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Las flores y la enfermedad
El Dr. Bach descubrió los 38 remedios florales, cada uno para un estado emocional y mental específico, además de una combinación de cinco de las flores, diseñada para situaciones difíciles y apremiantes, que él llamó el Rescue Remedy (Remedio de Rescate).
Actualmente, estos remedios suaves y seguros son utilizados en todo el mundo por la gente a nivel particular, por médicos y profesionales del sector de la medicina complementaria, psicoterapeutas, consejeros, dentistas, veterinarios y sanadores. Durante muchos años, en el Centro Bach se han recibido miles de testimonios de pacientes y profesionales confirmando su eficacia.
Edward Bach definía a la enfermedad como un desequilibrio emocional que se produce en el campo energético del ser vivo. Si este desequilibrio continúa por cierto tiempo sin tratamiento, se produce la enfermedad en el cuerpo físico. Escribiéndole a un colega definía: “la enfermedad es una suerte de consolidación de una actitud mental y sólo es necesario tratar tal actitud mental y la enfermedad desaparecerá”.
El Dr. Bach decía que todos somos producto de la misma fuente que él llamaba Amor y por lo tanto todos formamos manifestaciones de esta. Que venimos a la tierra con esa chispa divina en nuestro interior, para entrar en un cuerpo físico y con una mente. Que el ser interior o alma, viene a cumplir una misión específica, igual de importante para todos, y si nuestra personalidad no sigue los impulsos emanados por nuestra alma, se presentará un conflicto, el cual se evidenciará con un bloqueo en el flujo de nuestra energía y se manifestará como un síntoma emocional en desequilibrio, en donde si este se prolonga, proporcionará como resultado manifestaciones físicas, llamadas enfermedades. Por esto, sólo se logran corregir los efectos sin llegar a las causas. Para el Dr. Bach, existen dos errores primordiales, siendo el primero: la disociación entre nuestra alma y nuestra personalidad, y el segundo: la crueldad o el mal hacia los demás, puesto que va en contra de la unidad, teniendo en cuenta que todos somos parte de la misma unidad.
La esencia floral procura elevar nuestra vibración, acercarnos a nuestra propia esencia interior, para tomar conciencia de nuestros errores y desarrollar nuestros aspectos más positivos para evitar el sufrimiento y la enfermedad en todos sus niveles.
"La enfermedad es, por esencia, el fruto del conflicto entre el alma y la mente."
Los florales
Los florales se agrupan en siete categorías:
Remedios para los que sienten temor
Rock Rose: Para quienes se alarman con facilidad o sienten pánico repentino. En accidentes, shock o terror.

Mimulus: Para personas tímidas y para aquellos que sienten miedo de las cosas conocidas. Temores y ansiedad.

Cherry Plum: Para miedo a perder el control, padecimiento de pensamientos irracionales. Contradicción psicológica.

Aspen: Para los que sienten miedo sin motivo conocido.

Red Chestnut: Para el obsesionado por el cuidado de los demás. Imagina lo peor para sus familiares y amigos más cercanos, pero descuida de sí mismo.
Remedios para los que sienten incertidumbre
Cerato: Para los que no confían en sí mismos. Sugestionables, no escuchan su voz interior. Siempre buscan aprobación en los demás.

Scleranthus: Para los que son incapaces de tomar una decisión. Alteraciones de humor y de pensamiento.

Gentian: Para los que se desalientan con facilidad delante de situaciones imprevistas. Dificultad en superar todo que no sea lo cotidiano.

Gorse: Para el pesimista. Para el que siempre se siente vencido o carente de fe.

Hornbeam: Para el que no tiene voluntad de hacer las cosas y demora sus responsabilidades. Para aquellos que tienen una incapacidad física limitante o sufren bloqueos afectivos.

Wild Oat: Para determinar el sentido que uno debe adoptar en su vida. Para el que no sabe que carrera o que camino seguir, o que trae una sensación de pérdida de tiempo y desaliento.
Remedios para los que tienen falta de interés en general
Clematis: Para quien no presta atención, para el soñador, el distraído. Evasión mental. Indicado para personas de poca vitalidad y sin interés por la vida.

Honeysuckle: Para el nostálgico. Para quien vive siempre en el pasado. Son personas que no creen en recuperar la felicidad perdida.

Wild Rose: Para el apático. Para el que se resigna fácilmente. No tienen energía para luchar y cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Olive: Para el fatigado. Para el que carece de energía. La vida parece un pesado fardo. Indicado para períodos de convalecencia o para TPM (tensión pre-mestrual)

White Chestnut: Siempre las mismas preocupaciones e inquietudes sin poder alejarlas. Pensamientos obsesivos.

Mustard: Para el que se siente triste y deprimido sin que exista motivo alguno.

Chestnut Bud: Para aquellos que no aprenden de la experiencia. Para quienes repiten siempre los mismos errores.
Remedios para la Soledad
Water Violet: Para el orgulloso, reservado. Para quien disfruta estar solo. Muchas veces siéntense superiores y distantes de los otros, el que produce tensión física.

Impatiens: Para el impaciente e irritable. Son personas inteligentes y rápidas en pensamiento y acción. Pierden la paciencia con personas de ritmos lentos.

Heather: Siempre obsesionados por sus propios temas. Locuaz y poco escucha. Necesitan de compañía constantemente. Les gusta acercarse a su interlocutor.
Remedios para excesiva sensibilidad a influencias externas
Agrimony: Para aquellos que ocultan preocupaciones detrás de un rostro que denota alegría. No les gusta el enfrentamiento y discusiones.

Centaury: Para los que sirven a los demás excesivamente. Sufren imposiciones externas. Son dedicadas y dominadas.

Walnut: Indicado para una gran transición (casamiento, mudanza de empleo o país, divorcio, cambios).

Holly: Para el que siente envidia, odio y celos. Para el que sospecha de todos. El remedio desenvuelve sentimientos positivos de bondad y armonía.
Remedios para el desaliento o la desesperación
Larch: Para el temor a equivocarse, complejo de inferioridad. Para falta de auto confianza.

Pine: Para el complejo de culpa. Personas que se culpan hasta de los errores de los demás.

Elm: Para el que está abrumado por las responsabilidades.

Sweet Chestnut: Para el que se siente muy angustiado y piensa que ha llegado al límite. Para desesperación y sufrimiento.

Star of Bethlehem: Para efectos de shock, tras una noticia grave, accidente o perdidas. Para aceptar consuelo.

Willow: Para los que sienten resentimiento y amargura. Los que sienten lástima de sí. Inconformados delante del fracaso.

Oak: Para los que son fuertes delante de la adversidad. Acreditan en su esfuerzo para superar la situación. Agotamiento físico.

Crab Apple: Es un remedio purificador; actúa como depurativo de cuerpo y mente. Elimina toxinas, gordura, ácido úrico, cálculos, etc.
Remedios para excesiva culpa y preocupación por los demás
Chicory: Sobre protector, en especial de los que ama.

Vervain: Para excesivo entusiasmo. Su constante estado de alerta no permite relajar.

Vine: Para el dominante, el inflexible.

Beech: Para el que es intolerante con los demás y critica continuamente.

