La restauracióN 1



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6. EVOLUCIÓN POLÍTICA (1.875-1.931)

A lo largo de este amplio periodo hay diversas etapas que van desde un primer momento en el que se consolida el nuevo régimen monárquico, hasta su desprestigio y hundimiento final.


1ª. 1875-1876

Este es un corto periodo de transición entre la llegada a España de Alfonso XII (enero de 1.875) y la aprobación de la Constitución de 1.876, que consagra la legalidad política del nuevo régimen, pero en él se ponen los cimientos fundamentales de la monarquía de la Restauración.

Durante estos meses Cánovas, como presidente de gobierno, actuó muy decididamente para consolidar la nueva monarquía contra sus potenciales enemigos: supresión de todos los partidos antiborbónicos, imposición de una fuerte censura de prensa, depuración de numerosos funcionarios y profesores de universidad por sus ideas antiborbónicas. (Muchos profesores expulsados de la universidad oficial crearan una institución educativa privada, la Institución Libre de Enseñanza, de tendencia muy progresista y en la cual se educará una parte importante de la intelectualidad española de esta época).

Además pretende identificar el régimen naciente como un periodo de pacificación (frente a los grandes disturbios del Sexenio), y en este aspecto logra acabar victoriosamente con la tercera guerra carlista en 1.876, y castiga a Navarra y al País Vasco con la supresión de sus fueros (sin embargo como cierta compensación permite que estos territorios tengan en lo sucesivo un sistema fiscal diferenciado del resto de España).

La obra fundamental de esta etapa es la aprobación de la Constitución de 1.876 (Cánovas fue su diseñador), que supone, de hecho, una vuelta a la moderada de 1845, aunque permanece en ella alguna influencia de la de 1.869:

- La declaración de derechos es más reducida que la de 1.869 y, de hecho, quedarán sometidos a la voluntad de los gobernantes (pueden incluso ser suspendidos por decisión del gobierno cuando las Cortes no estén reunidas).

- Frente al concepto de Soberanía Nacional aparece el de "Soberanía Compartida" (propio de la constitución moderada de 1.845).

- Le otorga a Iglesia importantes concesiones, entre ellas la confesionalidad católica del Estado (aunque se permite la práctica de otros cultos).

- El rey tiene amplios poderes: Detenta el poder ejecutivo, participa en las tareas legislativas a través de la sanción y la promulgación de leyes. Su persona es inviolable. Nombra y separa libremente a los ministros.

- Las Cortes son bicamerales: El Congreso de Diputados está integrado por diputados elegidos según sufragio censitario (solo para el 5% de la población). El Senado está integrado por altos personajes de la aristocracia, ejército, iglesia, administración, y está designado por el rey. El cargo de los senadores es vitalicio.

- La iniciativa legislativa corresponde al rey y a ambas cámaras. Las Cortes pueden ser convocadas y disueltas por el rey prácticamente sin ninguna restricción.

- Las demás cuestiones contenidas en la Constitución (administración de Justicia, ayuntamientos, etc.) son establecidas de una forma ambigua y remitidas a una ley ordinaria, para su efectivo funcionamiento.

Así pues, gracias a esta Constitución el predominio del monarca será considerable: Designa a voluntad al ejecutivo que gracias al sufragio censitario y la corrupción electoral puede fabricarse fácilmente una mayor parlamentaria apropiada.
2ª. 1.876-1.898

Es este el momento en que el sistema bipartidista funciona mejor y con las menores dificultades. Tanto es así que la muerte temprana de Alfonso XII (1.885) no supone ninguna crisis política, pues Cánovas y Sagasta formalizan el llamado “pacto de el Pardo” por el que ambos se comprometen a respetar la regla de la alternancia en el poder y a apoyar a la reina María Cristina como regente.

El régimen monárquico de la Restauración se siente tan seguro y consolidado que se permite ahora adoptar progresivamente ciertas medidas liberalizadoras: libertad de imprenta, libertad de asociación y de sindicación, adopción del sistema de sufragio universal masculino (1.890). Sin embargo todas estas reformas quedan muy devaluadas, en realidad, por la omnipotencia del sistema caciquil.

También se adoptan medidas económicas de signo proteccionista: arancel de Cánovas (1891), que pretende mantener los precios altos para los cereales españoles impidiendo la entrada de los extranjeros.

Sin embargo, en la última década del SXIX se acentúan algunos problemas que ya se habían manifestado anteriormente (la lucha de los anarquistas adquiere un marcado carácter de violencia política mediante atentados diversos), y comienzan a surgir problemas nuevos tales como el nacimiento del regionalismo catalán y del nacionalismo vasco que, con el tiempo, socavarían la hegemonía de los partidos dinásticos en Cataluña y en el País Vasco.

Pero el principal problema de éste momento es el colonial. Con respecto a Cuba, la llamada Guerra de los Diez Años que se inició en 1.868, terminó en 1.878 (Paz de Zanjón) mediante algunas concesiones por parte del gobierno español tales como la promesa de la abolición definitiva de la esclavitud (se haría efectiva en 1.886) y promesas de reformas políticas y administrativas de carácter descentralizador por las que Cuba tendría diputados en las Cortes españolas. Sin embargo en los años posteriores los distintos gobiernos españoles, tanto conservadores como liberales, no mantuvieron el compromiso de realizar estas reformas, (ambos partidos se opusieron a que Cuba tuviese un estatuto de autonomía) y además, con el arancel de 1.891, acentuaron una política proteccionista que perjudicaba tanto a la economía cubana como a USA: el principal comprador de los productos cubanos (azúcar y tabaco) era USA, pero sus productos industriales no podían venderse en la isla pues ésta era un mercado reservado para los productos españoles, que eran mucho más caros.

Todo ello provocó en 1.895 un nuevo levantamiento armado (dirigido por José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez) a favor de la independencia de Cuba que, desde el primer momento, encontró la simpatía de USA. La respuesta del gobierno español, entonces presidido por Cánovas, fue el envío de un creciente número de tropas a la isla y la concesión de plenos poderes al general Weyler para hacer la guerra con todos los medios posibles. Éste desarrollará una estrategia de “campos de concentración” para la población campesina cubana con objeto de aislarla y de impedir que diese apoyo a las fuerzas independentistas. El resultado de esto fue una gran mortalidad para la población y grandes daños para la producción económica, pero no se alcanzaron éxitos militares importantes pues el ejército español estaba mal equipado y dirigido y la mortalidad que provocaban las enfermedades tropicales en los soldados era muy elevada. En 1.897, tras el asesinato de Cánovas (a manos de un anarquista), el nuevo gobierno presidido ahora por Sagasta intentó resolver el problema cubano mediante una estrategia conciliadora: destituyó a Weyler, aprobó un estatuto de autonomía para Cuba y acordó un sistema arancelario más favorable para la economía cubana y propuso un cese de la guerra a los independentistas, pero estas reformas llegaban ya muy tarde.

Simultáneamente estalló el problema colonial en Filipinas. En este archipiélago surgió también un movimiento independentista (1.896), aunque mucho más débil que el cubano, dirigido por José Rizal, pero tras ser éste apresado y ejecutado por el gobierno español, el independentismo filipino quedó paralizado. Sólo se reactivaría en 1.898 gracias a la iniciativa de USA, que estaba en plena expansión de tipo imperialista y pretendía expulsar a los españoles y dominar este territorio.

En estas circunstancias, en abril de 1.898 USA declaró la guerra a España. El pretexto utilizado fue el hundimiento de un buque de guerra de USA, el Maine, que estaba fondeado en el puerto de La Habana. Las causas de este hundimiento nunca fueron aclaradas, pero este suceso le fue muy conveniente al gobierno yanqui para lograr su objetivo: un pretexto adecuado para entrar en una guerra cuya finalidad sería el dominio de Cuba (aunque la propaganda oficial era la lucha para liberar a los cubanos de la opresión española).

La declaración de guerra por parte de USA suscitó en amplios sectores de la población española una reacción de un insensato patrioterismo, fomentado desde el propio gobierno, que presuponía una indiscutible superioridad del ejército español sobre el de USA. Sin embargo la realidad no tardó en imponerse: la flota española fue rotundamente derrotada por la muy superior flota de USA en las batallas navales de Santiago (Cuba) y Cavite (Filipinas). Ante esta situación España pidió la paz, la cual se firmaría en diciembre de 1.898 (Paz de París), y por la cual renunciaría a sus posesiones coloniales: Cuba no alcanzaría una independencia completa ya que USA impondría su presencia en la isla, pero Filipinas y Puerto Rico (esta última isla nunca llegó a manifestar ningún deseo de independizarse de España) pasarían a ser, de hecho, colonias de USA..

Estas guerras coloniales entre 1.895 y 1.898 costaron a España 150.000 muertos. La derrota y el desastre colonial provocarán en España la primera crisis importante de la monarquía de la Restauración y acentuarán los planteamientos de tipo regeneracionista entre los sectores más progresistas del país. De aquí surge la llamada “generación del 98” cuyos principales representantes son Unamuno, Machado, Baroja, Valle Inclán, Azorín, Maeztu.... Éstos, que aunque con el paso del tiempo manifestarían posturas políticas muy diversas, se caracterizarán por una actitud pesimista, por una fuerte critica al atraso de España y por una profunda reflexión sobre el sentido de España, sus valores y su papel en la historia y en el mundo del momento.
3ª. 1.898-1.917

Esta etapa se abre con una crisis importante (1.898) y se cierra con otra crisis (1.917) no mucho menor que la anterior.

El comienzo de este periodo está marcado por la muerte de Cánovas (1.897) y de Sagasta (1.903). Esto provocará un proceso de debilitamiento progresivo de los dos partidos dinásticos y de divisiones internas debido a los enfrentamientos entre los diversos dirigentes de cada uno de ellos. Destacarán entre éstos figuras como el conservador Maura y el liberal Canalejas que intentan hacer algunas reformas políticas “desde arriba” para fortalecer el régimen monárquico. El primero intenta reducir el poder de los caciques y ampliar la base social del régimen, y el segundo pretende profundizar en la separación entre la Iglesia y el Estado, realizar algunas mejoras laborales (legislación sobre las condiciones de trabajo de la mujer y sobre contratación de los trabajadores), y conseguir la colaboración del catalanismo conservador de la Lliga mediante la elaboración de la Ley de Mancomunidades (permitiría la unión de las diputaciones provinciales de Cataluña con el fin de realizar tareas conjuntas). Este intento reformista tendrá un éxito muy relativo pues chocó con la fuerte oposición de los sectores más inmovilistas, sobre todo de los caciques y de la Iglesia. También contribuyó a ello la actitud de Alfonso XIII (coronado como rey en 1.902) tendente a intervenir cada vez más en la vida política, sobre todo en apoyo de las pretensiones de los militares, en detrimento del poder civil.

A lo largo de estos años, conforme los partidos dinásticos van perdiendo influencia (sobre todo en las ciudades) crece progresivamente la fuerza política del catalanismo, del nacionalismo vasco, del republicanismo y del Partido Socialista Obrero Español. También es muy importante el aumento de la actividad anarquista: los atentados continúan produciéndose, tanto contra Alfonso XIII (fracasa el atentado del día de su boda), como contra presidentes del gobierno (además de Cánovas, 1.897, fue asesinado posteriormente Canalejas, 1.912), y como contra personalidades de la vida política y económica del país.

Aumenta también la conflictividad social, que se acentúa especialmente en los momentos de crisis económica y política (1.909, 1.917), protagonizada por la Unión General de trabajadores (sindicato socialista, fundado en 1.888) y por la Confederación Nacional de Trabajadores (sindicato anarquista, fundado en 1.910): ya en 1.902 se proclamó la huelga general en Barcelona que se extendió a las zonas industriales próximas, en 1.903 y 1.906 hay importantes huelgas en las zonas mineras del país, en 1.909 tienen lugar importantes protestas y huelgas contra la Guerra de Marruecos, en 1.911 se intenta desarrollar la primera huelga general revolucionaria en toda España, en 1.912 tiene lugar una importante huelga de ferroviarios, pero sobre todo la mayor conflictividad se producirá durante los años de la Primera Guerra Mundial (1.914-1.918).

Un problema nuevo, muy importante, y que condicionará la vida política, económica y social de España durante muchos años, será la Guerra de Marruecos (costará 25.000 muertos entre 1.909 y 1.924). A los pocos años de la derrota de 1.898 y de la pérdida de las colonias se intentó una nueva aventura colonial en el N. de África: en 1.906, en la Conferencia de Algeciras, el gobierno español pactó con el de Francia un reparto de Marruecos por el que a España le correspondería el dominio de una zona reducida del N. (el Rif: un territorio montañoso y empobrecido) mientras que Francia se quedaría con la mayor parte, y más rica, del país. Detrás de estos intereses de tipo imperialista estaban el rey, el ejército y la oligarquía económica, que consideraban que de este modo España podría asemejarse a las principales potencias europeas (las cuales poseían colonias más o menos extensas en África), además de beneficiarse de la explotación de la supuesta riqueza minera del territorio. Cuando en 1.909 el gobierno español (presidido entonces por el conservador Maura) intenta hacer efectivo su dominio en esta zona se produce un conflicto armado con los rifeños comenzando así una larga guerra que duraría hasta 1.925 (atravesando momentos de mayor y menor intensidad). Desde el primer momento esta guerra sería muy impopular en España: mientras que el ejército ve en ella, tras la derrota de 1.898, una oportunidad para restaurar su prestigio, la mayor parte de la sociedad española, y sobre todo el movimiento obrero, la consideró una aventura insensata y un matadero para los soldados, que procedían de las clases sociales más humildes.

Por ello se explica que ante el intento de enviar las primeras tropas (procedentes de la reserva) a la guerra desde el puerto de Barcelona en julio de 1.909, estalle en esta ciudad un movimiento de protesta en forma de huelga y que desemboca en los acontecimientos de la “semana trágica”: durante varios días las masas obreras de Barcelona (influidas por el anarquismo y por la demagogia de Lerroux) canalizan su descontento quemando iglesias y conventos de la ciudad, hasta que el gobierno decidió intervenir militarmente para controlar la situación. Una vez restablecido el orden se pretendió realizar un castigo ejemplar acusando (entre otros personajes) de la autoría ideológica de estos sucesos al pedagogo anarquista Francisco Ferrer i Guardia, el cual fue procesado y ejecutado.

A partir de 1.914 surge la problemática de la Primera Guerra Mundial. España será uno de los pocos países de Europa que se mantienen neutrales durante este conflicto, aunque la sociedad española estaba fuertemente dividida y enfrentada en sus simpatías entre “aliadófilos” (son los sectores más progresistas del país, simpatizaban con Francia, Gran Bretaña y Rusia) y “germanófilos” (son los sectores más conservadores, simpatizaban con Alemania y el imperio austro-húngaro). Sin embargo esta guerra influirá mucho en la actividad económica, social y política española.

En el aspecto económico la guerra supuso que los productos agrícolas (cereales, vino), mineros (carbón, hierro) e industriales (textiles, metalurgia, explosivos, armas..) podrían venderse a precios muy elevados pues todos los países contendientes necesitaban abastecerse constantemente de ellos y competían entre sí para conseguirlos. Esto supuso grandes beneficios, mientras duró la guerra, para los grandes propietarios de tierras, minas e industrias, pero éstos escasamente serían invertidos en mejorar el sistema productivo (el único sector que no se beneficia de este crecimiento de las exportaciones es el de la naranja, pues era un artículo de lujo, y por lo tanto prescindible, para los países en guerra). Este “boom” económico se notó especialmente en el área de Barcelona, en donde surgieron numerosas industrias en estos años, vinculadas muchas de ellas a la producción de armamento.

Sin embargo las exportaciones masivas de todos estos productos provocaron escasez dentro de España, por lo cual los precios de los productos, especialmente los de primera necesidad, aumentaron considerablemente mientras que los salarios lo hacían a un nivel mucho menor: de 1.914 a 1.917 el coste de la vida se incrementó en un 20 % mientras que los salarios solamente aumentaron un 6%.

En el ámbito social se produjo un aumento de las diferencias: los enormes beneficios de una minoría contrastaban con las crecientes dificultades económicas de todos aquellos que vivían de un salario fijo (funcionarios, militares, obreros y jornaleros), lo cual provocó un creciente aumento del descontento social entre todos estos sectores.

A causa de las malas condiciones de vida provocadas por la guerra entre la población rusa, en marzo de 1.917 se había producido en Rusia una revolución que había acabado en pocos días con el régimen absolutista del zarismo, y que abrió el camino hacia profundas reformas políticas y sociales. Cuando en España se conocieron todos estos acontecimientos se acentuó la expectativa de que era factible hacer algo parecido.

Todo esto desembocará en una importante crisis política que estalla en el verano de 1.917.

En este momento el gobierno conservador de Dato tendrá que hacer frente a una problemática que se presenta en tres frentes diversos:

1. Las juntas de defensa: los oficiales de baja y media graduación del ejército se consideraban perjudicados por la pérdida del poder adquisitivo de sus sueldos y también por el sistema de ascensos existente dentro del escalafón militar (ascendían más rápidamente los oficiales destinados en Marruecos que los de la península). Este descontento se plasma en la formación (Barcelona, junio de 1.917) de las llamadas “juntas de defensa”, que culpaban directamente al gobierno de este malestar. Las “juntas de defensa” se propagaron rápidamente por las guarniciones militares del resto de España e inmediatamente se convirtieron en un importante grupo de presión del ejército y cuya finalidad sería conseguir sucesivas mejoras y privilegios.

2. La asamblea de parlamentarios: a comienzos de julio, y a iniciativa de la Lliga Regionalista se hace un llamamiento a todos los parlamentarios (diputados y senadores) para que se reúnan en Barcelona y exijan la dimisión del gobierno y elaboren una nueva constitución más democrática y anticentralista. Este llamamiento fracasó puesto que de los 760 convocados solo acudieron 71, principalmente regionalistas, republicanos y socialistas, y además el gobierno prohibió inmediatamente esta asamblea utilizando la fuerza de la guardia civil. Posteriormente esta actitud no tendría continuidad pues la gran huelga que inmediatamente protagonizó el movimiento obrero asustó y retrajo a muchos de estos parlamentarios (especialmente a los de la Lliga) de su enfrentamiento hacia el gobierno.

3. La huelga general: entre el movimiento obrero el descontento provocado por la creciente carestía de la vida había ido creciendo desde 1.914. Ya en 1.916 se produjo un importante movimiento huelguístico en el que colaboraron estrechamente los dos principales sindicatos (UGT y CNT). Ambos decidieron en 1.917 ir más lejos en sus planteamientos y en agosto de este año hicieron un llamamiento a una huelga general indefinida. Para la UGT esta huelga debería durar hasta que el gobierno dimitiese y se formase en su lugar un gobierno provisional que debería convocar elecciones a unas cortes constituyentes, pero para los anarcosindicalistas de la CNT la huelga tendría un carácter totalmente revolucionario y debería provocar el colapso del Estado y propiciar la llegada de la anarquía. El movimiento huelguístico tuvo un seguimiento desigual (tuvo poco seguimiento en las zonas rurales), pero fue especialmente importante en los principales centros industriales y mineros. El gobierno de Dato reaccionó con dureza encargándole al ejército que reprimiese los focos huelguistas. Éste se empleó a fondo en esta tarea y, a cambio, obtuvo gran parte de las reivindicaciones que planteaban “las juntas de defensa”. El balance de la huelga general fue más de 70 muertos, miles de detenidos, y el procesamiento y la condena a cadena perpetua de los principales dirigentes de ambos sindicatos.
4ª. 1.917-1.923

El régimen monárquico de la Restauración salió de la crisis de 1.917 muy deteriorado, y en los años siguientes entra en quiebra definitivamente ante la incapacidad de satisfacer las necesidades de las profundas reformas políticas, sociales y económicas que eran imprescindibles.

Tras la crisis de 1.917 se formó un gobierno de concentración de fuerzas monárquicas para apoyar el régimen lo más fuertemente posible; éste estaba integrado por conservadores, liberales y miembros de la Lliga (Cambó), pero duró pocos meses puesto que los planteamientos regionalistas de éste no encontraron acogida entre sus socios de gobierno. Tras este fracaso, en 1.918 se volvió a la alternancia bipartidista, pero ahora tanto el partido conservador como el liberal, a pesar de la práctica del sistemático fraude electoral, eran cada vez más débiles y estaban cada vez más divididos por lo que la inestabilidad política fue permanente durante estos años: entre 1.917 y 1.923 habrían 13 gobiernos diferentes (la media de duración es escasamente de seis meses). A esta inestabilidad contribuyeron también la presión que ejercía el ejército a través de las “juntas de defensa” y la actitud intervencionista de Alfonso XIII (siempre en apoyo de las reclamaciones del ejército). Todo esto imposibilitaba la existencia de gobiernos duraderos, estables y capaces de hacer las reformas necesarias.

Además en estos años tiene lugar una fuerte recesión económica: cuando acabó la 1ª Guerra mundial en 1.918 los países contendientes ya no necesitaron comprar productos españoles y reorientaron su actividad económica a fomentar la producción propia. Esto supuso para la economía española un duro golpe: descenso brusco de las exportaciones y de los beneficios consiguientes, quiebra de muchas empresas, aumento considerable del paro obrero, etc.

El deterioro de la situación económica provocaría un incremento de las tensiones sociales en todo el país. Además contribuyó a esto la influencia de las noticias que llegaban al país sobre los acontecimientos de la Revolución Rusa (expropiaciones de tierras a los terratenientes en beneficio de los campesinos pobres, etc.). En las zonas latifundistas de Andalucía los conflictos entre jornaleros, por un lado, y terratenientes y guardia civil, por otro, serán más violentos y fuertes que nunca: durante los años 1.918-1921 (el periodo conocido como “trienio bolchevique”) aquellos protagonizaron numerosas huelgas, ocuparon fincas, incendiaron cosechas, etc. Los gobiernos de la época respondieron con una fuerte represión (se declaró el estado de guerra) hasta que lograron restablecer el orden.

También la conflictividad social afectó especialmente al área industrial de Barcelona. Son los años del pistolerismo: las posturas entre los patronos y los obreros se radicalizaron considerablemente. Los patronos pusieron en práctica todos los métodos posibles para lograr imponerse a las reivindicaciones de los trabajadores: frente a las huelgas, recurrieron frecuentemente al cierre de sus empresas; para debilitar la fuerza del anarcosindicalismo (en estos momentos la Confederación Nacional de Trabajadores es más fuerte que nunca) fomentaron la creación del llamado “sindicato libre”, integrado por individuos que, al servicio de la patronal, actuarían frecuentemente como esquiroles; pagaron a pistoleros (algunos de ellos pertenecían también a los “sindicatos libres”) para que asesinasen a los dirigentes más destacados del movimiento obrero. Esta violencia patronal fue respondida por la violencia de los grupos anarquistas que volvieron a emplear los métodos de los años anteriores (atentados y asesinatos de empresarios). Intervino también en esta espiral de violencia el gobernador civil de Barcelona (Martínez Anido) que puso la policía al servicio de la protección de los patronos y de sus pistoleros, y practicó una fuerte represión de los anarcosindicalistas mediante la aplicación de la “ley de fugas” a muchos detenidos. El balance de estos años de pistolerismo es revelador: entre 1.918 y 1.923 fueron asesinados 220 personas en Barcelona, y de ellas 167 eran obreros y dirigentes anarcosindicalistas (tal era el caso de Salvador Seguí), 21 eran empresarios, y el resto (32) gerentes de empresa, pistoleros de la patronal y policías. Esta violencia también salpicó a otras zonas de España: en 1.921 pistoleros anarquistas asesinaron en Madrid al presidente Dato como represalia ante la intervención del gobierno al servicio de la patronal catalana.

Así pues, no será de extrañar que los grandes propietarios (y especialmente los empresarios catalanes) clamen por un gobierno lo suficientemente fuerte y autoritario (aunque sea una dictadura militar) para imponer el orden social.

Un ejemplo de la radicalización política de estos años es el nacimiento del Partido Comunista de España (1.921), que surge como producto de una escisión del sector más izquierdista del Partido Socialista Obrero Español, y que muy influido por la Revolución Rusa, rechaza la actitud reformista de éste.

Hay que añadir que estos fueron los peores años de la Guerra de Marruecos. Tras unos años de relativa calma, a partir de 1.918 las autoridades españolas decidieron reemprender la intervención militar para controlar definitivamente la zona del Rif. En julio de 1921, el general Silvestre (una de las máximas autoridades militares de Marruecos), fue rotundamente derrotado por las fuerzas rifeñas dirigidas por Abd- el- Krim en Annual y Monte Arruit. Este desastre militar provocó más de 10.000 bajas (entre ellas el propio Silvestre), puso en evidencia de nuevo los enormes fallos del ejército español, y conmocionó a todo el país hasta el punto que hubo una fuerte campaña para exigir el castigo de los responsables, aunque estos ocupasen los más altos niveles (rumores muy fundados involucraban al propio Alfonso XIII como responsable de animar personalmente a Silvestre para que realizara, rápidamente y sin tomar las precauciones necesarias, las operaciones militares que culminaron en el desastre). En las Cortes, tras agitados debates protagonizados por los diputados republicanos y socialistas en los que tanto la figura del Rey como la imagen del ejército quedaron muy dañados, se acordó crear una comisión de investigación para averiguar responsabilidades.

El 13 de septiembre de 1.923, pocos días antes de que esta comisión hiciese llegar a las Cortes el resultado de sus investigaciones (el informe Picasso), el Capitán General de Barcelona, Miguel Primo de Rivera, con el apoyo del rey, de gran parte del ejército y de la patronal catalana dio un golpe de Estado y suprimió las Cortes. El informe Picasso nunca se haría público.



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