Institucion educativa la esperanza



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Biografía[]

Infancia y juventud[editar · editar código]


A los 12 meses y diecinueve días de la boda entre Ricardo Bartolomé Silva y María Josefa Feliciana Amelia Gómez, conocida familiarmente como "Vicenta", nació de su unión un niño, al que bautizaron a los cuarenta y tres días de nacido, como José Asunción Salustiano Facundo Silva Gómez. Nacido en una de las familias de clase alta más prominentes de Bogotá, fue considerado un poeta aristócrata.

«En la casa de habitación del señor Ricardo Silva, a ocho de enero de mil ochocientos sesenta y seis, el presbítero Trino de la C. Martínez, con licencia del ilustrísimo señor Arzobispo, bautizó solemnemente a un niño de cuarenta y un días, hijo lejítimo de los señores Ricardo Silva y Vicenta Gómez Diago y lo llamó José Asunción Salustiano Facundo; abuelos paternos los señores Asunción Silva Fortoul y María de Jesús Frade; maternos los señores ente Antonio Gómez Restrepo y Mercedes Diago; fueron padrinos los señores Salustiano Villar de la Torre y Mercedes Diago de Gómez, advertidos de lo necesario. Doi fe - Ignacio Castañeda».



Parroquia de las Nieves. Bogotá. José Asunción Salustiano Facundo Silva Gómez. Libro 14 de bautismos, 1a. parte, fl. 11 v. (Destacados de ESM). (Se conserva la ortografía original)

José Asunción Silva Gómez nació en una casa situada en la Plaza de San Francisco (Parque Santander, desde 1876.), marcada en el catastro de Bogotá con el número 1.396,10 propiedad de su abuela, Mercedes Diago de Gómez. Fue bautizado con los nombres de José Asunción, en memoria de su abuelo, José Asunción Silva Fortoul; de Salustiano, por su padrino, Salustiano Villar de la Torre, esposo de Ursula, la hermana gemela de Vicenta; y de Facundo, porque el 27 de noviembre era el día de San Facundo. Doña Mercedes Diago aseguraba que veía en el semblante de su nieto retratado el rostro noble del abuelo difunto, Vicente Antonio Gómez Restrepo. Ricardo Silva, el padre, opinaba, in pectore, que en José Asunción se marcaban con fuerza los rasgos admirables de María de Jesús Frade, su abuela paterna.





Fotografía de José Asunción Silva tomada a los cuatro años de edad por Demetrio Paredes.

José Asunción heredó, aumentadas y mejoradas con la sustancia del genio, las cualidades literarias de su padre, quien había escrito y publicado algunos artículos y "cuadros de costumbres" en periódicos locales. Nacido en el seno de una familia adinerada y de rancia alcurnia, su niñez transcurrió entre los libros y las veladas literarias de los escritores del grupo El Mosaico, realizadas con frecuencia en su casa, y de la que era integrante su padre Ricardo Silva. Crece con los cuidados de su madre y de sus abuelas, y desde entonces se le inculcan los valores propios de su clase: el cultivo de las buenas relaciones, la finura en los modales y la elegancia en la presentación. Estudio en los mejores colegios capitalinos (el Liceo de la Infancia, el Colegio de San José y el Alemán), destacándose como alumno aventajado; no comparte, sin embargo, los entretenimientos habituales de sus compañeros de aula. Se inclina por la lectura y la compañía de sus autores preferidos -Perrault, Andersen, Swift, Pombo, los hermanos Grimm-, concentrándose al tiempo en sus primeros ejercicios de escritura. Posteriormente a esta etapa escolar, su formación fue básicamente autodidacta.

Cuenta con diez años cuando muere su hermano Andrés Guillermo a causa de una epidemia de sarampión. Un año más tarde, en 1875, fallece su hermano Alfonso, a los 52 días de nacido y, coincidencialmente, un 24 de mayo, fecha en la que veinte años después él mismo se desojaría de la vida. Y faltaría todavía el deceso de la tercera hija del matrimonio Silva-Gómez, Inés Soledad, quien desaparece cuando el poeta está cercano a cumplir sus trece años de edad. En el hogar nacerían, además, otras dos niñas: Elvira, el 2 de marzo de 1872, y Julia, el 10 de octubre de 1877.

A esta racha trágica se sumarían otros sucesos perturbadores. El abuelo del poeta, quien se desempeñó como comerciante y tuvo inclinación por la lectura, había sido asesinado en 1864 por ladrones que asaltaron la hacienda Hatogrande, de su propiedad, dejando también herido a su hermano Antonio María Silva Fortoul, quien después del insuceso prefirió residenciarse en París, donde moriría en 1884, días antes de la llegada de José Asunción.

De otro lado, el poeta comienza a percibir el recelo y la inquina que despierta entre sus compañeros de edad, quienes lo ven como un niño fastidioso y presumido; este tipo de rechazo lo sentirá luego, ya mayor, por parte de escritores y de comerciantes, que le señalarán con apodos tales como «José Presunción», «Niño Bonito» o «La Casta Susana». Mientras tanto, dedica su tiempo libre a la lectura de poetas como Gustavo Adolfo Bécquer, Víctor Hugo, Manuel Gutiérrez Nájera, José Martí y otros que descubre en la prensa bogotana o en libros. Comienza, igualmente, sus primeros ensayos en la traducción de textos de Víctor Hugo, de Pierre-Jean de Béranger, de Maurice de Guérin, de Théophile Gautier, y la escritura de sus poemas juveniles, que reuniría bajo el título de Intimidades. Al mismo tiempo, le colabora a su padre en la atención del almacén, iniciándose en el aprendizaje de los asuntos comerciales.



Pronto asume responsabilidades de adulto. A los 19 años, sin cumplir todavía la mayoría de edad (para entonces estaba fijada a los 21), aparece como socio en las empresas de su padre y viaja a París, a pedido de éste, con el fin de establecer contactos con casas comerciales en Europa y de obtener la experiencia necesaria en dichos asuntos para cuando don Ricardo -quien sufre entonces de una enfermedad crónica, tiflitis- no esté al frente de la firma comercial ni del cuidado de la familia.

Viaje por Europa[]


Su estadía en París, a donde viaja en 1884, será definitiva en la formación de su sensibilidad como escritor y hombre. La Ciudad Luz es el centro de la exquisitez, la duda y el pesimismo. Lee a los autores renombrados del momento, llamando su atención Charles Baudelaire, Anatole France, Guy de Maupassant, Paúl Régnard, Emile Zola, Stéphane Mallarmé, Paul Verlaine, Marie Bashkirtseff y Arthur Schopenhauer. Lee también sobre filosofía, política y sociología. Adquiriendo modales y costumbres de dandy, asiste con frecuencia a los mejores restaurantes, salones, galerías, museos y salas de concierto, entregándose al disfrute del lujo, hasta donde su peculio le permite. Desde París viaja a Londres y a Suiza, y cuando regresa a su país en 1885 presume de su experiencia parisina y vive como un europeo en medio de la pequeña Bogotá de entonces, lo que lo hace ser blanco de la mofa de sus coterráneos. Trae también el propósito de subvertir los moldes literarios, intención que su colegas de oficio verán como un acto de vanidad y prepotencia. El remoquete de «José Presunción» corre de boca en boca para referirse a quien ha regresado con ambas «chifladuras»: la de ser un gentleman en Bogotá y la de renovar la poesía.

Fracaso financiero[editar · editar código]


Por esta época, los diarios y las revistas dan a conocer poemas y textos críticos, y las antologías de poesía incluyen su nombre. Los negocios, por su parte, comienzan a marchar mal, afectados por la guerra civil de 1885, que trajo consigo confusión política y económica a todo el país. Su padre viaja a París y él queda a cargo de la administración del almacén R. Silva e Hijo. En 15 cartas que le escribe José Asunción, dadas a conocer por Fernando Vallejo en su libro Cartas de Silva, se pueden seguir los pormenores del manejo dado por el poeta al negocio y la incidencia que tuvo en sus finanzas la implantación en Colombia del programa económico regeneracionista del gobierno de Rafael Núñez. Esto sucedía en 1886. Un año más tarde, su padre muere en Bogotá. El poeta tiene 21 años de edad y debe hacer frente a la quiebra inminente de su firma comercial. Proponiéndose en adelante dejar en limpio el nombre de su padre, logra la refinanciación del negocio y conseguir el sustento para su madre y sus hermanas; oculta la quiebra a sus acreedores y dedica sus esfuerzos a surtir el almacén con lo más novedoso de la mercancía europea. Será una tarea a la que se dedicará infructuosamente durante cinco años. Le preocupa sobremanera su honra y la de su familia ante la sociedad bogotana.

El 11 de enero de 1891, muere su hermana Elvira, a los 19 años de edad: «Mi vida queda apenas alumbrada por otras luces y no volverá a tener nunca la claridad triunfal de mediodía con que ella la iluminaba», comentaría a Eduardo Villa en una de sus cartas. Con Elvira son cuatro los hermanos que ve fallecer, pero ni la muerte de los tres primeros, ni la de su padre, debilitaron tanto al poeta como la de su hermana preferida. La iliquidez también lo afecta y no tiene fondos con qué cubrir el préstamo que solicita para pagar el sepelio. En 1894, la revista Lectura para todos de Cartagena publicaría el «Nocturno», poema de inusitada intensidad y de confección impecable, recibido con frialdad por unos y con sorna por otros, cuando no mórbidamente por aquellos que creyeron ver en su argumento la comprobación a los rumores sobre el desmedido amor del poeta por su hermana.

Entre sus planes, a pesar de todo, siempre tiene presente la escritura: avanza en la composición de la colección de poemas Gotas Amargas y de El Libro de Versos, y en la redacción de los Cuentos Negros. Publica, además, textos en prosa y notas literarias en revistas y en periódicos bogotanos. Escribe, también, cartas a sus mejores amigos, entre éstos, a Rufino José Cuervo en París, en las que le comenta acerca de sus trabajos intelectuales.

Agobiado por las deudas y la falta de respaldo de los fiadores de su firma, en especial el de su principal apoyo, Guillermo Uribe, su quiebra comercial se hace definitiva a finales de 1892. Se le abren 52 ejecuciones judiciales, entre éstas la de su abuela, doña Mercedas Diago. La noticia de su ruina corre por toda la ciudad. Publica en la prensa bogotana anuncios en los cuales solicita a sus deudores le cancelen las obligaciones pendientes, amenazando con publicar la lista de ellos, advertencia que no cumple. Sin salida, acepta un proyecto de cesión de sus bienes comerciales presentado por sus acreedores, retirándose luego del comercio, sin un peso y tan sólo con «la cabeza y las manos para trabajar».


Viaje a Venezuela[editar · editar código]


Sin ocupación de la cual derivar un sustento, acepta en 1894 el nombramiento de secretario de la Legación de Colombia en Caracas. Allí frecuenta los salones más distinguidos, sueña con negocios de los cuales sacar buenos dividendos y establece amistad con los redactores de la revistas El Cojo Ilustrado y Cosmópolis. Todo va bien hasta que sus finanzas escasean, comienza su enfrentamiento con el ministro de la Legación, el general José del Carmen Villa- a quien menosprecia y hace objeto constante de burla- y siente la ausencia de su madre.

El 28 de enero de 1895, el barco a vapor Amérique, que lo trae desde Venezuela, naufraga frente a Barranquilla. Se hunden con él los manuscritos de su obra. El Libro de Versos y los Cuentos Negros, que pensaba publicar. No continúa su viaje a Bogotá; regresa a Caracas para cumplir con su período diplomático, pero las fricciones con el ministro de la Legación y su iliquidez frustran su deseo de reiniciar un nuevo período en el cargo; dos meses más tarde está de nuevo en Colombia. Ha fracasado como diplomático y pone entonces sus esperanzas en la instalación de una fábrica de baldosines, con una fórmula química patentada por él, consiguiendo el concurso de varios socios capitalistas, pero en esta empresa también fracasa.


Suicidio[editar · editar código]




Tumba de José Asunción Silva junto a su hermana Elvira Silva, en el Cementerio Central de Bogotá.

Los últimos días de su vida los dedica a la reescritura de su obra. En abril de 1896, en carta a Eduardo Gutiérrez, comenta:«Vivo una vida inverosímil. No veo a nadie: trabajo el día entero y la mitad de la noche...» Deja completos y ordenados los manuscritos de El Libro de Versos y su novela De Sobremesa. Para esa época, sus amigos son escasos, la familia de su abuela materna le ha dado la espalda, la sociedad bogotana lo ignora, y sus pocos bienes personales tiene que entregarlos a sus acreedores u ofrecerlos a cambio del pago de un arriendo atrasado o de alguna emergencia. Días antes de su última voluntad, comentaba a su amigo Baldomero Sanín Cano, citando a Maurice Barrés: «Los suicidas se matan por falta de imaginación»

La noche del 23 de mayo (o la madrugada del día 24, según otras versiones) de 1896, tras una pequeña velada con algunos amigos, José Asunción Silva sé disparó un tiro en el corazón, donde previamente se había hecho dibujar una cruz por el médico y amigo de infancia Juan Evangelista Manrique. Del suicidio de Silva en sí, de sus detalles, se sabe muy poca cosa. Desde el principio se dijo que se había matado con un revólver Smith & Wesson viejo, y que se encontró a la cabecera de su lecho El triunfo de la Muerte de Gabriele D'Annunzio en una traducción francesa. Cuando se supo la noticia, uno de los primeros en llegar a la casa del poeta fue Emilio Cuervo Márquez, quien narró así su último encuentro con Silva:

«Se me introdujo a su alcoba. Todavía el cadáver no había sido colocado en el ataúd. Allí estaba el poeta, a medio vestir, incorporado en el lecho, sostenido por almohadas, cubierto hasta la cintura por los cobertores, un brazo recogido sobre el pecho, el otro extendido sobre las sábanas, la cabeza de Cristo ligeramente tronchada sobre el hombro izquierdo, los ojos dilatados y los labios entreabiertos, como si interrogase a la muerte. Una paz sobrehumana había caído sobre su rostro de cera [... ] Largo rato después de mi llegada se me comunicó que la madre del poeta nos comisionaba a don Luis Durán Umaña y a mí para practicar una visita en la oficina de José Asunción. Esa oficina [...] la conocíamos bien. En un cajón del escritorio encontramos una libreta de cheques del Banco de Bogotá. Ansiosamente la examinamos. El talón del último cheque, girado el día anterior, decía textualmente: "A favor de Guillermo Kalbreyer, florista. Un ramo de flores para la Chula $ 4.00". La Chula era el nombre de cariño que en la casa se daba a la hermanita menor de José Asunción [... ] Hecho el balance sobre la misma libreta, descubrimos que el saldo disponible en el banco alcanzaba a pocos centavos. El valor de las flores obsequiadas a su hermana representaba el capital de Silva en el día de su muerte. [...] Era un mediodía luminoso. Después de llenadas las formalidades de autopsia en la oficina médico-legal [...], y durante la cual los asistentes nos dispersamos en el vecino jardín, el largo cortejo siguió camino del cementerio de los suicidas, situado no lejos del lugar en donde se depositaban las basuras de la ciudad.»

Sus restos fueron inicialmente enterrados en el muro de los suicidas del cementerio común y posteriormente fueron trasladados al pasillo principal del Cementerio Central de Bogotá, en donde comparte un mausoleo al lado de su hermana Elvira.




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