Isis Sin Velo Tomo II



Descargar 1.02 Mb.
Página18/85
Fecha de conversión05.02.2019
Tamaño1.02 Mb.
1   ...   14   15   16   17   18   19   20   21   ...   85

FENÓMENOS DE CEVENNES

La obra de Figuier titulada: Historia de lo maravilloso en los tiempos modernos, abunda en citas de las más conspicuas autoridades en fisiología, psicología y medicina (55), que denotan cuán tímida, prejuiciosa y superficialmente trataron las cuestiones psicológicas. Impelido el autor por el turbulento espíritu de la ciencia, forma el propósito de acabar con la superstición y el espiritismo, ofreciéndonos un resumen de los más notables fenómenos mediumnímicos ocurridos en los dos últimos siglos. Abarca este resumen los casos de los profetas de Cevennes, camisardos, jansenistas, abate París y otros ya descritos por cuantos autores se han ocupado en este asunto durante los pasados veinte años, por lo que en vez de discutir la verdad o falsía de los hechos, nos contraeremos a la crítica de las explicaciones que de ellos dieron los científicos que los examinaron. Así verá el lector cuán poco puede esperar el ocultismo de la ciencia oficial, pues si los más famosos fenómenos psíquicos de la historia se tratan con tanta ligereza, mucha menor atención prestarán los científicos a otros fenómenos igualmente interesantes, aunque no tan ruidosos. La obra de Figuier está basada en informes académicos, procesos jurídicos y sentencias de tribunales que cualquiera puede consultar como documentos de comprobación; pero contra todo ello se revuelve el autor con peregrinos argumentos que merecen acerbos comentarios del demonólogo Des Mousseaux (56). El estudiante de ocultismo podrá escoger entre el escéptico y el mojigato.

Comencemos por los fenómenos ocurridos en Cevennes a fines de 1700. Una masa de dos mil personas, entre hombres, mujeres y niños, animados de espíritu profético resistieron año tras año a las tropas del rey que con las milicias del país llegaron a reunir un ejército de sesenta mil hombres. Esta inconcebible resistencia es ya de por sí un prodigio. Entre los informes oficiales que se dieron sobre el caso, se conserva el enviado a Roma por el abate Chayla, prior de Laval, quien declara en estos términos: “Es tan poderoso el espíritu maligno, que ni tortura ni exorcismo alguno bastan para expulsarlo del cuerpo de los cevenenses. Mandé que algunos poseídos pusieran las manos sobre ascuas y no sufrieron ni la más leve chamuscadura. A otros se les envolvió el cuerpo en algodones empapados de aceite y después se les prendió fuego sin levantar la más ligera ampolla. Otras veces los proyectiles de arma de fuego que contra ellos se disparaban se aplastaron entre ropa y piel sin ocasionarles el menor daño”.

En este y otros informes se apoya Figuier para argumentar según vamos a ver:


A fines del siglo XVII una vieja llevó a Cevennes el espíritu de profecía comunicándolo a unos cuantos jóvenes de ambos sexos que a su vez lo difundieron por todo el pueblo, siendo mujeres y niños los más fáciles al contagio, de suerte que todos los poseídos, aun las tiernas criaturas de un año hablaban por inspiración en correcto y puro francés desconocido de ordinario en aquella comarca cuya habla natural era el patués. Ocho mil profetas se derramaron por la comarca, y a presenciar tan maravilloso fenómeno acudieron muchos médicos de las Facultades de Francia, entre ellas la renombrada de Montpeller, quienes se admiraron de escuchar de labios de analfabetas criaturas discursos sobre materias de que no entendían ni una palabra. Sin embargo, los médicos no se daban cuenta de lo que veían, aunque muchos profetizantes comunicaban vigorosamente su espíritu a quienes intentaban romper el hechizo. Los discursos duraban a veces horas enteras, de modo que hubieran fatigado en estado normal a los diminutos oradores. Pero todos estos fenómenos no fueron ni más ni menos que efecto de una transitoria exaltación de las facultades intelectuales, según suele observarse en muchas afecciones del cerebro (57).
Escuchemos ahora los comentarios de Des Mousseaux:
No se concibe cómo Figuier atribuye a exaltación momentánea una tan prodigiosa serie de fenómenos como los que refiere en su obra, pues semejante exaltación momentánea dura muchas horas en cerebros de criaturas de un año, no destetadas todavía, que hablan en correcto francés antes de aprender ni una sílaba de su nativo patués. ¡Oh milagro de la fisiología! Debiéramos llamarte prodigio.

