Isis Sin Velo Tomo II



Descargar 1.02 Mb.
Página12/85
Fecha de conversión05.02.2019
Tamaño1.02 Mb.
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   85

OPINIÓN DE APULEYO

A esto añadiremos el siguiente pasaje de Apuleyo: “El alma humana (15) es un demonio al que en nuestro lenguaje podemos llamar genio. Es un dios inmortal, aunque ha nacido en cierto modo al mismo tiempo que el cuerpo en que habita. Por consiguiente, podemos decir que muere en el mismo sentido que decimos que nace. El alma nace en este mundo después de salir de otro mundo (anima mundi) en que tuvo precedente existencia. Así los dioses juzgan de su comportamiento en todas las fases de sus varias existencias y algunas veces la castigan por pecados cometidos en una vida anterior. Muere luego de separada del cuerpo en que ha cruzado la vida como en frágil barquichuelo y ésta es, según creo, la oculta significación de aquel epitafio tan comprensible para el iniciado: A los dioses manes que vivieron. Pero esta especie de muerte no aniquila al alma, sino que la transforma en larva, es decir, los manes o sombras llamados lares en quienes honramos a las divinidades protectoras de la familia cuando se mantienen en actitud benéfica; pero cuando sus crímenes los condenan a errar se convierten en larvas y son el azote de los malos y el vano terror de los buenos” (16).

Tan explícitamente se expresa Apuleyo en este punto, que los reencarnacionistas apoyan en su autoridad la doctrina de que el hombre pasa por sucesivas existencias en este mundo hasta eliminar todas las escorias de su naturaleza inferior. Dice Apuleyo claramente que el hombre viene a este mundo procedente de otro cuyo recuerdo se ha borrado de su memoria. Así como de conformidad con el principio exonómico de la división del trabajo pasa un reloj de operario en operario hasta completar todas las piezas de su máquina en acabado ajuste, según el plan previamente trazado en la mente del mecánico, así también nos dice la filosofía antigua que el hombre concebido en la mente divina va tomando forma poco a poco en los diversos talleres de la fábrica del universo hasta culminar su perfección.

La misma filosofía nos enseña que la naturaleza nunca deja nada imperfecto, y si fracasa en el primer intento, lo reitera hasta triunfar. Cuando se desenvuelve un embrión humano, el plan de la naturaleza es que produzca un hombre físico, intelectual y espiritualmente perfecto. El cuerpo ha de nacer, crecer y morir; la mente ha de educirse, robustecerse y equilibrarse; el espíritu ha de iluminar mente y cuerpo de modo que con él se identifiquen. Todo er humano ha de recorrer el “círculo de necesidad” para llegar al término de su perfección. Así como los rezagados en una carrera se afanan tan sólo al principio, mientras que el vencedor no para hasta alcanzar la meta, así también en la carrera del perfeccionamiento hay espíritus que se adelantan y llegan a la meta cuando los demás quedan detenidos por los obstáculos que les opone la materia. Algunos desdichados caen para no volverse a levantar y pierden toda esperanza de vencimiento, pero otros se levantan y empiezan de nuevo la carrera.


LOS ARHATES

Los indos temen sobremanera la transmigración y reencarnación en formas inferiores, pero contra esta contingencia les dio Buda remedio en el menosprecio de los bienes terrenos, la mortificación de los sentidos, el dominio de las pasiones y la contemplación espiritual o frecuente comunión con Atma. El hombre reencarna a causa de la concupiscencia y de la ilusión que nos mueve a tener por reales las cosas del mundo. De los sentidos proviene la alucinación que llamamos contacto, del contacto el deseo, del deseo la sensación (también ilusoria), de la sensación la concupiscencia, la generación, y de la generación la enfermedad, la cecrepitud y la muerte. Así, a la manera de las vueltas de una rueda se suceden alternativamente los nacimientos y las muertes cuya causa determinante es el apego a las cosas de la tierra y cuya causa eficiente es el karma o fuerza de acción moral en el universo de que deriva el mérito y demárito. Por esto dice Buda: “Quien anhele librarse de las molestias del nacimiento, mate el deseo para invalidar así la causa determinante o sea el apego a las cosas terrenas”. A los que matan el deseo les llama Buda arhates (17) que en virtud de su liberación poseen facultades taumatúrgicas. Al morir el arhat ya no vuelve a reencarnar y entra en el nirvana (18) o mundo de las causas, la suprema esfera asequible, en que se desvanece toda ilusión sensoria. Los filósofos budistas creen que los pitris (19) están reencarnados en grado y condiciones muy superiores a las del hombre terrestre, pero nada nos dicen acerca de las vicisitudes de sus cuerpos astrales.

La misma doctrina que enseñó Buda en India seis siglos antes de J. C., enseñó Pitágoras un siglo después en Grecia. Gibbon demuestra lo muy penetrados que los fariseos judíos estaban de esta doctrina de la transmigración de las almas (20). El círculo de necesidad de los egipcios está indeleblemente grabado en los antiquísimos monumentos de aquel país. Jesús, al sanar a los enfermos les decía siempre: “Tus pecados te son perdonados”. Esta expresión enciera la doctrina del mérito y demérito, análoga al concepto budista de que el enfermo sana cuando se le perdonan los pecados (21). Los judíos le dijeron al ciego: “¿Naciste del todo cargado de culpas y pretendes enseñarnos?”

Las opiniones de Dupuis, Volney e Higgins sobre la significación secreta de los ciclos, kalpas y yugas de induístas y budistas no merecen tenerse en cuenta porque dichos autores carecían de la clave necesaria para desentrañarla. Ninguna filosofía consideróa a Dios en abstracto, sino en sus diversas manifestaciones. La “Causa Primera” de las escrituras hebreas, la Mónada pitagórica, la “Esencia Única” de los induístas y el “En Soph” de los cabalistas expresan idéntico concepto. El Bhagavad indo no es creador, sino que se infunde en el huevo del mundo y de allí emana bajo el aspecto de Brahm, del mismo modo que la Duada pitagórica procede de la única y suprema Mónada (22). El Monas del filósofo de Samos es idéntico al induísta Monas (mente) que no tiene apûrva (causa material) ni está sujeto a aniquilación (23). En calidad de Prajâpati se diversifica Brahmâ desde un principio en doce dioses manifestados, cuyos símbolos son:




Compartir con tus amigos:
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   85


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal