Los gases nobles



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Comentarios finales


De cualquier modo, el servicio que prestan los compuestos de gas noble es inestimable.

A veces, los científicos muestran tendencia a darse por satisfechos. Tienden a opinar que muchas cosas son «conocidas» y ya están «resueltas», y algunas veces están demasiado dispuestos a realizar declaraciones categóricas.

Sin duda alguna, los químicos no dijeron, como debieron haber hecho: «Hasta donde sabemos, los gases nobles no forman compuestos», sino que manifestaron (lo que no debieron hacer): «Los gases nobles no pueden formar compuestos en ninguna circunstancia».

Por esta razón, el descubrimiento de los compuestos de gases nobles representó una gran conmoción para algunos químicos y una saludable lección para todos. El Universo es un lugar muy complicado y es muy poco lo que nos hemos adentrado en él. Incluso aquellas partes del Universo que creemos conocer muy bien pueden encerrar todavía grandes sorpresas.

El científico nunca puede apoltronarse con demasiada tranquilidad en sus opiniones; nunca debe estar desprevenido. Pasará un largo período de tiempo, así lo esperamos, antes que se olvide de la lección que representó el descubrimiento de los compuestos de los gases nobles.

A pesar de todo, no pasemos tampoco al otro extremo de pensar que los químicos han fracasado en su tarea más de lo que realmente han fallado. Algunas personas que no son científicos han observado los acontecimientos de los últimos años con enorme júbilo. Esto es comprensible. Siempre resulta divertido cuando un grave y ensoberbecido individuo sufre de repente un accidente que pone en ridículo su dignidad. Es muy humano reírse. Cuando los científicos «sabelotodo» son sorprendidos de pronto, tienen que esperarse las burlas.

No obstante, debemos saber de qué nos estamos riendo. No es verdad, como han dicho algunos críticos, que los científicos, como grupo, son autoritarios; que hacen declaraciones que deben ser aceptadas como verdades evangélicas; que tienen tanta fe en las antiguas teorías que se olvidan de ponerlas ya en entredicho.

La historia de los gases nobles no es una prueba de que todo esto sea cierto; más bien es una evidencia de que no lo es.

Es posible que muchos químicos aceptaran el hecho de que los gases nobles no formaban compuestos, pero otros muchos estaban plenamente convencidos de que podían lograrlo. En realidad, la historia de la Química del siglo xx contiene un buen número de ejemplos de químicos que intentaron formar compuestos de gases nobles de un modo u otro.

A algunas personas les puede parecer (lo he oído decir) que todos los químicos tenían que haber desaprobado la completa inercia de los gases nobles y tenían que haber mezclado xenón y flúor en un recipiente de níquel, y que cualquiera de ellos pudo haberlo hecho en cualquier momento durante los últimos setenta años. El único motivo por el cual no lo hicieron, continúan diciendo los críticos, se debió a que los químicos estaban tan seguros de que no daría resultados que ni siquiera se molestaron en intentarlo.

Todo esto es una tontería. Hay dos razones básicas por las cuales los químicos no experimentaron con xenón y flúor y no implican nada tan torpe como «sabiendo por anticipado que no daría resultado».

En primer lugar, los científicos tienen muchas aficiones19, y muy pocos químicos antes de la década de los sesenta estaban interesados en la química del flúor o de los gases nobles. Como ejemplo, mi propio campo de investigación en la década de los cincuenta era el de los ácidos nucleicos. No se puede concebir que jamás hubiese soñado con trabajar con xenón y flúor, con independencia de mis opiniones sobre la posibilidad de que pudieran formar un compuesto.

Segundo, incluso si un químico hubiese deseado comprobar el problema del xenón y el flúor, se habría enfrentado con obstáculos insuperables. El xenón era escaso y difícil de conseguir. El flúor era peligroso y difícil de obtener. Antes de la Segunda Guerra Mundial, cualquier químico que intentara mezclar xenón y flúor probablemente hubiese obtenido resultados poco concluyentes, tal como les sucedió a Yost y Kaye a causa de lo primitivo de su equipo o bien, si no era cuidadoso, podía haber terminado muerto.

Sólo durante la década de los cuarenta los químicos aprendieron a manejar el flúor con seguridad. Se debía emplear un equipo especial y tenía que conseguirse una particular experiencia.

Incluso en la década de los cincuenta sólo existían unos pocos lugares en el mundo donde el xenón y el flúor se podían experimentar con provecho. Los químicos empezaron entonces a trabajar en muchos aspectos valiosos de la química y tecnología del flúor, y, a su debido tiempo, llegaron al problema de los compuestos del gas noble.

La reacción concluyente entre el xenón y el flúor pudo haberse conseguido con éxito diez años antes de que lo fuera, pero (excepto a través de un golpe de asombrosa suerte) no mucho antes. En estas circunstancias, un retraso de diez años no es nada ilógico.

Otra cosa que se comenta algunas veces es que la formación de los compuestos de los gases nobles destrozó por completo las teorías químicas de valencia y derribó la noción de los químicos sobre el modo en que los átomos se hallan unidos en moléculas, dejándoles en un estado de absurda confusión.

¡Precisamente lo opuesto es el caso!

Los compuestos de los gases nobles hubiesen trastornado las simples teorías de valencia desarrolladas un centenar de años antes, en la época de Mendeléiev (véase pág. 21) cuando prácticamente se desconocía todo sobre la estructura de las moléculas, casi como sobre la estructura interna del átomo.

No obstante, a principios de la década de los treinta, Pauling y otros habían elaborado con detalle nuevas y mejores teorías de valencia, teorías que tenían en cuenta la existencia de electrones. Mediante el empleo de estas nuevas teorías de valencia fue como Pauling pudo predecir la posible existencia de fluoruros de xenón.

Cuando se formaron los fluoruros de xenón, no trastornaron las teorías químicas de valencia, sino que las confirmaron. Realmente, si se hubiese descubierto que los fluoruros de xenón no podían ser formados, entonces hubiera sido cuando los químicos se habrían sentido sorprendidos y tenido que empezar a rascarse la cabeza cavilando sobre lo que estaba equivocado.

Una vez que se formaron los compuestos de xenón, los químicos tuvieron una gran oportunidad de estudiar sus estructuras con todos los nuevos ingenios desarrollados en las dos últimas décadas, con el propósito de ver cómo estas estructuras encajaban con las modernas teorías electrónicas de valencia.

¡La estructura de los compuestos de gases nobles encajaba en cada punto con las modernas teorías de valencia!

De todos modos, la aparición de los compuestos de gases nobles fue un descubrimiento asombroso y alentador; muchos químicos, cuyo campo de trabajo radicaba en otras materias y que no estaban familiarizados con los trabajos teóricos de Pauling, quedaron sorprendidos.

Y esto es bueno, ya que podemos mirar al futuro con los corazones en alto. Las sorpresas siempre existirán en todas partes. La ciencia no es siempre una severa y avinagrada amante controlando nuestra tarea, sino que tiene sus momentos de jovialidad y desenvoltura, ¿y quién puede quejarse de ello?

Incluso los gases nobles, en sí mismos, que nos han ofrecido ya tantas sorpresas en el curso de la historia de la Química, puede que no hayan dicho todavía su última palabra.



Solamente necesitamos permanecer a la expectativa.


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