TEOMANÍA E HISTERISMO

Dice Figuier en su ya citada obra que el doctor Calmeil, al ocuparse en su tratado sobre la locura de la teomanía extática de los calvinistas, afirma que esta enfermedad debe atribuirse en los casos más benignos al histerismo, y en los más graves a la epilepsia. Pero Figuier opina por su parte que era una enfemedad característica a la que llama convulsión de Cevennes (58).

Otra vez tropezamos con la teomanía y el histerismo, como si las corporaciones médicas estuviesen aquejadas de atomomanía incurable, pues de otro modo no se comprende que incurran en tamaños absurdos y esperen que haya de aceptarlos la ciencia.

Prosigue diciendo Figuier que tan furibunda era el ansia de exorcisar y achicharrar, que los frailes veían poseídos en todas partes para cohonestar milagros con que poner más en claro la omnipotencia del diablo o asegurar la pitanza monacal. (59).

Des Mousseaux agradece a Figuier este sarcasmo, en gracia a que es uno de los pocos tratadistas franceses que no niegan la autenticidad de fenómenos realmente innegables, y además desdeña el método empleado por sus predecesores, de cuyo camino declaradamente se aparta, diciendo a este propósito:
No repudiaremos por indignos de crédito determinados hechos tan sólo porque se oponen a nuestro sistema. Antes al contrario, recopilaremos todos cuantos la historia compruebe y en ellos nos apoyaremos para darles explicación natural que añadiremos a las de los sabios que nos precedieron en el examen de esta cuestión (60).
Después dice Des Mousseaux (61) que Figuier pasa a ocuparse de los convulsionarios de San Medardo e invita a sus lectores a examinar bajo su dirección los prodigiosos fenómenos que, según él, son simples efectos de la naturaleza.

Pero antes de seguir analizando por nuestra parte las opiniones de Figuier, veamos en qué consistieron los milagros de los jansenistas, según comprobación histórica.

El año 1727 murió el abate jansenista París, en cuya tumba empezaron a observarse de allí a poco sorprendentes fenómenos que acudían a presenciar multitud de curiosos. Exasperados los jesuitas de que en el sepulcro de un hereje se operaran tales prodigios, recabaron de la autoridad la prohibición de acercarse a la tumba del abate; pero no obstante, continuaron repitiéndose los fenómenos durante unos veinte años, y el obispo Douglas pudo convencerse de ellos por sí mismo cuando con este solo propósito fue a París en 1749. En vista de lo infructuoso de sus tentativas para invalidar estos hechos, no tuvo el clero católico otro remedio que reconocerlos, aunque, como de costumbre, los achacó al diablo. A este propósito dice Hume:
Seguramente no se habrán atribuido jamás a taumaturgo algunos tantos milagros como los que se dice ocurrieron últimamente en París, junto al sepulcro del abate París. Los sordos oyen, los ciegos ven y los enfermos sanan apenas tocan la tumba, según testimonio de personas ilustradas... Ni los mismos jesuitas, a pesar de su cultura, del apoyo que reciben del poder civil y de su enemiga a los jansenistas cuya doctrina profesaba el difunto abate, han sido capaces de negarlos ni de dar satisfactoria explicación de ellos (62).



Compartir con tus amigos:
1   ...   14   15   16   17   18   19   20   21   ...   85


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal