Maria del carmen patricia di nasso carrada



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Se plantean dos principios de trabajo: es necesario conocer y contar con el ser humano, los cuales se expresan en dos premisas: "Sólo conociendo al individuo y sus circunstancias es posible una acción eficiente y permanente en salud"; y "Nadie puede cuidar la salud de otro, si éste no quiere hacerlo por si mismo".

Luego se postulan las siete tesis:

  • No hay uno que sabe y otro que no sabe, sino dos que saben cosas distintas;

  • La educación no es sólo lo que se imparte en programas educativos, sino en toda la acción sanitaria;

  • La ignorancia no es un hueco a ser llenado, sino un lleno a ser transformado;

  • La educación debe ser dialógica y participativa;

  • La educación debe reforzar la confianza de la gente en sí misma;

  • La educación debe procurar reforzar el modelo de conocimiento: esfuerzo-logro

  • La educación debe fomentar la responsabilidad individual y la cooperación colectiva (Briceño León, R., 1996)

En los ciclos de estas enfermedades las personas son importantes porque es su acción, o su no-acción, en un medio ecológico determinado, lo que va a permitir la transmisión de la enfermedad o su control, y este es el caso de las enfermedades bucales en grupos de vulnerables.

Todos somos conscientes del aumento del número de pacientes con enfermedades sistémicas crónicas, discapacidades y compromisos serios de salud que acuden a la consulta solicitando tratamiento odontológico (Silvestre Donat, 2000).

Para vencer la resistencia de las personas se requiere entonces un mayor énfasis en el factor olvidado, en el ser humano (Gillet, 1985). Este cambio de óptica implica dos principios que han de guiar cualquier acción sanitaria: a) es necesario conocer al ser humano; b) es necesario contar con el ser humano.


Por ello es necesario avanzar desde un modelo que integre la atención sanitaria y la educativa y social, (Puga, Dolores, 2005), con el propósito de que otros actores sociales, además de los puramente sanitarios se comprometan en áreas como es la salud con actividades sostenidas en el tiempo y en los destinatarios.
Se presenta una gran oportunidad para ofrecer una respuesta socio-sanitaria a un problema que es, como pocos otros, socio-sanitario. (Puga, Dolores, 2005).

Una adecuación de acceso se comprende como cualquier objeto, equipo, sistema o producto adquirido comercialmente, adaptado o construido con el propósito de aumentar, mantener o mejorar las capacidades funcionales de los alumnos con capacidades diferentes (concepto básico de asistencia tecnológica), así como cualquier servicio que contribuya directamente al alumno con capacidades diferentes en la selección, adquisición o uso de un equipo de asistencia tecnológica (concepto básico de servicios de asistencia tecnológica), con el fin de facilitarles el acceso al saberes pertinentes y necesarios (Orozco Vargas, O. 2009 ).

Las adecuaciones curriculares y en este caso la incorporación de la EDUCACION para la SALUD BUCAL en el aula, diariamente y adecuada a los destinatarios implica aquellas acciones por parte del docente que no modifican substancialmente la programación del currículo oficial y que está constituida esencialmente, por la creación de situaciones de aprendizaje adecuadas, con el fin de atender las necesidades educativas de los alumnos, por medio de ajustes metodológicos tanto en la enseñanza, acordes con las necesidades, intereses y características del alumno.

Es importante rescatar que para lograr un máximo crecimiento personal, social y productivo de las personas con capacidades diferentes, se requiere de apoyos que permitan un acceso al conocimiento como lo son: las ayudas pedagógicas o servicios educativos especiales; por lo cual los docentes no deben caer en el error de comprometer el concepto de educación especial con la idea de "un grupo segregado de personas excepcionales, que requieren de un currículo pobre, encerrarse en la mentalidad de que las personas con capacidades diferentes, no pueden desarrollar capacidades y habilidades de aprendizaje" (especial y tristemente aun en nuestros tiempos en el caso de muchas personas especialmente profesionales aun se mantiene esta mentalidad como un paradigma muy practico) y en este sentido, aparece el Odontólogo para co-participar en la planificación, ejecución y evaluación de estas acciones.

