La Ciudad de Gonzalo Millán: Huellas, Imágenes, Testimonios y Metáforas



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Análisis de “Hacia la objetividad” como técnica para la construcción de La Ciudad


Dos puntos fundamentales son los expuestos en este breve texto que nos hacen proponerlo en esta oportunidad como programa estético rector del poemario que analizamos, y bajo los conceptos que hemos trabajado en este capítulo, como la técnica propuesta por el autor para componer su obra en base a ciertos preceptos. Se trata, podríamos, decir de una suerte de marco teórico para la creación. No se explicita que se trate de la composición particular de La Ciudad, pero en ésta podemos reconocer varias de las propuestas elaboradas en este texto.

Los puntos fundamentales son:

A-.Concepto, función y rol del poeta y su obra.

B-.Influencia y recursos técnico-estéticos. Propuesta propia en función del punto anterior.

Pasamos, a continuación, a resaltar los elementos más importantes de cada punto:

A-.Concepto, función y rol del poeta y su obra


Este punto cumple un rol decisivo en cuanto a la elección del marco teórico, puesto a que, la lectura de este texto- “Hacia la objetividad”-, ilumina en relación a las concepciones poéticas del propio autor, que se encuentran bastante cercanas a los conceptos que estamos desarrollando.

Primero que nada, declara que en su poesía existe una “relación recíproca entre imaginación y realidad externa”23, idea que nos sitúa de inmediato en una concepción distinta de la autonomista plena, y ocupada de la dialéctica que existe entre la subjetividad creadora del poeta y su infranqueable realidad. En este mismo sentido es que se realizan una serie de aclaraciones en torno al concepto de objetividad, haciéndose cargo así del peso cultural que éste porta, en tanto indiferencia, ausencia de postura, falta de compromiso, etc.: “La impersonalidad, el distanciamiento de la poesía objetiva no significa de ningún modo un retorno a las premisas clásicas. Se trata de una objetividad contemporánea, donde la concreción, el realismo y la mecanización paradójicamente producen irrealidad, donde el caos regular y repetitivo de la dictaduras de cemento conduce a la fantasmagoría”24. Es importante esta cita, puesto que, expresa el carácter del concepto de “objetividad” que se está proponiendo, en tanto se específica como una técnica que permita dar cuenta a través del arte y su especificidad del momento histórico, y las preocupaciones del poeta, en relación a su tendencia política. Se trata de la objetividad como tendencia literaria.

También relativo al concepto de objetividad y su relación con la función de la poesía, expresa lo siguiente: “La objetividad no es deshumanizante ni deshumanizadora. La poesía es lenguaje, efectiva comunicación humana. Aunque se habla de objetos, el hombre nunca está excluido, la humanidad está siempre implícita. La objetividad tiende a reducir la excesiva individualidad. Como decía Ponge, la objetividad corrige una visión demasiado antropocéntrica”25 En este sentido, vemos cómo se recurre a la objetivación del lenguaje y la experiencia, con el objeto de potenciar la obra en su dimensión social, despersonalizarla, volverla artefacto colectivo y propio de una realidad más amplia que la pura subjetividad de un autor. Los objetos son comunes y culturales, se trata por tanto de una forma útil de colectivizar la experiencia. Por otro lado y al parecer opuesto, se trata también de un proceso de estandarización a través del lenguaje, que reproduce y emula desde la poesía dichos esquemas seriales y homogenizantes a que las sociedades capitalistas nos someten, develando así y problematizando al sujeto lector en su propia realidad.

Por último, me interesa destacar en este punto la mención que el autor realiza de Gonzalo Rojas, a quién reconoce como su maestro, y de quien extrae su concepción de poesía “(…) A él debo, entre otras cosas, la consideración de la poesía como conducta, la necesidad del creador de asumir una postura estético-moral y estético-política siempre solidaria con el hombre. (…)26” En este caso, se expresa mediante la referencia a Gonzalo Rojas, una concepción del quehacer poético unido indisolublemente a la realidad, la historia, la humanidad, y la política. De más está comentar la cercanía existente entre “una postura estético-moral y estético-política” con el concepto de tendencia propuesto por Benjamín y que hemos revisado, en tanto factores necesarios que deben confluir en la obra.


B-.Influencia y recursos técnico-estéticos. Propuesta propia en función del punto anterior


Como primer elemento, el autor menciona la preocupación que existe en su poesía por lo urbano y material, proponiendo como primeras e importantes influencias las “Residencias” de Neruda y “Poeta en Nueva York” de García Lorca: “El concepto nerudiano de poesía impura27 alentó y encauzó mi preferencia por objetos y realidades tradicionalmente antipoéticas. La visión de multitudes alienadas de Lorca, orinando y vomitando gregariamente, me hizo ver la megalópolis contemporánea como la concretización esencial de la sociedad industrial”28.

Se menciona también en este mismo sentido las influencias de Rimbaud, en tanto aprende de él la preferencia por el uso de la identidad en lugar de la comparación, una tendencia que observaremos posteriormente en su obra; la utilización de imágenes y objetos “desnudos”, con escasa mediación, el desprecio por la metáfora y las figuras tradicionales, la preferencia por los juegos de palabras y las figuras de dicción. Importantes son también los poemas de William Carlos Williams de quien toma la obsesión por los fragmentos materiales repartidos por la ciudad y, más importante aún, la concepción del poema como una máquina de palabras, la mirada objetiva y el habla coloquial29. Está también presente en este recuento, un paseo por la poesía oriental (China y haikú30 japonés) de donde toma “el uso de una forma simple pero plurivalente, y a evitar los vicios de la explicación y la reiteración”31. Sabemos que en La Ciudad abundan las imágenes polisémicas que juegan un rol central en la construcción significativa del poema, pero donde la interpretación es de plena responsabilidad del lector. De la poesía oriental y la objetividad angloamericana heredó “el habla lacónica, la economía verbal, el ritmo natural, la claridad, la intensidad y la concepción del poema como un “intervalo lúcido” (como “epifanía” en el decir de Joyce), momento en el cual se concentra y cristaliza la experiencia o visión”32. Dicha concepción variará posteriormente, al volverse limitada, según sus propias palabras, en tanto “Los momentos excepcionales donde la verdad se revela crean una realidad discontinua y demasiado excluyente. Se me dio la necesidad entonces de crear una poesía basada en el Crhonos, tiempo histórico, y ya no en el Kairos, la ocasión favorable”33. Entendemos, por tanto, que existe en el poeta la preocupación por la realidad histórica y la relación que con esta tiene su poesía.

De todos estos elementos nace La Ciudad, que según el propio autor se inscribe en la tradición de la poesía urbana que se inicia con Baudelaire.

Reconoce también la existencia de cercanías temáticas entre el movimiento pictórico pop y su poesía. Elementos como: imágenes de los massmedia, objetos y mercancías de la sociedad industrial, publicidad, producción en serie, etc. abundan y estructuran La Ciudad. Se mencionan también algunas coincidencias técnicas “como la supresión, la condensación, fragmentación, repetición, seriación”34, procesos que hablan directamente del momento histórico que se vive. Se trata de procesos propios de las sociedades industriales y que son apropiados por el arte como un modo de develar en si mismo la existencia del sujeto actual. Así como en gran parte de los puntos expuestos en esta poética, el autor se apura en hacer aclaraciones frente a cada elemento que declara como influencia, lo que va revelando y construyendo su propia propuesta. En este sentido, propone lo siguiente frente al movimiento “pop”: “Sin embargo creo que esta afinidad es mayor con la corriente pop inglesa que la norteamericana, ya que en la primera persiste, como en mi poesía, cierto subjetivismo. En mi poesía, a diferencia del pop, no existe neutralidad ni aceptación. Existe una visión crítica, antagonista y negadora, una rebeldía a los valores del sistema establecido”35 Claramente, el autor está planteando la tendencia política de su poesía, sin apartarse de las corrientes y tendencias del momento, pero tomando de estas su potencial contestatario y subversivo, que muchas veces es integrado y absorbido por el sistema y la institución.

Propone su poema como poema-objeto, “visual y concreto”, constituido por partes ya existentes, objetos y artículos escogidos de la realidad para conformar una nueva unidad, similar a la idea de ready made duchampniano. Este es el rol que cumplen las frases hechas, las definiciones de diccionarios y enciclopedias, que son incluidas en los poemas; fragmentos-objetos-partes que componen un nuevo artefacto, que se encuentra cargado de todos los sentidos e historias que porta cada parte escogida.

Fenómenos como el fetichismo, la reliquia y la idolatría, se presentan constantemente en la sociedad actual, que el autor identifica como “relaciones entre imaginación y mundo material”36. Dichas relaciones se establecen con objetos de uso cotidiano y mercancía desechable. En este sentido es que el autor propone la objetividad, como una forma con bastante potencialidad y campo para Latinoamérica, lugar donde dichas relaciones con los objetos se ven potenciadas por la tradición colonial, y la exportación de materias primas, que luego nos son devueltas como objetos, manufacturados en otras realidades, en países lejanos a nuestra cultura y realidad, desechables, ajenos y llamativos, con los cuales establecemos extrañas relaciones. “Estos objetos llegados del imperio que las burguesías criollas importan, adoran e imponen como símbolo a las mayorías del continente, nos son doblemente extraños, doblemente abismantes. Desenmascarar ese objeto y nuestras actitudes hacia él, es empezar a revelar nuestro verdadero ser”37. Vemos entonces, como la objetividad no es solo un procedimiento técnico-estético, sino que se trata de un instrumento que desde la escritura permite desencadenar otros procesos, sociales y finalmente políticos, en tanto cuestionan y develan el rol que ocupamos en este complejo sistema de relaciones. La elección de la objetividad como técnica, en función del concepto y el objetivo planteado para la poesía, nos expone la posición política del autor frente a su quehacer en el mundo real, en el contexto vivo al cual pertenece.

Por otro lado, haciendo referencia nuevamente a Gonzalo Rojas, el autor sitúa su poesía de corte “cosalista” u “objetivo”, en la tradición material de la poesía chilena, presente en Tala de Mistral y en los “Tres Cantos Materiales” de Neruda. Establecería, así, la poesía objetiva una continuidad con la tradición y no necesariamente una ruptura.

Hemos expuesto los elementos más relevantes de “Hacia la Objetividad” con el fin de demostrar su carácter de poética, programa estético o técnica, resaltando cómo confluyen en éste tanto la tendencia política (relación literatura/sociedad, función social para la poesía, rol del autor, etc.), como la tendencia literaria (influencia, estética, elementos recursivos, etc.), que deben ser parte de la obra. Reconocer en este texto elementos programáticos para la composición de La Ciudad, nos lleva a pensar que es esta obra el lugar donde deben unificarse y materializarse los preceptos desarrollados en el programa. Desde esta perspectiva es que analizaremos nuestro objeto de estudio, iluminado por las propias luces que entrega el autor.




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