La nueva inmigración haitiana



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Presented at the International Migration Conference in The Americas: Emerging Issues Conference. York University, September 2003.

LA NUEVA INMIGRACIÓN HAITIANA


Rubén Silié

FLACSO


PROGRAMA REPÚBLICA DOMINICANA
Nos interesa llamar la atención acerca de lo que ya en una investigación anterior se denominó la Nueva Inmigración Haitiana, pues los primeros resultados nos confirman que dicha migración está cambiando, debido a que la tipología de los inmigrantes es distinta, además de variada, y diversificada.

En el pasado siglo se consolidó una inmigración temporal de carácter estacional,

basada en una contratación colectiva, con un número acordado anualmente por los dos gobiernos, reclutada en Haití mediante mecanismos muchas veces coercitivos que dirigían al cortador de caña directamente hacia los centros de trabajo.

El sistema establecido consistía en que el gobierno dominicano hacía estimaciones del número de jornaleros que necesitaría para cada zafra azucarera, año tras año y con ese número el gobierno haitiano trabajaba junto a los buscones para el reclutamiento de los campesinos que serían contratados; los cuales eran conducidos a un centro de acopio, desde donde eran trasladados hacia el país vecino, en camiones propiedad de la industria azucarera, escoltados por soldados del Ejército Nacional.

Una vez en el país receptor los jornaleros eran distribuidos en los distintos ingenios, tanto estatales como privados y cada empresa recibía el número de inmigrantes, de acuerdo a las necesidades requeridas para cumplir con la zafra. ( ver José Israel Cuello “Contratación de mano de obra haitiana destinada a la industria azucarera dominicana.

1952-1986. Editora Taller, 1997.”)

Por lo tanto no se trataba de una inmigración con incertidumbres para su inserción

en el mercado de trabajo, sino que cada trabajador tenía asegurada la contratación en una de las industrias azucareras. Era oficial, pero irregularmente manejada.


Esa migración temporal estaba formada por jornaleros de origen rural, concentrados en las actividades de la producción azucarera y un poco menos en actividades agrícolas de otro tipo. Eso hacía que el inmigrante haitiano se concentrara en los enclaves azucareros, con muy escasa visibilidad para los sectores sociales urbanos del país receptor. Por otra parte, se trataba de una fuerza de trabajo esencialmente masculina,

salpicada de mujeres que llegaban más bien para complementar a los hombres en las actividades domésticas y sobretodo en las culinarias que les permitían asegurar su alimentación.

La condición legal de los jornaleros azucareros, era indefinida y precaria, pues ellos llegaban al país, amparados en los acuerdos firmados entre los gobiernos y si bien los contratos eran colectivos e indiferenciados, al llegar se les entregaba un carnet de identificación otorgado por la compañía azucarera a la cual se integraban. No obstante, para la Dirección General de Migración, la condición de los trabajadores era considerada como indocumentados, debido a que ellos no tenían la autorización oficial y formal de las autoridades de migración. Aquellos que se quedaban en el país, trabajando en las fincas de altos oficiales o personas allegadas al gobierno, pasaban de inmediato a la absoluta ilegalidad, pero no eran molestados por las autoridades, porque se trataba de un privilegio

otorgado a personas que recibían los beneficios y privilegios por parte del gobierno. El cambio de modelo económico de la República Dominicana, de una economía agro exportadora a una de servicios abierta hacia el exterior, generó una amplia movilidad de la fuerza laboral dominicana, y una migración hacia el exterior que ha dejado espacio a la mano de obra extranjera. El actual mercado de trabajo para los haitianos se ha diversificado y además de las tradicionales áreas de trabajo azucarero y agrícola, han penetrado a otras como la construcción, las obras públicas, el comercio ambulante, el servicio doméstico, el transporte, el turismo, la agricultura, tanto de plantaciones como de medianos propietarios.


En esa distribución, se advierte que la concentración de trabajadores es

esencialmente urbana, siendo predominantes en la construcción, las obras públicas y el turismo. Aunque muchos, para ingresar al país, todavía emplean la vía del trabajo agrícola e incluso azucarero, tan pronto pueden se pasan a los trabajos que se realizan en el medio urbano.

Junto a esa característica resalta otro aspecto que marca una importante diferencia con la migración tradicional y es el origen de los inmigrantes; ya no son

predominantemente campesinos, su gran mayoría procede del medio urbano. Además anteriormente los lugares de expulsión estaban concentrados en algunos campos principalmente del Sur haitiano, ahora, aunque algunas zonas aportan más que otras, proceden de los cuatro puntos cardinales.

La economía dominicana está demostrando que algunos de sus sectores más

dinámicos requieren ajustar el sistema de empleo a condiciones flexibles de una economía que a su vez, no es totalmente estable. De ese modo, el mercado nacional del empleo busca adaptar el uso de la mano de obra a la obtención de beneficios marginales no establecidos formalmente, de donde surge la necesidad de la mano de obra haitiana.

Actualmente, la Nueva Inmigración está demostrando que su naturaleza es distinta,

pues se trata de un flujo de extranjeros que entran a sus actividades laborales, sin el

acuerdo oficial de otrora, más sujetos a las normas del mercado de trabajo, que si bien

distorsionado y poco ordenado es finalmente el que dicta las normas de su inserción.

Aunque el mismo, también establece una estratificación en la cual corresponde a los

inmigrantes los segmentos de menor calificación y en general aquellos trabajos de mayor

esfuerzo físico; lo mismo que aquellos segmentos en los cuales la escasa supervisión

oficial no parece esmerarse.

Lo que ocurría en la industria azucarera, respecto al empleo ilegal de trabajadores

extranjeros, no se refleja con la misma intensidad que ahora, pues antes se trataba de un

enclave, dentro del cual primaban normas, muchas veces exclusivas de esos centros

productivos. Ahora la mano de obra extranjera incursiona en áreas compartidas por el

resto del mercado, no se trata de un espacio aislado, sino de áreas, donde los haitianos

comparten más directamente con los dominicanos. En muchos casos se trata de

empresas legales que emplean trabajadores ilegales. Esto se ha impuesto en el medio

laboral y tiende a estabilizarse a la vista de las autoridades

En esta etapa, los inmigrantes no ingresan al país como parte de acuerdos

gubernamentales sino que lo hacen por la vía de redes sociales establecidas por los

primeros inmigrantes; quienes los introducen a los diferentes nichos del mercado de

trabajo dominicano. En esta migración desapareció el “buscón” figura para estatal, clave

en la contratación azucarera.

A diferencia de cómo acontecía hasta finales de los 80, la inmigración ya no está

bajo control gubernamental, ni se hace mediante el reclutamiento colectivo, con los

mencionados contratos inter-gubernamentales. Ahora la contratación, al igual que muchas

otras actividades se ha privatizado, está en manos de actores privados y operan las redes

o los buscones de nuevo cuño o las empresas contratan directamente.

De hecho, el sistema legal de la República Dominicana auspicia la ilegalidad de los

inmigrantes, al carecer de un marco jurídico o de reglamentaciones que faciliten la

regularización del proceso migratorio. El país sigue viviendo como si no fuera un territorio

de inmigración internacional. No existe una coordinación entre las autoridades laborales y

migratorias para definir una política explícita respecto al ingreso masivo de trabajadores

extranjeros. Esto obliga a que la inserción de los extranjeros tiene que darse forzosamente

de forma irregular y esto lo conduce a la ilegalidad. Se requiere de un proceso expedito de

regularización para contribuir a frenar la irregularidad con que se insertan esos

trabajadores al mercado laboral dominicano.

La inmigración haitiana en la actualidad es esencialmente de carácter irregular, por

ser muy pocos los que se encuentran en el país cumpliendo con todos los requisitos

exigidos por las leyes de migración y laboral, produciéndose diversas modalidades para

ingresar al país y al mercado de trabajo.

Un porcentaje importante de esos trabajadores ingresa al país legalmente, aunque

su permanencia no lo sea, debido a que ingresan con pasaporte haitiano y visa de turista

expedida por los consulados dominicanos y luego se quedan como trabajadores. Lo que

significa que los que escogen esa vía, no podrían ser calificados como clandestinos. Estos

se convierten en irregulares toda vez que ni siquiera se enteran de las actividades

turísticas y pasan directamente a incorporarse al mundo laboral. Y son ilegales cuando se

quedan en el país más allá del período de tiempo concedido por el consulado. En este

caso estamos frente a un ingreso lícito para empleos ilícitos. Esto se produce

esencialmente en las actividades urbanas más demandantes de trabajadores inmigrantes,

como es el caso de la construcción; igual sucede con los inmigrantes que trabajan por

cuenta propia.

Otra modalidad es la de los trabajadores inmigrantes que ingresan

clandestinamente al país, carentes de autorización para ingresar al territorio dominicano,

entre los cuales unos tienen documentos de identificación haitianos, como cédulas,

pasaportes, actas de nacimiento o de bautismo, etc., pero ingresan por vías clandestinas

atravesando la frontera con el apoyo de personas que les ayudan a hacer la travesía y

garantizarle su invisibilidad frente a las autoridades militares y migratorias dominicanas.

Se trata en estos casos de ingresos ilícitos dirigidos hacia empleos ilegales.

Cuando se dice que los inmigrantes haitianos son indocumentados, no es una

afirmación correcta en todos los sentidos pues la Nueva Inmigración cuenta con un

porcentaje no despreciable de haitianos que cuentan con papeles de identificación de su

país. Ellos se encuentran en situación irregular porque no ingresan con permisos legales,

ni al llegar reciben una documentación que les acredite como extranjeros con permiso de

trabajo en el país.

En otro sentido, las autoridades han perdido el control del ingreso de los

inmigrantes, respecto a la industria azucarera, pues en esta última como dijimos antes, el

ingreso de los jornaleros estaba regulado por los contratos entre los gobiernos, pero ahora

ninguna instancia tiene acceso ni control de los inmigrantes. Las vías empleadas por los

haitianos son completamente informales.

Por otra parte, el control interno es muy reducido, pues a pesar de las oleadas de

repatriaciones que se realizan regularmente, esto no permite a las autoridades

dominicanas tener informaciones sobre el número y ubicación de los haitianos en el país,

debido a que no se cuenta con una adecuada inspección sobre los centros de trabajo. Eso

lo revelan los mismos entrevistados, cuando afirman que para ingresar en su centro de

trabajo no le preguntaron si tenía sus papeles en regla, ni han visto la presencia de

inspectores regulares en dichos centros. Esto es distinto a las redadas, pues esas últimas

son acciones puntuales realizadas por denuncias. Por cierto que las redadas han

demostrado ser muy efectivas para la deportación de los haitianos, pero poco eficientes

para la administración de las migraciones.

A diferencia de la industria azucarera, el trabajo de los inmigrantes no es

exclusivamente estacional como ocurre con el azúcar y otros productos agrícolas. En esas

actividades agrícolas los trabajadores se movilizaban en función de los ciclos productivos

del azúcar, el café, el arroz, etc, pero ahora los trabajadores responden más bien al

llamado de los centros cuando requieren aumentar el número de trabajadores.

Como no se trata de trabajadores que están únicamente agrupados en un enclave,

ni sujetos a contratos oficiales, estos tienen una mayor movilidad laboral. Como se puede

ver en los datos presentados a continuación esa es una de las características más

sobresalientes de esos trabajadores, pues ellos cambian de trabajo según la demanda.

Tampoco es una migración estacional, pues su período de trabajo no está sujeto a

los meses de una zafra, sino en función de la demanda de la actividad económica donde

ellos ingresan; así la estadía de los trabajadores es en principio indefinida, pero como la

demanda es creciente, ellos se aseguran varios meses de trabajo, viajando la mayoría a

su país de origen y al regresar, por la misma vía, inician de nuevo la búsqueda de su

incorporación al trabajo. En el plano formal esto se facilita debido a que los empleadores

no les ofrecen ningún contrato formal ó explícito a sus trabajadores, sino que los mismos

son enrolados a la actividad productiva por la vía de una conversación directa con el

empleador o con la mediación de intermediarios.

En parte esa nueva situación facilita la gran movilidad de los inmigrantes, que

pueden cambiar más fácilmente de trabajo que antes, lo mismo que su condición

migratoria. Pueden pasar de trabajadores estacionales a ser asalariados de la

construcción y hasta a trabajar por cuenta propia.

Otro factor que permite ese movimiento de los trabajadores es el hecho de emigrar

a un país limítrofe, lo cual dada la porosidad de la frontera, la relativa cercanía para ir de

un país al otro y el también relativamente bajo costo del transporte, facilitan el ingreso.

Igualmente esto nos explica que la mayoría de los trabajadores tienen alrededor de dos

años en República Dominicana; así como la soltería, pues se trata de personas que han

decidido cruzar la frontera con el objeto de resolver un problema para regresar a su país.

Tanto la distancia como el costo que se debe pagar para realizar el trayecto son variables

importantes en la decisión de emigrar hacia la República Dominicana, pues siendo Haití un

país de alta emigración, los que se dirigen hacia otros destinos deben ser los que están en

mejores condiciones económicas y pueden pagar ese costo. Esto se refuerza por el hecho

de que de todos los países hacia donde emigran los haitianos la República Dominicana es

el destino donde menores ingresos reciben. Aunque sobre ese punto se debe también

reconocer que en este caso se trata de un país subdesarrollado y no de las grandes

ciudades de los países del Norte, como ocurre en los casos de Estados Unidos, Canadá y

varios países de Europa.

La inmigrantes ingresan al mercado de trabajo para realizar trabajos temporales, o

para períodos relativamente cortos. Aun en los casos en que solamente trabajan su

profesión u oficio, no lo hacen con un solo patrón, sino que tienden a cambiar

frecuentemente de lugar de trabajo, pues en muchos de los casos son contratados para

trabajar en una franja de la actividad de que se trate, como por ejemplo en la

construcción, donde son requeridos principalmente para la primera fase que implica los

esfuerzos más duros; o en la agricultura que los traen para sembrar y recoger las

cosechas.

Es interesante destacar que los inmigrantes viajan a su país con la frecuencia que

les impone la necesidad de llevar recursos a sus familiares o la falta temporal de trabajo.

Aquí de nuevo, la cercanía del país receptor opera como un condicionante para el ir y

venir. Como vemos la temporalidad no depende de un contrato, en base al cual ingresa el

inmigrante, sino de las eventualidades que se produzcan en el mercado de trabajo.

Los trabajadores fronterizos propiamente dichos, o sea los que trabajan en las

comunidades limítrofes, tienen un comportamiento distinto de los que lo hacen en las

zonas alejadas de la frontera. Aquellos tienen como característica principal el cruce

permanente de la frontera, son trabajadores que se mueven en forma pendular, agotando

estadías cortas o realizando viajes cada día en uno u otro sentido.

Desde el punto de vista socio demográfico, aun el predominio masculino es notable

en esta migración, pero se ha producido un incremento significativo de mujeres respecto al

pasado y una buena parte de ellas no viene siguiendo a sus cónyuges, sino por iniciativa

propia y desempeña labores diferenciadas de las de los hombres, como es el caso del

trabajo doméstico, la venta ambulante, algunas actividades en los centros turísticos,

trabajadores por cuenta propia o la venta de alimentos.

Estamos entrando en un proceso nuevo como es la feminización de la migración

haitiana, sobresaliendo el hecho de que esas mujeres, como se puede notar en los

cuadros respectivos, llegan al país con una mayor determinación de emigrar que los

varones, pues el porcentaje de mujeres que viene pensando en quedarse por un tiempo

largo es mayor que el de los hombres; además ellas llegan casi siempre a un trabajo que

le es asegurado por los miembros de la red social que las apoya en el proceso migratorio.

Esa presencia femenina presenta algo interesante, pues la mayoría de ellas al ser

entrevistada afirmó que llegaban con una decisión de mayor permanencia que los

hombres. Además un porcentaje relativamente mayor de mujeres manifestó tener una

estadía más larga que los hombres. También muchas de ellas dicen vivir con su marido e

hijos; lo cual permite visualizar que tendrán hijos en el país de acogida.

Hombres y mujeres declararon que si bien la mayoría de sus hijos nacieron en Haití,

una parte de ellos nació en la República Dominicana y tanto de los nacidos aquí o allá,

una tercera parte vive aquí con sus hijos, principalmente en el caso de las mujeres.

La edad de los entrevistados nos revela que se trata de una población joven que se

distribuye entre los menores de cuarenta años hasta los adolescentes de 17 y 18 años;

por lo demás se trata de una población con niveles de escolaridad que superan los de la

población haitiana en el país de origen. El promedio de los inmigrantes tiene cursado el

nivel de primaria y más de la mitad sabe leer y escribir.

Como suele acontecer en otros procesos migratorios, muchos de ellos tenían algún

tipo de ingresos y por lo tanto no eran los más pobres en su medio. Esto nos ofrece otra

diferencia con la emigración tradicional que nos aportaba a los campesinos más pobres y

en peores condiciones respecto a los niveles educativos.

Otro dato que confirma la existencia de una nueva ola migratoria es la nacionalidad

de los padres, prácticamente todos son nacidos en Haití y muy pocos trabajaron o vivieron

en algún momento en la República Dominicana. Es decir que no hemos entrevistado a los

hijos de los haitianos con largos años de residencia en el país; lo cual nos demuestra que

los hijos de esos viejos inmigrantes se encuentran en un circuito distinto del de los

actuales trabajadores haitianos. Sólo se encontraron alrededor de setenta personas que

se consideraban haitianos y que habían nacido en el país. En tal virtud, los dominicanos

de origen haitiano tampoco aparecen en los mismos circuitos que los nuevos inmigrantes.

La nueva composición por sexo de la inmigración haitiana se corresponde con la

diversificación de las áreas de trabajo en las cuales incursionan los haitianos; así como

con la modificación de la dinámica laboral que está caracterizando a la Nueva Migración.

Es notorio que el interés en ayudar a la familia es una de las motivaciones para

emigrar, por parte de los haitianos, pues todos se refieren a ella, sea para explicar las

causas de su salida, o de los viajes frecuentes a su país. Es indudable que el sueño de

esos inmigrantes es ayudar a la familia. Esto mismo nos hace ver que ellos mantienen un

fuerte apego afectivo a su tierra; aunque también dicho apego es una de las razones para

la decisión de traer sus familiares a República Dominicana, vista la situación de pobreza y

desesperanza en su país.

El lugar de residencia y la vivienda de los inmigrantes nos revela que estos tratan

de vivir agrupados entre sí, sea en el campo ó en la ciudad. Muy pocos viven solos,

prefieren acompañarse de sus compatriotas, e incluso prefieren vivir lejos del centro de

trabajo si eso les garantiza estar cerca de otros haitianos. Las condiciones de la vivienda

son muy precarias, tanto por los materiales de construcción empleados como el propio

estado de las mismas; además de la falta de confort para asegurarse un mínimo de

comodidades. Los lugares de residencia son los barrios marginados más aislados en cada

una de las ciudades donde se encuentran los inmigrantes. Muchos de ellos viven en los

centros de trabajo, como ocurre con las plantaciones agrícolas y en la construcción.

Las causas de la inmigración haitiana, en principio, como toda migración

transfronteriza está motivada por las diferencias sociales y económicas existentes entre

los dos países limítrofes. Teniendo esto como marco, los encuestados manifestaron que

les movía el deseo de conseguir un empleo mejor o de incrementar sus ingresos para

satisfacer metas personales o familiares. De hecho lo que hace atractiva a la República

Dominicana para los haitianos es la posibilidad de encontrar fuentes de empleo con más

facilidad que en su país de origen y en segundo lugar la posibilidad de un mayor ingreso y

más constante que en Haití.

Las labores desarrolladas por los inmigrantes son las menos aceptadas por los

dominicanos, por ser pesadas, mal remuneradas y de gran inestabilidad, con ausencia de

seguridad social. En cuanto al ingreso, se pudo comprobar que no es tan alto, pues la

mayoría se sitúa entre los RD$ 1,500 y $2,000 y un grupo menor alcanza los RD$3,000;

pudiendo otro pequeño grupo llegar a ganar más de esa cantidad. Dadas las condiciones



de vida que llevan estas personas en el país, esos escasos ingresos les permiten

sobrevivir y enviar ayudas a sus familiares.

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