Actualmente en el campo de la educación, el concepto de la educación especial, corresponde a un conjunto de recursos humanos, personales y materiales, que se encuentran a disposición del sistema educativo regular, con el fin de crear un centro educativo de calidad para todos (Orozco Vargas, O. 2009 ).

Con la intención de disminuir las diferencias de atención, educación y prevención de muchas enfermedades bucales, en varios países del mundo, la Alianza para Salud Bucal, Oral Health Aliance, colaborando con la Fundación Alemana para el Desarrollo Internacional, formularon la Declaración de Berlín para Salud Bucal. El manifiesto tiene como objetivo principal, diseñar las estrategias básicas para la prevención y la factibilidad de los servicios de tratamiento para los países en vías de desarrollo y comunidades necesitadas. Pero, para que un programa de salud bucal alcance sus objetivos, es fundamentalmlente importante que la comunidad se comprometa con él, entendiendo su importancia como parte integrante y activa del proceso social, económico y cultural para la promoción de la salud bucal, dentro del concepto de mejoría de la calidad de la salud general.

A pesar de existir actualmente un número satisfactorio de Odontólogos, la mayoría de la población mundial no recibe atención adecuada ni eficaz. Existen muchas discusiones pero las soluciones prácticas aún escasean. En la mayoría de los países, tanto los profesionales cuanto el Estado, se preocupan más por las áreas de tratamiento y las técnicas curativas, que con los programas colectivos de prevención o de salud bucal.

Estudios han demostrado que la filosofía de atención de la salud bucal de algunos sectores de la población, ha sido una de las causas principales para incrementar el número de enfermedades bucales en todo el mundo, principalmente en los países en vías de desarrollo. Todos esos factores, aliados a las crisis financieras de estos países, dificultan la obtención de modelos de atención y recursos materiales para una actividad odontológica auto sustentable y, como consecuencia, aparecen enfermedades bucales desterradas de algunos países desarrollados y las dificultades de controlarlas.

La Declaración de Berlín apuesta, sobre todo, a los programas de prevención, integrando las condiciones sociales, así como trabajo, alimentación y vivienda para mejorar estados de salud deteriorados.

Los programas de prevención desarrollados recientemente por algunos profesionales, han incorporado métodos alternativos, simples y de bajo costo. Pero, aunque sean programas eficaces, estos se aplican, a veces, sin tener en cuenta las peculiaridades de cada comunidad, volviéndolos, en algunos casos, impropios. Algunas propuestas desarrolladas como el acceso a la información en salud desde la educación siguen siendo prioritarias cuando se trata de desarrollar políticas sociosanitarias a largo plazo para grandes grupos poblacionales en riesgo. Por tanto, los programas de salud deben estar basados en el principio de la atención de calidad y ser accesibles a todos.

Aunque la mayoría de las enfermedades bucales no representen amenaza para la vida, ellas son un problema de salud pública. La predominancia, la gran demanda de recursos públicos para los tratamientos y su impacto en la sociedad, en lo que se refiere al dolor, incomodidad, limitaciones funcionales y sociales, tienen enérgicos efectos en el estilo de vida.

Ningún programa de salud bucal llegará a buen resultado sin que primero pase por una etapa de adaptación a las necesidades de las comunidades necesitadas a que se destina y sea aceptado por ellas. Esa aceptación será tanto mejor y rápida cuando los propios actores pertenezcan a esas comunidades, sean miembros activos y aceptados por ellas.

Todas las estrategias de salud bucal deben estar integradas a los programas de prevención que, a su vez, deben estar incluidos dentro del contexto de salud, aumentados por los niveles de calidad de vida. Los aspectos más importantes de la prevención son: la efectividad, la simplicidad, el bajo costo y la disponibilidad.

La epidemiología es la herramienta más importante para el desarrollo y evaluación de los planes y programas de salud bucal. Indices sociales como desempleo, pobreza, oportunidades sociales, son parámetros que deben ser considerados e incluídos, junto con los datos clínicos. Las medidas de prevención deberán ser simples y efectivas y no contradecirse unas con las otras, ni confundir la comunidad, además de incluir sin reparos a todos sus miembros.

La Declaración de Berlín previene que los servicios y campañas de salud bucal deberán ser modificados de acuerdo a las necesidades específicas de cada comunidad. Esto exige revisiones constantes de las bases científicas para los métodos de educación bucal, tales como: entrenamiento y formación profesional, historia de las enfermedades bucales, patología bucal, estrategias de prevención, tratamiento, control de infecciones, métodos de investigaciones y ciencias sociales para salud bucal y programas comunitarios. La formación profesional debe incluir, en su curriculum, modelos de conducta que incluyan las ciencias de la conducta y sociales y dentro de las competencias, el conocimiento de estrategias didácticas pertinentes a los destinatarios, sean ellos: niños, embarazada, ancianos, bebés, adolescentes, discapacitados, entre muchos otros.

La salud está directamente relacionada a los problemas sociales. La participación y la integración de las comunidades es fundamental.

Dos principios básicos de la atención primaria de la salud deberán tenerse en cuenta, en casi todos los programas colectivos, para que se obtengan soluciones durables: la participación de la comunidad y la cooperación e integración multisectorial.

Tomar estas medidas evitará que los esfuerzos se transformen en simples paliativos, reafirmando estructuras injustas perpetuadas por servicios de mala calidad.

La integración y el tratamiento de factores de riesgo comunes, deben ser la pieza fundamental para las actividades de promoción de salud.

Resumiendo, disposición, acceso, responsabilidad, instalaciones, receptividad y costo, son elementos fundamentales que tienen que tenerse en cuenta para la mejoría de los servicios de salud.



El trabajo profesional no debe empezar y culminar en los dientes; es preciso desarrollar un trabajo global, grupal, interdisciplinario, de intercambio científicos de saberes, y especialmente compartido generosamente con los otros..

La planificación, el entrenamiento y la educación, del personal de salud bucal, deben integrar las estrategias de salud en conjunto con la escuela como espacio de comunidades cautivas para aprender.


Dado el fenómeno amplificado de la discapacidad, el grado de dependencia de estos niños y la necesidad de fomentar la autonomía, es que padres, maestros y cuidadores y odontólogos deben a través de la EDUCACIÓN para la SALUD BUCAL incorporarla como práctica de rutina.

La derivación temprana a equipos transdisciplinarios de tratamiento y el compromiso de los actores sociales conforman una triada de salud que mejora la calidad de vida de estos niños y sus familias.


Por lo cual, es fundamental trabajar sobre los factores causales y predisponentes en los niños con discapacidad para influir sobre ellas directamente a través de una odontología preventiva y así mejorar la calidad de vida en el futuro. Resulta fundamental, que la mirada se posicione desde la construcción del concepto de educación permanente en salud, especialmente en niños con discapacidad permanente o transitoria donde desde la atención primaria la salud bucal se comporte como un hito de envergadura y para lo cual “educación y salud” deben ser considerados como un “binomio inseparable”
Cuando se habla de calidad de vida y su relación con la salud bucal, se combinarían dos aspectos fundamentales. El primero involucra una percepción subjetiva con relación a un sistema de valores y un contexto sociocultural, que daría como resultado el grado de satisfacción con su boca y su funcionalidad (Montero, J., 2006). En este sentido, y a manera de ejemplo, existen varios estudios que evalúan el impacto de la salud bucal en la calidad de vida, principalmente a través de indicadores que miden aspectos relacionados con la limitación funcional, el dolor, la incomodidad o incapacidad psicológica, física o social y perjuicios generales (Díez J . 2004 ).

Un segundo componente hace referencia a una situación de salud enmarcada dentro de un contexto social e histórico que tiene en cuenta la capacidad de las personas para acceder a oportunidades para el desarrollo, así como acceso a programas y estrategias en atención primaria, entre otras (Watt R., 2002, Nieva BC, 1999).

Para la salud colectiva, se debe trabajar sobre un eje dinámico, donde se habla de la salud como un producto social, relacionado con las condiciones socioeconómicas, culturales y ambientales; condiciones de vida y trabajo; influencias comunitarias y soporte social; factores individuales y estilo de vida y, no se puede desconocer, actores biológicos y genéticos, pero todos ellos no deben detener la toma de decisiones.

