Los límites de un capitalismo sin ciudadaníA



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Gasto de investigación y desarrollo experimental (IDE)
para fines militares, 1985


(incluye solamente inversión de recursos públicos)



Mandel discute la tesis de Vance quien afirma que el gasto de defensa frena el desarrollo de la composición orgánica de la economía civil. Vance no percibe una retroalimentación entre la economía militar y la civil. Mandel, en cambio, argumenta que esa retroalimentación sí existe entre ambos sectores y, por tanto, también el spin off(Mandel, 1972: 247).

La discusión en tomo a la retroalimentación se ha retornado en fechas más recientes por Nadal Egea (1991) y Molas Gallart (1991). El último afirma que la causa de la separación progresiva entre la economía militar y la civil "es la extrema complejidad de los programas militares y los altos niveles de inversión que requieren" (Molas Gallart, 1991: 389s.). Mientras que para el primer autor:


Es posible comprobar que las industrias ligadas al sector defensa son, en términos generales, malas exportadoras de tecnología hacia el sector civil (Nadal Egea, 1991: 257).
La enorme inversión en la industria de misiles y vehículos espaciales (casi un tercio de todos los fondos federales estadounidenses para el IDE), debido al alto coeficiente de intensidad tecnológica tuvo un coeficiente de exportación tecnológica hacia otras industrias de apenas 3,4 % (midiéndolo mediante un traspaso de patentes), en tanto que la exportación hacia otras industrias dentro de la propia esfera civil alcanzaba casi el 50% (Ibid.: 254- 257). El criterio fundamental en estas últimas ramas sería el alto desempeño tecnológico que se aleja del ntorno en la economía civil. La aplicabilidad del producto tecnológico obtenido en la industria espacial a la economía civil se ha tornado cada vez más difícil. Se reduce así la retroalimentación entre ambos sectores y se subraya el carácter netamente improductivo del gasto de defensa.

6. Un desencuentro de vitalidad

y eficiencia en torno a la naturaleza
La economía del despilfarro en general y el complejo industrial militar en particular, ponen en peligro la reproducción de los recursos naturales y con ello minan una de las condiciones objetivas para el proceso de reproducción en general. Desde los años setenta se estudia la relación entre la economía y la ecología de una manera más o menos sistemática. Podemos señalar a autores como Taylor (1970), Mc Harg (1969), Beckerman (1972), Downs (1973), Pearce (1976 y 1985), entre otros. Sin embargo, no nos interesa aquí la relación entre la economía y la ecología en general, sino el (des)encuentro entre vitalidad y eficiencia en torno a la riqueza natural.

Cuando la riqueza producida bajo forma de valor, esto es la riqueza contable, crece a costa de la vida media social de los valores de uso, la realización de valor y plusvalía se multiplica en el tiempo a costa de la riqueza existente bajo la forma de valores de uso socialmente cada vez más perecederos. Al perecer socialmente a una velocidad creciente, los valores de uso necesitan ser reproducidos a un ritmo siempre más alto para atender, al final de cuentas, las mismas necesidades, o necesidades crecientemente fetichizadas, en lugar de satisfacer otras necesidades menos enajenadas o necesidades de personas necesitadas. La fetichizaión de las necesidades las transforma en simples deseos, cuya existencia y satisfacción se supeditan a la eficiencia. De este modo se subordina la satisfacción de necesidades que brindan vitalidad a las condiciones objetivas de la reproducción: recursos humanos, naturaleza, y la sociedad como un todo.

La valorización del capital implica una espiral de despilfarro de riqueza por dos vías. La permanente acumulación mediante la cada vez más agresiva de valor, lleva a un asalto más y más grande a la naturaleza. (Véase Gutman, 1986; Morin, 1980; Bifani, 1980; Schmidt, 1976, entre otros).
La racionalidad de la explotación capitalista de los recursos naturales ... buscando la maximización de las ganancias privadas en el corto plazo, produjo una disminución de la capacidad productiva de los ecosistemas tropicales (Leff, 1986: 47).
Para el capital la naturaleza es un factor externo a la economía. “Con el capital la naturaleza se hace un objeto subordinable y deja de ser vista como una fuerza en sí" (Quaini, 1977: 123). Mientras la riqueza natural se reproduce por sí sola o resulta sustituible en el espacio, ésta no tiene valor y no entra en la contabilidad de una economía monetizada, y por consiguiente no se concibe como riqueza. Su despilfarro, pues, tampoco es concebido como una pérdida de riqueza sino que más bien, al permitir una valorización más frecuente, se lo concibe, irracionalmente, como un incremento de riqueza.

Desde el punto de vista de la eficiencia tenemos la paradoja de que cuanta más riqueza natural se despilfarra para la valorización del capital, más desarrollo tenemos y más riqueza contable se produce. La disminución de la vida media social de los valores de uso significa, por otro lado, su retorno al medio ambiente como desechos. Al dejar de ser portadores de valor, los productos pierden su verdadera misión en una economía monetaria y retornan al medio ambiente bajo la modalidad de desechos, contaminando la naturaleza y degradando el medio. En términos de la racionalidad de la eficiencia hay desarrollo, pero en términos de la racionalidad del Bien Común podrá haber más pérdida de riqueza que producción de ésta.

¿Tiene el propio capitalismo mecanismos internos que eviten la progresiva destrucción de la naturaleza y la degradación del medio ambiente? Veamos esta pregunta en perspectiva global. En los comienzos del capitalismo, cuando la naturaleza era relativamente abundante para las necesidades de reproducción del capital, su explotación era extensiva. Cuando ella se agota relativamente en unos países (Europa), la explotación fue abarcando de forma creciente los recursos naturales de los países periféricos. La naturaleza y la reproducción natural han participado de modo significativo en la reproducción ampliada del capital a nivel mundial.
De esta manera el capital, en su expansión internacional, se fue apropiando de recursos de los diferentes ecosistemas del planeta; su abundancia relativa durante los primeros dos siglos de la acumulación capitalista permitió que la investigación no se orientará hacia el estudio de las condiciones de preservación y reproducción de los recursos naturales (Leff, 1986: 34).

No obstante, esta reproducción ampliada, sobre todo a partir de su fase monopólica, no sólo se amplía en el espacio sino que también se intensifica, como vimos, en el tiempo, haciendo necesaria una explotación siempre más intensiva de los recursos naturales y una mayor contaminación de la naturaleza.

De esta forma, la reproducción ampliada del capital fue induciendo ritmos crecientes de explotación de recursos naturales limitados, o de recursos bióticos cuya regeneración requiere ritmos más lentos que los impuestos por la reproducción del capital. El agotamiento creciente de recursos que genera este proceso produce una tendencia hacia el aumento en los precios de las materias primas y de las mercancías en general... todo lo cual crea un obstáculo para la re-elevación de la tasa de plusvalía y de la tasa de ganancia (Ibid.: 39).

Cuando la regeneración de los recursos naturales finitos o de los recursos bióticos requiere ritmos más lentos que los impuestos por la reproducción ampliada del capital, se genera un desequilibrio entre ambos procesos de reproducción. Como el proceso de reproducción del capital es un proceso de valorización que únicamente puede nutrirse en tanto que tenga contenido, al agotarse éste se obstruye el proceso. El desequilibrio entre el proceso de reproducción del capital y el de la naturaleza, produce una tendencial necesidad de conservar la naturaleza cuando ésta ya no puede ser sustituida.

La innovación de nuevas tecnologías "ambientales", capaces de realizar una explotación más racional _---desde el punto de vista de la reproducción de recursos naturales-- de los diferentes ecosistemas, se ha convertido en condición necesaria de la supervivencia del capital... Estos recursos tecnológicos son, sin embargo, insuficientes para vencer los efectos de la acumulación capitalista sobre la destrucción ecológica (Ibid. 40).

Las condiciones naturales de producción se vuelven así paulatinamente en contra de la racionalidad del capital, originando una discusión ecológica cada vez más intensa. Esta discusión, y la política ambiental que ha resultado de ello, se desarrollan en un ambiente donde una solución real a la crisis ambiental se profundiza poco a poco, antes de brindar la solución.

La política ambiental ha tenido la tarea de restaurar la racionalidad del mercado mediante la ampliación de la misma al medio ambiente. La economía neoclásica brinda para ello el fundamento teórico: se crea un nuevo mercado al dar un precio al medio ambiente, al hacer un cálculo de costos por pérdida de funciones (Verhagen, 1978: 18).

El principal problema, a partir de entonces, se reduce a la existencia o no de datos para el cálculo de esos costos.

Paradójicamente, el mismo capital que ha generado la crisis ambiental se beneficia de ella a partir de la política ambiental... La política ambiental genera una nueva industria lucrativa -la eco-industria- de dos maneras: el Estado genera un mercado para el instrumental de medición ... y el Estado crea un mercado para tecnología de limpieza ambiental (Idem).

Una vez realizada la cuantificación de tales gastos ambientales y la medición de los grados de contaminación, bajo la racionalidad de la eficiencia, se pasa a la compra de los derechos de contaminación, de derroche de recursos naturales, etc., más que a resolver el problema en su raíz. Los costos ambientales entran en los costos generales de producción. De este modo,

.. .1os expertos en materia de medio ambiente han llegado a reconocer que la economía de mercado ha generado la crisis ecológica, pero que los mismos principios del mercado aplicados al medio ambiente brindarán la solución a la misma (Krusewitz, 1976: 82).

Autores críticos como Taylor (1970) o Leff (1986), analizan más bien las limitaciones de la economía neoclásica para reducir la crisis ecológica a la economía de mercado.

La dificultad para evaluar y operacionalizar estos procesos ecológicos ... en el cálculo económico y en las acciones concretas de la planificación, ha implicado que la gestión ambiental de desarrollo, en un sentido más amplio, haya quedado limitada ... al marco de análisis de una economía política de la contaminación (Leff, 1986: 138).

Al contraponer la racionalidad económica del mercado con una que apunta a la vitalidad y que parte del Bien Común, el autor concluye:

La economía de la contaminación evalúa el deterioro ambiental corno equivalente a una cantidad de recursos que hay que destinar para devolverlo a su estado natural. Empero ... no existe una inversión posible capaz de regenerar los ecosistemas llevados a cierto grado de transformación o degradación (Ibid.: 143).

y algo más adelante añade:

Los costos de rehabilitación del proceso ecodestructivo generado por la racionalidad económica fundada en un cálculo económico en términos de valor de mercado, es inconmensurable con el potencial productivo de un manejo integrado de los recursos generado a partir de los principios de una racionalidad ... orientada por otros objetivos y valores (lbid.: 143s.).

La racionalidad de la que habla Leff aquí es la que parte del Bien Común. A nivel de la reproducción de los recursos naturales ha quedado claro ya desde hace décadas que el Bien Común no puede ser definido sino a nivel mundial. Sin embargo, en tanto que la economía de mercado promueve la eficiencia de las partes privadas es difícil encontrar un real compromiso con la totalidad en el campo eco lógico.

La primera realidad a la que hay que hacer frente, si es que existe un serio interés por la conservación de los recursos, es que se trata de una cuestión mundial... Tiene poco o ningún interés el que uno o algunos países opten por una política de conservación de los recursos si otros continúan con una política de despilfarro (Closkey, 1988: 136).

Algo más adelante el autor precisa aún más su argumento mostrando conciencia de los actores que se escapan a los controles nacionales, al señalar que

... un enfoque mundial también es necesario porque una política de conservación seria dicta que las empresas multinacionales ... deben ser controladas y responsabilizadas ante la comunidad mundial de naciones (lbid.: 136s).

La preocupación por el Bien Común de los teóricos políticos y morales que se refieren a la ecología, se relaciona con la conservación de las especies vegetales o animales y de las tierras vírgenes. No toda preocupación por la conservación, sin embargo, se orienta por el Bien Común. La preservación como un fin en si mismo, y el conservacionismo que de ahí se deriva, es políticamente intolerante. Si no caben todas las especies, la conclusión de estos conservacionistas es que ceda entonces la especie humana.

El conservacionista políticamente intolerante exige que el Estado actúe con intolerancia, que imponga sus propias preferencias y juicios de valor a la comunidad en general, aunque actuar así sea ir en contra del bienestar de la comunidad, incluso de la comunidad mundial (Ibid.: 129).
Si se quiere conservar los recursos naturales, es preciso cambiar la política de laissez faire que acaba con la naturaleza (Kraft, 1977: 186). Sustituir el libre juego del mercado por un plan conservacionista centralizador corre el gran riesgo de recurrir a soluciones conservacionistas totalitarias. En este contexto, Closkey propone una regulación ecológica, vinculada a una regulación económica.

Mucho podría lograrse reduciendo el desperdicio sin bajar los niveles de vida o de disfrute ... Los partidarios de la doctrina del no crecimiento muestran una increíble insensibilidad hacia las necesidades y los derechos de las naciones y de sus habitantes ...En lugar de incentivos al despilfarro, se podrían introducir desincentivos en contra del despilfarro (Closkey, 1988: 145).

Esta regulación tiene que tener un horizonte que parta del Bien Común. En este contexto finaliza el autor:

El único camino realista y abierto que conduce a la reforma política pasa por las instituciones políticas de una sociedad abierta que respete los derechos humanos (Ibid.: 170).



Capítulo II

Globalización y economía de casino

1. La llamada "guerra de clases desde arriba"

Podemos distinguir, a partir de la Segunda Guerra Mundial, dos grandes períodos que conducen a la actual crisis financiera en la que nos encontramos. El primer período es de fuerte inversión productiva y de crecimiento sostenido con una clara intervención estatal que conllevó una progresiva inclusión social y, a menudo, una implicación negociada de la clase trabajadora mediante un contrato social. En el segundo período, que comienza a finales de los años sesenta y principios de los setenta, las inversiones tienden a abandonar paulatinamente la esfera productiva, al tiempo que adquieren un carácter cada vez más transnacional. Esta tendencia se manifiesta a través de la expansión del capital financiero a nivel planetario. Es a la vez el período del desmantelamiento del Estado Intervencionista Social, de la progresiva exclusión y una pérdida de implicación negociada de la clase trabajadora.

El primer período significó una reproducción ampliada del capital productivo (formación de capital fijo), y con ello un impulso a la productividad de trabajo y por ende al crecimiento económico (véase los cuadros No. 2.1.1 y No. 2.1.2). En el segundo, al disminuir la inversión productiva, pierde productividad el capital (véase el cuadro No. 2.2) y se desarrolla una apuesta a un mayor grado de explotación en el futuro. Con el abandono de la esfera productiva, se acentúan los mecanismos de redistribución y concentración de la riqueza existente. Durante los últimos veinte años se ha hecho lo imposible por concretar esta apuesta sin lograrlo. Ahora en éstos
días toca evitar una repetición de 1929, no por razones humanistas, sino porque una destrucción incomparable del capital ficticio sacu- diría al capitalismo hasta sus cimientos (Bonefeld-Holloway, 1995: 23).
Cuadro No. 2.1.1

(Des) aceleración en el crecimiento después de 1950


(cambios en tasas medias anuales compuestas de crecimiento)








Ascenso de







Descenso de




1913-50 a 1950-73

1950-73 a 1973-89




Pob

PIB

PIB

Pro-

Pob

PIB

PIB

Pro-










plc

ducti.







plc

ducti.













de tra-










de tra-













bajo










bajo

Australia

0,8

2,5

1,7

1,2

-0,8

-1,6

-0,7

-0,9

Austria

0,3

5,1

4,7

5,0

-0,4

-2,9

-2,5

-2,2

Bélgica

0,2

3,1

2,8

3,0

-0,4

-2,0

-1,5

-1,4

Canadá

0,5

2,0

1,4

0,5

-1,0

-1,5

-0,4

-1,1

Dinamarca

-0,4

1,3

1,6

2,5

-0,6

-2,1

-1,5

-2,5

Finlandia

-0,1

2,2

2,4

2,9

-0,3

-1,8

-1,6

-3,0

Francia

0,9

3,9

2,9

3,1

-0,5

-2,7

-2,2

-1,8

Alemania

1,7

4,6

4,2

4,9

-0,9

-3,8

-2,9

-3,3

Italia

0,0

4,1

4,2

3,8

-0,4

-2,7

-2,4

-3,2

Japón

-0,1

7,1

7,1

5,8

-0,4

-5,4

-4,9

-4,5

Holanda

-0,1

2,3

2,3

3,5

-0,6

-2,7

-2,0

-2,4

Noruega

0,0

1,2

1,1

1,7

-0,4

-0,1

0,4

-0,7

Suecia

0,0

1,3

1,2

1,6

-0,4

-2,0

-1,5

-2,8

Suiza

0,9

1,9

1,0

0,6

-1,2

-3,2

-2,1

-2,1

Reino Unido

0,2

1,7

1,7

1,6

-0,4

-1,0

-0,7

-0,9

EE.UU.

0,2

1,2

0,6

0,1

-0,4

-0,9

-0,6

-1,5

Promedio

0,3

2,8

2,6

2,6

-0,6

-2,3

-1,7

-2,1

Fuente: Maddison, 1991: 129.


Cuadro No. 2.1.2


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