Los Reinos de Judá e Israel



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Los Reinos de Judá e Israel
Este sería el título correcto para el capítulo de la historia bíblica que va desde la muerte de Salomón a la caída de Jerusalem en el 586 a.C. (con el hito del final del reino de Israel en el 722 a.C.). Es frecuente sin embargo la denominación, que no se corresponde con la realidad histórica, de "monarquía dividida".
La compleja entidad territorial y política que estuvo bajo un solo poder, el de la "monarquía unida", se rompe en dos a la muerte de Salomón: Israel al norte y Judá al Sur. También es una convención consagrada llamar a la serie Saúl-David-Salomón "monarquía unida", ya que sería más exacto llamarla simplemente "monarquía" (como 'gobierno o reinado de uno') puesto que lo "unido" no es el rey sino territorios y tribus, aunque no sin resistencias varias, como se ha visto.
Lo que en un determinado momento de la historia parecía ser un excepcional cuasi-imperio, hacia el 921 a.C. o cualquiera que fuese el momento de la muerte de Salomón, pierde su momentánea fuerza y cohesión, minado desde y durante el propio reinado de Salomón. El lujo de la corte, las nuevas fortalezas, el ejército, las grandes empresas comerciales con otros países, nada de ello puede ocultar que ese reino tenía grietas fatales. Gran parte de los súbditos debían estar más que descontentos con los altos impuestos y las levas de trabajos forzados. Las naciones vecinas sometidas a tributo también esperaban cualquier muestra de debilidad para sacudirse el yugo. El Antiguo Testamento menciona tres enemigos o rebeldes en actividad ya antes de la muerte de Salomón: Jeroboam, un israelita de la tribu de Efraím; Hadad, un príncipe edomita; y Rezon, un arameo (IR 11,14-40). Y sin duda hubo algunos otros.
Los escritores bíblicos, que están más -o exclusivamente- preocupados con la vida religiosa de sus héroes que con la vida política de Israel, atribuyen el declive y ruptura del imperio salomónico al hecho de que el rey se apartase del sendero piadoso. Es cierto que había construído el Templo de Yahveh y que en su dedicación había compuesto una oración que refleja una profunda experiencia espiritual, pero también se le atribuye una imprecedente poligamia e idolatría, por más que lo que se le reprocha en el texto bíblico es más lo segundo que lo primero (IR 11, 9-11). Es decir, no que tenga muchas mujeres ni que esas mujeres sean extranjeras, sino que se dejase dominar por ellas o que para contentar a los centros de poder de los que procedían accediera a cultos foráneos e idolátricos.
Fuentes para la historia de los Reinos de Israel y Judá
La fuente principal es desde luego la biblia hebrea, especialmente los libros históricos de Reyes y Crónicas. Alguna información adicional procede de los libros proféticos, como Oseas, Amós, Isaías y Jeremías. Reyes fue compilado durante el exilio, y Crónicas después del exilio, cientos de años después de los acontecimientos que se recogen en esos libros. Sin embargo, las narraciones están frecuentemente basadas en registros biográficos, cronológicos o analíticos, como el "Libro de los Hechos de Salomón" para el reinado de ese monarca (IRe 11,41), o el "Libro de las Crónicas de los reyes de Israel" para Jeroboam I (IRe 14,19), y el "Libro de las Crónicas de los Reyes de Judá" para Roboam (IR 14,29).
Algunas informaciones contenidas en los libros históricos de la Biblia se han revelado como fidedignas al poder contrastarse con registros cuneiformes contemporáneos encontrados en los archivos asirios y babilónicos. También los descubrimientos arqueológicos y epigráficos, como la inscripción de Siloam en Jerusalem y las excavaciones en Lachish y otros yacimientos proporcionan documentación adicional y corroboran las informaciones bíblicas acerca del reinado de Ezequías, por ejemplo.
Así la historia de los reinos de Israel y Judá puede reconstruirse con mucha más exactitud que las etapas anteriores, y no sólo por más cercana en el tiempo, sino porque las fuentes no se reducen ya a los solos libros históricos de la Biblia, sino que son suplementadas por documentos extrabíblicos y por datos arqueológicos.

La división del reino de Salomón
Tan pronto como Salomón cerró los ojos para siempre, comenzaron los problemas. El príncipe heredero e hijo de Salomón parece haber sido aceptado sin oposición como rey por las tribus meridionales de Judá y Benjamín. Pero fuertes fermentos políticos entre las tribus del norte hicieron ver a Roboam que necesitaría la conformidad de esas tribus antes de que pudiera gobernar efectivamente sobre todo el país. Representantes de todas las tribus septentrionales se reúnen en Siquem para la hipotética coronación de Roboam sobre todo el componente territorial y humano del anterior reino. Siquem no está en Judá, sino en el corazón del territorio poblado por las tribus del norte. Pudo haber sido escogido como lugar para la convocatoria como una concesiòn a las tribus septentrionales, aunque ya tenía precedente histórico como centro de reunión israelita (ver Jos 24).
La convocatoria de Siquem se abre con las quejas sobre los excesivos impuestos de Salomón y la política de levas. Jeroboam, un efraimita, asume el papel de portavoz de los disidentes.
Jeroboam había ya servido como capataz o jefe de leva en las empresas contructoras de Salomón en Jerusalem. Ya entonces pudo haber sido un descontento o subversivo, por lo que Salomón le persigue y trata de matarlo. Jeroboam huye a Egipto, donde el faraón Sisak le recibe con los brazos abiertos (I Re 11,26-40).
Al tener noticia de la muerte de Salomón, Jeroboam vuelve de Egipto y asume el liderazgo de las tribus del norte que habían ido a Siquem a negociar con Roboam sobre las condiciones en que le aceptarían como rey.
Roboam rechaza el sensato consejo de los más experimentados y no sólo no accede a las demandas sino que amenaza con aumentar las presiones fiscales y personales. La revuelta estalla entre los israelitas del norte y del este (Transjordania). Temiendo por su vida Roboam huye de Siquem hacia Jerusalem, mientras las tribus rebeldes anuncian su secesión de la casa de David y proclaman rey a Jeroboam (IR 12,1-20; IICr 12,15). Así nació el Reino de Israel, compuesto por las diez tribus del Norte. Roboam se quedó solamente con Judá y Benjamín, que se convirtieron en el Reino de Judá.
El profeta Semaia aconsejó a Roboam no ir a la guerra contra las tribus del norte. Aunque inicialmente Roboam escuchó a Semaia, luego parece haber tenido sangrientos choques con Jeroboam (IR 12,24; IICr 12,15).
En el quinto año del reinado de Roboam, el faraón Sisak I (Sesonq en las fuentes griegas) dirigió un ataque devastador contra Judá (IR 14,25-28; IICr 12, 2-4), que Sisak conmemoró en un relieve en el templo de Karnak. Ese ataque debió ser la causa de que Roboam fortificara más tarde las rutas que llevaban a Jerusalem (2Cr 11,5-12).
Roboam tuvo un gran harem, como su padre. La madre de Roboam, una ammonita del harem de Salomón, pudo influirle para estimular el culto de dioses paganos, cuyos ritos eran considerados una abominación por sectores conservadores de la sociedad judaita.(IR 14,22-24; 2Cr 11,21; 12,5).
Roboam reinó 17 años y murió hacia el 913 a.C.
Jeroboam (I), rey de Israel
Después de que Roboam huyera de la convocatoria tribal de Siquem, donde había esperado ser coronado rey de Israel, Jeroboam fue hecho rey por aclamación de las tribus del norte y del este (IR 12,20)
Jeroboam usó Siquem como su primera capital (IR 12,25), pero más tarde trasladó su capital a Tirsa (IR 14,17). Uno de los tels más firmes candidatos a ser identificado como Tirsa es Tel el Farah septentrional.
Jeroboam se vió forzado a guerrear con su vecino del sur, primero contra Roboam y luego contra su sucesor Abiyam (IR 14,30; 15,7). Además, también Israel fue devastada durante la campaña de Sisak del 926 a.C. Aunque la Biblia menciona solamente Judá y Jerusalem como objetivos del faraón, la evidencia arqueológica y los relieves de Karnak muestran que Sisak invadió también el Norte. Un fragmento de una de la estela de victoria de Sisak ha sido encontrado en Meguido, una de las ciudades más importantes del norte. No está claro por qué Sisak, que le había recibido hacía unos años con los brazos abiertos, ataca al reino de Jeroboam. Tal vez había acordado pagarle tributo y luego no quiso o no pudo. Es difícil entender de otra manera por qué el ataque de Sisak tan pronto Jeroboam fue coronado rey de las tribus del norte y del este.
Por razones políticas Jeroboam introdujo prácticas y cultos en Israel que se apartaban drásticamente del culto de un invisible dios Yahveh. En Betel y en Dan, extremos sur y norte de su reino Jeroboam levantó santuarios y altares al aire libre en competencia con el templo de Jerusalem. Tanto en Betel como en Dan erigió imágenes de toros jóvenes para representar a Yahveh en forma visible (IR 12,27-31): algunos interpretan los toros como pedestales en los cuales se apoyaba el invisible Yahveh. Durante los dos siglos que dura el reino del Norte el culto de esos toros fue conocido como "el pecado de Jeroboam".
Entre los ostraca de Samaria hay uno que incluye el nombre de Egelyahu ("el novillo de Yahveh" o "Yahveh es un novillo". Tal vez el nombre sugiere que Yahveh era venerado en la forma de un novillo, como los cananeos de Ugarit habían adorado a su dios El en forma de un toro.
Jeroboam estableció nuevas fiestas en el octavo mes del calendario religioso hebreo; las principales festividades en Judá seguían celebrándose en el séptimo mes (IR 12,32-33). Analizando la cronología israelita, tal vez Jeroboam introdujera un calendario civil que comenzaría en la primavera, en contraste con el año civil en el reino del Sur que comenzaba en otoño. Los reyes de Judá usaban el sistema tradicional de "año de la ascensión" para el cómputo de sus años de reinado, mientras que Jeroboam, para diferenciar su reino, introdujo el sistema del "año de no ascensión".
El primero de estos sistemas de cómputo citados era empleado por ejemplo por reyes asirios, babilonios y persas. Contaba el resto del año en curso en que un rey había ascendido al trono como "el año de su ascensión". El año que comenzaba en el inmediato principio de año era el año primero de su reinado. En cuanto al segundo sistema, contaba el año de la ascensión del monarca como "año primero" con independencia de lo que quedase de año, y el inmediato siguiente era el segundo.
Jeroboam trataba de ampliar la distancia con Judá en los aspectos culturales y religiosos todo lo que podía.

Jeroboam I reinó 22 años y murió hacia el 910 a.C.


Vista general a los reinos de Israel y Juda tras la escición
Para el periodo que nos ocupa, y según el Antiguo Testamento, el punto más bajo o nadir en cuanto al aspecto religioso es el reinado de Ajab de Israel, y los puntos más altos o zenit son los reinados de Ezequías (finales del s. VIII a.C.) y Josías (finales s. VII a.C.). Ambos reyes intentaron centralizar el culto de Yahveh en el templo de Jerusalem y suprimir los demás santuarios, tanto a otros dioses como al propio Yahveh.

- Desde el punto de vista militar, los acontecimientos más importantes -en modo alguno los únicos- son la conquista de Israel por los asirios en el 723/722 a.C. y la conquista de Judá por los babilonios en el 586 a.C.

- Políticamente, el reino del sur era mucho más estable que el del norte. Judá mantuvo la dinastía davídica con la única excepción de Atalía (aunque al fin y al cabo reinaba por ser esposa de Jehoram y tras la muerte de su hijo Ajazías). En el reino de Israel, sin embargo, las familias reinantes cambiaron tan rápidamente que en sus 209 años de existencia se contabilizan 20 reyes de 10 diferentes familias (por no llamarlo dinastías). Aunque en territorio y población era mayor que Judá, nunca se le aproximó en cuanto a estabilidad política.

De 913 a 841 a.C.
En Judá:
Hacia el 913 a.C. Roboam es sucedido por su hijo Abiyam (o Abiyah), que reinó solamente hasta el 911 a.C. Tan poco tiempo le bastó para tener una guerra con Israel, todavía en tiempo de Jeroboam I. Según el texto bíblico, tuvo todos los pecados de su padre Rehoboam (Roboam) (IR 15,1-8; 2Cr 13,1-14,1).
Con la ascensión de Asa, hijo de Abiyam, hay de nuevo un rey "bueno" en Judá (911-869 a.C.), que suprimió la prostitución sagrada y el culto idolátrico, e incluso alejó a su abuela, la ammonita viuda de Salomón, de la corte porque había erigido una imagen de Aserah (o Astarté) (IR 15,10-13).
Los primeros años del reinado de Asa, dedicado a limpiezas religiosas, fueron pacíficos. Luego fue atacado por "cushitas" mandados por Zerah (2Cr 14,9-14). Hacia el 895 el rey Baasa de Israel ocupó parte del territorio septentrional de Judá (2Cr 16,1). Asa no le atacó con sus fuerzas inferiores, sino que indujo a Ben Hadad de Siria a atacar a Israel. El profeta Hanani interpretó esto como una falta de fe en la ayuda de Yahveh (2Cr 16,1-10). En sus últimos tiempos, por su salud endeble, asoció al trono a su hijo Jehosafat (según indican también los datos cronológicos de IR 15,9-24 y 2Cr 14, 1; 16,14).
Jehosafat (Josafat) continuó la línea religiosa de su padre. Aunque no pudo erradicar todos los cultos no yahvistas, envió a los levitas y sacerdotes a viajar a través del país y a predicar la ley (IR 22,43 y 2Cr 17, 7-9). También trato de terminar el pleito con Israel asociándose con la dinastía de Omrí, e incluso dió en matrimonio al príncipe heredero, Yehoram, a Atalía, la hija del rey de Israel (2R 8,8,26).
Colaboraciones de Josafat con Israel: Con Ajab contra Ramot-Gilead (IR 22,4-33; 2Cr 18,28)

Con Yoram de Israel contra Moab (2R 3,4-27)


Luchó además con una fuerte coalición de edomitas, moabitas y ammonitas (2Cr 20,1-30)
Otras naciones, como filisteos y árabes, quedaron muy impresionados con sus logros bélicos, por lo que procuraron no enemistarse con él. Josafat trató de reanudar las expediciones de Salomón a Ofir, pero su esfuerzo fracasó cuando sus barcos naufragaron en Esión-Gueber (2Cr 20,35; IR 22,48).
Al principio el hijo de Josafat, Yehoram (854-841 a.C.) estuvo asociado al trono con su padre. De él no se dice nada bueno. Influenciado por Atalía, llegó a apoyar el culto a Baal en Judá (2R 8,18). Luchó con éxito contra filisteos y árabes (2Cr 21,16-17; 22,1), pero perdió Edom, que volvió a ser independiente (2R 8,20). Al final murió de una enfermedad incurable, como había profetizado Eliyah (2R 8,16-24; 2Cr 21,12-19).
El hijo de Yehoram, Ahaziah, siguió los pasos de su padre y de su madre en cuanto a cultos. Se unió a su tío Yoram de Israel en una guerra fallida contra los sirios (2R 8,26-29). Durante una visita a Yoram de Israel Ahaziah fue herido en un golpe de estado que terminó con Yoram y con la dinastía omrida. Huyó a Meguido pero allí murió pronto de sus heridas (2R 9,14-28; 2Cr 22,1-9)
(Durante ese tiempo, aproximadamente, inscripciones de Kuntillet-Ajrud: cultos heterodoxos mencionados en IR 18,19; 2R 11,18).

En Israel
Jeroboam I fue sucedido en 910 a.C. por su hijo Nadab (910-909 a.C.). El reinado de Nadab fue corto porque fue asesinado por Baasa. No se conoce la posición que tuviera Baasa antes de matar a Nadab. La Biblia sólo recoje el nombre de su padre, Ahiyah, y que procedía de la tribu de Issacar. El asesinato de Nadab termina con la primera "dinastía" del reino de Israel (IR 15,15-29). Ese "sistema" de cambio de dinastía se repetiría varias veces.
El asesino de Nadab, Baasa, se convirtió en rey de Israel (909-886 a.C.) inaugurando una nueva dinastía. Baasa atacó y ocupó algunas partes del norte de Judá que perdió más tarde al ser atacado por Ben Hadad de Damasco, que había recibido un tributo de Asa de Judá con ese fin (IR 15,16-16,17).
La dinastía de Baasa terminó como la de Jeroboam-Nadab antes que él. El hijo de Baasa, Elah (886-885 a.C.) fue asesinado por Zimri, uno de los generales de Baasa, en la capital Tirsa después de un reinado de apenas dos años (!R 16,8-10).
Zimri no llegó a inaugurar dinastía porque sólo reinó siete días (885 a.C.). Durante esos días mató a todos los parientes y amigos de Baasa. En cuanto se supo que Zimri había asesinado al hijo de Baasa, Elah, el ejército (que estaba ocupado con una guerra con los filisteos) proclamó a Omrí -otro general- rey. Atacó Tirsa y Zimrí se resistió a rendirse, prendiendo fuego al palacio y muriendo entre las llamas.
La dinastía omrida.- Omrí (885-874) fundó una nueva dinastía de cuatro reyes que ocuparon sucesivamente el trono a lo largo de un periodo de 44 años (885-841 a.C.). Al comienzo Omri tuvo que luchar por el trono con otro pretendiente, Tibni, que parece haber tenido apoyos. Sólo después de cuatro años de guerras intestinas Omri pudo exterminar a Tibni y sus seguidores (1R 16, 21-23).
Los 12 años de reinado de Omrí fueron políticamente más importantes de lo que la Biblia indica. Trasladó la capital de Tirsa a Samaria //importancia defensiva y significativa de Samaria// y comenzó una amplia operación de construcción de defensas que culminó su hijo Ajab.
Por alguna razón, aunque no consta que tuviera encontronazos con los asirios, éstos llamaron a Israel durante los siguientes cien años "la tierra de la casa de Omrí", incluso mucho después de que se extinguiera la dinastía de Omrí. La personalidad, éxito político y negocios de Omrí pudieron haberle granjeado la apreciación de sus contemporáneos y de la posteridad.
Omrí "cananeizó" ( o"re-cananeizó") Israel, estableciendo cordiales relaciones con sus vecinos del norte, los fenicios, casando a su hijo Ajab con Jezabel, hija del rey de Tiro. Esta alianza revivió (más que introdujo) el culto de Baal y Astarté en Israel (!R 16,25). Proporcionó concesiones económicas a Damasco y permitió a los comerciantes sirios abrir tiendas en los bazares de Samaria (!R 20,34).
Omrí también tuvo éxito sometiendo a tributo a Moab y convirtiéndole en vasallo de Israel, como admite un documento extrabíblico: la estela de Mesa, rey de Moab.
De la importancia de ese vasallaje para Israel hablan las cifras del tributo, aunque puedan ser exageradas, que pagaba Moab a Ajab, tal vez anualmente: 100.000 corderos y la lana de 100.000 carneros (2R 3,4).
AJAB
En el 874 a.C. Omrí fue sucedido en el trono por su hijo Ajab. O era débil o ni siquiera intentó resistirse a la introducción de cultos fenicios (ex-cananeos) por su esposa, que además persiguió a los yahvistas causando una crisis religiosa de primer orden (1R 18,4,19). Por esa crisis y por el hecho de que Elías y Eliseo vivieron y trabajaron en el reino del Norte en esos momentos, la Biblia le dedica tanto espacio a Ajab.
Elías había profetizado una sequía que causó graves problemas económicos al reino, y que acabó cuando Elías salió victorioso sobre los sacerdotes de Baal en el Monte Carmelo (!R 18,17-40). A pesar de ello, durante el reinado de Ajab siguió floreciendo el culto a Baal.
Sin embargo, Ajab no dió nombres teofóricos de Baal a sus hijos. Los nombres conocidos de éstos (Ahaziah , Yoram y Ataliah) contienen el nombre abreviado de Yahveh. Sus súbditos no tenían muchos escrúpulos en eso, porque muchos nombres personales están compuestos con "Baal", según atestiguan los "ostraca" e Samaria.
Ajab fue también famoso por su "casa de marfil" (IR 22,39; Amós 3,15).
Como guerrero no le fue mal. Venció dos veces a los sirios, sacando buen botín de esas dos victorias, además de las concesiones económicas en Damasco (IR 20,21, 34). Llegó a ser uno de los principales enemigos de Asiria. Cuando Salmanasar III avanzó contra Siria, esta vez Ajab se unió a sus antiguos enemigos contra el asirio (batalla de Qarqar, 853). En una inscripción sobre la roca en el alto Tigris el propio Salmanasar da una relación de las fuerzas de sus enemigos, y Ajab tenía 2.000 carros mientras los otros diez coaligados reunían 1.940, y de los 52.000 soldados de a pie, 10.000 eran de Ajab. Una vez parados los pies a los asirios, Ajab se volvió contra los sirios, tratando de recobrar la ciudad transjordana de Ramot-Gilead, pero su ejército fue vencido y él murió en la batalla (IR 22).
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Ajab fue sucedido por su hijo Ajaziah (853-852 a.C.), el tercer rey de la dinastía omrida. No pasó nada de particular en su corto reinado, excepto tal vez la fallida expedición a Ofir en asociación con Josafat de Judá (2Cr 20,35-37). Como murió sin descendencia, le sucedió su hermano Yoram (852-841 a.C.). Durante su reinado se rebeló Moab (estela de Mesah). Emprendió una expedición contra Moab asociado a fuerzas de Judá y Edom. Al principio la operación fue desastrosa para Moab, pero Israel no consiguió mantener el control sobre Moab ( 2R 3,4-27 no lo dice claramente, pero sí la estela de Mesah ).
Yoram libró varias guerras contra los sirios. Por intervención del profeta Elías, se anunciaron dos veces próximos desastres (2R 6 y 7). Como su padre Ajab, Yoram trató de recobrar Ramot-Gilead de Transjordania, pero fracasó. Herido por Hazael de Siria fue a recobrarse a Jezreel. Allí fue asesinado por uno de sus generales, Jehu. Jehu suprimió a todos los miembros de la casa real, incluyendo a Jezabel, la reina madre fenicia. Luego Jehu usurpó el trono.
(Importancia de los profetas: Elías no tiene miedo de Ajab, unge a Jehu mientras el rey legítimo está aún vivo, etc. Sólo temía a la reina Jezabel según parece (IR 19, 1-3).
II.- De 841 a 750 a.cC.
JUDÁ.- Cuando dejamos la historia judaita, el rey Ahazíah de Judá había muerto de las heridas recibidas en un golpe de estado ocurrido mientras visitaba a su tío Yoram, rey de Israel. Ese golpe puso fin a la dinastía omrida en el reino del Norte.
Cuando Ahaziah de Judá murió, su madre Atalía ocupó el trono y reinó durante seis años (841-835 a.C.). No era, desde luego, una descendiente de David, y para algunos su reinado de seis años marca la única interrupción en el gobierno de la linea directa davídica en Judá. Aunque para otros no es más que una especie de regencia, puesto que reinaba en calidad de esposa y madre de otros davidas.
Atalía es presentada en el Antiguo Testamento tan cruel y falta de escrúpulos como su madre Jezabel. En todo caso, es tan "distinta" como aquélla en cuanto a su formación y cultura, cananeizada o fenicizada, con otra concepción de la realeza y de las relaciones de poder.
Atalía trató de exterminar "toda la semilla real" en Judá para que su gobierno único estuviera asegurado. Pero el príncipe niño Yehoash fue rescatado por el sumo sacerdote Yehoyada' y su esposa (IIR 11,1-3). Yehoyada' educó a Yehoash en su casa, y cuando tenía siete años lo coronó rey (835-796 a.C.). Atalía fue asesinada por los hombres de Yehoyada' mientras gritaba "¡Traición, traición!" (IIR 11,4-21).
Mientras el joven rey permitió a su mentor Yehoyada' guiar sus asuntos actuó prudente y piadosamente, aboliendo el culto de Baal y promoviendo extensas reparaciones en el templo (IIR 12,1-16; IICr 24,1-14).

// Recientemente “encontrada” una lápida con inscripción en paleohebreo supuestamente procedente de las obras que se realizan en la plataforma del Templo, y que parece un falso //. Tras la muerte de Yehoyada' Yehoash se volvió indiferente e incluso mandó lapidar al hijo de su benefactor, Zacarías, por haberle criticado sus infidelidades (IICr 24,15 22).


Cuando Hazael de Damasco marchó contra Yehoash éste compró la paz con algunos de los tesoros del Templo. Este acto de cobardía y la muerte de Zacarías, junto con el descontento doméstico y religioso del pueblo, creó un profundo resentimiento y oposición. Como resultado, Yehoash fue muerto por sus propios servidores. Fue enterrado en la ciudad de David, pero, a causa de su impopularidad, no en los sepulcros reales (IIR 12,17-21; IICr 24,25).
El hijo de Yehoash, Amaziah (796-767 a.C.) se ocupó primeramente de los asesinos de su padre y luego consolidó su propia posición como gobernante. Después planeó reconquistar Edom, que había pertenecido anteriormente a Judá y que sucesivamente se había rebelado. Amaziah reclutó 100.000 mercenarios de Israel, pero luego los despachó por indicación de un "hombre de Dios". Con sus propias fueras judahitas salió victorioso sobre los edomitas y conquistó su capital, Sela ( no es aún seguro que se trate de Petra). Entretanto, los mercenarios despedidos saquearon las ciudades del norte de Judá a su vuelta a ISrael.
Israel y Judá en guerra.- Volviendo victorioso de su campaña contra los edomitas, Amaziah se envalentonó y desafió al rey Yoash de Israel a luchar. Esta bravata fue desastrosa para Judá, que fue vencido en toda regla y humillado. El reino de Judá se convirtió prácticamente en un vasallo de Israel.
Habiendo vuelto la espalda a Yahveh y habiendo adoptado "los dioses de los hombres de Seir" Amaziah perdió la confianza de su pueblo. Se levantaron contra él y tuvo que huir para salvar la vida. Llegó hasta Lachish, donde fue asesinado (IIR 14,1-20; IICr 25,1-28).
Amazíah fue sucedido en el trono por su hijo Azariah, cuyo nombre más conocido -tal vez un nombre de trono- es Uzziah. Uzziah reinó del 790 al 739 a.C. Su reino es descrito como próspero y bueno. Promovió una recuperación económica del país (IICr 26,11-10) y reunió un ejército amplio y bien equipado (IICr 26,11-15). Con su ejército hizo varias campañas victoriosas contra filiteos y árabes (IICr 26,7), recobró Eilat (Ezion-Geber) y el golfo de Eilat (2R 14,22) y probablemente el territorio edomita entre Juda y el golfo. Los ammonitas decidieron pagar tributo a Uzzías (¿Cr 26,8). Durante el reinado de Uzzías hubo un importante terremoto que fue recordado mucho tiempo y mencionado por escritores posteriores (Amós, 1,1; Zacarías 14,5).
Durante el reinado de Uzziah tanto Egipto como Asiria eran políticamente débiles, lo que ayudó a Uzziah de Judá y a Jeroboam II de Israel a hacer prosperar a sus respectivos países. Hacia 750 a.C. los dominios de los dos reinos eran aproximadamente los del reino de David y Salomón. Ese periodo de relativa prosperidad había de ser el último. En el 745 a.C. un fuerte rey asirio, Tiglapileser III, subió al trono. Su reinado marca el renacimiento del imperio asirio y el comienzo de un rápido declive de Israel y Judá.
ISRAEL- Yehu fue el general israelita que asesinó al rey Yoram, poniendo fin a la dinastía omrida. Incluso antes del asesinato, Yehu había sido ungido rey en Ramot-Gilead por un mensajero de Elías.
Así comienza la dinastía de Yehu. Yehu reinó del 841 al 814 a.C. Trató de erradicar el culto a Baal. Por su celo en este sentido fue apoyado por el profeta Elías, y se le hizo la promesa de que sus descendientes se sentarían en el trono de Israel hasta la cuarta generación (2R 10,30). Así, su dinastía reinó en el país durante unos 90 años, casi la mitad de la existencia de Israel. Sin embargo, Yehu no rompió con el culto del toro de Jeroboam, y su reforma fue considerada incompleta (2R 10,31).
Yehu se convirtió voluntariamente en vasallo del monarca asirio Salmanasar tan pronto como subió al trono. Esta relación de vasallaje está representada en el "obelisco negro" de Salmanasar (actualmente en el Museo Británico) que Austen Henry Layard descubrió en Nimrud en 1846. Este hecho está fechado en el 841 a.C. según los registros asirios, año que coincide con el primero del reinado de Yehu. Sin duda consideró prudente cambiar la política de Israel con respecto a Asiria, que había sido de hostilidad, para asegurar la ayuda asiria contra el principal enemigo de Israel, Hazael de Siria.
Cuando Yehu murió en el 814 a.C. , su hijo Yehoahaz ascendió al trono de Israel (814-798 a.C.). Los 17 años del reinado de Yehoahaz estuvieron marcados por continuas guerras contra los sirios, que oprimieron Israel, primero bajo Hazael y después bajo su hijo Ben-Hadad III (2R, 13,1-3). Israel perdió mucho de su territorio y de su ejército en esas guerras. Sólo le quedaron 10 carros, 50 jinetes y 10.000 infantes (2R 13,7). Comparar los 10 carros de Yehoahaz con los 2000 de Ahab cincuenta años antes da la medida de la gran pérdida de poder sufrida por Israel. No sabemos quién rescató finalmente al reino de Israel de manos de los sirios: en 2R 13,5 se habla de un "salvador" no identificado. Pudo haber sido el hijo de Yehoahaz, Yoash (2R 13,25) o Adad-Ninari III, rey de Asiria, o algún otro..
Yehoahaz murió en el 798 a.C., y fue sucedido por su hijo Yoash (798-782 a.C.). Yoash aparece mencionado por Adad-Nirari III como pagador de tributo a Asiria. Tal vez esto le ayudó en su guerra contra Siria, en la que tuvo mayor suerte que su padre. Venció tres veces a los sirios y recuperó el territorio perdido por su padre (2R 13,25). Desafiado por Amaziah de Judá se vió obligado a guerrear contra su vecino del Sur, por primera vez en cien años. Yoash venció en la batalla de Bet Shemesh, capturó al rey judaita y entró victorioso en Jerusalem. Derribó parte de las defensas de la ciudad, tomó botín del Templo, tesoros reales y rehenes y los llevó a Samaria (2R 14,8-14).
Los datos cronológicos requieren una corregencia de Yoash y su hijo Jeroboam II por espacio de unos doce años. Una política prudente parece haber llevado a Yoash a tomar esta medida. Conocedor del peligro que corre un estado cuando se produce una súbita vacante en el trono, probablemente nombró a su hijo corregente y sucesor cuando comenzó sus guerras de liberación contra Siria. De esta forma estaba asegurada la continuidad de la dinastía incluso si el rey perdía su vida durante una campaña militar.
Según el texto bíblico, Jeroboam II comenzó su reinado en el 793 a.C., reinado que duró 41 años (793-753 a.C.), incluyendo los doce de correinado con su padre. Se sabe poco de su aparentemente positivo reinado. La Biblia dedica solamente siete versículos a su vida (2R 14,23-29), pero en tan corto espacio queda indicado que recuperó tanto territorio perdido que, con excepción del territorio del reino de Judá, su reino fue casi tan amplio cono el de David y Salomón. Restauró el poder israelita sobre las regiones costeras e interiores de Siria al norte, conquistó Damasco y Hamat, y ocupó Transjordania al Sur del Mar Muerto, lo que parece indicar que hizo vasallos de Israel a Ammon y Moab. Esos grandes logros sólo fueron posibles porque Asiria estaba atravesando un periodo de debilidad política y era incapaz de interferir.
(Amós y Oseas surgen y ejercen durante este reinado de Jeroboam II)
Jeroboam II parece haber sido un firme gobernante, aunque sin la visión de su padre Yoash. No hizo previsiones para la continuidad de la dinastía, que se rompe casi inmediatamente después de su muerte. Su hijo Zacarías reinó únicamente seis meses (753-752 a.C.), y cayó víctima de un complot (2R 15, 8-12). Así terminó la dinastía de Yehu, y el reino del norte volvió a la impotencia política que le caracterizó durante la mayor parte de su corta historia.

750-715 en Judá

752-722 en Israel
En Judá

Dejamos el Reino de Judá en el reinado de Uzías. Aunque Uzías reinó desde el 790 al 739 a.C., el hito del 750 a.C. que hicimos se debe a dos razones: En primer lugar, esa fecha marca aproximadamente el encuentro de Judá e Israel con el emergente poder de Asiria (que en tres décadas pondría fin a la propia existencia del reino de Israel). En segundo lugar, hacia el 750 a.C. Uzías hizo co-regente a su hijo Yotam.


Hacia esa fecha también Uzías había tenido un largo y buen reinado. Pero también hacia esa fecha contrajo la lepra, como castigo según la Biblia al haber entrado en el Templo de Yahweh a ofrecer incienso (IICr 26, 16-20). Su hijo Yotam fue entonces hecho co-regente (2R 15,5), una sabia decisión para garantizar la continuidad de la dinastía. Esa política se seguiría en Judá desde entonces durante más de un siglo, desde Uzías a Manasés.
El relato bíblico de la lepra de Uzías indica que se imponía una cuarentena o aislamiento al leproso, aunque fuera rey, e incluso que se le daba sepultura aparte.
El hijo de Uzías, Yotam, reinó en Judá durante cerca de 20 años (750-731 a.C.), incluyendo los doce años que gobernó para su padre leproso. Como su padre, Yotam fue un rey bastante positivo. Tres profetas contemporáneos (Isaías, Oseas y Miqueas) ejercieron posiblemente influencia sobre él. Yotam era rey durante una invasión abortada de Judá liderada por Rezin II de Siria y Pekaj de Israel (2R 15,37). La invasión pudo haber inducido a Yotam a asociar al trono a su hijo Ajaz, en el año 16 de su reinado. Ajaz, que reinó del 735 al 715 a.C., no hizo caso al mensaje de los profetas, e imitó en cuanto a culto al reino del norte (2R 16,3-4).
Cuando Judá fue atacado por Rezin II y Pekaj de Israel (episodio llamado guerra siro-efraimita) el profeta Isaías ofreció a Ajaz la ayuda de Yahweh (Is 7, 3-13). Ajaz rechazó el ofrecimiento del profeta y se volvió hacia Tiglatpileser III de Asiria, cuya ayuda pagó con los tesoros del Templo y de su palacio (2R 16,7-8). El tributo de Ajaz es mencionado también en una inscripción asiria de Tiglatpileser III. Cuando Tiglatpileser conquistó Damasco, Ajaz formaba parte del séquito real asirio.
En Damasco Ajaz asimiló los cultos locales e inmediatamente los introdujo en su propio reino, probablemente para complacer al monarca asirio. Desde Damasco Ajaz envió instrucciones para construir un altar como el altar asirio que había visto en Damasco. Ese nuevo altar reemplazó el que Salomón había erigido para ofrendas ígneas, y estuvo en uso por algún tiempo (2R 16, 10-16) .
Ajaz tomó a su hijo Ezequías como co-regente hacia el 729 a.C., cuando vió que el reino de Judá iba a ser amenazado por Asiria (2R19,1, 9-10). El reino de Israel se extinguió en efecto durante el reinado de Ajaz (723-722 a.C.).

En Israel
Dejamos el reino de Israel con el asesinato de Zacarías, concluyendo con la dinastía de Yehu que había durado noventa años, en el 752 a.C. Sólo treinta quedaban de precaria existencia al reino de Israel.
Sallum, el asesino de Zacarías, se convirtió en nuevo rey de Israel, inaugurando ese turbulento periodo de treinta años de anarquía y declive. Sólo reinó un mes (752 a.C.) y fue asesinado por Menahem (2R 15,8-15).
Menahem (752-742 a.C.) fue un gobernante cruel que eliminó la oposición con severas medidas (2R 15,16). En su tiempo parece que los territorios sirios controlados por Jeroboam II se perdieron, aunque el hecho no es mencionado en la Biblia. Reconociendo su incapacidad para resistir al poder asirio, Menahem voluntariamente pagó enormes sumas en tributo para que Tiglatpileser III le dejara en paz. Tiglapileser se aplacó, tal vez porque en esos momentos estaba ocupado restaurando el poder asirio sobre amplias secciones del territorio sirio. El tributo de Menahem, tomado del pueblo mediante tasas especiales, se menciona tanto en la Biblia (2R 15, 19-20) como en documentos asirios. Menahem murió, aparentemente por causas naturales, en 742 a.C.
Pekajiah, el hijo de Menahem, sólo pudo conservar el trono dos años (742-740 a.C.), cuando fue asesinado (como tantos otros reyes de Israel). Su asesino, Pekaj, asumió la corona y se mantuvo en el trono ocho años (740-732 a.C.).
Pekaj cambió la política pro-asiria de sus predecesores y concertó una alianza anti-asiria con Rezin II de Damasco. Así los sirios no tenían razones para atacar a Israel. Pero sirios e israelitas se lanzaron contra Judá, aparentemente para forzar al reino del sur a guerrear con ellos contra Asiria, o tal vez por otros motivos. Esta guerra es la llamada "siro-efraimita", como queda dicho. Aunque los confederados causaron grandes daños a Judá y se anexionaron parte de su territorio, no consiguieron que se uniera a la alianza anti-asiria. En cambio, el monarca judaita Ajaz recibió la ayuda (mas o menos indirecta) de Tiglatpileser III, que se dirigió contra el reino de Pekaj, ocupó la mejor y mayor parte del mismo (casi toda la Galilea y Gilead) y deportó a sus habitantes al norte de Siria y al norte y este de Mesopotamia (2R 16,5-9; 15,27-29). Esta inesperada invasión asiria de Israel rompió la antinatural alianza entre Israel y Siria, tanto más cuanto que Tiglatpileser III atacó también a los sirios, conquistó Damasco y capturó al rey Rezin II (732 a.C.). Siria y las zonas conquistadas de Israel fueron convertidas en provincias asirias y administradas desde entonces por gobernadores asirios.
El desdichado reinado de Pekaj terminó con otro asesinato. Oseas, el asesino, subió al trono como el vigésimo y último rey de Israel (733-723/22 a.C.). Tiglatpileser III presumió de haber puesto a Oseas en el trono de Israel, e indicó que Pekaj había sido depuesto por sus súbditos como consecuencia de su desastrosa política. Oseas pagó un pesado tributo primero a Tiglatpileser III y luego a su hijo y sucesor Salmanasar V, a cambio de ser tolerado como vasallo de Asiria (2R 17,3). La suma del tributo debió ser insostenible para el pequeño estado, que ya no comprendía más que una pequeña parte de su anterior territorio.
Deseperadamente Israel decidió rebelarse. Oseas formó una débil alianza con un débil rey de la dinastía XXIV de Egipto, cuya residencia estaba en Sais y cuya autoridad sólo cubría parte del país del Nilo (2R 17,4). Salmanasar V marchó entonces contra Israel, y puso sitio a la fuertemente fortificada capital, Samaria, pero sólo pudo capturarla después de tres años de asedio (2R 18,10). La caída de Samaria probablemente ocurrió en el último año de reinado de Salmanasar V (723/722 a.C.), posiblemente poco antes de su muerte. El sucesor de Salmanasar V, Sargón II, reclamó en sus inscripciones (realizadas años después de los sucesos a que se refieren) que había sido él quien había capturado Samaria durante el primer año de su reinado. Probablemente no fue así, al menos no como rey. Pudo haber sido jefe del ejército en ese momento y en esa condición haber conquistado la ciudad, y, tras la muerte de su predecesor, haber deportado (según declara en sus inscripciones Sargón II) 27.290 cautivos israelitas.
La caída de Samaria marca el final del Reino de Israel, tras una trágica historia de poco más de dos siglos. Tuvo veinte reyes, con un promedio de diez años y medio de reinado, de los que siete habían sido los asesinos de sus predecesores. El primer rey, Jeroboam (I) había introducido un culto yahvista "sui generis", con representaciones idolátricas de Yahveh. Sus sucesores lo fueron también en ese "pecado", y algunos añadieron el culto de Baal y Astarté.