El análisis de la situación de salud debe reconocer la influencia de estos factores dependiendo del contexto social, las características propias de los grupos sociales y el sistema sociopolítico en relación con el sistema sanitario.

En íntima relación con la calidad de vida y los determinantes de la salud está el concepto de equidad. La equidad en salud significa que las necesidades de las personas guían la distribución de las oportunidades para el bienestar. Whitehead, habla de la expresión equidad social en materia de salud, refiriéndose a la presencia de disparidades sanitarias injustas entre los grupos sociales, tanto dentro de un país como entre distintos países.

La situación de salud bucal es diferencial entre grupos poblacionales y dependiente de condiciones de vida particulares.

La participación social es una estrategia puesta al servicio de la comunidad; sin embargo, debe existir una correspondencia entre los diferentes actores. Se puede comparar a la comunidad con un tejido donde cada persona es una célula que se interrelaciona con otras, en formas variadas y cumpliendo un objetivo. Hablando de salud este colectivo cumple un importante papel en el fortalecimiento de su acción por medio de estrategias, una de ellas es: “el proceso de acción social que promueva la participación de las personas, organizaciones y comunidades hacia metas de incremento del control individual y comunitario, eficacia política, mejora de la calidad de vida en comunidad y justicia social” (Agudelo Suárez, A., 2009).
La salud es un derecho fundamental, y la salud bucal no puede excluirse de este proceso, de entenderla como un derecho ligado a la calidad de vida y al bienestar de los individuos y de las comunidades.

Durante muchos años la planificación de programas de salud bucal y su posterior ejecución no han tenido los mejores resultados.

Esto puede ser explicado dentro de un universo de posibilidades, porque no han sido gestadas desde el seno de la comunidad misma. Las herramientas y las pedagogías participativas en salud se orientan hacia el desarrollo de capacidades y criterios, favorecen la autoestima, potencian la comunicación y la construcción colectiva y validan el aprendizaje adquirido. En otras palabras, se integra un proceso con protagonistas comprometidos: padres por la salud de sus hijos con discapacidad, maestros especiales por formación de sus alumnos y odontólogos por la salud bucal de la población.
La salud bucal colectiva debe ante todo reconocer las capacidades del ser humano y desde allí es donde se debe trabajar en la búsqueda de oportunidades para el pleno desarrollo.

La Educación para la Salud plantea una educación que deja de ser un entrenamiento contra la enfermedad y se convierta en formación para la vida a partir de tres principios básicos:



  • La educación para la salud como construcción colectiva del conocimiento;

  • La educación para la salud volcada hacia la construcción de proyectos de vida, y

  • La educación para la salud no separada del acto médico/odontológico.

A partir de estos elementos un programa de educación para la salud es aplicable a cualquier colectivo y permite integrar el componente bucal de la salud.

La salud es un derecho humano básico y pese a que los problemas bucales no representan causas de muerte inmediata para los individuos, sí menoscaban su calidad de vida porque prolongan estados de dolor y sufrimiento, limitaciones y desventajas sociales y funcionales, hasta el componente estético y el psicológico. Por ello, la práctica de la salud bucal asume una responsabilidad técnica, biológica y social, y debe articularse desde la óptica social de la salud general, integrarse en equipos y dar respuestas mediante estrategias que muestre resultados a corto, mediano y largo plazo..

Es una realidad que uno de los temas que más frecuentemente preocupa y aparece en los programas y que es seleccionado por los maestros a la hora de enseñar ciencias naturales es el cuerpo humano y el cuidado de la salud, pero en muchas ocasiones los contenidos aparecen atomizados e inconexos.
Para evitar este defecto, sería una propuesta superadora que el tema de la salud bucal se ubicara como un contenido transversal, tomando en cuenta las características de la dentición humana desde la perspectiva de la prevención y en este caso, la especificidad de los alumnos con discapacidad.

Aproximar a los docentes especiales a algunos contenidos de las ciencias naturales que les posibiliten modificar, así como también ampliar y profundizar, los conocimientos que tienen sobre dichas temáticas y mediarlos a sus alumnos para incorporar hábitos de higiene bucal duraderos es una meta que no debe aplazarse.




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