La revolucion de 1868



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IES AVEMPACE

Historia de España, 2º Bach.

Prof. Herminio Lafoz

LA REVOLUCION DE 1868. EL SEXENIO REVOLUCIONARIO (1868-1874)
La ruptura democrática de 1868
El movimiento de septiembre de 1868 tuvo un carácter dual. Se unen a él quienes solo desean una “reforma” constitucional, el fin del coqueteo regio con el carlismo y una ampliación de la representatividad del régimen, pero sin ir más allá (son los unionistas de Serrano y los progresistas de Prim), y los que desean una verdadera transformación del país (los demócratas y las clases medias y populares).
El 17 de septiembre, la Escuadra concentrada en la bahía de Cádiz se subleva al grito de “¡Viva España con honra!”, y recibe a Prim a bordo de la fragata Zaragoza, con la que sublevará Cartagena. Se extendió rápidamente por Andalucía y otros lugares de la Península, triunfando inmediatamente tras un encuentro de las tropas de Serrano con las tropas leales al gobierno, mandadas por Pavía, marqués de Novaliches, en la batalla del Puente de Alcolea. Isabel II, que veraneaba en Lekeitio, salió al exilio de Francia sin volver a Madrid.
La sublevación fue masivamente secundada por los ciudadanos que venían constituyendo desde hacía tiempo Juntas Revolucionarias en pueblos y ciudades. Se leen manifiestos en las plazas y se publican en la prensa. El programa democrático lo constituían una suma de derechos políticos y sociales:

  • Cortes constituyentes para establecer el tipo de régimen

  • sufragio universal

  • libertades de asociación, reunión, imprenta, religiosa y de enseñanza.

  • supresión de las quintas, de la pena de muerte

  • supresión de los impuestos de puertas y consumos


El gobierno provisional. La Constitución de 1869
En los primeros días del movimiento revolucionario se puede decir que hay un poder dual: las Juntas Revolucionarias1 que se forman en las capitales y en muchos municipios y que se apoyan en los Voluntarios de la Libertad (nueva versión de la antigua Milicia Nacional); por otro lado el gobierno provisional está en manos de Serrano, y los progresistas, con Prim a la cabeza, conducen la política. Prim y Serrano sólo quieren dar una cartera ministerial a los demócratas (a Rivero), que no la acepta. Las Juntas piden que para constituir el Ejecutivo intervengan todas las juntas provinciales. La Junta de Valencia hace saber a la de Madrid que ha visto con profundo desagrado la constitución del gobierno provisional sin contar con las provincias y, por tanto, no se consideran obligados a obedecerle “por creerlo Gobierno puramente de la provincia de Madrid, como elegido solamente por ésta” (Rosa Monlleó Peris. “Republicanos contra monárquicos. Del enfrentamiento electoral y parlamentario a la insurrección federal de 1869”. Rev. Ayer, 2001, pág. 58). En el mismo sentido la Junta de Barcelona.
El 25 de octubre el equilibrio de estos dos poderes se rompe: decreta la disolución de las Juntas y el desarme de los Voluntarios de la Libertad, y el 26 publica su Manifiesto a la Nación, en el que se decanta de forma velada hacia la monarquía (la forma de gobierno que más se adaptaba a la costumbre y más confianza daba a Europa). La reacción de los demócratas no se hace esperar y ese mismo mes pasa a denominarse Partido Republicano.

Convocatoria de elecciones

El decreto de 6 de diciembre de 1868 convoca las elecciones a Cortes constituyentes del 15 al 18 de enero de 1869 y ya se pronuncia abiertamente por la forma monárquica de gobierno


Campaña electoral. En octubre de 1869, movilización popular que cierra el consenso entre progresistas y republicanos, iniciado en el pacto de Ostende2. Los progresistas acercarán sus posiciones a los unionistas.

La estrategia de los republicanos se basa en:



  • propaganda en la prensa

  • mítines. Que acaban muchas veces en manifestaciones pacíficas que llevan banderas tricolores e inscripciones de “Abajo los Borbones”; se canta el himno de Riego, el de Garibaldi o la Marsellesa. Los líderes propagan por toda la geografía española los mensajes que identificaban la monarquía con la tiranía y la arbitrariedad y a la República con la democracia y el progreso.

  • reuniones en los clubs

En España hay un precedente de este tipo de asociaciones: en el Trienio Liberal se habían creado en el entorno liberal las Sociedades Patrióticas; hay que tener en cuenta también los cafés. Antes de la revolución de 1868, en época isabelina, el asociacionismo político tenía una doble formulación: círculos o asociaciones con existencia legal y pública, porque sus estatutos los reconocen como entidades culturales, recreativas o lúdicas (como el Fomento de las Artes, Madrid, 1859, o el Círculo de Artesanos, de Alicante); las sociedades secretas, de carácter clandestino.

En el Sexenio, el sufragio universal que permite, al menos teóricamente, la incorporación de las clases populares como ciudadanos de plenos derechos, y la dinámica que abre la revolución, es lo que permite el desarrollo de la sociabilidad, ahora de carácter político, ya que la dimensión política lo impregna todo. El modelo por excelencia es el Club Antón Martín, de Madrid que, creado clandestinamente antes de la revolución, en septiembre de 1868 dio origen a una Junta Revolucionaria y después a un club republicano
... como toda idea tiene forma adecuada, toda fuerza requiere un organismo, ¿cuál será el de la revolución?

El Pueblo ha de decidirlo ¿Lo sabe? (...) Preciso es, pues, aprender, discutir, propagar. Los que somos partidarios de la revolución (...) debemos enseñar lo que sepamos, aprender lo que ignoremos, propagar las ideas, discutir las cuestiones, buscar la verdad...

Fundar un centro de actividad, de pensamiento y de vida; educar y educarse; unirse, conocerse, respirar la misma atmósfera espiritual, es, nos parece, una necesidad de todos tiempos en los pueblos donde la vida del ciudadano es posible; perentoria, urgente, en los momentos actuales... (“El Círculo de la Revolución”, en La Discusión, 11 de octubre de 1868)

Entre las capitales de provincia, 20 consiguieron la mayoría republicana, 9 la monárquica y en 12 las dos coaliciones estuvieron equilibradas. Cuando se inauguraron las Cortes el 11 de febrero de 1869 (236 diputados monárquicos, 85 republicanos, 20 moderados y carlistas y 40 no identificados), los republicanos habían publicado un manifiesto en enero en el que se quejaban de que la revolución se estaba convirtiendo en un simple pronunciamiento.


En el seno de las Cortes, las contrariedades de los republicanos aumentarán. En la comisión para elaborar la propuesta de Constitución no se incluye a ningún republicano y sistemáticamente son rechazadas sus propuestas. Una de ellas, un proyecto de matrimonio civil. El diputado valenciano Cristóbal Sorní explicaba:
Hay falta de consideración a mis compañeros por parte de la intolerante mayoría que no nos ha concedido puesto ni en comisiones, ni en las presidencias, ni en la comisión de la Constitución, y ahora no aceptan esta proposición, ¿qué pretenden? Se ha hecho una gran revolución y no se ha tomado ninguna medida revolucionaria. El ejército sigue lo mismo. Ni una reforma en Gracia y Justicia, ni en Gobernación, ni en ningún departamento Ministerial... (Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes, 15 de marzo de 1869)
En junio, es aprobado el proyecto de Constitución por 214 votos a favor y 56 en contra. Figueras, antes de realizar la votación, explica que los diputados de su partido van a votar en contra y que acatan pero no aceptan la Constitución y que la combatirán por todos los medios que les concede la ley.
Serrano, que primero fue jefe del gobierno provisional, es nombrado regente, una forma de alejarlo de los órganos de decisión; Prim, que había sido ministro de la Guerra, será jefe del gobierno y Sagasta, ministro de la Gobernación.
Progresistas y unionistas fueron los partidos que se disputaron la hegemonía política en los primeros tiempos del Sexenio. Los progresistas tuvieron la mayoría en todos los gobiernos, apoyados por los unionistas.
La extrema derecha está en los carlistas y los neocatólicos.
Los moderados, primero poco numerosos, se transformaron tras la abdicación de Isabel II en su hijo en alfonsinos.
La Constitución hacía un amplio reconocimiento de libertades: emancipación de los esclavos, libertad de enseñanza, prensa e imprenta, reunión y asociación. El sufragio universal se reconocía a los mayores de 25 años, aunque excluyendo a las mujeres. Reconocía además el principio de la soberanía nacional, el de la limitación al poder regio y el carácter laico del Estado.
Los problemas que habría de afrontar el gobierno para consolidar la monarquía democrática eran diversos y muy graves. En síntesis: la búsqueda de un candidato para el trono vacante; las respuesta de las demandas populares de abolición de impuestos y quintas; la solución a la situación de Cuba, donde desde 1868 había estallado una seria insurrección independentista. Estas cuestiones solo podrían afrontarse con una sólida coalición. Por el contrario, cada problema desencadenó rupturas y enfrentamientos que llevaron al fracaso del experimento.
Una parte de los republicanos (”los intransigentes”), frustrados por la forma monárquica de gobierno y la falta de soluciones a la “cuestión social”, promovieron ya en el verano de 1869 sublevaciones generalizadas. Hambre de obreros y hambre de tierras de los campesinos estaban detrás de las protestas que fueron sofocadas sangrientamente.
La monarquía de Amadeo I de Saboya (1871-1873)
Supuesto que constitucionalmente España era un reino y expulsada Isabel II por la “Gloriosa”, había que buscar un rey. A esta tarea se dedicó el año 1870. Tras una serie de luchas, tanto interiores como exteriores, se encontró un candidato de compromiso, aceptado por Prim: Amadeo de Saboya, duque de Aosta e hijo del rey de Italia.
Cuando Amadeo llegaba a España (30 de diciembre de 1870), había caído asesinado tres días antes Prim, su mejor valedor. Juró la Constitución ante las Cortes el día 3 de enero de 1871. Sus apoyos se reducían a los progresistas.
Pero el reinado de Amadeo fue un completo fracaso por una serie de razones complejas. En primer lugar, el propio carácter del joven, tímido y poco simpático, al que costaba hablar el idioma y que no supo ganarse apoyos en el país.
Sin embargo, la razón fundamental estaba en que nadie, en el fondo, creía en la solución de la casa de Saboya. Eran contrarios al rey:


  • la aristocracia y los terratenientes, que identificaban al monarca con el sistema democrático que había acabado con su dominio oligárquico y que, según ellos amenazaba el mismo orden social y la propiedad. La nobleza madrileña hizo el vacío al rey.

  • Los sectores industriales, convencidos que la política librecambista iba a acabar con el débil sector fabril. Asociaban esta política al sistema democrático y por tanto a la monarquía de Amadeo de Saboya.

  • El clero, tanto las jerarquías, que odiaban a los Saboya que tenían sitiado al Papa en el Vaticano, tras anexionarse sus estados en 1870, como el bajo clero que se echaba en brazos de los carlistas.

  • Los carlistas se estaban echando al monte con sus escopetas.

  • La oposición frontal de los republicanos.

Los obreros y campesinos ya no confiaban ni siquiera en los republicanos y empezaban a mirar con buenos ojos a la Internacional; por tanto, despreciaban el juego político de los partidos y soñaban con la revolución social y el comunismo libertario.


Los progresistas debían, si quería sobrevivir el régimen, ampliar la base social de apoyo al monarca. Pero ¿cómo hacerlo?¿Con una política conservadora que atrajese a unionistas y conservadores, como quería Sagasta; o bien con una apertura hacia la izquierda, suprimiendo impuestos, aboliendo la esclavitud en Cuba y reduciendo el presupuesto eclesiástico, logrando así que los demócratas y republicanos benevolentes se acercaran a Amadeo? Espinosa situación que acabó dividiendo a los progresistas en dos grupos: los constitucionalistas de Sagasta y los radicales de Ruiz Zorrilla.
Salió a la luz la polaridad de interesas y las contradicciones de clase. La oligarquía de banqueros, industriales y terratenientes iba aglutinándose en torno a la idea de restaurar a los Borbones en la persona de Alfonso, hijo de Isabel II. Eran los alfonsinos.
Por otro lado, se encontraban los que querían seguir profundizando en el proceso revolucionario: los republicanos federales, obsesionados por la libre organización de los diversos pueblos de España y la plena consecución de la libertad política en una sociedad laica. Hablaban de federación y Federación Regional Española se denominaba la sección española de la Internacional.
La creciente agitación popular3 llevó a Sagasta a la represión. Su manipulación del sufragio de 1871 sirve a los carlistas para iniciar la tercera guerra a fines de 1872. El rey se encuentra aislado en un país de escasas clases medias, pero rechazó las propuestas de dureza que le hacía Serrano. Abdicó el 11 de febrero de 1873. Ese mismo día, el Senado y el Congreso, reunidos en Asamblea nacional, proclaman la República.
TEXTOS.
1. Proclama de Prim. "Españoles: ¡A las armas, ciudadanos, a las armas!¡Basta ya de sufrimiento. La paciencia de los pueblos tiene su límite en la degradación; y la nación española, que si a veces ha sido infortunada, no ha dejado nunca de ser grande, no puede continuar llorando resignadamente sus prolongados males sin caer en el envilecimiento.

Ha sonado, pues, la hora de la revolución, remedio heroico, es verdad, pero inevitable y urgente cuando la salud de la patria lo reclama..."


2. Manifiesto de la Junta Provincial de Gobierno de Madrid, presidida por Madoz. 29 de septiembre de 1868."Madrileños: Constituida en nombre del pueblo la Junta Provincial de Gobierno, su primer deber es dirigiros la palabra.

La dinastía de los Borbones ha concluído.

El fanatismo y la licencia fueron el signo de su vida privada. La ingratitud y la crueldad han sido el premio otorgado a los que en 1808 defendieron la nación y el trono, y a los que en 1833 salvaron a la hija de Fernando VII. Sufra la ley de espiación; y el pueblo, que tan generoso fue con el padre y con la hija, recobra hoy su soberanía que no puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona como proclamaron las inmortales Cortes de 1812.

El Ejército y la Marina con abnegación sublime, han pensado antes en la patria que en la familia. Desde Cádiz a Santoña ha resonado el grito de Libertad y unas Cortes constituyentes, elegidas por el sufragio universal, decidirán sobre los destinos de la patria.

Hoy, reunidos ante la gravedad solemne de las circunstancias, un considerable número de ciudadanos ha constituido una Junta provisional en tanto que mañana el pueblo de todo Madrid, reunido por barrios y distritos, formulará su voluntad soberana.

No empañemos la alegría del triunfo con ningún desorden que llenaría de júbilo a los enemigos de la libertad. Que todos los vecinos se organicen por distritos y vigilen por que nada manche nuestra gloriosa revolución.

¡Viva la soberanía nacional!¡Viva la Marina!¡Viva el Ejército!¡Vivan los generales que le han conducido a la victoria!¡Abajo los Borbones!¡Viva el pueblo soberano!" (Los dos textos en V. Alvarez Villamil y Rodolfo Llopis, La revolución de septiembre. De la emigración al poder, págs. 496-497)
3. Las Cortes de febrero de 1869.- Las elecciones se hicieron en torno a una opción fundamental: monarquía o república
Partido Progresista (160 actas de diputado)

Unionistas (80 actas)

Republicanos federales (80 actas)

Demócratas monárquicos, también llamados "cimbrios" (40 actas)

Carlistas (30 actas)

Unionistas borbónicos (3 actas)

Republicanos unitarios (2 actas)
4. Aspirantes a la corona española en 1870.- a) D. Francisco de Portugal, candidato de demócratas y progresistas. Ex rey de Portugal. Renunció. b) el duque de Montpensier, Antonio de Orleans, cuñado de Isabel II. Candidato de los unionistas y la oligarquía. Vetado por Napoleón III por ser de la rama Orleans, rivales suyos. c) Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II, apoyado por Napoleón III y vetado por los progresistas, etc. d) general Espartero, general Serrano, vetados por Prim. e) Leopoldo de Hohenzollern, candidato de Prim y Sagasta. Rama Singmaringen de la casa prusiana. Hecha pública su candidatura el 6 de julio de 1870, fue el pretexto que eligió Napoleón III para declarar la guerra a Prusia. f) Amadeo de Saboya, candidato de Prim.
5. Votación de las Cortes de 16 de noviembre de 1870
Amadeo de Saboya (191 votos)

República federal (60 votos)

Montpensier (27 votos)

Espartero (8 votos)

República unitaria (2 votos)

Alfonso de Borbón (2 votos)

duquesa de Montpensier (1 voto)

En blanco (19 votos)


6. La Constitución de 1869
Art. 3.- Todo detenido será puesto en libertad o entregado a la autoridad judicial dentro de las 24 horas siguientes al acto de la detención (...)

Art. 5.- Nadie podrá entrar en el domicilio de un español o extranjero residente en España sin su consentimiento (...).

Art. 7.- En ningún caso podrá detenerse ni abrirse por la autoridad gubernativa la correspondencia confiada al correo, ni tampoco detenerse la telegráfica (...).

Art. 17.- Tampoco podrá ser privado ningún español: Del derecho de emitir libremente sus ideas y opiniones ya de palabra ya por escrito, valiéndose de la imprenta o de otro procedimiento semejante.

Del derecho de reunirse pacíficamente.

Del derecho de asociarse para todos los fines de la vida humana que no sean contrarios a la moral pública.

Y por último del derecho de dirigir peticiones individual o colectivamente a las Cortes, al Rey, y a las autoridades.

Art. 21.- La Nación española se obliga a mantener el culto y los ministros de la Religión católica.

El ejercicio público o privado de cualquiera otro culto queda garantido a todos los extranjeros residentes en España, sin más limitaciones que las reglas universales de la moral y del derecho.

Si algunos españoles profesaren otra religión que la católica, es aplicable a los mismos todo lo dispuesto en el párrafo anterior.

Art. 30.- No será necesaria la previa autorización para procesar ante los tribunales ordinarios a los funcionarios públicos, cualquiera que sea el delito que cometieren (...)

Art. 32. La soberanía reside esencialmente en la Nación de la que emanan todos los poderes.

Art. 33.- La forma de gobierno de la Nación española es la Monarquía.

Art. 34.- La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes.

El Rey sanciona y promulga las leyes.

Art. 35.- El poder ejecutivo reside en el Rey, que lo ejerce por medio de sus ministros.

Art. 36.- Los tribunales ejercen el poder judicial

Art. 38.- Las Cortes se componen de dos cuerpos colegisladores, a saber: Senado y Congreso. Ambos Cuerpos son iguales en facultades, excepto en los casos previstos en la Constitución.

Art. 54.- La iniciativa de las leyes corresponde al Rey y a cada uno de los Cuerpos colegisladores.

Art. 60.- Los Senadores se elegirán por provincias.

Al efecto cada distrito municipal elegirá por sufragio universal en un número de compromisarios igual a la sexta parte del de concejales que deban componer su ayuntamiento.

Los distritos municipales donde el número de concejales no llegue a seis, elegirán sin embargo un compromisario.

Los compromisarios así elegidos se asociarán a la Diputación provincial respectiva, constituyendo con ella la junta electoral.

Cada una de estas juntas elegirá, a pluralidad absoluta de votos, cuatro Senadores.

Art. 65.- El Congreso se compondrá de un Diputado al menos por cada 40.000 almas de población, elegido con arreglo a la ley electoral.

Art. 66.- Para ser elegido Diputado se requiere ser español, mayor de edad y gozar de todos los derechos civiles.



La Primera República (1873)
Ante la inhibición de la derecha, los republicanos federales, que en las elecciones de agosto de 1872 habían obtenido el 20 % de los votos, con 77 diputados (los carlistas se habían abstenido: 80 % de abstención en el País Vasco y Navarra), se hicieron con el control de las Cortes y el gobierno.
Los republicanos estaban escindidos en unitarios y federales. Aquellos preferían una república de orden que mantuviera los principios liberales y estaban apoyados por los radicales. Los federales, con mayor apoyo popular, pretendían una política de cambios profundos: separación de la Iglesia y el estado; configuración de una federación de Estados, supresión de la esclavitud; creación de un ejército voluntario, etc.
Estanislao Figueras es el primer presidente de la República (febrero-marzo); en su gobierno participaban demócratas y radicales. Pi i Margall era ministro de la Gobernación y Salmerón lo era de Gracia y Justicia. El 23 de abril, los radicales intentaron un golpe de fuerza apoyándose en los batallones monárquicos de la Milicia. Mientras, en el norte arreciaron los ataques de los carlistas, en un conflicto armado que había estallado en 1872. El movimiento obrero (los internacionalistas) se mantuvo distante de los republicanos; nadie pensaba en alianzas para defender la República.
La derecha actuaba con sus armas: los títulos de la deuda y las acciones del Banco de España caían en picado en la Bolsa; se produjeron huidas de capitales. El ejército, Guardia Civil, administración central, diplomacia y gobernadores civiles hacen caso omiso al gobierno central.
Pi i Margall (marzo-julio). Impulsa la redacción de una nueva Constitución, que no pasó de proyecto. Estalla la insurrección cantonal provocada por los intransigentes a los que se unen los internacionalistas en el sur y levante (huelga general en Alcoy, que se convierte en revolucionaria. Comité de Salud Pública dirigido por el internacionalista Albarracín). Los deseos del presidente de no utilizar la fuerza le llevan a dimitir. Le sucede Nicolás Salmerón (julio-septiembre) y, finalmente, Castelar (septiembre-enero 1874).
Asediada por tres guerras (cantonal, carlista y Caribe), sin apoyo de nadie, ni siquiera el viraje derechista y antifederal de Castelar la salvará. El 4 de enero de 1874, el general Pavía entra a caballo en el Congreso y clausura las Cortes. La República seguirá existiendo legalmente, pero muerta. A su frente, el general Serrano de nuevo. Durante un año más, Serrano, que hizo caso omiso a las libertades democráticas, disolvió la Internacional, persiguió a los republicanos y reestructuró el ejército para hacer frente a la guerra carlista. El temor a los carlistas por un lado y a la revolución por otro, hizo a la oligarquía volver sus ojos hacia los Borbones, y en concreto hacia Alfonso, el hijo de Isabel II.

TEXTOS
Estanislao Figueras i Moragas (Barcelona, 1819-Madrid, 1882). Licenciado en Derecho. Miembro del Partido Progresistas y, más tarde, del Demócrata, fue diputado a Cortes. Después de un breve exilio se incorporó al movimiento revolucionario de 1868 como republicano federal.


Francisco Pi i Margall (Barcelona, 1824-Madrid, 1901), hijo de un obrero textil, estudió Derecho después de pasar por el seminario. Se dedicó al periodismo y trabajó en Madrid como delegado de un banco. Fue diputado por Barcelona como representante del republicanismo federal. En 1877 publicó Las nacionalidades.
Nicolás Salmerón (Almería 1838-Pau, Francia, 1908). Catedrático de Filosofía. Como militante del Partido Demócrata fue miembro de la Junta Revolucionaria de 1868. Dimitió en septiembre de 1873 por negarse a confirmar unas penas de muerte.
Emilio Castelar Ripoll (Cádiz, 1832-San Pedro del Pinatar, Murcia, 1899). Catedrático de Historia.
1. La Constitución de 1873.- "La NACION ESPAÑOLA reunida en Cortes Constituyentes, deseando asegurar la libertad, cumplir la justicia y realizar el fin humano a que está llamada en la civilización, decreta y sanciona el siguiente código fundamental: Toda persona encuentra asegurados en la República, sin que ningún poder tenga facultades para cohibirlos, ni ley alguna autoridad para mermarlos, todos los derechos naturales.

Art. 1.- Componen la Nación española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas. Los Estados podrán conservar las actuales provincias y modificarlas según sus necesidades territoriales.

Art. 39.- La forma de gobierno de la Nación española es la República Federal.

Art. 40.- En la organización política de la Nación española, todo lo individual es de pura competencia del individuo, todo lo municipal es del municipio, todo lo regional es del Estado y todo lo nacional es de la federación.

Art. 41.- Todos los poderes son electivos, movibles y responsables.
2. Cantonalismo y carlismo.- "En junio de 1873, siendo presidente de la Primera República Pi y Margall, estalla el movimiento cantonal. En él concurren la impaciencia de los federales, el federalismo de los internacionalistas, y, en ocasiones, aunque en menor medida, las reivindicaciones sociales del proletariado. Se llegó a temer la proclamación del "Estado de Andalucía". El 7 de julio estallaba la huelga en Alcoy; 5.000 obreros se adueñan de la situación; se queman fábricas y hay asesinatos; muere el alcalde. El 13 de julio Cartagena se proclama "cantón independiente" (Cantón es una palabra tomada del federalismo suizo). Hay una flota en Cartagena que recorre las costas mediterráneas. El movimiento se extiende a Andalucía (...) De fines de julio a enero de 1874 (caída de Cartagena) el ejército se va apoderando sucesivamente de los cantones" (J. Gutierrez, G. Fatás, A. Borderías, Geografía e Historia de España, Ed. Luis Vives, Zaragoza, 1977, pág. 252)

3. La Internacional en España.- "En España, la Internacional ha sido fundada como un puro anexo de la sociedad secreta de Bakunin, "La Alianza", a la que debiera servir como una especie de campo de reclutamiento y, al mismo tiempo, de palanca que permita dirigir todo el movimiento proletario. En seguida veréis que su "Alianza" tiende abiertamente en el presente a reducirla Internacional en España a esa misma posición subordinada.

A causa de esa dependencia, las doctrinas especiales de la "Alianza": abolición inmediata del Estado, anarquía, antiautoritarismo, abstención de toda acción política, etc., eran predicadas en España como si fueran las "doctrinas" de la Internacional. Al mismo tiempo, todo miembro importante de la Internacional era inmediatamente recibido en la organización secreta y se le hacía creer que este sistema de dirigir la asociación pública por medio de la sociedad secreta existía en todas partes y era natural" (Informe de Federico Engels al Consejo General de la AIT, el 31 de octubre de 1872)



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