Los límites de un capitalismo sin ciudadaníA



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LOS LÍMITES

DE UN CAPITALISMO

SIN CIUDADANÍA

Coleccion UNIVERSITARIA

COMPOSICION TIPOGRAFICA: Lucía M. Picado Gamboa


330.122

D563-14 Dierckxsens, Wim.

Los límites de un capitalismo sin ciudadanía:

por una mundialización sin neoliberalismo/ Wim Dierckxsens.


-4a. ed.- San José, Costa Rica: DEI, 1998.

205 págs.; 21 x 14 cms. (Colección Universitaria).


ISBN 9977-83-114-9

(ISBN 9977-83-106-8 Tercera edición)




  1. Capítalismo.

  2. Globalización.

  3. Neoliberalismo.

  1. Economía de mercado.
    1. Título.

Hecho el depósito de ley


Reservados todos los derechos
Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este libro
ISBN 9977-83-114-9

(ISBN 9977-83-106-8 Tercera edición)


© Editorial Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI), de la edición en
español, San José, Costa Rica, 1998.
© Wim Dierckxsens, 1998.
Impreso en Costa Rica; Printed in Costa Rica
PARA PEDIDOS O INFORMACION DIRIGIRSE A:
DISTRIBUCIONES DEI, Lta
Departamento Ecuménico de Investigaciones
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SABANILLA
SAN JOSE - COSTA RICA
Teléfonos 253-0229 • 253-9124
Fax (506) 253-1541
Contenido

Presentación 11

Introducción 13

Capítulo 1

Eficiencia versus Bien Común 29



  1. Economía y Bien Común 29

  2. Trabajo productivo e improductivo y Bien Común 33

  1. La reproducción y el concepto de vitalidad 38

  1. La sociedad de consumo vista a partir

de la eficiencia y la vitalidad 40

  1. Vitalidad eficiencia y armamentismo 44

  1. Un desencuentro de vitalidad y eficiencia

en tomo a la naturaleza 51

Capítulo 11

Globalización y economía de casino 57

1. La llamada "guerra de clases desde arriba" 57


  1. La conexión entre dinero y trabajo productivo 63

  1. La privatización de la conducción

monetaria internacional 66

  1. La desvinculación entre economía real

y virtual en perspectiva histórica 69

  1. Los horizontes de un retorno al trabajo productivo 74

Capítulo III

Globalización: la génesis de

Estados Privados sin Fronteras 79



  1. Globalización: hacia una economía sin crecimiento 79

  1. Desarrollo de Consorcios Privados

sin Fronteras en la Tríada 83

  1. Los Estados Privados sin Fronteras

y los Bloques Económicos 93

  1. América Latina ante los Estados Privados

y los Bloques Económicos 95

Capítulo IV
Globalización: la génesis

de un mercado mundial de trabajo 107

Introducción 107


  1. El Estado de Bienestar y la ciudadanía

a partir de las relaciones del mercado 108

  1. La mundialización del mercado laboral 117

  2. Economía-mundo, división de trabajo y ciudadanía 124

  1. Los nuevos ejes organizativos

en una economía mundializada 128

Capítulo V
Globalización: la génesis

de Estados Privados sin ciudadanía 133



  1. La lógica del capital

en una economía sin crecimiento 133

  1. La supeditación de la cuestión gremial

y social al interés de las transnacionales 134

  1. Los ciclos de intervención y desregulación

y el papel histórico del Estado-nación 136

  1. Los límites de una ciudadanía

en un capitalismo sin fronteras 140

  1. Los límites de un capitalismo sin ciudadanía 143

  1. La lucha por la inclusión a costa de otros versus
    la lucha por una sociedad donde haya lugar

para todos: escenarios futuros 146

  1. Los límites de una geopolítica sin ciudadanía 148

  1. El abandono obligado del neo liberalismo

a partir de una recesión mundial 153

  1. Hacia una regulación mundial a partir

del Bien Común global 155

10. El vacío regulador para una mundialización

con ciudadanía mundo 159

Capítulo VI

Hacia una alternativa con ciudadanía 163



  1. La conciencia creciente acerca de los límites

del neo liberalismo 163

Buscando el Bien Común de la humanidad 169

2.1. Hacia una nueva regulación económica

donde la vitalidad prevalece sobre la eficiencia 170

2.2. La regulación planetaria como alternativa

al neoliberalismo , 173

2.3. Hacia una nueva regulación económica

que impulse una nueva racionalidad económica 175

2.4. Hacia una regulación económica

que parta de la ciudadanía 176

2.5. Regulación económica planetaria y el Estado 179

3. El sujeto en una mundialización

que parta de la ciudadanía 182

3.1. Bien Común e interés privado

en la regulación económica 185

Bibliografía 187

Índice de cuadros 197

Índice de gráficos 201

Índice de figuras 203

Presentación

A partir de la publicación de la primera edición de este libro hace quince años se hicieron tres ediciones revisadas y ampliadas. Debido a su vigencia en la actualidad presentamos aquí una reimpresión de la cuarta edición. Ya hacia fines de los años noventa predecíamos la crisis financiera en general y la de la bolsa de valores de 2000-2001 en particular. En ese entonces, ya analizamos las causas estructurales de la crisis financiera actual. Desde fines de los años sesenta del siglo pasado la tasa de ganancia en el sector productivo no ha dejado de bajar. Lo atribuimos a que la vida media del capital fijo en las empresas ocupadas en el ámbito productivo se había acortado a tal grado hacia los años setenta que se tornó impagable su renovación. En vez de alzar la tasa de beneficio, la innovación tecnológica fue razón de su descenso. Con la informática y la comunicación más moderna en los años noventa, una vez más se acortó la vida media de la tecnología empresarial. Con ello la vida media de la tecnología moderna llegó cada vez más cerca al límite de vida media cero. El neoliberalismo jamás ha atribuido el descenso en la tasa de ganancia al costo impagable de la renovación tecnológica. Lo atribuyen los neoliberales, en cambio, al impagable costo del factor trabajo. Para evitar relacionarse con el factor trabajo, el capital huyó del ámbito productivo fugándose en la esfera especulativa e improductiva.


En la esfera especulativa, el capital procura realizar ganancias prescindiendo del factor trabajo. Lo hace a partir de la expansión sin límites del crédito en la compra y venta de títulos. La expansión de crédito basado en deuda privada ha fomentado una economía virtual donde se apuesta a la futura explotación del trabajo en el ámbito productivo. El valor de mercado de los títulos (como las acciones, por ejemplo) no lo determina la rentabilidad real de una empresa, sino el beneficio que se espera, calculado por anticipado y, por tanto de modo especulativo. El valor nominal de estos títulos y derechos ha aumentado en la bolsa con independencia total del capital real sobre el cual sus poseedores tienen un derecho. Como vimos en el capítulo II, el carácter ficticio y especulativo de la acumulación sustentada por el crédito llega a primer plano mientras continúe la pseudo-validación de plusvalía en una pirámide invertido de títulos y derechos sobre un cada vez más reducido trabajo productivo futuro en la base de dicha pirámide. La no convertibilidad del capital improductivo puedo presentarse muy tarde como sucedió en la era de la globalización. Sin embargo, una vez que se da ello desmitifica aún más dramáticamente la dimensión ficticia del mando capitalista sobre el trabajo.
El globo de crédito, desinflado por primera vez en los centros del poder con la crisis bursátil entre 2000 y 2001, fue re-inflado después con más prisa aún y esta vez a partir del mercado inmobiliario. Luego del su colapso en 2007-2008, la deuda pública tenía que salvar la privada generando una burbuja de bonos del Estado. Es esta burbuja de deuda pública que está por estallarse en este momento. La así construida gigantesca pirámide de crédito sin límite alguno se basa en la ´fe´ del gran capital especulativo que estas inversiones ficticias se logra tornar reales, sin anticiparse realmente a los límites del mercado para dicha realización. El poder de manipulación que permite sostener esta ´fe´, en el dólar por ejemplo, y la capacidad de pago de su deuda por EEUU, se ancla no en último lugar en el complejo industrial militar del imperio.
Al hacerse públicas las deudas privadas, el capital ficticio procura hacerse real al transferir el costo improductivo e especulativo a la clase trabajadora. Lo hacen mediante políticas de ajuste estructural y el desmantelamiento de los derechos económicos adquiridos históricamente por la clase trabajadora. Dichas políticas conocidas en América Latina desde los años ochenta son implementadas actualmente en los propios centros de poder. El rescate financiero de carácter billonario no fue destinado para estimular la economía real, sino estos billones de dólares regresaron con fuerza renovada al ámbito especulativo. De esta forma, la crisis financiera y su llamado rescate no rescataron a la economía real. Lo contrario sucedió con las consecuentes elevadas tasas de desempleo. El capital empleado así de manera especulativa a partir de todos los poderes y manipulaciones, sin embargo, tarde o temprano no logrará transformarse más en capital real y lleva a la devaluación general del capital social. He ahí la manifestación que podamos esperar de la Gran Depresión del Siglo XXI en plena marcha hoy.
La mundialización del mercado de trabajo implica un cambio en la lógica reproductiva de la fuerza de trabajo. En primer lugar observamos a nivel mundial que la parte que corresponde a los países periféricos en el empleo industrial total no cesa de aumentar. Aquí se destacan los llamados BRICS, es decir, el conjunto de países emergentes más destacados: Brasil, Rusia, India, China y África del Sur. Por otro lado observamos un fuerte flujo migratorio de los países periféricos hacia los centrales para aumentar la flexibilidad laboral en los últimos. A partir de estos dos fenómenos se da la progresiva integración del mercado de trabajo a nivel planetario. El resultado es que la fuerza de trabajo se reproduce cada vez menos a nivel nacional, como señalamos en el capítulo IV. La mundialización del mercado de trabajo hace que la capacidad de reemplazo de la fuerza de trabajo se da más allá del Estado-nación. La clase trabajadora se reproduce, desde el neoliberalismo, cada vez más como clase a nivel planetario, y menos a nivel nacional. Una mayor capacidad de reemplazo a escala global conlleva al rompimiento del contrato social a nivel nacional. La consecuencia es la desintegración de la organización sindical y el desmantelamiento de la solidaridad institucional propios del Estado de Bienestar del pasado.
En medio de una exclusión en ascenso en casi todo el mundo observamos un repliegue sindical general. Ya señalamos en ese entonces que para combatir al neoliberalismo cada vez más excluyente se requiere construir un sujeto social colectivo, moral y ético con identidad solidaria. El concepto de sujeto afirma que corresponde a la dignidad del ser humano el ser dueño de su propio proceso y destino. Es precisamente este sujeto que se observa en este momento en la lucha contra la opresión en el Magreb y Medio Oriente. El sujeto individual con derechos económicos y sociales se ha desarrollado en la cultura occidental. Este sujeto tiene un sesgo individualista y hasta elitista frente a los excluidos. A esta tendencia no escapan los gremios sindicales al reivindicar o defender los derechos económicos y sociales de su gremio. A este sujeto individualista ha de contraponerse un sujeto social con identidad solidaria en función de otra racionalidad económica que reafirma la vida de todos y todo. Este sujeto social con identidad solidaria se concibe como un ser colectivo en el eje de la toma de decisiones en función del Bien Común y no al capital en función de la ganancia.
La exclusión progresiva inherente al neoliberalismo se acentúa en tiempos de crisis y significa una pérdida de derechos adquiridos, esto es, una pérdida de ciudadanía. En medio de una economía de mercado cada vez más desarticulado y con un mercado de trabajo mundializado, los derechos económicos y sociales tienden a desmantelarse. Ya señalamos en el capítulo V que en un mundo de exclusión progresiva podemos esperar diferentes escenarios que están revelandose en la actualidad. La exclusión estructural y prolongada propia a muchos países periféricos significa oportunidades nulas de trabajo con ninguna perspectiva de mejora a la vista. Esto significa una ausencia marcada de derechos sociales, de ciudadanía, de dignidad que por ende genera una crisis de identidad. La inseguridad económica y social permanente y progresiva sin ninguna perspectiva de mejora tiende a conducir a la reivindicación de una sociedad donde haya lugar para todos. Ello implica cuestionar el sistema excluyente en su raíz.
En la crisis actual, hasta la juventud de la clase media no encuentra trabajo a pesar de sus estudios más avanzados. Al cerrarse las oportunidades de migración en los países centrales se cierra la fuga de escape individual o familiar. Estos jóvenes tienden no tienen ninguna perspectiva de realizarse en sus propios países a pesar de haber recibido una formación relativamente buena. No hay posibilidad de salvarse como persona o como familia al frenarse la migración durante la crisis cuando incluso se da una migración de retorno. Al quedarse marginados del mercado de trabajo quedan privados de los derechos económicos y sociales y por ende no construyen derecho a la ciudadanía en tierra propia. Son sobre todo estos jóvenes que hoy están en las primeras líneas de las rebeliones en Magreb y Medio Oriente. A partir de su experiencia personal, los trabajadores de edades mayores sin mayor formación se encuentran también sin derechos económicos y sociales construidos. Tampoco tienen una perspectiva que exista una salida dentro de este sistema, aunque les falte la juventud de luchar por ella en primera línea. En aquellos países donde la inseguridad económica y social y por ende política ha sido estructural, amplia y prolongada hay más posibilidades que surgirá una reivindicación popular por una sociedad donde quepan todos. Esta insurrección, como señalamos, la presenciamos actualmente África del Norte y Medio Oriente, tendencia que se dio desde la década pasada en América Latina.
Es preciso apuntar, sin embargo, que la respuesta a la exclusión puede llevar también a cuestionar la legitimidad de ésta sin cuestionar la sociedad que la origine en su raíz. Co ello tampoco se enfrenta el problema de la exclusión en la raíz y más bien sucede lo contrario. Se sustituye una modalidad de exclusión, vía el mercado, por otra, vía la pertenencia o no a determinada comunidad (racial, nacional, cultural, de género, etc.). En este contexto abordamos en el capítulo V la creciente xenofobia, el resurgimiento de los nacionalismos y la llamada lucha de civilizaciones en el mundo occidental de hoy. Sobre la lucha por la no-exclusión a nivel popular podrá, eventualmente, sobreponerse la lucha por la no-exclusión del gran capital, como sucedió históricamente con el fascismo. Así como hay exclusión de sectores populares, también los hay de países enteros. La depresión mundial del siglo XX condujo a la supeditación de los proyectos fascistas populares al proyecto burgués de sobrevivir a costa de todo. Al agotarse los mecanismos económicos para triunfar en el mundo que ve hundir incluso a las empresas más poderosas de una nación, históricamente se ha recurrido a la vía extraeconómica para que triunfe dicha nación a costa de todo y todos. De este modo se desembocó en el nazismo y la Segunda Guerra Mundial.
A partir de la crisis de los años treinta del siglo pasado no se esperaba el fascismo. Tampoco la esperamos hoy. No hay nada que asegura, sin embargo, que nunca volverá a suceder. En el mundo actual una nueva depresión está en marcha y amenaza hasta a los principales bancos y transnacionales de Occidente. No es probable que el espacio nacional reúna hoy todavía las condiciones objetivas necesarias para que el gran capital occidental reivindique sus intereses. A nivel popular ya se observa hoy el reascenso del fascismo. En realidad renace precisamente en los países donde la inclusión en el mercado de trabajo y los derechos económicos y sociales que se derivan de ello estaban más profundamente desarrollados (Suecia, Dinamarca, Holanda). Son los países donde más se desarrolló, en otras palabras, la ciudadanía. Se sienten con ello ciudadanos de primera categoría. ¿Cómo se desarrolla el neo-fascismo precisamente en los países caracterizados por la tolerancia y la solidaridad?
El mercado de trabajo se ha hecho global. Desde la óptica del capital y para poder competir con los salarios que rigen en el mundo, la flexibilización laboral ha de ir con más profundidad en estos países para no tornarse inviables. Lo anterior implica desmantelar los mejores derechos económicos y sociales históricamente adquiridos en el planeta, es decir, desmoronar su ciudadanía. Estos ciudadanos con más derechos económicos y sociales adquiridos en el pasado se sienten amenazados como ciudadanos de primera categoría. Al haber construido más derechos económicos y sociales que nadie en el mundo, se sienten con más derechos de estar en este mundo. A partir de allí sienten poder decidir sobre la suerte de los demás ciudadanos con menos derechos construidos. Para evitar quedar como ciudadanos de segunda categoría luchan, con falta de solidaridad y tolerancia, por su inclusión a costa de todo ciudadano de segunda categoría. Con esta lucha elitista y excluyente, no solo se fomenta la xenofobia, sino también el racismo, el sexismo, el nacionalismo, etc. y, por ende, el neofascismo.
El nacionalismo popular hoy en día, probablemente es un espacio muy reducido para defender los intereses del capital de Occidente en claro repliegue histórico. La perdida de las posiciones competitivas de Occidente respecto a Oriente preocupa mucho a la burguesía occidental. El capital occidental en general y EEUU en particular alega haber construido históricamente el mercado mundial y Europa y EEUU obtuvieron una posición hegemónica en ello. Esta posición está en peligro hoy en día. El capital occidental, sin embargo, considera que tiene más derechos de estar y actuar en este mundo que Oriente. Sus ciudadanos, a la vez, se consideran ciudadanos de primera categoría por su mejor inserción en el mercado de trabajo. De ahí derivan el derecho supremo de estar en este mundo. Si ambas posiciones se encuentran en peligro, el capital norteamericano cuenta con la fuerza militar y Occidente con la OTAN para salvaguardar su mejor inserción histórica en el mercado mundial. Los pueblos con menos inserción en el mercado mundial no han podido desarrollar derechos económicos y sociales. Los países periféricos menos vinculados con ese mercado laboral, no tienen ciudadanía o son ciudadanos de menor categoría. Al no tener mayor ciudadanía en este mundo, son considerados ciudadanos de segunda, tercera o incluso decimoquinta categoría. Otro tanto es válido para las burguesías en los países periféricos.
La historia revela que al derivarse el derecho a la vida de la misma inserción en el mercado y no al revés, un neoliberalismo a ultranza en crisis puede desembocar en neo-fascismo. Con ello, se pasa del proceso de exclusión a la eliminación sistémica de la población sobrante. Un pueblo sin ciudadanía, en su extremo razonamiento, no tiene derecho de estar en este mundo, es decir no tiene derecho siquiera a la vida. De ahí se deriva que un neoliberalismo en crisis pueda desembocar en otro holocausto. Ya pasó en la historia y nadie podrá afirmar que no es posible que vuelva a pasar. Al respecto, podemos mencionar la amenaza que presenta el Grupo Bilderberg en este contexto. El grupo es una especie de gobierno mundial de sombra, que controla los destinos de las naciones. Esta élite, reunida en secreto en Grecia en 2009, se propone no solo instalar un Gobierno Mundial, sino eliminar la población sobrante en la periferia a unos sustentables para poder mantener el control sobre los recursos naturales. Solo de esta manera es posible el desarrollo sustentable de “The American way of life”.
Queda la pregunta de ¿cuál es la alternativa? Históricamente hablando, el socialismo realmente existente tenía como objetivo erradicar el mercado totalizado durante el liberalismo. Este cambio significó una sustitución de la racionalidad del mercado total por otra basada en el plan centralizado, es decir, el absolutismo del plan. La planificación centralizada define el Bien Común desde la cúpula del partido, para la ciudadanía pero sin la posibilidad que la misma participe siquiera en la definición de las prioridades, ni en la ejecución de las mismas. El totalitarismo del mercado se sustituyó de esta manera por otro totalitarismo del plan. El sujeto histórico que buscaba impulsar el proyecto histórico del socialismo real anticipaba a esta racionalidad como vanguardia con verticalismo y con claros esquemas de exclusión. La vanguardia en esta lucha de clases se definía a partir de la relación de explotación dominante: la clase obrera.
Así como los ciudadanos de primera categoría se definen a partir de su inserción estratégica en el mercado, así también se define el sujeto histórico del socialismo realmente existente dentro de los límites de su inserción en ese mercado. Ya señalamos hacia fines del siglo pasado, en el último capítulo de este libro, que la ética solidaria en la lucha por la vida digna de toda la ciudadanía sin exclusiones es el punto de partida del sujeto histórico que construye una alternativa poscapitalista. Los avances en el Foro Social Mundial son la expresión viva de este proceso en el siglo XXI. Tratase de un sujeto social que parte del Bien Común concebido desde abajo que trabaja con democracia participativa sin exclusiones concibiendo como regular la re-producción de la vida humana y natural como punto de partida. Es un proceso que se da a nivel local y global a la vez. Es un proceso con un sujeto de cambio que parte de la ciudadanía en su totalidad sin exclusiones sin partir de alguna inserción específica en el mercado. Es un sujeto en proceso que supone que los seres humanos son parte de la misma naturaleza y no sujetos enfrentados a un objeto. Parece que estamos presenciando un cambio civilizatorio. No sabemos cuánto tiempo llevará, pero el proceso está en marcha.
No puedo cerrar la presentación a esta edición sin agradecer a Mariette Uitdewilligen, mi pareja desde hace más de cuarenta años, quien, al haberse perdido las artes de la cuarta edición tuvo el valor y trabajo de recuperarlo escaneado con todo el trabajo posterior que ello implica para preparar esta nueva edición.

San Jose, 14 de marzo de 2011




Introducción


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