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Narcisismo versus yo herido
http://www.concienciasinfronteras.com/PAGINAS/CONCIENCIA/narcisismo.html
La problemática narcisista es inherente a la especie humana. Creo que el conflicto actual más extendido del hombre moderno es la falta de empatía, de respeto hacia sí mismo y por extensión hacia los otros y hacia su entorno natural.
Una de las diferentes fuentes de sufrimiento es la ausencia de empatía (incomprensión, insensibilidad, carencia de ternura,...) de los padres hacia el hijo. Esta inadecuada relación produce un daño al sí mismo (yo del bebé/niño), ocasiona un quiebre en su desarrollo personal (psicocorporal) y reduce su expansión vital y emocional. Entonces, deja de sentirse un ser vivo, convirtiéndose en un ser corporal-mente muerto, pues sus sensaciones físicas quedan reducidas. Muere emocionalmente, pues sus capacidades de sentir en su corazón se apagan. A pesar de que este hombre pueda lucir una fachada o hacer "como si", en el fondo de él no se siente vivo y no sabe moverse espontáneamente ni amar. Se encamina hacia conductas autodestructivas, ya sea bajo formas depresivas (derrumbándose) o por medio de formas hiperactivas (endureciéndose).
¿Qué se entiende por problemática narcisista? Desde hace unos cuantos años, quizás más de medio siglo, estamos viviendo en una sociedad en donde predomina la imagen por encima del resto de valores tanto sociales como personales. En el último cuarto de siglo la veneración por la imagen del poder se ha incrementado, debido entre otros factores, a un excesivo dominio de la técnica que distancia y enfría; un ritmo acelerado, una cultura centrada en el afuera, en el consumo y en la competencia, donde importa más el hacer que el ser, un sistema desvitalizado de valores y de ética, pero con una erotización del éxito económico, sexo y fama. La lucha social entre hombres y mujeres por ganar una posición igualitaria desmembra la familia y roba tiempo a la intimidad. Las madres asalariadas tienen menos disponibilidad para criar a sus hijos y el estrés agota los canales de vitalidad y ternura.
En este contexto, las personas se quejan de quiebres en su autoimagen, dificultades de individuación, dificultad para amar, insatisfacción en la relación con los otros, sentimientos de vacío y de alienación. Son personas cuya preocupación es la inflación de su yo junto al reforzamiento de un sí mismo grandioso. Para desarrollar este funcionamiento necesitan construirse una coraza rígida, que les evite caer en un terror o angustia insoportable. ¿En qué etapa de la vida una persona se encuentra más vulnerable a ser herida por su entorno, y cómo puede quebrarse su yo?
Desde la simbiosis original con la madre el bebé desarrolla su identidad corporal a través de la piel, o mejor dicho por medio del diálogo tónico-sensorio-emocional, como un delimitador paulatino entre su mundo interno y el externo. La piedra angular de esta problemática está en un déficit o mala relación entre la madre y su hijo. En función del grado de trastorno narcisista la herida puede comenzar en el útero materno, en el parto, post-parto, o bien durante el primer y/o segundo año. El niño quizás puede sentir que no habita un espacio suficientemente seguro. Es a partir de esta relación tan primaria, biológica-intuitiva cuando se irá gestando la enfermedad del vínculo materno-filial, fijándose una falta básica en el niño. Es probable que las señales deficitarias y observables se produzcan durante el nacimiento y a partir del alumbramiento.
Es en esta primera fase de la vida, vínculo madre-bebé, cuando se van a nutrir y desarrollar las posteriores relaciones íntimas, ya sean homo o heterosexuales. Entonces podemos decir que el problema de la persona narcisista es una falla vincular, en donde el lazo materno-filial no ha sido atado.
Es posible que la primera sensación que tiene un ser humano de existir la experimente desde sus ritmos internos, a través de sentir sus pulsaciones, vibraciones, sensaciones térmicas, auditivas, olfativas, visuales, etc... Quizás sea debido a esto que los psicóticos tienen el problema de no sentirse existir. No es un problema de identidad, es un problema anterior, es decir, de existir estando reflejado en su existencia. Pero, ¿qué es existir, sino percibir sensaciones primarias esenciales, pulsaciones, algo que produce variaciones tónicas, es decir propioceptivas y movimientos? Todo esto se comunica con palabras a la madre que va a captarlas y a responder a ellas.
¿Qué ocurre cuando un bebé no ha podido vivir estas experiencias humanizadoras y organizadoras de su identidad corporal? Un ejemplo de esta carencia puede ser cuando el bebé hace un gesto espontáneo hacia la madre y ella no le responde, o bien lo hace inadecuadamente. Entonces, el bebé lo vivirá como un ataque de su madre, aunque no haya sido intencionado. La repetición de esta disonancia somatopsíquica va a dar lugar a un clima particular, en que la desconfianza del bebé hacía la madre será lo que predomine. ¿Qué defensa utiliza y cómo la emplea la personalidad narcisista?
Una de las tareas más importantes en ayudar a estas personas, una vez que han construido un buen vínculo, es el desenmascaramiento del falso "self". Cuando el hombre, todavía niño, es injustamente agredido por su entorno familiar, se sentirá herido, y al no poder expresar su dolor, él se retraerá, y si la fuente de agresión persiste, se acorazará.
El niño, para protegerse de los peligros externos/internos, los cuales vive con una angustia inimaginable, utiliza unos modos defensivos para negar su realidad interna y construir un nuevo funcionamiento en relación con las demandas externas; esto lo consigue construyéndose un sistema protector. Hace más de medio siglo Wilhelm Reich definió este sistema defensivo como una máscara, que es una especie de coraza o escudo rígido, que tiene la función de proteger al yo rudimentario del niño. Sin embargo, al mismo tiempo, inmoviliza la energía y las potencialidades reales de su organización somatopsíquica. Tal actitud limita al hombre-niño, llevándole a sentirse atrapado en su propia trampa, sin saber cómo salir de su autoencarcelamiento.
Esta coraza se estructura tanto al nivel físico, en forma de una tensión muscular crónica localizada en la base del cráneo, en los músculos que ligan la cabeza al cuello. Este bloqueo somático se transforma a nivel mental en un mecanismo de negación de los sentimientos. Este patrón de defensa psicocorporal ha protegido a estas personas desde su más tierna infancia de sentimientos tan dolorosos como los ya mencionados. Naturalmente que esta protección narcisista el bebé-niño la ha creado por medio de la asimilación e imitación de sus modelos parentales. Para conseguirlo, el niño tiene que renunciar a su verdadero yo-corporal y decantarse hacia los deseos y demandas de sus progenitores, dando lugar a un falso Self. O sea, que el niño deja de existir cómo yo verdadero para amalgamarse a los otros y convertirse en un Yo falso, superficial, irreal. Al alienar el niño su Ser, dirigiéndose y fijándose en los otros, deja de tener una vida interior y se deshumaniza.
El filósofo español Ortega y Gasset nos dice que el hombre es el único ser que vive desde dentro. Ser verdaderamente humano es tener un ser interior y una vida interior. Los animales viven en una constante hipervigilancia, siempre en guardia, mirando fuera en busca de sustento y protegiéndose del peligro. Las personas con trastornos narcisistas viven en un estado permanente de hipervigilancia, como expresión interna de su terror, por sentir inconscientemente la amenaza externa. Si entendemos el Self o Sí mismo cómo las experiencias que tenemos de nosotros y con lo que nos identificamos que incluye: necesidades, deseos, iniciativas, valores, ideales, etc. Y además, la conciencia de sentirse separado, tanto en la forma de sentir, pensar y actuar de los demás. Precisamente las personas con trastornos narcisistas tienen dificultades de experimentar a los otros cómo personas separadas. Utilizando las palabras de Winnicott, un prestigioso psicoanalista inglés, cuando habla del verdadero Self, refiriéndose a los niños dice que el autentico Sí mismo viene de la vida, de los tejidos corporales, del libre juego de las funciones del cuerpo, de la respiración, del corazón, etc, es decir, de sentir el cuerpo vivo.
¿Y cómo se manifestará este problema al hacerse adulto el bebé? Si la madre no ha podido encarnar a su hijo con su cuerpo y su psiquismo, este niño durante el resto de su vida se sentirá inseguro, desorientado, confuso, planteándose preguntas tan dolorosas como: ¿quién soy yo, qué hago, a dónde voy? A nivel relacional van a tener dificultades en establecer relaciones estables e íntimas, debido a la ausencia de intimidad y confianza con su entorno maternal. Esto va a dar lugar a las patologías neuróticas y/o psicóticas, como resultado de la ruptura de algún o varios eslabones de la cadena psicosomática, interrumpiéndose la continuidad somatopsíquica, sensaciones tónicas, emociones, percepciones y representaciones, que obstaculizan su desarrollo ante la deficiente integración de las diferentes vivencias que acontezcan en su proceso evolutivo. Las personas con un narcisismo inflado, tienden a creerse especiales y únicas, con la pretensión de que tienen derecho a todo. Tienen dificultades a reconocer o identificarse con los sentimientos de los demás. Pero este funcionamiento no es más que el positivo de la fotografía, en el reverso o negativo su autoestima es muy baja, tienen incapacidad para quererse a sí mismos, se sienten vacíos y necesitan a los demás cómo espejos de aceptación y de compensación. Tienden a agarrarse a lo que sea, tanto si son personas cómo cosas, substancias, a modo de salvavidas. O sea, que para tapar este derrumbamiento depresivo de la autoestima se "ponen la máscara", que ha sido construida por las apariencias de las imágenes prepotentes alimentadas por el ego, que se mueve hacia el éxito, el poder y la fama. La sustitución de nuestra humanidad por una imagen que no admite fallos se debe a una herida, o a muchas heridas a lo largo de nuestro desarrollo. Un pensamiento típico de los trastornos narcisistas es : "Es más fácil controlar las cosas si no tienes sentimientos".
Hay personas que expresan una imagen estatuaria, como producto de su rigidez muscular; pero que debajo de esta fachada se esconden fuertes sentimientos de vergüenza y de humillación. Esta sería la otra cara subyacente a la imagen de grandeza que han construido inconscientemente para enmascarar y negar su realidad interna. ¿Cómo ayudar a estas personas? Para trabajar con estas personas es necesario crear una atmósfera particular, es decir, que tenemos que construir un espacio seguro, por esto la actitud del terapeuta es fundamental. Debido a que la herida es muy profunda y sigue abierta, su sistema de alarma va a estar muy activo en la relación terapéutica, es decir que van a estar muy sensibles a la cualidad de presencia del terapeuta. Para ayudarles es importante que el terapeuta sepa discriminar cuando se toca, o no se toca y cómo se toca; ya sea con la mirada, con el tacto, o con la palabra. Entendemos que la verbalización tiene que ir acompañada de palabras vivas, llenas de sentimientos y sensaciones. Por ejemplo: van a prestar más atención al lenguaje no verbal: la postura, los movimientos, las miradas, los tonos de voz, que al contenido. O sea, que van a dar más importancia al cómo, que al qué. Otro ejemplo: A veces hay pacientes que llegan a la terapia llenos de terror y el terapeuta no lo ve. Pueden terminar la terapia sin ser "vistos, oídos ni tocados". Es por esto, que es imposible trabajar con pacientes narcisistas si nosotros como terapeutas no nos hemos trabajado nuestras heridas narcisistas arcaicas. Por lo tanto, la clínica de estas personas nos empuja a revisar nuestras vivencias históricas, hasta ahora enfocadas hacia nuestras estructuras neuróticas. Cada vez son más y más las personas que vienen a pedir ayuda psicoterapéutica, tanto a la clínica privada cómo a la consulta pública, que padecen una ruptura en sus primeros eslabones de la cadena que cohesionan la estructura de su identidad corporal de base. Son precisamente para estos casos, que clínicamente están diagnosticados como problemáticas narcisistas, límites, psicosomáticas y psicóticos, en donde los profesionales que se relacionan exclusivamente desde la palabra encuentran muchas dificultades en el proceso de restauración de la herida. Aquí es donde encuentro necesario la herencia del trabajo psicocorporal que Wilhelm Reich nos ha legado y que A. Lowen ha continuado a través del Análisis Bioenergético. Para Lowen la clave de la terapia es la comprensión, que toma más relieve en el tratamiento de este tipo de desórdenes. Sin comprensión ninguna aproximación terapéutica, ni ninguna técnica tiene sentido y eficacia a nivel terapéutico. Es por esto, que para ayudar de manera eficaz, el terapeuta tiene que estar en contacto con su cuerpo sensorial, emocional y mental; para poder resonar empáticamente con el dolor del otro y comprender el terror y la lucha que está sufriendo interiormente para no volverse loco.
De esta manera, el paciente puede sentir que esta persona le da seguridad y confianza. Para amar, amarse a uno mismo y a los demás, hace falta que el "adulto-bebé” haya experimentado principalmente este amor, seguridad y confianza en carne propia. Es decir, la calidad tónica-sensorial del primer contacto de nuestra vida, la relación materno-filial, que cohesiona, estructura y edifica al niño una identidad corporal de base. El sentirse digno de ser querido ante uno mismo y ante los demás tiene que ver con esta primera relación que se construye antes del lenguaje, antes de la palabra, que se trasmite a través del tacto, del tono de la voz, de los ojos que nos miran y nos ven. Para restaurar la herida de un individuo con trastorno narcisista tendrá que explorar sus miedos primarios, llenos de angustia, odio, desconfianza, vergüenza, confusión, etc.. Hasta que no consiga atravesarlos , difícilmente conseguirá recuperar el amor hacia sí mismo. Transformando la autoagresión y autoinvalidación en ternura, confianza y aprecio hacia su yo-corporal. Este puede ser el camino para recuperar la humanidad y la dignidad. Y desde esta conquista ser capaz de dar y recibir amor con libertad y autenticidad.
Pedro Jiménez
Eco y Narciso
En la mitología griega, Narciso era un bello joven, hijo del dios fluvial Cefiso y la ninfa Leiriope. Su vanidad y su crueldad lo han convertido en sinónimo de infatuación consigo mismo. La vanidad a menudo impide la compasión, y viceversa. Esta versión de la historia se encuentra en el clásico Age of Fable de Thomas Bulfinch.

Eco era una bella ninfa, amante de los bosques y colinas, donde se consagraba a deportes al aire libre. Era muy querida por Diana y la asistía en sus cacerías. Pero Eco tenía un defecto; hablaba demasiado, y siempre se empeñaba en tener la última palabra. Un día Juno buscaba a su esposo, sospechando que estaba retozando entre las ninfas. Con su cháchara, Eco logró detener a la diosa hasta que las ninfas escaparon. Cuando Juno se enteró, sentenció a Eco con estas palabras: “Te prohíbo el uso de esa lengua con la cual me has engañado, excepto para ese propósito que tanto te agrada....replicar. Siempre tendrás la última palabra, pero no podrás hablar primero”.

Esta ninfa vio a Narciso, un bello joven, mientras él perseguía una presa en las montañas. Eco lo amaba y siguió sus pasos. ¡Cuánto ansiaba hablarle con dulce acento y conquistarlo! Pero eso no estaba en su poder. Aguardó con impaciencia a que él hablara primero, y preparó su respuesta. Un día el joven, separado de sus compañeros, gritó:

-¿Quién anda ahí?

-Ahí- respondió Eco.

Narciso miró en torno, pero no vio a nadie.

-Ven – dijo.

-Ven –respondió Eco.

Como nadie venía, Narciso preguntó:

-¿Por qué me eludes?

Eco repitió la misma pregunta.

-Reunámonos- dijo el joven.

La doncella respondió de todo corazón con las mismas palabras, y corrió hacia ese sitio dispuesta a echarle los brazos al cuello. El retrocedió, exclamando:

-¡Aparta esas manos! Preferiría morir a pertenecerte.

-Pertenecerte –dijo ella.

Todo fue en vano. Narciso se marchó, y Eco fue a esconder sus sonrojos en los recovecos de los bosques. Desde entonces, vivió en cuevas y montañas. Su forma se desvaneció con las penas, hasta que todo su cuerpo se esfumó. Sus huesos se convirtieron en rocas y de ella sólo quedó la voz. Aún está dispuesta a responderle a quien la llame, y conserva su vieja costumbre de tener la última palabra.

La crueldad de Narciso en este caso no fue el único ejemplo. Evitaba a todas las ninfas, igual que a la pobre Eco. Un día una doncella que en vano había procurado atraerlo rogó que en alguna oportunidad él sintiera lo que era amar sin ser correspondido. La vengativa diosa le oyó y concedió ese deseo.

Existía una clara fuente de aguas plateadas adonde los pastores nunca conducían sus rebaños, ni iban las cabras de montaña, ni las bestias del bosque; tampoco la afeaban hojas ni ramas caídas, pero la hierba crecía lozana en torno, y las rocas la protegían del sol. Allí fue un día el joven, fatigado de la caza, acalorado y sediento. Se agachó a beber, y vio su imagen en el agua; pensó que era un bello espíritu acuático que vivía en la fuente. Miró maravillado con esos ojos brillantes, esos rizos que parecían los rizos de Baco o de Apolo, esa mejillas redondas, ese cuello de marfil, esos labios entreabiertos, ese fulgor de salud y vitalidad. Se enamoró de sí mismo. Acercó los labios para besar el objeto amado, arrojó los brazos para estrecharlo. Huyó de su contacto, pero regresó al cabo de un instante, renovando su fascinación. No podía alejarse. Dejó de pensar en la comida y el reposo, y permanecía a orillas de la fuente contemplando su propia imagen. Hablaba con el presunto espíritu.

-¿Por qué, criatura fascinante, me rehuyes? Sin duda mi rostro no te repele. Las ninfas me aman, y tú no pareces mirarme con indiferencia. Cuando extiendo los brazos haces lo mismo, y sonríes y respondes a mis palabras con otras similares.

Sus lágrimas caían en el agua y turbaban la imagen. Al verla partir, exclamó - ¡Quédate, te lo ruego! Deja que te mire, si no puedo tocarte.



