Isis Sin Velo Tomo II



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EXPLICACIÓN LÓGICA

Presupuesta esta verdad, examinemos ahora los efectos de la energía eléctrica en sí misma y respecto de los objetos de actuadción, así como también las circunstancias que acompañan a estos efectos, y veremos:

1.º Que en favorables condiciones la electricidad, latente por doquiera, se actualiza unas veces bajo el aspecto eléctrico y otras bajo el magnético.

2.º Que unas substancias atraen y otras repelen la electricidad, según sean o no afines a este agente.

3.º Que la atracción eléctrica es directamente proporcional a la conductibilidad de la materia.

4.º Que la energía eléctrica altera en ciertos casos la disposición molecular de los cuerpos orgánicos e inorgánicos en que actúa, disgregándolos unas veces o restableciéndolos si están perturbados (como en los casos de electroterapia). También puede ser pasajera la perturbación producida por el agente eléctrico y dejar fotografiada en el objeto la imagen de otro en que previamente actuara.

Apliquemos ahora estas proposiciones al caso que vamos examinando. Según reconoce la patología tecológica, la mujer se halla durante el embarazo en estado sumamente emocionable, con las facultades mentales algo débiles, y por lo que toca al orden físico la transpiración cutánea difiere de la normal y pone a la embarazada en condiciones a propósito para recibir las influencias exteriores. Los discípulos de Reichenbach afirman que en tal estado es la mujer intensamente ódica, y Du Potet recomienda que no se la someta a experiencias hipnóticas. Las dolencias que aquejan a la embarazada afectan también al feto, y la misma influencia se advierte en lo tocante a las emociones, ya placenteras, ya dolorosas, que repercuten en el temperamento y complexión del futuro vástago. Por eso se dice con acierto que los hombres insignes tuvieron por madre a mujeres también insignes; y el mismo Magendie, no obstante negarlo en otro pasaje de su obra, confiesa que “la imaginación de la madre tiene cierta influencia sobre el feto y que el terror súbito puede ocasionar el aborto o retardar el proceso de la gestación (24).

Las imágenes mentales de la madre se transmiten al feto análogamente a las impresiones fotográficas producidas por la chispa eléctrica (25). Como quiera que la transpiración cutánea de la embarazada es muy activa, el fluido magnético sale por los poros de la piesl y se transmuta en electricidad, cuya corriente forma circuito con la electricidad etérea que, según admiten Jevons, Babbage y los autores de El Universo invisible, es la materia plasmante de toda forma e imagen mental. Las corrientes magnéticas de la madre atraen la electricidad etérea en que se ha plasmado instantáneamente la imagen del objeto que impresonó la mente de la madre, y como dicha corriente eléctrica, con la respectiva forma mental, penetra por los poros del cuerpo de la embarazada para cerrar el circuito, resulta afectado por ella el feto, según la misma ley que rige en las emociones y sensaciones.

Esta enseñanza cabalística es más científica y racional que la hipótesis teratológica de Geoffroi St. Hilaire calificada por Magendie de “cómoda y fácil por su misma vaguedad y confusión, pues pretende nada menos que fundar una nueva ciencia basada en leyes tan hipotéticas como la de la suspensión y retardo, la de la posición similar y excéntrica y especialmente de la que llama de los congéneres” (26).

El erudito cabalista Eliphas Levi, dice a este propósito:


Las embarazadas están mucho más sujetas que las otras mujeres a la influencia de la luz astral, que coopera a la formación del feto y les presenta constantemente las reminiscencias de las formas que pueblan dicha luz astral. Así sucede que muchas mujeres virtuosas dan aparente motivo a la murmuración de los maliciosos, porque el hijo tiene parecido fisionómico con alguna persona extraña cuya imagen vio la madre en sueños. Así también se van reproduciendo los rasgos fisionómicos de siglo en siglo. Por lo tanto, mediante el empleo cabalístico del pentagrama, puede una embarazada determinar las facciones del hijo que ha de tener, de modo que según piense en uno u otro personaje, salga parecido a Nereo o Aquiles, a Luis XV o Napoleón (27).
No podrá quejarse Fisher si los hechos no corroborran su hipótesis, pues se contradice en el siguiente pasaje.
Uno de los más formidables obstáculos en que tropieza el progreso de las ciencias es la ciega sumisión a la autoridad magistral, de cuyo yugo no hay más remedio que emanciparse para dar campo libre a la investigación de los fenómenos y leyes de la naturaleza, como indispensable antecedente de los descubrimientos científicos.

IMAGINACIÓN Y FANTASÍA

Si la imaginación de la madre puede influir en el crecimiento y aún en la vida del feto, igualmente podrá influir en su conformación corporal; pero aunque algunos cirujanos indagaron con ahinco la causa de las monstruosidades, concluyeron por atribuirlas a meras coincidencias. Por otra parte, no cabe lógicamente negar imaginación a los animales, y aunque parezca exagerado no faltan quienes también la conceden, rudimentariamente por supuesto, a ciertas plantas como las mimosas y las atrapamoscas (28). Porque si científicos de la valía de Tyndall se confiesan incapaces de salvar el abismo que en el hombre separa la inteligencia de la materia y de medir la potencia de la imaginación, mucho más misteriosa ha de ser la actuación cerebral de un bruto sin palabra.

Los materialistas confunden la imaginación con la fantasía; pero los psicólogos afirman que es la potencia creadora y plasmante del espíritu (29). Pitágoras la define diciendo que es el recuerdo de precedentes estados espirituales, mentales y físicos, mientras que considera la fantasía como el desordenado funcionamiento del cerebro físico. Desde cualquier punto de vista que examinemos el asunto, nos encontramos con el concepto que de la materia tuvieron los antiguos, quienes la consideraron fecundada por la ideación o imaginación eterna, que trazó en abstracto el modelo de las formas concretas. De no admitir esta enseñanza, resulta absurda la hipótesis de que el cosmos se fuera desenvolviendo gradualmente del caos, porque no cabe inferir en buen sentido, que la materia animada por la fuerza y dirigida por la inteligencia formara sin plan preconcebido un cosmos de tan admirable armonía. sI el alma humana es verdaderamente una emanación del alma universal, una partícula infinitesimal del primario principio creador, debe tener inherentes en mayor o menor grado los atributos del poder demiúrgico. Así como el Creador plasmó en formas concretas y objetivas la inactiva materia coósmica, también le cabe el mismo poder creativo al hombre que tenga conciencia de él. De la propia suerte que Fidias plasmó en la húmeda arcilla la sublime idea forjada por su facultad creadora, así también la madre consciente de su poder es capaz de modelar según su pensamiento y su voluntad el fruto de su vientre. Pero el escultor plasma una figura inanimada, aunque hermosamente artística, de materia inorgánica, mientras que la madre proyecta vigorosamente en la luz astral la imagen del objeto cuya sensación recibe y la refleja fotográficamente sobre el feto.

Respecto del particular dice Fournié:


Admite la ciencia con arreglo a la ley de gravitación que cualquier trastorno sobrevenido en el centro de la tierra repercutiría en todo el universo, y lo mismo cabe suponer respecto de las vibraciones moleculares que acompañan al pensamiento... La energía se transmite por medio del éter en cuya masa quedan fotografiadas las escenas de cuanto sucede en el universo, y en esta reproducción se consume gran parte de dicha energía... Ni con el más potente microscopio es posible advertir la más leve diferencia entre la célula ovárica de un cuadrúpedo y la del hombre... La ciencia no conoce todavía la naturaleza esencial del óvulo humano ni echa de ver en él características que lo distingan de los demás óvulos, y sin pecar de pesimista presumo que nada se sabrá jamás de cierto sobre ello, pues hasta el día en que nuevos métodos de investigación le permitan descubrir la secreta intimidad entre la energía y la materia, no conocerá la ciencia la vida ni será capaz de producirla (30).
Si Fournié leyera la conferencia del P. Félix podría responder amén al doble epifonema de ¡misterio!, ¡misterio!, con que el conferenciante epilogaba sus razonamientos.

Consideremos ahora el argumento contra la influencia de la imaginación de la madre en el feto, en que funda Magendie las monstruosidades animales. Si así fuera, ¿cómo explicar la cría de polluelos con cabeza de halcón, sino admitiendo que la presencia de esta rapaz hirió tan vivamente la imaginación de la clueca que reflejó la imagen del halcón en la materia germinativa del huevo? Otro caso análogo nos proporciona cierta señora de nuestro trato, una de cuyas palomas se espantaba siempre que veía al papagayo de la casa, y en la empolladura siguiente al mayor espanto, salieron del cascarón dos palominos con cabeza y plumaje de papagayo. A mayor abundamiento podríamos alegar la autoridad de Columella, Youatt y otros tratadistas, aparte de la experiencia acopiada por cuantos se dedican a la avicultura, en prueba de que si se excita la imaginación de la madre puede modificarse en gran parte el aspecto de la cría. Estos ejemplos nada tiene que ver con la ley de la herencia, pues las modificaciones del tipo resultan de causas accidentales.




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