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CAPITULO II
LA UNIVERSIDAD LATINOAMERICANA:

ELITE Y CLASES
“¿Qué importa que la universidad

abra sus puertas de par en par al

pueblo si el pueblo no puede en-

trar por ellas ?”


José Luis Lanuza1
Nacimiento de la universidad en Latinoamérica
Las primeras universidades surgen en América Latina, a mediados del siglo XVI, por decreto real de la Corona Española o por bula papal, y son estructuradas a imagen y semejanza de la universidad española, especialmente la Universidad de Salamanca.2 El número de universidades continúa creciendo a paso lento durante los dos siglos siguientes. A fines de la época colonial, después de dos siglos y medio, en la América española había 19 casas de estudios superiores con licencia de universidades.3 En cambio, en la América portuguesa (Brasil) no se fundó universidad alguna en la época colonial.

En sus comienzos, todas las actividades giraban en tomo a su núcleo central: la Facultad de Teología. Posteriormente, se fueron agregando las facultades de Derecho Canónico, Civil y medicina.

La universidad colonial fue feudal, dogmática y escolástica y, aunque autónoma durante el tiempo en que estuvo regida por las órdenes religiosas, estaba sin reservas al servicio de la monarquía española y, de su dominación en América. En ella se formaban los funcionarios que necesitaba la metrópoli para el sometimiento y gobierno de las dilatadas colonias en las Indias Occidentales. La cultura original de la América morena, la precolombina, no quedó, en forma alguna, incorporada a la cultura universitaria; por el contrario, fue progresivamente eliminada por el proceso de cristianización que, en los hechos, implicaba la imposición de una cultura advenediza importada de España.

Paradójicamente, durante los siglos de la Colonia, hubo más interés en la fundación de universidades que en la creación de una red de escuelas elementales para la población.

A pesar de que la sociedad colonial latinoamericana no fue “apacible” y hubo frecuentes movimientos de rebeldía e insurrecciones - que acabaron por quebrantar las bases de la dominación colonial -, las universidades no desempeñaron ningún papel en ellos. Los próceres de la independencia no se formaron en esas aulas, sino en centros universitarios o academias militares europeos. Se podría citar como la excepción - y para honrar justamente su memoria - la participación de estudiantes universitarios venezolanos en la batalla por la independencia en La Victoria en 1814.

Los movimientos por la emancipación de las colonias, si bien tuvieron éxito al conseguir su objetivo de independizarlas, no tuvieron el carácter de revoluciones: la estructura social y económica de esos países quedó, en lo general, intacta. El único cambio fue el traspaso del poder político de manos de los peninsulares a las de los aristócratas criollos; en lo demás, la época republicana fue una continuación del feudalismo colonial. Como consecuencia de esto, la universidad no vivió ningún cambio significativo; en muchos casos, por el contrario, sufrió un decaimiento como producto de la ausencia de la ayuda que antes le prestaban las órdenes religiosas - una base importante de su sustentación - y, por otro lado, de la excesiva intervención del nuevo estado.

La Ilustración y la universidad napoleónica ejercieron su influencia sobre las jóvenes repúblicas y se generaron algunos intentos de mejorar la heredada universidad colonial o de reemplazarla por nuevas universidades, como ocurrió con la creación de la Universidad de Chile. Sin embargo, en muchos casos, como se trataba de un implantado, traído para satisfacción de las necesidades de las clases gubernamentales, no prestaría ninguna contribución al desarrollo autónomo de los países latinoamericanos ni a sus necesidades objetivas: continuaron siendo organismos discriminatorios de clase.
Composición social de la universidad
Desde su nacimiento, en la Edad Media, la universidad ha tenido una composición de clase. Esta composición, en lugar de corresponder a la variedad estructural de la sociedad en la época en que ha estado inserta, sólo ha respondido a los intereses de los grupos gobernantes. Aunque a través de los tiempos se han realizado movimientos de reforma y muchas universidades se han modernizado, muy pocas variaciones ha tenido su estructura social.

Como expresión de las capas más altas de la sociedad, los establecimientos de educación superior apenas se han modificado. También es inevitable reconocer que los esfuerzos realizados en este terreno han sido exiguos e insuficientes. Tradicionalmente la universidad, aun en los países occidentales más desarrollados, nunca ha sido la expresión de la sociedad como un todo. En especial, los hijos de las familias cuyo jefe de hogar es obrero, artesano, campesino o simplemente alguien de escasos recursos, están representados en una proporción mínima en las aulas universitarias. Y, curiosamente, aunque en todos los movimientos reformistas se ha mencionado este hecho, muy pocas o ninguna medida se ha adoptado para superar esta desproporción.

En América Latina ha influido pesadamente la herencia de la universidad española. La educación en el período colonial estuvo dominada por un odioso privilegio de casta. El pueblo no tenía derecho a la instrucción. En muchas universidades se exigía certificado de pureza racial para el ingreso de los postulantes.

El escaso número de jóvenes que asiste a la universidad en relación al grupo en edad de hacerlo (20 a 24 años) agudiza aún más el problema de la participación de todas las capas sociales. Hacia fines de 1967 sólo el 5% de los jóvenes de esa edad estaba en instituciones de educación superior, cifra pequeña comparada con un 16.7% en Europa y la Unión Soviética, o un 44% en Estados Unidos.4 De estos afortunados jóvenes, muy pocos provienen de familias obreras o campesinas. Y esto es particularmente agudo en América Latina.

En la tabla 1 se muestran los porcentajes de estudiantes de origen obrero o campesino en relación al cuerpo estudiantil en algunas universidades de América Latina.

En general, para América Latina como un todo, se estima que menos del 10% de los estudiantes universitarios proceden de familias de clase obrera.6

La exigua representación de las capas de menores ingresos queda en mayor evidencia si se considera la proporción de estas capas en la población activa de sus países. Por ejemplo, en Argentina forman aproximadamente, el 66% de la fuerza de trabajo; en México, el 75% de la gente son obreros, campesinos o trabajadores de servicios menores; en Uruguay, el 66%. En toda la región se considera que cerca del 80% de la fuerza de trabajo son trabajadores y obreros agrícolas.7 Así, resulta obvio que quedan prácticamente fuera de la educación superior.

Por otra parte, la enorme disparidad que se produce entre el número de egresados de la enseñanza secundaria (o, mejor dicho, de los postulantes a la universidad) y las plazas disponibles en la enseñanza superior, ha llevado a distorsionar la libre elección que pretenden hacer las universidades en sus.



Tabla 1

Porcentaje de estudiantes de origen obrero o campesino en relación

al total de estudiantes de cada universidad5

Argentina Universidad de Buenos Aires (1964) 8% (A)

Brasil Universidad de Sao Paulo (1960) 2% (B)

Bolivia Universidad Mayor de San

Andrés, La Paz (1966) 4% (C)

Colombia Universidad Nacional (1962) 5.4% (D)

Colombia Universidad de Los Andes (1962) 2.5% (D)

Colombia Universidad Javeriana (1962) 1.9% (D)

Chile Universidad de Chile (1969) 2.1% (E)

Chile Universidad Técnica del Estado (1963) 5.4% (F)

México Universidad Nacional Autónoma

de México (1964) 14% (G)

Perú Universidad Católica (1969) 8% (H)

Perú Universidad Agraria La Molina (1973) 9% (I)

Uruguay Universidad de la República (1968) 12% (J)

Venezuela Universidad Central de

Venezuela (1968) 11% (K)

procedimientos de ingreso. Aunque este problema se analizará más adelante, baste señalar que en Chile, en 1970, los postulantes a las universidades chilenas eran 50,539 y las plazas ofrecidas por ellas ese año sumaban apenas 18,827.

En numerosos países existen academias privadas que preparan a los candidatos para las pruebas de ingreso, pero a un costo tan alto que no están al alcance de los jóvenes hijos de familias de escasos recursos.8 Demás está decir que los estudiantes de provincias no tienen acceso a estas academias, porque la casi totalidad de ellas funcionaban en la capital.
La pirámide invertida
El investigador Aldo Solari realizó, en 1966, un interesante estudio en Montevideo comparando la composición de la población con la de los estudiantes en la Universidad de la República en esa ciudad. Obtuvo los siguientes resultados:9


Tabla 2
Relación entre la estratificación social en la ciudad de Montevideo

y la universidad de la República


Escala de estratificación En la Univ. En la

de la Repú- muestra

blica de Montevideo
1. Grandes agricultores y ganaderos

(más de 2,500 habitantes), grandes

industriales y comerciantes, cuadros

superiores de la administración pública

y privada. 6.7% 2.2%

2. Medianos agricultores y ganaderos,

medianos industriales y comerciantes,

profesionales universitarios 30.6% 10.2%

3.Profesores, técnicos, etc. 4.3% 13.7%

4.Pequeños agricultores y ganaderos,

artesanos, pequeños comerciantes,

jefes de menor grado en la administración

pública y privada 32.7% 9.4%

5.Empleados 9.7% 10.6%

6.Capataces y obreros calificados 3.6% 16.9%

7.Asalariados rurales, peones, empleados

domésticos, personal de tropa y policía 1.6% 29.7%

8.No activos 2.8% 7.1%

9.Sin datos 1.0% 0.2%

Del estudio se desprende que los grupos 6 y 7 (capataces y obreros calificarlos - asalariados rurales, peones, etc.), las capas más bajas de la sociedad, configuran el 46.6% de la población y que su participación en la Universidad es del 12.2%. Y, peor aún, según Solari, “en el momento del egreso todo nos lleva a pensar que las categorías más altas deben estar todavía mas representadas y, las categorías más bajas más subrepresentadas”.10


La Universidad de Chile
La Real Universidad de San Felipe fue creada por decreto de Felipe V en 1738 y comenzó sus funciones con diez cátedras el 11 de mayo de 1747 en la sala del Cabildo. Las principales cátedras eran teología, cánones, derecho canónico, artes y letras, medicina y matemáticas. Estas dos últimas no se pudieron iniciar por no encontrarse quién las proveyera, pues conforme a la cédula real, debían desarrollarse en latín.

Después de la Independencia y durante la época del florecimiento cultural que se produjo en Chile a partir de 1840, se pensó en reemplazar la famélica universidad real y colonial de San Felipe por una sólida universidad nacional, a iniciativa de Mariano Egaña. En 1842, el Congreso discutía y aprobaba la creación de la Universidad de Chile sobre la base de un estudio elaborado por Andrés Bello a Requerimiento del entonces ministro de Educación, Manuel Montt. La ley que creaba la Universidad de Chile se promulgó el 19 de noviembre de 1842 y su inauguración oficial se realizó el 17 de septiembre de 1843. Se comenzó con las cátedras de filosofía y humanidades, leyes y ciencias políticas, matemáticas y física, medicina y teología.

Tal vez lo más sobresaliente de la definición de la nueva universidad, dada por Andrés Bello, fue que la caracterizara como una entidad eminentemente nacional, concepto que debe considerarse válido aún hoy día. “El programa de la universidad es enteramente chileno: si toma prestada a la Europa las deducciones de la ciencia, es para aplicarlas a Chile. Todas las sendas en que se propone dirigir las investigaciones de sus miembros, el estudio de sus alumnos, convergen a un centro: la Patria”.11

En 1844, el ministro Manuel Montt estableció claramente ante el Congreso Nacional lo que el gobierno entendía por libertad académica: en la instrucción superior, decía, sólo deben "indicarse de un modo general los puntos que deben abrazarse en su curso, sin encadenar el genio del profesor ... y sin ponerle la menor traba en la exposición libre de sus principios".12 Durante más de un siglo la Universidad de Chile se inspiró en este concepto hasta la intervención militar 130 años después.

La Universidad de Chile por más de un siglo fue el auténtico centro de cultura, ciencia y arte del país y de otros países latinoamericanos. Junto a las demás universidades que se formaron posteriormente en el país con el esfuerzo de sus estudiantes y de numerosos profesores a través de sucesivas reformas, mantuvo vivas sus principales tradiciones. No hay duda que a ello contribuyó la relativa continuidad democrática del país.
Su composición social
Sin embargo, al igual que sus congéneres del continente, a pesar de experimentar avances en sus reformas, la composición social de las universidades chilenas se mantenía. Al verificarse un análisis estadístico basado en muestras de estudiantes de algunas escuelas de la Universidad de Chile en 1966, dentro de la capital, se obtuvo la tabla 3.13
El Instituto de Investigaciones Estadísticas de la Universidad de Chile llevó a efecto una investigación sobre la extracción de los estudiantes de esa universidad en el período 1968-69; se llegó a la conclusión de que sólo el 2.1% de los estudiantes era de extracción obrera y campesina. Y la investigación de los profesores Moisés Latorre, Ariel Leporati y Néstor Porcell14 (1963), encontró en la Universidad Técnica del Estado que la distribución social de los padres de los egresados de las carreras docentes, de acuerdo con sus ocupaciones era como se presenta en la Tabla 4.

Es interesante comparar estas cifras con las de la distribución de la renta nacional; ello ofrece un índice de la magnitud de la ausencia de las mayorías nacionales en la universidad latinoamericana.

De acuerdo a las informaciones de la Oficina de Planificación Nacional de Chile (ODEPLAN), en 1970, la distribución del ingreso en Chile era como puede verse en la Tabla 5.15

Se puede concluir, entonces, que el grupo popular que compone el 60.6% de la población chilena está representado en no más de un 6% en la universidad.




Tabla 3
Antecedentes socioeconómicos de los estudiantes en algunas

escuelas de la Universidad de Chile (1966)


Escuela de Historia Ciencias Medicina

Ingeniería


Alta 5% 3% 17% 5%

Media alta 25% 12% 7% 31%

Media media 36% 27% 40% 44%

Media baja 24% 45% 13% 15%

Baja 7% 13% 10% 3%

Sin respuesta 1% 1% 3% 1%

Tabla 4

Universidad Técnica del Estado. Distribución social de egresados (1963)


Capa alta 5.41%

Capas medias 81.09%

Agricultores 8.1%

Obreros 5.4%


Autoclasificación
Capa media (sin clasificar) 91.89%

Obreros 5.41%

Sin contestar 2.7%

Tabla 5
Distribución del ingreso en Chile, 1970
Ingreso por familia Número de % de % del ingre-

en sueldos vitales* familias familias so nacional


1 a 2 sueldos vitales 1,109,000 60.6% 17.2%

(clase baja)

2 a 10 sueldos vitales 685,000 37.4% 36.9%

(clase media)

Más de 10 sueldos vitales 37,000 2% 45.9%

(clase alta)


El sueldo vital corresponde a una suma mínima de ingreso familiar y, por lo general, era insuficiente o "no vital". Su valor lo fijaba el gobierno de año en año.

Las posibilidades

Hasta hace muy poco era predominante el prejuicio por el cual se menospreciaba la capacidad de las capas de bajos recursos de la población para la enseñanza superior, y sólo se destinaba para ellas la educación de tipo vocacional. Sin embargo, esta situación tenía hondas raíces económicas. Muchas familias modestas ni siquiera pueden costear una educación primaria completa para sus niños y son raros los hijos de los “pobres” que logran terminar la escuela secundaria. Mucho menos, financiar una carrera universitaria. Y no sólo se trata de que no puedan pagar los gastos de la educación, sino, pero aún, que las familias humildes necesitan del salario que ese muchacho puede ganar. Las necesidades van en aumento a medida que la familia crece ; el poder administrativo del salario del padre disminuye - por el estado permanente de inflación en los países latinoamericanos_ y en muchos casos el padre ve reducida, junto con el paso de los años y la aproximación de la vejez, su capacidad para incrementar los ingresos familiares.

El presidente de la Central Unica de Trabajadores de Chile, Luis Figueroa, escribía dramáticas palabras en la revista de la Universidad Técnica del Estado, en 1969 :16

En teoría todos los ciudadanos son iguales ante la ley; todos tienen libre acceso a la educación, incluida la universidad.

Pero todos sabemos que en la realidad, en la practica diaria de la vida, en las familias de los trabajadores debe trabajar todo el núcleo familiar. La explotación llega a la magnitud que no baste el jornal del padre de familia. Los hijos trabajosamente van a la escuela primaria.

Apenas pueden realizar una actividad son arrancados de la escuela para ganarse la vida y contribuir al sostenimiento del hogar.

¿Cómo pueden en tales condiciones los hijos de los obreros, si no es a costa de inmensos sacrificios, completar su educación secundaria y luego seguir en la educación universitaria?

¿Es esta la pretendida igualdad de oportunidades de que nos habla la ley y que se nos repite siempre por quienes quieren seguir manteniendo el orden antiguo? ¿Cómo concebir que los trabajadores no tengamos aspiraciones para nuestros hijos? ¿Cómo creer que queramos perpetuar nuestra condición de ciudadanos de segunda o tercera clase?

Por el contrario: nosotros hemos inscrito entre las reivindicaciones fundamentales de los trabajadores el derecho a su desarrollo, a su educación completa. Hemos luchado en el pasado y luchamos en el presente por ese derecho.
El drama comienza en la temprana infancia ...
Desde muy temprana edad comienza a marcarse las diferencias entre los niños de los distintos grupos sociales. La primera de estas diferencias es la nutrición. Por ejemplo, en 1969 una familia pudiente invertía el 24% de su presupuesto en alimento gastando 7.9 escudos al día; en cambio, una de bajos ingresos gastaba el 54% de su ingreso en alimentos, esto es, 1.85 escudos al día para comer17 Un estudio de 1968 determinó que en Curicó el 13% de los niños empezaba a desnutrirse en el quinto o sexto mes de vida; al final del primer año la desnutrición afectaba al 40% de ellos y al 70% cuando cumplían los 7 años.18 Ruth Rice y Carlos V. Serrano, de la Organización Panamericana de la Salud, realizaron un estudio sobre las "Características de la mortalidad en la niñez" entre los años 1968 y 1970 que, en el caso de Chile, mostró que en dicho período el 55.5% de los niños fallecidos antes de los 5 años "acusaban deficiencia nutricional y/o inmadurez como causa básica o asociada de mortalidad".19

La desnutrición ha sido característica permanente de gran parte de los chilenos. Estadísticas de 1935 y 1960 muestran que no ha habido variación sustancial en todos esos años.20 Solimano y Hakim, en su libro sobre desnutrición en Chile, llegan a la siguientes conclusiones:

1. El promedio de peso y altura de los niños chilenos al nacer son similares a los niveles de Estados Unidos.

2. El monto del crecimiento y desarrollo entre niños de hogares de clase media y alta en Chile son los mismos que los observados en los niños norteamericanos.

3. A partir de la edad de seis meses, aproximadamente, comienzan a aparecer significativas diferencias en peso y estatura entre los niños chilenos de clase baja o media baja con respecto a aquellos niños de otros niveles socioeconómicos, y la magnitud de estas diferencias es mucho mayor que las encontradas entre niños norteamericanos de distintos niveles de ingreso. Los sectores chilenos afectados por esta situación conforman más de un tercio de la población del país.21

Entre los años 1964 y 1965, un equipo de investigadores dirigidos por el doctor Ita Barja realizó, en Chile un estudio sobre peso y talla entre más de 5,000 niños en edad preescolar en zonas urbanas y de acuerdo a su situación socioeconómica.22 Se obtuvieron de esta investigación los siguientes resultados:



Tabla 6
Promedio de peso (en kgs.) de niños preescolares por edad y grupo

socioeconómico (Santiago de Chile, 1964-65)


Edad Alta Media Baja Diferencia entre las

(años) n=315 n=3.696 n=1.093 clases alta y baja


1 10.5 9.4 8.7 1.8

2 13.0 11.8 10.5 2.5

3 14.9 13.9 12.4 2.5

4 16.9 15.5 14.6 2.3

5 18.8 17.1 15.9 2.9


Tabla 7
Promedio de talla (en cms.) de niños preescolares por edad y grupo

socioeconómico (Santiago de Chile, 1964-65)


Edad Alta Media Baja Diferencia entre las

(años) n =115 n=3.696 n = 1.093 clases alta y baja


1 74.0 72.0 74.7 (0.7)

2 86.0 83.7 81.5 4.5

3 96.0 92.4 87.1 8.9

4 103.5 99.0 94.5 9.0

5 109.0 104.5 99.8 9.2

1968 y 1969, la dirección de Estadística y Censos realizó una encuesta entre más de 1,800 dueñas de casa para determinar el presupuesto familiar y su distribución en el Gran Santiago. Basado en esta encuesta, el economista Flavio Machicado realizó un estudio en el que tradujo a calorías y proteínas per cápita lo que cada familia Divertía en alimentos de acuerdo a sus ingresos. Los resultados pueden verse en la Tabla 8.23


"Dado que es necesario un promedio aproximado de alimento diario de 2,400 calorías, es razonable suponer que familias con niveles de consumo inferiores a 2,000 calorías per cápita están nutricionalmente en serios riesgos, y que, además, uno o más miembros de esa familia están probablemente desnutridos", comentan el doctor Solimano y Peter Hakim a propósito de esta tabla. 24
Linus Pauling, en su conferencia con motivo de la ceremonia del acto de clausura del año académico en la Universidad Técnica del Estado, decía: "Los pobres de todo el mundo ya comienzan mal su vida. La hambruna y la desnutrición en el feto y durante la niñez conducen a cuerpos débiles y mentes débiles. La mayoría de la gente del mundo sufre una disminución de sus aptitudes mentales a causa de una mala nutrición precoz". 25
Junto a la desnutrición se encuentra lo que podría llamarse la "desnutrición cultural". Los hijos de las familias de trabajadores, de campesinos y otras de bajos recursos viven en un ambiente "cultural" muy inferior a los de los otros grupos sociales. Por lo general, apenas se pueden preocupar del infante que está en un cajón o un canasto la mayor parte del día y, luego, la calle se transforma en su principal "escuela". Ya más grande no escucha conversaciones sobre temas que le sirvan para su desarrollo y hasta el lenguaje que aprende le significa una desventaja posterior; ve pocos libros o periódicos, todo esto en contraste con otros niños en cuyos hogares hay, libros, música, se conversa sobre temas de mayor trascendencia, ve televisión, va al cine, asiste a espectáculos artísticos y hasta viaja. No hay duda alguna que con estos estímulos puede desarrollar mejor su intelecto y estar más apto para las competencias escolares. En especial, esto es así cuando la educación ha sido diseñada y mantenida para acentuar las diferencias de clase y estratificar aún más la sociedad, cuando la educación no tiende a despertar la inteligencia de toda la población, sino la de un sector privilegiado.



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