Libro de la Escala Espiritual



Descargar 0.86 Mb.
Página7/15
Fecha de conversión30.09.2018
Tamaño0.86 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   15

CAPÍTULO VIII.

Escalon octavo, de la perfecta mortificacion de la ira, y de la mansedumbre.
Assi como el fuego se apaga con el agua, assi con las lagrimas se apaga la llama de la ira y del furor. Y por esto será cosa conveniente que aviendo tratado ya del llanto, tratemos agora de la mortificacion de la ira, que es effecto que se sigue desta causa.

Mortificacion perfecta de la ira es un insaciable deseo de desprecios é ignominias: assi como por el contrario, la ambicion es un appetito insaciable de honras y alabanzas. De manera que assi como la ira es appetito de venganza; assi la perfecta mortificacion de la ira es victoria y señorío de la naturaleza, no haciendo caso, ni dandose nada por las injurias: la qual virtud se alcanza con grandes sudores y batallas. Mansedumbre es un estado constante é inmovil del anima, que persevera de una misma manera entre loas vituperios y alabanza, entre la buena fama y la mala.

El principio de la mortificacion de la ira consiste en cerrar la boca estando el corazon turbado: el medio, en tener tambien quieto el corazon con muy pequeño sentimiento de las injurias; y el fin, en tener una estable y fixa tranquilidad en medio de los encuentros y soplos de los espiritus malos. Ira es deseo de hacer mal a quien nos offendió. Furia es un arrebatado fuego y movimiento del corazon, que dura poco. Amargura de corazon es una desabrida passion y movimiento de nuestro animo. Furor es un arrebatado fuego y movimiento del corazon, que dura poco. Amargura de corazon es una desabrida passion y movimiento de nuestro animo. Furor es una acelerada passion del animo, que descompone y desordena todo el hombre dentro y fuera de sí.

Assi como en saliendo el sol huyen las tinieblas, assi en comenzando a cundir y estenderse el suavissimo olor de la humildad, se destierra todo el furor y amargura del corazon. Algunos siendo muy subjectos a esta passion, son muy negligentes para curarla: y no entienden la Escriptura que dice (79): En el momento de la ira está la perdicion de su caída.

Assi como la piedra del molino muele mas trigo en un momento que a mano se podria moler en un dia, assi esta furiosa passion en un momento puede hacer mas daño que otras en mucho espacio. Assi veemos tambien que un fuego soplado de grandes vientos hace mayor daño quando se suelta en el campo, que otro pequeño aunque dure mas espacio. Por lo qual conviene poner gran recaudo en esta tan desaforada passion.

Tambien quiero que no ignoresis, hermanos mios, que alguans veces los demonios a cierto tiempo astutamente se esconden y nos dexan de tentar, para que nos descuidemos y hagamos negligentes con el ocio y dalsa seguridad; para que habituandonos a esta manera de vida floxa y descuidada, venga despues a ser incurable nuestro mal.

Assi como una piedra llena de esquinas, si se encuelve y refriega con otras piedras, viene a embotarse, y a despuntarse, y a perder aquella aspereza y filos que tenia; assi tambien el hombre ayrado y aspero, si se junta con otros hombres asperos, y vive en compañia dellos, ha de parar en una de dos cosas; porque con el uso y exercicio del sufrir vendrá a amansarse, y despuntarse, y perder los filos y aspereza de la ira; o si no, a lo menos buscando el remedio con huir las occasiones del mal, esta huida le será espejo en que vea mas claro su flaqueza, y gane con esto humildad de corazon.

Furioso es un linage de endemoniado voluntario, el qual tomado de la passion del furor, contra su voluntad cae y se hace pedazos. Y digo contra su voluntad; porque el furor de la passion, quanto disminuye el uso de la razon, tanto impide la libertad de la voluntad. Ninguna cosa conviene menos a los penitentes que el furor de a ira; porque la conversion ha de ser acompañada con summa humildad: y este furor es grandissimo argumento de sobervia.

Si es cierto que el termino de la suprema humildad es no alterarse teniendo presente al que nos offendió, sino antes amarlo con sassegado y quieto corazon; assi tambien es cierto que el termino del furor será, si estando solos nos embravecemos con palabras, y gesto furioso contra aquel que nos offendió.

Si es cierto que el termino de la suprema humildad es no alterarse teniendo presente al que nos offendió, sino antes amarlo con sossegado y quieto corazon; assi tambien es cierto que el termino del furor será, si estando solos nos embravecemos con palabras, y gesto furioso contra aquel que nos offendió.

Si con verdad se dice que el Spiritu Sancto es paz del anima (80), y la ira es la perturbacion della; con razon tambien se dirá que una de las cosas que mas cierran la puerta al Spiritu Sancto, y mas presto le hacen huir despues de venido es esta passion.

Como sean muchos y crueles los hijos de la ira, uno dellos (aunque adultero y malo) occasionalmente vino a ser provechoso. Porque ví algunos que aviendose embravescido con la passion de la ira, y vomitando la causa del furor que de muchos dias tenian en sus entrañas concebida, acaesció curarse con que el que los avia offendido (entendida la cuasa de su indignacion) los aplacó con penitencia, humildad, y satisfaction. Y desta manera lo que el furor avía dañado, la virtud de la humildad y mansedumbre lo remedió, conforme a aquello que está escripto (81): El varon ayrado levanta las contiendas; y el sufrido las apaga despues de levantadas. Y en otro lugar (82): La respuesta blanda amansa la ira; y las palabras duras despiertan el furor.

Ví tambien algunos que mostrando de fuera una aparente longanimidad y mansedumbre, tenian arraygada la memoria de la injuria en lo intimo de su corazon; los quales tuve por peores que los que manifiestamente eran furiosos; pues assi escurecian la paloma blanca de la simplicidad y mansedumbre con esta maliciosa dissimulacion. Assi que con summa diligencia y cuidado conviene armarnos contra esa serpiente de la ira; pues tambien ella tiene por ayudadora nuestra misma naturaleza, assi como la serpiente de la luxuria.

Ví algunos que por estár inflamados con el furor de la ira, de puro enojo dexaban de comer; los quales ninguna otra cosa hacian con esa desaforada abstinencia, sino añadir un venemo a otro veneno. Ví tambien a otros que viendose tomados desta pasion, tomaron de aqui occasion para entregarse a los deleites de la gula, por tomar con esto la consolacion que no podian con la venganza; lo qual no fue otra cosa que de un despeñadero caer en otro. Y ví tambien a otros mas prudentes, que conmo sabios Medicos templaron lo uno con lo otro, tomando la refection mas moderada; ayudandose desta natural consolacion, juntamente con la razon, para despedir de sí la passion. De donde sacaron mucho fructo para saberse de aí adelante regir, y no entregarse a la ira. Tambien el canto y melodía moderada de los Psalmos amansan el furor; como lo hacia la musica de David quando era atormentado Saúl (83). Assimismo el deseo y gusto de las consolaciones divinas destierra del animo toda amargura y furor; assi como tambien destierra las consolaciones y deleytes sensuales; porque no menos aprovecha este gusto celestial contra el furor de la ira, que contra los deleytes de la carne; de los quales muchas veces aun el furioso no quiere gozar por conservarse en su passion. Conviene tambien para esto que tengamos repartidos y ordenados nuestros tiempos, y determinado lo que en cada uno dellos debemos hacer; para que assi no halle lugar en nosotros la ociosidad y hastío de las cosas espirituales, con que se da la entrada al enemigo.

Estando yo un tiempo por cierto respeto junto a la celda de unos solitarios, oí que estaban entre sí altercando como picazas con gran furor y saña, embravesciendose contra cierta persona que los avía offendido, y riñendo con ella como si la tuvieran presente. A los quales yo amonesté fiel y caritativamente, que no viviessen mas en soledad, si no querian de hombres hacerse demonios, encrueleciendose y pudriendose entre sí con semejantes pasiones.

Ví tambien otros, amigos de comer y beber, y de regalos; los quales por otra parte parescian blandos, amorosos, y mansos de condicion (como algunas veces suele acaescer a los tales) con lo qual avin alcanzado nombre de santidad. A los quales yo por el contrario aconsejé que se passassen a la soledad (la qual suele como con una navaja cortar todas las occasiones destos deleytes y regalos) sino querian de criaturas racionales hacerse brutos, dandose a vicios que son propios dellos.

Otros ví mas miserables que estos, que ni cabian en la compañia, ni en la soledad; a los quales aconsejé que en ninguna manera se governassen por sí mismos; y a los Maestros dellos benignamente amonesté que condescendiessen con ellos, dexandolos a tiempos en la compañia, y a tiempos en la soledad, y ocupandolos ya en unos exercicios ya en otros; con tal condicion, que ellos, abaxada la cerviz. en todo y por todo obedesciessen a su governador.

El que es amigo de deleytes hace daño a sí, y (quando mucho) puede hacerlo a otro con su mal exemplo; mas el furioso y ayrado, a manera de lobo, muchas veces perturba toda la manada, y rebuelve toda una communidad, hiriendo y mordiendo muchas animas. Grave cosa es estár turbado el corazon con el furor de la ira, segun que se quexaba el Propheta, quando decia (84): Turbaronse con el furor mis ojos. Pero mas grave cosa es quando a la turbacion del corazon se añade la aspereza de las palabras (85). Y sobre todo muy mas grave cosa es, y muy contraria a toda la monastica, y angelica, y divina querer satisfacer con las manos al furor.

Si quieres quitar la paja del ojo del otro, o te paresce a tí que la quieres quitar, no la quites con una viga en la mano, sino con otro instrumento mas delicado. Quiero decir: No quieras curar el vicio del otro con palabras injuriosas, y movimientos feos, sino con blandura y mansa reprehension. Porque el Apostol no dixo a su hijo Timotheo: Azota, ni hiere; sino: Arguye, ruega, y reprehende con toda paciencia y doctrina (86). Y si fuere necessario castigo de manos, sea esso pocas veces: y aun no lo debes hacer por tí, sino por mano agena.

Si atentamente miramos, hallarémos algunos que siendo muy subjectos a la passion de la ira, son por otra parte muy dados a ayunos, y vigilias, y al recogimiento de la soledad; lo qual hace el demonio con grandissima astucia, a fin de que so color de penitencia y llanto los hace dar a estos exercicios desordenadamente, para que assi los melancolicen y acrescienten la materia del furor.

Si un lobo, como ya diximos, ayudado del demonio, basta para rebolver y destrozar todo un rebaño; tambien un Religioso muy discreto, como un vaso de olio, ayudado del Angel bueno, mudará la furia de la tempestad en serena tranquilidad, y pondrá el navio en salvo; y sendo desta manera exemplo y dechado de todos recibirá de Dios tan gran corona por esta pacificacion, quan gran castigo recibirá el otro por aquella perturbacion.

El principio deste bienaventurado sufrimiento consiste en sufrir ignominias con dolor y amargura del anima; el medio en sufrirlas sin esta tisteza y amargura; y el fin en tenerlas por summa gloria y alabanza. Gozate tú en el primer grado, y alegrate mucho mas en el segundo; mas tente por dichoso y bienaventurado en el tercero; pues te alegras en el Señor.

Noté una vez una cosa miserable en los que están subjectos a la ira; la qual les procedia de una secreta sobervia de sí mismos. Porque aviendose alguna vez ayrado, venian despues a ayrarse de puro corrimiento, por verse vencidos de la ir; y maravilléme mucho de vér como estos emendaban una caída, con otra caída; y tuve laastima dellos, viendo como perseguian un peccado con otro peccado; y espantéme tanto de vér tan grande astucia en los demonios, que faltó poco para desesperar de mi remedio.

Si alguno viendose cada dia vancer de la sobervia, de la malicia é hypocresia, desea tomar las armas de la mansedumbre y de la paciencia contra estos vicios; este tal trabaje por entrar en la officina de algun Monasterio, como quien entra en una casa de un batan o de una lavanderia; y si perfectamente quiere ser curado, busque la compañia de los Religiosos mas rigurososo y mas asperos que hallare; para que siendo alli vexado y probado con injurias, y trabajos, y disciplinas, y pisado y acoceado de sus Prelados, quede su anima cmo un paño batanado y limpio de todas las immundicias de peccados que tenia. Y no es mucho decir que las injurias y oprobrios son como un laboratorio espiritual para las almas; pues aun el lenguage commun recibe que quando avemos injuriado a uno, decimos que lo avemos muy bien enxabonado.

Una es la mortificacion de la ira que procede del dolor y penitencia de los principiantes; y otra es la de los perfectos; porque la primera está atada con la virtud de las lagrimas como con un freno; mas estotra está como ua serpiente degollada con un grandissimo cuchillo; que es con la tranqulidad del anima, que como Reyna y señora tiene sojuzgadas todas las passiones.

Ví yo una vez tres Monges que avian sido offendidos é injuriados; de los quales el uno reprimia la ira del corazon con el silencio de las palabras; el otro alegrabase con la occasion que se le avia dado de merescimiento, aunque se dolia de la culpa del offensor; mas el otro no considerando otra cosa mas que el daño de su prosimo, derramaba muchas lagrimas; y assi era muy dulce espectaculo mirar estos tres sanctos obreros; al uno de los quales movia el temor de Dios; al otro el deseo del galardon; y al otro solamete la sincera y perfecta charidad.

Assi como la calentura de los cuerpos enfermos, siendo una, no procede de una sola causa, sino de muchas y diversas; assi el ardor y el movimiento de la ira (y por ventura tambien el de las otras passiones) procederá tambien de muchas causas. Y por esto no sera razón señalar una sola regla para cosas tan varias.. Por lo qual doy por consejo, que cada uno ordene la medicina conforme a la disposicion y diligencia del enferno. Y segun esto, el primero remedio será que trabaje cada uno por entender la causa de su passion; y conocida la causa ponga el cuchillo a la raíz, y busque el remedio, assi de Dios, como de los hombres; esto es del magisterio de los valores espirituales.

Pues segun esto, los que desean juntamente con nosotros philosophar en esta materia, entren en una intelllectual audiencia, semejante a la que usa en el siglo, donde suelen los jueces examinar y sentenciar los reos; y aí procuren inquirir las causas y effectos destas passiones, y el remedio dellas. Sea pues atado este tyrano con las cuerdas de la mansedumbre, y azorado con el azote de la longanimidad; sea por la charidad presentado ante el tribunal de la razon,y puesto a question de tormento, le sean hechas estas preguntas: Dinos, o loco y torpissimo tyrano, los nombres de los padres que te engendraron, y los de tus malvados hijos y hijas, y tambien los de aquellos que te destruyen y matan. Preguntando él desta manera, responderá assi: Muchos son los que me engendran, y no es uno solo mi padre. Mis madres son vanagloria, cobdicia, gula, y algunas veces la fornicación. El padre que me engendró se llama fausto. Mis hijas son memoria de las injurias, enemistas, porfia y malquerncia. Los adversarios que agora me tienen preso, son la mansedunbre, y la mortificacion de la ira: y la que esta puesta en la celada contra mí, es la humildad. Mas quien sea el padre desta, preguntadlo a ella en su lugar.



Notas


79. Isai. 44

80. Galat. 5

81. Prov. 15

82. Prov. ibi.

83. 1 Reg. 16

84. Psalm. 6

85. D. Aug. lib. I. de Serm. Dom. in Mont. cap. 3

86. 2 Tim. 4


CAPÍTULO IX.

Escalon nono, de la memoria de las injurias
Con mucha razon se compáran las virtudes a aquella escalera que vio Jacob (87); y los vicios con aquella cadena que cayó de las manos de San Pedro (88). Pues las virtudes enlazadas la una con la otra ( por razon de una casualidad y consequencia natural que tienen entre sí) hacen una perfecta escalera que nos sube hasta el cielo; mas los vicios trabados entre sí como eslabones, por esta misma orden y consequencia que ay en ellos, hacen una espiritual cadena que tiene los hombres presos en el peccado, y los lleva hasta el infierno. Por lo qual aviendo ya declarado como el furor tiene por hija a la memoria de las injurias, es razon que tratemos agora della.

Memoria de las injurias es accrescentamiento del furor, guarda de los peccados, odio de la justicia, destruccion de las virtudes, veneno del anima, gusano que siempre muerde, confusion de la oracion, perdimiento de la charidad, clavo hincado en el corazon, dolor agudo, amargura voluntaria, peccado perpetuo, maldad que nunca duerme, y malicia que todas las horas se comete. Este escuro y molestissimo vicio es de la orden de los que engendran otros vicios, y son engendrados de otros (como ya diximos) y por esso traterémos mas brevemente dél.

El que desterró de su anima la ira, desterró tambien la memoria de las injurias, que procede della; mas si el padre estuviere vivo, nunca dexará de engendrar tales hijos. Por otra pasrte el que conservare la charidad desterrará la ira; mas el que quisiere sustentar enemistades, a muy grandes trabajos nos obliga. La mesa y combite caritativamente offrescido muchas veces reconcilió los desavenidos; y las dádivas y presentes ablandan el corazon. La mesa curisamente aparejada sirve para grangear amistad; mas muchas veces por la ventana de la charidad se entró la hartura del viente; por lo qual de tal manera avemos de procurar los bienes, que no abramos la puerta para los males.

Noté una vez que la passion del odio fue bastante para apartar unos que estaban amancebados de muchos dias; de manera que la memoria de las injurias (fuera de todo lo que se podia esperar) quebró este tan fuerte vinculo de la fornicacion; y maravilléme de vér como un demonio curaba a otro demonio: aunque esto mas fue por dispensacion de Dios (que por todas las vias encamina nuestro bien) que por obra del demonio.

Muy lexos está la memoria de las injurias del grande, y verdadero, y natural amor; mas no lo está la fornicacion; porque muchas veces este amor (aunque limpio) viene a degenerar y desvarar en amor no limpio. Y por esso quando la condicion de las personas es sospechosa, siempre se sede el hombre zelar aun deste amor; porque muchas veces desta manera se caza la paloma, quando el amor sencillo y natural viene a hacerse sensual.

A quien muerde la memoria de las injurias, acuerdese de las que el demonio le ha hecho, y embravezcase contra él; y el que quiere travar enemistades, tavelas con su cuerpo, que es un enemigo falso y engañoso, y mientras más se regala, mas nos daña. Suelen los que tienen memoria de las injurias favorescerse con la autoridad de las escripturas, torciendolas a su sentido, y pretendiendo con ellas socolor de zelo deffender su mal proposito. Baste para confundir a estos la oracion que el Salvador nos enseñó (89) ; la qual no podremos decir si tuvieremos memoria de las injurias.

Si despues de mucho trabajo no pudieres del todo desterrar esta passion de tu animo, a lo menos trabaja con las palabras y con el rostro por mostrar a tu enemigo que te pesa de lo hecho; para que siquiera por aver tenido esta manera de dissimulacion con él, ayas verguenza de no tenerle el amor que le debes; accusandote y remordiendote con esto la propia conciencia.

Y entonces te has de tener por libre dessa enfermedad, no quando rogares por tu enemigo, no quando le ofrescieres dádivas y presentes, no quando le traxeres a comer a tu mesa; sino quando viendole en alguna calamidad espiritual o corporal, assi te compadezcas dél, y assi la sientas, como si tu mismo la padeciesses.

El Monje solitario que dentro de su anima guarda la memoria de las injurias, es como un basilisco que está dentro de su cueva, el qual doquiera que vá lleva consigo su ponzoña. Gran remedio es para desterrar esta memoria, la memoria de los dolores de Jesus, quando el hombre considerando aquella tan grande clemencia y paciencia, ha verguenza de verse tal. En el madero podrido se engendran gusanos: y muchas vezes en los hombres que parescen mansos y amadores de una falsa quietud, está encerrada la ira. El que esta memoria desterró de sí, alcanzará perdón; mas el que la retiene y sustenta, indigno se hace de la divina misericordia. Muy buen medio es el trabajo y la aspereza de la vida para alcanzar perdon de los peccados; mas mucho mejor es el perdon de las injurias, porque escripto está (90): Perdonad, y sereis perdonados.

Por donde uno de los grandes argumentos é indicios de la verdadera penitencia es el olvido de las injurias: mas el que guardando las enemistades piensa que hace penitencia, semejante es a aquel que estando durmiendo sueña que corre. Alguna vez me aconteció ver a unos que saludablemente exortaban a otros al perdon de las injurias; y teniendo ellos tambien que perdonar; de tal manera se movieron y avergonzaron con sus mismas palabras, que vinieron a perdonar y a curar su propia enfermedad con el remedio de la agena. Ninguno tenga esta ciega passion por simple y pequeño vicio; porque muchas vezes llega a alterar a los espirituales varones.


CAPÍTULO X.

Escalon decimo: de la detraction, o murmuracion.
Ninguno de los que bien sienten avrá que no confiesse, que de la memoria de las injurias nasce la detraction. Y por esso convenientemente se ha de poner este vicio despues de sus antecessores en este presente lugar.

Detraction es hija del odio, enfermedad sutil, secreta, y escondida, sanguijuela que chupa todo el jugo de la charidad, fingimiento de amor, destierro de la castidad interior del alma, corrompedora del corazon, y tambien de las palabras.

Assi como ay algunas mujercillas que desvergonzada y publicamente son malas, y otras que secretamente cometen mayores culpas: assi tambien acaesce entre las passiones y vicios, que unos son mas públicos y descergonzados (como es la gula y la luxuria) y otros mas secretos y dissimulados (pero mucho peores que estos) como es la hipocresia, la malicia, la tristeza mundana, la memoria de las injurias, y de la detraction de que hablamos; los quales vicios, aunque parecen una cosa, tienen otra encubierta; porque so color de virtud y de zelo encubren su veneno.

Oí una vez a ciertas personas que estaban detrayendo de otras; y reprehendiendolas yo deseo, queriendo darme satisfaction de lo que hacian, dixeronme que lo hacian por la charidad y provecho de aquel de quien detraian. yo les respondí que cessassen de aquella manera de charidad; porque no hiciessen mentiroso a aquel que dixo (91): Perseguia yo al que secretamente de su proximo detraia. Si dices que amas al proximo, ruega secretamente por él, y no digas mal dél; porque esta manera de charidad es muy agradable a Dios.

Tú que quieres juzgar y condenar al proximo, piensa quan differentes sean los juicios de Dios del de los hombres; pues ves que Judas estuvo en el choro de los Apostoles, y el buen ladron en el numero de los homicidas; y con todo esto en un momento se hizo tan súbita mudanza de entrambos. Si alguno quisiere vencer el espiritu de la detraction, no atribuya la culpa al que la hizo, sino al demonio que se la hizo hacer; pues este es el autor universal de todos los males. Ví uno que públicamente pecó, y secretamente hizo penitencia; y aviendolo yo juzgado por malo, despues hallé que ante Dios era inocente; pues él ya con su penitencia le avia aplacado.

No tengas demasiado respeto al que delante de tí dice mal de su proximo; antes le dí: Calla hermano, porque aunque tú no hagas lo que este hace, puede ser que hagas otras cosas peores, que él por ventura no hará. Pues cómo le puedes condenar? Porque con esta sola medicina ganarás dos cosas: curarás a tí, y tambien al proximo.

Entre los caminos que ay para alcanzar perdon de los peccados; este es muy breve; conviene saber, no juzgar a nadie; porque verdadera es aquella sentencia que dice (92): No querais juzgar, y no sereis juzgados. Muy contraria es el agua al fuego: y assi el juzgar al espiritu de la verdadera penitencia. Aunque veas peccar a otro quando está para espirar, no lo condenes. Algunos ay que públicamente cayeron en grandes peccados; los quales despues secretamente hicieron mayores bienes. Y por esto se engañan los que juzgan las vidas de los otros, siguiendo mas el humo que el sol: esto es, la sospecha que el claro conoscimiento de la verdad. Oidme (ruegoos) los que sois malos juezes de los otros. Si es verdad (como lo es) que con el juicio que cada uno juzgare, será juzgado (93): claro está que en las cosas que culpáremos a nuestros proximos, en estas mismas vendremos por justo juicio de Dios a ser culpados.

La causa porque somos tan faciles en juzgar los delitos de los otros, es porque no tenemos el cuidado que debiamos tener de llorar y enmendar los nuestros. Porque si alguno, quitado a parte el velo del amor propio, mirare diligentemente sus males, ningun pecado le fatigará mas en esta vida que este; considerando que no tiene tiempo sufficiente para llorarse, aunque le quedassen cien años de vida, y aunque viesse el rio Jordan convertido en lagrimas manar de sus ojos. Miré atentamente la figura y naturaleza del llanto, y no hallé en él rastro de detraction ni condenacion de nadie.

Los demonios procuran siempre una de dos cosas; o de hacernos peccar, o de hacernos juzgar a los que peccan; para que como los crueles homicidas con estos segundo destruyan lo primero. A lo menos señal muy cierta es de que guarda la memoria de las injurias, y de que tiene el corazon dañado con invidia, el que facilmente vitupera y calumnia la doctrina y las obras del proximo; porque la causa desto suele ser el espiritu de odio en que miserablemente está el hombre caído y despeñado. Conocí yo algunos que secretamente cometian grandes peccados; los cuales por parescer justos, agravaban y encarescian mucho los peccados veniales de los otros.

Juzgar no es otrra cosa que usurpar desacatadamente la silla y dignidad de Dios, a quien solo pertenesce el officio de juzgar los otros. Condenar al proximo no es otra cosa que matar el hombre a sí mismo. Assi como la sobervia sola son otro algun vicio es bastante para condenar al que la tiene; assi tambien lo es en casos el juzgar y condenar a otro; pues veemos que el Phariseo del Evangelio por esta causa fue condenado (94).

El sabio vendimiador coge la ubas maduras, y dexa las verdes: y el Religioso y prudente varon anda siempre notando con grande estudio las virtudes de los otros; mas por el contrario el necio siempre anda escudriñando sus deffectos, segun aquello que está escripto (95): Pusieronse a escudriñar las maldades, y desfallescieron escudriñando en este escrutinio. La summa de todo esto sea, que aunque con los ojos veas peccar a uno, no por esso le condenes ni te fies dellos; porque tambien estos se pueden engañar.

Notas


87. Genes. 28

88. Act. 12

89. Matth. 6

90. Luc. 6

91. Psalm. 100

92. Luc. 6

93. Matt. 7

94. Luc. 7

95. Psalm. 63



Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   15


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal