Las “externalidades” de la globalización: ¿Cuán peligrosa es la economía global? La vulnerabilidad a los impactos externos



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Desde aquel sábado de noviembre en que el saliente George W. Bush -con los enviados del presidente recién elegido haciéndole sombra- se comprometió con sus colegas de los cinco continentes a coordinarse, supervisar más el sector financiero y evitar nuevas quiebras, poco ha mejorado para la economía a los dos lados del Atlántico. Desde entonces, aunque los mercados están más tranquilos y han colapsado menos bancos, a marzo de 2009, más de 2,5 millones de personas en EEUU se han quedado sin trabajo, y al menos otro millón en la UE, donde ya se calcula que habrá cerca de 22 millones de parados el próximo año.

Desde su investidura, a marzo de 2009, Obama ha conseguido aprobar un paquete de estímulo fiscal de 800.000 millones de dólares, además de 400.000 millones en garantías a Citigroup y Bank of America, y ha propuesto otro plan de rescate semipúblico para limpiar los activos tóxicos de, al menos, 600.000 millones.

En diciembre, los europeos se comprometieron a gastar cerca de 200.000 millones, aunque ha habido pocas novedades respecto a los paquetes ya aprobados en otoño (el último esfuerzo común son 50.000 millones en préstamos para países fuera de la zona euro). Pero, aparte de la escasez de datos positivos, la coordinación es aún una promesa.

Los dos lados del Atlántico, y también la mayoría de las potencias emergentes, están de acuerdo en que falta confianza para restablecer el crédito, paralizado, sobre todo, desde la caída de Lehman Brothers en septiembre, pero la receta para recuperar el valor perdido no es nada evidente.

La UE se ha enzarzado en una pelea con Washington sobre las cifras de sus planes de estímulo para responder a las críticas efectuadas por Larry Summers, el poco querido consejero económico de Obama. Según la UE, sus gastos extras por la crisis supondrán un 3,3% de su PIB de media entre este año y el siguiente, incluyendo el aumento de las prestaciones de desempleo y otras formas de protección social, mientras que EEUU superará el 5% sólo con sus ayudas a los bancos, descuentos fiscales para las empresas e inversiones públicas en infraestructuras y otros proyectos. En cualquier caso, hay una brecha entre el 3,4% de Alemania y el 1,3 de Francia, según los datos del FMI para 2009 y 2010.

El FMI también sostiene que los países que aumentan el gasto social de manera automática necesitan menos esfuerzo fiscal, si bien Paul Krugman, premio Nobel de Economía, señala que los europeos trampean al sumar el paro y la inversión en fibra óptica como si tuvieran el mismo efecto en el relanzamiento de la economía. En cualquier caso, Krugman considera que las acciones de EEUU y la UE son igual de insuficientes. También el gurú Nouriel Roubini asegura que evitar la recesión en L será posible sólo si hay “acciones políticas mucho más agresivas y coordinadas” entre Washington y el resto del mundo.

La respuesta oficial europea es que, para solucionar esta crisis, no sólo para prevenir la siguiente, es esencial más regulación que dé seguridad a los mercados. Sin embargo, incluso sus propias iniciativas de crear supervisores o controlar las agencias de calificación de riesgo o los hedge funds requieren años de proceso legislativo hasta llegar a aplicarse.

Los americanos apoyan más controles pero no consideran que sean la prioridad absoluta para salir de esta crisis. “No tiene sentido intentar reconstruir una casa mientras se está quemando”, dijo Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal y consejero de Obama, en una reciente reunión de la Casa Blanca.

El presidente no es partidario de dejar aparcada la regulación, pero se resistirá a supervisores trasnacionales. Puede que, finalmente, los americanos y los europeos hablen con una sola voz, pero el tono de partida es bastante más bronco del esperado hace unos meses, cuando Europa se rendía ante Obama.

Entre los dos bloques hay muchos puntos de acuerdo, como el no permitir el colapso de grandes bancos, pero falta consenso en los detalles. Por ejemplo, el complicado plan para limpiar de activos tóxicos las entidades estadounidenses llega con pocas exigencias de reestructuración o control estatal, a diferencia del modelo de bancos malos apoyado por la UE, que obliga a la aprobación y el control continuo desde Bruselas y los gobiernos nacionales.

De hecho, en este caso, “el camino al infierno” que escandaliza a Topolanek ha despertado las críticas hasta de los más convencidos demócratas, como Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, que define el plan de Geithner como “un velado intento de transferir cientos de miles de millones de dólares de los contribuyentes americanos a los bancos comerciales”.

La reunión celebrada en Londres podría haber pasado a la historia como la Cumbre de las Cumbres. Se perfilaba como la reunión más importante de los últimos 80 años entre los líderes del G-20, secuela del encuentro que a mediados de noviembre tuvo lugar en Washington, pero finalmente se han desvanecido las importantes expectativas generadas. Los principales mandatarios del mundo parecieron conformarse con ofrecer un mensaje de unidad y coordinación global en un momento en que como telón de fondo está la peor crisis financiera internacional desde la Gran Depresión y la primera recesión económica global, con un comercio que desciende y un desempleo que aumenta en todo el mundo.

Ex presidentes de los bancos centrales y demás reguladores son los que de facto estuvieron guiando a los líderes de las 20 mayores economías del mundo en un argumento clave para evitar que otra crisis de estas características se vuelva a producir: subir los tipos de interés cuando el crédito se extienda y forzar a los bancos a construir un colchón de liquidez en tiempos de abundancia para utilizar en los años difíciles. Sobre el papel parece sencillo pero el caso es que Greenspan no lo hizo en su día.

Según publica Bloomberg, fue Paul Volcker, también exFed, quien aseguró en enero que “la preocupación por la estabilidad financiera es importante no sólo en tiempos de crisis sino también cuando se producen rápidas expansiones del crédito y aumenta el endeudamiento”.

Pero dejando a un lado todos los asuntos económicos, monetarios, financieros y demás menesteres del G-20 que se han revisado por activa y por pasiva, el gran ausente de la crisis en la Cumbre y no por ello menos importante ha sido el factor social.

En este sentido, William White, el que fuera presidente del Bank for International Settlements, según un artículo que publica Bloomberg, no deja de acordarse de Adolf Hitler. Al margen del pánico económico hay que tener en cuenta los costes sociales de la crisis, más si se compara con la Gran Depresión. “Cuando piensas en las grandes turbulencias económicas, yo siempre me preocupo de que se dejan de lado cuestiones políticas y sociales muy rápido”. Es peligroso olvidar estos factores a favor de una burbuja que ha degenerado en un abrupto problema económico.

Frente a la peor crisis de la economía mundial en décadas y que aún no ha tocado fondo- los líderes concluyeron la cumbre al otorgarle principalmente al Fondo Monetario Internacional la responsabilidad de lanzar advertencias sobre problemas futuros y evaluar si los miembros del grupo cumplen sus promesas acerca de la regulación y los paquetes de estímulo fiscal.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), considerado en gran medida irrelevante hace seis meses, fue el mayor ganador de la cumbre de líderes del Grupo de los 20. Los líderes mundiales acordaron cuadriplicar la capacidad financiera del FMI a US$ 1 billón (millón de millones) para manejar las crisis en los países en desarrollo y le encargaron al Fondo monitorear si los países del G-20 están estimulando sus economías suficientemente y reformando sus sistemas regulatorios. Además, le pasaron otra tarea: dar señales de alerta tempranas de problemas financieros que se agravan. “El FMI está de vuelta”, dijo el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn. “Hoy tenemos la prueba”.

Se trata, sin embargo, de responsabilidades que van más allá de las tareas tradicionales del FMI y que probablemente requieran que la entidad sea más dura con sus principales accionistas. Las tareas asignadas sin dudas pondrán a prueba la capacidad del FMI para reprender a sus 185 países miembro. El FMI generalmente emite advertencias privadas, no públicas, que los gobiernos de países poderosos suelen ignorar.

Las medidas podrían aliviar el sufrimiento ocasionado por la actual crisis de la economía global, pero muchas son declaraciones de principios que deberán tener un seguimiento. El G-20 ya convino otra reunión para este año.

El FMI no es la única entidad internacional con mayores responsabilidades. La Junta de Servicios Financieros -una versión ampliada del Foro de Estabilidad Financiera, un grupo de reguladores internacionales con sede en Suiza- tendrá la misión de coordinar los grandes cambios regulatorios globales. La Organización Mundial del Comercio, por su parte, se encargará de velar por que los miembros del G-20 cumplan sus promesas de mantener a raya el proteccionismo.

Las funciones encomendadas al Consejo de Estabilidad están a medio camino entre la regulación y la supervisión, una fórmula heredada de su naturaleza original, una mesa que reunía a ambos lados de la actuación pública sobre el sector financiero. Para reforzar esta misión, el Consejo, además de abrir la puerta a los países emergentes, ha incorporado a otras instituciones de supervisión, más allá de los bancos centrales: estarán las agencias internacionales de mercados de valores, contabilidad y seguros.

El Consejo también evaluará cómo funcionan las propuestas que ultima el Banco Internacional de Pagos, a través del comité de Basilea II, para evitar que un colapso en los mercados de crédito y títulos de deuda, como el que ha ocurrido ahora, deje secos de capital a los bancos y de liquidez al sistema financiero. El comité publicará, a principios de 2010, normas para elevar los requerimientos legales de capital mínimo (ahora el 4% de los activos), establecer qué títulos (básicamente acciones ordinarias) pueden considerarse capital de máxima calidad y extender las provisiones anticíclicas para crear colchones de liquidez cuando el crédito crece. Y revisará el efecto del actual sistema de calificaciones, monopolizado por tres agencias privadas de EEUU, en la multiplicación del riesgo excesivo.



Pero no hay que esperar que las nuevas reglas entren en juego antes de finales de 2010. Si para entonces la presión de la crisis afloja y no se mantienen los compromisos, se recordaría como un brillante ejemplo de la máxima de El Gatopardo, la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: “Algo tiene que cambiar para que todo siga igual”.

“Por la magnitud del reto que afrontamos y de las medidas que hemos adoptado, Londres será parte de la Historia”, proclamó el presidente de EEUU, Barack Obama, al cierre de la cumbre, recibiendo una insólita salva de aplausos de los periodistas al final del acto, otra demostración más del poder de seducción del líder estadounidense.

Al final (nada es cierto) los líderes del G-20 pretendieron salvar el mundo en 11 minutos. Los mandatarios de los países que componen el G-20 dedicaron más tiempo a comer y posar para la sesión de fotos con la prensa que a discutir sobre la profunda crisis económica y financiera global, apenas once minutos por intervención.

La Cumbre acordó un gasto de 5 billones de dólares, de los que cuatro billones habían sido ya comprometidos por los planes nacionales. Cada líder ha tenido una intervención de 11 minutos para acordar el fin de los paraísos fiscales y triplicar los recursos del FMI… Nosotros, los líderes del Grupo de los Veinte…

- La pirámide monetaria (Secretos y mentiras)

“La crisis global actual -con una pérdida de US$ 50 billones (millones de millones) en acciones, bienes raíces, commodities y ganancias operativas en 15 meses- no puede achacarse sólo al impago de un ínfimo 7% de las hipotecas de alto riesgo (valoradas probablemente en más de US$ 1 billón) que la detonó. El verdadero villano es la falta de confianza en el papel en el que los activos están impresos. Si no restauramos la confianza en el papel, las nuevas moras -en tarjetas de crédito o créditos estudiantiles- detonarán otro colapso del papel que hundirá la economía mundial.

Considere que todo lo que tenemos de valor pasa de mano en mano en papel o títulos de propiedad. A principios de la década había unos US$ 100 billones en títulos de propiedad representando bienes tangibles como tierras, edificios y patentes en todo el mundo, y unos US$ 170 billones representando la propiedad de activos semilíquidos como hipotecas, acciones y bonos. Desde entonces, sin embargo, financistas agresivos han fabricado lo que el Banco Internacional de Pagos estima son US$ 1.000 billones en nuevos derivados (valores respaldados por hipotecas, obligaciones de deuda colateralizada, y seguros contra las cesaciones de pagos) que han inundado el mercado”… (Los activos tóxicos eran activos invisibles - The Wall Street Journal - 26/3/09 - Por Hernando de Soto)

“Si bien la necesidad de “cortar el despilfarro en el gasto gubernamental” se ha convertido en el mantra de cada campaña política en los últimos cuarenta años, Washington se ha embarcado en la mayor expansión del gobierno de la historia. Durante décadas, el gasto público masivo no se ha financiado a través de medios adecuados como los impuestos, sino simplemente por la emisión de deuda. En 2000, la deuda del Tesoro de EEUU se elevaba a la pasmosa suma de 5 billones de dólares. Hoy día, se está acercando a tres veces esa cifra. Si se incluyen otras obligaciones y pasivos, la deuda nacional asciende a unos ¡55 billones de dólares!



En los últimos meses, cientos de miles de millones de dólares han sido asignados por el Congreso para “rescates” a corto plazo del sistema financiero. Ello debería sentar las bases para reformas más profundas ¿verdad? Incorrecto. En su lugar, ingentes cantidades han sido gastadas para sacar de apuros a entidades y sus contrapartidas, a la par, en vez de dejarles pagar por sus imprudencias.

Algunos sostienen que los activos tóxicos representan sólo una parte muy pequeña de los activos totales del sistema bancario. Pudiera ser, pero el verdadero problema es el enorme tamaño de los activos tóxicos en relación tanto al capital de los bancos como a la capacidad financiera del gobierno.



Según el BIS, el total de las inversiones mundiales en derivados, incluyendo el mal entendido mercado de CDS, llegó a alcanzar cerca de 700 billones de dólares, ¡más de 20 veces la producción anual total del mundo! La parte de EEUU fue aproximadamente de 419 billones, cerca de 40 veces su producción anual”… (Un remedio peor que la enfermedad - El Confidencial - 27/3/09 - Por Fernando Suárez)

“Gran parte del exceso de ahorro mundial fue a parar a EEUU. ¿Por qué? Bernanke citaba “la profundidad y complejidad de los mercados financieros del país (que, entre otras cosas, han permitido a las familias acceder con facilidad al dinero del mercado inmobiliario)”. Profundidad, sí. Pero ¿complejidad? Bueno, se podría decir que los banqueros estadounidenses, confiados tras un cuarto de siglo de celo liberalizador, lideraron al mundo a la hora de encontrar formas complejas de enriquecerse disimulando el riesgo y engañando a los inversores.

Y los sistemas financieros muy abiertos y escasamente regulados eran la característica de otros muchos receptores de grandes entradas de capital. Esto podría explicar la correlación casi espeluznante entre los elogios conservadores de hace dos o tres años y el desastre económico actual. “Las reformas han convertido a Islandia en un tigre nórdico”, proclamaba un informe del Cato Institute; Cómo se ha convertido Irlanda en el tigre celta era el título de un artículo de la Heritage Foundation; El milagro económico estonio se titulaba otro. Estos tres países atraviesan ahora una profunda crisis”… (La venganza del exceso - El País -29/3/09- Por Paul Krugman)

Socializar las pérdidas y privatizar los beneficios es más preocupante que las consecuencias de nacionalizar los bancos. El trato se vuelve cada vez peor para los contribuyentes estadounidenses. En la primera ronda de inyecciones de efectivo obtuvieron aproximadamente 0,67 dólares en activos por cada dólar que pusieron (aunque los activos estaban casi con seguridad sobrevalorados y su valor cayó enseguida). Pero con las últimas inyecciones de efectivo se calcula que los estadounidenses reciben 0,25 dólares, o menos, por cada dólar que ponen. Malas condiciones significan una gran deuda nacional en el futuro. Una de las razones por las que posiblemente estamos obteniendo malas condiciones es que si obtuviésemos un valor justo por nuestro dinero, a estas alturas seríamos el accionista mayoritario de al menos uno de los grandes bancos.



No confundamos salvar a los banqueros y a los accionistas con salvar a los bancos. Estados Unidos podía haber salvado a los bancos, y haberse olvidado de los accionistas, por mucho menos de lo que ha gastado.

La economía de la filtración de la riqueza casi nunca funciona. Dar dinero a los bancos no ha ayudado a los propietarios de viviendas: cada vez hay más desahucios”… (La manera de no recuperarse - El País - 29/3/09- Por Joseph E. Stiglitz)

“En 2009, dado que la crisis aún hace que a muchas pequeñas y medianas empresas les sea difícil obtener siquiera un nivel mínimo de financiamiento para mantener inventarios y comerciar, el PIB global está al borde del precipicio. Existe la posibilidad real de que el crecimiento mundial registre su primera contracción desde la Segunda Guerra Mundial.



Con toda probabilidad, en una gran cantidad de países habrá caídas de la producción de entre el 4% y el 5% y algunos sufrirán desplomes a niveles de auténtica depresión, del 10% o más. Lo que es peor, a menos que los sistemas financieros se recuperen, el crecimiento seguirá siendo decepcionante durante varios años, sobre todo en países de la “zona cero” como Estados Unidos, Gran Bretaña, Irlanda y España. El crecimiento a largo plazo de Estados Unidos podría ser particularmente desalentador, a medida que la Administración de Obama conduzca al país hacia niveles europeos de seguridad social y distribución del ingreso.

Los países con tasas de crecimiento de tipo europeo podían manejar obligaciones de deuda del 60% del PIB cuando las tasas de interés eran bajas. Pero con el aumento de las deudas de muchos países al 80 o 90% del PIB, y puesto que las bajas tasas de interés actuales son claramente un fenómeno temporal, pronto habrá problemas. Muchos de los países que están acumulando enormes cantidades de deuda para rescatar a sus bancos tienen sólo perspectivas moderadas de crecimiento a mediano plazo, lo que plantea dudas reales de solvencia y sostenibilidad”… (¿Cuál es la fase final del déficit? (El País - 5/4/09 - Por Kenneth Rogoff)

“Las perspectivas futuras son muy negativas. De hecho, hay quienes ya están aconsejando abiertamente a la gente que retire su dinero de los depósitos y atesore, haciendo caso omiso al seguro de depósitos de la FDIC, debido a su precaria situación de solvencia. Los hay también, que como el bloguero de The Market Ticker, Karl Denningen, prevén una tasa de desempleo en EEUU del 20%.

En este contexto de medidas políticas alocadas y excesivamente onerosas para el contribuyente, y de consecuencias probables nefastas, Fekete acaba su artículo ofreciendo un panorama que pone los pelos de punta: profetiza el colapso total de la economía, como si del pinchazo de un globo se tratara, pero no en forma de hiperinflación y destrucción del dólar, sino de hiperdeflación y destrucción de la economía.

No obstante, no entiende esta crisis como un fenómeno casual, sino como “parte de la progresiva desintegración de la civilización occidental, que empezó con el sabotaje gubernamental del patrón oro en la primera parte del siglo XX”. A estas alturas, Ben Bernanke podría llegar a “tener el honor de administrar el golpe de gracia a nuestra civilización”, concluye”… (EEUU se enfrenta a la “hiperdeflación” y al “colapso económico” - Libertad Digital - 6/4/09 - Sobre Antal E. Fekete - Autores Invitados)



En un reciente informe, Barry Eichengreen, experto en la Gran Depresión y profesor de Económicas en el Political Science at the University of California, Berkeley (EEUU), y Kevin O'Rourke, profesor del Trinity College de Dublín (Irlanda), han recopilado la evolución de la economía global a lo largo de los últimos meses. La conclusión no deja lugar a dudas: La actual crisis supera, de momento, en intensidad y rapidez al crack del 29”… (La crisis económica mundial supera ya a la Gran Depresión de 1929 - Libertad Digital - 7/4/09)

El problema más grave que ahora puede plantearse consiste en que la intervención de gobiernos y bancos centrales pueda dificultar o incluso obstaculizar completamente el mencionado proceso espontáneo de reajuste. Especialmente preocupante, en este sentido, es la decisión adoptada por Ben Bernanke y su Reserva Federal, consistente en rebajar prácticamente a cero los tipos de interés, inyectando en forma de créditos toda la liquidez que sea necesaria para salir de la crisis.



Es claro que este tipo de políticas monetarias, lejos de acelerar la recuperación, la retrasan y dificultan, en la medida en que alargarán innecesariamente la agonía de los procesos empresariales que es preciso liquidar cuanto antes, si es que, como sucedió en Japón, no se bloquea indefinidamente la recuperación, al perder las empresas inviables todo incentivo para reestructurarse (de hecho en Japón no se ha salido de la recesión en más de una década pues el roll over indefinido de préstamos ha hecho posible la devolución generalizada de los préstamos morosos con otros de nueva creación, y así sucesivamente)”… (El error fatal de Ben Bernanke - Expansión - 10/4/09 - Por Jesús Huerta de Soto)

La Administración de Estados Unidos ya ha hipotecado un gasto público de más de 10 billones de dólares para salvar a sus bancos y la Comisión Europea ha aprobado desde septiembre de 2008 más de 50 medidas nacionales para estabilizar el sistema financiero por un valor total de unos 3 billones de euros, pero esto no es suficiente, según el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz.

El economista, gran defensor del gasto público y del déficit para impulsar la demanda, lanza un mensaje neokeynesiano a los gobiernos de todo el mundo: estas enormes cantidades de dinero no son suficientes para superar la crisis financiera internacional y su contagio a la economía real”… (El Nobel Stiglitz cree que hace falta más gasto público en EEUU y Europa - Libertad Digital - 10/4/09)

Ahora, gran parte del éxito aparente del sector financiero ha resultado ser una ilusión. (Las acciones de Citigroup han perdido más del 90% de su valor desde los días en que Weill se felicitaba a sí mismo). Y lo que es peor, el hundimiento del castillo de naipes financiero ha causado estragos en el resto de la economía, de forma que el comercio mundial y la producción industrial actuales están cayendo más rápidamente que durante la Gran Depresión. Y la catástrofe ha dado pie a llamamientos en favor de una regulación mucho mayor del sector financiero.

Pero tengo la impresión de que los políticos siguen pensando sobre todo en reorganizar las casillas del organigrama de supervisión bancaria. No están ni mucho menos preparados para hacer lo que hay que hacer, que es volver a convertir la banca en algo aburrido.

Una parte del problema es que la banca aburrida equivale a banqueros más pobres, y el sector financiero todavía tiene muchos amigos en puestos muy altos. Pero también es un problema de ideología: a pesar de todo lo que ha sucedido, la mayoría de la gente que ocupa puestos de poder sigue asociando las finanzas sofisticadas con el progreso económico.

¿Se les podrá convencer de lo contrario? ¿Tendremos la fuerza de voluntad necesaria para llevar a cabo una reforma seria del sistema financiero? Si no, la crisis actual no será algo puntual, sino el patrón que seguirán los acontecimientos venideros”. (Hacer que la banca sea aburrida (El País - 19/4/09- Paul Krugman)

Es probable que éste sea el peor año para la economía internacional desde la II Guerra Mundial, pues el Banco Mundial calcula que la reducción será del 2%, aproximadamente. Incluso los países en desarrollo que hicieron todo bien -y aplicaron políticas reguladoras y macroeconómicas mucho mejores que las de EEUU- están sintiendo sus efectos. Es probable que, a consecuencia en gran medida de una caída en picado de las exportaciones, China siga creciendo, pero a un ritmo mucho menor que el de entre 11% y 12% de los últimos años. A no ser que se haga algo, la crisis hundirá más en la pobreza nada menos que a 200 millones de personas.

Esta crisis mundial requiere una reacción mundial, pero, lamentablemente, el deber de reaccionar sigue circunscrito en el nivel nacional. Cada país intentará formular su plan de estímulo con vistas a las repercusiones en sus ciudadanos... y no a escala mundial. Al evaluar las mayores repercusiones del estímulo, los países contrapesarán los costos para sus presupuestos con los beneficios desde el punto de vista del aumento del crecimiento y del empleo para sus economías. Como una parte del beneficio (una gran parte en el caso de las economías pequeñas y abiertas) irá a parar a otros, es probable que los planes de estímulo sean menores y estén peor formulados de lo que deberían, razón por la cual se necesita un plan de estímulo mundialmente coordinado”… (Los países en desarrollo y la crisis mundial - El País - 26/4/09 - Por Joseph E. Stiglitz)

“¿Podemos darnos el lujo de reparar nuestros sistemas financieros? La respuesta es sí. Lo que no podemos permitirnos es lo contrario. La gran pregunta es, más bien, cuál es el mejor medio de hacerlo. Pero la reparación del sistema financiero, si bien es fundamental, no basta.



El último informe de Estabilidad Financiera Global del Fondo Monetario Internacional ofrece un contundente y aleccionador análisis sobre el estado del sistema financiero. El organismo eleva a cerca de 4,4 billones de dólares (3,3 billones de euros) sus cálculos aproximados sobre las provisiones. Esto se debe en parte a que el informe incluye estimaciones sobre activos europeos y japoneses, que ascienden a 1,1 billones de dólares y 149.000 millones de dólares respectivamente, y sobre los activos que los bancos de las economías desarrolladas poseen en mercados emergentes, que alcanzan los 340.000 millones de dólares.

Si lo ponemos en contexto, las provisiones que calcula el FMI equivalen a 37 años de las ayudas oficiales al desarrollo concedidas en 2008. Las provisiones que se estiman sobre los activos estadounidenses y europeos, en manos principalmente de entidades de estas regiones, también ascienden al 13% del producto interior bruto conjunto de ambas áreas.

El FMI también realiza evaluaciones sobre los requisitos de capital de los bancos. Comienza con las provisiones globales que se han dado a conocer hasta finales de 2008, que ascienden a 510.000 millones de dólares en EEUU, 154.000 millones de dólares en la eurozona y 110.000 millones de dólares en Reino Unido.

El capital recaudado hasta finales de 2008 suma 391.000 millones de dólares en EEUU, 243.000 millones de dólares en la eurozona y 110.000 millones de dólares en Reino Unido. Pero el FMI prevé provisiones adicionales en 2009 y 2010 por valor de 550.000 millones de dólares en EEUU, 750.000 millones de dólares en la eurozona y 200.000 millones de dólares en Reino Unido. Frente a esto, cifra las reservas netas en 300.000 millones de dólares en EEUU, 600.000 millones de dólares en la eurozona y 175.000 millones de dólares en Reino Unido.

Según el FMI, el capital extraordinario necesario para reducir el apalancamiento de 17 a 1 (o el capital común al 6% de los activos totales) ascendería a 500.000 millones de dólares en EEUU, a 725.000 millones de dólares en la eurozona y a 250.000 millones de dólares en Reino Unido. Para un desapalancamiento del 25 al 1, las cantidades necesarias serían 275.000 millones de dólares en EEUU, 375.000 millones de dólares en la eurozona y 125.000 millones de dólares en Reino Unido.

En las actuales circunstancias, las posibilidades de captar esas cantidades en los mercados son nulas. Además, es probable que ni siquiera esas cifras fueran suficientes. Después de todo, los cálculos del FMI sobre las provisiones potenciales de los activos en EEUU se han multiplicado por tres en sólo un año y no debería sorprendernos que volvieran a aumentar.

No obstante, éstas no son las únicas intervenciones necesarias. Hasta ahora los gobiernos han aportado hasta 8,9 billones de dólares para la financiación de los bancos mediante planes de compras de activos. Sin embargo, la cantidad es sólo una tercera parte de sus necesidades financieras”… (Reparar los sistemas financieros es sólo el principio (Expansión - 28/4/09 - Por Martin Wolf - The Financial Times)

“El 15 de julio de 2007, The New York Times publicaba un artículo con el titular “Los más ricos entre los ricos, orgullosos de una nueva Época Dorada”. Entre los “nuevos titanes”, el que destacaba más prominentemente era Sanford Weill, ex presidente de Citigroup, que insistía en que él y sus homólogos del sector financiero habían obtenido su inmensa fortuna gracias a sus aportaciones a la sociedad.

Poco después de que se publicara dicho artículo, el edificio financiero que Weill se congratulaba de haber ayudado a construir se venía abajo, y provocaba con su caída inmensos daños colaterales. Aunque consigamos evitar que se repita la Gran Depresión, la economía mundial necesitará años para recuperarse de esta crisis.



Todo esto explica por qué debería preocuparnos que las remuneraciones en los bancos de inversión, tras bajar el año pasado, vuelvan a dispararse, hasta los niveles de 2007. ¿Por qué es esto preocupante? Déjenme contarles los motivos. En primer lugar, ya no hay razón para creer que los magos de Wall Street realizan de hecho una aportación positiva a la sociedad, y mucho menos una aportación que justifique esas nóminas desmesuradas”… (Dinero a cambio de nada - El País - 3/5/09 - Paul Krugman)

“Stiglitz no fue muy optimista sobre las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis. “Cuando de la reunión del G-20 sale la decisión de fortalecer el papel del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Foro de Estabilidad Financiera, que son instituciones que gestionaron mal las crisis de los años 90, no podemos tener mucha esperanza sobre la resolución actual de la crisis”, afirmó.

Pero además de las medidas internacionales, el premio Nobel también realizó un balance negativo sobre los planes para combatir la crisis de Estados Unidos.

Por un lado, acusó a la Administración Obama de apostar por “mantener vivos bancos zombis”, incentivando la creación de instituciones “todavía mayores” de las que ya existían. Por otro, consideró que los apoyos a la economía “llegaron demasiado tarde, fueron demasiado pequeños y mal diseñados”.



Además, defendió que “la doctrina de la derecha sobre la economía de mercado falló claramente” y demostró “la importancia de regular los mercados”… (Stiglitz pronostica una recesión profunda tras la “caída libre” de la economía - Cinco Días - 8/5/09)

“Branko L. Milanovic, asesor del Carnegie Endowment for International Peace, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la cooperación internacional, y economista jefe del grupo de investigación de desarrollo del Banco Mundial es experto en desigualdad, una materia sobre la que ha escrito diversas obras y a la que achaca la crisis actual.



¿Sus investigaciones para el Banco Mundial a qué conclusión le han llevado sobre el origen de la crisis actual?

Creo que para entender el origen de la crisis actual uno tiene que analizar la desigualdad de ingresos a nivel mundial. Desde 1978 ha aumentado mucho y en el año 2006 regresó a niveles de 1929. Esto significa que en los últimos 30 años mucha gente se ha hecho rica y disponía de grandes sumas para invertir. Debido a las cantidades tan enormes de capital disponible se necesitaban intermediarios y estos tenían cada vez más dificultades para encontrar oportunidades de inversión. Por ello, poco a poco fueron buscando activos menos regulados y más arriesgados. Por otro lado, el aumento de la desigualdad significa que la clase media de EEUU no creció al mismo ritmo que la economía. Sabemos que el salario medio en EEUU ha estado congelado 30 años. Por eso hacer participar a la clase media del crecimiento del país se convirtió en una prioridad política. Al mismo tiempo para los ricos crecía la necesidad de encontrar dónde invertir su dinero, por lo que las dos partes encontraron un nexo de unión. Y no dudaron en prestar a gente que hoy sabemos que no era solvente. A todas las partes les interesaba que fluyera el crédito fácil y muchas familias comenzaron a vivir por encima de sus prioridades. Esta combinación provocó que la deuda de las familias en relación al PIB pasara del 40% al 100%...


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