La alegría de evangelizar



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EL PUEBLO DE DIOS EN LAS CULTURAS URBANAS

A LA LUZ DE EVANGELLI GAUDIUM: PRESENCIA,

INCULTURACIÓN, MISERICORDIA Y ENCUENTRO
Carlos María Galli 1
Ser pueblo y construir ciudades van de la mano.

Y ser pueblo de Dios y habitar en la ciudad de Dios, también.

En este sentido el imaginario teológico puede ser levadura para todo imaginario social”.2
La pastoral urbana es una de las mayores prioridades de nuestra Iglesia regional y de la misión continental permanente que expresa nuestra alegría de evangelizar. Es, además, un aporte original de la Iglesia latinoamericana y caribeña a la Catholica antes y después de Francisco.

1. En las últimas décadas me he dedicado a pensar esta cuestión tanto por mi pertenencia a la Iglesia de Buenos Aires como por mi servicio pastoral al Consejo Episcopal Latinoamericano - CELAM. En 1986, luego de un encuentro organizado por el CELAM, escribí mi primer artículo, que se tituló: El desafío pastoral de la cultura urbana, en el cual expresé “la necesidad de una nueva pastoral urbana”.3 Un cuarto de siglo después, en 2011, se publicó el libro Dios vive en la ciudad, a partir de una sugestiva frase del Documento de Aparecida (A 514). La obra, que ya va por su tercera edición actualizada a la luz del proyecto misionero de Francisco, analiza la pastoral urbana desde un presupuesto teologal: la presencia del Dios de Jesucristo, con rostro humano y urbano, en nuestras ciudades, pueblos, barrios y casas.4

2. Se me ha pedido una exposición teológica dentro del dinamismo del juzgar, que es iluminación y discernimiento. Para situarla señalo dos de mis últimos aportes teóricos. En 2003, en el Congreso: Vivir la fe en la ciudad hoy, expuse una teología sistemática y pastoral de la ciudad y la pastoral urbana: “El Cristo de Dios está y vive en la ciudad. Hacia una teología teologal y cristocéntrica de la nueva evangelización de la cultura urbana desde América Latina”. El texto, publicado en castellano y en alemán,5 fue incluido por el CELAM en el libro preparatorio a este encuentro.6 La primera parte contiene un pensar sistemático que contempla el misterio de la ciudad, sobre todo en su dimensión religiosa y cultural, desde los grandes misterios de la fe cristiana: Dios, Cristo, el hombre en el mundo, la Iglesia, María, la historia y la escatología. La segunda parte sitúa la evangelización urbana en un pensar pastoral acerca de la misión de la Iglesia –atracción de Dios mediante nuestro testimonio y anuncio- y la comprende como un servicio a una cultura del encuentro entre los seres humanos urbanos.

3. En mayo de 2013, en el Congreso realizado en Barcelona sobre La pastoral de las grandes ciudades, tuve a mi cargo la ponencia sobre La misericordia maternal de la Iglesia con los pobres, olvidados y sobrantes de las megaurbes a la luz de la exhortación Evangelii gaudium (EG),7 y de su planteo acerca de los desafíos de las culturas urbanas (EG 71-75).8

4. Aquí, en diálogo con la teología pastoral y el proyecto misionero de Francisco, pensaré la relación entre el Pueblo de Dios y las culturas urbanas mediante una evangelización que acentúe las dinámicas de la presencia, la inculturación, la misericordia y el encuentro.

La exposición seguirá un itinerario en seis pasos y destacarán estas claves del discurso.

(I) Hacia una Iglesia más urbana y pobre en y desde el Sur del mundo desea interpretar un aspecto del actual momento histórico eclesial a partir de las iglesias de las periferias.

(II) El proyecto misionero de Francisco presenta su eclesiología pastoral acerca del Pueblo de Dios centrado Jesucristo y en el hombre y, por eso, en la misión evangelizadora.

(III) Las presencias de Dios en la ciudad y entre los ciudadanos considera el núcleo teologal del desafío de la pastoral urbana a partir de las variadas presencias de Cristo en el Espíritu.

(IV) La evangelización inculturada en las variadas culturas urbanas reflexiona sobre el desafío de una inculturación intercultural que asuma la diversidad de las culturas urbanas.

(V) La misericordia incluyente con los ´sobrantes’ urbanos analiza los desafío de realizar en la urbe la opción por los pobres y excluidos desde el corazón de Dios y del Pueblo de Dios.

(VI) La pastoral urbana para una cultura del encuentro filial y fraterno nos invita a cultivar una renovada evangelización urbana que fortalezca una cultura del encuentro.



I. Hacia una Iglesia más urbana y pobre desde el Sur del mundo

1. Interpretar esta hora de la Iglesia y del mundo es un ejercicio de la profecía que discierne en la fe el paso de Dios y lo que está gestando en la historia. Los acontecimientos del presente son difíciles de entender y juzgar: “en la mayoría de los casos los contemporáneos no saben lo que se está gestando”.9 Si no es fácil conocer, documentar, narrar e interpretar el pasado,10 más difícil es comprender la actualidad porque estamos inmersos en procesos abiertos y somos contemporáneos con los sucesos, lo da poca distancia hermenéutica. Estamos llamados a discernir los signos de los tiempos que expresan los clamores de los hombres, las interpelaciones de Dios y los desafíos a la Iglesia. La conciencia histórica percibe en los hechos presentes no sólo los frutos del pasado sino los signos de un futuro que “se está gestando”.

2. Vivimos un momento nuevo en la historia de la ciudad. En 1800 sólo Londres pasaba el millón de habitantes; en 1900 ya lo hacían diez ciudades; hoy son casi quinientas. Hay unas treinta mega-ciudades con más de ocho millones de personas. Las regiones metropolitanas, como las llamó Pablo VI (OA 8-12), son conjuntos de sucesivas conurbaciones que vinculan centros y periferias en nuevos aglomerados. La mayoría está en el Sur, donde crece mucho la población. Entre las grandes regiones están Tokyo, Dehli, México, Nueva York, Shangai, Pekín, San Pablo, Bombay. Si bien baja la pobreza, la desigualdad crece en estas regiones.

3. A partir de 1979, después de encontrarse con los más pobres de México, Juan Pablo II comenzó a descubrir la pobreza del tercer mundo. Con sus viajes acompañó un desplazamiento a lo largo del eje norte-sur.11 En 1984 afirmó ante la Curia romana la opción por los pobres: “he hecho y hago mía esta opción, me identifico con ella”.12 Sus documentos sociales insistieron en ella (SRS 42-43; CA 57). En la encíclica Redemptoris missio planteó una nueva evangelización a escala mundial y vinculó la pastoral urbana, la gestación de nuevas formas culturales y la opción por los últimos. Notó que las nuevas megalópolis están en las naciones más jóvenes y pobres del sur (RMi 37). Salvo las cinco regiones metropolitanas de los Estados Unidos, las veinte ciudades más pobladas del mundo están en Asia y en América Latina.

4. Francisco, primer Papa del sur del Sur, al visitar la parroquia Santos Zacarías e Isabel, en una periferia de su nueva diócesis, afirmó que “la realidad se comprende mejor desde las periferias”.13 Él mira la realidad mundial desde los pueblos pobres y los pobres de los pueblos. Para él, las periferias no son sólo lugares privilegiados de la misión sino también horizontes hermenéuticos que facilitan conocer la totalidad de la realidad. Con la filósofa Amelia Podetti, Francisco considera la irrupción americana como el parto del mundo en su totalidad.14

5. Hoy el 68% de los católicos vivimos en África, América Latina, Asia y Oceanía. En los últimos 100 años se invirtió la composición del catolicismo. En 1910 el 70% de los bautizados católicos vivía en el norte (65 en Europa) y el 30% en el sur (24 en América Latina). En 2010 el 32% vivía en el norte (24 en Europa, 8 en Norteamérica) y el 68% en el sur: 39 en América Latina, 16 en África, 12 en Asia, casi 1 en Oceanía. El Anuario Pontificio 2014 confirma esta tendencia de crecimiento en el Sur. De 2005 a 2012 los bautizados católicos aumentaron un 10,2% pasando de 1.115 a 1.229 millones. Crecieron más en África y Asia.15

6. El eje político-cultural del intercambio mundial se movió durante siglos en torno al Mar Mediterráneo y, después, alrededor del Océano Atlántico. Sin dejar estos escenarios el siglo XXI gira hacia el Pacífico, cuyas orillas son América y Asia. En la modernidad los jesuitas colaboraron a evangelizar ambos continentes con distinto destino.16 Los viajes del Papa a Corea del Sur y a Filipinas en 2015 expresan su solicitud por el proceso evangelizador en Asia.

7. Dentro de los continentes del Sur, la Iglesia católica de América Latina cuenta con más historia, población, integración, identidad compartida y proyecto común. Desde 1492 colaboró a forjar la identidad de los pueblos y está comprometida a formar una comunidad de naciones fomentando la integración de América Latina y el Caribe (A 1-18, 127-128, 520-528).

8. Desde 1955 nuestra Iglesia ha acrecentado su figura regional, que agrupa veintidós episcopados. El regionalismo es un rasgo que la caracteriza. Aparecida es un jalón decisivo en este camino en continuidad con las conferencias de Río de Janeiro, Medellín, Puebla y Santo Domingo (A 9, 16). Refleja el acontecimiento religioso, eclesial y evangelizador celebrado en el santuario mariano nacional del Brasil (A 1-3, 547). Estas asambleas fijaron líneas comunes de un estilo eclesial y una praxis pastoral. El cardenal Bergoglio presidió la Comisión de Redacción del Documento de Aparecida. Siempre expresó su pertenencia eclesial, teológica, afectiva, cultural y política a América Latina. En sus escritos hizo una hermenéutica de nuestra cultura con quienes “se animaron a pensar América desde América y como latinoamericanos”.17

9. La región latinoamericana y caribeña tiene unos quinientos setenta millones de habitantes distribuidos en cuarenta y un países. Es la región más urbanizada del mundo, donde el 80% vivimos en zonas urbanas (en Europa es el 70%); La mayoría reside en nuevos barrios suburbanos, mestizos y pobres. La zona tiene unas cincuenta ciudades con más de un millón de habitantes. En 2010 las megalópolis de México, San Pablo, Buenos Aires, Río de Janeiro y Bogotá eran cinco de las diez ciudades más pobladas de América. Por eso, en nuestra Iglesia, desde 1965, se viene pensando la evangelización de las ciudades, lo que se expresa en las conferencias de Medellín a Aparecida, en los planes pastorales de algunas diócesis de grandes ciudades,18y en una reflexión creativa que procura una nueva pastoral urbana (A 509-519).

10. La Argentina es uno de los países más urbanizados. Según el Censo Nacional de Población de 2010 tiene un 92% de población urbana. El Aglomerado Gran Buenos Aires (AGBA) tenía, en 1970, 8 millones y medio de habitantes; en 2010 superó los trece. El AGBA es el área territorial y social que contiene la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la superficie total de catorce partidos y la superficie parcial de otros dieciocho municipios de la Provincia de Buenos Aires hasta donde llega la “mancha urbana”. Es el octavo conglomerado del mundo.

11. En mi libro Dios vive en la ciudad trazo un perfil sociocultural de la ciudad de Buenos Aires y el impulso misionero dado por su último pastor.19 Allí afirmo que Bergoglio fue el primer arzobispo de Buenos Aires plenamente porteño.20 Ahora me animo a decir que es el primer Papa nacido en una gran ciudad del siglo XX. En 1936, cuando este hijo de inmigrantes italianos nació en Buenos Aires, nuestra urbe ya tenía más de 2.400.000 habitantes, de los cuales unos 880.000 eran extranjeros y unos 1.600.000 nativos. Esta “pronunciada urbanización de la población”,21 hizo que en 1947 la Capital Federal llegara a los tres millones. Francisco piensa la tensión bipolar entre la globalización y la urbanización.22 Pienso que es el primer Papa glo-cal porque vive de un modo nuevo ser obispo de la urbe y pastor en el orbe.23

12. Francisco fue elegido porque las periferias del orbe se hicieron presentes en el corazón de la urbe.24 Si la Iglesia de Roma preside la comunión católica en la caridad, cada iglesia unida a ella es un centro animador de vida teologal y pastoral. En Copacabana el Papa dijo: “Esta semana, Río se convierte en el centro de la Iglesia, en su corazón vivo y joven”.25 Hay signos de que están comenzando a reducir asimetrías entre iglesias del norte y del sur. Así la Iglesia latinoamericana, siendo periferia, se torna un centro en una Iglesia policéntrica, pues “una excesiva centralización… complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera” (EG 32).

13. En su unidad plural, América Latina, occidental y sureña, pertenece al llamado “mundo emergente”. Es el subcontinente más inequitativo, lo que interpela a la conciencia cristiana. Aquí muchos viven en la pobreza luchando por una vida digna desde su fe y todos debemos vivir la fe en el amor para construir solidariamente una sociedad justa. En la primera década del siglo América Latina creció a un 4% y disminuyó la pobreza del 44% en 2002 al 33% en 2010. Pero uno de cada tres latinoamericanos es pobre y uno de cada ocho sufre la pobreza extrema. La región es más desigual que el África subsahariana. En muchos países la mayoría de los pobres son niños y la mayoría de los niños son pobres. Para la UNICEF en 2011 había 81 millones de niños pobres. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina muestra que en 2014 el 27,5 % de los argentinos sufre la pobreza. Muchísimos cristianos del sur son pobres para este mundo pero ricos para Dios en la fe (St 2,5).

14. Walter Kasper reconoció que “en la Iglesia sopla un viento del sur”.26 Usé esta imagen en un aporte para el Sínodo de los Obispos de 2012 sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.27 El Espíritu Santo “sopla donde quiere” (Jn 3,8) y está soplando como “una fuerte ráfaga de viento” (Hch 2,2) desde África, América Latina y Asia. Se notó en las intervenciones de sus obispos en el Sínodo de 2012 y, sobre todo, en la elección del Papa sureño. Hoy la Iglesia del sur está en la sala del hogar y no sólo a sus puertas.28 Luego de un primer milenio signado por las iglesias orientales y del segundo dirigido por la iglesia occidental, se avizora un milenio marcado por las iglesias del sur en una catolicidad intercultural centrada en la iglesia de Roma y enriquecida por todas las particularidades.
II. El proyecto misionero de Francisco

1. En un año se publicaron documentadas biografías del Papa argentino y diversos estudios sobre su pensamiento. Pero hay un dato poco destacado: el Papa pastor es un pastoralista. Francisco es un pastor misionero y un pastoralista lúcido. Antes de ser obispo, siendo rector del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús (1979-1985), fundó y fue el primer párroco de la parroquia Patriarca San José en San Miguel, en el Gran Buenos Aires, donde animó una evangelización capilar en los barrios. También enseñó teología pastoral y comentó la exhortación Evangelii nuntiandi de Pablo VI en la Facultad de Teología de los jesuitas de Argentina.

2. La alegría del Evangelio es un documento de teología pastoral. Esta disciplina teológica comprende desde la fe la acción evangelizadora de la Iglesia en la historia. El texto pontificio tiene una introducción y cinco capítulos distribuidos en 288 numerales, con 227 citas textuales de la Sagrada Escritura y 217 notas a pie de página. Francisco responde al pedido de hacer un documento con los aportes del Sínodo sobre La nueva evangelización (EG 16) y los engloba en una reflexión personal que fomenta una “nueva salida misionera” (EG 20). Se limita a algunas cuestiones (EG 17) pero se extiende en ellas para “perfilar un determinado estilo evangelizador que invito a asumir en cualquier actividad que se realice” (EG 18).

3. La exhortación tiene una finalidad programática: “No obstante, destaco que lo que trataré de expresar aquí tiene un sentido programático y consecuencias importantes. Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de la conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (EG 25). Este proyecto se puede resumir en dos frases: Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo (EG 27) y la salida misionera es el paradigma de toda la Iglesia (EG 15).

4. La estructura discursiva del texto articula siete grandes temas (EG 17) en cinco capítulos. “La transformación misionera de la Iglesia” (EG 19-49) desarrolla una eclesiología centrada en la conversión misionera para comunicar “la frescura original del Evangelio” (EG 19). “En la crisis del compromiso comunitario”, discierne los signos de este tiempo que generan exclusión en la sociedad y las tentaciones que afectan el fervor apostólico en la Iglesia (EG 50-109).

5. El capítulo tercero, “el anuncio del Evangelio”, se centra en el Pueblo de Dios como el sujeto histórico de la evangelización y analiza varias formas de la proclamación directa del kerigma: la piedad popular, la conversación personal, la predicación homilética, la catequesis mistagógica, el acompañamiento pastoral (EG 110-175). “La dimensión social de la evangelización” considera nexos entre el anuncio evangelizador y el compromiso social y se concentra en la inclusión de los pobres y el diálogo por la paz (EG 176-258). El último, “evangelizadores con espíritu”, expone una mística evangelizadora para animar la misión (EG 259-288).

6. La mirada a la realidad social de la primera sección del capítulo II tiene su correlato en la dimensión social del Evangelio del capítulo IV, el más extenso; y la mirada a la realidad eclesial de la segunda parte del capítulo II tiene su correlación con la espiritualidad del capítulo V. El capítulo III, precedido por el capítulo I, considera el núcleo del tema y, por eso, lleva como título el contenido anunciado en el título de la exhortación: el anuncio del Evangelio.29

7. El corazón místico de esta nueva etapa pastoral está en la dulce alegría de evangelizar.

“En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (EG 1).

Francisco admira a Pablo VI, a quien ha beatificado. Cita sus exhortaciones Gaudete in Domino (GD) y Evangelii nuntiandi (EN). Su primera exhortación reúne dos palabras de esos documentos. Pablo VI hizo una reflexión sobre el gozo apostólico (EN 80). Fui perito teológico en Aparecida, nombrado por el Papa Benedicto. Soy testigo de que Bergoglio quiso citar una frase clave de Pablo VI en la Conclusión (A 552): la dulce y confortadora alegría de evangelizar (EN 80). En su intervención en una congregación previa al Cónclave el Cardenal pronunció tres veces esa frase. Ella es el título del segundo parágrafo de la exhortación (EG 9-13). El Papa invita a los discípulos misioneros a cultivar “una alegría misionera” (EG 21).

8. Francisco quiere una Iglesia misio-céntrica porque “la Iglesia existe para evangelizar” (EN 14). El primer capítulo analiza “la transformación misionera de la Iglesia” (EG 19-51). “Una Iglesia en salida” (EG 20-24) se centra en Cristo por la conversión y en el hombre por la misión. “Sólo si se está centrado en Dios es posible ir hacia las periferias del mundo”.30

9. La novedad de su pontificado está relacionada con la novedad de Aparecida.31 Aparecida reinició un movimiento misionero, continental y permanente, para compartir con nuestros pueblos la Vida plena, digna y feliz en Cristo. La dinámica de conversión impulsada por la misión continental y permanente de la periferia latinoamericana contribuye a la reforma misionera de toda la Iglesia. Pero el Papa no pretende exportar “el modelo latinoamericano” invirtiendo el centralismo pastoral que hemos sufrido durante tanto tiempo. Él desea que cada iglesia asuma la misión universal de una forma inculturada en su tiempo y su lugar.

10. El primer capítulo usa la frase “pastoral en conversión” (EG 25-33) para recrear las propuestas de Aparecida sobre la conversión pastoral y la renovación misionera (A 365-372). Propone “una pastoral en clave misionera” (EG 35) e invita a “la conversión misionera” (EG 30). El “estado permanente de misión” (EG 25) exige reformar las estructuras “para que se vuelvan más misioneras” (GE 27). El Papa da el ejemplo incluyendo la reforma del Papado (EG 32). Creo que Francisco fue elegido para completar las reformas pendientes del Concilio Vaticano II (EG 26). Su exhortación enseña que la Iglesia se reforma si se centra en la conversión y en la misión; ambas son las fuentes de renovación de la Iglesia. La Ecclesia semper reformanda se realiza en una Iglesia que vive in statu conversionis e in statu missionis.

11. La síntesis pastoral de Francisco incluye una eclesiología del Pueblo de Dios y una antropología política del pueblo. Él asume, enriquece y universaliza aportes de la teología pastoral gestada en América Latina y, sobre todo, la teología argentina del Pueblo de Dios, el pueblo y la pastoral popular.32 La llamada teología argentina del pueblo piensa este concepto con dos sentidos análogos, uno eclesial y otro civil, con una desemejanza tan fuerte como la semejanza. Tres significados del término aparecen en tres capítulos de la exhortación papal.

12. En primer lugar, la Iglesia es el Pueblo de Dios peregrino en la historia y encarnado en las culturas (EG 115). Este Pueblo “es un misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, pero tiene su concreción histórica en un pueblo peregrino y evangelizador, lo cual siempre trasciende toda necesaria expresión institucional” (EG 111). Francisco repite que la Iglesia es el santo Pueblo fiel de Dios (EG 95, 130), frase surgida de la Constitución Lumen gentium (LG 12ª). El capítulo III se refiere al Pueblo de Dios misionero como el sujeto colectivo del anuncio del Evangelio (EG 111-134). Explicita la catolicidad inclusiva de la Iglesia empleando las fórmulas “un pueblo para todos” (EG 112-114) y “un pueblo con muchos rostros” (EG 115-118).

13. En segundo lugar Francisco comprende al pueblo civil realizado en los pueblos históricos. El capítulo IV expone cuatro principios que ayudan resolver las tensiones bipolares de la convivencia, cultivar el sentido de pertenencia y construir una sociedad más justa (EG 217-237). Constituir un pueblo requiere “una cultura del encuentro en una plural armonía” (EG 220). El texto conduce a su reflexión Nosotros como ciudadanos, nosotros como pueblo, que expuso en 2010 en la Jornada de Pastoral Social de Buenos Aires. Sostiene que hay que ser ciudadanos responsables que formen un pueblo con una identidad cultural y un destino histórico.

14. La espiritualidad evangelizadora del capítulo V expone el gusto espiritual de ser pueblo (EG 268- 274) que, pastoralmente, implica la alegría de ser Pueblo de Dios (EG 274). La “pasión por Jesús” incluye compartir “su pasión por el pueblo” y, por ello, llama a estar cerca de la gente. La revolución de la ternura iniciada con la Encarnación del Hijo de Dios incluye la alegría de estar cerca de todos y de cada uno (EG 88). El estilo mariano de la Iglesia se expresa en la proximidad de la humildad, el acercamiento, el encuentro y el cariño (EG 288).

15. Francisco es popular porque ama, respeta y sirve al Pueblo de Dios y a los pueblos con caridad pastoral. Esta actitud es contraria al populismo eclesiástico y político que reduce al pueblo a la condición de objeto y lo manipula por propio interés. El Papa considera al Pueblo de Dios como sujeto de la fe y a cada pueblo como sujeto de su historia y su cultura. Cuando el obispo de Roma pide al pueblo que rece por él reconoce su subjetividad creyente y orante.

16. El capítulo tercero insiste en que el Pueblo peregrino de Dios es el sujeto social de la evangelización (EG 111, 120). Con Aparecida, Francisco afirma que “todos somos discípulos misioneros” (EG 119-121) y “todos estamos llamados a crecer como evangelizadores” (EG 121). Cada uno puede decir: Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo (EG 273). Por eso, todo el Pueblo de Dios en su conjunto es y debe ser el sujeto de una pastoral urbana inculturada. Esta eclesiología permite reconocer la subjetividad de toda la Iglesia y de todos en la Iglesia, en especial los laicos y laicas que son “la inmensa mayoría del Pueblo de Dios”, a cuyo servicio está “la minoría de los ministros ordenados” (EG 102).

17. Con Francisco la teología del Pueblo de Dios ha retornado al magisterio pontificio. La recepción de la eclesiología del Concilio Vaticano II estuvo marcada por la concurrencia de conceptos complementarios. Las nociones Cuerpo de Cristo, comunión y sacramento tienen un sentido predicativo en relación con el sujeto Iglesia. La Iglesia es comunión y sacramento. El título Pueblo de Dios tiene un carácter subjetivo porque presenta a la Iglesia como el sujeto social de la fe y agente histórico de la misión. El Pueblo de Dios es comunión. En cuanto concepto ‘subjetivo’ expresa el ‘nosotros’ del sujeto eclesial y “permanece insustituible”.33

18. Hay un punto en común entre la teología del Pueblo de Dios, que reconoce la dignidad e igualdad de todos los cristianos, y la reflexión filosófica y política sobre una ciudadanía integral. Ese punto es la subjetividad activa de los bautizados, varones y mujeres, en la Iglesia; y de los ciudadanos, varones y mujeres, en la familia, la sociedad, el estado y el mercado (CiV 38). El ser-sujeto es un componente de la ciudadanía y,34 además, hay un nexo entre la dignidad humana y cristiana, y el ejercicio de la subjetividad responsable tanto civil como eclesial. La evangelización debe reconocer y apoyar el camino de nuevas instancias comunitarias y organizativas por la libre iniciativa de tantos laicos y laicas del mundo urbano.



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