Con estas palabras y otras similares avivaba la llama que lo consumía, y poco a poco perdió el color, el vigor y la belleza que habían seducido a la ninfa Eco. Ella, sin embargo, lo rondaba siempre, y cuando él exclamaba “Ay de mí, ay de mí”, le respondía con las mismas palabras. Narciso se debilitó y murió, y cuando su sombra cruzó la Estigia, se inclinó sobre la borda para mirarse en las aguas. Las ninfas lo lloraron, sobre todo las ninfas acuáticas, y cuando se golpeaban el pecho, Eco también se golpeaba el suyo. Prepararon una pira funeraria para quemar el cuerpo, pero no lo encontraron en ninguna parte; en su lugar había una flor, roja por dentro, rodeada por pétalos blancos, que lleva el nombre y preserva la memoria de Narciso.
http://www.redsistemica.com.ar/narcisismo.htm
La cultura del narcisismo
M. Selvini Palazzoli, S.Cirillo, M. Selvini y A.M. Sorrentino
(Fragmento)
Por eso, lo que escribía en los años de mis inicios como psicoterapeuta individual (cuando el 85% de las madres de mis pacientes eran amas de casa) - que era preciso que estas madres tuvieran también un trabajo externo que las hiciera menos frustradas, controladoras e intrusivas - se ha demostrado del todo equivocado. Hoy, en que el 81% de las madres trabaja, como hemos leído en esta encuesta y como se desprende de nuestra casuística de los últimos cuatro años, la anorexia - bulimia no ha diminuido en absoluto, sino que se extiende.
No sólo se extiende, sino que nos hallamos en la dificultad de encontrarnos frente a anoréxicas bulímicas muy distintas. Yo, que he tenido la suerte de poder estudiarlas durante un lapso de casi cincuenta años (en 1950 vi a mi primera anoréxica y la curé con el psicoanálisis), puedo decir con seguridad que las anoréxicas como las descritas por Hilde Bruch, para entendernos, del tipo de las permanentemente restrictivas, dependientes y pegadas a la madre, se han convertido en una exigua minoría.
Es probable que aquellas pacientes tuvieran como su madre un apego ansioso ambivalente, porque la tenían demasiado encima, opresiva y ansiosa. Las de hoy deberían haber tenido con su madre, en su mayoría, un apego ansioso esquivo, porque las madres estaban y no estaban debido al trabajo fuera de casa. Y pienso que precisamente gracias al sufrimiento de este tipo de apego han aprendido a defenderse con un desesperado lo hago sola, lo hago yo, desarrollando así un individualismo duro, o narcisista, que yo no encontraba casi nunca en mis pacientes cuando era psicoanalista en los años cincuenta y sesenta.
En la experiencia de nuestro equipo, cuanto más son las anoréxicas de este tipo, más difíciles son de tratar, precisamente porque les cuesta entrar en relación con el terapeuta.
Christopher Lasch, en su libro titulado La cultura del narcisismo, publicado en 1975 y reeditado en 1990 con un nuevo prefacio, sostiene que en esta cultura la obsesión dominante es vivir el presente. Vivir para sí mismos, no para los predecesores ni para los venideros (pág. 17). Estamos perdiendo rápidamente, dice, el sentimiento de la continuidad histórica, el sentimiento de pertenencia a una sucesión de generaciones que hunde sus raíces en el pasado y se proyecta en el futuro. Es la pérdida del sentido histórico, en particular la lenta disolución de cualquier interés serio por la posteridad (pág. 64). Estas condiciones han transformado también a la familia, que es, a su vez, un factor determinante de la estructura profunda de la personalidad. Una sociedad que teme no tener futuro no puede estar muy atenta a las necesidades de las nuevas generaciones, y el sentimiento siempre presente de discontinuidad histórica - el flagelo de nuestra sociedad - repercute sobre la familia con efectos particularmente devastadores. Los esfuerzos de los padres modernos porque sus hijos se sientan amados y deseados no consiguen esconder un distanciamiento de fondo, el de quien tiene muy poco que transmitir a la siguiente generación y ve, en todo caso, como prioritario su derecho a la realización personal. ¡El distanciamiento emocional, unido a los intentos de convencer al niño de su posición de privilegio en el interior de la familia, constituyen una excelente base para empujarlo a modelar una personalidad narcisista!.
Pero volvamos a reflexionar sobre el rol materno. ¿Estas mujeres hipereficientes y superocupadas pueden convertirse en madres competentes? Por supuesto que sí. Pero, con el niño pequeño y sólo materialmente. Respetan con gran exactitud los horarios, las dosis y las salidas al aire libre. ¿Pero, disfrutan de ello? Lo dudo mucho. Aun cuando es innegable que la crianza de un niño pequeño (todavía más que la del lactante) es gravosa, física y psicológicamente. Sin embargo, para el niño pequeño la competencia materna debe enriquecerse con la capacidad empática: captar al vuelo sus disgustos y sus alegrías, intuir sus expectativas, sus ganas de jugar, bromear y reír. Esto era mucho más fácil en la familia numerosa patriarcal, donde una madre incompetente podía ser sustituida por otros, mientras que es mucho más difícil para la madre a menudo demasiado sola de la actual familia nuclear. ¿Y si todo es solamente un deber, cómo pueden transmitir estas mujeres a sus hijas el derecho de disfrutar, de jugar, de saborear y de bromear?
¿Qué hacer entonces para encontrar un remedio, para prevenir este crecimiento de trágicos destinos? Habría que inventar modalidades sociales nuevas, inspiradas éticamente, para obstaculizar la difusión de esa plaga que nos infecta a todos y que se llama individualismo duro. Ya es tiempo de moverse en esta dirección. Ya que las excesivas epidemias sociales de los adolescentes, las tóxicodependencias y la impresionante multiplicación de las diagnosis de borderline y de los casos de anorexias - bulimias, de depresiones y suicidios adolescentes testimonian trágicamente la urgencia de cambios que no reduzcan a la gente a encerrarse en una coraza. Para esta tarea estamos llamados, por supuesto, en primera línea, todos nosotros, los psicoterapeutas, de cualquier método y escuela como obligación moral, es más, como responsabilidad moral.
Este trabajo, obviamente, debe comenzar por nosotros mismos. Tampoco nosotros somos, desde luego, inmunes a la extensión del contagio narcisista.
Fragmento extraído del libro: Muchachas anoréxicas y bulímicas
M. Selvini Palazzoli, S. Cirillo, M. Selvini, A. M. Sorrentino (Ed. Paidos)

http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Peter_Pan

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