Isis Sin Velo Tomo II



Descargar 1.02 Mb.
Página61/85
Fecha de conversión05.02.2019
Tamaño1.02 Mb.
1   ...   57   58   59   60   61   62   63   64   ...   85

EL SABRISMO CALDEO

Oigamos ahora lo que dice Draper de un pueblo que, según Albrecht Müller (55), acababa de salir de la edad de bronce para entrar en la de hierro:


Si Caldea, Asiria y Babilonia nos ofrecen estupendas y venerables antigüedades cuyo origen se pierde en las sombras del tiempo, no le faltan a Persia maravillas de épocas posteriores. Los pórticos de Persépolis abundaban en portentosas esculturas, tallas, esmaltes, obeliscos, esfinges, toros colosales, anaqueles de alabastro y otras bellezas artísticas. Ecbatana, capital de los medos y residencia vernal de los monarcas persas, estaba defendida por siete muros circulares cuya altura aumentaba de exterior a interior y cuyas piedras talladas y pulidas eran de colores armonizados astrológicamente con los de los siete planetas. El palacio real tenía el tejado de plata, las vigas forradas de oro y a media noche multitud de lámparas de nafta emulaban en los patios la luz del sol. Parecía un paraíso plantado por el fausto de los monarcas orientales en el centro de la ciudad. El imperio persa era verdaderamente el jardín del mundo... Tras los estragos del tiempo y de los saqueos de tres conquistadores, todavía estaban en pie las murallas de Babilonia de sesenta millas de circuito y ochenta pies de altura (56) y se veían las ruinas del templo de Belo en cuya cúpula, que parecía hendir las nubes, se encontraba el observatorio en donde los sabios astrónomos caldeos se comunicaron nocturnamente con los astros. Aun quedaban vestigios de los palacios de jardines colgantes en que medraban plantas aéreas y se veían restos de la máquina elevadora de las aguas del río. También hubo un lago artificial en el que mediante una vasta red de acueductos y presas se recogía el agua procedente de la fusión de las nieves de las montañas de Armenia y la llevaban a la ciudad por entre los diques del Eufrates. Pero lo más admirable de todo era sin duda el túnel construido bajo el lecho del río (57).
Los comentadores y críticos contemporáneos juzgan de la sabiduría de los antiguos tan sólo por el exoterismo de los templos y no quieren o no saben penetrar en el solemne adyta de la antigüedad, donde el hierofante enseñaba al neófito la verdadera significación del culto público. Ningún sabio antiguo pensó que el hombre fuese el rey de la creación ni que para él hubiesen sido creadas las estrellas del cielo y nuestra madre tierra. Prueba de ello nos da el siguiente pasaje:
No pongas tu atención en las vastas dimensiones de la tierra porque en su suelo no medra la planta de la verdad. Ni midas tampoco el tamaño del sol con sujeción a reglas, porque la voluntad del Padre lo mueve y no para tu provecho. No te fijes en el impetuoso curso de la luna, porque la necesidad la impele. El movimiento de los astros no se ordenó para ti (58).
Esta enseñanza es demasiado elevada para atribuir a sus autores la divina adoración del sol, de la luna y las estrellas; pero como la sublime profundidad de los conceptos mágicos trasciende a cuanto pueda alcanzar el moderno pensamiento materialista, cae sobre los filósofos caldeos la acusación de sabeísmo supersticioso, tan sólo imputable al vulgo de aquellas gentes, pues había enorme diferencia entre el culto público y oficial del Estado y el verdadero culto que únicamente se enseñaba a los dignos de aprenderlo.

Citaremos otro pasaje para demostrar lo infundado de la acusación de supersticiosos levantada contra los magos caldeos. Dice así:


No es verdad el amplio vuelo de las aves ni la disección de las entrañas de las víctimas. Todo ello son chucherías en que se apoya el fraude venal. Huye de estas cosas si quieres que para ti se abra el sagrado paraíso de la piedad donde están hermanadas la virtud, la sabiduría y la justicia (59).

Ciertamente, que no merecen inculpación de fraude venal quienes contra este riesgo precaven a las gentes; y si operaban hechos al parecer milagrosos ¿quién negará con justicia que eran capaces de tales obras porque sus conocimientos de filosofía natural y psicología aventajaban a los de las escuelas contemporáneas? ¿Qué no sabían los magos caldeos? Está probado que determinaron correctamente el meridiano terrestre antes de la construcción de las pirámides. Se valían de relojes y cuadrantes para medir el tiempo y empleaban por unidad de longitud el codo (60). También tenían unidad ponderal, según dice Herodoto, y en cuanto a monedas se servían de anillos de oro y plata evaluados a peso. Desde tiempos muy remotos emplearon los sistemas de numeración decimal y duodecimal y estaban muy adelantados en álgebra. A este propósito dice un autor anónimo: “¿cómo hubieran podido aplicar tan enormes fuerzas de no comprender perfectamente el secreto de lo que hoy llamamos energía mecánica?”

EL LINO EGIPCIO

Según testimonio de la Biblia, también conocieron los egipcios el arte de tejer el lino y otras telas de sutil urdimbre. Cuando José compareció en presencia del Faraón, vestía una túnica de lino finísimo con cadena de oro y muchos otros aderezos. El lino de Egipto era famoso en todo el mundo y los lienzos de esta tela en que aparecen envueltas las momias se conserva admirablemente. Plinio refiere que 600 años de la era cristiana, el rey Amasis envió a Lindo una vestidura cuyos hilos constaban de 360 cabos. Al hablar Herodoto (61) de los misterios de Isis nos da idea de la “admirable suavidad de las vestiduras de lino que llevaban los sacerdotes” (62).

Basta consultar el Éxodo para convencerse de la habilidad que suponían en los israelitas (discípulos de los egipcios), las labores del tabernáculo y el Arca de la Alianza. Josefo encomia la incomparable belleza y maravillosa labor de las vestiduras sacerdotales adornadas “con granadas y campanillas de oro” y la pedrería del thummim o pectoral del sumo pontífice; pero está ya fuera de duda que los hebreos tomaron de los egipcios los ritos y ceremonias del culto religioso, así como el traje de los levitas. Clemente de Alejandría confiesa, aunque con repugnancia, este remedo de los hebreos, y lo mismo reconocen Orígenes y otros Padres de la Iglesia, sin que, como es natural, falten de entre ellos quienes atribuyan la semejanza a estratagemas de Satanás cuya astucia preveía los acontecimientos. El astrónomo Proctor dice en una de sus obras que el pectoral de los pontífices israelitas era joya de directa procedencia egipcia, pues la misma palabra thummim es de notorio origen egipcio y se la apropió Moisés con todo lo demás de sus ritos, porque en las representaciones pictóricas del juicio de los muertos, el dios Horus (63) guía al difunto mientras que Anubis coloca en uno de los platillos de la balanza el vaso de las buenas acciones, por ver si equilibra el peso de la diosa de la verdad (Thmèi) figurada en el otro platillo, así como también en el pectoral del juez” (64).

Los egipcios conocieron todas las artes decorativas. Labraban admirablemente el oro, la plata y las piedras preciosas que los lapidarios tallaban, pulían y engarzaban con primoroso estilo (65). Las imitaciones en vidrio de toda clase de piedras preciosas y más particularmente de la esmeralda, superaban a cuanto en este artículo se hace hoy día.




Compartir con tus amigos:
1   ...   57   58   59   60   61   62   63   64   ...   85


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal