Introducción a la historia del arte. Introducción al lenguaje artístico: ¿QUÉ es el arte? El concepto de Arte



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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DEL ARTE- Resumido a partir de apuntes del Prof. José Angel Mtnez.

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DEL ARTE .

INTRODUCCIÓN AL LENGUAJE ARTÍSTICO: ¿QUÉ ES EL ARTE?

El concepto de Arte

El término arte procede del término latino Ars. En la Antigüedad se consideró el arte como la pericia y habilidad en la producción de algo. Es sólo a partir de finales del siglo XV, durante el Renacimiento Italiano, cuando, por primera vez, se hace la distinción entre el artesano y el artista (artesanía y bellas artes) y, por ello mismo, entre el artesano, productor de obras múltiples, y el artista, productor de obras únicas. Quedando clasificadas las artes liberales (las actuales bellas artes) en tres oficios: escultores, pintores y arquitectos.

Es a finales del siglo XVIII y, sobre todo, a mediados del XIX (primera industrialización) cuando se da una verdadera oposición entre el producto artístico (trabajo global con carácter exclusivo) y el industrial (trabajo parcelado y producido en serie). En este periodo se dio un notable incremento de las colecciones privadas, se crearon las primeras academias de arte (sin acceso para las mujeres hasta principios del s. XX) y los primeros museos.

Surgió la idea de patrimonio con la aparición de los primeros museos (nacidos, en muchos casos, de las colecciones reales) y los especialistas‟ como críticos, galeristas y coleccionistas.



  1. EL ARTE Y LA CREACIÓN ARTÍSTICA

La creación artística es inherente al ser humano, desde la niñez y desde las primeras culturas del Homo Sapiens, el arte y el hombre son inseparables. La obra de arte es, ante todo, comunicación; es un código más de los creados por el hombre para expresar y transmitir ideas y sentimientos, por eso la creación artística es un lenguaje, el lenguaje artístico. Mediante el arte el hombre imita o expresa lo material o lo inmaterial, el artista expresa imágenes de la realidad física o humana o simplemente sentimientos, sueños o esperanzas. En definitiva, crea copiando, evocando o inventando.

El autor, independientemente de la época y del modo de expresión, es, ante todo, creador, unas veces respondiendo a criterios o normas de su civilización y otras expresando sus ideas y sentimientos con mayor libertad.



  1. NATURALEZA DE LA OBRA DE ARTE

La obra artística es el resultado de una serie de factores que influyen en el creador y en la obra de arte en sí, ya que en ella inciden y se resumen una serie de componentes individuales (la personalidad del artista), intelectuales (las ideas de la época), sociales (la clientela y los gustos de la sociedad del momento) y técnicos.

    1. La personalidad del artista

La obra de arte es reflejo de una personalidad creadora (No existe el arte, sólo artistas, señala E. Gombrich), por lo que podemos incluso llegar a apreciar las características psicológicas del artista a través de su obra (Autorretrato de Van Gogh; Autorretrato de P. Picasso).

    1. Las ideas y los gustos de la época.

Sobre la personalidad del artista se superpone el mundo de pensamientos y sentimientos de la época en la que el artista trabaja, lo que influye sobre sus creaciones consciente o inconscientemente. Pueden influir circunstancias excepcionales de la biografía de un artista (Los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya); los acontecimientos históricos que le tocan vivir (La Libertad guiando al pueblo, de Delacroix); o la obra de los contemporáneos, otro factor que influye en la producción de cada uno de los otros artistas. Por tanto, las obras de arte no son simplemente la expresión de un artista individual, sino que traslucen además múltiples aspectos de una época, de una sociedad, aunque la última palabra la tiene el genio individual (La romería de San Isidro, de Goya). El arte es reflejo de la sociedad del momento en que se crea.

    1. Los conocimientos técnicos

En la medida que la actividad artística exige destreza manual, las posibilidades y características del material sobre el que se trabaja y los conocimientos técnicos que se tienen, en general y sobre materiales concretos y sobre sus posibilidades de trabajo, influyen inevitablemente en la obra final. La historia del arte no es acumulativa, un estilo no supone un progreso sobre el anterior, ni el arte de un siglo implica superioridad sobre el de los precedentes, pero sí lo es en el sentido técnico, en cuanto que los medios de trabajo se van descubriendo y perfeccionando sucesivamente (Cromlech de Stonehenge; y Catedral de Toledo).

  1. LA OBRA ARTÍSTICA Y EL ESTILO

Denominamos “estilo artístico” a la forma de manifestarse un artista o una colectividad mediante unas características comunes que se repiten durante una determinada época. En arte se trata de un concepto fundamental, sin él careceríamos de los elementos que distinguen a todas las creaciones de una misma época y del sentido de la evolución de las formas. En relación con el proceso de evolución de los estilos y más concretamente refiriéndonos a su desaparición y sustitución por otros nuevos, algunos tratadistas basan sus explicaciones en la aparición de innovaciones técnicas, pero ésta es sólo una de las explicaciones posibles o aplicable únicamente a momentos concretos, porque también los cambios de estilo pueden deberse a cambios sociales, ideológicos, religiosos, políticos, etc.

  1. CLASIFICACIÓN DE LAS OBRAS DE ARTE

La clasificación que debemos establecer, al quedar en ella incluidas todas sus manifestaciones, es la que divide a las obras de arte en Artes Plásticas (arquitectura, pintura y escultura), Artes Decorativas (subordinadas a la arquitectura, como los mosaicos, vidrieras, yeserías, etc., y exentas, como la miniatura, el grabado, la orfebrería, los esmaltes, la cerámica...) y, por último, las Artes No Plásticas (literatura, música, danza, fotografía, cine, etc.).

  1. LA FUNCIÓN DEL ARTE

Desde siempre la función principal del arte (sobre todo de la pintura y de la escultura) había sido la imitación o representación de la realidad (Las Meninas, de Velázquez), pero hoy es evidente que la fotografía y el cine cumplen con mayor exactitud esta posibilidad. En la época contemporánea los artistas han tenido que buscar otras salidas, convirtiéndose el arte en un arte-creación (Las señoritas de Avignon de Picasso; y Composición de Mondrian), de alto contenido conceptual y subjetivo.

    1. La función de la escultura y la pintura.

La función tanto de la escultura como de la pintura ha evolucionado a lo largo de la Historia. En sus primeras manifestaciones (Bisonte de la cueva de Altamira; y Venus de Willendorf) sus funciones estaban definidas por su carácter mágico y religioso (función religiosa). Este carácter mágico-religioso ha estado asociado al arte hasta los inicios de la modernidad, ya que las instituciones religiosas han tenido un papel determinante en la creación artística a lo largo de la historia. Ha sido, además, un elemento común a todas las civilizaciones.

Posteriormente, cuando las instituciones políticas y religiosas comienzan a realizar grandes edificios (Estatuas del templo de Ramsés II en Abu-Simbel), la escultura y la pintura sirvieron para mostrar el poder y la riqueza de sus constructores (función política). En otras ocasiones (Arco de Constantino) destaca una clara función conmemorativa, convirtiéndose las obras de arte en importantes instrumentos “educativos” (función conmemorativa y educativa o propagandística). En todos estos casos son también elementos de representación de ideales estéticos (función estética).



    1. La función de la arquitectura.

Tiene un fin eminentemente utilitario, hay que atender prioritariamente a los aspectos técnicos, aunque también son importantes los aspectos estéticos, lo que ha permitido que la historia de los estilos arquitectónicos sea tan rica y variada (El Partenón; Museo Guggenheim de Bilbao de Frank O. Gehry).

6. TEORÍAS SOBRE EL ARTE

6.1. El arte como forma (formalismo)

El arte consiste en la combinación de colores, líneas y planos, etc. Estas obras generalmente no cumplen un fin. Es el llamado arte por el arte. La obra es el fin en sí misma.



6.2. El arte como expresión (expresionismo)

El arte representa en sus obras las emociones y sentimientos del autor. El artista trata de representar una experiencia emocional sirviéndose de las diferentes formas de expresión artísticas.



6.3. El arte como símbolo (simbolismo)

Teoría que se centra en la significación de la obra. Los signos estéticos se caracterizan por no ser referenciales, es decir, no hay una relación objetiva entre el signo y el objeto representado. Otra característica es que son iconos, es decir, establece semejanzas entre las propiedades del objeto y la imagen que lo representa. Expresan valores que contienen el signo mismo.



6.4. El arte para cambiar la sociedad.

El arte se da siempre en un contexto histórico y social determinado. Algunas teorías indagan sobre el propósito del artista en ese contexto. Consideran el arte (o al artista, más bien) como una fuerza social: el artista tiene una gran responsabilidad social, y ha de estar “comprometido” con su tiempo. Esta teoría fue defendida por los socialistas franceses del siglo XIX y pronto se extendió a otros países.



6.5. El arte como enseñanza moral.

La concepción moralista se basa en que el arte ha de estar al servicio de la moralidad, y se llega a considerar incluso de que debe ser rechazado todo arte que no prometa valores morales que se consideren aceptables. El moralismo en el arte se remonta a Platón (siglo IV a. de C.), para el que las tres ideas fundamentales a las que debe aspirar el ser humano son la de Belleza, Bondad y Justicia, habiendo entre ellas una íntima relación.



  1. FUNCIÓN SOCIAL DEL ARTE

La obra de arte desempeña una función como medio por el que nos acercamos a la cultura a la que pertenece, ya que la actividad espiritual humana tiene su reflejo en la obra artística. La belleza del lenguaje artístico contribuye a la formación estética de la persona que contempla la obra y ayuda a enriquecer su personalidad. Entre las diversas funciones del arte a lo largo del tiempo han estado, por ejemplo, la de propiciar la caza en el Paleolítico, contribuir a la exaltación o divinización de algunos monarcas desde las primeras civilizaciones, y también ser un instrumento eficaz para enseñar al pueblo y hacerle inteligibles determinados mensajes. Sin embargo, desde el siglo XIX, con la Revolución Industrial y el desarrollo del capitalismo, la obra de arte perdió la primitiva función y adquirió otros valores, convirtiéndose en una mercancía en manos de intermediarios, marchantes, casas de subastas…, lo que conlleva generalmente un mayor distanciamiento entre el creador y el cliente. En la actualidad, la función de la obra artística obedece a criterios especulativos, como la inversión o afianzar el prestigio del coleccionista, no necesariamente experto en la materia.

  1. ARTISTAS, MECENAS Y CLIENTES

En todo lo concerniente a la obra de arte (período al que pertenece, el artista que la crea, su función, la clientela que la demanda...) hay un alto grado de complejidad, ya que el hecho artístico es un acto social en sí mismo y consecuentemente, obedece a diversas directrices. El artista es un individuo que se gana la vida gracias a su trabajo, por lo que necesita de una especialización previa y, por supuesto, de una clientela que le haga sus encargos.

Desde la Antigüedad, los artistas se agruparon por profesiones, primero en calles o barrios artesanales, después en gremios y más recientemente en academias, asociaciones, colegios... Aunque siempre hubo quienes, dotados de una excepcional maestría, gozaron de un reconocimiento y hasta de un estatus privilegiado. Fue el caso de los escultores griegos Fidias y Praxíteles, de Leonardo da Vinc¡ y Miguel Ángel o, más tardíamente, de Goya o Picasso, por citar solo unos pocos ejemplos. Con todo, no cabe duda de que los artistas se fueron desligando lenta pero progresivamente del yugo que los consideraba artesanos que ejercitaban un trabajo mecánico y sin aspiraciones intelectuales. Sin embargo, no fue hasta bien entrado el siglo XVIII cuando, en líneas generales, fueron considerados como tales. Desde finales de la Edad Media, numerosos tratados vinieron a corroborar que la actividad artística debía ser considerada merecedora de reconocimiento y admiración. Esta situación fue aceptada y asumida con posterioridad, e incluso ha ido derivando hacia concepciones variopintas, al asociarse al artista con la vida bohemia y desordenada, académica, rupturista o vanguardista, según los casos. El mecenazgo artístico es un apartado de la creación plástica que ha sido reivindicado por los historiadores del arte desde hace tiempo. No cabe duda de que sin la protección dispensada por determinadas instituciones (caso de la Santa Sede o de las monarquías de los Austrias en España y de los Borbones en Francia) y personalidades de elevada cultura y sensibilidad (como el emperador Adriano, Lorenzo el Magnífico o el emperador Rodolfo II) difícilmente podríamos disfrutar en la actualidad de las obras de Bramante, Ticiano, Rubens, Velázquez, Poussin, Arcimboldo, Rodin, Moore, Miró y un incontable número de excepcionales artífices; ni desde luego de los museos ni colecciones que se han convertido en receptores privilegiados de sus obras maestras. Y es que coleccionar arte ha sido desde siempre símbolo de prestigio, de poder y, como no podía ser de otra manera, de riqueza. Por supuesto que por sí solo el mecenazgo no significa nada si no tenemos en cuenta el papel (más modesto pero imprescindible) que ha tenido y tiene la clientela privada. En esta se encontraban y se encuentran ricos mercaderes, parroquias y cofradías, gremios, compañías militares, marchantes, entidades financieras, industriales, galeristas… Al fin y al cabo, la clientela privada es la que (sin grandes alardes pero de una forma continua) ha mantenido vivo a lo largo de la historia del espíritu creativo de tantos y tantos artistas. En nuestro tiempo, multitud de galerías, ferias de arte y exposiciones se encargan de poner a la vista del público las obras pasadas y presentes de reconocidos o desconocidos artistas que muestran sus creaciones, y al mismo tiempo pueden ser fácilmente adquiridas de acuerdo con los gustos y la estética.



  1. LA MUJER EN LA CREACIÓN ARTÍSTICA

Desde la antigua Roma sabemos que hubo mujeres que se dedicaron al arte gracias al testimonio de Plinio el Viejo, aunque a ciencia cierta desconocemos todo sobre ellas. Por lo tanto, es obvio pensar que con posterioridad a Roma hubo otras artistas. Así, conocemos en la Edad Media a las miniaturistas Ende e Hildegarda de Bigen y las pintoras Margarita van Eyck, Teresa Díaz o Susana Horenbout; en la Edad Moderna, Sofonisba Anguissola, Lavinia Fontana, Artemisia Gentileschi, Marieta Robusti, Elisabetta Siri, Angélica Kauffmann o Mary Moser; y, desde el siglo xix en adelante, Judith Leyster, Mary Cassat, Cecilia Beaux, Berthe Morisot, Camille Claudel, Alice Bailly, Doris Lee, Elisabeth Vigeé Le Brun, Frida Kahlo, María Montoya, Joan Zinder y Aurora Valero, entre muchas otras. Si a ello añadimos que en España era práctica habitual en los siglos XVI y XVII que al desaparecer el cabeza de taller ocupara su puesto su viuda -incluso ejerciendo labores artísticas-, podemos comprender el papel destacado que la mujer históricamente ha desempeñado y, al mismo tiempo, cuestionar sin tapujos que su intervención haya sido injustamente silenciada por la crítica. Quizás iniciativas como la creación en 1981 del Museo Nacional de Mujeres Artistas en Washington ayuden a divulgar la dimensión artística femenina ante las nuevas generaciones de curiosos e interesar a los futuros investigadores, y con ello rechazar el mito de su papel secundario o inexistente en contraposición con el masculino. En 1989 un grupo de activistas feministas neoyorquinas portaban un cartel en el que se proclamaba: “¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar al Metropolitan Museum? Menos del 5 % de los artistas de la Sección de Arte Moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos”. Sobran las palabras.

El comentario Histórico de la obra de arte

Cualquier esquema de comentario ha de ser lo suficientemente flexible, de modo que pueda ser aplicado a cualquiera de las obras que estudiemos, con independencia del tipo que sea, la época a la que pertenezca e incluso sus propias peculiaridades. En el comentario tienen cabida todos nuestros conocimientos sobre la obra, incluso aquellos que no se aprecian en la ilustración, siempre que aporten una mejor comprensión de la misma y no sean un alarde gratuito de erudición confusa.

Podemos seguir el siguiente esquema:

  1. Clasificación de la obra, fundamentada en el análisis que ya hemos hecho. En ella estableceremos: Estilo. Escuela o etapa del mismo (si procede) Autor. Etapa de su producción a que pertenece (si procede). Título de la obra.

  2. Contenido y función, que habremos de tratar de forma diferente en la arquitectura respecto de las artes plásticas. o Tipo de edificio y su finalidad: Religioso (altares, iglesias, mezquitas, templos…) Funerario (pirámides, hipogeos, mausoleos) Civil: públicos (función política o jurídica, conmemorativos (arcos de triunfo), obras de ingeniería. Privados: casas, palacios, villas…. o Tema de la escultura o pintura: Identificación del mismo. Forma de representar: iconografía (cómo está representado, novedad). Simbología. o Función en el momento de su creación: mítica, religiosa, mágica, cívica, política, docente…

  3. La obra. o Circunstancias concretas de su realización y relación con el contexto sociocultural en que aparece. o Posibles antecedentes. o Su importancia en la producción total del artista. o Su trascendencia en la Historia del Arte.

  4. El autor. o Breve reseña biográfica, haciendo especial hincapié en las circunstancias que incidan en la obra objeto de estudio. El comentario de cualquier obra de arte se completará con una explicación de los procesos históricos claves de la época en que fue realizada. El objetivo de esta explicación será establecer las relaciones que existen entre el autor, la obra y el tiempo histórico en que se sitúan.



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