Del 729 al 586 a.C. I. EZEQUIAS


Con la caída del reino de Israel la exposición historiográfica de los acontecimientos narrados en el Antiguo Testamento hebreo sólo se refiere ya al reino de Judá, que habría de durar otros 135 años.
Habíamos dejado el reino de Judá hacia el 729 a.C., momento en el que Ajaz hace co-regente a su hijo Ezequías. Para el reinado de éste hay una buena cantidad de información. Los acontecimientos narrados en 2R 18-20 tienen su paralelo en los capítulos 36 a 39 de Isaías y en los capítulos 29 a 32 de 2Cr. Otros datos se contienen también en Jr 26, 17-19 (respecto al ministerio del profeta Micah en tiempos de Ezequías). En cuanto a las fuentes extrabíblicas, los anales de Sargón II y de Senaquerib de Asiria recogen datos sobre las campañas asirias y la participación de Ezequías en esos eventos. La actividad arqueológica ha venido a completar el cuadro histórico del reinado de Ezequías.
Ezequías fue co-regente con su padre Ajaz durante catorce años antes de que éste muriera. Durante esos años el joven co-regente de Judá vio caer el reino (hermano o al menos pariente) del Norte, y vió deportada a su población a países lejanos y extraños (2R 18,1, 9-10). Y también durante esos años pudo haber sido fuertemente influído por algún líder religioso, tal vez el profeta Isaías.
Sean cuales fueren las raíces de sus profundas convicciones religiosas, Ezequías es descrito en la Biblia como un buen gobernante que inició una serie de importantes reformas cuando como gobernante único tuvo la autoridad para hacerlo. Esas reformas incluían la abolición de santuarios ilegítimos y la destrucción de objetos de culto en todo el país (2R 18,3-4), centralizando así el culto en el templo de Jerusalem. (Destruccion del "nejustán").
Uno de los objetos de su celo religioso debió ser el templo o santuario al aire libre en Beerseba al que había hecho referencia el profeta Amós en su denuncia de lugares de culto en Israel y en Judá (Am 5,15; 8,14). El arqueólogo Yohanan Aharoni descubrió el gran altar de este santuario durante sus excavaciones en los años setenta del pasado siglo en el complejo de almacenes del s. VIII. En los muros de los almacenes se distinguían algunos bien labrados bloques de piedra caliza de entre los más corrientes y de piedra arenisca comúnmente usada en las construcciones de Beerseba. Cuando se pusieron juntos esos bloques, como si de un rompecabezas se tratara, formaron un gran altar "de cuernos" de metro y medio de alto aproximadamente. Tres de las esquinas "de cuernos" se han conservado. La estructura cúltica de la que este altar formaría parte no ha sido encontrada; aparentemente el altar fue desmantelado, y tal vez el complejo del que formaba parte destruido, como parte de las reformas religiosas de Ezequías.
Por estas reformas religiosas Ezequías es muy estimado por el autor del libro de los Reyes (2R 18,3-7), que se basa en los escritos de Isaías (posiblemente el mentor de Ezequìas), como se desprende del hecho de que algunos pasajes de Isaías son copiados literalmente en el libro de los Reyes. Ezequías también resultó un eficaz monarca en otros aspectos: estableció control sobre algunas zonas de Filistea, reforzó el sistema de defensa nacional, especialmente en Jerusalem, y promovió el comercio y la agricultura.
Ezequías es también responsable de un notable logro técnico: la perforación de un túnel de unos 600 ms. en Jerusalem, desde el manantial del Gihon en el valle del Cedrón hasta una alberca inferior dentro de la ciudad (2Cr 32,4,30; 2R 20,20). De esta forma aseguraba a Jerusalem un suministro seguro de agua en tiempo de asedio. Hasta el día de hoy, después de más de 2.700 años, las aguas del Gihon fluyen aún a través de ese túnel a la piscina de Siloam.
En 1880, unos chicos que andaban por el túnel descubrieron accidentalmente una inscripción en hebreo (escritura paleohebrea) que conmemoraba la conclusión de los trabajos de perforación. La inscripción está actualmente en el Museo de Istambul.
Ezequías es mejor conocido aún por su fe en Yahweh durante las invasiones de Judá por Senaquerib. Ezequías había heredado el vasallaje a Asiria de su padre y parece que durante varios años pagó el tributo requerido a Asiria. En una de las inscripciones de Sargón el tributo de Judá es listado con los tributos enviados por Filistea, Edom y Moab. Durante el reinado de Sargón II Judá no tuvo aparentemente grandes problemas con los asirios, a diferencia de los filisteos contra los que Sargón II dirigió tres campañas. Sargón subyugó Gaza en el 720 a.C. Luego vendrían una segunda y una tercera campañas filisteas (en 716 y 712 a.C.). Los ataques asirios contra las ciudades filisteas de Ekron y Gibbeton están detallados en los relieves del palacio de Sargón en Korsabad. Su conquista de la filistea Asdod es conocida a través de los anales de Sargón y de la inscripción llamada "de la exhibición", así como por tres fragmentos de una estela de victoria levantada por el rey asirio en la propia Asdod. Una corta nota en Isaías (20,1), el único pasaje en que se menciona a Sargón en la Biblia, se refiere a a esa campaña contra Asdod. Ezequías probablemente perdió algún territorio ante Sargón en esos tiempos; Sargón se llama a sí mismo en una inscripción de Nimrud "el subyugador del país de Judá".
En los últimos años de su reinado Sargón estuvo muy ocupado en Mesopotamia y se abstuvo de dirigir campañas militares hacia el oeste. Sargón murió en el 605 a.C. y fue sucedido por su hijo Senaquerib. Después de la muerte de su padre, Senaquerib tuvo que hacer frente a varias rebeliones en distintas partes del imperio asirio. También Ezequías hizo planes para sacudirse el yugo asirio. Fortaleció sus defensas y se alió con los faraones etíopes de la XXV dinastía egipcia. El profeta Isaías se opuso vehementemente a esa política (Is 18,1-5; 30,1-5; 31,1-3), pero no pudo hacer cambiar de opinión a Ezequías. El profeta incluso expuso en público sus quejas cuando vió que no era escuchado, caminando desnudo y descalzo por las calles de Jerusalem y proclamando sus profecías contra Egipto y sus aliados, prediciendo todo tipo de desgracias si la política antiasiria continuaba (Is 20). Ezequías siguió en sus trece, determinado a romper con Asiria a todo precio.
Antes de que los asirios emprendieran acciones punitivas, Ezequías cayó enfermo. Esta súbita enfermedad, descrita en 2R 20, debió ocurrir en el mismo año de la invasión asiria. El profeta Isaías le prometió que curaría y que Senaquerib no tomaría Jerusalem.
Poco después de la curación de Ezequías llegaron a Jerusalem mensajeros de Marduk-apal-iddina, el bíblico Merodak-Baladan. Era un autoproclamado rey de Babilonia que había perturbado durante un tiempo a los asirios y que en ese momento vivía en exilio. Cuando Merodak-baladan supo de la rebelión de Ezequías contra los amos asirios y de su curación milagrosa, decidió ponerse en contacto con él, pensando tal vez que Ezequías le sería de utilidad para reconquistar el trono de Babilonia molestando a los asirios en la parte oeste del imperio y manteniendo así al ejército asirio lejos de Babilonia. Ezequías, por su parte, se apresuró a aliarse con alguien que estaba dispuesto a resistir a la máquina de guerra asiria, y recibió muy contento a los enviados de Merodak-baladan. Isaías se opuso a una alianza con el rey de Babilonia en el exilio como lo había hecho a una alianza con Egipto (2R 20,12 18).
Poco después, aún en el mismo año de reinado (2R 18,13), en el 701 a.C., el propio Senaquerib aparece en escena. Su ejército atravesó el país sembrando la destrucción. Demasiado tarde, Ezequías revisó su política y envió rápidamente un fuerte tributo a Senaquerib, que estaba en Lachish (al SO de Jerusalem). Este tributo está registrado en la Biblia (2R 18,14-15) y en los anales de los reyes asirios, difiriendo sólo en la cantidad de plata pagada (30 talentos de oro y 300 de plata, según el AT; 30 talentos de oro y 800 de plata, según las crónicas asirias). No parece que esto fuera bastante para Senaquerib, que exigió una rendición incondicional, lo que era inaceptable para Ezequías. Cuando el desastre parecía inminente, algo hizo volver a Senaquerib a su país. Los anales asirios recogen claramente que Jerusalem no fue tomada en esa campaña. Dicen esos anales que Senaquerib había tenido a Ezequías "prisionero en Jerusalem, como un pájaro en su jaula, sin que nadie pudiera entrar o salir", pero no proclaman que tomaran ni al rey ni a la ciudad.
Unos doce años más tarde, cuando Taharka de Egipto (689-664 a.C.) había subido al trono (2R 19,8), Senaquerib volvió a Palestina para habérselas con el desafiante Ezequías. (Hay que señalar que algunos autores atribuyen estos acontecimientos a la primera campaña de Senaquerib en el 701 a.C., y no a la segunda campaña de doce años más tarde). Senaquerib, durante su asitio a Lachish, despachó emisarios a Ezequías conminándole a rendirse. El rey de Judá, animado por Isaías, rehusó.
Mientras tanto el ejército asirio conquistó la plaza fuerte de Lachish. De ello nos quedan detallados testimonios en los frisos de Nínive (hoy en el Museo británico). La arqueología de los últimos años ha añadido más datos.
Desde Lachish el ejército asirio marchó contra Jerusalem y comenzó el asedio. Pero ante las puertas de Jerusalem el ejército asirio sufrió un gran desastre (2R 18, 17 - 19,36; 2Cr 32,9-21; Is 36,2- 37,37). Según la Biblia, un altísimo número de soldados asirios murieron en una sola noche, gracias a un milagro .//Ciento ochenta y cinco mil parecen muchos; lo que pasa es que el texto hebreo dice eso mismo, pero habria que entender 5.180, como en otros casos en el AT). Tal vez una epidemia de cólera o una plaga similar, propagada por ratas, diezmó el ejército asirio que levantó el campo y cuyos supervivientes volvieron a su lugar de origen. El historiador Herodoto, que visitó Egipto en el s. V a.C., oyó historias parecidas acerca de un desastre sufrido por el ejército de Senaquerib que le obligó a volver a casa cuando se disponía a invadir Egipto.
Ezequías pasó probablemente los últimos quince años de su vida reconstruyendo su devastado país. Unos diez años antes de su muerte hizo a su hijo Manasés co-regente,
II.- MANASÉS
Manasés reinó 55 años (696-641 a.C.), incluidos diez años como co-regente con Ezequías. Según los biógrafos bíblicos, el reino de Manasés estuvo lleno de impiedades y maldades. Reedificó los altares de Baal, sirvió la Asherah, practicó nigromancia, sacrificó niños, dio culto a todo “el ejército del cielo”, etc. Un midrash judío a 2Re 21,16 le hace especialmente responsable de esa "sangre inocente", insiste en su derramamiento de “sangre inocente”, y acusa a Manasés de odiar a Isaías y haberlo matado cortándolo en dos (Isaías se refugia en el hueco de un árbol y Manasés ordena serrarlo). Si fuera así Isaías sería muy anciano y hubiera servido y aconsejado (con variable éxito) a cuatro reyes de Judá durante más de medio siglo.
Los reyes asirios Asarhadón y Asurbanipal mencionan ambos a Manasés pagándoles tributo. Sin embargo, en algún momento de su reinado debió rebelarse, porque uno de esos dos reyes asirios vino y le cargó de cadenas y le llevó a Babilonia (2Cr 33,11). Parecería raro que le llevase a Babilonia en lugar de a Nínive, la capital asiria, pero es posible que Asarhadón, cuya madre era babilonia y que reconstruyó y embelleció Babilonia después que su padre Senaquerib la destruyese, considerase Babilonia prácticamente su segunda capital. La ofensa de Manasés no debía ser muy seria, porque fue perdonado y restaurado en su posición (2Cr 33,12-13). Mientras tanto, oficiales asirios pudieron haber administrado -y saqueado- Judá.
Manasés encontró un empobrecido país a su regreso de Babilonia. Según un documento asirio, Ammon pagaba como tributo dos minas de oro, Moab una mina de oro, mientras que la mísera Judá pagaba diez minas de plata.
Es interesante el doble tratamiento que el AT hace de la personalidad de Manasés. 2Cr 33,12-20 le presenta como arrepentido y como un ardiente yahvista a su vuelta de la cautividad asiria.
Después de la muerte de Manasés, su hijo Amón subió al trono (641-639 a.C.). Fue tan impopular que sus servidores le mataron tras un breve reinado de dos años (2R 21,18-26; 2Cr 33, 21-25).
III. JOSÍAS
Josías, hijo de Amón, subió al trono a los ocho años. Reinó 31 años (639-609). Aparentemente fue educado por un piadoso tutor que le hizo continuar en la tradición de Ezequías, su bisabuelo. A los 15 o 16 años comenzó a abolir los altos lugares, los pilares paganos sagrados y los altares de Baal (2 Cr 34,3) (aunque algunos autores consideran que ello debió tener lugar después de encontrar el libro de la ley, cuando Josías tenía ya unos 25 años). En el año 18 de su reinado (hacia el 622-621 a.C.) durante los trabajos de reparación (importantes) en el Templo, "apareció" un libro de la ley, tal vez el Deuteronomio. Josías se imbuyó de sus preceptos, y comenzó una drástica purga de paganismo e idolatría, no sólo en el reino de Judá, sino también en zonas del anterior reino de Israel (2 R 22-23; 2Cr 34, 6-7). Ello indica que Josías había establecido alguna forma de control político sobre territorios que desde el 722 a.C. eran posesiones asirias.
(Evidencia arqueológica en Arad y en Jerusalem. Muestra de eficacia en cartas de Lachish)
Por otra parte, algunas afirmaciones del profeta Ezequiel indican que el culto de algunos dioses aún se practicaba en secreto entre ciudadanos de Judá, algunos prominentes. Según Ezequiel, tal culto era practicado incluso en el Templo de Yahveh, hasta el mismo final de su existencia (Ez 8, 5-16) . Parece que la erradicación de las prácticas y cultos paganos era muy difícil.
Durante el reinado de Josías el imperio asirio se desintegró. Sus reyes Asarhadon y Asurbanipal se excedieron cuando invadieron Egipto y le hicieron parte de su imperio. Tan lejos del centro del imperio asirio, Egipto estaba casi fuera de control, y además tenían los asirios que hacer frente a los problemas con otras naciones inquietas que reiteradamente pretendían sacudirse su dominio. La mayor amenaza para el imperio asirio fue Nabopolasar, el rey caldeo de Babilonia, que la declaró independiente y estableció una alianza con la Media, quien durante cierto tiempo había dado problemas por el este a Asiria. En rápida sucesión, tras la muerte de Asurbanipal hacia el 630 a.C., una parte tras otra del imperio fueron cayendo. Hacia el 615 a.C. los asirios se defendían en su país de origen; Assur, una de sus primeras ciudades capitales, fue atacada por los babilonios. Al año siguiente Assur cayó ante un asalto de los medos. Finalmente, la capital, Nínive, fue destruida por un combinado medo-babilonio el 612 a.C.. Los restos del imperio asirio quedaron reducidos a algunas posiciones en Haran.
Durante ese periodo Josías debió recuperar parte de la economía de Judá y del control del territorio del reino de Israel, anteriormente bajo los asirios.
Mientras el colapso del imperio asirio beneficiaba a Josías, permitía también un renacimiento de Egipto. Cuando se debilitó el dominio de Asiria sobre Egipto, los faraones de la dinastía XXVI tomaron el control de su propio país, y es posible que también llenaran el vacío de poder creado por la impotencia asiria en Siria y en las zonas que rodean Judá e Israel. Los egipcios debieron mirar con aprensión el emergente poder de Babilonia, temiendo que sus reyes, tras extinguirse el poder de Asiria, quisieran asumir el control sobre los antiguos territorios occidentales del Imperio asirio. Por esa razón, primero Psamético I (663-609 a.C.) y luego Necao II (609-594 a.C.) decidieron tratar de parar el colapso asirio. Para los egipcios era preferible una Asiria debilitada pero aún viable, que actuase como colchón entre Siria (que los egipcios pretendían controlar) y Babilonia.
Josías tal vez pensó que los faraones egipcios tenían otros planes además de mantener simplemente viva a Asiria, como reconstruir el antiguo imperio egipcio en Asia. Sea como fuere, el faraón Necao II quiso marchar a través de Judá para ayudar a los asirios. Josías habría cerrado un acuerdo con Nabopolasar de Babilonia para resistir a Necao. O tal vez lo hizo por convicción de que si los egipcios y los asirios vencían a los babilonios, Judá tendría que someterse a uno u otro. Una u otra razón debió llevar a Josías a tomar su desafortunada decisión de resistir a la fuerza de Necao II en su camino a través de Judá para ayudar a los asirios.
Josías escogió los pasos del Carmelo cerca de Meguido para tratar de parar al ejército de Necao II. Esa batalla marcó el fracaso de la política pro-babilonia de Josías, que fue herido y murió al poco (2R 23,29; 2Cr 35, 20-24). Su ejército fue definitivamente vencido. Necao se apresuró hacia el norte sin aprovecharse hasta el fondo de su victoria sobre Josías. Estaba más preocupado por una victoria sobre Babilonia, con la cual tendría las manos libres no sólo en Judá, sino en Siria y otras naciones de la zona.
Aunque Judá se libró una vez más del destino de su vecino del norte, el país había sido desangrado por los pesados tributos. En época de Ezequias Jerusalem se salvó casi milagrosamente, pero el país había sido devastado por los ejércitos de Senaquerib. El surgimiento de Babilonia dio un cierto respiro durante la primera parte del reinado de Josías, pero hacia la muerte de éste en el 608 a.C. Judá no sólo estaba amenazado por Babilonia, sino que había sufrido a manos del resurgido Egipto. Los escritores bíblicos, que ven la historia política de su nación a la luz de la obediencia o desobediencia a Yahveh, declararon que todos esos infortunios eran debidos a la apostasía, aunque no indican cuáles son los pecados del piadoso Josías. Se refieren, en cambio, a las infidelidades a Yahveh de la mitad de los reyes de Judá, con lo que no era sorprendente que la nación fuera de mal en peor.

V. Los últimos años del Reino de Judá


A la muerte de Josías le sucede Yehoahaz (no era el mayor de los hijos del rey).

Parece seguir la política de su padre, pro-babilonia. Necao II entiende eso como anti-egipcia: citó a Yehoahaz en Riblah (en el N. de Siria), le tomó prisionero y lo llevó a Egipto. Reinó tres meses.

Necao II permite reinar en su lugar a Eliakim (Yehoyaquim), un hermano mayor que Yehoyahaz, de simpatías pro-egipcias. Reinó 11 años (608-598 a.C.). Nefasto/ impuesto extra/ ejecución de Uriyah hijo de Shemayiah/ derroche.

(Intento de matar a Jeremías: Baruch-Yerahmeel / sellos).

Hasta el 605 a.C. parece haber sido vasallo de egipto. Entonces Nabucodonosor (principe heredero aún) vence a los egipcios en Karkemish y en Hamat, y toma posesión "de facto" de Siria, Judá, el territorio del antiguo Israel y zonas vecinas. En su persecución de los egipcios apareció N. por Jerusalem y forzó a J. a vasallaje. Se llevó tesoros del Templo como botín y algunos hombres importantes (y prìncipes) como rehenes. (Entre ellos Daniel y sus amigos).
N. vuelve a a Babilonia al tener noticias de la muerte de su padre. Más adelante, haciendosele pesado el tributo a Yehoyaquim trata de volver los ojos hacia Egipto. Nabuco tiene un encontronazo con los egipcios, del que los dos salen mal librados.
N. parece haber permitido que algunas naciones vasallas atacasen Judá. En el 598/597 a.C. tropas babilonias estaban dispuestas a entrar en Jerusalem y a llevar prisionero a Y. Pero entretanto Y. muere. Se llevan más tesoros del templo y deportan a 3.023 judaitas.
A Y. le sucede Yehoyaquin, que sólo reinó 3 meses. Nabuco fue a Jerusalem a tomar prisionero al rey, que se rindió, junto con su madre y su equipo (el 15/16 de marzo del 597, según la crónica babilónica). Puso N. en su lugar a Zedequías (antes Matanías), tío del rey. N. se lleva lo que queda del tesoro del templo, 7.000 soldados y todos los artesanos que encontró.
Joaquín fue considerado rey de Judá incluso en el exilio. (Cómputo; raciones). El hijo de N., Amel-Marduk (Evil-Merodak de la Biblia), le libera 37 años después.
Zed. permanece más o menos fiel a N., hasta que en el 591 a.C. Psamético II (que va a Judá personalmente) promete a Z. todo tipo de ayuda en su posible rebelión contra el babilonio. Pero éste marchó contra Judá en cuanto se enteró de la alianza, y repitió, en cuanto a devastación, lo que hizo Senaquerib el asirio un siglo antes.
Cartas de Lakhish.. Sitio, caída y destrucción de Jerusalem (586 a.C.). Otra deportación (menos los pobres y campesinos).

Zedequías trata de escapar: le cogen cerca de Jericó (muerte de sus hijos-ceguera).

Godolías (Gedalyah) es nombrado gobernador (Mizpah centro en lugar de Jerusalem destruída). Sello de Yaazanyah (Tel en-Nasbeh).

Ismael, pariente de Zedequías y aliado de Baalis de Ammón, mata a G. (Sello de Tel el-Umeiri). Toma a los que quedan, y a Jeremías, y trata de unirse al ammonita. Le intercepta Jonatan (otro general de Zedequías), que libera a los cautivos. Ismael fuerza a Jeremías y a Baruch (su secretario) a huir con él a Egipto.


Así acaba la historia pre-exílica de Judá.





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