Isis Sin Velo Tomo II



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LA CLAVE ARQUITECTÓNICA

Uno de estos signos misteriosos se descubre en la peculiar estructura de ciertos arcos de los templos. El autor de El país del elefante blanco observa como pormenor curioso “la falta de clave en los arcos del edificio y las inscripciones indescifrables que campean en los muros”. En las ruinas de Santa Cruz de Quiché encontró Stephens una galería abovedada sin clave y lo mismo echó de ver en las desoladas ruinas de Palenque, por lo que supuso que “los constructores ignoraban evidentemente los principios constructivos del arco y así colocaban las dovelas en posición imbricada, según las iban montando, como en Ocosingo y en los restos ciclópeos de Grecia e Italia (155).

Tal vez nos diera el manual masónico la solución de este enigma, porque la clave tiene un significado esotérico que si no comprenden deben comprender los masones de grado superior. La historia de la masonería nos dice que Enoch fue el constructor del más importante edificio subterráneo. En una visión que tuvo este patriarca le guió Dios por el interior de nueve bóvedas y, en consecuencia, construyó con ayuda de su hijo Matusalén en las entrañas de un monte del país de Canaán nueve aposentos según la traza que la visión le mostrara. Cada aposento tenía su correspondiente bóveda con clave, en que estaban inscritos los caracteres miríficos que representaban los nueve nombres atributivos que a la Divinidad dieron los masones anteriores al diluvio. Después construyó Enoch dos deltas de oro purísimo, en cada uno de los cuales trazó dos caracteres misteriosos, colocando un delta en la bóveda más profunda y confiando el otro a Matusalén, a quien al mismo tiempo comunicó importantes secretos, hoy perdidos para la masonería. Estos secretos, desconocidos de los modernos masones, nos explicarían que las claves se empleaban tan sólo en ciertos arcos de los templos, en las partes destinadas a determinado objeto.

Los monumentos religiosos de todos los países ofrecen otro punto de semejanza en la estructura y dimensiones de las piezas arquitectónicas. Todos estos edificios corresponden a la época de Hermes Trismegisto, y aunque la obra parezca más o menos antigua o más o menos moderna, se advierte en sus proporciones matemática analogía con patios, galerías, atrios, corredores y pasadizos subterráneos, de los que se infiere la identidad de ritos religiosos allí celebrados, aunque discrepase el estilo arquitectónico de los templos. Al tratar del de Stonehenge dice Stukely:


Este edificio no fue construido con arreglo a medidas latinas, como lo demuestran la multitud de fracciones resultantes al aplicar las escalas europeas, al paso que la medición es exacta si se emplea por unidad lineal el codo que empleaban los hebreos hijos de Sem y los fenicios y egipcios hijos de Cam (156) quienes imitaron los monumentos de piedra sin labrar y los litos oraculares.

EL ENIGMA DE LA ESFINGE

También son un dato muy importante los lagos artificiales y su peculiar disposición en los recintos sagrados, pues aparte de la analogía constructiva que ofrecen los de Karnak, Nagkon-Wat, Copán y Santa Cruz de Quiché, el área de todos ellos está computada con arreglo a cálculos cíclicos, por el estilo de los empleados en las construcciones druídicas cuyos circuitos constan generalmente de doce, veintiuna o treinta y seis piedras y el punto céntrico corresponde a Assar o Azón, esto es, el nombre genérico de la divinidad del círculo, cualquiera que sea su nombre individual. Los trece dioses-sierpes de los mexicanos tienen remoto parentesco con las trece piedras de las ruinas druídicas. La (tau) y la (cruz astronómica de Egipto) aparecen visiblemente en las ruinas de Palenque. En el jeroglífico de un bajorrelieve del palacio de Palenque, se ve una (tau) debajo de la figura sedente sobre cuya cabeza extiende con la mano izquierda el velo de la iniciación otra figura en pie que señala al cielo con los dedos índice y medio de la derecha, o sea la actitud benedicente de los obispos cristianos y la en que suele representarse a Jesús en la Cena. También se encuentra en las ruinas de Palenque la figura de estuco, con cabeza de elefante, de Ganesha, el dios indo de la sabiduría o ciencia mágica. ¿Qué explicación pueden darnos de estas analogías los arqueólogos, los filólogos y, en suma, la lucida hueste de académicos? Ninguna absolutamente. Todo lo más podrán forjar hipótesis que se sucedan infructuosamente unas a otras. Los “eslabones perdidos” que tan perplejos ponen a los científicos, así como la clave de los milagros antiguos y de los fenómenos modernos y la solución de los problemas psicológicos y fisiológicos está en manos de las Fraternidades secretas.algún día se descubrirá este misterio. Pero hasta entonces, el tenebroso escepticismo eclipsará con sus horribles sombras la verdad divina y anublará la visión espiritual de la humanidad. La multitud contagiada por la mortífera epidemia de nuestro siglo, el desesperante materialismo, dudarán angustiosamente de la supervivencia del hombre, aunque este punto haya sido resuelto por generaciones de sabios. Respuesta a toda pregunta nos dan las graníticas páginas de las criptas, las esfinges, los propileos y los obeliscos cuyas inscripciones no lograron borrar las injurias del tiempo ni los agravios recibidos de manos cristianas. En estos monumentos dejaron sus constructores la solución que, ¿quién es capaz de decirlo?, tal vez sus antepasados dieron a problemas que tanto conturban hoy a los no iniciados. La clave de la interpretación estuvo custodiada por quienes saben comunicarse con la invisible Presencia y escucharon la verdad de los propios labios de la Naturaleza. De esta suerte son los monumentos antiguos a manera de silenciosos guardianes de las puertas del mundo invisible que sólo se abren para los elegidos.

A despecho del tiempo, de las estériles investigaciones de la ciencia profana y de las injurias de las religiones reveladas, sólo descifrarán estos monumentos sus enigmas a los herederos de los iniciados en los Misterios. Los fríos y pétreos labios del un tiempo parlante Memnon y de las intrépidas esfinges guardan rigurosamente sus secretos. ¿Quién romperá el sello que los cierra? ¿Qué pigmeo materialista moderno o qué saduceo incrédulo se atreverá a levantar el VELO DE ISIS?



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