Los discursos sobre el infierno



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Los discursos sobre el infierno de Marcelino Champagnat

En el cuadro de "Documentos", por el momento, escritos por el Fundador, esta edición de los "Cuadernos Maristas" presenta los "Discursos sobre el infierno" de M. Champagnat. La austeridad del tema, la repetición de las mismas frases de un discurso al otro, el hecho de no estar terminados, los anexos, son otros tantos inconvenientes capaces de desanimar al lector y de impedirle sacar el debido provecho para un mejor conocimiento del autor. Por ello pienso que una presentación más amplia de estos textos no sería inútil. Quiero precisar desde ahora que únicamente pretendo estudiar aquí los cuatro discursos presentados en este número de los Cuadernos.

Sin querer hacer un estudio exhaustivo de estos textos, mi intención es hacer una presentación detallada, después de examinar su composición, lo que me permitirá captar mejor el pensamiento del autor y algunos rasgos de su fisonomía espiritual.

Presentación de textos


El parecido entre los cuatro textos se impone por sí mismo. Son claramente cuatro versiones de un mismo texto, pero no bajo forma de ensayos o de borradores para llegar a un texto final; se trata más bien de textos preparados para ser utilizados. Es claro que todos han sido escritos por el mismo autor, como lo confirma su grafía, pero sin duda, en épocas distintas y para públicos diferentes, lo que viene testimoniado por las variantes y los numerosos anexos. Me será suficiente atraer la atención sobre algunos puntos particulares, dignos de interés.

Visión de conjunto


Los cuatro textos llevan el título: "Discursos sobre el infierno" y no sermones, ni instrucciones. ¿Hay que señalar una intencionalidad consciente en el autor? Es posible que haya querido despojarse de cierta solemnidad muy frecuente en este tema, tomar un aspecto más familiar y buscar más el convencer que meter miedo. Se verá por la secuencia, en la expresión: "simple exposición", en las exhortaciones con que terminan las diferentes partes, que tales suposiciones no son totalmente gratuitas.

Los cuatro discursos llevan como lema introductorio la cita evangélica de San Mateo, anunciando así el parecido desarrollo que van a seguir, pues no harán sino detallar los aspectos de esta sentencia de reprobación. Significa esto que los planes son absolutamente idénticos: alejamiento de Dios; la pena del fuego; la eternidad del infierno. El desarrollo de estos tres puntos que no quedarán nunca terminados, formará el cuerpo del discurso.

Este plan no varía de un discurso a otro. Las mismas frases se siguen en el mismo orden y llegan hasta la interpelación: "hermanos míos" que se encuentra siempre en el mismo lugar. Ocurre sin embargo que, bajo la inspiración del momento, el autor alarga el fin de uno o de otro punto, añadiendo así variantes al texto primitivo. Es necesario decir que éstas dan a cada texto su característica propia y reflejan sin duda el auditorio al cual va destinado .

Esta última característica apunta también a los diferentes textos que se encuentran a continuación del cuerpo de los tres discursos. Son frases aisladas, con frecuencia parágrafos con tamaño variable, sin secuencia lógica. No hay duda que estos textos han sido añadidos fuera de tiempo, copiados de una obra o inspirados por una lectura.

Varias son las razones a favor de esta hipótesis. En el discurso 134.04 nos encontramos con un final seguido de tres párrafos que no tienen nada que ver entre sí. Por otra parte, ocurre que uno u otro de estos textos se encuentran al final de un discurso e inserto en otro, como si lo que había sido al principio una nota hubiera sido recuperado para engrosar el cuerpo del discurso. Otra prueba más puede ser el hecho que en la versión 134.02 nos encontramos párrafos numerados 1,2,3,4. Ahora bien, está claro que el párrafo 1 se relaciona con el punto primero del discurso, el párrafo 2 con el punto dos y así sucesivamente, lo que demuestra que son notas que no forman parte del discurso propiamente dicho. Finalmente, algunos de estos pasajes son de una grafía totalmente diferente de la del texto que precede y no han sido por lo tanto escritos al mismo tiempo.

La presencia de estos anexos da a los "Discursos", tomados en su conjunto, un aspecto heterogéneo mostrando que hay que considerarlos, no como discursos acabados que el predicador no tendría más que leer en el púlpito, sino como esbozos más o menos elaborados para guiar al orador y proporcionarle una formulación segura de la doctrina. De ahí la particularidad de cada texto, lo que me obliga a tomarlos individualmente. Lo haré en el mismo orden en que aparecen en los Cuadernos, designándolos por la última cifra de su numeración: 4,2,5,3.


Texto N - 4


El texto N-4 es sin duda ninguna el más acabado de los cuatro. Es casi idéntico a los otros hasta después del párrafo: "Reflesionad ..." Este párrafo en lugar de concluir, comienza una larga exhortación a no exponerse a las penas del infierno. Vista la amplitud de esta larga exposición ¿por qué no considerarla como un cuarto punto aunque no sea anunciado en el prólogo? El discurso se termina en seguida por la invitación del Señor: "Venid benditos de mi Padre,..." y el signo de la cruz.

Las pocas líneas que siguen hasta el final de la página del manuscrito, no contienen sino evocaciones de ideas que se encontrarán desarrolladas en los otros discursos: "Os conozco...; Sois mis víctimas...; Escuchad la voz de vuestros antecesore...; Los que decían que querían salvarse...; somos cruelmente atormentados...; Se pueden recocer..."; Después, al fondo de la página del manuscrito, encontramos la nota concerniente a Monseñor de Mende que no tiene nada que ver con el texto (1)

La página siguiente vuelve a tomar el tema ya evocado en el párrafo anterior: "Os conozco..." Se trata de una prosopopeya puesta en boca del demonio para ser lo más directo y oportuno posible. Presenta sin embargo una torpeza en la exhortación a cambiar de vida para no convertirse en "mis víctimas", pues ¿qué empresa haría publicidad para invitar al cliente a no servirse de ella? Sea lo que sea, este estilo teatral no debía desagradar a M. Champagnat. Si es cierto, como, lo afirma el H. Silvestre, que "tenía el talento, siguiendo el tema que trataba, de dar a su voz un tono firme, enérgico e incluso terrible que aterraba a todo su auditorio," se puede imaginar el efecto que podría producir por medio de este párrafo. Termina con una imagen ordinaria de los animales que se revuelcan en el fango.

El último anexo contiene una primera frase en la que se mezclan demasiadas ideas, lo que ha motivado su abandono por parte del autor mismo. Pero la ha vuelto a tomar poco después, no considerando sino la última idea sobre la cual inserta un recuerdo de los tres puntos del discurso. Eso le hace terminar con una conclusión según las reglas, pero en el estilo severo de los anexos, tan diferente del de la primera peroración con la que concluye el discurso propiamente dicho.

El texto tomado en su conjunto puede presentar aspectos diferentes según que el predicador haga uso de los anexos o los deje de lado, según que quiera mostrarse como pastor o como instrumento de la justicia de Dios, testimoniar a un Dios de misericordia o a un Dios de justicia, en fin llevar a su rebaño por medio de la dulzura o por el miedo.

Texto N - 2


El texto N-2, por el mismo hecho de contener, además del núcleo común, la mayor parte de las ideas constatadas en los anexos de los otros, es el más completo si bien separado de la peroración propiamente dicha. Tres pasajes, de los cuales los dos primeros no se encuentran sino allí, le dan un aspecto más noble. El primero, inmediatamente al principio del primer punto, hace saltar el problema teológico de la existencia del infierno, sin que por otra parte lo solucione o lo discuta. Nos podemos preguntar ¿por qué M. Champagnat siente la necesidad de abordar aquí este problema? ¿Se encuentra ante un público más cultivado que el de su parroquia? Es posible que así sea si nos paramos a considerar el segundo pasaje propio de este discurso, a saber el que menciona el martirio de San Lorenzo, patrón de la parroquia, afirmando claramente por ello que se encuentra en otra iglesia distinta de la de San Andeol de La Valla. (2) Finalmente, el tercer pasaje hacia el fin del segundo punto, completa la lista de los tormentos del infierno por la inmovilidad de seres incapaces de hacer nada para aliviar sus penas.

Nos daremos cuenta que la larga prosopopeya que hemos encontrado en el anexo del texto precedente, se encuentra incorparado en este. Las razones para hacer de ello un cuarto punto, presentadas a propósito del texto precedente, son reforzadas aquí por el hecho de que este párrafo, siendo una cosa tan distinta como la eternidad de las penas, no se relaciona con el tercer punto.

Aunque la peroración se encuentra al final, los párrafos que la preceden a partir de aquí pueden ser considerados como anexos. En efecto, el primero que contiene varias ideas contrapuestas, no puede formar parte del desarrollo. Es a lo sumo un plan de ideas muy realistas, razón por la cual el autor lo ha borrado.

Los cuatro parágrafos siguientes, numerados, parecen ser, como ya he dicho, complementos que se refieren a diferentes puntos del discurso.

Sigue un largo pasaje evocando uno u otro de los condenados que puede completar la prosopopeya de los demonios, incluso sustituirla. Tiene la ventaja sobre éste de terminar con un rayo de esperanza, permitiendo alcanzar la peroración final que se encuentra, no obstante, un párrafo más lejos.

Este párrafo anterior a la peroración última, finalmente borrado por el autor, se presenta también como un conglomerado de ideas con una laguna en medio. Son de hecho dos párrafos, uno en el anverso y otro en el reverso de una hoja cuya segunda mitad está arrancada. Por esto, la frase del reverso no es la continuación de la frase inconclusa del anverso, y queda incomprensible: "Al reirme de vosotros, os insultaría."

La conclusión que se puede sacar de la presentación de este texto N-2 no difiere casi nada de la que sugiere el texto precedente. Sin duda el desarrollo de los tres puntos asegura una cierta elaboración, incluso una cierta presentación. El resto, al contrario, deja entrever una cierta impresión de confusión, a pesar de los dos largos párrafos: la prosopopeya del demonio y la evocación de los condenados, cada uno desarrollado como un tema. Pero un orador menos apurado por la palabra que por la escritura, encuentra en aquella elementos para impresionar a su auditorio.

Texto N - 5


El texto N-5, (3) el más corto, el menos en apariencia, conserva el tono pastoral. No tiene anexos, pero se caracteriza por el desbordamiento del ambiente en el que los otros se mantienen.

Desde el fin del primer apartado, en la traducción de la citación latina, el autor introduce una idea que no está en la citación: "No os conozco", pero que toma prestada de la reprobación de las vírgenes necias. Parece anunciar ya el plan de su discurso. Pero viene un segundo apartado seguido, también él, de un desarrollo sobre la eternidad de las penas que arrebata todas sus esperanzas al malhechor.

Parecida extensión en la transición cuya traducción del texto latino roza la interpretación.

La primera parte del texto presenta una laguna. La segunda frase no está acabada: "lo que puede distraerle es...", mientras que la que sigue comienza por el imperativo: "Mirad..." sin dar a conocer conocer el interlocutor. De hecho, con relación a los otros textos en los que todas las frases de éste están presentes, falta aquí un largo pasaje. En los manuscritos la laguna corresponde al paso de una página par a otra impar. No hay pues duda que falta una hoja, es decir dos páginas..

Se encuentran de nuevo divergencias al final del primer punto. La exhortación con la que termina generalmente cada punto, es aquí más nutrida por las ideas que aparecen por primera vez: el pecado mortal y los pecados veniales reiterados, que hacen perder a Dios, son castigados con el infierno; es pues necesario buscar a Dios mientras se le pueda encontrar aquí abajo, pues en el infierno no se podrá.

De un aspecto totalmente distinto es la segunda mitad del segundo punto. En ella M. Champagnat gusta de detallar los sufrimientos psíquicos de los que el infierno es pródigo. Es "la acogida fatal donde conducen las delicias de este mundo", las riveras "donde van a encallar los funestos placeres". Después termina, como en el discurso N-4, recomendando cambiar de vida.

La tercera parte es, palabra por palabra, la misma que en el N-4 hasta la citación profética de Habacuc y se termina en seguida bruscamente por la pregunta: "Pero ¿qué lección quiere darnos?" ¿Es así intencionadamente como M. Champagnat quiere terminar su discurso, con una interrogación? El hecho de encontrarse al final de una página par puede permitirnos suponer que faltaría una hoja que correspondería a la que falta al principio. Pero entonces el número de hojas entre las dos que faltan normalmente debería ser par, y no es el caso. Así pues, faltan datos; no se podrán hacer sino inútiles conjeturas. Por consiguiente nos vemos obligados atomar el texto tal como está.

Texto N - 3


El texto N-3 no difiere del N-5 sino por ligeras variantes que van aumentando hasta antes de la exhortación con la que termina la segunda parte de este último. En cuanto al texto N-3, sin preocuparse de la tercera parte que había anunciado, desemboca en exposiciones largas a veces, de ideas originales, pero que nada tienen que ver entre sí; si bien es difícil decir en qué lugar los discursos propiamente dichos terminan y lo que puede ser considerado como anexos. El manuscrito muestra al menos, por un cambio de grafía, que el texto a partir del párrafo: "Finalmente, hermanos ... " hasta el final, no ha sido escrito el mismo día que el texto precedente.

La originalidad de este texto reside en su cariz netamente positivo. Lejos de complacerse en describir los horrores del infierno, el predicador insiste en la manera de vivir aquí abajo para evitar ser desdichado en la otra vida.

Con reminiscencias de textos que conocemos ya, M. Champagnat muestra cómo se comportarían los réprobos si pudieran volver del lugar de los suplicios. Los tres apartados que siguen, de los cuales los dos primeros están numerados, recuerdan, salvo el segundo, las ideas que se encuentran en los otros textos, son sin duda reflexiones posteriores para enriquecer tal o cual pasaje del discurso, sin que el punto de inserción venga señalado.

Finalmente, el último párrafo, cuyo comienzo está borrado desde el principio, está desarrollado más ampliamente, se encuentra preparado para algunas variantes en el texto N-4. Con él se termina aquí el discurso, lo que demuestra que no es una parte integrante, pues no tiene en absoluto el aspecto de una conclusión.

Al final de la presentación de estos textos, la observación general que hay que hacer es que hay que tomarlos sin más para lo que son en realidad. En el pensamiento del autor no habían sido escritos sino para él personalmente. Ahora bien, no encontrando dificultad en expresarse espontaneamente, no tenía necesidad de escribir sus sermones sino para leerlos en el púlpito. Por otra parte quería estar más cerca del pueblo, hablar como el pueblo. Pues hacer literatura, componer bellas frases estaba muy lejos de sus preocupaciones, frenta a las de ser claro, hacerse comprender por todos los que le escuchaban y atraer su atención que venían a ser preocupaciones importante. El texto debía servirle de guía en su desarrollo, como memoria de sus ideas, y finalmente proporcionarle la formulación justa de la doctrina. Por falta de tiempo, sin duda, y quizá también de cualidades literarias, M. Champagnat no se ha preocupado de componer los textos en el sentido propio de la palabra.

Por ello, y quizá también por su espíritu más intuitivo que deductivo, ocurre que sus frases no están casi nunca relacionadas entre sí. Incluso en sus cartas, no obstante más elaboradas, se manifiesta esta característica de su estilo.

En cuanto a la ortografía, es frecuentemente defectuosa. Es evidente que no tiene una ortografía natural, a falta de no haber sabido leer bien y escribir suficientemente pronto. Si accede a autores muy cultivados, llevado más por la idea que por la expresión, hace en ellos faltas enormes, cosa que no se le puede perdonar.



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