La economía de pastoreo en La Montaña Donaciano Gutiérrez



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La economía de pastoreo en

La Montaña

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El pastoreo de ganado ovicaprino juega un papel fundamental en la economía de la región de La Montaña de Guerrero. Sin embargo, es la cabra la que tiene un peso mayor en términos económicos y culturales. La cabra es el primer rumiante domesticado y uno de los principales animales explotados por el hombre; dicho aprovechamiento se remonta a épocas tan lejanas como el Neolítico.


En los años setenta del siglo XX, 260 millones de cabezas de cabra se distribuían geográficamente desde China, India, Pakistán, Irán, Brasil, México, hasta Sudáfrica, Alemania, Japón, Austria y 32 países más. Las poblaciones más numerosas de caprinos se encuentran en China, Mongolia y la India, países que en conjunto sumaban casi 150 millones. En la escala mundial, México ocupaba el quinto lugar con 10 600 000 (González 1977: 27). Al 31 de diciembre de 1993, la existencia del ganado caprino a nivel nacional era de 6 882 767, el estado de Guerrero ocupaba el séptimo lugar en el país con 443 669 cabezas; superado por Oaxaca (750 mil), Coahuila (749 mil), San Luis Potosí (663 mil), Puebla (567 mil), Nuevo León (523 mil) y Zacatecas (454) (INEGI, 1993). Al 31 de diciembre de 2004, el estado de Guerrero contaba con 628 276 cabezas de ganado caprino (INEGI, 2005).
Es de hacer notar que, salvo en pocos lugares del mundo, las cabras se encuentran en zonas áridas o semiáridas, pues un común denominador del ganado caprino es el aprovechamiento de la vegetación xerófila de poca o ninguna utilidad. La gran adaptabilidad de la cabra, así como su rusticidad la han hecho un animal muy útil para la cría en ciertas regiones que por sus características climáticas no se prestan para otros tipos de aprovechamiento. La importancia de las cabras, al dar valor a ciertos terrenos inadecuados para el cultivo agrícola o cría de otros ganados, es de gran significación social, sobre todo en países como México, donde las superficies áridas o semiáridas abarcan más de la mitad del territorio. Al aprovechar la vegetación xerófila de poco significado económico en otros aspectos, la transforma en alimento de elevado valor para la familia campesina, como la carne, la leche y los quesos, así como en subproductos que le proporcionan ingresos complementarios a su precaria economía, como la venta de pieles y carne salada (González, 1997: 29).
Fue con los españoles que llegaron a tierras americanas los ganados que actualmente son productos de cría y explotación en México; su introducción fue lenta, paulatina pero firme. De todos los ganados que llegaron a América, el que primero se introdujo fue la cerda, debido a la facilidad de su transporte; además, su carne, previamente salada, se podía conservar mucho tiempo en cualquier clima. En cuanto a la introducción del ganado lanar, éste no presentó grandes dificultades, dado que las condiciones de clima y topografía permitían con facilidad su aclimatación en tierras americanas. El ganado bovino fue introducido en forma más tardía que el ganado menor. El abastecimiento de carne de res en la ciudad capital fue iniciado hacia 1526 y en forma más constante y en mayor escala hacia 1528. El ganado caballar se utilizó primero para hacer la guerra, y en ocasiones se empleaba como animal de tracción en los caminos y en las labores del campo (Chevalier, 1956).
Probablemente la cría de ovicaprinos se inició hacía 1571- 1574 “… y cabras también se crían en todas partes de las Indias aunque no se dan cifras de ellas porque no son de tanto provecho” (López de Velazco, 1571), lo cual indica que en esos años, cuando se iniciaba la introducción de dicho ganado, éste no tenía preferencia sobre el resto de los traídos de la metrópoli. Es hasta 1850 cuando se encuentran datos estadísticos más específicos que muestran la magnitud de las poblaciones de ganado en una porción del país e indican que para esa fecha el ganado caprino tenía preponderancia en el norte de México, aun sobre el vacuno, principalmente en el actual estado de Nuevo León (González, 1977: 32).
Es posible que la preponderancia del caprino sobre el resto de los ganados, aun sobre el vacuno, de mucha importancia económica, se haya debido a diversos factores, uno de los cuales es el tipo de vegetación predominante en el norte del país —fundamentalmente árido— de poco valor y de utilidad sólo como forraje de baja calidad para el ganado adaptado a condiciones de aridez, así como de resistencia a condiciones climáticas extremas. Por otro lado, la población española que inició la colonización de esa región parece que provenía de las provincias en las cuales se tenía como costumbre utilizar la carne de cabra o cabrito en la diete diaria (Ibid.: 33).
La actividad ganadera caprina fue impuesta por los españoles en La Montaña de Guerrero en diferentes modalidades —estabulación, pastoreo libre, itinerante— una de ellas, que Danièle Dehouve (2004) llama la “vida volante”, fue introducida siguiendo el esquema del pastoreo itinerante, bien conocido en las zonas montañosas de Europa y en especial de España, que es el más conocido por su pastoreo trashumante. Todo tipo de ganado podía ser ambulante: las vacas, los borregos, las cabras y los cerdos. Sin embargo, la trashumancia podía ser local y realizarse dentro de un territorio comunal o entre pueblos vecinos o, al contrario, ser regional y seguir rutas largas de mil kilómetros, como en el caso de las haciendas volantes, las cuales tenían un propietario y una sede situada en los alrededores de Puebla, donde comercializaban sus productos. La autora se cuestiona los límites del fenómeno pastor y delimita un “área bastante homogénea a nivel social e histórica que abarca la parte oriental de Guerrero y la occidental de Oaxaca”; un “rectángulo Puebla-Tehuacán, Costa Chica-Mixteca Baja” pero advierte que, “ha dejado por estudiar sus franjas: la Sierra de Zongolica, la parte occidental de Guerrero y la oriental de Michoacán” (Dehuove, 2004: 14-16).
¿Cuál es en la actualidad la situación de la ganadería caprina en Guerrero y en particular la región de La Montaña? Al 31 de diciembre de 2004, Guerrero contaba con una población caprina de 628 276 cabezas; en 1993, tenía 443 669 chivos, es decir, en 11 años, la población de chivos aumentó en 184 607 cabezas. El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) maneja siete regiones para Guerrero y las siguientes estadísticas de la población de chivos: Tierra Caliente (166 147), Norte (97 807), Centro (97 807), Montaña (54 568), Costa Grande (53 849) Costa Chica (135 00) y Acapulco (23 687). La otra población de animales en Guerrero es: bovino (1 300 000), porcino (1000 000), caprino (628 000), equino (546 319), ovino (99 000) (INEGI, 2005).
La ganadería caprina se sitúa en el sector agropecuario, que es la actividad sobresaliente en La Montaña. Ya desde 1970 observamos que del total de tierras censadas (536 021 hectáreas), el 10% se encontraba en la forma jurídica de propiedad privada, mientras que el 90% restante correspondía a 82 ejidos y 42 comunidades. Un dato que permite observar el bajo potencial agrícola de zona es que sólo 12.7% del total de las tierras censadas se reporta como de labor, mientras que un 67.2% eran inadecuadas para la agricultura; un 9.7% con pastos en cerros y llanuras, así como el 6.8% con bosques (Gutiérrez y Obregón, 1991: 321).
Como es de suponer, el grueso de las tierras improductivas se localiza en los ejidos y comunidades que cuentan con un 73.5% de sus tierras como improductivas y un 8.9% de labor. Por otra parte, nuevamente serán los municipios indígenas en donde se localiza el mayor número de tierras improductivas; por ejemplo en Metlatónoc y Copanatoyac, más del 93% de sus tierras entran esa categoría; en Zapotitlán Tablas, el porcentaje alcanza el 91.4%, y en Tlapa el 84.9%. En términos generales encontramos que la tenencia de la tierra en La Montaña, nos indica el predominio de pequeñas unidades campesinas que, en promedio, tendrán parcelas que van de una a tres hectáreas. Los principales cultivos nos hablan de una escasa diversificación del sector, pues solamente se menciona en la información oficial el maíz, frijol y arroz como productos principales, aunque en menor escala se empezaron a introducir otros cultivos comerciales como el sorgo y el ajonjolí. En región de la Cañada, que va de Tlapa a Huamuxtitlán, existen huertas de mango y mamey que se comercializa en los mercados de Puebla y el Distrito Federal (Ibid.: 324).
La ganadería es una actividad que se practica poco, nos referimos al ganado mayor que, para 1980, sólo reportó un 10% de la producción estatal. Si tomamos en cuenta que sólo este porcentaje del ganado bovino se localiza en la región, estamos hablando de un rubro que incluye ganado de carne, ganado de leche y ganado de trabajo; esto es, las posibilidades de una dieta alimenticia que incluye carne roja de res y leche son precarias. Por otro lado, considerando el atraso de los instrumentos de trabajo agrícola que se utilizan en La Montaña, con la yunta como fuerza de tracción, podemos explicarnos los bajos rendimientos agrícolas. Los municipios que destacan por el número de cabezas existentes son Chilapa, Olinalá y Tlapa, que ocupan los primeros lugares como centros de producción o por ser los puntos de comercialización de ganado mayor por excelencia (Ibid.: 325).
El caprino ocupa el tercer lugar en importancia a nivel estatal y en nuestra zona de estudio abarca 13 municipios de La Montaña: Ahuacotzingo, Atlamajalcingo del Monte, Alcozauca, Atlixtac, Copanatoyac, Cualac, Chilapa de Álvarez, Malinaltepec, Metlatónoc, Tlacoapa, Tlapa de Comonfort, Xalpatláhuac y Zapotitlán Tablas. El ganado caprino tiene una profunda significación a nivel económico y cultural; por un lado, esos 55 000 chivos tienen un peso económico muy fuerte en la región de La Montaña, donde conviven 181 523 indígenas: 93 879 nahuas, 79 960 mixtecos y 67 902 tlapanecos, con los mestizos de la región; es en 242 080 hogares donde se habla lengua indígena, es decir, casi la mitad a nivel estatal (473 054) (XII Censo de Población y Vivienda 2000).
El chivo tiene una gran significación cultural, es un emblema ritual central; el sacrificio y la ofrenda del chivo a las deidades de la fertilidad (lluvia, tierra, cosecha) es fundamental en la geografía sagrada ritual de La Montaña; entre los nahuas-mixtecos y tlapanecos existe un circuito ritual que abarca 12 cerros que enlazan comunidades y pueblos, y sacralizan el territorio donde el chivo juega un papel central en los rituales (Orozco, 2006: comunicación personal).
La importancia del ganado caprino resalta al tomar en cuenta que un 34% de las cabezas de este ganado (55 mil cabras y 99 mil ovinos) se localiza en esta región donde se encuentran las principales áreas productoras. La principal forma de producir es a través de la unidad campesino-ganadera. Esta unidad establece una serie de relaciones sociales entre el dueño del ganado, el propietario de los pastos, con los intermediarios encargados de las relaciones con el mercado capitalista y con los “pastores” y trabajadores involucrados en el proceso productivo directo. Todas estas relaciones forman una compleja red “cultural” en la que cada una de estas partes intervienen haciendo uso de tradiciones conscientes o inconscientes que se adecuan al proceso de valorización del capital.
Las características fisiológicas antes señaladas y las formas de explotación económica del ganado caprino, nos llevan a ubicar el inicio del proceso productivo cuando se da la primera temporada de nacimiento del nuevo ganado, esto es por los meses de mayo y junio, cuando inicia el ciclo de pastoreo trashumante y regresan a sus lugares de origen en octubre y noviembre para el segundo parimiento y la realización de las matanzas y ventas. El ciclo productivo está fuertemente condicionado por los elementos naturales que marcan tanto los tiempos, los lugares, así como los diferentes procesos de trabajo que se realizan y los agentes económicos que participan en la reproducción de esta actividad. Sin embargo, son las relaciones sociales de producción las que le dan carácter y dinámica a este proceso.
En los meses de abril y mayo, cuando la época de estiaje llega al máximo, es también el momento en que las relaciones sociales se “redefinen”. El dueño de los hatos planea su actividad, que implica la contratación o el “apalabramiento” con sus pastores, la negociación con los dueños de los pastos e incluso los compromisos con los compradores, quienes en algunos casos participan en el financiamiento de la empresa.
Por lo que toca al aspecto genético de los caprinos de la región, éste es de muy baja calidad, ya que, en su totalidad, los animales existentes son considerados como ganado criollo o corriente, no lechero. En la composición racial de la población caprina de la región predominan ciertas características de la raza Saanen, pero la composición genética es un verdadero mosaico: un 95% aproximadamente es ganado corriente, de muy baja productividad, resultado de las cruzas indiscriminadas y sin ningún encauzamiento zootécnico, que han originado un animal sin ningún biotipo definido. Sin embargo, hay que destacar que son animales con características de rusticidad y adaptabilidad que le dan resistencia al medio; un proceso de mejoramiento y/o sustitución de razas está condicionado a modificar el sistema de manejo de la región, mejorando primero los aspectos de alimentación y nutrición así como los sanitarios y de reproducción para poder implicar un programa genético con las cruzas adecuadas que aprovechen el vigor híbrido y que rindan frutos positivos (Ibid.: 336).
Entre la distinción que hacen los productores de los diferentes tipos de ganado caprino, encontramos el chivo denominado “corralero” o “cuadrillero”, que es aquel ganado que se saca de los corrales, es decir, de los cercados de piedra o de ramas de árboles; el ganado cuadrillero es aquel ganado pastoreado en terrenos comunales. Otro tipo de ganado es el conocido como “pastoreño” o “montañero”, el cual efectúa un sistema de pastoreo trashumante que abarca grandes extensiones. Este pastoreo es ya mucho menos común, sin embargo, destacamos que este proceso absorbe una porción importante de la producción caprina de la región; este tipo de ganado es el más apreciado por los compradores e intermediarios que acuden a la región para conducirlo a las matanzas de Puebla y Oaxaca, así como los introductores menores, “barbacoyeros”, del Estado de México, Morelos y el Distrito Federal.
A nivel cultural tiene una gran importancia, pues la cabra puede representar a las deidades o puede relacionarse con ciertos espacios sagrados que vinculan a los animales con realidades míticas y sobrenaturales, así como diversas regiones del universo; en las ceremonias agrícolas está presente y ocupa un lugar fundamental en los rituales de culto a las cuevas y a los cerros, como en el caso del ritual a la Santa Cruz, que se celebra en la localidad de Atenxoxolola, en donde una estalactita tomó forma de chivo junto a otras dos que representan el maíz y la virgen, a las cuales se les presentan ofrendas para que no les pase nada, ya que juegan un papel importante en la economía y dieta de los indígenas montañeros (Orozco y Villela, 2003: 150).
Finalmente, el chivo como fauna doméstica dio fondo a la tendencia de movilidad que acontecía desde la época prehispánica que, más que atenuarse o desaparecer con el contacto, se reformuló, resultando en una apropiación muy particular de los elementos importados. El chivo creó sin duda nuevos espacios para la cultura, pero también retomó otros ámbitos de la fauna local previamente establecidos como, por ejemplo, en la esfera ritual y religiosa. Así, en la actualidad, las principales ofrendas y sacrificios involucran básicamente animales introducidos como toros, ovejas, gallinas y, por supuesto, el chivo. A su vez, tampoco debe soslayarse que la vertiginosa incorporación de las especies domésticas introducidas, no fue un acontecimiento exclusivamente económico o religioso, pues también se dio, presumiblemente, al nivel de la taxonomía zoológica indígena integrándose plenamente, con el tiempo, a la ideología y la cosmovisión.

Investigador de la Subdirección de Etnografía del Museo Nacional de Antropología e Historia.
ESTE DOCUMENTO FORMA PARTE DE LA OBRA ESTADO DEL DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE GUERRERO, PUBLICADO POR EL PROGRAMA UNIVERSITARIO MÉXICO NACIÓN MULTICULTURAL-UNAM Y LA SECRETARIA DE ASUNTOS INDÍGENAS DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE GUERRERO, MÉXICO, 2009.



SIPIG-UNAM





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