La Música Árabe



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La Música Árabe
Por Álvaro Martínez León

INTRODUCCIÓN

La corriente principal de influencia del Islam se halla en el territorio comprendido entre el el sur de la Península Ibérica pasando por la costa mediterránea de África hasta el Cercano Oriente, donde se divide en dos ramas, una hacia Irán ( llegando hasta Indonesia ) y otra hacia Europa Oriental. En los extremos, las tradiciones musicales están muy mezcladas y el islámico muy difuminado. Pero entre Marruecos e Irán hay una unidad cultural muy característica que predomina sobre las existentes en esos territorios ( cristiana, judía, árabe, turca y persa ) que es el elemento árabe.

En esta cultura la expresión musical está basada en el talento individual. El músico suele ser compositor, intérprete y libre improvisador, centrándose la valoración del arte en los detalles más que en la estructura. La interpretación está organizada en torno a los maqamat, una serie de indicaciones sobre notas preferidas, pequeñas células rítmico-melódicas, conclusiones y otros convencionalismos, todo ello alrededor de un modo melódico concreto. Con estos elementos y un sentimiento general basado en una emoción y una filosofía concretas unidas a cada modo, el solista compone, interpreta e improvisa. Todo ello se dirige a conseguir el tarab, el punto donde se encuentran el sentimiento y el intelecto del arte de hacer música.

La música culta ha sido, hasta finales del siglo pasado, siempre cortesana. Se ha desarrollado gracias al mecenazgo de la aristocracia, que la ha utilizado como entretenimiento, como símbolo de grandeza e incluso como arma política. El punto de partida ha sido siempre la poesía, pues la cultura islámica tiene un gran amor a ésta. Prueba de ello es el Corán, obra maestra poética de la historia de la literatura árabe y fuente absoluta de la lengua árabe. La gigantesca expansión del imperio islámico la convierte también en catalizadora de muchas tradiciones musicales.

La transmisión ha sido mayoritariamente oral, ya que incluso hoy se utiliza la notación casi exclusivamente con fines pedagógicos, pues nunca se ha buscado una excesiva precisión. Un ejemplo de esto es el cuarto de tono, que a pesar de estar registrado en la notación árabe, su afinación varía dependiendo de la escuela o incluso del intérprete. De igual manera, un mismo modo tiene diferentes nombres y afinaciones según la ubicación geográfica de la escuela.

La música está muy presente en la vida de cualquier árabe. Existe en cualquier celebración y en el sentir popular es un vehículo para compartir sentimientos comunes. Cada pueblo islámico tiene su propia tradición musical de carácter colectivo, que siempre tiene en mayor o en menor medida una parte de lo que llamamos el elemento árabe.


LA HISTORIA
La época preislámica

Los primeros textos históricos que hacen referencia a este período datan de finales del siglo IX, 250 años después de la llegada del Islam. Al no haber documentos históricos, muchos de los relatos se sacaron de la tradición legendaria de la península arábiga y de los restos de tradiciones indígenas que los árabes preislámicos habían conservado. Así, encontramos la leyenda de Lamak, que hizo el primer laúd de la pierna de su hijo muerto. La primera canción salió de su lamento.

La sociedad preislámica consistía en tribus nómadas agrupadas en clanes que subsistían gracias al comercio. La música estaba muy relacionada con la vida diaria, acompañando tanto el viaje, como las celebraciones o la lucha.

La expresión fundamental de las tribus beduinas era la canción de caravana o huda´, que se cantaba mientras se iba montado en el camello. Lejos de ser un mero pasatiempo, la huda´ servía para distraer al camello de las enormes cargas que se le hacían llevar, ya que según los árabes, los camellos son muy sensibles al canto humano. El nacimiento de esta forma de canto, según la tradición, se debe a un beduino que, al caer de su camello y gritar "ya yadi" ( ay, mi mano ), notó cómo ese sonido afectó a su camello.

La huda´ era un canto fuertemente rítmico y repetitivo, pues seguía el paso del animal.  Tenía un matiz de queja, tal y como lo eran las palabras, pues la vida de los nómadas era harto insegura y fatigada. Las condiciones climáticas, tanto como las continuas luchas por la posesión de las rutas, hacían de la existencia un hecho pasajero e incierto. De esta expresión musical  derivarían las ghina´, las canciones que eran interpretadas por los primeros músicos de la sociedad islámica.

>En las ciudades de la península arábiga se desarrollaba la figura de los poetas-músicos. Se les atribuían poderes sobrenaturales y eran temidos y respetados. En los mercados árabes, y especialmente en la ciudad de ´Ukaz, había competiciones de este tipo de artistas. Nos queda constancia de dos tipos de poemas : sinad, de motivos épicos y métrica clásica y hazay, de carácter lírico y metro corto. También los había de lamentación, de sátira contra el enemigo, o para ensalzar el orgullo de una tribu.

La música de estos personajes, más elaborada que las huda´ de los caravaneros, estaba muy relacionada con la de las qaynat, cantantes y bailarinas profesionales (también escanciadoras de vino y servidoras sexuales) que practicaban su arte en los campamentos caravaneros, en las casas de los ricos y en las tabernas de las ciudades. Éstas cantaban  a los amores románticos y platónicos y a los valores de de generosidad y protección al débil, lo cual no casaba con una sociedad poligámica , en la que la borrachera y la prostitución imperaban. La música de estos personajes, más elaborada que las huda´ de los caravaneros, estaba muy relacionada con la de las qaynat, cantantes y bailarinas profesionales (también escanciadoras de vino y servidoras sexuales) que practicaban su arte en los campamentos caravaneros, en las casas de los ricos y en las tabernas de las ciudades. Éstas cantaban  a los amores románticos y platónicos y a los valores de de generosidad y protección al débil, lo cual no casaba con una sociedad poligámica , en la que la borrachera y la prostitución imperaban.

Las qaynat acompañaban también a los guerreros en el campo de batalla, cantando  ( y acompañándose con panderos ) los rajaz, poemas que les incitaban a luchar con más violencia. Si  algún guerrero caía en la batalla, le cantaban elegías, que provenían de los cantos caravaneros para ahuyentar a los malos espíritus.

El contacto con las culturas bizantina y persa está constatado. Se sabe que en el S.VII cinco qaynat bizantinas cantaron sus canciones en una corte real de Arabia. Asimismo, el reino árabe de Al -Hirah estuvo relacionado muy de cerca con la cultura persa durante el imperio Sasánida. Los Sasánidas estimaban mucho la música, tanto religiosa como laica, y la consideraban entre los cuatro poderes espirituales. Barbad, un músico cortesano al que se le atribuye la invención de los modos preislámicos, fue modelo de logro literario para el mundo árabe hasta el siglo X.

La música árabe preislámica tenía también un marcado carácter colectivo. En esta expresión su utilidad era muchas veces mágica, y siempre para reafirmar la unidad del clan. No necesitaba de un entrenamiento específico, sino que era una expresión popular que daba salida a las emociones. Fue de la evolución de los músico-poetas y de las qaynat de donde surgirían los primeros músicos profesionales, coincidiendo con el nacimiento del Islam.



El comienzo del Islam y los califas ortodoxos (632- 660)

No tenemos una visión clara de cuál era la postura de Mahoma hacia la música. Mientras que existe una prohibición clara hacia las representaciones de animales y personas, la postura hacia la música es siempre ambigua. Hay relatos en el Corán que nos relatan tanto la desaprobación como la aceptación de el profeta, lo cual suele estar ligado a una circunstancia concreta. Pero éste es un tema que trataremos más ampliamente en el capítulo de la música religiosa. Lo que sí es cierto, es que él mismo fundó la llamada a la oración (adhan), eligiendo al abisinio Bilal , que se ha convertido en el patrón del gremio de esta profesión.

Doce años después de la muerte de Mahoma, los ejércitos islámicos comenzaron a formar el futuro imperio. Se conquistaron Siria, Iraq, Persia, Armenia, Egipto y Libia, y con esto empezó el contacto y la influencia mutua entre las culturas conquistadas y la conquistadora, hecho que se prolongaría durante toda la expansión del imperio islámico. De los territorios conquistados llegaron músicos en calidad de esclavos (mawali), que serían adoptados por la aristocracia reinante en ese momento y serían los músicos en activo junto a los nativos mukhannathin.

Los mukhannathin no estaban considerados del todo bien en la sociedad.. Sus instrumentos musicales estaban prohibidos y eran perseguidos periódicamente por las autoridades religiosas. Paradójicamente, la mayoría de éstos músicos trabajaban al servicio de la nobleza Quraisí ( al igual que los mawali ), que se había convertido al Islam a la muete de Mahoma. Se cree que eran los religiosos los que promulgaban la mala imagen de estos músicos, pues su arte bebía de la tradición preislámica.

Parece que las mujeres cantoras gozaban de una mejor posición que sus colegas masculinos, como la famosa Azza al Maila´, que se hizo muy popular por sus conciertos en Medina y ganó así la protección de Ibn Ja´far. Su casa fue uno de los salones  donde se ofrecía mayor calidad poética y musical de la ciudad y se decía que cautivaba  a las audiencias con su interpretación de las al-ghina y las ar-raqiq o "canciones dulces".

Es el mismo caso de Jamila, que se hizo conocida por su peregrinaje a la Meca, el cuál recordarían en sus cantos poetas posteriores. Intérpretes masculinos famosos fueron Sa´ib Khatir, hijo de un esclavo persa, y Tuways, un árabe que imitaba los cantos de los esclavos persas.

Gracias a la nobleza Quraisí, la música árabe pudo desarrollarse ( o al menos mantenerse ) en una época en la que la situación económica era algo precaria y la conducta moral de los artistas estaba bastante cuestionada por las autoridades religiosas. Esta situación se pudo mantener gracias a que la música y la poesía no estaban relacionadas directamente con el vino y los placeres de la carne, como sucedería en tiempos posteriores,  sino que la declamación era apreciada como un arte aisladamente.

Como ya sucedía en el período preislámico, la música era un vehículo para embellecer la poesía, haciéndose hincapié en la influencia física que producía sobre el oyente en ciertos momentos. Se hablaba de su poder mágico y de los gestos violentos y los movimientos de cabeza y miembros que hacían algunas personas al escucharla. Esto nos enseña que durante este período la música era un arte todavía utilitario y no una forma expresiva independiente.>

Los nobles competían entre ellos para ver quién hacía los conciertos más bellos. En sus casas y en los sofisticados salones literario-musicales,  descubrían y recompensaban a los talentos, llegando a tomar a algunos músicos bajo su tutela, costumbre que se generalizaría en épocas posteriores. Así, apareció una nueva generación de músicos que se alimentó de la tradición ya existente y de los elementos que fueron introducidos por los mawali extranjeros. Se adoptó la afinación del laúd  persa para el ´ud árabe y las melodías y ritmos fueron regulados por un sistema modal que sería codificado más tarde. La tradición musical islámica estaba tomando forma.

A parte de las expresiones musicales relacionadas con eventos populares habituales en toda la historia del mundo árabo-islámico tales como las bodas, nacimientos, circuncisiones, festividades, el trabajo, la salida y llegada de los peregrinos de la Meca, e incluso en la curación de enfermos, existía una que se fue perdiendo con el tiempo, pero que en los albores del Islam era muy practicada : la nawh o canción funeraria. Este canto estaba igual de arraigado en la tradición beduína que la huda´ y se practicaba por todo el territorio árabe.

Muchos cantantes conocidos del momento estaban especializados en este arte, tales como Sa´ib Khatir, que enseñó a otros buenos artistas del momento, y que a su vez lo había aprendido de las plañideras. En un principio era realizada por mujeres exclusivamente, pero debió convertirse en un arte refinado, ya que Ibn Surayj dejó de cantar cuando su alumno Al Gharid le superó. Al igual que otras expresiones preislámicas, se mantuvo a lo largo de las siguientes épocas, pero fue disminuyendo, ya que fue muy perseguida por las autoridades religiosas.

La Dinastía Omeya (661 - 750)

El imperio islámico siguió extendiéndose, trasladándose la capital a Damasco. La riqueza de los califas creció, al igual que su gusto por la música. Ésta comenzó a convertirse en un entretenimiento, en una etiqueta de elegancia que era imprescindible en la corte. Los músicos empezaron a subir en la escala social, y dejaron de tener la categoría de esclavo o sirviente, para subir un pequeño peldaño y empezar a formar una clase aparte.

Los palacios se llenaron de cantores y cantoras que, gracias a la tradición que se había ido formando anteriormente, daban  una calidad cada vez mayor a sus interpretaciones e improvisaciones, que eran bien remuneradas. Muchos de ellos eran árabes de nacimiento o de aculturación, pero las influencias que seguían llegando de los territorios conquistados se hacían notar. Estas influencias eran mayormente persas, tal y como estaba sucediendo en las costumbres de los califas.

El músico más importante de la época de los Omeyas y el más influyente fue Ibn Misjah. Nacido en la Meca de una familia persa, viajó a Siria y Persia, donde aprendió la teoría y la práctica bizantina y persa, añadiéndolas a la formación árabe que ya poseía. Se le recuerda en los escritos como un cantante, laudista y teórico de la música de su momento con gran autoridad, pues además de incorporar nuevos elementos a la música de la época, rechazó otros por no considerarlos adecuados a los criterios de la música islámica.

Otro músico famoso del momento fue Ibn Surayj (hijo de un esclavo persa), conocido por su forma de cantar elegías (nawh) y por enseñar ese arte a sus contemporáneos, así como por sus improvisaciones. Al-Gharid, un alumno suyo de ascendencia bereber y Ibn Muhriz, de familia persa, fueron también valorados en su momento. Es el mismo caso del negro Ma´bad, creador de un estilo personal que copiarían generaciones sucesivas y que fue acompañado en su carro mortuorio por el califa Al Walid IbnYazid y sus hijos.

El apoyo a la música y la apreciación de ésta como arte independiente a la poesía aumentaba, siendo los califas cada vez más apasionados en este aspecto. La posición social y económica del músico crecía, permitiendo una dedicación más profunda a la composición y al estudio de la interpretación. Se estaba creando, pues, el caldo de cultivo para la que sería la época de apogeo de la música clásica islámica.



La Dinastía Abbasí y la desintegración del imperio islámico: 
La edad dorada

Durante este periodo finalizó la expansión del imperio, extendiéndose a la península ibérica por Occidente y hasta la India por Oriente. La riqueza que acumularon por aquel entonces las poblaciones dominantes y los nuevos elementos que se incorporaron a la cultura ( griegos e hindúes ) hicieron de esta época la más floreciente en cuanto a arte se refiere. Esto hizo que existiese una visión más crítica con respecto al arte. Ser músico se convirtió en una profesión lucrativa, y se hizo necesario tener una amplia formación en campos no musicales, un buen nivel de virtuosismo, conocimientos de teoría estética y de los poderes terapéuticos y místicos de la música. Era imprescindible tener un repertorio más extenso, así como un alto nivel creativo y estar versado en la especulación matemática ligada a la música, un conocimiento casi enciclopédico dirigido a obtener la aprobación de la élite social, que se hacía cada vez más entendida y exigente. La música se convirtió en una disciplina similar a la filosofía  o las matemáticas, ya que cualquier hombre que se preciase de ser culto debía tener buenos conocimientos de esta materia.

La subida al poder de los Abbasíes coincidió con el fin del centralismo. Aunque la capital se estabeció en Bagdag, el imperio se dividió en pequeños reinos, tales como Al-Andalus, el Magreb, el África subsahariana, Egipto, Siria, Iraq, Irán, Afganistán y la India. En estos nuevos reinos, algunos completamente independientes y otros con algunos vínculos con el califa,  la vida urbana se desarrolló, así como las pequeñas aristocracias de cada lugar. Éstas promovieron las artes locales, pues vieron en ellas una buena forma de afirmar su independencia cultural. Mientras que políticamente el período abbasí estuvo marcado por la desintegración, supuso un florecimiento del arte en todo el mundo islámico.

En  las fiestas de la vida diaria de la aristocracia, como podemos leer en "Las Mil y Una Noches", la música se fue convirtiendo  en un entretenimiento, separándose así de la poesía para relacionarse directamente con los placeres del vino y el harén. Lejos quedaban los tiempos de los Quraisíes, con las reservadas reuniones en las que la apreciación de la palabra cantada era un acto exaltado y casi mágico.

El mayor elogio que podía hacer un califa o un noble a una nueva canción era "beber por ella" y de hecho se decía que el vino acentuaba el placer de escuchar la música. En la literatura de entonces abundan relatos de reuniones aristocráticas en las que la música, el canto, el vino y las mujeres eran imprescindibles, hecho que se ve constatado también en los tratados de teólogos del momento , que condenaban continuamente la vida disipada de la nobleza. Hubo algunas excepciones, como  los califas ´Abd Al Malik y Umar ibn ´Abd al ´Aziz que aún así, compuso algunas melodías después de su subida al trono. La música era un signo de riqueza y prosperidad, con lo que se hizo cada vez más popular en toda la sociedad. 

A pesar de la frivolidad con la que se relacionaba a la música del momento, ésta seguía evolucionando, pues en la misma aristocracia aumentó el interés por la música como arte independiente. Algunos califas se dedicaron a componer, ya que se consideraba a ésta una fuente de edificación y placer, dándose así un carácter intelectual y artístico a la apeciación de la música además del matiz sensual. Aunque las composiciones de estos no estaban ni mucho menos a la altura de los músicos de su corte, esto nos da una impresión de cuál era la implicación de los nobles en la música.

A estas funciones sociales se sumó otra, la política. Los músicos, junto con los poetas, eran los periodistas de la época, tratando los acontecimientos cotidianos y extraordinarios en forma de apología o de sátira. Muchos iban de pueblo en pueblo y así iban extendiendo las noticias. Un ejemplo de la capacidad propagandística que tenían es el del poeta Al Darimi. Un día se le acercó un mercader que venía de Iraq con un cargamento de velos y que había conseguido venderlos todos menos los negros. Esto dio una idea a Al Darimi para hacer un poema sobre una preciosa mujer tocada con un velo negro. La canción se hizo tan popular en  la ciudad que el cargamento de velos se acabó rápidamente.

Los artistas tenían gran influencia sobre la población, y los nobles no dudaron en  sacarle partido a este hecho. Hasta que la subida al trono de los Abbasíes se consolidó, hubo varias luchas de poder, en las que se utilizó a los poetas para crear opinión pública en favor de cada bando. Asimismo, un artista debía evitar criticar a ciertos personajes en sus canciones, pues ello le podía llegar a costar incluso la vida.

Otra función muy común de la música, que provenía de épocas preislámicas (de la antigua Persia incluso) y que seguiría utilizándose hasta el siglo XIX por el imperio otomano, era la militar. En su máximo desarrollo, la banda tenía sus funcionarios especializados en tareas administrativas o técnicas, que acompañaban  a los "comandantes de los tambores", que tocaban ciertos tipos de tambores y de instrumentos de viento. Se sabía muy bien qué tambores eran mejores para la batalla, pues tenemos escritos de generales tales como Khalid ibn al Walid, que recomendaba los tambores tubul para hacer a los guerreros combatir más fieramente y prohibía los tabl al shanin por tener un sonido enervante y debilitador.

Volviendo a la vida en la corte, cabe destacar hasta qué punto había evolucionado la posición del músico en ella. Al parecer, los músicos tenían rangos, dependiendo de su habilidad musical, pero también de su formación cultural ( incluso en lo referente a teología ) y de su apariencia física en el caso de las mujeres. Muchos gastaban tiempo y dinero en aprender todo este tipo de cualidades, pues la recompensa social y económica era segura. El máximo puesto al que se podía aspirar era el de ser una especie de acompañante muy cercano del noble que le contrataba, pero muy  pocos llegaban a ese estatus, quedando el resto como tocadores y cantores de segunda clase.

A la hora de tocar no se podían mezclar los rangos, y un cantante no podía ser acompañado por un instrumentista de menor rango que él. Sin embargo, los premios recibidos por los artistas de alto nivel eran repartidos entre todos los rangos. Esta división provenía de una antigua costumbre de las cortes Sasánidas, al igual que la de poner una cortina entre músicos y audiencia. Había un oficial encargado de los temas relacionados con la música y otro encargado de las cortinas y de ser el intermediario entre los músicos y el califa durante la actuación.

El mejor ejemplo de hasta dónde llegó el estatus de algunos músicos, es el de Ishaq al Mawsili, el músico por excelencia de aquella época. Los califas que le tuvieron como "jefe de música" en sus cortes decían tales elogios de él como que tenía las cualidades de un juez  o, en su vejez, que desearían imprimirle juventud y salud, ya que era un regalo bendecido por Alá. Podía no obedecer órdenes del monarca y nunca llevaba su ´ud con él como el resto de sus colegas. Era nombrado frecuentemente por un apelativo especial que indicaba que era favorito del califa y era de todos sabida su buena posición económica. Aún así, quedaban retazos de la posición servil que había tenido el músico en la corte, pues  la conocida polémica que protagonizaron su padre y él frente a Ibrahim ibn al Mahdi e Ibn Jami´( de sangre quraisí ) tuvo este matiz clasista además de la rivalidad de estilos entre el modernismo ornamentado de Al Mahdi y el clasicismo sobrio de los Mawsilis.

A este hombre de amplia cultura, cantante, compositor y virtuoso del ´ud se le atribuye la autoría de cerca de cuarenta trabajos sobre música ( hoy perdidos ) y, según el Kitab al-Aghani o "Libro de canciones", la primera sistematización de los modos melódicos de la música clásica árabe.

Las Fuentes Literarias
El Kitab Al-Aghani de Al-Isfahani

De esta época tenemos varios tratados y libros tales como el de Yunus al Katib ( el primer compendio de canciones por orden alfabético, con indicaciones del modo rítmico y melódico a usar e información histórica y biográfica ), las cien canciones elegidas para Harun al Rashid del Quraisí Ibn Jami´, y los tratados de ibn al Mahdi, de Yahya al Makki y de Ishaq. Pero son los veinte volúmenes del Kitab al-Aghani de Abu´l Faraj al-Isfahani  los que engloban la información del resto de los escritos citados y culminan una tendencia en la escritura de este tipo de tratados que es exclusivamente árabe, ya que después vendrían tratados como los de Al-Kindi y Al-Farabi, que incorporaban la teoría de la antigua Grecia. En él se ve la evolución de la música desde los tiempos preislámicos, el desarrollo de las distintas corrientes estéticas y las diferentes escuelas de canto.

Una de las partes más valiosas del libro son las cien canciones elegidas para Harun al-Rashid, así como un compendio de "clásicos" del momento. Al principio de cada canción se indica el ´isba ( modo melódico ), el ´iqa ( modo rítmico ) y el agna ( nota de comienzo ) en los cuales la pieza se debe interpretar. Estas indicaciones no están descritas en el libro, pues no existía entonces ningún tipo de notación, y éstas sólo servían para guiar la memoria del intérprete. Aún así, sabemos que el autor utilizaba los términos establecidos por Ishaq al Mawsili, que tenían como característica principal la  distinción de la tercera nota en el modo melódico ( mayor, menor o neutra ).

A continuación, están escritos los versos de la canción, la biografía del poeta y su ascendencia, cualquier anécdota o historia relacionada con la canción o las circunstancias que inspiraron la obra. También presenta  el trasfondo social unido a las actividades musicales del momento, así como cantidad de referencias históricas. Queda muy claro en estas descripciones el carácter de acompañamiento de la poesía que tiene la música hasta el momento de escribirse el libro.

A la hora de componer un poema, los versos se hacían primero ( encontramos poemas con músicas diferentes ), y se buscaba un modo rítmico con el instrumento que encajara con los versos. Existe total certeza de que algunos de los modos rítmicos del período quraisí fueron creados a partir de métricas de versos y también sabemos que se consideraba a un compositor por su capacidad de encajar artísticamente  los versos dentro de un ritmo. El conocimiento de la poesía era un factor fundamental a la hora de valorar a un músico, como nos demuestra el relato en el Ibrahim al Mausili ( padre de Ishaq ) "venció" a Ibn Jami en una demostración en la corte de Harun al Rashid gracias a conocer poemas de un autor que el califa les pedía. De cualquier manera, el amor por la palabra es una característica fundamental de la cultura árabe.

Sobre los instrumentos musicales encontramos cómo se evolucionó desde utilizar instrumentos de percusión ( especialmente panderos ) como acompañamiento a la voz en la época omeya ( Gharid, Ibn Surayj, Ma´bad ) hasta la la total aceptación del ´ud como instrumento que se utilizaría en todos los países islámicos, seguido de la surna ( flauta de lengüeta ), en segundo grado de importancia. La función de estos instrumentos era la de apoyar la voz del cantante haciendo la misma melodía que éste. A pesar de ser siempre un acompañamiento a la voz, se nos habla de grandes virtuosos tales como los laudistas Mulahiz y Zalzal y el tocador de surna Barsauma al Zamir, que eran valorados por seguir muy de cerca las melodías de sus cantantes.

El grado de precisión en la afinación se hizo refinado. El ´ud se afinaba según el tono de voz del cantante, así como el tabl (instrumento de percusión) en ausencia del ´ud. Existen relatos de cómo Ishaq al Mawsili era capaz de detectar una cuerda desafinada entre veinte laúdes y de demostrar cuándo un cantante y su percusionista iban desacompasados.

Este libro tiene mucha información sobre cómo se cantaba. Describía los diferentes matices de la voz, las características de los cantantes famosos, comparando a Ibrahim al Mawsili con Ibn Jami´ y a Ishaq al Mawsili con Ibrahim Ibn al Mahdi, así como las escuelas que representaban estos contrincantes. Ibn al Mahdi, de la escuela moderna y recargada persa, se daba una gran libertad a la hora de interpretar, llegando incluso a distorsionar las piezas en el nombre de la mejora del estilo. Ishaq representaba a la escuela conservadora y simplista de la tradición árabe y se cuenta como, a pesar de tener una voz mediocre, la explotaba haciendo saltos de las notas más agudas a las más graves y controlando con gracia el pasar de un volumen estridente a la mayor suavidad posible.




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