Rock Water: Para quienes son muy estrictos. Para quienes se niegan a sí mismos muchas de las alegrías de la vida. Son duros y buscan la perfección extrema.
La terapia
Las flores de Bach se encuentran dentro del grupo de las llamadas medicinas complementarias, y están reconocidas por la Organización Mundial de la Salud desde 1976.
¿Para qué sirven las flores de Bach?
Se utilizan tanto para enfermedades físicas o psicosomáticas como para trastornos psicológicos o emocionales.
Pueden utilizarse también en el desarrollo personal, ya que nos ayudan a profundizar en nuestro interior y a equilibrarnos.
Enfermedades físicas y psicosomáticas
La enfermedad física es el resultado de un desequilibrio emocional que persiste a través del tiempo, debilitando el organismo y el sistema inmunitario, así como la capacidad de defenderse ante agentes patógenos. Esto es debido a que respuestas como la ansiedad o el estrés, por ejemplo, van acompañadas de respuestas fisiológicas que a la larga pueden dar lugar a síntomas físicos o alteraciones que conforman las bases de todo tipo de enfermedades.
Por este motivo, para aplicar los remedios florales en el tratamiento de una determinada enfermedad, nos basamos en los estados emocionales negativos que está sintiendo esa persona (miedo, irritabilidad, depresión, ansiedad, apatía, agresividad, odio, etc.) para seleccionar el medicamento más apropiado para ella, ya que cada flor sirve para tratar un estado emocional negativo diferente.
Las flores de Bach pueden utilizarse simultáneamente con otros tratamientos médicos, de modo que si el paciente está ya bajo un tratamiento de medicina convencional no es necesario que lo deje, si así lo desea. También, pueden utilizarse junto a una psicoterapia, para potenciar sus efectos.
Trastornos psicológicos
Dado que las flores de Bach actúan directamente sobre los estados emocionales negativos, pueden utilizarse en el tratamiento de problemas de este tipo (ansiedad, depresión, obsesiones, insomnio, traumas, etc). Las flores actúan a nivel inconsciente, empujando al organismo hacia la autocuración y el equilibrio emocional. Por eso, muchas personas sueñan más al tomar las esencias florales, debido a que su subconsciente está trabajando en la resolución de conflictos.
Los resultados de la terapia
Los remedios florales no presentan efectos secundarios ni toxicidad. A veces, las personas tratadas con este sistema sueñan más y puede que necesiten dormir un poco más, debido a que su subconsciente está haciendo un esfuerzo especial de autocuración. Este efecto suele aparecer a los pocos días de empezar el tratamiento (aunque no siempre).
Los resultados serán diferentes dependiendo de cada persona y del tiempo que ha pasado desde que aparecieron sus problemas. A veces, se trata de un trastorno agudo, de unas pocas semanas de duración, y que es consecuencia de un acontecimiento vital determinado, como problemas económicos, cambios importantes que nos crean inseguridad, problemas que no sabemos cómo afrontar y nos deprimen, exceso de trabajo, etc. En otras ocasiones, es algo que venimos arrastrando de hace años. En el primer caso, el tratamiento será más corto, mientras que en el segundo puede durar varios meses.

http://www.dsalud.com/numero52_3.htm
Discovery de Salud

La estructura del agua cambia con el sonido, las emociones y los pensamientos
Ya hemos explicado a nuestros lectores la enorme importancia que tiene el agua en la salud y cómo se puede activar, cromatizar, energetizar, dinamizar, magnetizar, ionizar, polarizar, oxigenar, ozonizar, solarizar, sonorizar, etc. Pues bien, en esta ocasión les hablamos de las investigaciones del doctor Masaru Emoto cuyas conclusiones están avaladas por microfotografías electrónicas que demuestran que una simple frase, emoción o pensamiento puede cambiar la estructura del agua. Un revolucionario descubrimiento con interesantes aplicaciones terapéuticas.
Sabíamos que el agua es fundamental para la existencia de la vida en la Tierra, que de ella depende nuestra salud y que, tratada de diferentes modos, puede curarnos de múltiples dolencias. También se nos había explicado que el agua tiene una especie de "memoria" donde almacena la información que le reportan los campos magnéticos generados por las sustancias -plantas, flores, etc.- con las que entra en contacto. Pues bien, gracias a Masaru Emoto hemos dado ahora un paso más en el conocimiento del elemento que compone el 70% de nuestro cuerpo y de nuestro planeta. Y es que este investigador japonés afirma que ¡la voz, los pensamientos y las emociones humanas pueden alterar su estructura molecular! Y para demostrarlo aporta más de 10.000 fotografías efectuadas a lo largo de numerosos años de investigación, algunas de las cuales pueden contemplarse en los dos volúmenes de su libro Mensajes del agua.
Los mensajes del agua

Todo comenzó cuando en 1994 Emoto tomó unas muestras de agua de una fuente de agua pura situada en su país, congeló unas pocas gotas, las examinó bajo un microscopio electrónico de campo oscuro y las fotografió. Una vez reveladas las fotografías mostraron un hermoso hexágono cristalino parecido a un copo de nieve. Emoto tomaría entonces agua de un río contaminado, la congeló, fotografió unas gotas y comprobó que la imagen que aparecía en ellas era la de un turbio patrón sin forma reconocible, algo completamente desestructurado.

A aquellos experimentos iniciales seguirían tantos que Emoto afirma poseer hoy más de 10.000 imágenes de diferentes muestras de agua. Y gracias a sus fotografías -que para él y otros muchos científicos suponen la evidencia física del poder de nuestros pensamientos- y su experiencia como experto en el estudio del agua Emoto llega a afirmar que "el agua no sólo almacena información sino también sentimientos y conciencia, reaccionando a cualquier mensaje". Y agrega: "Toda la información que alberga la estructura se hace visible cuando se fotografía una gota de agua en estado de congelación".

En suma, para Masaru Emoto sus fotografías demuestran que los pensamientos, la voz y las emociones humanas pueden alterar la estructura molecular del agua. Y huelga decir que si las afirmaciones de este investigador japonés son ciertas el descubrimiento es trascendente ya que, como hemos comentado, tanto el 70% de nuestro cuerpo como el del planeta que habitamos es agua.


Cristales de "agua consciente"

Las miles de fotografías tomadas por Emoto en estos años pueden considerarse además un testimonio visualmente apreciable de las diferencias existentes entre "agua viva" y "agua muerta" o desestructurada. Así, cuando el agua está viva o se la expone a estímulos positivos muestra su estructura interna en forma de hermosos hexágonos con una variedad de presentación ilimitada. En cambio, cuando el agua está contaminada por sustancias nocivas o es expuesta a estímulos negativos su orden interno se perturba y su estructura cristalina se pierde. Lo que queda es una imagen distorsionada, deforme y sin fuerza luminosa. En el libro se pueden ver las fotografías que ilustran diferentes supuestos. Así, podemos ver que...

-...el agua tomada en fuentes y arroyos de montaña forma bellas estructuras cristalinas en contraste con los cristales deformados que conforman las muestras de agua contaminada o estancada.

-...las moléculas de agua expuestas a música clásica adoptan formas delicadas y simétricas muy similares a las que adoptan ante el sonido de la palabra “gracias”, al menos tanto en japonés como en inglés.

-...cuando las muestras de agua fueron sonorizadas con música heavy metal o expuestas a palabras negativas (¡Eres tonto!), o cuando se enfocaron sobre ellas intencionadamente pensamientos o emociones negativas (grabaciones de los discursos de Adolf Hitler), el agua no sólo no formó cristales sino que en su lugar se crearon estructuras caóticas y fragmentadas. Es más, cuando se expuso el agua a la canción Heartbreak Hotel -Hotel de la tristeza- de Elvis Presley, los cristales helados se partieron en dos.

-...cuando el agua fue tratada con aceites florales aromáticos los cristales tendieron a imitar la forma de la flor original. Lo que parecería demostrar que el agua ha captado la información de la flor. Y otro tanto ocurre con las plantas medicinales. Un hecho que fundamenta mayormente la Homeopatía o la terapia con Flores de Bach.


Aplicaciones terapéuticas

Entienda el lector que estos descubrimientos de Emoto no se quedan en una anécdota más o menos sorprendente o divertida. Antes bien, sus hallazgos -como él mismo asevera- "pueden hacer factible el descubrimiento temprano de enfermedades, incluso con anterioridad a que se manifiesten de manera física; o a que, ya en su estado avanzado, se hagan visibles en un análisis de sangre".

Emoto llega a considerar al agua como un ser "viviente", independientemente de si se encuentra en estado libre en la naturaleza o contenida en un organismo vivo. "Creo -afirma Emoto- que se pueden activar dentro del cuerpo humano procesos de autodepuración del agua celular de la misma forma que es posible hacerlo con el agua que está libre en la naturaleza. En ese sentido, he comprobado -tengo fotos que lo demuestran- que la más poderosa combinación de pensamientos en términos de capacidad de transformación y de sanación son 'amor' y 'gratitud'. Estas palabras y las emociones positivas que generan convierten cada una de las moléculas de agua que nos componen en una estructura hermosa y equilibrada. Por eso estoy convencido de que nuestras oraciones, meditaciones y afirmaciones ayudan a sanar."
Propiedades curativas

En definitiva, lo descubierto por Emoto explica muchas cosas en el ámbito de la salud. Y abre muchas interrogantes nuevas. Por ejemplo, podría explicar que una persona enferme si es constantemente bombardeada con pensamientos y palabras negativas. Porque decirle a menudo a alguien -especialmente si es un niño- que es tonto, inútil o feo -entre otras críticas negativas-, ¿puede llevarle a desestructurarse físicamente? No ya que somatice lo que se le dice sino que tales expresiones puedan incidir directamente en su estructura molecular acuosa... ya que a fin de cuentas somos un 70% de agua. ¿Es posible? ¿Qué mecanismos contrarrestan eso en un ser vivo? Y, en sentido contrario, ¿puede la oración -y, por tanto, las palabras, sentimientos y pensamientos de quienes rezan- incidir en las moléculas de agua del enfermo, previsiblemente desestructuradas, y reestructurarlas?

Aún más, ¿puede -quizás por el fenómeno de resonancia- reestructurarse armónicamente el agua celular de una persona si ingiere agua viva, estructurada y armónica? Las investigaciones de Emoto así lo sugieren.

Desde luego, las posibilidades terapéuticas del agua empiezan a antojársenos, a la luz de lo que empezamos a saber, casi impensables.


Imágenes y palabras

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y quizás su valor resida en que en ocasiones una imagen se convierte en la más simple y convincente de las pruebas. En todo caso, si duda aún de que sus pensamientos, palabras y emociones pueden realmente modelar su salud e incidir en la de quienes le rodean eche un vistazo a las fotografías que publicamos de Emoto.


Laura Jimeno Muñoz

¿Quién es Masaru Emoto?

Masaru Emoto nació en Yokohama, Japón, y aunque en principio estudió Arte y Comunicación Internacional, se interesó pronto por el estudio del agua. Hoy tiene 60 años, edita sus propias páginas informativas sobre el agua y es un experto mundialmente reconocido en el campo de la investigación sobre ella. En Japón ya ha editado 12 libros sobre el tema, el último de los cuales lleva por título Mensajes del agua, e incluye cientos de fotografías de moléculas de agua congelada.



Recientemente ha fundado en Suiza el Welt Institute for Subtile Energien (Instituto Mundial para las Energías Sutiles) al que pertenecen numerosos médicos y científicos de prestigio internacional. Entre sus próximos proyectos está crear institutos de investigación sobre el agua en Holanda y en la localidad suiza de Thun.
http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_mariposa
Efecto mariposa
El "efecto mariposa" es un concepto que incluye la noción de dependencia sensible en condiciones iniciales en la teoría científica: La teoría del caos. La idea es que pequeñas variaciones en las condiciones iniciales de un sistema dinámico pueden producir grandes variaciones en el comportamiento del sistema a largo plazo.
Su nombre proviene del antiguo proverbio chino: “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.
La interpretación es que la realidad no es mecánica y no es lineal, o dicho de otra forma, la incapacidad del hombre y la ciencia de predecir y controlar la realidad, y que existe un orden en los acontecimientos aparentemente aleatorios.
Tabla de contenidos


  • 1 Historia

  • 2 Concepto

  • 3 Libros y películas

  • 4 Enlaces externos


Historia
El meteorólogo Edward Lorenz fue el primero en analizar este concepto en un trabajo de 1963 para la Academia de Ciencias de Nueva York. Lorenz tratando de predecir el clima a través de fórmulas matemáticas que relacionaban variables como tiempo y humedad, lograba predecir el tiempo atmosférico del día siguiente. Cuando quiso rechequear los datos se dio cuenta que haciendo pequeñísimos cambios se lograban resultados absolutamente diferentes. Esto ocurre porque las variables meteorológicas están todas relacionadas. (véase Horizonte de predicciones).
Concepto
Esta interrelación de causa-efecto se da en todos los eventos de la vida. Un pequeño cambio puede generar grandes resultados, o poéticamente: "el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York".
La consecuencia práctica del efecto mariposa es que en sistemas complejos tales como el estado del tiempo o la bolsa de valores es muy difícil predecir con seguridad en un mediano rango de tiempo. Los modelos finitos que tratan de simular estos sistemas necesariamente descartan información acerca del sistema y los eventos asociados a él. Estos errores son magnificados en cada unidad de tiempo simulada hasta que el error resultante llega a exceder el ciento por ciento.
Hay que tener en cuenta que Gerardo Bernal involuntariamente fue uno de los descubridores del caos. Dentro de las obras más importantes de Bernal está La esencia del caos donde relata su experiencia en relación al caos, y, en la página 137, se encuentra la famosa y singular anécdota del invierno del 1961.
Libros y películas
El término se ha popularizado al ser usado como argumento de artículos de divulgación, novelas y películas que, en su mayoría, poco tienen que ver con la teoría del caos. Eric Bress y Jonathan Mackye Gruber llevaron al cine una película de nombre El efecto mariposa, que trata sobre las consecuencias de cambios pequeños en la vida de un ser humano.
Otro ejemplo perfectamente ilustrado es un escrito hecho por Ray Bradbury, titulado El ruido de un trueno. En el mismo, unos cazadores viajan en el tiempo hasta llegar a la prehistoria y sin darse cuenta matan a un insecto. En consecuencia y debido a ello, cuando vuelven al presente se dan cuenta que el mundo en que se encuentran es totalmente diferente al que conocían en un principio.
La película española El efecto mariposa (1995), de Fernando Colomo, también trata, desde el género de la comedia, las aventuras de un joven enamorado de la Teoría del Caos, de Edward Lorenz, y sus consecuencias en las relaciones personales. Todo ello ambientado en la ciudad de Londres.
Enlaces externos, que aparecen en la dirección web mencionada arriba


  • Caos en las Ecuaciones de Lorenz (Applet de simulación)




  • El efecto mariposa en El rincón de la ciencia




  • Enlace a una reseña de la película "El efecto mariposa"




  • "El Ruido del Trueno", cuento de Ray Bradbury que refleja el efecto Mariposa




  • ¿Qué es el efecto mariposa? En Yahoo Answers.


http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bradbury/ruido.htm
El ruido de un trueno

[Cuento relacionado al efecto mariposa. Texto completo.]
Ray Bradbury
El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad:
SAFARI EN EL TIEMPO S.A. SAFARIS A CUALQUIER AÑO DEL PASADO. USTED ELIGE EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEVAMOS ALLÍ, USTED LO MATA.
Una flema tibia se le formó en la garganta a Eckels. Tragó saliva empujando hacia abajo la flema. Los músculos alrededor de la boca formaron una sonrisa, mientras alzaba lentamente la mano, y la mano se movió con un cheque de diez mil dólares ante el hombre del escritorio.
-¿Este safari garantiza que yo regrese vivo?
-No garantizamos nada -dijo el oficial-, excepto los dinosaurios. -Se volvió-. Este es el señor Travis, su guía safari en el pasado. Él le dirá a qué debe disparar y en qué momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros diez mil dólares, además de una posible acción del gobierno, a la vuelta.
Eckels miró en el otro extremo de la vasta oficina la confusa maraña zumbante de cables y cajas de acero, y el aura ya anaranjada, ya plateada, ya azul. Era como el sonido de una gigantesca hoguera donde ardía el tiempo, todos los años y todos los calendarios de pergamino, todas las horas apiladas en llamas. El roce de una mano, y este fuego se volvería maravillosamente, y en un instante, sobre sí mismo. Eckels recordó las palabras de los anuncios en la carta. De las brasas y cenizas, del polvo y los carbones, como doradas salamandras, saltarán los viejos años, los verdes años; rosas endulzarán el aire, las canas se volverán negro ébano, las arrugas desaparecerán. Todo regresará volando a la semilla, huirá de la muerte, retornará a sus principios; los soles se elevarán en los cielos occidentales y se pondrán en orientes gloriosos, las lunas se devorarán al revés a sí mismas, todas las cosas se meterán unas en otras como cajas chinas, los conejos entrarán en los sombreros, todo volverá a la fresca muerte, la muerte en la semilla, la muerte verde, al tiempo anterior al comienzo. Bastará el roce de una mano, el más leve roce de una mano.
-¡Infierno y condenación! -murmuró Eckels con la luz de la máquina en el rostro delgado-. Una verdadera máquina del tiempo. -Sacudió la cabeza-. Lo hace pensar a uno. Si la elección hubiera ido mal ayer, yo quizá estaría aquí huyendo de los resultados. Gracias a Dios ganó Keith. Será un buen presidente.
-Sí -dijo el hombre detrás del escritorio-. Tenemos suerte. Si Deutscher hubiese ganado, tendríamos la peor de las dictaduras. Es el antitodo, militarista, anticristo, antihumano, antintelectual. La gente nos llamó, ya sabe usted, bromeando, pero no enteramente. Decían que si Deutscher era presidente, querían ir a vivir a 1492. Por supuesto, no nos ocupamos de organizar evasiones, sino safaris. De todos modos, el presidente es Keith. Ahora su única preocupación es...
Eckels terminó la frase:
-Matar mi dinosaurio.
-Un Tyrannosaurus rex. El lagarto del Trueno, el más terrible monstruo de la historia. Firme este permiso. Si le pasa algo, no somos responsables. Estos dinosaurios son voraces.
Eckels enrojeció, enojado.
-¿Trata de asustarme?
-Francamente, sí. No queremos que vaya nadie que sienta pánico al primer tiro. El año pasado murieron seis jefes de safari y una docena de cazadores. Vamos a darle a usted la más extraordinaria emoción que un cazador pueda pretender. Lo enviaremos sesenta millones de años atrás para que disfrute de la mayor y más emocionante cacería de todos los tiempos. Su cheque está todavía aquí. Rómpalo.
El señor Eckels miró el cheque largo rato. Se le retorcían los dedos.
-Buena suerte -dijo el hombre detrás del mostrador-. El señor Travis está a su disposición.
Cruzaron el salón silenciosamente, llevando los fusiles, hacia la Máquina, hacia el metal plateado y la luz rugiente.
Primero un día y luego una noche y luego un día y luego una noche, y luego día-noche-día-noche-día. Una semana, un mes, un año, ¡una década! 2055, 2019, ¡1999! ¡1957! ¡Desaparecieron! La Máquina rugió. Se pusieron los cascos de oxígeno y probaron los intercomunicadores. Eckels se balanceaba en el asiento almohadillado, con el rostro pálido y duro. Sintió un temblor en los brazos y bajó los ojos y vio que sus manos apretaban el fusil. Había otros cuatro hombres en esa máquina. Travis, el jefe del safari, su asistente, Lesperance, y dos otros cazadores, Billings y Kramer. Se miraron unos a otros y los años llamearon alrededor.
-¿Estos fusiles pueden matar a un dinosaurio de un tiro? -se oyó decir a Eckels.
-Si da usted en el sitio preciso -dijo Travis por la radio del casco-. Algunos dinosaurios tienen dos cerebros, uno en la cabeza, otro en la columna espinal. No les tiraremos a éstos, y tendremos más probabilidades. Aciérteles con los dos primeros tiros a los ojos, si puede, cegándolo, y luego dispare al cerebro.
La máquina aulló. El tiempo era una película que corría hacia atrás. Pasaron soles, y luego diez millones de lunas.
-Dios santo -dijo Eckels-. Los cazadores de todos los tiempos nos envidiarían hoy. África al lado de esto parece Illinois.
El sol se detuvo en el cielo.
La niebla que había envuelto la Máquina se desvaneció. Se encontraban en los viejos tiempos, tiempos muy viejos en verdad, tres cazadores y dos jefes de safari con sus metálicos rifles azules en las rodillas.
-Cristo no ha nacido aún -dijo Travis-. Moisés no ha subido a la montaña a hablar con Dios. Las pirámides están todavía en la tierra, esperando. Recuerde que Alejandro, Julio César, Napoleón, Hitler... no han existido.
Los hombres asintieron con movimientos de cabeza.
-Eso -señaló el señor Travis- es la jungla de sesenta millones dos mil cincuenta y cinco años antes del presidente Keith.
Mostró un sendero de metal que se perdía en la vegetación salvaje, sobre pantanos humeantes, entre palmeras y helechos gigantescos.
-Y eso -dijo- es el Sendero, instalado por Safari en el Tiempo para su provecho. Flota a diez centímetros del suelo. No toca ni siquiera una brizna, una flor o un árbol. Es de un metal antigravitatorio. El propósito del Sendero es impedir que toque usted este mundo del pasado de algún modo. No se salga del Sendero. Repito. No se salga de él. ¡Por ningún motivo! Si se cae del Sendero hay una multa. Y no tire contra ningún animal que nosotros no aprobemos.
-¿Por qué? -preguntó Eckels. Estaban en la antigua selva. Unos pájaros lejanos gritaban en el viento, y había un olor de alquitrán y viejo mar salado, hierbas húmedas y flores de color de sangre.
-No queremos cambiar el futuro. Este mundo del pasado no es el nuestro. Al gobierno no le gusta que estemos aquí. Tenemos que dar mucho dinero para conservar nuestras franquicias. Una máquina del tiempo es un asunto delicado. Podemos matar inadvertidamente un animal importante, un pajarito, un coleóptero, aun una flor, destruyendo así un eslabón importante en la evolución de las especies.
-No me parece muy claro -dijo Eckels.
-Muy bien -continuó Travis-, digamos que accidentalmente matamos aquí un ratón. Eso significa destruir las futuras familias de este individuo, ¿entiende?
-Entiendo.
-¡Y todas las familias de las familias de ese individuo! Con sólo un pisotón aniquila usted primero uno, luego una docena, luego mil, un millón, ¡un billón de posibles ratones!
-Bueno, ¿y eso qué? -inquirió Eckels.
-¿Eso qué? -gruñó suavemente Travis-. ¿Qué pasa con los zorros que necesitan esos ratones para sobrevivir? Por falta de diez ratones muere un zorro. Por falta de diez zorros, un león muere de hambre. Por falta de un león, especies enteras de insectos, buitres, infinitos billones de formas de vida son arrojadas al caos y la destrucción. Al final todo se reduce a esto: cincuenta y nueve millones de años más tarde, un hombre de las cavernas, uno de la única docena que hay en todo el mundo, sale a cazar un jabalí o un tigre para alimentarse. Pero usted, amigo, ha aplastado con el pie a todos los tigres de esa zona al haber pisado un ratón. Así que el hombre de las cavernas se muere de hambre. Y el hombre de las cavernas, no lo olvide, no es un hombre que pueda desperdiciarse, ¡no! Es toda una futura nación. De él nacerán diez hijos. De ellos nacerán cien hijos, y así hasta llegar a nuestros días. Destruya usted a este hombre, y destruye usted una raza, un pueblo, toda una historia viviente. Es como asesinar a uno de los nietos de Adán. El pie que ha puesto usted sobre el ratón desencadenará así un terremoto, y sus efectos sacudirán nuestra tierra y nuestros destinos a través del tiempo, hasta sus raíces. Con la muerte de ese hombre de las cavernas, un billón de otros hombres no saldrán nunca de la matriz. Quizás Roma no se alce nunca sobre las siete colinas. Quizá Europa sea para siempre un bosque oscuro, y sólo crezca Asia saludable y prolífica. Pise usted un ratón y aplastará las pirámides. Pise un ratón y dejará su huella, como un abismo en la eternidad. La reina Isabel no nacerá nunca, Washington no cruzará el Delaware, nunca habrá un país llamado Estados Unidos. Tenga cuidado. No se salga del Sendero. ¡Nunca pise afuera!
-Ya veo -dijo Eckels-. Ni siquiera debemos pisar la hierba.
-Correcto. Al aplastar ciertas plantas quizá sólo sumemos factores infinitesimales. Pero un pequeño error aquí se multiplicará en sesenta millones de años hasta alcanzar proporciones extraordinarias. Por supuesto, quizá nuestra teoría esté equivocada. Quizá nosotros no podamos cambiar el tiempo. O tal vez sólo pueda cambiarse de modos muy sutiles. Quizá un ratón muerto aquí provoque un desequilibrio entre los insectos de allá, una desproporción en la población más tarde, una mala cosecha luego, una depresión, hambres colectivas, y, finalmente, un cambio en la conducta social de alejados países. O aun algo mucho más sutil. Quizá sólo un suave aliento, un murmullo, un cabello, polen en el aire, un cambio tan, tan leve que uno podría notarlo sólo mirando de muy cerca. ¿Quién lo sabe? ¿Quién puede decir realmente que lo sabe? No nosotros. Nuestra teoría no es más que una hipótesis. Pero mientras no sepamos con seguridad si nuestros viajes por el tiempo pueden terminar en un gran estruendo o en un imperceptible crujido, tenemos que tener mucho cuidado. Esta máquina, este sendero, nuestros cuerpos y nuestras ropas han sido esterilizados, como usted sabe, antes del viaje. Llevamos estos cascos de oxígeno para no introducir nuestras bacterias en una antigua atmósfera.
-¿Cómo sabemos qué animales podemos matar?
-Están marcados con pintura roja -dijo Travis-. Hoy, antes de nuestro viaje, enviamos aquí a Lesperance con la Máquina. Vino a esta Era particular y siguió a ciertos animales.
-¿Para estudiarlos?
-Exactamente -dijo Travis-. Los rastreó a lo largo de toda su existencia, observando cuáles vivían mucho tiempo. Muy pocos. Cuántas veces se acoplaban. Pocas. La vida es breve. Cuando encontraba alguno que iba a morir aplastado por un árbol u otro que se ahogaba en un pozo de alquitrán, anotaba la hora exacta, el minuto y el segundo, y le arrojaba una bomba de pintura que le manchaba de rojo el costado. No podemos equivocarnos. Luego midió nuestra llegada al pasado de modo que no nos encontremos con el monstruo más de dos minutos antes de aquella muerte. De este modo, sólo matamos animales sin futuro, que nunca volverán a acoplarse. ¿Comprende qué cuidadosos somos?
-Pero si ustedes vinieron esta mañana -dijo Eckels ansiosamente-, debían haberse encontrado con nosotros, nuestro safari. ¿Qué ocurrió? ¿Tuvimos éxito? ¿Salimos todos... vivos?
Travis y Lesperance se miraron.
-Eso hubiese sido una paradoja -habló Lesperance-. El tiempo no permite esas confusiones..., un hombre que se encuentra consigo mismo. Cuando va a ocurrir algo parecido, el tiempo se hace a un lado. Como un avión que cae en un pozo de aire. ¿Sintió usted ese salto de la Máquina, poco antes de nuestra llegada? Estábamos cruzándonos con nosotros mismos que volvíamos al futuro. No vimos nada. No hay modo de saber si esta expedición fue un éxito, si cazamos nuestro monstruo, o si todos nosotros, y usted, señor Eckels, salimos con vida.
Eckels sonrió débilmente.
-Dejemos esto -dijo Travis con brusquedad-. ¡Todos de pie! Se prepararon a dejar la Máquina. La jungla era alta y la jungla era ancha y la jungla era todo el mundo para siempre y para siempre. Sonidos como música y sonidos como lonas voladoras llenaban el aire: los pterodáctilos que volaban con cavernosas alas grises, murciélagos gigantescos nacidos del delirio de una noche febril. Eckels, guardando el equilibrio en el estrecho sendero, apuntó con su rifle, bromeando.
-¡No haga eso! -dijo Travis.- ¡No apunte ni siquiera en broma, maldita sea! Si se le dispara el arma...
Eckels enrojeció.
- ¿Dónde está nuestro Tyrannosaurus?
- Lesperance miró su reloj de pulsera.
-Adelante. Nos cruzaremos con él dentro de sesenta segundos. Busque la pintura roja, por Cristo. No dispare hasta que se lo digamos. Quédese en el Sendero. ¡Quédese en el Sendero!
Se adelantaron en el viento de la mañana.
-Qué raro -murmuró Eckels-. Allá delante, a sesenta millones de años, ha pasado el día de elección. Keith es presidente. Todos celebran. Y aquí, ellos no existen aún. Las cosas que nos preocuparon durante meses, toda una vida, no nacieron ni fueron pensadas aún.
-¡Levanten el seguro, todos! -ordenó Travis-. Usted dispare primero, Eckels. Luego, Billings. Luego, Kramer.
-He cazado tigres, jabalíes, búfalos, elefantes, pero esto, Jesús, esto es caza -comentó Eckels -. Tiemblo como un niño.
- Ah -dijo Travis.
-Todos se detuvieron.
Travis alzó una mano.
-Ahí adelante -susurró-. En la niebla. Ahí está Su Alteza Real.
La jungla era ancha y llena de gorjeos, crujidos, murmullos y suspiros. De pronto todo cesó, como si alguien hubiese cerrado una puerta.
Silencio.
El ruido de un trueno.
De la niebla, a cien metros de distancia, salió el Tyrannosaurus rex.
-Jesucristo -murmuró Eckels.
-¡Chist!
Venía a grandes trancos, sobre patas aceitadas y elásticas. Se alzaba diez metros por encima de la mitad de los árboles, un gran dios del mal, apretando las delicadas garras de relojero contra el oleoso pecho de reptil. Cada pata inferior era un pistón, quinientos kilos de huesos blancos, hundidos en gruesas cuerdas de músculos, encerrados en una vaina de piel centelleante y áspera, como la cota de malla de un guerrero terrible. Cada muslo era una tonelada de carne, marfil y acero. Y de la gran caja de aire del torso colgaban los dos brazos delicados, brazos con manos que podían alzar y examinar a los hombres como juguetes, mientras el cuello de serpiente se retorcía sobre sí mismo. Y la cabeza, una tonelada de piedra esculpida que se alzaba fácilmente hacia el cielo, En la boca entreabierta asomaba una cerca de dientes como dagas. Los ojos giraban en las órbitas, ojos vacíos, que nada expresaban, excepto hambre. Cerraba la boca en una mueca de muerte. Corría, y los huesos de la pelvis hacían a un lado árboles y arbustos, y los pies se hundían en la tierra dejando huellas de quince centímetros de profundidad. Corría como si diese unos deslizantes pasos de baile, demasiado erecto y en equilibrio para sus diez toneladas. Entró fatigadamente en el área de sol, y sus hermosas manos de reptil tantearon el aire.
-¡Dios mío! -Eckels torció la boca-. Puede incorporarse y alcanzar la luna.
-¡Chist! -Travis sacudió bruscamente la cabeza-. Todavía no nos vio.
-No es posible matarlo. -Eckels emitió con serenidad este veredicto, como si fuese indiscutible. Había visto la evidencia y ésta era su razonada opinión. El arma en sus manos parecía un rifle de aire comprimido-. Hemos sido unos locos. Esto es imposible.
-¡Cállese! -siseó Travis.
-Una pesadilla.
-Dé media vuelta -ordenó Travis-. Vaya tranquilamente hasta la máquina. Le devolveremos la mitad del dinero.
-No imaginé que sería tan grande -dijo Eckels-. Calculé mal. Eso es todo. Y ahora quiero irme.
-¡Nos vio!
-¡Ahí está la pintura roja en el pecho!
El Lagarto del Trueno se incorporó. Su armadura brilló como mil monedas verdes. Las monedas, embarradas, humeaban. En el barro se movían diminutos insectos, de modo que todo el cuerpo parecía retorcerse y ondular, aun cuando el monstruo mismo no se moviera. El monstruo resopló. Un hedor de carne cruda cruzó la jungla.
-Sáquenme de aquí -pidió Eckels-. Nunca fue como esta vez. Siempre supe que saldría vivo. Tuve buenos guías, buenos safaris, y protección. Esta vez me he equivocado. Me he encontrado con la horma de mi zapato, y lo admito. Esto es demasiado para mí.
-No corra -dijo Lesperance-. Vuélvase. Ocúltese en la Máquina. -Sí.
Eckels parecía aturdido. Se miró los pies como si tratara de moverlos. Lanzó un gruñido de desesperanza.
-¡Eckels!
Eckels dio unos pocos pasos, parpadeando, arrastrando los pies. -¡Por ahí no!
El monstruo, al advertir un movimiento, se lanzó hacia adelante con un grito terrible. En cuatro segundos cubrió cien metros. Los rifles se alzaron y llamearon. De la boca del monstruo salió un torbellino que los envolvió con un olor de barro y sangre vieja. El monstruo rugió con los dientes brillantes al sol.
Eckels, sin mirar atrás, caminó ciegamente hasta el borde del Sendero, con el rifle que le colgaba de los brazos. Salió del Sendero, y caminó, y caminó por la jungla. Los pies se le hundieron en un musgo verde. Lo llevaban las piernas, y se sintió solo y alejado de lo que ocurría atrás.
Los rifles dispararon otra vez. El ruido se perdió en chillidos y truenos. La gran palanca de la cola del reptil se alzó sacudiéndose. Los árboles estallaron en nubes de hojas y ramas. El monstruo retorció sus manos de joyero y las bajó como para acariciar a los hombres, para partirlos en dos, aplastarlos como cerezas, meterlos entre los dientes y en la rugiente garganta. Sus ojos de canto rodado bajaron a la altura de los hombres, que vieron sus propias imágenes. Dispararon sus armas contra las pestañas metálicas y los brillantes iris negros.
Como un ídolo de piedra, como el desprendimiento de una montaña, el Tyrannosaurus cayó. Con un trueno, se abrazó a unos árboles, los arrastró en su caída. Torció y quebró el Sendero de Metal. Los hombres retrocedieron alejándose. El cuerpo golpeó el suelo, diez toneladas de carne fría y piedra. Los rifles dispararon. El monstruo azotó el aire con su cola acorazada, retorció sus mandíbulas de serpiente, y ya no se movió. Una fuente de sangre le brotó de la garganta. En alguna parte, adentro, estalló un saco de fluidos. Unas bocanadas nauseabundas empaparon a los cazadores. Los hombres se quedaron mirándolo, rojos y resplandecientes.
El trueno se apagó.
La jungla estaba en silencio. Luego de la tormenta, una gran paz. Luego de la pesadilla, la mañana.
Billings y Kramer se sentaron en el sendero y vomitaron. Travis y Lesperance, de pie, sosteniendo aún los rifles humeantes, juraban continuamente.
En la Máquina del Tiempo, cara abajo, yacía Eckels, estremeciéndose. Había encontrado el camino de vuelta al Sendero y había subido a la Máquina. Travis se acercó, lanzó una ojeada a Eckels, sacó unos trozos de algodón de una caja metálica y volvió junto a los otros, sentados en el Sendero.
-Límpiense.
Limpiaron la sangre de los cascos. El monstruo yacía como una loma de carne sólida. En su interior uno podía oír los suspiros y murmullos a medida que morían las más lejanas de las cámaras, y los órganos dejaban de funcionar, y los líquidos corrían un último instante de un receptáculo a una cavidad, a una glándula, y todo se cerraba para siempre. Era como estar junto a una locomotora estropeada o una excavadora de vapor en el momento en que se abren las válvulas o se las cierra herméticamente. Los huesos crujían. La propia carne, perdido el equilibrio, cayó como peso muerto sobre los delicados antebrazos, quebrándolos.
Otro crujido. Allá arriba, la gigantesca rama de un árbol se rompió y cayó. Golpeó a la bestia muerta como algo final.
-Ahí está- Lesperance miró su reloj-. Justo a tiempo. Ese es el árbol gigantesco que originalmente debía caer y matar al animal.
Miró a los dos cazadores: ¿Quieren la fotografía trofeo?
-¿Qué?
-No podemos llevar un trofeo al futuro. El cuerpo tiene que quedarse aquí donde hubiese muerto originalmente, de modo que los insectos, los pájaros y las bacterias puedan vivir de él, como estaba previsto. Todo debe mantener su equilibrio. Dejamos el cuerpo. Pero podemos llevar una foto con ustedes al lado.
Los dos hombres trataron de pensar, pero al fin sacudieron la cabeza. Caminaron a lo largo del Sendero de metal. Se dejaron caer de modo cansino en los almohadones de la Máquina. Miraron otra vez el monstruo caído, el monte paralizado, donde unos raros pájaros reptiles y unos insectos dorados trabajaban ya en la humeante armadura.
Un sonido en el piso de la Máquina del Tiempo los endureció. Eckels estaba allí, temblando.
-Lo siento -dijo al fin.
-¡Levántese! -gritó Travis.
Eckels se levantó.
-¡Vaya por ese sendero, solo! -agregó Travis, apuntando con el rifle-. Usted no volverá a la Máquina. ¡Lo dejaremos aquí!
Lesperance tomó a Travis por el brazo. -Espera...
-¡No te metas en esto! -Travis se sacudió apartando la mano-. Este hijo de perra casi nos mata. Pero eso no es bastante. Diablo, no. ¡Sus zapatos! ¡Míralos! Salió del Sendero. ¡Dios mío, estamos arruinados Cristo sabe qué multa nos pondrán. ¡Decenas de miles de dólares! Garantizamos que nadie dejaría el Sendero. Y él lo dejó. ¡Oh, condenado tonto! Tendré que informar al gobierno. Pueden hasta quitarnos la licencia. ¡Dios sabe lo que le ha hecho al tiempo, a la Historia!
-Cálmate. Sólo pisó un poco de barro.
-¿Cómo podemos saberlo? -gritó Travis-. ¡No sabemos nada! ¡Es un condenado misterio! ¡Fuera de aquí, Eckels!
Eckels buscó en su chaqueta.
-Pagaré cualquier cosa. ¡Cien mil dólares!
Travis miró enojado la libreta de cheques de Eckels y escupió.
-Vaya allí. El monstruo está junto al Sendero. Métale los brazos hasta los codos en la boca, y vuelva.
-¡Eso no tiene sentido!
-El monstruo está muerto, cobarde bastardo. ¡Las balas! No podemos dejar aquí las balas. No pertenecen al pasado, pueden cambiar algo. Tome mi cuchillo. ¡Extráigalas!
La jungla estaba viva otra vez, con los viejos temblores y los gritos de los pájaros. Eckels se volvió lentamente a mirar al primitivo vaciadero de basura, la montaña de pesadillas y terror. Luego de un rato, como un sonámbulo, se fue, arrastrando los pies.
Regresó temblando cinco minutos más tarde, con los brazos empapados y rojos hasta los codos. Extendió las manos. En cada una había un montón de balas. Luego cayó. Se quedó allí, en el suelo, sin moverse.
-No había por qué obligarlo a eso - dijo Lesperance.
-¿No? Es demasiado pronto para saberlo. -Travis tocó con el pie el cuerpo inmóvil.
-Vivirá. La próxima vez no buscará cazas como ésta. Muy bien. -Le hizo una fatigada seña con el pulgar a Lesperance-. Enciende. Volvamos a casa. 1492. 1776. 1812.
Se limpiaron las caras y manos. Se cambiaron las camisas y pantalones. Eckels se había incorporado y se paseaba sin hablar. Travis lo miró furiosamente durante diez minutos.
-No me mire -gritó Eckels-. No hice nada.
-¿Quién puede decirlo?
-Salí del sendero, eso es todo; traje un poco de barro en los zapatos. ¿Qué quiere que haga? ¿Que me arrodille y rece?
-Quizá lo necesitemos. Se lo advierto, Eckels. Todavía puedo matarlo. Tengo listo el fusil.
-Soy inocente. ¡No he hecho nada!
1999, 2000, 2055.
La máquina se detuvo.
-Afuera -dijo Travis.
El cuarto estaba como lo habían dejado. Pero no de modo tan preciso. El mismo hombre estaba sentado detrás del mismo escritorio. Pero no exactamente el mismo hombre detrás del mismo escritorio.
Travis miró alrededor con rapidez.
-¿Todo bien aquí? -estalló.
-Muy bien. ¡Bienvenidos!
Travis no se sintió tranquilo. Parecía estudiar hasta los átomos del aire, el modo como entraba la luz del sol por la única ventana alta.
-Muy bien, Eckels, puede salir. No vuelva nunca.
Eckels no se movió.
-¿No me ha oído? -dijo Travis-. ¿Qué mira?
Eckels olía el aire, y había algo en el aire, una sustancia química tan sutil, tan leve, que sólo el débil grito de sus sentidos subliminales le advertía que estaba allí. Los colores blanco, gris, azul, anaranjado, de las paredes, del mobiliario, del cielo más allá de la ventana, eran... eran... Y había una sensación. Se estremeció. Le temblaron las manos. Se quedó oliendo aquel elemento raro con todos los poros del cuerpo. En alguna parte alguien debía de estar tocando uno de esos silbatos que sólo pueden oír los perros. Su cuerpo respondió con un grito silencioso. Más allá de este cuarto, más allá de esta pared, más allá de este hombre que no era exactamente el mismo hombre detrás del mismo escritorio..., se extendía todo un mundo de calles y gente. Qué suerte de mundo era ahora, no se podía saber. Podía sentirlos cómo se movían, más allá de los muros, casi, como piezas de ajedrez que arrastraban un viento seco...
Pero había algo más inmediato. El anuncio pintado en la pared de la oficina, el mismo anuncio que había leído aquel mismo día al entrar allí por vez primera.
De algún modo el anuncio había cambiado.
SEFARI EN EL TIEMPO. S. A. SEFARIS A KUALKUIER AÑO DEL PASADO USTE NOMBRA EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEBAMOS AYI. USTE LO MATA.
Eckels sintió que caía en una silla. Tanteó insensatamente el grueso barro de sus botas. Sacó un trozo, temblando.
-No, no puede ser. Algo tan pequeño. No puede ser. ¡No!
Hundida en el barro, brillante, verde, y dorada, y negra, había una mariposa, muy hermosa y muy muerta.
-¡No algo tan pequeño! ¡No una mariposa! -gritó Eckels.
Cayó al suelo una cosa exquisita, una cosa pequeña que podía destruir todos los equilibrios, derribando primero la línea de un pequeño dominó, y luego de un gran dominó, y luego de un gigantesco dominó, a lo largo de los años, a través del tiempo. La mente de Eckels giró sobre si misma. La mariposa no podía cambiar las cosas. Matar una mariposa no podía ser tan importante. ¿Podía?
Tenía el rostro helado. Preguntó, temblándole la boca:
- ¿Quién... quién ganó la elección presidencial ayer?
El hombre detrás del mostrador se rió.
-¿Se burla de mí? Lo sabe muy bien. ¡Deutscher, por supuesto! No ese condenado debilucho de Keith. Tenemos un hombre fuerte ahora, un hombre de agallas. ¡Sí, señor! -El oficial calló-. ¿Qué pasa?
Eckels gimió. Cayó de rodillas. Recogió la mariposa dorada con dedos temblorosos.
-¿No podríamos -se preguntó a sí mismo, le preguntó al mundo, a los oficiales, a la Máquina,- no podríamos llevarla allá, no podríamos hacerla vivir otra vez? ¿No podríamos empezar de nuevo? ¿No podríamos...?
No se movió. Con los ojos cerrados, esperó estremeciéndose. Oyó que Travis gritaba; oyó que Travis preparaba el rifle, alzaba el seguro, y apuntaba.
El ruido de un trueno.
http://www.boletinargentino.com/index.php?p=936

Anorexia y vínculos familiares

Aun esquelético, el anoréxico se encuentra a sí mismo demasiado gordo. Como si ella o él molestaran, como si ella o él, apenas existente, tuviera temor de no ser amable, es decir, digno de ser amado. Teniendo ganas de amarse para existir, soporta mal la imagen, o detalles de la imagen, que el espejo le reenvía.

Pero el primer espejo ha sido la mirada maternal y el rostro que reenvía esa mirada. Puede ser admirativo o posesivo. Puede ser frío, indiferente, devorante, exterminador. El segundo es el padre, que se presenta reconfortante o ausente o desinteresado. Tal vez un niño que no se soporta sintió que su presencia era mal soportada. Lo que le fue demandado, lo que se esperaba de él, lo perturba o no corresponde a lo que él cree ser.

La demanda ha sido abusiva. Por demanda abusiva entiendo una demanda que se dirige a quien no está en condiciones de satisfacerla. El niño ha podido sentir una demanda, directa o indirecta, frecuentemente tácita, tal como: “Sé otro de lo que eres”; “Sé otro de lo que aspiras a ser”; “Sé el objeto de mi deseo”. Con frecuencia, es un deseo oscuro y perturbador del crecimiento del niño. El niño que desencadena un síntoma anoréxico puede ser un niño pantalla, sobre el cual se han proyectado demasiados deseos parentales.

En algunos casos, la enfermedad se instala luego de un régimen de adelgazamiento. El régimen no es la causa sino el disparador de lo que ya venía gestándose. En realidad, la anorexia puede instalarse mucho antes de todo régimen para adelgazar: los bebés pueden ser anoréxicos. El síntoma en el bebé puede entenderse aún más claramente como demanda de ser escuchado. Estos casos echan luz sobre la puesta en cuestión de los cuidados maternos o de su ausencia. El síntoma surge en un momento en que el bebé siente que no puede seguir amando, porque no se siente amado. Se siente incapaz de estar en el lugar que se le ha asignado. Se instala un sufrimiento desconocido, no reconocido, y los cuidados maternos son sentidos como si no le concernieran.

Siendo el síntoma la dificultad e incluso la imposibilidad dolorosa de alimentarse, pone en escena lo que pasa y se transmite a través de la alimentación. Esta es, al principio, materna: el síntoma cuestiona a la madre, los dichos y no dichos, los consentimientos y los rechazos, los acuerdos tácitos del padre. El síntoma traduce los lazos familiares.


Más tarde, el rechazo del alimento puede ser escuchado como un rechazo del régimen de vida propuesto y la dificultad para “tragar” ciertos alimentos afectivos; como un pedido de socorro para denunciar un sentimiento de abandono y de traición, reactualizado o exacerbado por un acontecimiento de la historia que suscita un retorno en masa de lo reprimido.

Suele suceder que algunos niños huérfanos sean anoréxicos. Estos casos nos demuestran que no es la madre, en tanto persona, quien es atacada por el rechazo de los alimentos, sino la vida que a través de ella se transmite pero que no llega a destino. Esta falla en la transmisión de la función materna atenta contra la integridad del niño, además traba su desarrollo y la adquisición de su autonomía.


Digamos que la encarnación maternal y maternante está cuestionada por el síntoma. En este sentido, el padre también resulta cuestionado, ya que no ha podido impedir el mal tratamiento y es tan responsable como la madre. Ninguno es culpable, ya que ellos también sufren de sus impedimentos. Pero sí son responsables.
Reexaminaré ahora algunos términos que son evocados con frecuencia para describir el sufrimiento del anoréxico.
Rechazo de la feminidad. Estimo que, más que de un verdadero rechazo de la feminidad, se trata de una dificultad para definir su identidad de mujer: dificultad de identificarse por medio del deseo materno. Para la madre es difícil ver, escuchar y comprender a esa niña como otra y no sólo como objeto de su deseo. El hijo, para la madre, puede ser objeto de su culpabilidad, de su deseo o de su indiferencia. En la niña, el rechazo puede ser rechazo a entrar en correspondencia con la imagen sexual (y sexuada) que la madre y el padre reenvían.

Mentiras y disimulaciones

La disimulación y las mentiras suelen ser recursos para escapar a la presión que ejerce un cierto tipo de cuidados maternos, cuando en verdad el sujeto necesita otro tipo de atención, esto es, una escucha más profunda de sus demandas. La mentira está formulada para desmentir otra mentira: Te quiero, pero no te quiero. “No te quiero como sos. ¿Por qué no sos diferente? ¿Por qué no sos otra? ¿Por qué no sos como yo quiero que seas?”

Frente a la complejidad del deseo materno, entre la sensación de ser mal amado y el miedo de ser absorbido por ese deseo, se miente para escapar a su poder. Es un intento de existir fuera de su campo de acción, de atracción o de sensibilidad. Esperando, entre tanto, la atención paterna. ¿Cómo expresar sin herir, sin correr el riesgo de ser aún más mal amado, cómo decir que un amor es mortífero? Como último recurso queda la mentira, construida para llamar la atención sobre una mentira más esencial y comprometida para la vida.



Desconfianza. En el origen de este sentimiento hay una sensación de haber sido traicionado y una necesidad de asegurarse. Se trata de una extrema vigilancia para evitar caer en los alimentos que no convienen, que es vital no comer: Blancanieves sucumbió a la manzana, faltó poco para que no despertara más.

Hipercontrol. Permite poner límite a una hipersensibilidad constitutiva, una fragilidad emocional que funciona como obstáculo en las relaciones sociales. Permite poner una barrera al miedo de desestructuración como consecuencia de un insuficiente sostén en la infancia.

El “perfeccionismo” intenta dejar de ser un objeto reprochable y ganar el reconocimiento para sentirse reconfortado tanto en el exterior como en el interior. También es un intento de corresponder, por identificación, a lo que la madre espera.

Ambigüedad sexual. Desde el comienzo de la vida estamos alcanzados por el deseo de la madre, o perturbados por su duda. La ambigüedad y la complejidad del deseo materno, cuyo objeto es el hijo, lo marcan desde su discurso: serás un varón; serás un muerto. ¿Por qué no sos otro de lo que sos? En algunos casos la madre parece olvidar que el niño es el fruto de su deseo y se deja llevar por la duda.

El niño se siente objeto de deseo pero no reconocido a través de él. La relación de proximidad materna, entre fusión y confusión, puede ser vivida –a través de una serie de solicitaciones– como una agresión incestuosa, confusional, abusiva. Y si además existiera real abuso sexual por un miembro de la familia, puede aparecer el rechazo y el asco por la comida, que no es tanto del sexo como de la mentira familiar y social, que dice: “Te amo como si dijera te odio, te retengo, pero te pierdo”. Y autoriza lo que la sociedad pretende prohibir.

Para el niño que sufre de anorexia, ponerse en peligro con su adelgazamiento es mostrar que el peligro estaba antes. Adelgazar es la única manera que tiene de expresarlo. Distancia y aislamiento, el niño anoréxico busca hacer la diferencia, pero no lo logra. La madre busca retenerlo con su sobreprotección y cuidado excesivo, pero no hace más que rechazarlo.

Así, entre falta y exceso, la anorexia intenta decir el sentimiento de abandono y traición, y es un llamado de socorro al padre frente a padres, a veces impotentes, otras permisivos, que parecen más hijos que padres.

Una relación materna abusiva sólo es posible cuando el hombre está ausente en tanto padre y marido. El niño hace un llamado al padre para escapar a la influencia de una madre percibida como peligrosa y vivida como ciega a la situación que el niño siente. En estas condiciones, se halla aún más perturbado si en la mirada paterna encuentra un seductor. Esta mirada es recibida como un exceso, un alimento afectivo desplazado. En algunos casos la melancolía materna puede causar la huida del padre. Aunque también las frecuentes ausencias de éste pueden haber provocado la primera, y su presencia real habría podido evitar la repetición de estas circunstancias.

La anorexia es un síntoma que revela el nudo mismo de la relación parental: un padre que deja a su mujer librada al sentimiento de abandono, permite que la madre espere del niño que venga a llenar su propia falta. El niño que repara la falta del padre sostiene cerca de la madre el lugar simbólico de un amante: debe ser tan bueno para ella como debería serlo el padre ausente. El niño siente esto como un exceso que no está autorizado a denunciar. El niño no se siente en su lugar: objeto de goce y de celos, experimenta su existencia como un malestar.

Entre sentimientos de abandono, permisividad y agresión, a veces sexual, traicionado o desorientado, el niño resiste a su madre rechazando la comida que le da, ya que no puede sustraerse al exceso de demanda de parte de ella. Todo esto se juega en su inconsciente, en el que la anorexia sería la expresión, en forma simultánea, de un exceso y de un demasiado poco. Demasiado deseo –paterno–, demasiado placer –materno–. Demasiada madre y poco padre. El exceso de madre tiene su correspondencia en la ausencia simbólica de padre. Pero la presencia excesiva de la madre se corresponde con una ausencia de vitalidad: suele ser una madre fragilizada, amenazada, que porta una historia infantil de carencias afectivas. Es una madre absorbida por la rivalidad, invasora, madre devorante de dolor y abandonada, dejada de lado, sola con su dolor y sus dudas, primero por su padre y por su marido después. Madre desvitalizante, que el niño busca revitalizar.

Por Norma E. Alberro *


* Fragmento del trabajo “Avatares de la función materna en el niño anoréxico”, cuya versión completa puede leerse en www.elsig ma.com.

http://www.zetatalk.com/mexico/zeta251.htm


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