La Ciudad de Gonzalo Millán: Huellas, Imágenes, Testimonios y Metáforas



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Conclusiones


Hemos observado en el desarrollo de este trabajo, cómo se construye en La Ciudad una respuesta frente a la tensión literatura/sociedad a través de una serie de estrategias literarias creadas para dar cuenta de dicha tensión en un momento histórico particularmente complejo, que obliga al autor a tomar partido y postura desde su quehacer poético. Dichas estrategias son:

A-.en relación al problema del texto y el contexto, elaboración de una técnica discursiva, basándose en múltiples recursos e influencias; la objetividad, que permita:

- Emular, en base al uso monótono, serial y maquinal del lenguaje, el clima y la atmósfera de la ciudad moderna capitalista bajo dictadura.

Disfrazar, nivelar y homogenizar el necesario nivel testimonial con la cotidianeidad de La ciudad, en base a la elaboración de una estructura formularia de oración que se repite a lo largo del texto, inspirada en las oraciones proposicionales de los diccionarios y las enciclopedias. Así, se depura las expresiones de cualquier exceso ideológico, emotivo, etc., resguardando la obra de la mera propaganda política y manteniendo su especificidad de objeto literario.

Hacer patente la situación de emergencia que vive la ciudad no en base a un discurso directo y denunciante, sino en base a la construcción de sentidos a través del texto, donde la objetividad del lenguaje exaspera y reproduce la normalidad del horror, conduciendo finalmente a la conciencia, el extrañamiento y el espanto.



B-.en relación al problema del cruce entre el autor y su obra, se construye un sujeto hablante, neutral, que describe los procesos de La Ciudad como un simple espectador, pero que, a su vez, construye y presenta la figura de un Anciano poeta, que es quien escribe el poema que habla de la ciudad y su situación de “emergencia”. Se produce así un juego de desdoblamientos y niveles de escritura, que permite solucionar el problema de la dimensión testimonial y la situación real del autor, que se encuentra en el exilio, lejos físicamente de lo que ocurre en La Ciudad, mientras que El Anciano, será quien porte la responsabilidad de testimoniar.

C-. En relación con el problema de función social versus la función estética de la literatura, se propone un programa estético, o técnica ( “Hacia la Objetividad”), en la cual se exponen las concepciones del autor en cuanto a la poesía, dejando delimitada una idea sobre ella, su función, y la necesaria unidad que entre forma y contenido debe existir. Se propone la poesía como “conducta” con una dimensión “estético moral” y otra “estético política”, conceptos que funden ambas dimensiones en la obra (forma y contenido), concibiéndola como un todo. Así, la objetividad es la forma propuesta para responder a la relación entre “imaginación y realidad“ que anida en la poesía, siguiendo las palabras del propio autor. La objetividad será por tanto la forma estética para construir un discurso literario del contenido social “dictadura”.

Hemos además propuesto que, todos los procesos anteriormente enunciados, funcionan en lo que hemos reconocido como una estructura de cuatro niveles de significación, donde, en base a una serie de procedimientos verbales, se desplaza el discurso desde un nivel a otro, abriendo significaciones e interpretaciones de distinta profundidad y carga discursiva. Los niveles que hemos establecido son cuatro: Nivel de La Huella: donde se encuentra la regla homogenizadora y niveladora del discurso: la normalidad y el uso objetivo del lenguaje. Se encuentran aquí, todos los elementos y objetos mudos (en tanto no portan ninguna carga discursiva) de la ciudad moderna capitalista; autos, calles, máquinas, etc. Nivel de las Fotos e Imágenes de Santiago de Chile: donde se entregan algunas referencias que permiten acotar la ciudad muda del primer nivel, a través del vínculo referencial con Santiago de Chile. Nivel del Testimonio de Emergencia: porta todo el discurso ideológico contradictatorial y que es enmarcado por los dos niveles anteriores, que lo encubren, lo normalizan y lo homogenizan en la objetividad y la normalidad de La Ciudad. Y por último, Nivel metafórico simbólico: Se construyen una serie de personajes y motivos alegóricos que también permiten desplegar la dimensión ideológica del poema, encarnando valores y situaciones presentes en la ciudad, y que, a través de procesos de simbolización y alegoría, logran el reconocimiento interpretativo del lector.

Los procedimientos verbales que permiten la movilidad al interior del texto son, principalmente desplazamientos semánticos, tomando como eje algunas categorías verbales cuyos campos semánticos y usos son tensionados hasta el punto de sugerir nuevos sentidos e interpretaciones acorde con la función testimonial y denunciante del poema; inclusiones de frases hechas, trozos de cartas y otros objetos lingüísticos, que refuerzan la idea de poema-objeto, montaje o ready –made; simultaneidad de acciones (verbos) realizadas en la ciudad, que permiten reforzar la idea de normalidad y hacer patente la convivencia con el crimen y la anormalidad de la muerte y el terror.

En cuanto a la revisión del contexto histórico y de producción, nos hemos remontado hasta el nacimiento de la generación poética a la que pertenece el autor (de los sesenta), con el fin de rastrear allí la génesis de algunas de sus constantes productivas, no sólo a nivel individual, sino también aquellas que son compartidas por su generación. Hemos propuesto en este punto, revisando la literatura sobre la materia, que la preocupación metapoética y funcional, así como el carácter experimental de las obras, han sido desde siempre elementos presentes en la generación de los sesenta, principalmente por el período histórico en que se gestan, donde se exigía una respuesta desde la literatura frente a la realidad. Desde ese punto de vista, se vieron entregados siempre a la contradicción de arte y vida, literatura y política, función social y función estética. Dichas contradicciones estarán siempre presentes, y se manifiestan, en el caso de Gonzalo Millán, en la elaboración de programas y textos de carácter metapoético, que den cuenta de dicha reflexión. Todo este cúmulo de contradicciones, se intentará solucionar en la producción de obras, pero fundamentalmente en el momento en que la escritura se vuelve arma y recurso de subsistencia; durante la dictadura y el exilio. Es entonces cuando la realidad misma motiva a los escritores a buscar la forma precisa para dar cuenta urgentemente de la realidad.

Podemos concluir entonces, que, la tensión que da origen a este trabajo, es una preocupación en la obra que hemos analizado, y no sólo en ella, sino que al parecer en la producción en general de este autor. La respuesta ante dicha tensión se aborda en el poema pero no sólo desde éste, sino también a partir de la elaboración de una técnica que dirija la supuesta solución del conflicto. La elaboración de dicho instrumento, y la respuesta que evidentemente entrega en relación a los cuestionamientos que surgen de la lectura de la obra, son evidencia de la real preocupación del autor hacia el problema de la relación entre literatura y sociedad. El autor propone una repuesta en teoría y luego en la práctica, al elaborar una obra, La Ciudad, que responda a sus planteamientos. La elaboración de un programa, aborda también la necesidad de legar concepciones y propuestas; técnica finalmente, que pueda conducir a otros que se planteen frente a las mismas discusiones y problemáticas, para ir así creando corriente, movimiento y tendencia.

La importancia de llevar a cabo un análisis desde esta perspectiva, resulta coherente con una perspectiva personal frente al quehacer literario, que, concebido como práctica social, puede y debe plantearse frente a su realidad histórica inmediata, desde su especificidad de objeto estético, ofreciendo perspectivas, sentidos, posibilidades y caminos.

Hemos propuesto también la actualidad de una lectura de La Ciudad, en tanto relato de la instalación traumática de un nuevo esquema de realidad que nos domina hasta hoy. En ese sentido, resaltamos su dimensión histórica y móvil; literatura como producción y no producto, puesto que, mantiene su vigencia y su rol, no se cierra o encadena al mero reflejo de un momento estático detenido en el tiempo. Por el contrario, continúa arrojando sentidos y significaciones.

Por último, me gustaría plantear un sentimiento muy personal a propósito de la partida de Gonzalo Millán en el 2006. Me arrepiento de no haber descubierto antes su obra, de haberla observado solo superficialmente, y de no haber comprendido su profundidad e importancia, inclusive, para mi perspectiva personal frente a la literatura. Me arrepiento de no haber sentido su partida como muchos lo hicieron y de no haber comprendido la enorme pérdida que significaba, y sobre todo, de haber perdido la oportunidad de compartir con él esta humilde lectura de su obra. Pero bueno, el arrepentimiento se trasformó en idea, elaboración y palabra, y este trabajo es mi pequeño homenaje a su memoria, aunque nunca lo sepa.ç

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Anexo

Quinto nivel; Temporalidad e Historia.

Vamos a incluir el análisis de un último aspecto. Se trata de una suerte de “quinto nivel”, que se suma a los cuatro que ya hemos revisado. Se trata del nivel de la temporalidad y la historia, dos aspectos de los que esta obra se hace cargo y que juegan un rol fundamental en su estructura.

Sabemos desde lo expuesto por Gonzalo Millán en “Hacia la Objetividad”, que La Ciudad nace de una necesidad de unir poesía y realidad, abocarse al chronos64, tiempo histórico, y precisamente de esa preocupación trataremos en este punto.

La Ciudad es un poema temporal, no solo a nivel temático, sino también porque todo en él es un constante fluir, devenir y avanzar, además de constituirse, pese a ser un poema, en un relato eminentemente histórico, no por eso menos subjetivo, no por eso menos literario.

El tema de la temporalidad y la historia, se manifiestan en el poema desde la configuración de tres ejes que se desarrollan a lo largo de la obra:



-Tiempo natural.

-Tiempo histórico.

-Tiempo del poema, coincidente con el tiempo vital del anciano.

El fragmento 1 (Pág. 9-11), cumple un rol muy importante para la estructura de la obra, en tanto es el encargado de presentar estos tres ejes:



Estos tres ejes, en gran parte del poema, confluyen y se mueven en una misma dirección. Ocurre una asimilación de los tiempos y ciclos históricos a los ciclos naturales. Es así como el tiempo natural cronológico transcurre del mismo modo que el tiempo histórico, aunque no siempre de modo paralelo; por momentos se juntan y equivalen, como cuando el otoño en la ciudad coincide con el periodo más oscuro de la represión y la incapacidad de respuesta del pueblo, para luego avanzar a la primavera en que no sólo renace la naturaleza, sino también la resistencia, coincidentemente con las incipientes mejorías del enfermo:



La primavera reanima la naturaleza. /Empieza a nacer la hierba. /El enfermo se reanima. /Las flores renacen por primavera. /Las flores esmaltan los campos.

La resistencia renace. (…)(Fragmento 31. Pág. 57 L.C.)

Sin embargo, en algunos casos, se recuerda la supremacía del tiempo natural, imponiéndose la fuerza de la naturaleza a cualquier tiempo histórico, azotando el espacio de la civilización, representado por el espacio de La ciudad. La naturaleza azota, agrava, apura, ayuda, etc. , los procesos y las coyunturas de la realidad histórica.



(…)Amordazan con pintura las paredes. /La lluvia las despinta. /Reaparecen fragmentos de murales. /Siglas de partidos proscritos. /Consignas antiguas. /Y la última RESISTENCIA recién borrada. (Fragmento 14. Pág. 28. L.C.)

Llueve a mares. (…) / (…) Cubre de agua las regiones vecinas. /Se anegaron las huertas. /Se desborda un tranque. /Los extramuros están inundados. (Fragmento 19. Pág. 38-39. L.C.)

Un aspecto que constantemente se ha mencionado en relación con este punto, es el de la supuesta anticipación o dimensión vaticinadora de este poema y de su autor, particularmente por el fragmento referido a las inundaciones que hicieron salirse al Mapocho de su cauce y al terremoto, ligado necesariamente al ocurrido en la zona central en 1985. Si pensamos que en este poema existe la elaboración acabada de una dimensión referencial, que se materializa en la construcción de este espacio escritural: La Ciudad, que tiene varias y constantes citas a la realidad de Santiago de Chile, tanto en lo histórico, en lo espacial y en lo natural, no es extraño que se incluyan esta catástrofes naturales que son parte de la identidad geográfica del país y de la ciudad. Los inviernos son crudos y lluviosos, malresistidos por la ciudad; el terreno es sísmico, tiembla constantemente y cada cierto tiempo se espera la ocurrencia de un terremoto de proporciones. En el poema, se le atribuye a este último la capacidad de remover no solo la tierra, sino también las conciencias. Es por tanto un nuevo cruce de lo que aquí hemos llamado tiempo natural y tiempo histórico. También se habla de una fuga de prisioneros a través de un túnel (concordante con la fuga que realizan prisioneros de FPMR desde la cárcel pública a través de un túnel subterráneo en 1990): no es difícil imaginar que el anhelo de un prisionero político es su libertad, y ,en ese sentido, una fuga es por lo menos esperable.



Hemos mencionado también que existe un a confluencia temporal entre el tiempo del poema y el tiempo vital del Anciano. Sabemos que la construcción y el desarrollo del poema/ciudad dependen del anciano, por tanto, sus existencias se implican, se exigen mutuamente; la vida del anciano depende de la vida de la ciudad y del desarrollo del poema, y así, también su muerte y desaparición. Si desaparece el Anciano, desaparece la ciudad y se termina el poema. Esta idea se ve reforzada en los siguientes extractos:

Amanece. / Se abre el poema. (Fragmento 1, Pág. 9)

(…)El poema avanza. /El tiempo avanza. /El autor es un hombre de edad avanzada. (Fragmento 32. Pág. 59. L.C.)

(…)El zapatero compone zapatos. /El zapatero clavetea. /El anciano compone un poema. /El poema habla de una ciudad. (Fragmento 45. Pág. 79-80)

(…)La tinta es negra. /El papel es blanco. /El anciano manuscribe. /Arruga una hoja de papel. /El anciano tiene la piel arrugada. /Los miopes usan lentes. /El anciano usa lentes. /El anciano tiene la salud quebrantada. /El anciano corrige. /La goma borra lo escrito. /Donde había un edificio deja un sitio baldío. /Un cambio de sintaxis invierte el curso del río. /Un punto detiene la ciudad. (…)(Fragmento 60, Pág.103)

(…)El microbús llega al terminal. /El poema llega a su término. /El anciano finaliza el poema. /Termina su vida. /El anciano testa. /El poema es su testamento. (…) (Fragmento 68, Pág. 119. L.C.)

(…)El anciano aún respira. /El anciano está en sus postrimerías. /Estos son los versos postrimeros: /y después de ir con los ojos cerrados /Por la oscuridad que nos lleva, /Abrir los ojos y ver la oscuridad que nos lleva /Con los ojos abiertos y cerrar los ojos. /Se cierra el poema. (Fragmento 68, Pág. 119. L.C.)

La concepción de la historia presente en el poema es distinta a la que podemos observar en obras previas al golpe militar de 1973. Como sabemos, esto se hace visible no solo en el plano temático, sino ante todo en los recursos formales utilizados. El Golpe Militar de 1973 representa un cambio, eso nadie puede obviarlo, pero dependerá de la visión ideológica de cada sujeto, si dicho cambio afectará directamente la concepción de historia que se tiene, cayendo en el recurrente imaginario del fracaso y el cambio de rumbo que se debe asumir, que tiene su correlato en la nefasta “renovación” de las ideas. O bien, asumir que solo se trata del cambio de período, un reordenamiento de los factores, donde el sujeto debe comenzar a percibir la realidad de un modo distinto, pero se enfrenta a esto, a partir de las lecturas que puede realizar su conciencia que no ha variado. Así, la historia sigue, solo ha sucedido un acontecimiento, terrible, desastroso, pero ante todo histórico, solo un cambio en las condiciones objetivas, más o menos traumático, pero que debe ser afrontado desde lo que se es, lo que se sabe, y lo que se cree. Es esto lo que se presenta en La Ciudad, de ahí la percepción fragmentada de la realidad, la estandarización de la experiencia, la vivencia maquinal, etc. Es esta la respuesta que se propone mediante los procedimientos escriturales en el poema; una respuesta acorde y útil al momento. La percepción de la historia es distinta a la presentada por la poesía anterior, donde el sujeto se presentaba como un visionario, casi un maestro que enseñaba el camino a las masas. Eso cambió; un proyecto de país ha sido truncado, un concepto de nación se ha derrumbado; una ciudad ha sido destruida. Pocas son las certezas, pero la historia no se ha acabado, se trata de un continuum. En este sentido es que el fragmento 30, cumple una importante función, en tanto expone la destrucción del proyecto, expresada a todo nivel y escala, la destrucción de la ciudad como espacio de materialización de los valores de dicho proyecto truncado: la civilidad, la convivencia, la crítica, la libertad y la participación. Técnicamente, se presentan estas ideas mediante la utilización anafórica del prefijo des, proveniente de la confluencia de los prefijos latinos de-, ex-, dis-, y a veces e-, denotando negación o inversión; privación; “fuera de”, ausencia65. Como vemos, se juega una vez más con la reiteración; la reiteración de la negación, del despojo, la pérdida. Por otro lado, un prefijo es una partícula modificadora del verbo, el cual además se encuentra conjugado en tercera persona plural, hablando de un ellos. Podemos pensar entonces que: ellos modificaron, cambiaron, marcaron La Ciudad. Este fragmento se sitúa en el centro casi aritmético de la obra, cumpliendo un rol también estructural; presenta abiertamente la dimensión histórica presente en el poema, además de marcar el fin del invierno y el comienzo de la primavera.

(…)Desolaron el país. /Desperdiciaron el tiempo. /Desvariaron a diario. /Desalaron el mar. /Desanduvieron el camino. /Destruyeron la ciudad. (Fragmento 30. Pág. 53-56, L.C.) (Ver apéndice)

Otro fragmento que llama la atención en esta misma línea, es el fragmento 48 (ver apéndice), donde asistimos a una suerte de reescritura de la historia; una serie de acontecimientos retroceden como en una cinta de video hasta el momento previo al golpe militar. Se abre este proceso por el último verso del fragmento anterior: (…) No podrán aniquilar su recuerdo (…) (Fragmento 47. Pág. 84. L.C.), permitiendo así una revisión de la memoria histórica.

Contrario a lo que podría pensarse, no se trata de un afán romántico de pretender cambiar los acontecimientos a través de la escritura como arma mágica y escapista de la verdad, sino más bien de un recurso que agrega dramatismo a la situación, y no hace más que recordar lo irrenunciable de la realidad, evidenciar que el estado de las cosas no es fruto de un hecho espontáneo ni de una casual enfermedad, sino que de un devenir, que continúa moviéndose, y solo cambia en la medida que los hombres y mujeres reales “motoricen” un nuevo proceso, lo que ciertamente no sucede en la literatura. Sin embargo, desde ella es que podemos abrir nuevas y revolucionarias posibilidades, motivaciones y sentidos para un cambio.

Por último, es importante mencionar dos fragmentos que refuerzan las ideas que aquí hemos trabajado; el primero, presenta a la figura del anciano como el hacedor de un relato de la realidad, en tanto se atreve a escribir, testimoniar, hablar, romper la mordaza y asegurar así un futuro juicio histórico:



(…)Reina la inmovilidad. /Cae una nieve invisible. /Solo los dedos del anciano se mueven. /El anciano relee. /Los dedos del anciano recorren las letras. /El anciano encuentra el nombre del tirano. /El anciano borra su nombre. /Su nombre no merece ser recordado. /El anciano encuentra los nombres de los asesinos. /El anciano borra los nombres de los asesinos. /Sus nombres no se olvidarán. /A su hora recibirán castigo. (Fragmento 60. Pág. 104 L.C.)

Y, en segundo lugar, el fragmento 67 (ver apéndice), refuerza la idea del pueblo y la ciudad como un cuerpo u organismo vivo, pero ya no enfermo, sino dispuesto a rearmarse y dar un nuevo curso a los hechos. Además, en este fragmento se entrelazan completamente tiempo natural y tiempo histórico, reconstituyéndose la armonía de ambos, en la medida en que la historia se dispone a seguir su curso. Aunque en relación a la contención que mediante la técnica de la objetividad se ha mantenido en gran parte del poema, este fragmento se direcciona bastante hacia el nivel testimonial, y viene a reforzar la dimensión utópica del poema, pero no en el sentido de los imposibles, sino en la línea de la esperanza, la fe y el compromiso con la capacidad transformadora de todo un pueblo.

Apéndice: Fragmentos citados en orden de aparición



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