Manual de lectura del trabajo integrador para promover



Descargar 2.65 Mb.
Página15/50
Fecha de conversión27.05.2018
Tamaño2.65 Mb.
1   ...   11   12   13   14   15   16   17   18   ...   50

Historia de Peter Pan
Es poco e incierto lo que Barrie nos relata sobre Peter. Vive en el País de Nunca Jamás con los Niños Perdidos. "Son los que se caen de sus cochecitos cuando sus niñeras están distraídas. Si a los siete días no son reclamados, se los envía al País de Nunca Jamás", le explica Peter a Wendy cuando se conocen. Está claro, el hogar de Peter es un orfanato y él es uno de esos niños perdidos. Por eso no sabe de besos. Pero ¿qué pasó con los padres de Peter? Cuando él confronta su breve nombre con el extenso de Wendy - Wendy María Angela Darling- siente que el suyo es demasiado corto y nada "querido". Esto nos hace pensar en esa herida narcisista que a todo niño huérfano le duele cuando se compara con el que tiene padres. Es también desde su amor propio herido que dice con despecho: "no tengo ni quiero tener una madre. Todas ellas son personas mayores pasadas de moda".
Para Wendy, en cambio, la orfandad de Peter es una tragedia. Cuando ella le pregunta por su edad, él dice que no lo sabe, sólo recuerda que se escapó el día de su nacimiento, cuando escuchó hablar a sus padres de lo que él sería cuando fuese hombre. "No quiero ser nunca grande. Quiero ser siempre un chico". ¿Qué habrá significado para Peter ese supuesto diálogo entre sus padres?. Seguramente lo habrá entendido como un apuro para que creciera, como una no aceptación de su niñez. Todo lo contrario le ocurría a Wendy. Este hecho favorece la decisión de ella de irse, sabe que su madre siempre estará dispuesta a volver a recibirla. En cambio, para Peter las cosas son distintas. Le confiesa a Wendy que durante largo tiempo tuvo la esperanza de que su madre conservaría la ventana abierta para él, esperándolo. Pero esto no ocurrió. Cuando, en un momento de la historia, Wendy proyecta regresar al lado de su madre, Peter no piensa hacer lo mismo. Encontrar a su madre podría significar el riesgo de crecer. Abandonar el País de Nunca Jamás sería enfrentar una realidad que obstinadamente niega: la del paso del tiempo. Ese tiempo que, además, también habrá transcurrido para su madre. Peter necesita permanecer niño porque necesita una madre, la suya no fue ni continente ni cobijante. Fallando en su función de sostén, se le caían los niños. Es así que Peter no puede crecer y, menos aún, dar lo que nunca tuvo. Wendy significa para él esa ilusión de una madre siempre joven que se ofrece a cuidarlo.
Del padre de Peter se sabe menos aún ya que, fuera de una sola referencia, Barrie no vuelve a mencionarlo en ninguna parte. Es así que se nos ocurrió una idea: tomar Pan como apellido. Seguramente es lo mismo que debe haber hecho Barrie, aunque sin aclararlo. Nos cuenta que antes de la presentación oficial de Peter y Wendy, "Peter Pan llegaba muchas veces por la noche al cuarto de ella, se sentaba a los pies de su cama y tocaba para Wendy el caramillo". Pan era un dios griego, protector de los rebaños y de los pastores. Se lo representa llevando en la mano la flauta o caramillo, cuya invención se le atribuye. Tenía cuernos y pies de cabra y el cuerpo cubierto de vello. Mitad hombre, mitad animal. Peter tiene también un halo silvestre. Cada vez que visita la casa de Wendy deja un reguero de hojas secas. Y Barrie dice muy claro que esas hojas "no proceden de ningún árbol que se críe en Inglaterra".
Así que este es un dato más que lo confirma: Peter es extranjero, griego, sin duda. Además, en la mitología romana el equivalente de Pan es Fausto. Tanto en la versión griega como en la romana, este dios es un seductor. Más aún, un perseguidor de mujeres. Varias ninfas griegas fueron seducidas por él, entre ellas Eco, la misma que tuvo un final desdichado por su amor a Narciso. Se lo describe a Pan persiguiendo ninfas y muchachos con igual pasión. Otra semejanza entre el dios y Peter reside en que las hadas del País de Nunca Jamás tienen un origen mitológico y eso lleva a pensar en su parentesco con las ninfas. En cuanto al nacimiento de Pan, en una versión aparece como hijo de Hermes y de una ninfa. Era tan feo al nacer que su madre, al verlo, huyó de él temerosa. Peter invertía este hecho diciendo que él se había escapado el día de su nacimiento. Así, la mitología nos confirma el abandono de Peter por parte de su madre. En otra versión se relata que Pan era hermano de Zeus. Sus padres, Cronos y Rea, eran además de esposos, hermanos. Un oráculo le dijo a Cronos que sería destronado por uno de sus hijos. Por eso, los devoraba a medida que nacían. Por un ardid, Rea consigue evitar que Zeus y Pan sean devorados por su padre. La semejanza de Cronos con Layo es evidente: ambos cometen filicidio porque quieren eternizarse en el trono.
Por otra parte, Pan es producto de un incesto. No es unívoca la información que nos da la mitología pero, por cualquier camino que se siga, se llega a conclusiones desoladoras: Pan fue despreciado por una madre que no lo deseó, con un padre que intentó asesinarlo siendo, además, un hijo no reconocido y desterrado por los dioses del Olimpo, que lo despreciaban por su simplicidad. Aquí, sin padre, allá, producto de una unión incestuosa. Las historias de Narciso y Edipo resuenan a su alrededor. Igual que Narciso, queda fijado en la estructura vincular de objeto único. Igual que Edipo, es víctima de un intento de filicidio. Su padre, Cronos, como Edipo, comete incesto. Estos datos de Pan, correspondientes a su biografía, han sido usados como construcciones que giran en torno de la vida de Peter. Construcciones que rellenan los vacíos de su historia. Barrie, como si estuviera refiriéndose a Narciso, caracteriza a Peter como terriblemente enamorado de sí mismo: "la loca presunción de Peter Pan era una de sus más fascinantes cualidades. Para decirlo con toda franqueza, no ha existido nunca un muchacho tan presumido". Barrie describe con acierto la gran atracción que ejerce una personalidad narcisista. "¡Qué lindo soy! ¡Qué hábil! ¡Soy muy lindo, muy lindo!", dice de sí, Peter. La intensidad con que utiliza las defensas narcisistas confirma que no tiene otra alternativa frente a la falla de su madre en su función libidinizante.
El encanto se rompe
Luego de instalados un tiempo en la casita que, en el País de Nunca Jamás comparten, Wendy le dice a Peter que el Encrespado -uno de los niños perdidos-, tiene una nariz igual que la de él. Peter sonríe. Ella continúa comentando -como haría una esposa con su marido- que, aunque esos niños dejen en su cara huellas de cansancio, está segura de que Peter no la cambiaría por ninguna otra muchacha. Él primero asiente, pero enseguida se intranquiliza: "Eso de ser padre de todos esos chicos es de mentiritas, ¿verdad?". Vemos que tomar conciencia del paso del tiempo lo angustia. Mientras trataba de permanecer inmutable, no había problemas, pero cuando Wendy dice que ella ya no es la que era antes, él se pone serio. Jugar a ser padre, sí, pero no, serlo de verdad, porque eso significa dejar de ser hijo.
El diálogo continúa confirmando nuestras hipótesis. Peter dice: "Eso de hacer de papá de verdad me haría parecer muy viejo", a lo que Wendy responde: "Pero los niños son tuyos, Peter, tuyos y míos". Ella se pone insistente. Se está impacientando. Y en él se acrecienta la angustia. Wendy, tratando de recuperar la serenidad, le dice: "Y ahora, dime, Peter Pan, ¿cuáles son tus sentimientos hacía mí?". Peter contesta: "Los de un hijo cariñoso". Wendy, furiosa, sentencia: "Ya me lo figuraba". Surge el fin de la ilusión. Se ponen en evidencia las no coincidencias. Emergen los malos entendidos. En Wendy se encarna el deseo de pasaje a una etapa de relación de pareja de Narciso a Edipo y en Peter la negativa a dejar entrar al tercero (tiempo, hijos). El enarbola la bandera de la endogamia. Rechaza la relación de alianza y expresa el deseo de no abandonar el vínculo madre-hijo. Wendy es exponente de la búsqueda de la exogamia. Los acuerdos se rompen. A ella ya no le alcanza con volar ni con que Peter se parezca al beso de la boca de mamá Darling. A Peter le angustia ser padre y envejecer. La separación es inevitable.
Renace el romance
Wendy regresa a su hogar pero, antes de separarse, se compromete con Peter en que, una semana por año, durante la primavera, volverá al País de Nunca Jamás a limpiar la casita que ambos habitaban. Ella cumple su promesa durante un tiempo pero, al crecer, eso deja de ser posible. Así nos cuenta Barrie: "Wendy era ya una mujer casada y Peter representaba para ella apenas un montoncito de polvo de la caja en que había conservado sus juguetes de niña. Había crecido y no debemos sentirlo por ella pues pertenecía a esa clase de personas a quienes les gusta ser mayores. Los años siguieron transcurriendo y Wendy tuvo una niña, Juana. Y, una noche, llegó la tragedia. La ventana se abrió de par en par y entró Peter Pan. Era un niño todavía. Se saludaron mientras Wendy sentía algo dentro de sí que decía: 'suéltame, mujer, suéltame'. Al descubrir que Wendy había crecido, Peter grita dolorido. Pero, para su consuelo, ve a Juana y Wendy acepta resignada que su hija se vaya con Peter al País de Nunca Jamás". Otra vez Barrie desnuda, con su hermoso decir, el alma de Wendy y la personalidad de Peter. A ella le gusta ser mayor, pero conserva dentro de sí esa niña que, al ver a Peter, quiere irse con él. En Juana, su hija, continuará su deseo.
Barrie concluye su novela diciéndonos: "Si ahora viésemos a Wendy, advertiríamos como su cabello se tornaba blanco y su figura se empequeñecía otra vez, pues todo eso sucedió hace ya largo tiempo. Juana es ahora una vulgarísima mujer casada y tiene una hija que se llama Margarita. Todas las primaveras, excepto cuando se le olvida, viene Peter Pan a buscar a Margarita para llevársela al País de Nunca Jamás, donde ella le cuenta mil cuentos de los que él mismo es héroe y que él escucha con ansiedad. Cuando Margarita crezca, tendrá una niña que, a su vez, será la madrecita de Peter Pan y así sucederá siempre, siempre, mientras los niños sean alegres, inocentes...y un poquito egoístas". Bellamente, sin duda, el autor de Peter Pan describe el amor eterno, la perenne juventud, la creencia ilusoria en la posesión del objeto único. También queda simbolizada la posibilidad de vuelta al enamoramiento en esa Wendy -Juana-, Margarita que, primavera, tras primavera, regresa a encontrarse con Peter.
Bibliografia


  • Barrie, James M.: Peter Pan y Wendy. La historia del niño que no quiso crecer. Editorial Juventud. Barcelona. 1965.




  • Berenstein, I.; Puget, J.; Siquier, M.I.: Narciso y Edipo en el proceso psicoanalitico. Revista de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Buenos Aires. Nro. 4. 1984.




  • Dupetit, Susana: Juvenilia. Notas acerca de la noción de tiempo y autoridad en la institución analítica. Revista Psicoanálisis. APDEBA. 1988.




  • Dupetit, Susana: La adición a las drogas. Editorial Salto. 1983.




  • Enciclopedia Lectum. Editorial Sopena Argentina. 1965.




  • Graves, Robert: Los mitos griegos. Alianza Editorial.




  • Grimal: Diccionario de mitología griega y romana. Editorial Paidos.




  • Kiley, Dan: El síndrome de Peter Pan. Editorial Javier Vergara.




  • Puget, Janine; Berenstein, Isidoro: Psicoanálisis de la pareja matrimonial. Editorial Paidos. 1988.




  • Algunas consideraciones sobre psicoterapia de pareja. Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Tomo V. 1982.




  • Puget, Janine: La relacion con el otro pensado. Ficha AAPPG.

La desconocida estructura de la histeria

Beatriz Burgos



http://www.mujereshoy.com/secciones/1996.shtml
Una serie de prejuicios y mitos rodea este tipo de estructura de personalidad. Adjudicada histórica (e histéricamente) como una cualidad típica de las mujeres, la histeria tiene poco de ataque de nervios o enfermedad mental y puede ser tan sutil como la coquetería.
(Mujereshoy) A la mayoría de las mujeres le han gritado histérica alguna vez. Quien dispara esta palabra pretende insultar con lo que la ignorancia popular define como un ataque de nervios, un exabrupto emocional, lágrimas o gritos repentinos. Y supone también que se trata de un fenómeno “propio de mujeres”. Al menos eso repite la gente, y como se ve, los hombres en particular.
Pero error, la histeria no son sólo contorsiones o temblores, ni respuestas destempladas. Tampoco es exclusiva de las mujeres, de hecho la proporción de hombres histéricos es similar a la de ellas, según informa un reportaje del diario La Tercera.
La histeria no es una enfermedad ni un trastorno mental, es una estructura de personalidad, una manera de entender el mundo, ni mejor ni peor que la de neuróticos/as, depresivos/as u obsesivos/as. Tampoco está relacionada con el nivel intelectual. Por eso, precisar de qué se trata y mensurar sus efectos requiere necesariamente de un repaso a la historia de la histeria.
Antiguamente, las enfermedades sin explicación aparente, generalmente las observadas en mujeres, eran atribuidas a la sequedad del útero o hyster en griego. De ahí el concepto de histeria, y el equivocado prejuicio de que las mujeres histéricas son tales... por falta de sexo.
En la Antigüedad se creía que era el útero el que, ante la falta de fluidos, se trasladaba por el cuerpo de la paciente hacia lugares más húmedos, como la zona del corazón. De allí la compresión del pecho o las taquicardias que decían sentir las enfermas, y el mito que asocia histeria y mujeres.
Fue a fines de 1890, con las investigaciones del médico francés Jean Martin Charcot, que la histeria logró ser disociada de un desorden netamente fisiológico. Mediante la hipnosis, este precursor de la neurología logró distinguir que estas pacientes desencadenaban singulares síntomas como contorsiones o tics nerviosos por causa sicológica.
“Los movimientos típicos relaciones con la histeria no tienen que ver con espasmos musculares, sino con movimientos ilógicos que ocurren en forma inadecuada. También se manifiesta en términos de vocabulario, muchas veces las pacientes hablan como niñas, y ejecutan movimientos altamente eróticos. Lo más importante es que hay una suerte de pérdida de conciencia del evento, como que no importara lo que había acontecido. Eso se llamó la belle indifférence”, explica el psicólogo Felipe Gutiérrez.
Es este médico francés del siglo XIX quien observó que pareciera que el o la paciente actúa a voluntad síntomas tan curiosos como que un brazo deje de moverse, ceguera repentina o un cuello fláccido. De ahí la imagen de que el o la afectada actúa un papel, con un talento histriónico excepcional, sin parecer estar consciente de ello.
Esta sutileza en los síntomas detonó desde esa época una enorme discusión acerca de qué era la histeria en realidad. Hasta que Sigmund Freud le dio forma a la técnica de la terapia, analizando a estos y estas pacientes a través de la palabra, dando con el origen de la dolencia. “Un recuerdo traumático es olvidado, pero el sentimiento y la emoción de ese recuerdo sigue dando vueltas y queda ligada a un aspecto físico. La idea es que, si podemos recordar y reelaborar ese evento traumático, esa emoción se va a desenganchar de la extremidad o lo que sea fisiológico”, explica el psicólogo.
Estos casos de histeria son extremos, pero esta estructura de personalidad tiene también un lado más sutil, menos evidente quizás. Gutiérrez explica que la estructura de las personas histéricas tiene como centro un rasgo original: la seducción. “La figura de ‘calentar el agua y no tomarse el té’ es típicamente histérica. Lo que moviliza a la histeria no es el acto mismo, es el proceso del acto. No es la consumación de un acto sexual sino la incitación a él, es generar el proceso de seducción y tener la posibilidad de conseguirlo, pero no necesariamente hacerlo. Uno podría decir que la relación histérica es una permanente promesa que no se cumple”, puntualiza.
¿Le parece familiar? Efectivamente, una persona histérica suele vestirse provocativamente o mantener conductas sociales que llamen la atención. Y aunque pueden no ser necesariamente hermosas, sí son consideradas mayoritariamente atractivas, porque de hecho necesitan validarse en los y las otras.
Muchas mujeres histéricas simplemente no se dan cuenta de que llevan una mini cortísima y que todo el mundo las observa mientras hablan muy fuerte. Al ser muy coquetas y basar sus relaciones en el afán de seducir suelen tener varias parejas. En el caso de los hombres, la histeria la vemos en esos galanes que nunca se comprometen y/o que son promiscuos.
Estas conductas no son necesariamente problemas hasta que a la persona le provoca conflictos sociales. “En ese sentido las personalidades histéricas están muy conectadas con sus requerimientos y necesidades. Cambian mucho de look, su ánimo o incluso su discurso. Antes se denominaba capricho a estas manifestaciones. Se les llamaba mujeres caprichosas, por ejemplo”, explica Gutiérrez.
El psiquiatra Gustavo Quijada, jefe del programa de adicciones y miembro del equipo de psiquiatría del Instituto Neurosiquiátrico de Chile, precisa que dentro de su propia especialidad se ha producido un debate en torno a la histeria. Incluso existen, explica, grandes detractores que dicen que la histeria es un invento, meros síntomas, que no debieran ser considerados en los manuales médicos.
Independiente de este enfoque, para Quijada lo primero ante un caso de histeria severa es descartar que los síntomas físicos no respondan efectivamente a una dolencia orgánica. Lo segundo es aliviar los síntomas, para luego ayudar, con asistencia terapéutica, para que el o la paciente comprenda cuál es el mecanismo que detona en su mente. “La psiquiatría ayuda con los síntomas y la angustia, mientras que la sicoterapia permite que la persona deje de expresar de esa manera el conflicto”, precisa.
Respecto de la estructura de personalidad histérica, y no los casos severos, el psiquiatra precisa que todas las personas usan mecanismos histéricos. “Algunos los tienen más al alcance de la mano, de hecho el juego de la seducción en la pareja es bastante histérico. Lo podemos usar en forma normal, o muy leve con la coquetería de la pareja. Pero hay otras personas donde este mecanismo se vuelve patológico, les provoca sufrimiento y los pacientes no pueden actuar de otra manera”.
Para Felipe Gutiérrez, en cierta forma actualmente la histeria estaría en auge: “Hoy en día sólo tienes que parecer agradable, simpático o deseable. No serlo, sino parecerlo, tal como actúa la histeria. El mecanismo está validado socialmente. Y como se trata de personalidades que no son inhabilitantes para funcionar socialmente, es menos detectable”.
Fuente: Diario La Tercera

Histeria

Dr. Hugo Marietán, médico psiquiatra, 13 de octubre de 2005



http://www.marietan.com/index.htm
El ser humano debe enfrentar el hecho de vivir, de estar en el mundo. Es por naturaleza gregario, es decir, necesita de los otros. En consecuencia las estrategias de ser aceptado por el grupo son importantes y cada tipo de personalidad adopta la que, por un lado, es más afín a su constitución y, por otro, la que mejor resultado social le da a lo largo de su desarrollo como individuo. Dentro de estos matices la seducción, el intentar agradar al otro, es ejercida con variado éxito por los distintos individuos. Llamar la atención, ser considerado por los otros, es un mecanismo normal de relación, en su justa medida, cuando es un medio y no un fin. En el caso de un disbalance, cuando ser foco de atención es el objetivo, cuando se vive pendiente de la mirada del otro, a tal punto de descuidar la mirada sobre sí mismo, entramos en un estado anormal que, por consenso nominamos histeria.
La histeria es ser para la mirada del otro. Agradar para ser mirado, vestirse para ser mirado, actuar para ser mirado, gritar para ser mirado, silenciarse para ser mirado, agredir para ser mirado. Aparentar ser otro para el otro. No importa el sacrificio si el premio es la mirada.
Como vemos el histérico limita sus grados de libertad en función de sus síntomas. No es libre, depende de su condición con el otro. Gira en relación al otro. A este autolimitarse la propia libertad con los síntomas se le llama neurosis. Por definición, adoptada por la escuela psicoanalítica y aún no cuestionada, las neurosis se adquieren en algún periodo de la evolución del humano, por lo general en las primeras etapas de la infancia, y se prolonga en el tiempo. En ese sentido es crónica.
El histérico es un actor. Los hay buenos, regulares y malos, pero siempre traducen algo de artificialidad en su conducta. Lo del histérico es mostrarse, provocar el deseo y dejarlo en suspenso. Saborear ser deseado. Disfrutar la frustración del otro. Y volver a seducir. Como un actor que “hace de...” pero que no baja del escenario para “ser el que...”. Y, muchas veces, cuando lo hace su desempeño concreto suele estar muy por debajo de la expectación que creo su encantamiento. Tal vez porque sospecha esto es que se queda en la primera etapa, la de ilusionista. “Mírame y no me toques” es la gastada bandera. “Y si me tocas, no me pidas compromisos”, es la más actual. La esencia es la misma: ¡deséame!
La histeria es parte de la condición humana, puede cambiar de nombre, pero siempre estará y se las arreglará, con sus recursos infinitos, para que la miremos, para que hablemos de ella y para enamorarnos hoy y siempre.

http://es.wikipedia.org/wiki/Histeria
Histeria
La histeria (del francés hystérie, y éste del griego “útero”) es una afección psicológica que pertenece al grupo de las neurosis y que padece el uno por ciento de la población mundial. Se encuadra dentro de los trastornos de somatización y se manifiesta en el paciente en forma de una angustia al suponer que padece diversos problemas físicos o psíquicos. En tanto que neurosis, no se acompaña nunca de una ruptura con la realidad (como en el delirio) ni de una desorganización de la personalidad. Técnicamente, se denomina conversión histérica.
El cerebro histérico no está enfermo, pero ciertas regiones son, manifiestamente, sede de una actividad anormal, y determinados circuitos parecen encontrarse transitoriamente bloqueados por una especie de parálisis funcional.
Síntomas
Los síntomas histéricos, de naturaleza física o psíquica, se manifiestan con un aspecto paroxístico, intermitente o duradero; frecuentemente, son reversibles. Destacan los trastornos motores, sensitivos y sensoriales.
* Los trastornos motores son convulsiones o parálisis. Tradicionalmente, la crisis empieza por un aura, conformada por dolores abdominales, palpitaciones, sensación de atragantamiento y alteraciones visuales (ceguera parcial o completa). A continuación, se experimenta una aparente pérdida del conocimiento y en una caída controlada. Luego sobreviene la fase epileptoide, compuesta de paro respiratorio, tetanización, convulsiones y, finalmente, una resolución en forma de fatiga general y respiración ruidosa. Como fase final, se producen contorsiones (movimientos desordenados y gritos) y un periodo de trance, con remedo de escenas eróticas o violentas. El final de la crisis implica el retorno de la consciencia, acompañado de contracciones leves y expresión de palabras o frases inconexas relativas a temas pasionales.
Diagnóstico
Dos son los elementos indispensables para el diagnóstico de un síntoma histérico: primero, estos déficits de tono neurológico acontecen sin ninguna patología orgánica en el sistema nervioso, central o periférico, y segundo, acontecen en relación con situaciones de estrés o de conflicto psíquico. Todos los exámenes que se efectúan dan resultados normales, lo que no siempre tranquiliza a los pacientes, cuya ansiedad a menudo se agudiza, y resulta frustrante para los médicos, que se sienten impotentes o burlados por dolencias imaginarias. Estos trastornos no son simulados intencionadamente por el paciente, que se muestra seguro de su experiencia subjetiva de hallarse paralizado, ciego o amnésico.

Compartir con tus amigos:
1   ...   11   12   13   14   15   16   17   18   ...   50


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal