It is calculated that around to porcent of the world population is intersexual



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Marzo 2009

REEXAMINANDO LA CONSTRUCCION BINARIA DE LA SEXUALIDAD

Laura Saldivia


1) Introducción
Desde el momento en el que nacemos, se nos designa nuestro sexo/género. Cual yerra de ganado, se suelen poner aritos a las bebas. Asimismo, se destina el color rosa para ellas y el celeste para los bebés; las muñecas para las niñas, los camiones/aviones para los niños. En la escuela se nos enseña a formar en dos filas, una de varones y otra de mujeres. También se nos enseña qué deportes practicará cada sexo/género y a qué baño público les corresponde ir. Si nacemos con un sexo ambiguo, no caratulable conforme ciertos estándares en hombre o mujer, se recurre a la cirugía u otros tratamientos médicos para hacerlo encajar.

¿Cómo sabíamos cuando éramos infantes a que fila debíamos ir cuando teníamos que formar fila en la escuela? ¿Cómo sabemos a qué baño público debemos ir cuando estamos en el cine, el club, el teatro, la facultad o el trabajo? ¿Qué sexo y género somos? ¿Cómo llegamos a serlo? ¿Cómo sabemos de qué sexo y género somos? Tal vez mucha/os de la/os participantes de esta conferencia nunca se hicieron estas preguntas y/o una vez que se las hicieron sus respuestas les parecieron obvias, por lo tanto, la pregunta absurda. Sin embargo, como se verá más adelante, para una porción importante de la población mundial dichas preguntas –y sus respuestas claro- son fundamentales para conformar su identidad personal.

El mayor desafío para la constitución de la identidad sexual sobre la diferencia binaria basada en el par hombre/mujer proviene de las personas transgénero1 e intersexuales -en particular, y con mucha intensidad, de la materialidad del cuerpo atípico de los bebés intersexuales-, cuya sexualidad es difícilmente o forzadamente encuadrable en el conformismo binario. Sus críticas están dirigidas fundamentalmente contra distintos sectores sociales que día a día, arduamente, consciente o inconscientemente trabajan para conservar dicho binarismo. Padres/madres, científicos, médicos, maestros, profesores, empleadores, son sólo algunos de tales sectores.

Los cuerpos y mentes de las personas transgénero e intersexuales (aquí también las llamo personas de sexo variado) mandan expandir las fronteras de la división dual de la sexualidad humana hacia un modelo que incluya y abarque los infinitos matices y formas que integran dicha sexualidad. La no conformidad sexual de las personas transgénero e intersexuales sirve para desnudar el pacto de poder subyacente al orden binario y heterosexual de los sexos/géneros2 y reclama una revisión, y nueva formulación, de los arreglos y estructuras existentes fundadas en tal orden que tienden a invisibilizarlas y subyugarlas.

Ante la ficción de los dos sexos/géneros, en este trabajo propongo una perspectiva que concibe a la sexualidad humana como un ‘continuado’ (‘continuum’) de distintas variantes de sexo/género, es decir, como una permanente variación de alternativas disponibles de sexo/género con las que puede identificarse, y en las cuales puede habitar, una persona.

Para ello, analizo la discusión actual en torno a si el ideal de sexo/género binario es una construcción social o natural. Aunque en la actualidad no existe ningún método científico certero que permita determinar qué es un hombre o una mujer, investigaciones científicas en curso parecieran demostrar que la biología establece algún tipo de límite dentro del cual, por medio de la interacción social, se moldean los roles de género. Esto significaría que aún queda un espacio de maniobra para la configuración social de los géneros.

Sin embargo, planteada así la discusión sobre la oposición entre lo social y lo natural en la conformación de la sexualidad humana como asentada en la creencia de que lo natural es algo dado, indiscutido, mientras que lo social es lo construido, desconoce que lo natural, en este caso el sexo del cuerpo, y cómo lo investiga la ciencia, son cuestiones que están sujetas a matrices y entendimientos subjetivos. La materialidad concreta del sexo mismo está conformado por el género, está ‘generizado’ por medio de interacciones subjetivas, por entendimientos subjetivos de quienes lo leen y estudian. Por ello, el género es mucho más que la mera realización social del sexo, éste visto como algo dado, natural; posee una dimensión constituyente y regulativa.

Un problema que se presenta al escribir sobre estos temas consiste en cómo nombrar a una persona que, justamente, está poniendo en jaque a la tradicional construcción sexual binaria. Los artículos y referencias femeninas o masculinas de las palabras no dan cuenta de la compleja realidad de la sexualidad humana; es más, terminan reproduciendo el estereotipo que las personas de sexo/género variado buscan cuestionar. Por consiguiente, aquí he optado por utilizar términos ‘neutros’ cuando ello es posible3. En caso de ser imposible ‘neutralizar’ la referencia al sexo/género de algunas de las palabras empleadas, de acá en adelante suprimo sus terminaciones a/o, as/os y en su lugar las dejo vacantes para que el lector la complete como prefiera -o directamente no la complete4.



2) Sexualidad Binaria, ¿Natural o Social?
Los profesionales médicos nos enseñan que existen muchos factores que son determinantes o que contribuyen a la determinación del sexo de un individuo: 1) el sexo genético o cromosómico –XY o XX-; 2) el sexo gonadal (glándulas reproductivas sexuales) –testículos y ovarios; 3) el sexo morfológico interno (determinado luego de los tres meses de gestación) –vesículas seminales/próstata o vagina/útero/trompas de Falopio; 4) el sexo morfológico externo (genitales) –pene/escroto o clítoris/labia; 5) el sexo hormonal –andrógenos y estrógenos-; 6) el sexo fenotípico (características sexuales secundarias) –pelo facial o en el pecho o senos; 7) el sexo asignado y el género de crianza; y 8) la identidad sexual5.

Una persona intersexual presenta una variedad de condiciones congénitas que determinan la falta de una anatomía estándar de mujer o de hombre dado que no existe correlación entre los factores enumerados6. El hermafroditismo es una variante de intersexualidad donde una persona tiene los dos atributos femenino y masculino, es decir que está en posesión de un cuerpo que yuxtapone partes esencialmente femeninas y masculinas7. Existen al menos tres docenas de variaciones sexuales bien documentadas que resultan en lo que se conoce como intersexualidad8.

Por su parte, en el caso de una persona transexual, puede existir congruencia respecto de los primeros siete factores enumerados, pero no existe identificación con el género que se asocia a estos factores. Aquí la nomenclatura médica indica que esta persona tiene un desorden/disforia en su identidad de género.

No hay estadísticas certeras sobre la cantidad de intersexuales o transexuales que hay en la población mundial. Algunas cifran estiman que el 1,7 por ciento de los bebés que nacen es intersexual9. Alrededor de uno a tres cada dos mil personas nacen con una conformación anatómica no común respeto del típico hombre o mujer que genera confusión y desacuerdo acerca de si debe considerársela hombre o mujer o alguna otra cosa10. Todos los días en los Estados Unidos, cinco infantes son sometidos a cirugías de reconstrucción de sexo que en la mayoría de los casos los dejan con cicatrices físicas y emocionales indelebles11. Por su parte, se calcula que 1 en 30.000 hombres y 1 en 100.000 mujeres buscan cirugías de reasignación de sexo.12

La existencia de personas que no se adecuan a ninguna de las dos opciones de sexo/género aceptadas por la sociedad, genera una discusión muy extensa, rica e inacabable en distintas disciplinas científicas y humanistas acerca de cómo se construye la identidad de género.13 ¿Cuál es la relevancia del sexo biológico en dicha construcción? ¿Cuánta influencia produce el ambiente social que la circunda? ¿Prevalece en la confección de la identidad de género el sexo biológico o la crianza y el contexto social? Lo cierto es que el debate sobre el determinismo biológico el género o su construcción social, se mantuvo dentro del marco epistemológico de la distinción naturaleza/cultura.

Durante la última centuria, la política de asignación de sexo/género femenino o masculino en infantes intersexuales, en especial aquellos con genitales ‘ambiguos’, se ha visto influenciada/determinada por los contornos de este debate. Hasta los años cincuenta la asignación de género se basó en el ‘sexo predominante/verdadero’, el cual, primero fue definido en términos de la apariencia de los genitales externos, luego en términos de las gónadas y su histología y más tarde en términos del sexo cromosómico. En cada una de estas etapas había un convencimiento fuerte de que el infante era criado conforme a su ‘sexo verdadero’. En los cincuenta un nuevo entendimiento liderado por el psiquatría y sexólogo John Money reemplazaría al del ‘sexo verdadero’.

Conforme la teoría del ‘género óptimo’, la identidad de género se construye socialmente. En su trabajo Money observó que la identidad de género en gran medida seguía al género de asignación y crianza, no al sexo cromosómico, gonadal o genital. El quiebre que la teoría del ‘género óptimo’ produce respecto de su predecesora consiste en que rechaza la noción de una identificación natural con el sexo biológico de la persona y en cambio postula que es crucial para el desarrollo de la identidad sexual la asignación de sexo seguida por una crianza en sintonía con el mismo14. Por ello, cuando los bebés presentan genitales ‘ambiguos’, se los debe ‘corregir’ a través de cirugías de asignación de sexo15. Según esta teoría, la asignación de género debe basarse en el esperado resultado óptimo en términos del funcionamiento psicosexual, reproductivo y psicológico en general.

Según Money y sus seguidores, la asignación de sexo/género debe hacerse lo antes posible ya que la identidad de género es ‘corregible’ hasta aproximadamente los dieciocho meses de edad. La cirugía de asignación de sexo debe realizarse cuando el tamaño del pene estirado es menor de 2 cm y además en la pubertad se deben administrar las hormonas correspondientes16. Conforme esta tesitura, es muy importante que estos infantes sean criados como niñas o niños sin que quede ninguna evidencia de la existencia de la anormalidad o ambigüedad de los genitales dado que, se asegura, la identidad de género seguirá a la anatomía percibida17. Asimismo, para que la construcción social del género sea exitosa, los padres no deben tener ninguna duda acerca de si el infante es varón o mujer y a los infantes se les debe informar sobre su situación con explicaciones apropiadas para su edad18. En esta mirada subyace la creencia de que los infantes son psicosexualmente neutrales, que tanto conscientemente como subconscientemente notan la presencia o ausencia del pene, observan las distinciones sociales entre hombres y mujeres y se comportan característicamente con los estándares de género existentes en el lugar en el cual son criados. Por ello, ante alguna duda respecto de su sexualidad, debe asignárseles una cuanto antes. Demás está decir que esta corriente no cuestiona el modelo dominante bipolar de sexo/género sino que es la premisa normativa fundante de su conocimiento.

En gran parte, Money basó su teoría en el famoso caso John/Joan19. Siguiendo el consejo de Money, los padres de un bebé ‘normal’ que a los siete meses de edad había sufrido la ablación de su pene en una fallida circuncisión, accedieron a que dentro del año John fuera sometido a una operación a los efectos de crearle una vagina a los efectos de facilitar su feminización y fue criado como una nena. A fin de reforzar el tratamiento, todos los años Money y su equipo examinaba a Joan en el hospital John Hopkins de Baltimore. De su observación concluyó que el tratamiento fue un éxito y que John había aceptado su vida como Joan. A diferencia de los casos que hasta entonces había tratado Money, este caso no involucraba a un infante intersexual, sino que John era un bebé cuyo sexo no presentaba dudas20. El éxito del tratamiento en este caso le permitía comprobar en forma contundente la absoluta prioridad de la socialización sobre cualquier mandato de género que la naturaleza pareciera imprimir sobre el cuerpo sexuado, afirmando de este modo que la identidad sexual es una construcción social.

Muchos años después del informe que daba cuenta del éxito de tratamiento en el caso John/Joan, los doctores Milton Diamond y Keith Sigmunds realizaron un seguimiento del caso y descubrieron que John en realidad nunca había aceptado el género bajo el cual fue criado y que a los quince años empezó a vivir como hombre. Luego del descubrimiento del fracaso del caso en el que en gran parte Money y su equipo había basado la teoría relativa a la construcción social del sexo/género, la misma fue objeto de profundas críticas que llevaron a revisar el protocolo médico seguido en los casos de genitalia ‘ambigua’.

Dichas críticas consideran que la naturaleza establece un límite a la identidad de género y que es dentro de estos límites que las fuerzas sociales interactúan y se formulan los roles de género. Además, sostienen que no existe evidencia sobre la veracidad de los postulados relativos a que las personas son psicosexualmente neutrales al nacer o que un desarrollo psicosexual sano es dependiente del aspecto de los genitales sino que, por el contrario, existe una predisposición psico-sexual innata en la sexualidad de una persona21. Los mayores desafíos al paradigma que sostiene que la identidad de género depende enteramente del ambiente social provienen del campo de la neurociencia22. Por ejemplo, en el caso John/Joan, Diamond y Sigmunds concluyeron que el andrógeno prenatal al que estuvieron expuestos los mellizos fue más fuerte que la socialización en la constitución del género23, probando con ello que no se puede transformar socialmente –ni siquiera con la ayuda de cirugías y tratamientos hormonales- a una nena en un nene ni viceversa.

A partir del fracaso del caso John/Joan, muchos médicos han criticado la cirugía de asignación de sexo en infantes. Por ejemplo, el doctor William Reiner, quien en el pasado había realizado este tipo de cirugías, comenzó a observar recién nacidos a quienes se les había asignado uno de los dos sexos y que algunos años más tarde comenzaron a identificarse como del sexo/género contrario al asignado. En su última investigación de noventa y cuatro infantes intersexuales observó que más de la mitad genéticamente varones, se adecuaron/’transicionaron’ (transitioned) a varones a pesar de haber sido criados como mujeres y de haber sido sometidos a cirugías de asignación del sexo femenino24. Según este médico, existe evidencia suficiente para afirmar que hacer a los nacimientos intersexuales invisibles transformando su ‘ambigüedad’, ha significado negar a las personas intersexuales de una amplia y rica gama de posibilidades de realización personal. Además de la tortura física y psicológica que las personas intersexuales han sufrido para hacerlos encajar en las categorías de género tradicionales, las personas analizadas reportan que una de las inmodificables consecuencias de las cirugías es la supresión de la capacidad para sentir placer sexual y tener orgasmos. Ello en virtud de que en muchos casos lo que se realiza son lisa y llanamente clicterectomías.

Para Money y sus seguidores, la intersexualidad es el resultado de procesos esencialmente anormales, por ello, según ellos, los pacientes necesitan de tratamiento médico –ya sea la asignación de sexo por medio de una operación y/o tratamientos hormonales- para resolver esa ‘ambigüedad’ y poder subsumirlos bajo alguna categoría del par hombre/mujer. La intersexualidad es vista como una enfermedad, como una anormalidad que debe remediarse circunscribiéndola en alguna de las dos categorías de sexo/género ‘normales’, ‘naturales’ aceptadas y autorizadas por los parámetros sociales vigentes sobre la normalidad del sexo y del género.

Mauro Cabral cuestiona esto y afirma que “[l]a intersexualidad no es una enfermedad, sino una condición de no conformidad física con criterios culturalmente definidos de normalidad corporal, criterios que establecen (…) un mínimo posible para el largo de un pene culturalmente admisible, la máxima extensión de un clítoris culturalmente aceptable”25. Este entendimiento de la intersexualidad busca mostrar y que se reconozca que el abordaje contemporáneo de la intersexualidad (es decir, el manejo médico de los infantes intersexuales, los protocolos médicos para realizar cirugías de asignación de sexo, el manejo de la información que se les debe proveer a los padres y al infante, los criterios para evaluar el consentimiento informado de los infantes y adolescentes intersexuales y de sus padres), está basado en creencias y prejuicios culturales, de tanto médicos como padres, que terminan marcando para siempre el cuerpo y la psiquis de las personas intersexuales26.

Dichos prejuicios y creencias demandan que la ‘ambigüedad’ genital sea remediada para conformarse a lo ‘natural’, es decir, a la binariedad sexual indiscutida. Por consiguiente, el manejo de los casos de intersexualidad que realizan los médicos que llevan a cabo cirugías de asignación de sexo en recién nacidos, busca la preservación de lo ‘normal’ por medio de la asignación sexual de una de las dos categorías de sexo/género socialmente aceptadas27. Aquí el género no sólo es una construcción social en la teoría sino que literalmente puede ser construido a través de la intervención humana28. Así, para asegurar la preservación de las divisiones de género, deben controlarse aquellos cuerpos que son tan disruptivos como para llegar a borrar los límites de dicha división29. Y dado que las personas intersexuales, en algunos casos por completo, en otros parcialmente, abarcan/contienen o, visto de otro modo, expulsan/excluyen, ambos sexos, significan una enorme amenaza y terminan debilitando los argumentos a favor de la diferencia del sexo/género30.
3) Una Ausencia en la Agenda Feminista
En las décadas del sesenta y setenta la teoría de Money atrajo la atención del feminismo ya que ofrecía la oportunidad de apartarse de las limitaciones impuestas a las mujeres por la biología y las normas sociales, abriendo de este modo un nuevo espacio de cambio social31. La premisa relativa a la posibilidad de diferenciar entre el dominio cultural y el biológico en la que se basaba la distinción sexo/género, posibilitó un nuevo campo de estudio para la investigación feminista referido a la variabilidad cultural e histórica del género. De este modo, el feminismo desafió al determinismo biológico establecido dogmáticamente por una ciencia que era sexista.

Distintas vertientes de teorías feministas han fundado sus críticas contra los estereotipos de género masculinos y femeninos que se siguen de la división ‘natural’ del sexo en el par mujer/hombre32. Su foco principal de atención consiste en desnaturalizar estos estereotipos ya sea en virtud de que las categorías de género femenino/masculino están establecidas por la hegemonía heterosexual con su tabú sobre la homosexualidad y/o porque conforman un sistema de jerarquía social y de imposición de poder desigual que ubica a la mujer como inferior al hombre. Pero todo esto sin cuestionar la “naturalidad” de dicha división33.

Sólo quienes han teorizado sobre los desafíos que plantean las personas transgénero e intersexuales al dualismo sexual, han cuestionado la naturalidad/esencialidad de la división entre el hombre y la mujer34. En virtud de ello, no debe llamar la atención la ausencia en las agendas feministas de aquellos temas fundamentales para la vida de las personas que ponen en jaque la diferencia del sexo/género (confección de protocolos médicos respetuosos de la intersexualidad; cobertura médica gratuita de cirugías de asignación y reasignación de género y de tratamientos hormonales; reconocimiento del cambio de identidad en los documentos; entre muchos otros temas).

La oprobiosa medicalización/’normalización’ de las vidas de las personas de sexo variado -con su consecuente mutilación sexual en muchos casos-35, sumado a la ausencia de medidas que favorezcan una honesta identificación/adaptación/cambio/reasignación de género de las personas de género variado, son algunos de los temas ausentes en la mayoría de las distintas agendas feministas. Por ejemplo, entre otras cuestiones (algunas más específicas de las personas intersexuales, otras de las personas transgénero), se hace imperiosa la sanción y unificación de un protocolo médico respetuoso de los derechos del paciente intersexual y transexual, el establecimiento de cobertura médica de las cirugías de reasignación de sexo gratuita, legalización del cambio de identidad en los documentos de identidad, etc.

Una manera de incorporar en la agenda feminista los temas vinculados a la identidad sexual de las personas de sexo variado, consiste en considerar que el sexo no preexiste a la conformación cultural del género sino que es un producto cultural de igual modo que lo es el género. En otras palabras, conforme esta tesitura, el sexo no puede ser nunca anterior al género ya que el género es la norma a través de la cual se lo piensa. En este sentido, el mismo sexo biológico/anatómico con su presunto binarismo es resultado de una lectura ideológica del cuerpo. Por lo tanto, no tiene sentido definir al género como una interpretación cultural del sexo si el sexo mismo es una categoría ya generizada (‘gendered’). Como señala Judith Butler, el cuerpo es un sistema que simultáneamente produce y es producido por significados sociales, es el resultado de acciones combinadas y simultáneas de la naturaleza y lo social36.

Para Butler, el hecho de tratar a la materialidad del sexo como algo dado presupone y consolida las condiciones normativas de su propio surgimiento. Por ello, le interesa indagar a través de qué normas regulatorias el sexo se materializa. Butler indica que “[e]l mismo concepto de sexo es problemático dado que se ha formado a través de una serie de cuestionamientos sobre lo que deber ser el criterio decisivo para distinguir entre los dos sexos; el concepto de sexo tiene una historia que está cubierta por la figura del sitio o superficie de inscripción. Imaginado como tal sitio o superficie, sin embargo, lo natural es construido como aquello que tampoco tiene valor; más aún, asume su valor al mismo tiempo que asume su carácter social, es decir, al mismo tiempo que lo natural se rinde/renuncia como lo natural”37.

Al respecto no debe soslayarse que las prácticas, estándares, experimentos e investigaciones médicas son producidos dentro de un sistema social con determinadas creencias sobre el sexo y el género38. Donna Haraway, señala que las ciencias bio-sociales no sólo han sido sólo espejos sexistas de nuestro mundo social, sino que también han sido herramientas para la reproducción de dicho mundo, tanto al brindar ideologías legitimadoras y al aumentar su poder material. Esta autora también destaca el rol que las redes científicas tienen en determinar crucialmente quién hace la ciencia y qué ciencia es considerada buena y muestra cuán profundamente las creencias culturales penetran en la investigación médica supuestamente neutral en valores. Tal penetración es observable en el caso del protocolo médico actual que indica la cirugía a fin de ‘reconstruir’ los cuerpos diferentes de los infantes, pero sanos, para hacerlos ‘normales’39.

Al depender de entendimientos culturales, las creencias y criterios utilizados para definir el sexo de una persona se han ido modificando con el paso del tiempo40. En este sentido, Alice Dumarat Dreger afirma que “la respuesta a la pregunta acerca de cual es realmente la clave para ser un hombre, una mujer u otro (...) necesariamente cambia con el tiempo, con el lugar, con la tecnología y con las serias implicancias –teóricas y prácticas, científicas y políticas- de cualquier respuesta. La respuesta es, en un sentido crítico e histórico, específica al tiempo y al lugar”41. Por consiguiente, las diferentes interpretaciones sobre qué es lo ‘natural’, ‘normal’ o ‘ambiguo’, dependerán necesariamente de la concepción prevaleciente sobre el género y el sexo existente en determinado lugar y en una época específica42.

Es momento de cuestionar si el paradigma de los dos sexos/géneros, todavía prevaleciente en las ciencias médicas y en muchas teorías feministas, puede mantenerse erguido frente a un porcentaje importante de la población mundial que por distintas causas no encaja en ninguno de estos casilleros.



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