Isis Sin Velo Tomo II



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EL FUEGO TRINO

La filosofía esotérica consideró en todo tiempo el fuego como elemento trínico. De la propia suerte que el agua es un fluido visible con gases invisiblemente disueltos en su masa y subyacente en ella el espiritual principio de la energía dinámica, así también reconocían los herméticos en el fuego tres principios: la llama visible, la llama invisible (8) y el espíritu. A todos los elementos aplicaban la misma regla y sostenían la trínica constitución de los compuestos inorgánicos y orgánicos, incluso el hombre. En opinión de los rosacruces, legítimos sucesores de los teurgos, es el fuego origen no sólo de los átomos materiales, sino también de las fuerzas dinámicas. Al extinguirse la visible llama del fuego, ya no la ve más el materialista; pero el filósofo hermético la sigue viendo más allá del mundo físico, de la propia suerte que sigue la estela del espíritu desencarnado o “chispa vital de la llama celeste” en su tránsito al mundo etéreo a través de la tumba (9).

Tiene este punto demasiada importancia para dejarlo sin comentario. El grosero concepto que del fuego tienen las ciencias físicas revela su desdeñosa ignorancia de la espiritual mitad del universo. lAs mismas autoridades científicas, con sus humillantes confesiones, nos inducen a creer que la filosofía positiva se mueve sobre un tablado de tan carcomidos y endebles postes, que cualquier descubrimiento o invención puede dar al traste con los puntales del armatoste. Al afán que les domina de eliminar de sus conceptos todo elemento espiritual, podemos oponer la siguiente confesión de Balfour Stewart:
Se advierte la tendencia a dejarse llevar hacia los extremos y atender en demasía al aspecto puramente material de los fenómenos. Hemos de ir con cuidado en este punto, no sea que al huir de Scila caigamos en Caribdis, porque el universo ofrece más de un aspecto y posible es que haya en él comarcas inexplorables para los físicos tan sólo armados de pesas y medidas..., pues nada o muy poco sabemos de la constitución y propiedades íntimas de la materia ya organizada ya inorgánica (10).
Respecto a la supervivencia del espíritu nos da Macaulay una todavía más explícita declaración en el siguiente pasaje:
En cuanto al destino del hombre después de la muerte, no acierto a ver por qué el europeo culto, pero sin otro valimiento que su propia razón, ha de estar más en lo cierto que el indio salvaje, pues ni una sola de las muchas ciencias en que aventajamos a los salvajes da la más leve insinuación sobre el estado del alma después de extinguida la vida animal. Lo cierto es, según nos parece, que cuantos filósofos antiguos y modernos, desde Platón a Franklin, quisieron demostrar sin auxilio de la revelación la inmortalidad del hombre fracasaron deplorablemente en su intento.
Sin embargo, hay percepciones espirituales muchísimo más fáciles de probar que los sofismas del materialismo; pero lo que Platón y sus discípulos veían patentemente verdadero, es para los científicos modernos superfluo error de una filosofía espuria. Se han invertido los métodos científicos con menosprecio del testimonio y demostraciones de los antiguos filósofos, que estaban más cercanos a la verdad por su mayor conocimiento del espíritu de la naturaleza reveladora de la Divinidad. Para los modernos pensadores, la sabiduría antigua es un cúmulo heterogéneo de redundancias sin método ni sistema, a pesar de que contra tan despectivo juicio vemos que supeditaban la fisiología a la psicología, mientras que los modernos científicos posponen la psicología a la fisiología, en cuales ciencias no sobresalen gran cosa, según ellos mismos confiesan.

Por lo que toca al último extremo de la objeción de Macaulay, dióle ya anticipada réplica Hipócrates al decir hace muchos siglos:


Todas las ciencias y todas las artes han de indagarse en la naturaleza que, si la interrogamos debidamente, nos revelará las verdades relativas, no sólo a ella, sino a nosotros mismos. lA naturaleza en acción no es ni más ni menos que la manifestada presencia de Dios. ¿Cómo hemos de interrogarla para que nos responda? Hemos de proceder con fe, firmemente convencidos de que al fin descubriremos la verdad completa. Entonces la naturaleza nos pondrá la respuesta en el sentido íntimo que, auxiliado por el conocimiento en ciencias y artes, nos revelará la verdad tan claramente, que sea imposible toda duda (11).

INSTINTO Y RAZÓN

Por lo tanto, en el caso de que tratamos está más en lo cierto el sentido íntimo del salvaje creyente en la inmortalidad, que el poderoso raciocinio del científico escéptico. Porque la intuición es universal dádiva del divino Espíritu y la razón deriva del lento desarrollo de nuestro cerebro físico. La intuición, que en su grado inferior e incipiente llamamos instinto, se oculta como chispa divina en el inconsciente centro nervioso del molusco, se manifiesta primariamente en las acciones reflejas del gran simpático, y se explaya en paridad con la dual evolución de la vida y la conciencia, hasta convertirse de automatismo en intuición. Pero aun en los animales cuyo instinto les mueve a la conservación del individuo y la propagación de la especie hay un algo inteligente que regula y preside los movimientos automáticos.

Lejos de estar en pugna esta teoría con la de la evolución, que tan eminentes defensores tiene hoy día, la simplifica y complementa, prescindiendo de si cada especie fue o no creada independientemente de las otras, porque la cuestión de materia y forma queda en lugar secundario cuando con preferencia se atiende al espíritu; y, por lo tanto, según vayan perfeccionándose las formas por evolución física, mejor instrumento de acción hallará en el sistema nervioso la mente directora, así como un pianista arranca de un magnífico piano armonías que no brotarían de una espineta. Por consiguiente, poco importa para el caso que el impulso instintivo quedara directamente infundido en el sistema nervioso del primer radiario o que, como opina más razonadamente Spencer, cada especie lo haya ido desarrollando poco a poco por sí misma. Lo importante es la evolución espiritual, sin la que no cabe concebir la física, pues ambas son igualmente indemostrables por experimentación y no es posible anteponer una a otra. De todos modos, hemos de volver a la antiquísima pregunta formulada en las Symposiacas de Plutarco sobre si fue primero el huevo o la gallina.

El método aristotélico ha cedido ya en toda la línea al platónico, y aunque los científicos no reconocen otra autoridad que la suya propia, la orientación mental de la humanidad se restituye al punto de partida de la filosofía antigua. Esta misma idea expresa acabadamente Osgood Mason en el siguiente pasaje:


Los dioses mayores y menores de las diversas sectas y cultos van perdiendo la veneración de las gentes, pero en cambio empieza a iluminar el mundo, como aurora de más serena y suave luz, el concepto, aunque todavía impreciso, de una consciente, creadora y omnipresente Alma de las almas, la Divinidad causal, no revelada por la forma ni por la palabra, pero que se infunde en toda alma viviente del vasto universo, según la capacidad receptiva de cada cual. El templo de esta divinidad es la naturaleza y su culto la admiración (12).
Coincide este concepto con el de los primitivos arios, que deificaban la naturaleza, y concuerda con las enseñanzas budistas, platónicas, teosóficas, cabalísticas y ocultistas, así como con el pensamiento dominante en el ya citado pasaje de Hipócrates.

Pero volvamos al asunto. El niño no tiene todavía uso de razón, que está latente en él, y sin embargo, es en instinto muy inferior a los irracionales, pues se quemará o ahogará abandonado a sí mismo en cercanía del fuego o del agua, mientras que el gato cachorro huirá instintivamente de ambos riesgos. El débil instinto del niño se desvanece a medida que la razón se afirma gradualmente. Tal vez se objete contra la espiritualidad del instinto, diciendo que es más vigoroso en los animales porque no tienen alma; pero este argumento carece de valor lógico, pues no conocemos por experiencia la naturaleza íntima del animal que no posee, como el hombre, el don de la palabra ni puede actualizar sus potencias psicológicas.




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