La Correspondencia de la Cultura y las Artes y su instancia en el Discurso Constitucional



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La Correspondencia de la Cultura y las Artes y su instancia en el Discurso Constitucional
POR: GARCÍA CÁZARES RAFAEL

RESUMEN


En oportunidad de la Convocatoria de la LXI legislatura para el “FORO ESTATAL DE ANÁLISIS SOBRE EL MARCO JURÍDICO DE LA CULTURA EN MÉXICO”, comparto los siguientes testimonios para que, a manera de análisis, sirvan a los trabajos legislativos y la construcción de un marco jurídico que de certeza al ámbito cultural y desde ahí, desde lo que concibamos como cultural, desplegar las vertientes jurídicas. Veremos que entre la cultura y las artes existen múltiples desplazamientos semánticos, de significantes y significados, correspondencias activas donde el sujeto transcurre en el lenguaje e incursionando en la colectividad, y donde los expertos en derechos se han quedado patidifusos, pues no sería esta convocatoria una adición o la proclamación de un nuevo derecho, sino la especificación de uno que ya existía por el mismo texto constitucional, así como la instrumentalización de sus alcances y competencias. En otro sentido, hallaremos valores y conceptos del arte en varios artículos constitucionales y cómo su transitoriedad redunda en la condición cultural de las leyes, la indeterminación cultural antes que la precisión de las leyes, y como recurso de legitimación de los derechos.

En adelante me referiré como república a los Estados Unidos Mexicanos, por su descripción de conectividad como red pública. Y escribiré Constitución para trasladar el nombre del texto conocido como Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.


ANTECEDENTES

El marco jurídico que nos proponemos analizar se inscribe en la misma Constitución a través de varios accesos, y la Constitución a su vez como el texto fundacional de la política y lo político. Iniciemos con la constitución de la Constitución, donde hallaremos cruces ontológicos y la inaccesibilidad de sus campos de inteligibilidad, que sin llegar a lo intratable manifiestan su carácter discursivo y de lenguaje.


La transitoriedad de las leyes, su vigencia y cobertura, proviene de su condición cultural y excluyente de universalidad, pues el primer fundamento aceptado ante los otros, y por lo tanto legal, es que sólo incluye a los mexicanos y lo que ha sido apropiado en su deslinde particular mexicano. Esta apropiación de lo mexicano establece de entrada la permisividad para la redacción, publicación e imposición de la carta magna, pero sin llegar nunca a enunciar la mexicanidad o el particular mexicano que ha sido extraído de lo demás en oposición y sin otras identificaciones más que su referente geográfico, extraviado del todo, como si habláramos de una etérea y sugestiva ficción. La ley es mexicana, y la cultura fundacional que le da origen se encuentra indeterminada, sin otro antecedente que los mismos sujetos que en ésta se dejan ver, así que no habría manera de escribir la Constitución Cultural de los Estados Unidos Mexicanos, ni suscribirse sólo a un texto.
Otro ámbito de transitoriedad de las leyes se encuentra en su procedencia, en el entendido de que el derecho no proviene de las libertades, sino que viene a menoscabarlas, regirlas y limitarlas. No entenderíamos pues el concepto de libertad a través del derecho, sino a través del discurso constitucional, cuyo Artículo 1ro. dice libertad, expresada como prohibición de esclavitud y descrita en su negatividad, el texto fundacional constituyente no ofrece definiciones de lo que hace su misma condición discursiva. Entonces ¿a quién le corresponde evocar el concepto de libertad en la trilogía de enunciación, enunciador y enunciatario?

El discurso constitucional se acerca al concepto de libertad a través del Artículo 1ro. en referencia con el 2°, a manera de perífrasis, socavando que no es esclavitud, dejando ver que no sería su competencia indagar su principio indeterminado, y pone el Artículo 2° a manera de tránsito y correspondencia cuando viene a legitimar la fundación de los Estados en lo cultural y su procedencia original indígena. Y navega nuevamente por lo que no es, pues dice que la Nación Mexicana es única e indivisible y establece un fuero de autodeterminación para los pueblos indígenas, y esto es lo que define precisamente lo cultural en correspondencia con lo económico, social y político, y lo que los mexicanos no indígenas podrían esperar también del texto constitucional, pues si alguien ha quedado excluido son aquellos a los que no enuncia el texto constituyente del Artículo 2°. Veamos gráficamente el desplazamiento semántico cuando las artes significan también libertad, s/S:



A R T E

LIBERTAD


y donde “cultura” queda como tercero referenciado, entrelazados el Artículo 1ro. (libertad) y el Artículo 2° (cultura). El arte de los pueblos indígenas ni siquiera se menciona en el texto constituyente pero queda incluido cada vez que dice cultura o libertad. El arte es el supuesto omitido en los Artículos 1ro. y 2° y no sería extraño ya que, como dijimos, el texto constitucional navega por lo indeterminado y lo que no es. Así que no se expresa la mexicanidad o el particular mexicano pero sí se proclama la unicidad e indivisibilidad de la Nación Mexicana a partir de la composición pluricultural de sus pueblos indígenas. ¿Porqué la unidad y la indivisibilidad de la Nación Mexicana depende de su condición pluricultural indígena como se escribe en el Artículo 2°? porque la cultura de la Nación Mexicana establece la autodeterminación a la que todos aspiramos.
SUBJETIVACIÓN

Algunos artículos constitucionales hablan en presente, dice por ejemplo “todo individuo tiene derecho a recibir educación” (Artículo 3°), no dice que lo tendrá en el futuro sino que ya lo ha adquirido, la Constitución no otorga el derecho, ni cuando habla en futuro, sino que confirma al sujeto en su derecho y apropiación, arrancándolo de su universo transitorio. El discurso constituyente hace al sujeto en su enunciación, de manera diacrónica (a través del tiempo) y dialógica en cuanto que posibilita el diálogo igualitario (no se impone con autoritarismo ni por poder sino por validez). Entonces la Constitución no dicta el futuro, sino el sujeto en diálogo que va interactuando en el discurso, dejándose ver de manera intermitente a través de sus textos constituyentes o fundacionales. Cuando un individuo no surge para recibir la educación mencionada en el Artículo 3°, por ejemplo, no se encuentra en situación de ilegalidad, inconstitucionalidad o en confrontación con la Constitución, simplemente no hay posibilidades para el discurso, pues el acceso a la educación no se ha cumplido ni el texto constitucional ha desaparecido, ni esta educación es transferible como objeto de intercambio.



El texto de la Constitución circula por referencias imprecisas, como se ha explicado entes, cuando en el Artículo 1° dice “queda prohibida la esclavitud” refiriéndose a la libertad, este acto de identificación de lo que es y lo que no es, vine a ser la subjetivación política por medio de la cual podemos acercarnos al concepto de lo político y lo cultural.
LO CULTURAL Y LA CULTURA

Lo cultural, inmensurable, es fundacional del ser político, social y económico, su estancia móvil y transitoria, desplazamientos de significantes y significados, hacen del “ser y parecer” los elementos del discurso constitucional. Lo cultural se retroalimenta en oportunidad de su ámbito activo de influencia.

La cultura, mensurable, es la apropiación particular como una república o red de pueblos indígenas en su carácter autodeterminante como se expresa en el Artículo 2°, en su dimensión espacial y compositiva, formas precisas, decisiones de apropiación y particularidad política extraídas del universal indeterminado; y luego, consecuentemente, fundacional de los Estados, Municipios y comunidades como jurisdicciones, división territorial y de ubicación geográfica, con pertenencias, servidumbres y dependencias jerárquicas, que surgieron de la determinación económica, social y política en correspondencia con lo cultural.
LO POLÍTICO Y LA POLÍTICA

Lo político se funda en la Constitución, entendida como el discurso mediante el cual los mexicanos asumimos nuestro ser político, nos agrupamos en Estados, formamos parte de una red y nos reconocemos como Estados Unidos. La presencia de la Constitución antes de nuestro nacimiento biológico establece su carácter discursivo y de lenguaje, en cuanto nos va acogiendo y determinando, pero abierta al diálogo (no autoritaria) aunque su condición fundacional tiende a la determinación del ser político, he aquí nuestra movilidad en el discurso. La Constitución expresa nuestro ser político como principio vinculatorio y de relación, constituyente de nuestra colectividad, como texto fundacional pero también móvil, pues espera de entrada sus reformas de manera dialógica, las palabras escritas se encuentran siempre a la expectativa de su rescritura, generando un diálogo y activando el discurso. La Constitución además, sirve de base a las otras leyes, estableciendo jerarquía y principio de los derechos. Su carácter fundacional transita entre el ser y no ser, dice no-esclavitud para proyectar libertad, dice unidad e indivisibilidad para identificar el origen de la cohesión heterogénea y pluricultural de la república.

La política es el campo de tensión necesario para contener la apropiación particular de los Estados, un territorio de conflicto y competencias. De aquí su falta de recursos para conducir el discurso constituyente, pues el Artículo 2° establece la composición pluricultural como principio fundacional y de autodeterminación. En otro sentido, el Artículo 2° dice cuando no dice, que la descomposición pluricultural puede también causar la desunión y división de la Nación, nunca la política en su esfera de conflictos y competencias. Así que la política ceñida a lo cultural solamente opera en su campo de tensión, mientras que la cultura se tiene como principio constituyente de lo económico, social y político. Y cualquier desacuerdo tendría que consumarse a través del texto constituyente y las autoridades de aquí emanadas, no pudiendo argumentar un desacuerdo de no-constitucionalidad a partir de un conflicto o competencia política sino exclusivamente a la particularidad de su extracción cultural. Y alerta contra la delincuencia, pues lo cultural no goza de fuero y se identifica como fundacional en el Artículo 2°, nunca como presupuesto de impunidad y crédito de abuso.

INSTANCIA DE LA CULTURA Y LAS ARTES EN EL DISCURSO CONSTITUCIONAL

Y FUNDAMENTOS LEGALES

Cuando el ARTÍCULO 1° dice “Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos”, dice libertad, apuntando desde la negatividad y lo que no es, como se ha explicado anteriormente. Libertad es el primer derecho constitucional para fundar su propia casuística, pues ningún otro artículo podría contradecir este primer enunciado fundacional. Lo primero no sería la salud, la educación o el derecho de asociación, pues no tendrían sustento sin libertad.

En un sentido histórico la libertad ha sido obtenida, y cuando dice no-esclavitud nos cuenta de una época de esclavitud, así que ha llegado a nosotros por herencia, como un regalo o dación.

Y ¿cómo conservar este regalo? ¿cómo explicarnos que la libertad/no-esclavitud proviene de la muerte y destrucción de miles de personas? ¿cómo consumar este obsequio en relación con el trabajo esclavizante? hace falta una red de continencia que aliviane las tensiones de libertad-derecho para incursionar en la no-esclavitud. Si el texto fundacional constitucional no puede nombrar la libertad entonces serán la cultura y las artes con sus formas discursivas y de enunciación que nos lleven a estos territorios de indeterminación, a manera de continencia.

Cuando el ARTÍCULO 1° dice “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”, esto nos cuenta que así ocurrió antes, a manera histórica, y que el otorgamiento de beneficios surge de estos testimonios y especifica lo que no será o lo que no deberá ocurrir, nuevamente apuntando desde la negatividad, reduciendo el derecho a la falta particular y ocasional de la discriminación, en esta redacción la libertad no es lo importante sino prevenir la discriminación que pueda conducir a la esclavitud.

Y ¿cómo redactarlo en positivo?, ¿cómo describir y legitimar la convivencia de diferentes grupos étnicos, géneros, edades, capacidades, condición social, de salud, religión, opinión, preferencia, estado civil, o cualquier otra que contribuya a la dignidad humana…..? Si el texto fundacional constitucional no lo puede enunciar entonces serán la cultura y las artes con sus formas discursivas de diversidad, tolerancia, heterogeneidad y de composición pluricultural, expresadas en el artículo siguiente.


Cuando el ARTÍCULO 2° dice “la Nación Mexicana es única e indivisible. La Nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la colonización y que conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas”, esto enuncia la condición de unicidad e indivisibilidad a partir de su composición pluricultural, quedando fuera del texto los no-indígenas, que no descendieron de las poblaciones ancestrales y por lo tanto no conservaron instituciones sociales, económicas, culturales y políticas. Sin darle vuelo a la omisión, el conflicto y la violencia, pensemos que el texto es extensivo, conducente y que esta distinción la desean todos los mexicanos, no solamente los indígenas, en correspondencia a la misma composición pluricultural. Y ¿qué significa “composición pluricultural”? si el texto fundacional constitucional no lo puede enunciar entonces serán la cultura y las artes con sus formas discursivas de diversidad, tolerancia y heterogeneidad las que alumbren el camino.

Hay una arista asistencial de la redacción del Artículo 2°, pues explica la exclusión de los pueblos indígenas mencionando exactamente lo que no han podido lograr plenamente por su extracción particular cultural, por su independencia y autodeterminación, y por esto mismo el texto del Artículo 2°es fundacional de lo que podemos concebir mensurablemente como cultura. Si bien no podremos escribir la Constitución Cultural de los Estados Unidos Mexicanos, quizá podremos concertar por lo menos un concepto de cultura y los debates que sean necesarios que sirvan para rescribir el texto fundacional constituyente, no digo que escribamos una definición, pues el carácter discursivo de la Constitución se hospeda en el ámbito de lo que no es y la permisividad para la movilidad semántica. Si el texto constitucional es tajante en sus especificaciones volveremos a cercenar el cuerpo enunciatario, cerrando accesos y causando asimismo un territorio de no-constitucionalidad.

Cuando el Artículo 2° dice “el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación se ejercerá en un marco constitucional de autonomía que asegure la unidad nacional”, o sea que si el ejercicio de sus derechos no tienen un impacto en la unidad nacional ¿sería inconstitucional?, para cambiar el riesgo de inconstitucionalidad debemos cambiar la letra, y así consumar la potencia lingüística de su texto, letra viva fundacional de nuestro ser político.

Cuando el Artículo 2° dice “la conciencia de su identidad indígena deberá ser criterio fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indígenas”, discutamos este párrafo, primera posibilidad, que los pueblos indígenas reconozcan también nuestras identidades y de esta manera incluir a todos los mexicanos; segunda, que toda la población con la conciencia de su identidad mexicana establezca sus identidades y vínculos con las extracciones particulares indígenas y de esta manera acceder al concepto de cultura para la autodeterminación de lo económico, político y social; tercera, rescribir el texto constitucional de tal manera que se incluyan a todos los mexicanos para el disfrute de los derechos. Si el texto fundacional constitucional no puede enunciar la conciencia, entonces serán la cultura y las artes con sus formas discursivas de diversidad, tolerancia, heterogeneidad y composición pluricultural las que dejen fluir estas identidades y nos permitan vislumbrar los fenómenos de conciencia a los que se refiere.


No intentemos hallar una definición de lo mexicano, dejémonos llevar por su evocación en el transcurso cultural y que a su vez ha servido para constituir a la Constitución. Veamos esta correspondencia de la cultura y las artes, cuyo factor s/S (significante sobre significado)

A R T E

CULTURA


posibilita los desplazamientos y abre el espectro de significación en su relación con el tercero (lo mexicano), sin llegar nunca a la inmovilidad definitoria, sólo traslación evocativa. Las artes significan a la cultura en su extracción particular mexicano. Veamos la siguiente fracción s/S

CULTURA MEXICANA

CONCIENCIA INDÍGENA



donde se añaden las extracciones particulares mexicana/indígena que se mantienen en la abstracción si no visualizamos un tercero de concreción, pues ¿qué universo inteligible yace en los conceptos cultura/conciencia? y ¿de qué manera entenderíamos los particulares mexicana/indígena sin otras referencias? La fórmula anterior será un hueco sobre hueco e insuficiente sin un tercero referenciado, y tiende a la multiplicación algorítmica de las confusiones que, sin fragmentar el cuerpo enunciatario se encuentra en pleno conflicto de correspondencias. Para este caso propongo un foro especializado en el Artículo 2° constitucional, dada la importancia de su enunciación y los alcances en el concepto de cultura y su carácter fundacional. Cuando el Artículo 2° dice “la conciencia de su identidad indígena” ¿a qué se refiere?, ¿quién la hace consciente?, ¿con qué se identifica?, ¿cuál es la conciencia indígena que debemos reconocer y en dónde se encuentra su enunciación o rastro? En este párrafo el Artículo 2° se ha instrumentalizado sin que sepamos para qué sirve o cómo funciona, pues dice en tiempo futuro que “deberá ser criterio fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indígenas”, entonces ¿cómo la conciencia indígena selecciona a los sujetos quienes forman parte del cuerpo enunicatario? y ¿de qué manera la conciencia de su identidad indígena se convierte en criterio fundamental si no tenemos la identidad indígena referenciada a lo mexicano y su conciencia a su vez referenciada con los Estados? Parece que el Artículo 2° finca un fuero de autodeterminación para los pueblos indígenas, pero se acerca al concepto de cultura como criterio fundacional (pluricultural), por lo que no tendríamos porqué dejar fuera al resto de la población mexicana. En otro sentido, el Artículo 2° sería una base primigenia para la iniciativa de construcción del marco jurídico de la cultura y las artes, digamos exactamente que sería el Artículo 2° en correspondencia con el 1° y los demás.
Cuando el Artículo 3° dice “todo individuo tiene derecho a recibir educación” ha desbordado la diferenciación de indígena o mexicano, pues se dirige a cualquier individuo que se encuentre en los Estados Unidos Mexicanos, y ha rebasado la procedencia del enunciatario. Este ofrecimiento de educación a cualquiera, incluyendo los que no provienen del particular mexicano, representa una primera hospitalidad, condicionada a que el otro acepte recibir la educación, nuevamente de manera dialógica en el discurso. Entonces el texto fundacional constituyente nos trata como cualquier otro, como individuos en tránsito por el espacio geográfico. Y prepara la distensión del siguiente párrafo “la educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”, donde nos lanza al mundo a través de la educación. Recordemos que lo cultural fundamenta el discurso constituyente político de los Estados, pero no sería fundacional de lo artístico, hallándose sólo en situación de correspondencia dinámica y bidireccional, pero en reversa a la extracción particular de lo mexicano, apuntando nuevamente el rumbo hacia la universalidad. Aquí las artes entran en correspondencia con el Artículo 3°, en el lanzamiento internacional, y el eco de la conciencia de la solidaridad donde el texto constituyente vuelve a navegar por la indefinición, así como la Patria, escrita con mayúscula, aunque extrae el amor a la Patria de su espectro de intratabilidad al ponerlo en los objetivos de la educación que imparta el Estado, como un proceso formativo y de capacitación, sin dictar los conceptos de amor, Patria, conciencia, solidaridad, independencia y justicia. Si el texto fundacional constitucional nos deja a la inspiración estos principios, entonces serán la cultura y las artes con sus formas discursivas y de enunciación que nos lleven a estos territorios de indeterminación.

Cuando el Artículo 3° dice “el criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”, impone otra exclusión para señalar un rumbo, dejando una tarea metodológica de ¿cómo lograrlo? ¿hacia dónde exactamente se orientará?¿qué hacer para obtener el criterio? cuando los procesos formativos se deslindan en la subjetivación de ser y parecer, no en el progreso sino en la duda científica, se refundan en el deconstrucción de conocimientos ya adquiridos, focalizan servidumbres, tientan los fanatismos y prejuicios sin confrontación pero como análisis comparativo y retroalimentación… Si el texto fundacional constitucional nos deja la formación de criterios para la educación, estos pueden hallar el registro de casos (casuística) en los procesos culturales y artísticos así como sus testimonios históricos, con sus formas discursivas y de enunciación que nos lleven a estos territorios de indeterminación.

Cuando el Artículo 3° dice sobre el criterio que orientará la educación que “será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”, entonces el adjetivo democrático se refiere a un mecanismo de defensa contra la apropiación y exclusividad del sistema jurídico y político para usufructo de la democracia, que históricamente contribuyeron poco al mejoramiento económico, social y cultural del pueblo. Si el texto fundacional constitucional no logra la instauración de una república democrática por mandato, tiene a la cultura y las artes como campos de sensibilización y asimilación para la educación en tránsito, para la formación de individuos de cualquier procedencia.
Cuando el Artículo 4° dice “el varón y la mujer son iguales ante la ley” se escribe a manera de correspondencia para establecer los derechos de la familia, su organización y formación cuantitativa, para la salud, para el medio ambiente, para la vivienda, para la alimentación de los niños, su salud, educación y otros deberes de sus ascendientes, tutores y custodios. Dice igualdad de género para cumplir otros objetivos, a manera de instrumento pues la igualdad no es el objetivo, entonces el texto constitucional funda las condiciones mediante las que se cumplirán otros intereses, o sea que ante la posibilidad de que se organicen las familias con violencia, discriminación y abusos, por ejemplo, se advierte la inconstitucionalidad e invalidez. Aquí la Constitución debate el aspecto cultural de su procedencia, pues no serán aceptables las formas que no cumplan con esta condición de igualdad, por muy propios que sean de su procedencia y fuero indígena expresado en el Artículo 2°. Vemos pues, el carácter discursivo de la Constitución cuando da un revés a lo cultural, de manera dialógica. Y qué pasa si ejercemos la igualdad a su máxima expresión e intimidad ¿esto asegura la formación y desarrollo de familias? ¿tendremos vivienda y salud? Creo que transitamos nuevamente un campo incierto de inteligibilidad, pidiendo auxilio a la cultura y las artes como formas y procesos donde los géneros pueden suavizar la convivencia y mitigar su mutua exclusión. Pongamos nuevamente un ejemplo, si el Presidente de la República sale al balcón y proclama: “desde este momento queda prohibida la violencia contra las mujeres y los niños…” ¿realmente podremos esperar que estas relaciones violentas y conflictivas terminen por un mandato autoritario? Esta duda sirve para especular que veremos un cambio a partir de la transformación cultural, nunca por mandato o ley, y sólo si cambia nuestra cultura y formas de convivencia se cumplirán los objetivos indirectos de la igualdad, por eso la igualdad es un concepto que hallará su mejor hospedaje en la cultura y las artes, para coaccionar otros mecanismos.

PROBLEMA DE CORRESPONDENCIA DE ENUNCIACIÓN, ENUNCIADORES Y ENUNCIATARIOS. Resulta irónico que nuestra baja marcación como país de lectores y el desconocimiento del libro principal (la Constitución) tenga en contraparte el trabajo legislativo como una tarea de lectura, análisis y redacción de textos, república de letras. Y qué decir de los requisitos para ocupar el cargo de legislador, cuyos méritos en gramática, ortografía y redacción debieron rebasar la media nacional esquivando el agobiante rezago educativo. Veamos que el encargo de redactar, corregir y cambiar las leyes se ha otorgado mediante fe pública (por lo tanto fe ciega) a los Diputados y Senadores, quienes tuvieron como antecedente inmediato una competencia electoral, entonces las facultades sobre el texto constitucional se han geopolitizado. Así que el primer problema o espectro de intratabilidad resulta porque no hay correspondencia entre la construcción del discurso y los actores facultados para su intervención, quienes provienen de distritos o demarcaciones y una codificación meramente geopolítica, que no finca las posibilidades del ser en el discurso constituyente sino en jurisdicciones y sus mecanismos prácticos organizacionales. Recordemos que el Artículo 2° se refiere a una “conciencia de identidad” que significa huella síquica, entonces los legisladores ¿cómo pueden medir y detectar estos rastros? Además, si consideramos la Constitución como un instrumento de unión y cohesión de la república solamente, seguiremos justificando nada más la pugna legislativa, las arengas partidistas y de grupos, y la composición amorfa de sus 500 miembros, que a veces votan sí y a veces no, moviéndose entre la afirmación y la negación, trasladando intereses, quitando y poniendo factores de daño y beneficio. Y mucho peor, al tener la Constitución como herramienta, conector o elemento integrador, tendríamos que asumir la confrontación propia y violenta de su factor geopolítico, su campo de tensión, posicionando en contraposición la ausencia de poderes y la desarticulación de la república a partir de la ausencia del texto constitucional -¿cuántas veces hemos sido testigos de las omisiones constitucionales?- entonces sin Constitución no habría república, y ¿qué habría sin república, sin producto síquico, sin discurso? Tampoco ganaríamos terreno a lo intratable al encargar la redacción de las leyes a un despacho de abogados, o a un equipo de lingüistas, sicólogos y filósofos, pues confrontaríamos el flanco geopolítico, arriesgando la tensión y sustentabilidad de la república en su dimensión política y estancia territorial, aunque valdría mucho dimensionar el efecto a través del tamiz de las ciencias del lenguaje y alivianar la presión geopolítica con el universo científico y la investigación artística concomitantes, para transversalizar los campos semánticos de la letra constitucional ¿cuál es el problema?


INSUFICIENCIA DEL SER EN EL LENGUAJE. La Constitución instituye a la política, no a la inversa. Cuando dice Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, no se refiere a las reglas e instrumentos de la competencia política y su esfera de conflicto, sino a la fundación y fundamentación de nuestro ser político, al sujeto que se construye en el discurso y las posibilidades de ser a partir de la enunciación. Veamos pues a la Constitución como una decisión sobre el ser y parecer, en el tránsito individual-colectivo, lenguaje puesto en acción, correspondencias de enunciación, enunciadores y enunciatarios. Pero ¿y todo lo que no se incluye en la perspectiva constitucional? Lo que dice la Constitución no sería todo, pues se enfoca a la constitución política. Pensemos esta imposibilidad “La Constitución Cultural de los Estados Unidos Mexicanos”, exhibiría de entrada un carácter impositivo y de ley o de legitimación retardada, y violenta en cuanto tendría que ir arrancando despojos de particularidad a un universo inmensurable y cambiante, el lugar incierto de las identidades. No sería pues necesario revertir las valencias del proceso constitutivo de su estructura fundacional.

LETRA MUERTA: VIOLENCIA

Se han analizado los párrafos de los primeros artículos constitucionales en sus faltas, circunvoluciones y omisiones. El problema no es cómo funciona el sistema judicial, sino cómo el sujeto enunciatario de la letra fundacional constituyente se encuentra despojado del Estado y en el borde inconstitucional, en el tránsito de ilegitimidad y exclusión, teniendo que inscribirse al ámbito lícito luego de que su ser político ha nacido ilegal. Digo que olvidar el texto fundacional constituyente sería menoscabar la palabra, en su dimensión síquica, y la violencia un subproducto de los derechos adquiridos. El control de las libertades como administración de la violencia, funciona para los gobiernos y para todas aquellas iniciativas que requieren estatutos jerárquicos de autoridad, servidumbres y obediencias. ¿Cuántas veces hemos visto la omisión del mandato constitucional para facilitar el escape de los delincuentes? La letra muerta ha servido más que las armas y el dinero, en su dimensión violenta. A partir de las imperfecciones del texto constitucional y sus ambigüedades los delincuentes encuentran salidas jurídicas a su estación ilícita, por lo que se comprueba la importancia de la letra en los territorios de ilegalidad. Si no fuera constituyente la Constitución no sería tampoco un campo abierto de oportunidades. Fíjense también que el sobrenombre de ilícito o delincuente también se tiene como estacional, sólo por periodos, en lo que concierne a la Constitución no hay una naturaleza maligna o ilegal original, sino periodos de exclusión por la determinación judicial. Dicho lo anterior para volver al aspecto fundacional de la letra constitucional, que no se enfocaría a enunciar el negativo sino a nombrar y dar forma al sujeto en oportunidad de su incursión colectiva, su ser político. Entonces ¿para qué la Constitución redunda en las antítesis y perifraseando el derecho? Estas circunvoluciones confirman el carácter discursivo del texto fundacional constituyente, que navega por el ser y el parecer, confirmando su vitalidad y presencia, letra viva y activa.
CONCLUSIONES Y PROPUESTAS PARA EL FORO DE ANÁLISIS DEL MARCO JURÍDICO PARA LA CULTURA Y LAS ARTES, CONVOCADO POR LA LXI LEGISLATURA.

A) REDACCIÓN EN POSITIVO DEL ARTÍCULO 1° CONSTITUCIONAL, COMO DERECHO A LA LIBERTAD.


B) MODIFICACIÓN DEL ARTÍCULO 2° CONSTITUCIONAL PARA QUE TODOS LOS MEXICANOS TENGAN EL DERECHO A LA AUTODETERMINACIÓN ECONÓMICA, POLÍTICAY SOCIAL A PARTIR DE SU CONDICIÓN CULTURAL.
C) PROMULGAR LA LEY FEDERAL DE FOMENTO DE LAS ARTES Y PROTECCIÓN DEL PATROMONIO CULTURAL A PARTIR DEL CONCEPTO DE CULTURA EXPRESADO EN EL ARTÍCULO 2° Y CON FUNDAMENTO TAMBIÉN DE LOS ARTÍCULOS 1°, 3°, 4°, 5°, 6°, 7°, 8°, 9°, 11°, 16°, 24°, 25°, 26°, 28°, 31°Y 39° DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, ASÍ COMO LA LEY GENERAL DE DESARROLLO SOCIAL Y LEY FEDERAL DE TRANSPARENCIA Y PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES.

PARA ESTO EL PODER EJECUTIVO TENDRÁ QUE PROPONER E INSTRUMENTALIZAR LA LEY REGLAMENTARIA CORRESPONDIENTE ASÍ COMO LOS PROGRAMAS PARA SU CUMPLIMIENTO.


D) ESPECIFICAR EN LA LEY FEDERAL DE FOMENTO DE LAS ARTES Y PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL, MENCIONADA EN EL INCICSO ANTERIOR, EL GUIÓN DEL PLAN NACIONAL DE CULTURA QUE DEBERÁN DISEÑAR LOS GOBIERNOS FEDERALES, INCLUYENDO SANCIONES, OBLIGACIONES, RESPONSABILIDADES Y AUTORIDADES COMPETENTES.

E) TRANSVERSALIZAR LOS PLANES ESTATALES DE CULTURA CON EL PLAN NACIONAL DE CULTURA.


F) TRANSVERSALIZAR LOS PLANES MUNICIPALES DE CULTURA CON EL PLAN ESTATAL DE CULTURAY EL PLAN NACIONAL DE CULTURA CORRESPONDIENTES.
G) IMPULSAR UN PROGRAMA NACIONAL DE PREVENCIÓN DE PÉRDIDA DEL PATRIMONIO ARTÍSTICO Y CULTURAL MIENTRAS QUE SE ESCRIBE, SE APRUEBA Y SE PUBLICA EN EL D.O.F. LA LEY FEDERAL MENCIONADA EN EL INCISO C. ESTE PROGRAMA DEBERÁ INCLUIR UN PLAN DE EMERGENCIA PARA CASOS ESPECIALES ASÍ COMO LOS CRITERIOS Y PRECISIONES PARA LA DETERMINACIÓN DE ESTOS CASOS.
H) TIPÍFICAR EL ROBO DE ARTE SACRO, ARTE CONTEMPORÁNEO Y DE OTRAS ÉPOCAS EN LAS LEYES Y NORMATIVIDAD CORRESPONDIENTES.
I) INCLUIR LA PARTICIPACIÓN DE LAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL EN TODOS LOS PROCESOS Y MECANISMOS DE PATICIPACIÓN CIUDADANA DE LA LEY MENCIONADA EN EL INCISO C.
J) ESTABLECER EN LA LEY PROPUESTA EN EL INCISO C, LOS MECANISMOS PARA LA ASIGNACIÓN PRESUPUESTAL DE LA INSTITUCIÓN EJECUTIVA Y LA PARTICIPACIÓN DE LOS DIPUTADOS EN LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS A PROYECTOS PRESENTADOS DIRECTAMENTE EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS.
K) FORMAR UNA COMISIÓN DE INSPECCIÓN, VIGILANCIA Y TRANSPARENCIA PARA LOS PROYECTOS APOYADOS (ETIQUETADOS PARA LOS AÑOS 2007,2008, 2009 Y 2010) POR LA COMISIÓN DE CULTURA DE LA LX Y LXI LEGISLATURAS, Y PUBLICAR LOS RESULTADOS QUE INCLUYAN LOS INDICADORES DE EVALUACIÓN. ASIMISMO QUE ESTA COMISIÓN DE VIGILANCIA INSTRUYA A LAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL PARA QUE VIGILEN A LOS GOBIERNOS ESTATALES Y MUNICIPALES A SU ALCANCE. LO ANTERIOR EN CUMPLIMIENTO DEL ARTÍCULO 26° CONSTITUCIONAL ASÍ COMO DE LA LEY FEDERAL DE FOMENTO A LAS ACTIVIDADES REALIZADAS POR LAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL.
L) PROPUESTA CULTURAL CONSTITUYENTE: REINVENTAR LA POLÍTICA Y REFLEXIONAR LA DECISIÓN POLÍTICA QUE HACE LA LETRA CONSTITUYENTE (NUESTRA POLÍTICA DE LIBERTADES CONTRA LA POLÍTICA DE DOMINACIÓN).

Título del trabajo: LA CORRESPONDENCIA DE LA CULTURA Y LAS ARTES



Y SU INSTANCIA EN EL DISCURSO CONSTITUCIONAL


  • Autor: RAFAEL CÁZARES




  • Dirección: ANDADOR TULIPAN 5 A, COL. EL SABINAL, TLAXCALA, TLAX. CP.P 90102, TEL 2461175195, correo electrónico rafaelcazares@gmail.com

TEMPATICA: 2 Propuestas y Recomendaciones para una Legislación Cultural



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RAFAEL CÁZARES, (México 1971). Ha realizado 53 exposiciones individuales y ha participado en 47 exposiciones colectivas (Alemania, Austria, Cuba, Indonesia, México y Singapur), con especialidades técnicas de reciclaje de aluminio y vidrio.
Autor del bocho MTV de Miami (volkswagen sedan 1997 pintado para la televisión rockera MTV ) y del bocho ecológico 2002.
EL JARDÍN, obra mural (60 mts2) de cerámica, desmontable y transportable, ubicado en una calle del centro de la ciudad de Tlaxcala, ha marcado una ruta en el arte público.
Recibió los premios: Tlaxcala 2000, Agustín Rivera de Dibujo 1993 y Primer premio de Arte Joven 1994 en Querétaro. Ha sido becario del Tecnológico de Monterrey para realizar estudios de Arquitectura, y ha obtenido becas de instituciones de Tlaxcala para producción artística.

Realizó portadas de libros y revistas como Casa del tiempo de la UAM. Ha editado poemarios como "Salmos del corazón", "Tiempo de la construcción", “Semilla de ficus” y "Sé lámpara".


Rafael Cázares ha diseñado muebles, lámparas, cuadernos, camisas y calcetines; ha pintado automóviles, zapatos, puertas y cuerpos humanos para espectáculos de danza Butoh.
Durante el año 2004 fue un huésped distinguido en el Castillo Honhardt de Alemania dentro del programa Artist in Residence, donde construyó un laberinto de chocolate y cocinó los platillos típicos mexicanos.
Ha impulsado proyectos artísticos-productivos así como la promoción de los derechos culturales de la población de zonas marginadas y grupos en situación de vulnerabilidad social o desventaja.
Fundó el grupo VITAMINAS, Compañía de Artes de Tlaxcala, para la formación de jóvenes artistas y el desarrollo cultural comunitario, así como la Red de Organizaciones Culturales TEQUITQUI.
Actualmente realiza estudios de Maestría en Teoría Crítica, en 17, Instituto de Estudios Críticos, así como otras investigaciones técnicas para el reciclaje de vidrio.
Rafael Cázares recibió el ALUX de plata 2001 que otorga la organización SÍNTESIS cada año a reconocidas personalidades.

REDES: ARTELISTA.COM, FACEBOOK, IDEALIST.ORG



rafaelcazares@gmail.com Teléfono: 246 4696951

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