciliten la comprensión del problema, ya que no existe un modelo teórico único capaz de explicar y predecir el efecto del ruido sobre el rendimiento de los trabajadores. Esto se debe a que hay muchos tipos de ruido y de tareas. El ruido puede ser intermitente, continuo o de impacto, desde música hasta sonido en blanco. La tarea, puede estar basada en las destrezas (comportamiento manual o automático), en las reglas (si pasa A hago X, si pasa B hago Y) o en el conocimiento (basado en conocimientos profundos y ponderación de alternativas).

Así, el efecto final depende de la naturaleza y características del ruido, del tipo de tarea y del estado funcional del trabajador.

Cada una de las hipótesis explicativas que vamos a ver, aporta argumentos que permiten comprender estos efectos, destacando su impacto sobre los procesos de atención.

Las respuestas del organismo a la acción del ruido no son solo reacciones pasivas a las molestias que este produce, sino que testimonian tentativas de adaptación por parte del organismo: habituación, persistencia o modificación de la estrategia, esfuerzo de atención, etc.

Interpretaciones teóricas:



Distracción:

Se basa en la desviación de la atención que produce el ruido.

La aparición de un ruido provoca en el trabajador una "reacción de orientación", que se manifiesta por un cambio de la atención dirigido hacia el nuevo estímulo en detrimento de la actividad en curso. Si es intenso, se puede producir la "reacción de sobresalto" que influye negativamente en el desarrollo de cualquier tarea. La distracción sólo aparece ante ruidos inesperados, puesto que si se repite, se produce la habituación.

Enmascaramiento:

Los efectos perturbadores del ruido sobre el rendimiento se deberían al enmascaramiento de señales auditivas relevantes para la realización de la tarea. Actúa básicamente para tareas de naturaleza auditiva, pero también puede hacerlo, según algunas teorías, en tareas cognitivas y perceptivo-motoras. En tareas cognitivas, el ruido podría enmascarar el "lenguaje interior" utilizado por el trabajador para memorizar información, alterando el almacenamiento en la memoria. En tareas perceptivo-motoras (no verbales), el ruido podría enmascarar la información auditiva sobre cómo se está realizando la tarea (retroalimenación auditiva), lo que priva al trabajador de una asistencia auditiva importante.

Otra teoría considera que el efecto no es por enmascaramiento de la retroalimenación auditiva o del lenguaje interior sino que el ruido actúa perturbando la memoria de trabajo o memoria a corto plazo

Teoría del arousal (activación):

Según esta teoría, el ruido incide en el rendimiento actuando sobre el nivel de activación del trabajador: niveles de ruido bajos y monótonos, disminuyen este estado de activación, niveles más elevados o inesperados, aumentan la activación. Así, el ruido tendría un efecto favorable o desfavorable sobre el rendimiento según el estado funcional y la tarea (curva en U invertida). No obstante, la teórica mejora del ruido sobre el rendimiento es a veces un esfuerzo de atención compensatorio, con el coste fisiológico que ello implica.



Focalización o selectividad de la atención:

La atención se vuelve más selectiva a medida que aumenta el nivel de activación, por lo que el ruido podría favorecer la selectividad de la atención, especialmente en las tareas prioritarias.


Esta mejora se debería al esfuerzo del trabajador por resistir la acción perturbadora del ruido.

En tareas con demandas de atención dividida en las que el trabajador debe prestar atención a diferentes fuentes de información, el rendimiento disminuiría.



Sobrecarga de la información:

Las capacidades de tratamiento de la información son siempre limitadas. Un número elevado de mensajes produce un fenómeno de sobrecarga que obliga a establecer prioridades, decidiendo cual es la información pertinente o el mensaje útil.


El ruido contribuiría a esta sobrecarga y disminuiría el campo de atención.

Elección de la estrategia:

El trabajador ha de elegir unos medios para realizar una tarea.

El ruido podría jugar un papel determinante en esta elección dando lugar a la adopción de una estrategia preferencial (en presencia de ruido, se adoptan más unas estrategias que otras), reforzando la utilización de una estrategia (se mantiene la estrategia aunque cambien las condiciones) o manteniendo la estrategia aún cuando cese el ruido.

Efectos sobre el rendimiento.

Los efectos del ruido sobre el rendimiento (entendido como la eficacia del sujeto en la realización de su trabajo), son complejos y afectan de distinta manera a diferentes actividades, dependiendo de factores como las características del ruido (intensidad, frecuencia, tipo, significación…), la posibilidad de previsión y control del mismo, naturaleza y exigencias de la tarea, duración, variables psicofisiológicas del individuo (sensibilidad, estado funcional, motivación…) y la presencia de otros factores ambientales molestos.

No hay efectos claramente definidos del ruido sobre la realización de la tarea. Un mismo tipo de ruido podría disminuir la concentración en unos casos, o ser estimulante en otros como en las tareas monótonas o repetitivas.

Las funciones visuales como la agudeza, enfoque y movimientos de ojos son muy poco o nada afectados por el ruido.

El desempeño motor (manual o de desplazamiento) es raramente afectado.
Para el desempeño en tareas rutinarias o basadas en la destreza el ruido puede no afectar.

En tareas basadas en reglas donde el trabajador selecciona rápidamente entre diferentes alternativas, el ruido puede tener cierto efecto, sobre todo si es mayor de 95 dB (A).

Los efectos nocivos del ruido parecen estar asociados primeramente con tareas en las que los trabajadores tienen que aplicar conocimientos, pensar detenidamente y llegar a conclusiones. Esto involucra a la memoria a corto y largo plazo y sobre todo esta última, se ve superada, por ejemplo, al procesar información verbal. Se ha demostrado (Weinstein, 1977) que en una prueba de lectura, un ruido entre 68 y 70 dB(A) impide significativamente la detección de errores gramaticales (tarea basada en el conocimiento), pero no afecta a la habilidad de detectar errores ortográficos (tarea basada en reglas).

Si el ruido es intermitente o inesperado, puede causar un sobresalto que, aparte de producir los efectos fisiológicos antes citados, influye negativamente en el desarrollo de cualquier tarea.

El ruido provoca disminución de la atención, deteriorando la realización de trabajos que requieren concentración, rapidez o destreza. El trabajador debe hacer un esfuerzo suplementario para aislarse del ruido, lo que se traduce en un mayor desgaste y fatiga. Se ha comprobado que determinados tipos de ruido pueden afectar negativamente en casos de tareas de vigilancia, tareas mentales complejas, tareas que exigen alta capacidad de percepción y tareas psicomotoras complejas. Por otra parte, en determinadas circunstancias y tareas, el ruido puede no tener ningún tipo de efecto o incluso sirve para mejorar el rendimiento.

En general, se puede observar que el ruido es siempre molesto para el trabajo y las actividades que demandan un esfuerzo de atención más alto y más sostenido son más sensibles al ruido.

 

Tareas de vigilancia: Este tipo de tareas requiere una atención sostenida, poniendo en juego funciones sensorio-perceptivas (discriminación, identificación, localización). Los componentes cognitivos se limitan a una decisión elemental sobre la pertinencia o no de determinados estímulos (tratamiento automático de la información). Los efectos del ruido en estas tareas son contradictorios: ruidos continuos tienen efecto "desactivador", que aumenta con la monotonía de la tarea y hace disminuir la vigilancia; ruidos intermitentes, tienen efecto activador, contrarrestando la caída de la vigilancia en tareas monótonas. Estos efectos contradictorios se deben a las diferentes situaciones experimentales planteadas en cada estudio: distintas tareas, distintos tipos y niveles de ruido, etc. Sin embargo, pueden sacarse algunas conclusiones:



En tareas que demandan atención sostenida (vigilancia, control de calidad…), el ruido afecta al nivel medio de rendimiento o a su evolución en el tiempo o a la variabilidad de las respuestas (respuestas retardadas).

El ruido continuo deteriora la eficacia de detección de señales en tareas de vigilancia si su intensidad es mayor de 95 dB, la exposición es superior a 30 min. y las señales son difíciles de percibir.

Cuando las fuentes de señales son múltiples o las señales pertinentes son frecuentes, el ruido afecta el rendimiento; si la frecuencia de señales es baja, el ruido ejerce una influencia favorable o no afecta.

En situaciones de doble tarea (realizar una tarea principal y atender otra secundaria), el ruido deteriora el rendimiento si la tarea de vigilancia no es la prioritaria.

 

Actividades complejas con carga mental elevada. Las tareas complejas demandan un importante esfuerzo de atención. En ellas, el trabajador tiene que atender simultáneamente a varias fuentes de información, someter la información a una serie de procesos más complejos y elegir respuestas entre varias alternativas. Se requiere una atención dividida y la utilización de funciones cognitivas. De los estudios realizados sobre la influencia del ruido en este tipo de actividades, se concluye que son más sensibles al ruido que las tareas de vigilancia. El deterioro producido se manifiesta más sobre el rendimiento en las actividades menos prioritarias. El tipo de ruido (artificial o verbal) y los componentes cognitivos de la tarea, juegan un papel importante entre los factores de que depende la vulnerabilidad de una tarea frente al ruido.



Efectos sobre el comportamiento en general.

Efectos psicosociales. La mera presencia de ruido, por sí sola e independientemente de sus características, provoca un conjunto de sensaciones desagradables y molestias que puede manifestarse en el comportamiento individual y social de los trabajadores expuestos. Si la exposición es crónica, los trabajadores se vuelven irritables, manifiestan tendencias agresivas, son menos atentos con los compañeros y evitan ayudarles. Las relaciones interpersonales se hacen más difíciles, tanto por la fatiga que genera como por el tiempo de recuperación auditiva tras el trabajo y las alteraciones de comportamiento que puede ocasionar. Los efectos que a este nivel puede producir son:

Dificultades de comunicación, como veremos más adelante.

Perturbaciones del reposo y descanso.

Perturbaciones del sueño (nocturno).

Disminución de la capacidad de concentración.

Sensación de malestar: empieza a manifestarse a partir de 35 dB(A), estando el umbral en 65 dB(A) para el 60% de la población.

Los efectos psicosociales del ruido van a depender en gran medida de factores como la actitud del sujeto hacia la fuente de ruido, la sensibilidad de cada persona, las posibilidades de reducir el ruido y el momento de la jornada en que se produzca.

Efectos sobre la comunicación. El ruido puede dificultar la comunicación hablada en el puesto de trabajo (la comprensión de los mensajes verbales), lo que repercute en la seguridad, el proceso productivo y las relaciones personales y profesionales. La dificultad para comunicarse con los compañeros durante la jornada laboral aumenta el aislamiento de los trabajadores y hace más penosas las condiciones de trabajo. La interferencia del ruido con la comunicación verbal depende de:

- Nivel de presión acústica (intensidad)


- Espectro del ruido existente (frecuencia)
- Tono de voz empleado
- Distancia entre los interlocutores
- Exigencias conversacionales de la tarea.

La comunicación en condiciones de ruido, aumenta la carga de trabajo tanto en el emisor como en el receptor: uno debe elevar la voz y el otro debe incrementar la atención para comprender el mensaje. La dificultad de comprensión aumenta cuando el trabajador debe prestar atención simultáneamente al mensaje verbal y a señales provenientes de otras fuentes. Existen diversos métodos para establecer unos niveles máximos o recomendados de ruido que permitan mantener la comunicación dentro de unos niveles aceptables, siendo el Método SIL (Speech Interference Level) uno de los más adecuados. Establece los niveles máximos de ruido aceptables para el rango de frecuencias conversacionales (entre 500 y 4000 Hz).

Efectos sobre la seguridad. No se puede establecer una relación causal entre ruido y accidentes. Parece ser que en ambientes ruidosos, los trabajos son 2 ó 3 veces más peligrosos que los efectuados en ambientes silenciosos, pero no se sabe si la causa directa es el ruido. Es, en todo caso, un factor potencial de riesgo para la seguridad, o al menos, favorece el error humano pues enmascara los sonidos portadores de información útil (señales de alarma, avisos peligrosos, mensajes de advertencia de peligro…), interfiere la comunicación y desvía la atención.

 

CAPITULO 5: VALORACION DEL RUIDO EN ERGONOMIA


La valoración del ruido se hace a dos niveles: valoración de las molestias y valoración de la interferencia con la comunicación.

Para evaluar las molestias (respuestas subjetivas al ruido del entorno) debemos tener en cuenta que los parámetros físicos del ruido y sus mediciones objetivas están relacionadas, pero son solo una aproximación al problema, siendo complicado establecer unos valores límite por encima de los cuales un porcentaje determinado de población expuesta presente molestias.


Además de la valoración subjetiva, se han desarrollado una serie de índices acústicos para valorar la relación existente entre la exposición al ruido y las molestias de una forma más objetiva. Se trata de criterios técnicos que establecen límites aceptables de confortabilidad en actividades de interiores, con niveles de ruido de fondo estables.
Uno de los principales índices es el de las llamadas curvas NR (Noise Rating), recogido en la recomendación ISO-R-1996 y la Norma UNE 74-022, y que establece, para diferentes frecuencias, los niveles de ruido que se consideran aceptables para no causar molestias en distintos tipos de actividad:

Se trata de una familia de curvas de las cuales seleccionaremos una u otra en función de parámetros como el tipo de actividad o el local.




Para aplicar estos índices se hace una medición espectral del ruido (un análisis de frecuencias), se elige una curva NR como criterio de referencia y se compara. Si alguna frecuencia de nuestro espectro está por encima de la curva criterio, habrá molestias a esa frecuencia. Sabremos así en qué frecuencias debemos reducir el nivel de ruido para minimizar dichas molestias.



Si en un despacho se ha medido un nivel de ruido de 60 dB a una frecuencia de 1000 Hz, estaríamos claramente ante una molestia producida por ruido, ya que todos los niveles de ruido medidos deberían ser inferiores a los correspondientes a la curva NR 40, si este es el valor de referencia que se ha tomado. Por tanto, se deben tomar las medidas oportunas para reducir el ruido en todas las frecuencias que superen nuestra referencia.

Hay otros criterios como los americanos establecidos en las curvas PNC (Preferred Noise Criterion) y NC (Noise Criterion). Todos se basan en pruebas subjetivas y proponen niveles aceptables de presión sonora en dB para distintas frecuencias, situaciones y tipos de actividad.

A la hora de valorar las molestias producidas por el ruido, debemos medir las frecuencias más altas pues son las más molestas.

Para valorar las interferencias con la comunicación, el método que se considera más adecuado es el método SIL (ISO 9921-1:1996 "Speech Interference Level and communication distances for persons with normal hearing capacity in direct communication) que establece los niveles máximos de ruido aceptables para el rango de frecuencias conversacionales: de 500 a 4.000 Hz.

El SIL es la media aritmética de los niveles de ruido existentes a las frecuencias de 500, 1.000, 2.000, 3.000 y 4.000 Hz. que son las frecuencias conversacionales. Se establecen los índices máximos de SIL aceptables para diferentes esfuerzos vocales (normal y elevado) y distancias "locutor-receptor" variables.



Los valores de SIL se dan en dB sin corrección (no en escala A).



El procedimiento es:


Se halla la media aritmética de los dB encontrados a las frecuencias indicadas, que son, como hemos repetido, las conversacionales.
Medimos la distancia entre los puestos.
Vemos el nivel de voz que habría que emplear.

Ejemplo:


A una distancia entre puestos de trabajo en torno a los 1'5 m (distancia social cercana), le correspondería un valor SIL de aproximadamente 50 dB. Cualquier valor que superara este rango, interferiría en una conversación en tono normal. Un SIL de 55 dB. exigiría un esfuerzo vocal forzado.

Como hemos visto, para valorar las molestias producidas por el ruido, se miden principalmente las frecuencias más altas, que son las más molestas. En cambio para valorar la interferencia con la comunicación, se miden las centrales.



CAPITULO 6: PREVENCION / CORRECCION

La solución a los problemas originados por el ruido o la mejora de las condiciones de trabajo en relación con el ambiente acústico pasa en cualquier caso por la disminución de su nivel.

Sabiendo que se origina en unos puntos concretos, es en los focos donde debe de atajarse el problema, evitando su producción. En ocasiones, esto no es factible o no es suficiente, por lo que la forma de disminuir el nivel de ruido es colocar obstáculos entre el foco y el individuo, obstáculos capaces de absorber parte o toda la energía acústica evitando su transmisión.

Se tendrán en cuenta las siguientes medidas:

Seleccionar equipos más silenciosos (que el conocimiento del nivel de emisión de ruido de los equipos sea incluido en la gestión de compra de los mismos).

Realizar un mantenimiento de equipos y sistemas (como los de ventilación y aire acondicionado).

Redistribuir los equipos ruidosos (alejándolos de zonas de trabajos que requieran concentración. Por ejemplo, alejar impresoras y fotocopiadoras de los puestos de trabajo o ubicarlas en otros lugares).

Realizar una compartimentación adecuada.

Efectuar un tratamiento acústico de los locales (con materiales absorbentes, cuando sea necesario).

Hemos de tener en cuenta la importancia que los aspectos subjetivos tienen frente a un contaminante como el ruido por lo que, a la hora de la prevención, no podemos olvidarnos de la implantación de medidas organizativas y psicosociales que, en ocasiones, pueden resultar las únicas viables, especialmente si nos enfrentamos a niveles de ruido bajos pero molestos.



CAPITULO 7: LEGISLACIÓN / NORMATIVA

Real Decreto 1316/1989 de 27 de octubre de protección de los trabajadores contra los riesgos debidos a exposición al ruido durante el trabajo.

Norma UNE 74-024-92 (ISO 2204): Guía para la elaboración de normas sobre la medida del ruido aéreo y la evaluación de sus efectos sobre el hombre.

Norma UNE 74-022-81 (ISO-R-1966): Valoración del ruido en función de la reacción de las colectividades.

Norma ISO 9921-1.1996

 


Prevención de riesgos derivados de la organización y la carga de trabajo. 2004/2005 (MAVG)




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