Luis carlos h. Delgado



Descargar 0.56 Mb.
Página1/8
Fecha de conversión07.03.2018
Tamaño0.56 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8




LUIS CARLOS H. DELGADO


ATRAVESAR A LACAN
http://2.bp.blogspot.com/-3rvl0zxzzly/umywgkf3zti/aaaaaaaalew/j4mk3u7sfgi/s1600/poster-765917.png


Lacan es el síntoma del psicoanalista; la cura, atravesar su fantasma



LUIS CARLOS H. DELGADO http://1.bp.blogspot.com/_onf3otr1x5y/s_uz9x6g6_i/aaaaaaaajug/hn_ahdzqfto/s1600/lacan.jpg http://4chandata.org/images/threads/141337_portrait_de_jacques_lacan.jpg


Lacan es el síntoma del psicoanalista ; la cura, atravesar su fantasma
Ejemplos de síntomas lacanianos y desorientaciones sufridas por el analista:
El lenguaje
Es cierto que cuando hablo me constituyo en mi enunciado ante la escucha de otro que toma al sujeto de mi discurso como mi propio yo. Pero mi yo está alienado en la cadena de significantes de mi discurso, con el que intento constituirme mediante la enunciación.

Hay por lo tanto un efecto de mi acción como sujeto en lo que digo; pero en verdad, cuando pongo en palabras implico mi corte con el goce, que es la sustancia cierta de mi yo en cuanto anhelo.

El goce ha caído y allí me pongo a hablar, a enunciar significantes que son metáforas y metónimos de mi deseo. Es posible que, al dirigir mi discurso al otro, busco en realidad al Otro Primordial, significarlo para mí en función de mi deseo. Sólo hay demanda en mi discurso. Ya no tengo el objeto de mi satisfacción ni soy para el otro objeto de goce.

El otro también adolece de una caída, de una falta, y sin embargo hacia él conduzco mi demanda. Disimulo tal vez o disfrazo inconscientemente un deseo que pese a todo se manifiesta en los tropos de mi discurso sin que yo lo sepa o pueda evitarlo.

Soy para el otro el significante o los significantes en que me he construido, al menos que alcance la palabra plena. ¿Existe la demanda transparente y efectiva por el goce?

En general la cosa queda frustrada como expresión. No he logrado ser más que un significante para el otro, el cual, a su vez, por estar alienado en el lenguaje, es también un significante para mí. Cadenas que de pronto se quiebran, muestran su falla. Y en esa falla aparece el sujeto del inconsciente, lo que transforma al discurso en verdad, pero un tipo de verdad eludida que por sí sola acusa su presencia”

La cosa
Desorientado, tras describir angustiado su irresuelta problemática, el paciente exclama: “¿Qué se yo?”

Ambos tropiezan con este escollo aparentemente insuperable del desconocimiento al que el terapeuta sólo pudo responder bromeando



:“Quéseyo Exacto, se ganó el premio.” [Quéseyo] es el nombre del emperador de una virtual dinastía. El enigma se ha soslayado con un ingenio.

El chiste libera la tensión, aunque la plenitud de la cosa eludida permanece rehusada.

¿Qué otro medio podría intentar para salvar el obstáculo de la falta de aquello que conforme plenamente la necesidad del sujeto?

La esencia del problema ignoto que lo aqueja parece ser extraña al mundo, y no se le pudo aportar una exacta respuesta. No rencontró otra forma de aplacar, con consistencia mundana, la razón de su angustia. Sin embargo, aun fuera del mundo, la cosa de su falta parece un real

La frustración del sujeto se ha generado por el anhelo de ese ideal de completamiento y satisfacción que la vida no le aporta.

La cosa que falta y la falta que angustia, ambas son una: un rasgo unario en el neurótico. Un desgarramiento del ser, un término imposible de alcanzar que le hizo exclamar impotente, como renuncia y resignación ese “¿Qué se yo?”.

Dolor por un límite infranqueable que el humor del terapeuta hizo transitoriamente tolerable. Pero el problema subsiste.

¡Cuánta sencillez de presencia hay en la expresión: “¡Tengo que decirte una “cosa”! Pero las palabras que la significan no aparecen.

Entonces, dos cuestiones:
¿Qué es la cosa?

¿Cuál es el remedio para la angustia?


Bien vista, la emergencia de la cosa es fantasmal; no está atenida al mundo ni al ser en el mundo y sin embargo está entera para el sujeto en su presencia sensible. Importa la forma en que se relaciona con su aparición.

La cosa llama a un nombre pero éste está del otro lado de la nominación.

No es transmisible No es unidad de una diversidad de propiedades que pudieran enunciarse. Sólo puede detenerse en ella un pensamiento que no conciba el tiempo a partir del mundo.

La presencia de la cosa persiste por su inaccesibilidad.

El remedio transitorio aplicado por el terapeuta fue un propósito de lozana aceptación de la imposibilidad.
Platón, Hegel, Kant, Freud, Henry James, John Carpenter, Heidegger, Lacan, se ocuparon de distinta manera de” la cosa” ajena al mundo.

Platón con el Topus Uranus: "Mientras el mundo de la realidad material es apariencia, el mundo de las ideas es la única existencia auténtica y verdadera; es el mundo de las existencias ideales, de las creencias puras sin espacio ni tiempo, de los arquetipos perfectos y paradigmas únicos de la realidad, de las entidades incorpóreas, absolutas y eternas; es el lugar celeste más allá del tiempo y el espacio, residencia inmarcesible de la eternidad.

Para el James de “Otra vuelta de tuerca” son fantasmas acosadores. Nombrar al fantasma sería obligarlo a volver a la tumba o incorporarlo al mundo.

Para Carpenter es una criatura alienígena.

Para Freud, representaciones reprimidas, de las que se deduce lo factible del inconsciente.

Kant dice, que no es posible conocer a las cosas tal como son. Lo que llama "la cosa en sí", "das Ding an sich" no se puede conocer; porque yo conozco "la cosa en mí".



Lo que yo conozco, lo conozco sometido a mí; sometido a mi espacio, a mi tiempo, a mis categorías. Esto es la "cosa en mí". Que él llamará "fenómeno", oponiéndolo al "noúmeno", la cosa en sí.

Para Hegel el concepto cosa es eminentemente contradictorio porque en su metafísica la unidad da la esencia permaneciendo a través del tiempo independientemente de la diversidad sensible; por otro lado, las propiedades cada vez son las cosas. La cosa como tal es entonces descollada.

Llegamos por este camino a Heidegger y a Lacan, que supuestamente va más allá de este último con su teoría del significante. El real de la cosa padece de significante.

La cosa no desprecia el nombre y hasta quiere ser nombrada, surge en el tiempo real pero propone también la temporalidad imaginaria del mundo.


Una hipótesis
El paciente contabiliza lo perdido y lo no logrado, desarrolla mecanismos para no confrontar o se sumerge en el duelo y la insatisfacción. Un resto de vitalidad lo conforma en la ignorancia del merecimiento. “¿Qué se yo?” Alude a lo que debiera haber sido. A la cosa inapresable o indefinible de su deseo.

No costará admitir que el niño viene al mundo por el deseo de la madre, si es que su boca de cocodrilo no lo devora.

El punto de partida del recién nacido es una vivencia de desamparo absoluto: un organismo inerme frente a la necesidad de aliviar y calmar la excitación interna. La incapacidad para sobrevivir por su cuenta lo consagra a la muerte. Solo un Otro podrá salvarlo y de ello derivará la oscura autoridad y dependencia, no habría podido subsistir sin ese Otro que interpreta su llanto o su grito. El vínculo fetal con la madre pudiera ser la representación inicial de “la cosa”, la supuesta felicidad del útero materno o los brazos acogedores.

La Cosa podría ser la añoranza del paraíso perdido, lo que queda en el sujeto como huella de lo que ya nunca habrá. Falso, porque la satisfacción plena es sólo uno de los afectos que marcan el inicio de la vida. Junto con ello, también existió el enojo y la depresión…. vivencias instauradas por el alejamiento de la madre…

Concebimos a la madre gozando en la manipulación del niño e iniciándolo en el goce. La hipótesis es fuerte: el deseo de la madre conduce a un goce, implica e inscribe al hijo en él.

Este goce del niño antecede a la adquisición del lenguaje. Su goce de la cosa, su momento, es aquello de lo real que carece de significante;…durante este tiempo es atravesado por palabras que aún no comprende.

Pero el goce cae: la madre mira hacia otro lado, ha efectuado su deriva hacia el padre, el niño ya no es el objeto de su goce.

El Nombre del Padre es el nuevo significante que mantiene la creencia en la existencia del goce ahora apropiada por él. Con esta frustración de lo imaginario surge la función del padre en lo simbólico, la aparición del propio nombre del sujeto hijo dentro de la triada, la determinación del valor significante.

Hablar, pensar, son los efectos del destierro de la cosa; de la insatisfacción.

En el principio era el goce, pero de ese goce no se sabe sino a partir de su pérdida. Según la hipótesis, con esta caída se forma el inconsciente, constituido por las palabras que han atravesado al niño que ahora accede al lenguaje. Característica fundamental del momento lógico donde se estructura el inconsciente como un lenguaje. Pero la Cosa sigue implicada en aquello de lo Real que padece de significante y que se anhela. Entonces puede decirse: el inconsciente es un trabajo cuya materia prima fue el goce y su producto un discurso que sucede a los momentos de aquel imposible significante puro.


El significante puro del goce
Transcribo:
En la Antigüedad el falo designaba la representación figurada, pintada, esculpida, etc. del órgano viril, objeto de veneración que desempeñaba un papel central en las ceremonias de iniciación. El falo en erección simbolizaba la potencia soberana, la virilidad trascendente, mágica y sobrenatural , la esperanza de la resurrección y la fuerza que puede producirla, el principio luminoso que no tolera sombras ni multiplicidad y mantiene la unidad que eternamente emana del ser -y no la variedad priápica del poder masculino”
El falo erecto a la larga se desentumece; la tensión sexual se agota tras el orgasmo: es una pequeña muerte. Nadie posee el falo como objeto absoluto, ni aún el padre.

Respecto a la oposición de géneros, no es entre dos términos que designan dos realidades anatómicas como son el pene y la vagina, sino entre la presencia o la ausencia de un solo término. La alternativa que se ofrece al sujeto consta de: tener el falo o estar castrado.

La organización fálica sostenida por Freud como fase de evolución de la libido en ambos sexos, corresponde al complejo de castración e impone el planteamiento y resolución del complejo de Edipo. Aunque el complejo de castración adopte diferentes modalidades en el niño y en la niña, en ambos casos continúan centrados alrededor del falo, el cual es concebido como separable y con el poder de circular de una persona a otra.

Sorteada la aprensión de poner al hombre al borde de la castración y a la mujer en la envidia del pene, se concibe a la madre gozando en la manipulación del niño como si fuera su falo e iniciándolo en el goce. Titular a este goce como goce fálico es apelar a un significante y significarlo como el objeto primordial del goce.

Para el niño, la castración simbólica, implica la esperanza en la promesa de ser alguna vez de otro modo, como el padre o la madre.

Si no se acepta surge la neurosis, la perversión o la psicosis. Con el goce del síntoma el paciente elude la castración y el desengaño. Placer mortífero, cuya obstinación puede situarlo en las puertas mismas de la locura o la muerte.

El goce es la sustancia vital que se “retuerce” en su insatisfacción, que pugna por realizarse, sin tomar en cuenta al otro y la ley.

El neurótico sostiene una estructura respecto a la cosa fálica.

El paciente que asume un análisis habla y espera porque supone una respuesta reparadora del analista. Hasta soporta sus bromas

El hombre o mujer que están sólo tras su goce no han pasado por la “castración”, que es la incorporación de la ley. Se trata de la aceptación que no podemos tenerlo absolutamente todo. Y aunque parezcan aceptarlo, no se conforman con la falta de la cosa.

El esfuerzo energético que realiza para compensarlo y los mecanismos que utiliza generan síntomas. Nada sabe de la fantasía que los sostiene. Se ha transformado en una sustancia ávida, por lo cual la ética desaparece de su horizonte

Los síntomas son las primeras cuestiones que le plantea al analista.

La cura psicoanalítica le habilita el camino de la palabra. Su goce encapsulado se convierte en un decir en torno a ese goce. El goce perdido logra llegar al habla, pero es desplazado al campo de lo posible: el deseo. El sueño es alucinación del goce, descifra al goce.

Con la demanda el sujeto da prueba de su ingreso al universo del deseo, el cual se inscribe en el tiempo del lenguaje, entre la demanda y la necesidad. En general, la demanda siempre está formulada y dirigida al prójimo. Más allá de la demanda de satisfacción de la necesidad, se perfila la demanda de algo extra, que es ante todo demanda de amor y conocimiento. Ese deseo del deseo del Otro, cuando el sujeto ingresa en el lenguaje, se encarna en el deseo de un re-encuentro con la satisfacción originaria en donde el niño recibió satisfacción bajo la forma del goce sin haberlo pedido ni esperado.

Aquel cuerpo infantil que deviene por el deseo de la madre se transforma en sujeto; un cuerpo que habla es cabalmente un sujeto. El sujeto surge de la articulación entre el cuerpo y el Otro, está invadido por el Otro por la persistencia de la palabra que lo habita, es una escultura cincelada por el lenguaje.

No obstante, el goce recurre como tentación y realidad.

El psicoterapeuta calla o bromea porque descree del discurso y de la persuasión.

Con la ley de la castración se desplegaría un mundo que lo organizara.

El sujeto verdadero lo recibe como si le estuviera destinado por el Otro absoluto: padre simbólico y significante supremo.

El paciente, sólo dejando de lado su fantasma, desprendiéndose de querer ser algo para el Otro, podrá alcanzar verdaderamente la perspectiva del analista.

El deseo del analista es no querer ser nada para el analizante sino puro vacío de saber y de ser, al servicio de su deseo. En suma, identificado a la barra misma que tacha al Otro, lugar de la falta radical, lugar de la causa y de la imposibilidad, es como el analista podrá ejercer ese oficio que consiste en demostrar las imposibilidades del vivir, a fin de volver posible la vida en lo poco que ésta lo sea.

Atravesar el fantasma que sostiene ese deseo es la posibilidad de la cura y aún en la formación profesional, el pase de analizado a analista.


A propósito




Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal