Las relaciones entre españa y francia desde 1659 (Paz de los Pirineos) hasta 1667



Descargar 1.83 Mb.
Página1/36
Fecha de conversión23.01.2018
Tamaño1.83 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   36


UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

Facultad de Geografía e Historia

Departamento de Historia Moderna

TESIS DOCTORAL

RELACIONES ENTRE ESPAÑA Y FRANCIA DESDE LA PAZ DE LOS PIRINEOS (1659) HASTA LA GUERRA DE DEVOLUCIÓN (1667).

LA EMBAJADA DEL MARQUÉS DE LA FUENTE

Isabel Yetano Laguna. Licenciada en Filosofía y Letras.

Madrid 2007

Universidad Nacional de Educación a Distancia

Facultad de Geografía e Historia.

Departamento de Historia Moderna

Relaciones entre España y Francia desde la Paz de los Pirineos (1659) hasta la guerra de Devolución (1667). La embajada del Marqués de la Fuente”.

Isabel Yetano Laguna.

Director: Juan Antonio Sánchez Belén.

AGRADECIMIENTOS

Mi sincera gratitud al doctor Don Juan Antonio Sánchez Belén, director de esta tesis, que me prestó una inestimable ayuda para su realización.


Al doctor Don Miguel Angel Ochoa Brun que me hizo valiosas sugerencias que he procurado tener en cuenta y que me dio palabras de aliento. Siempre recordaré su magisterio de excelente historiador.

ÍNDICE
Páginas

CLAVE PARA LAS ABREVIATURAS....................................... 11
INTRODUCCIÓN........................................................................... 13
Capítulo I. EL SUEÑO DE LA PAZ………..…………............. 21
Capítulo II. LA EMBAJADA Y EL EMBAJADOR.................. 47

2.1. La embajada de París…………………………………… 47

2.2. Los primeros embajadores….…………………………... 53

2.3. El Marqués de la Fuente.............................................….. 55

2.4. La llegada del Marqués de la Fuente a París….………… 80

2.5. La Jornada de Alsacia……………………………...…… 86

2.6. La Dieta de Ratisbona…………………………...……… 92

2.7. El regreso a París……………………………..………… 103

2.8. El papel de quejas…………………………….………… 109

2.9. El Marqués de la Fuente pide volver a España…….…… 119

2.10. Un encargo doloroso: la noticia de la muerte de

Felipe IV…………………….………………………. 130

2.11. El Marqués de la Fuente recibe la licencia…….……… 143

2.12. El Marqués de la Fuente se despide de París….………. 157

2.13. Los últimos años en Madrid…………………………… 167
Capítulo III. EL INCIDENTE DE LONDRES…………..……. 171

3.1. La audiencia de las excusas………………………..…… 181

3.2. Consecuencias del incidente de Londres……………… 187
Capítulo IV. LA DIPLOMACIA FRANCESA Y EL AISLAMIENTO INTERNACIONAL DE ESPAÑA………………….…….….… 203

4.1. El acercamiento de Francia a Holanda………………… 204

4.2. Las relaciones de Francia con Inglaterra……………… 214

4.3. Francia y el Imperio …………………………………… 233

4.4. La Diplomacia de Francia en el Norte y en el Este de Europa:

Dinamarca, Suecia y Polonia………………………… 248

4.5. Una maniobra efectista: la incorporación de Lorena

a Francia …………………………………………….. 257

4.6. Injerencia de Francia en los cantones Suizos

y Grisones ………………………………………...….. 267


Capítulo V. EL ENFRENTAMIENTO DE FRANCIA CON ROMA............................................................................................. 273

5.1. El incidente de Crequi………………………..…..……. 274

5.2. La conferencia de Lyon……….……………..………… 288

5.3. La mediación de España……………………….……… 310

5.4. Fin del enfrentamiento entre Francia y Roma………..... 325
Capítulo VI. LA CUESTIÓN DE PORTUGAL........................ 341

6.1. La búsqueda de la normalización diplomática

entre Francia y Portugal……………………………… 343

6.2. Hacia la legitimidad dinástica de los Braganza………… 349

6.3. El reconocimiento del reino de Portugal. La realidad de los

intercambios comerciales luso-franceses …………… 362

6.4. El apoyo militar de Francia a Portugal………………… 370
6.5. La independencia de Portugal. La diplomacia

francesa en acción…………………………………… 393


Capítulo VII. PRELIMINARES DE LA GUERRA DE DEVOLUCIÓN................................................................................ 415

7.1. Conflictos territoriales y aislamiento militar de Flandes… 415

7.2. El problema de las infraestructuras

en los Países Bajos………………………..…………… 431

7.3. Las pretensiones dinásticas de Luis XIV sobre

los Países Bajos ……………………………………… 443

7.4. Preparativos de guerra………………………………….. 452

7.5. La invasión de Flandes…………………………………. 476



CONCLUSIONES.......................................................................... 503

FUENTES MANUSCRITAS........................................................ 513

BIBLIOGRAFÍA............................................................................ 517

APÉNDICE...................................................................................... 525

ABREVIATURAS

AGS = Archivo General de Simancas (Valladolid)

AHN = Archivo Histórico Nacional (Madrid)

BNM = Biblioteca Nacional de Madrid

AGP = Archivo General de Palacio (Madrid)

RAH = Real Academia de la Historia (Madrid)

Mss. = Manuscritos

R = Raros

Leg. = Legajo

Lib. = Libro

Op. Cit. = Obra citada

INTRODUCCIÓN

El estudio de las relaciones internacionales despierta hoy un indudable interés. Si nos referimos a las relaciones entre España y Francia durante el siglo XVII, el interés es especial porque la lucha que mantuvieron ambas potencias por la hegemonía les convirtió en actores principales de la historia de Europa en esa centuria, lo que explica los numerosos estudios publicados hasta la fecha sobre el tema1. No obstante, las investigaciones se han centrado principalmente en la primera mitad del siglo existiendo una laguna historiográfica respecto a las relaciones entre España y Francia durante la segunda mitad del siglo XVII. Esta laguna es mayor si nos referimos a los años 1659-1667, años que, según Stradling, parece que España despareció del mapa de Europa –desaparición realizada simbólicamente en las páginas de muchos manuales, y literalmente en un estudio de la época de Luis XIV-2.


La historiografía sostiene que a partir de 1659, con la firma del Tratado de los Pirineos3, España y Francia inician una etapa de paz largamente deseada, se reanudan las relaciones diplomáticas entre los dos países históricamente enfrentados (rotas desde 1635 cuando Luis XIV y Richelieu intervienen en la guerra de los Treinta Años con el propósito de frenar el poder de la Casa de Habsburgo en centro Europa tras el triunfo de Nordlingen), se reabren las respectivas embajadas de España y de Francia en París y Madrid y se percibe en ese momento un fuerte deseo de paz. Sin embargo la paz apenas durará ocho años ya que en el verano de 1667 Luis XIV invade los Países Bajos españoles inaugurando una nueva etapa de conflictos bélicos intermitentes que proseguirán hasta finales de la centuria4. El objetivo de este trabajo es analizar los hechos sucedidos entre 1659 y 1667 para comprender cómo se llega tan rápidamente a la guerra de Devolución habiéndose ajustado la importante Paz de los Pirineos.
Partiendo de los acuerdos firmados en 1659 que ponen de manifiesto una voluntad de paz y buena correspondencia entre España y Francia nos planteamos: ¿existía por parte de Luis XIV la voluntad de mantener la buena correspondencia? ¿Se aplicó el Rey Cristianísimo, desde que firmó la paz de los Pirineos, a otra cosa que no fuera fabricar la ruina de España, como afirmó el Consejo de Estado en 1667? ¿Fue el Rey Cristianísimo durante esos años “el mayor enemigo de la Augustísima Casa”, como declaró el Duque de San Lucar en 1667? De los designios del Rey Cristianísimo de“aspirar a una Monarquía Universal” ¿se siguieron daños para España, o más bien Luis XIV puso deliberadamente a España, desde el primer momento, en el punto de mira de la expansión francesa? ¿Qué mecanismos empleó Francia para llevar la guerra a España cuando se había comprometido con ella a mantener amistad y alianza y a no perjudicarla? ¿Qué papel jugaron otras potencias? ¿Cuál fue el comportamiento de España?
El estudio de la acción “exterior” de la Monarquía Católica durante los años sesenta del siglo XVII, relacionada y dependiente de la acción “interna”, se hace siguiendo la abundante correspondencia del Embajador Extraordinario en París durante los años 1661-1667, el Marqués de la Fuente, y las Consultas del Consejo de Estado que estudian dichas cartas. Desde su privilegiado observatorio —“la oficina donde se fraguan cuantos materiales sirven para la fábrica de toda Europa—”5, el Embajador informa a Madrid de los principales problemas que afectan a la política española y a Europa, sus cartas se estudian en el Consejo de Estado (cuya misión principal, aunque no fuera la única, era deliberar sobre la política exterior), y tal materia, en la segunda mitad del siglo XVII, se puede comprender que alcanzó una importancia excepcional. Por el Consejo de Estado corría la correspondencia ordinaria con todos los embajadores residentes en las cortes extranjeras, y desde él se emitían las instrucciones reales a ellos dirigidas6.
La rica documentación pone en relación la historia local y los temas internacionales, explica aspectos de la historia interna, de la acción exterior y del Poder político. Dice J. Alcalá-Zamora y Queipo de Llano que la indagación del Poder y de la actividad internacional de los principales Estados exige el análisis de tres apartados mayores: la potencialidad, —los recursos técnicos y humanos disponibles—, la funcionalidad — organización y funcionamiento de la maquinaria estatal—, y, en el plano ideológico y cultural, el Programa y los conceptos operativos7. Las cartas del Marqués de la Fuente y las Consultas del Consejo de Estado, que estudian la información enviada por el Embajador, aportan importantes datos para explicar todos estos aspectos de la política de España en la sexta década del siglo XVII, algunas veces mezclados. Las cartas del Marqués de la Fuente aportan también información de las actuaciones de Francia.

Las fuentes principales consultadas son los legajos que se llevó Napoleón Bonaparte a Francia en 1810 y que fueron catalogados en París en 1912 por Don Julián Paz. Recuperados en 1942, hoy se encuentran en el Archivo General de Simancas cuidadosamente restaurados y ordenados formando los legajos K Estado, Francia. Los legajos K1385 a K1711 contienen numerosas cartas del embajador de la Fuente desde París a Madrid, Consultas del Consejo de Estado, cartas del Rey Cristianísimo, de S.M. Católica, del Marqués de Castel Rodrigo y otros, así como diversos informes. En el Archivo Histórico Nacional, Sec. Estado, hemos podido consultar cartas del Marqués de la Fuente desde las embajadas de Venecia, Viena y París así como cartas de de S.M. Católica, Instrucciones a embajadores, poderes, nombramientos, tratados internacionales, etc. En la Sección Consejos se ha consultado la concesión de títulos y cargos al Marqués y en la Sección Ordenes Militares otras informaciones sobre la vida del Marqués de la Fuente. En el Archivo General de Palacio: papeles complementarios sobre la vida del Marqués de la Fuente y sobre las fiestas que se celebraron en 1659; en la Biblioteca Nacional, —Sección Manuscritos y Raros— crónicas de la época que describen los deseos de paz de 1659 y documentos que apoyan los derechos de Luis XIV a los Países Bajos y otros que sirven a la Regente para defender los suyos. Los fondos de la Real Academia de la Historia —Colección Salazar y Castro— nos han permitido estudiar la biografía del Marqués de la Fuente y su familia. Además se han consultado fuentes impresas.


Hemos estructurado la investigación en una serie de capítulos. En el primero, siguiendo crónicas y testimonios literarios y artísticos de la época, se describe el sueño de paz que vive España en 1659 tras la firma del Tratado de los Pirineos, breve y feliz sueño que se puede apreciar en el recibimiento que se hace al embajador de Francia que viene a recoger a la Infanta, en las fiestas que se organizan para celebrar la paz y la boda (“La púrpura de la rosa”), en la llegada de María Teresa a París, o en la firma de la paz con Inglaterra.
A continuación, en el segundo capítulo, se estudia la embajada de España en París en los años 1660-1667, embajada difícil porque se abre después de estar cerrada casi veinticinco años y porque coincide con el momento de gobierno personal y de “magnificencia” del Rey Cristianísimo. Se estudia la vida del Marqués de la Fuente y las dificultades con las que se encuentra para cumplir los objetivos que persigue España, la percepción que el Embajador tiene de los problemas, la relación con Luis XIV, con las reinas y con los ministros, las dificultades económicas, etc.
El tercer capítulo se refiere al incidente de Londres de 1661. Estudiamos cómo Luis XIV utilizó el incidente como excusa para exigir a España la precedencia que ésta disfrutaba desde antiguo en las cortes europeas, las negociaciones que se llevaron a cabo para pactar el documento que el embajador de la Fuente leyó en la “audiencia de las excusas” y las consecuencias de dicho incidente.
El capítulo cuarto analiza las actuaciones de Francia dirigidas a aislar diplomáticamente a España en los años 1660-1667. Varios son los pasos seguidos en esta línea. Por un lado el establecimiento de una liga con Holanda excluyendo a España. Estudiamos los obstáculos que pone Francia al intento de España de formar parte de dicha liga y la tenacidad del Marqués de la Fuente para conseguirlo. En este capítulo se estudia también el acercamiento de Francia a Inglaterra con la intención de perjudicar a España porque con ello consigue alejar a Inglaterra de España y, sirviéndose de Inglaterra, ayudar mejor a Portugal para que ésta pueda ganar la guerra. El acercamiento a Inglaterra es una deslealtad de Francia y se concreta en el apoyo de Mazarino al matrimonio de Carlos II Estuardo con Catalina de Braganza, en el matrimonio del Príncipe Felipe de Orléans, hermano de Luis XIV, con la princesa Enriqueta, hermana de Carlos II y en la compra de Dunkerque. Se estudia también el acercamiento de Francia a Suecia, a Dinamarca y a Polonia, la injerencia de Francia en Suizos y Grisones, el intento de anexión de Lorena y, lo que es más doloroso para España: el acercamiento de Francia al Imperio.
El capítulo quinto aborda el enfrentamiento de Francia con Roma en el que, a su pesar, se ve involucrada España. Felipe IV se encuentra en una posición difícil entre los intereses de Luis XIV (que practica una política antiespañola y en ese momento amenaza a Roma con la guerra), y los intereses de Alejandro VII (que, aunque aliado de S.M. Católica, en ese momento intenta reconocer al ministro de Portugal lo que perjudica los intereses de España). Sirviéndonos de las cartas del Marqués de la Fuente y de las Consultas del Consejo de Estado, intentamos conocer cómo se solucionó tan difícil situación. El enfrentamiento de Francia con Roma forma parte de la estrategia de Francia para aislar a España, para evitar que España tenga aliados y pueda ganar la guerra que sostiene con Portugal.
En cuanto a la guerra de España con Portugal, “el problema más importante de la Monarquía Católica”, en las cartas del Marqués de la Fuente buscamos pruebas de los suministros que Francia envía a Portugal, y de las negociaciones que Francia hace con Portugal para que el Rebelde case con princesa francesa. Estudiamos también la negociación entre el embajador de España y el Rey Cristianísimo con ocasión de la pragmática publicada por Luis XIV acerca de que sus navíos sólo podían ser reconocidos si navegaban a 20 millas de la costa, decisión contraria a la letra y al espíritu del tratado. Es el capítulo al que titulamos La cuestión de Portugal.
Finalmente, en el capítulo llamado los preliminares de la guerra de Devolución, estudiamos paso a paso desde distintos ámbitos (París, Madrid y Bruselas), y distintas personas (Luis XIV, el Marqués de la Fuente y el Marqués de Castel Rodrigo), el lento y amenazador tránsito hacia una guerra inevitable. Se estudia la pretensión de Luis XIV de poseer los Países Bajos, las alusiones que el Rey Cristianísimo hace al embajador español con motivo de las negociaciones de la liga con Holanda o con motivo las capitulaciones de la Infanta Margarita; se estudian también las exigencias francesas para impedir el paso de tropas españolas de reemplazo (desde Italia y no desde Alemania, para no involucrar al Imperio en actitudes hostiles a Francia), la actitud del Embajador que negocia con cautela, la indignación de Castel Rodrigo en Bruselas que espera aún una ilusoria victoria en Portugal, —el reino que su abuelo obtuvo para Felipe II—, etc. Finalmente la respuesta del Consejo de Estado a las reiteradas advertencias del Marqués de la Fuente de la inminente guerra.
Capítulo I
EL SUEÑO DE LA PAZ

En 1659 en España se percibían expectativas de paz y felicidad. La paz con Francia había sido largamente buscada y los preparativos para su firma auguraban una etapa de buenas relaciones entre estos dos países. La ansiada paz con Francia fue firmada por Mazarino y Don Luis de Haro el 7 de noviembre de 1659 en la fronteriza isla de los Faisanes y se llamó Paz de los Pirineos8. Aunque dicho Tratado significó para España la pérdida del Rosellón, la Cerdaña, el Artois y algunas plazas de Flandes y también el reconocimiento tácito de la pérdida de la hegemonía en Europa, el país, cansado de una guerra desastrosa y continua que duraba casi cuarenta años, acogió la nueva paz como el náufrago a quien se tiende la tabla de salvamento9. Había terminado la guerra y se podía soñar con la paz. Un júbilo popular se extendió por todos los reinos.


Un grabado de la época representa al Cardenal Mazarino abriendo la puerta del Templo de la Paz y a D. Luis de Haro cerrando la puerta del Templo de la Guerra10. Esta imagen, como otras que veremos más adelante, constituye un importante testimonio histórico, pero no quiere decir que sea reflejo objetivo de ese tiempo y espacio, sino que es parte del contexto social que la produjo y refleja “el punto de vista” del autor, en este caso el “punto de vista” interesado de Francia. Las imágenes son a veces poco fiables y, en este caso, la asociación de Mazarino con la paz y de Luis de Haro con la guerra es interesada11. No obstante esta mitología, en la que claramente se desprende que España fue la que inició las hostilidades, cuando fue Francia con la declaración de guerra de 1635, lo cierto es que a uno y otro lado de la frontera pirenaica el deseo de paz se imponía a cualquier otra consideración: si para España el Tratado facilitaba el reagrupamiento de sus efectivos militares para dirigirlos contra el reino de Portugal, separado de la Monarquía desde 1640, para Francia suponía la reorganización de su estrategia política futura que pasaba inevitablemente por una reforma fiscal y militar. Así, anunciado el fin de la guerra12 y antes de firmar el Tratado, en las ciudades de Francia se manifestó la común alegría y comenzaron las celebraciones de la deseada paz. En Roan los soldados con trompetas y arcabuces aclamaron la paz en la plaza de la ciudad y se rezó un Te Deum en la iglesia mayor de Sta. María; en Reims se formó un teatro en la plaza con flores de lis; en Lyon, Rennes, Compiegene, San Quintín y otras ciudades se celebraron anticipadamente las paces con alegría, con salvas, carros triunfales y jeroglíficos, sin faltar fuentes de vino13. También en España se empezó a disfrutar de la paz antes de que ésta se firmara. El 6 de agosto salió de Madrid Don Luis de Haro para dirigirse a Irún en donde trataría el ajustamiento de la Paz con Mazarino. Le precedía la caballería “con seis trompetas en lucidos caballos, con baqueros de terciopelo verde liso quaxado de pasamanos de oro, con pomposos penachos blancos, botas y espuelas...”. Don Luis de Haro portaba regalos para el Cardenal plenipotenciario: “una carroza de 12.000 escudos tirada por ocho hermosos caballos, cantidad de joyas de mucho valor, 200 cadenas de oro, 16 caballos palafrenes con sus terlices de terciopelo negro y otras alhajas preciosas....” A lo largo del viaje le ofrecieron grandes fiestas, por ejemplo en Burgos, y en Irún se encontró con Mazarino con el que celebró varias entrevistas14.
En septiembre, todavía sin rubricar el Tratado, dice el cronista que se limpia y empiedra la calle donde ha de vivir el Mariscal Gramont, embajador extraordinario de Luis XIV que viene a pedir a la Infanta, y se le dispone la casa con toda ostentación. La llegada del Mariscal Gramont estaba prevista para el 16 de octubre: entraría en Madrid corriendo con 20 caballeros de los suyos, todos de gala. El día siguiente entraría su hijo de la misma forma y con otros tantos acompañantes, el primero a la ceremonia ordinaria de pedir a la Serenísima señora Infanta para su Rey, el segundo a traerle la joya15. Y así fue, pues Gramont llegó a la corte el 16 de octubre con su brillante séquito. Salió a recibirle a Maudes don Cristobal de Gaviria, introductor de embajadores, por orden de Felipe IV, celebrándose a continuación su solemne entrada en Madrid por la puerta y calle de Alcalá, Puerta del Sol, calle Mayor y Platería, entre un gentío enorme y alborozado16. El cronista describe la solemnísima entrada en Madrid del embajador extraordinario de Francia que viene a pedir a la Infanta como un dichoso y feliz día, (dichosísimo para el que mereció ser escogido para nuncio de tan alto empleo), y de don Cristóbal de Gaviria, dice: “salían más reflejos que de sus diamantes, aunque eran muchos; pero ¡qué maravilla, si conducía las Lises de oro al Solio Augustísimo de España! Después de saludar al Rey y a la Reina, el sr. Mariscal se dirigió a la posada donde tenía prevenido aposento con “general aplauso del pueblo”17. El día 30, después de visitar Aranjuez y el Escorial, se intercambiaron regalos: los señores de estos reinos dieron al embajador de Francia 18 caballos andaluces, “los más bellos y bizarros que bebieron las aguas del Betis”. Él regaló cadenas de oro, joyas y otras cosas de gran estimación. El lunes 31 regresó a Francia18.
El cronista Alvaro Cubillo de Aragón describe también el festín con el que el prócer don Alfonso Enriquez de Cabrera agasajó al ilustre huésped. Dice que hizo época. “Fue a imitación de los persas: se sirvieron ochocientos platos, quinientos de carne y trescientos de principios y postres, con tanto lucimiento, acierto y con tantas ceremonias y reverencias corteses que admiró Francia la limpieza y aseo del agasajo español. Aranjuez y Vera tributaron fruta; Granada, Valencia y sus costas, dulces; San Martín, Cebreros, Esquivias, Lucena y La Puebla generosos vinos y excelentes limonadas a los que se dio título de oro molido y potable. Corrieron por el suelo arroyos de este fauvísismo licor, mal digo arroyos, mares navegables en que se edificó un dulce y seguro muelle de confitura derramada para que los convidados pusiesen los pies en tierra firme, sin riesgo de anegarse en el golfo de los brindis que a la salud de los monarcas fueron tantos que pudiera zozobrar en ellos la barca de Amiclas, pero aseguróla el nombre de César y el del Almirante que tiene el nombre de los mares. Se representó una comedia que puso fin al gran día, y se le ofrecieron los dos mejores caballos de la caballeriza”. Añade el cronista: “cuando las acciones son tan grandes y tan dignas de saberse, no cabe ni se acomoda el silencio en los estrechos límites de la modestia: sépalo el mundo, celébrelo la fama en los futuros siglos y sepan las naciones que el monarca español (no solamente Grande sino Máximo) tiene vasallos que pueden tanto, sin más prevención que el breve término de un día, para que redunde todo en honra y gloria de Dios y de la Serenísima Infanta, Arco de paz hermoso de las dos monarquías, lazada y vínculo de las dos coronas, que formidables a los infieles y rebeldes ensalcen la fe católica y cristiana religión en los cristianísimos y catolicísimos hombros de sus príncipes, siempre amigos para ser siempre invencibles”19.
Los gastos que se originaron con el recibimiento, hospedaje y regalos que se hicieron al Mariscal de Gramont y su séquito en 1659 fueron elevadísimos como se puede comprobar en las facturas que se conservan en el Archivo General de Palacio20.
Felipe IV encargó a Velázquez que enseñara el palacio al enviado y a sus hijos, lo que tuvo lugar el 20 de octubre. Para el Salón de los Espejos Velázquez había pintado ese mismo año cuatro cuadros de tema mitológico: Venus y Adonis, Psiquis y Cupido, Apolo y Marsias, y Mercurio y Argos. Los tres primeros fueron destruidos por el fuego en el incendio del Alcázar de 1734.
El cuadro Venus y Adonis, que formaba pareja con Psique y Cupido, conmemoraba el matrimonio de María Teresa con Luis XIV. El amor entre Venus y Adonis fue probablemente el episodio mitológico de carácter erótico que alcanzó mayor fortuna literaria y artística ya que la relación entre la más bella de las diosas y el más hermoso de los mortales propiciaba la representación de tipos humanos fuertemente idealizados. Quizás Velázquez eligió este tema intuyendo que Adonis abandonaría la amorosa compañía de la diosa para proseguir con la caza y, en el curso de esa actividad, encontrar la muerte.
El tema de Venus y Adonis, predilecto de la iconografía española del Siglo de Oro, nos hace recordar el cuadro del mismo nombre que Felipe II encargó a Tiziano cuando se marchaba a Londres para contraer matrimonio con María Tudor y que hoy podemos contemplar en el Prado. Aquel matrimonio fue una auténtica acción de Estado y Tiziano refleja a Venus tratando de sujetar amorosamente a Adonis que se resiste, bien a su pesar, del amoroso abrazo, en busca de su destino. El escorzo desnudo de la diosa es un espléndido regalo para la vista; sin duda lo fue para el afligido Rey, camino de su destino, y no es difícil reconocer en el rostro de Adonis el del propio Felipe II, entonces en la flor de la edad, a sus veintisiete años, dejando en Castilla a su amada Isabel Osorio, para encaminarse a su destino londinense21.
El matrimonio de María Teresa y Luis XIV era también una acción de Estado y un enorme sacrificio. Así lo escribe el propio Felipe IV a sor María de Agreda que no duda en comparar su sacrificio con el de Abraham: “Siempre que vuelvo a reconocer, por lo que me decís, cuán gran cosa es la paz, me vuelvo a ratificar en el deseo de conseguirla, y en el dictamen de cuán agradable será a Nuestro Señor hacerle este servicio, para cuyo fin no he omitido diligencia alguna; antes he allanado muchas dificultades que se ofrecían, cediendo harto de lo que era justo, ofreciendo y sacrificando la prenda de mi hija por facilitar más tan gran negocio. Y aunque yo no puedo merecer en esto ni la mínima parte de lo que padeció Abraham con la obediencia de sacrificar a su hijo Isaac, pues él era santo y yo pecador, con todo eso pongo de mi parte, por hacer este servicio a Nuestro Señor, el apartarme para siempre de esta prenda a quien quiero tiernamente, sin más fin que dar un día tan deseado a la Cristiandad22.


Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   36


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal